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El fraude de Pegaso y su gran éxito mediático

en Los 9 análisis de Martín Pallares por
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Rafael Correa y Ronie Nader en el 911 de Samborondón

La ilusión de la modernización es uno de los combustibles más preciosos que mueve el actual estado de optimismo de la sociedad ecuatoriana. Y a ese estado de deslumbramiento hay que alimentarlo no solo con crecimiento económico y obra pública, que se hace y mucha, sino también con golpes de efecto que deslumbren y mantengan viva la llama del entusiasmo. Y en eso el aparato de propaganda de la llamada revolución ciudadana es muy bueno, si no excelente.

Uno de los mejores ejemplos es lo que ocurrió el jueves 25 de abril, cuando el sistema propagandístico del gobierno, que incluye a su emporio de medios,  logró vender la idea de que el Ecuador había entrado a la era “espacial” con el lanzamiento de un satélite casero.   Ese día, todo el aparato mediático del Gobierno logró que una  porción importante de los ecuatorianos  se sienta vivamente orgullosa de “sentirse ecuatorianos”, como dijo la Ministra de Defensa, María Fernanda Espinosa.

La tarea fue bastante rudimentaria, casi caricaturesca si se toma en cuenta que el lanzamiento de este tipo satélites es ahora una tendencia en EE.UU. y que lo hacen desde universidades y colegios y hasta empresas pequeñas y ciudadanos comunes y corrientes. Abunda la bibliografía en la que se da cuenta de cuán fácil es construir y colocar un satélite, parecido al Pegaso ecuatoriano, en el espacio.

La agencia Bloomberg reportaba hace poco que en se espera que durante el 2013 se ponga en órbita algo así como 12 de estos artefactos que en la mayoría de los casos tienen un uso educativo. Sandy Antunes, un ex investigador de la NASA, ha documentado este fenómeno y ha publicado un par de libros sobre el tema. Incluso tiene un sitio en Internet llamado Project Calliope en el que hace el seguimiento de un pedido que hizo de construir un satélite. Antunes ha pagado USD 10 000 por el cupo en un cohete que llevará su satélite al espacio durante este año, señalaba Bloomberg. No solo eso, hay iniciativas como Interorbital Systems que ofrecen servicio de construcción y colocación de satélites hasta por USD 8000. Incluye, además, forma de pago cómodas para el usuario digital como Pay Pal.

¿Poner al Pegaso a orbitar la tierra merecía el show mediático que hubo? Visto desde el punto de vista tecnológico evidentemente no, aunque se diga que el mérito era haberlo construido en el Ecuador. Quizá si esa construcción hubiera desencadenado un proceso educativo y de divulgación científica se pudiera hablar de un efecto positivo en el desarrollo tecnológico del país, pero poco o nada se sabe de cómo se hizo el satélite salvo algún video en el que se ve a Nader casi en solitario trabajar en el proyecto.

Sin embargo, el esfuerzo mediático hecho por el Gobierno para difundir el hecho fue altamente eficiente si se toma en cuenta el enorme éxito a la hora de impactar en el estado de ánimo nacional.  A partir del relato del lanzamiento de un satélite al espacio se logró crear un sentimiento colectivo de orgullo y optimismo. “¡Lindo nuestro Pegaso, chiquito pero poderoso, como mi Ecuador; país pequeño; pero, el más bello de la Tierra!”, puso en su muro de Facebook  el analista Marcos Navas Leiva  mientras que la Ministra de Defensa agregaba desde su cuenta de Twitter “#PEGASO es resultado del nuevo Ecuador que nació en 2007. Es muestra del rol de las FFAA en el SXXI y su aporte al desarrollo nacional”.

¿Aporte de las fuerzas armadas en el desarrollo nacional? La construcción de aquel “momento histórico”, como lo pintó el aparato mediático del Gobierno y que fue secundado por los medios independientes, tuvo momentos caricaturescos como un video hecho por el Ministerio de Defensa en el que se hacía una parodia de un operativo al estilo de la NASA durante el lanzamiento de un artefacto espacial. El operativo mediático incluía, entre otras cosas, una foto del Presidente abordando su avión en Quito para que se vea cómo se desplazó hasta Guayaquil donde desde el ECU911 de Samborondón (una de las instalaciones de seguridad montados por uno de los ministerio encargados del tema) iba a presenciar en enlace con la China desde donde se iba a hacer el lanzamiento.  Sin duda el escenario era el más parecido al Flight Control Room que la NASA utiliza para hacer el seguimiento de sus vuelos espaciales y era la mejor escenografía posible como para transmitir a las audiencias la imagen de que, en efecto, el país dentro de su marcha imparable a la modernización ya está, como lo dijo el Presidente, en el exclusivo grupo de países “espaciales”.

En la transmisión del hecho se veía al llamado cosmonauta ecuatoriano Ronnie Nader haciendo una narración “manos libres” de lo que ocurría en el centro de lanzamiento en la China. Tanto Nader como el Presidente vestían una chaqueta al estilo de aquellas que usan en la NASA con el logo de la agencia espacial ecuatoriana. Mientras tanto, aparecían imágenes de un grupo de ecuatorianos en la China mirando el cielo y arropados con una bandera tricolor llenos de emoción nacionalista mirando el cielo a través de filtros protectores para el sol. Todo esto se puede observar en un video hecho y distribuido por el Ministerio de Defensa que tiene, incluso, un telón musical que le imprime de emotividad que raya en lo heroico. Al final del video se presenta a un equipo emocionado, Presidente incluido, con lo que aparenta ser un paso determinante en la historia del país.

Al día siguiente el efecto en redes sociales fue notable. Los pocos usuarios de Twitter que se atrevían a colocar tímidos comentarios escépticos sobre Pegaso eran inmediatamente tachados de amargados y antipatrias. No había espacio, en medio de tanto orgullo y felicidad, para los aguafiestas.

El verdadero mérito de toda la operación Pegaso no es ni tecnológico ni científico. Es puramente comunicacional.  Pegaso es un mensaje destinado a exaltar la ilusión de un país que se moderniza a gran velocidad y que refuerza la imagen que en el colectivo tiene la inmensa infraestructura pública y  los prósperos centros comerciales.

El inmenso y hasta caricaturesco operativo comunicación que hubo tras el lanzamiento del Pegaso es, en definitiva, una contribución más al apuntalameinto de la la ilusión de que el Ecuador está dejando de ser un país del tercer mundo. Una ilusión que produce un optimismo que no permite espacios para los disidentes minoritarios que piensan que la verdadera modernización está en la consolidación de las instituciones democráticas e incluyentes.

Un éxito mediático basada en un gran fraude.
Publicado el 25 de abril del 2013 en el blog “Desde la tranquera”. El Comercio

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