Rafael Correa: usted no es un buen ejemplo

en Las 9 cartas de José Hernández por

Señor Presidente,

Usted sabe que Ángel González, un señor radicado en Miami, ya tiene 16 medios de comunicación en el país. Una proeza sin duda en su gobierno. ¿Acaso eso rima con el perfil nacionalista que le han tallado?

Ángel González se convertirá en otro ícono de este período. Por una razón: nadie esperaba que un magnate de la prensa pulverizara, de la forma que lo ha hecho, su discurso. Usted ha pasado tiempo, mucho tiempo, construyendo un imaginario sobre los medios de comunicación. Un imaginario basado en el arte de sumar a su favor (en detrimento de lo que sea) y en algunas teorías de Ignacio Ramonet, mal digeridas en su administración.

Vamos a ver: usted dijo que la guerra que emprendió contra los medios de comunicación tenía grandes objetivos: mejorar el periodismo en el país. Profesionalizar el oficio. Volver esos medios –desacreditados, según dijo– creíbles. Fiables a los ojos de la ciudadanía. Igualmente dijo que este oficio se puede ejercer sin ánimo de lucro… ¡Cuántas cosas ha dicho usted, señor Presidente! Dicho y repetido. Dicho y convertido en Ley de la República para castigar a aquellos que, como ahora sí consta a la opinión, son simplemente personas que disienten con su gobierno. O que se ríen de sus ocurrencias. O las de sus funcionarios.

En este oficio, la verdad –así como usted la invoca– no existe. Esa verdad dogmática, única, incontrovertible… parece más monopolio de las iglesias.  O de los gobiernos que quieren competir con ellas. Los periodistas solo suelen correr tras los hechos; no tras los actos de fe. En consecuencia, no se trata de controvertir sus verdades sino de ponerlas en perspectiva. Es un ejercicio de sentido común y de sanidad pública.

Usted dijo que quería mejorar la calidad del periodismo: funcionarios suyos ya lo dan por hecho. Algunos de ellos, lo dicen enfundados en traje de jueces o de semiólogos. No extraña: las declaraciones seráficas siempre han servido para disfrazar las labores más miserables. ¿Ha notado, señor Presidente, que todos aquellos que dicen que el periodismo nacional ha mejorado trabajan en su gobierno? No saben nada de periodismo pero saben muy bien qué hacer con el periodismo para que empate con sus visiones. ¿Es esa la mejoría?

También dicen que la prensa es más responsable. ¿Le han dicho que la responsabilidad de la cual hablan es directamente proporcional al  miedo que usted y su gobierno producen? ¿Le han dicho que las multas y los juicios de sus organismos de presión causan en ciertos medios zozobra financiera o una autocensura capaz de volverlos  totalmente irrelevantes?

Otros medios trabajan con abogados que no discuten valores ni pertinencia en las opciones editoriales. Trabajan con lápiz de censor, un ojo puesto en su ley cicatera y el otro en los fallos inicuos de sus jueces. Quedan pocos medios en el país que tratan de hacer su trabajo dignamente. Usted los conoce, Presidente, porque hacen reír a sus invitados en las sabatinas. ¿Es esa la mejoría de la que hablan?

¿Qué periodismo puede prosperar con medios perseguidos, cerrados o en proceso de quiebra? Ninguno. O tal vez sí: uno cuyo sinónimo podría ser propaganda y que se hace en el holding que controla su gobierno. ¿A esa mejoría se refieren? ¿De ese tipo de falso periodismo están hablando?

Usted dijo que quería profesionalizar el oficio: sólo algunos periodistas, que ya encontraron trabajo en su gobierno, pudieron prestar oídos a una paradoja de ese porte. Hasta Ignacio Ramonet,  que al parecer es santo de su devoción, reconoce que la relación de la prensa con el poder ha sido, es y será polémica. ¿Sabe usted quién escribió que “la prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes”?

Ese “cuarto poder” –escribe Ramonet– era, en definitiva, gracias al sentido cívico de los medios de comunicación y al coraje de valientes periodistas, aquel del que disponían los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar, democráticamente, decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas e incluso criminales contra personas inocentes. Era, como se ha dicho a menudo, la voz de los sin-voz”.

Cuando habla del quinto poder, Ramonet no se refiere a empresas de comunicación en el mundo, con carácter local o nacional. Analiza, a su manera, las megaempresas con vocación mundial que no quieren corregir las disfunciones de la democracia, que no quieren erigirse en cuarto poder  y que tampoco quieren actuar como contrapoder. Son sus palabras. Usted ha amalgamado los términos y hecho creer a muchos que los minúsculos grupos locales actúan igual que emporios como The Walt Disney Company, AOL Time Warner o Rupert Murdoch.

La llegada del señor González vuelve a poner los relojes a la hora: bajo su gobierno, los medios se venden como gallinas enfermas, el nivel del periodismo ha retrocedido y los conceptos básicos que deben presidir la modernización y la formación periodística se han pervertido. Sólo a usted se le ocurre que los profesionales que deben ser un contrapoder –para citar a Ramonet– deben asumir la mentalidad de un funcionario de su gobierno. Una vez le pedí decir cuáles eran los medios que, según usted, hacen buen periodismo. Y nombrarlos. No lo ha hecho. Usted prefiere hablar etéreamente y eso le permite decir un montón de inexactitudes sobre el periodismo que se practica en Europa y en Estados Unidos. Naturalmente, su audiencia no puede cotejar esas generalidades, erigidas en verdades, con la realidad-real.

Ahora, si su gobierno ha permitido que el señor González sea propietario de 16 medios en el país, ¿se debe asumir que ese grupo sí hace buen periodismo? ¿Es ese, señor Presidente, su modelo periodístico ideal?

Hay que temer lo peor para el periodismo cuando grupos como ese (que describe bien Ignacio Ramonet) se alían con los gobiernos. Inspiran la misma desconfianza que el poder político cuando violenta las libertades, mediante leyes como la suya, para controlar los medios de comunicación. Decirlo no es hacer oposición, señor Presidente. Es referirse a los hechos que es, en prioridad, lo que debe hacer un periodista.

Usted dijo que quería volver creíbles a los medios de comunicación: no teme usted a las paradojas. ¿Ha leído a Ramonet? Y hay que citarlo no por su visión contemporánea sino porque, al parecer, es uno de los pensadores favoritos en su gobierno. Pues bien: ¿recuerda usted que en 1940, Orson Wells atacó el superpoder de Citizen Kane que era, precisamente el grupo más importante de la época, el grupo Hearst? Ramonet lo califica de “insignificante” al lado de los actuales gigantescos grupos mundiales de comunicación. ¿Y qué pesan los medios locales, incluso los más grandes, al lado del insignificante Hearst de los años cuarenta? ¿Percibe el abismo que se crea en esta comparación? ¿Admite, entonces, que sus tesis para enterrar aquí a los medios –inspiradas seguramente en el libro “La tiranía de la comunicación” de Ramonet– han sido sacadas de contexto, son estrictamente políticas y no tienen asidero en la realidad local?

Usted usa esos argumentos porque calzan con su deseo de que su voz sea la única que prevalezca en el espacio público. Pero el daño que ha hecho al país en ese tema, no tiene precedentes. Los medios, con sus insuficiencias y sus errores, son necesarios aquí y en cualquier otra parte para la buena salud de la esfera pública. ¿Cree usted que el señor González tendrá más fibra nacional que los propietarios de los medios locales? ¿Cree que ese señor invirtió su dinero pensando en jugarse por el destino del Ecuador y el de sus ciudadanos? ¿Realmente cree que usted y sus partidarios nunca serán oposición?

Un político deseoso de cambiar democráticamente al país hubiera retado a los medios en vez de perseguirlos. Los hubiera retado en vez de arruinarlos y empezar a reemplazarlos por empresarios que muy poco deben saber del Ecuador. Reto de agendas. Reto por conectarse vivencialmente con los ciudadanos. Y eso implica trabajo de campo, reflexión, apertura, debate, esfuerzo visionario y también conocimiento.

En vez de eso, el periodismo con usted regresó al pasado. A una época no muy lejana si se piensa en los reclamos que hacía Jamil Mahuad a los medios por no ocuparse exclusivamente de su agenda. Usted también quiere ese tipo de atención porque cree que tener votos lo faculta a reemplazar la sociedad.

El concepto que usted tiene de credibilidad es elemental: lo que se publica debe corresponder a la idea majestuosa que usted tiene de usted mismo. El medio debe reproducir o imprimir lo que usted dice, declara, piensa, decide y también hace… Si así procede es fiable; si lo critica es su enemigo.

Usted y su gobierno no se consideran sujetos obvios de ser analizados y, eventualmente, cuestionados. Ustedes son la única realidad. Única e incontrovertible.

La verdad, como usted la concibe, es la versión que usted construye sobre usted mismo. Por eso, con respeto se le ha dicho que usted no requiere prensa libre sino profusión de espejos.

No es exacto decir, señor Presidente, que la prensa ecuatoriana no era creíble. Estaba atrasada sobre una sociedad plural y diversa que se entroncó vertiginosamente con algunas dinámicas mundiales. Estaban atrasadas las empresas periodísticas y lo estábamos los periodistas. Y lo sabíamos. Y trabajábamos en ello. Pero ahora que ustedes persiguen las opiniones diferentes, hasta en las redes sociales, la realidad del periodismo es peor: no habrá voluntarios para explorar la sociedad y la clase política. Y en ese campo, usted no es un buen ejemplo: su gobierno esconde información. Usted se hace entrevistar en los canales nacionales por funcionarios públicos. Sus ministros o son mudos o redactan boletines. La política pública se diseña sin debate alguno con la sociedad. Usted tiene un ejército inquisitorial. Y ahora su gobierno entrega los medios a personas que no conocen al país, pero seguramente serán muy comprensivas con su gobierno. ¡Todo eso suena tan penoso!

Penoso también es ver que usted ha destruido el periodismo nacional y que, para hacerlo, ha leído muy mal a Ramonet.

Con el respeto debido a su cargo.

Publicada el 28/02/2015 en el blog sentidocomunecuador.com)

 

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