Carta abierta a Alberto Acosta: ¿Correa no es tu producto?

en Las 9 cartas de José Hernández por

Estimado Alberto,

Invitar a un debate no significa ser detentor de verdad o superioridad moral alguna. Es comprobar que en la esfera pública hacen falta esclarecimientos que pueden ser esenciales para los ciudadanos.

Los tuyos, por ejemplo. Tú haces parte de aquellos que, reclamándose de izquierda, ayudaron a llegar al poder a Rafael Correa. Él no era de izquierda y su propio hermano me dijo, hace algunos años, que en Lovaina fue considerado como un hombre de la derecha radical…

Tú eres hoy opositor activo al correísmo. Y lo haces con la misma pasión y entrega que mostraste cuando estabas en el Gobierno. O cuando fuiste Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente. No eres el único. Algunos de esos constituyentes o dirigentes de colectivos de izquierda se horrorizan hoy de lo que ayer defendían con implacable vehemencia.

Ejemplos sobran: no encontraban criticable que el correísmo hiciera declaratorias de emergencia y liberara así muchas manos para firmar contratos a dedo. Hoy denuncian la opacidad del Gobierno y hablan abiertamente de redes de corrupción.

No se opusieron ante las campañas que el correísmo hizo contra periodistas como Jorge Ortiz. Hoy acompañan a Bonil ante los inquisidores de las cortes bufas del poder.

Tú nunca aceptaste los reparos –expresados de muchas formas– contra la concentración de poder que se institucionalizó en la Carta Magna. Hoy estás entre aquellos que critican el autoritarismo de Correa, quien avasalló todos los poderes gracias a la Constitución…

¿Recuerdas las entrevistas en tu oficina sobre el quinto poder, durante las cuales se te decía que, a la luz de la estructura orgánica de la Constitución, aquello terminaría en un simulacro de participación ciudadana? Nunca admitiste que estabas equivocado. Tú creías que en la Constitución había murallas de contención que tu amigo Rafael no podría franquear.

Esta retahíla podría ser larga. Debiera ser larga para que la desmemoria no vuelva a hacer estragos en la gente decente del país, de la cual haces parte. Ningún demócrata convencido criticará el derecho que te asiste, como a otros críticos del Gobierno, a quemar hoy lo que adoraron ayer.

No es suficiente, sin embargo, ser contradictor u opositor del correísmo. Los demócratas y sobre todo los políticos demócratas no pueden caer de nuevo en la trampa que se tendieron bajo Bucaram, Mahuad y Gutiérrez: no se trata del golpe constitucional que, ojalá, solo perviva en los archivos. Se trata del ejercicio irresponsable de cambiar de Presidente (y ahora de modelo) sin haber preparado la sucesión.

Prepararla significa erigirse positivamente en alternativa y aprender del pasado. El correísmo será pasado en 2017 o en 2021. La fecha no cambia la tarea de aquellos que un día tendrán que asumir, desde un nuevo gobierno o desde bancadas opositoras, la herencia del correísmo y la conducción del Estado.

Para los ciudadanos no basta, entonces, saber que políticos como tú se distanciaron de Rafael Correa. Enrique Ayala Mora, en una entrevista con Jorge Ortiz, dijo que la izquierda ha sacado lecciones en estos ocho años. Citó algunas. Es obvio que todos tendremos que reflexionar sobre este período. Pedir que lo hagan en primera instancia aquellos que parieron el correísmo es apenas un recurso metodológico.

¿Qué responsabilidad te incumbe, Alberto, en esa herencia? No eres –ya lo habrás entendido– un chivo expiatorio. Simplemente eres la persona que tuviste mayor protagonismo: eras amigo de Rafael Correa. Lo recomendaste a los medios de la época como un joven irreverente, guayaquileño, economista, simpático y muy cercano a tus posiciones. Tu nivel de influencia fue definitivo en colectivos sociales que lo vieron aterrizar como alguien ajeno a sus luchas y a sus idearios. Fuiste el arquitecto de esta Constitución que, entre otras barbaridades, anula la división de poderes y los entrega todos al Ejecutivo. Y tras el balance negativo para la democracia del gobierno del cual fuiste gurú y ministro, eres de aquellos que consideran que hay que deshacerse del niño pero mantener la tina con el agua…

Se entiende que, a estas alturas, importa poco debatir sobre el espíritu del texto constitucional. Tu responsabilidad política, y la de aquellos que actuaron como tú, no es ser exégetas de una retahíla de deseos compilados en Montecristi. Es examinar las prácticas de un régimen al cual las izquierdas ortodoxas armaron no solo de canciones y lemas sesenteros: lo estructuraron con concepciones y leyes que ya habían producido desastres económicos y atentados a los derechos humanos en otros países.

La concentración de poder no se fraguó escaneando el cerebro del Presidente: es el resultado de la adoración que han tenido las izquierdas ortodoxas por ese Gran Hermano que otros ciudadanos, en otros países, ya padecieron y denunciaron. Tú conoces las novelas y la literatura que ha inspirado el poder absoluto.

El alto precio que tuvo el barril de petróleo amortiguó, felizmente para el país, los efectos de la intervención masiva del Estado en la economía. Las izquierdas ortodoxas debieran reconocerlo en un acto de decencia intelectual y política. No lo hace el Gobierno que sigue fabricando, gracias a la propaganda, un mito sobre su sapiencia y su magnífica administración. Como si no fuera beneficiario de lo que ya se denomina la década dorada de América Latina.

No se habla, Alberto, de volver a lo que con tu concurso llamaron falazmente “larga y triste noche neoliberal”. Allí es, precisamente, cuando se reclama el pensamiento de unas izquierdas que logren conjugar producción y distribución; desarrollo local e inserción mundial; desarrollo sostenible y cuidado de la naturaleza; economía de mercado y rol regulador del Estado… Ahora, cuando se observa con qué efusividad saludaron ustedes el triunfo de la izquierda populista en Grecia, vuelven las dudas sobre las lecciones de realismo político que han sacado en estos años…

Se sabe que muchos de aquellos que ayudaron a subir a Correa están hoy entre sus víctimas. Eso no los faculta a desempolvar los viejos discursos y volver a empezar. Ya es hora de que ustedes paren la prédica de haber sido abusados por el poder de turno. La democracia nada gana de esta especie de concurso de vírgenes violadas (con su beneplácito).

Tú eres académico. Conoces, entonces, la desconfianza que siembran todas las izquierdas ortodoxas entre los demócratas de los cuales, dicho sea de paso, se mofan. Piensan que esas izquierdas no son democráticas. Y que solo hablan de derechos y libertades mientras se trepan al poder. Bueno, ahora con este Presidente ya saben ustedes lo que es… ¿Han aprendido algo tras haber bebido de su propia medicina? ¿Seguirá Juan Cuvi –que hizo una autocrítica por haber empuñado las armas– publicando textos democráticos al lado de personas que enaltecen la dictadura del proletariado? ¿Cuándo pedirán al MPD que excluya de su horizonte el recurso a la violencia? ¿Cuándo denunciarán la dictadura de los Castro en Cuba? ¿Cuándo harán un mea culpa por haber defendido al alucinado Chávez, cuya única proeza es haber arruinado a Venezuela? ¿Cuándo pondrán en línea su discurso, siempre beatífico, con las prácticas reales del poder, del borde ideológico que sea, aquí o en cualquier otro país?

Alberto, tras la experiencia del correísmo ¿qué es para ti la democracia? ¿Pones, al fin, el respeto de los derechos humanos por encima de las ideologías? ¿Crees en la separación de poderes? ¿Sigues defendiendo el engendro de participación ciudadana que resulta de la actual Constitución? ¿Cómo evitas la concentración de poder que aupaste en Montecristi? ¿Cómo aseguras hoy la independencia de la Justicia? ¿Cómo crees que se deben organizar los organismos de control que fueron capturados por el Ejecutivo gracias a la Constitución? ¿Bajo qué mecanismos los ciudadanos deben controlar al poder político y no al revés, como resulta de la estructura vertical diseñada en Montecristi? ¿Crees que el primer paso tras el correísmo es reinstitucionalizar al país o tratar de imponer otra vez el socialismo? ¿Y qué socialismo?

Quizá con este preámbulo resulte más sencillo afirmar que el debate sobre las lecciones de este período no puede hacerse, como tu pretendes, defendiendo la Constitución. Debe hacerse examinando las prácticas del poder correísta que ustedes montaron y las consecuencias nefastas, en muchos casos, que ha generado para la democracia. Luego, a la luz de la realidad-real (y no de los deseos de Montecristi Vive), los ciudadanos podrán evaluar hasta qué punto hay que cambiar el texto constitucional.

Para que el país no cambie un caudillo por otro, para que haya ciudadanos activos y pensantes, para que los políticos dejen de lavarse las manos, ustedes tienen que asumir que Correa es su producto. Tú, en primera línea.

Ustedes deben sacar lecciones y ponerlas a la consideración de los electores que les hicieron confianza cuando decidieron votar por ese joven economista, simpático e irreverente que pensaba como tú…

Solo esas lecciones –escritas y debatidas– darán pie a propuestas concretas y alternativas al correísmo. Y ojalá provengan de franjas progresistas o de izquierda si tú prefieres, pero decididamente contemporáneas.

Con la amistad de siempre.

1 Comment

  1. La Asamblea Constituyente de Plenos Podres, puso en vigencia un texto prefabricado con aporte del Castro-Chavismo y como asesores Roberto Viciano y Albert Noguera, contratados por la Procuraduría del Estado. El texto fue repartido en párrafos a los asambleístas que no tenían la preparación para participar en la construcción del documento, que finalmente fue articulado por una comisión de redacción y por el asesor jurídico de la Presidencia. La nueva constitución ha sido manipulada sin escrúpulo por el Presidente. El Eco. Alberto Acosta se define por sus expresiones públicas, como un comunista carnívoro. Al parecer, tras bastidores es autor del Plan del Buen Vivir, que no es otra cosa que la ruta del Ecuador hacia el comunismo castrista y la revolución ciudadana ha cumplido con todas las etapas para llegara hasta el “punto de quiebre” para ese cambio. La des-capitalización del País y el clima propicio para la confiscación de la propiedad privada para transformarla en “Propiedad Republicana”

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