Ni de gallos ni de toros, pura maniobra

en Los 9 análisis de Martín Pallares por

La aclaración que el martes hizo Rafael Correa sobre la pregunta de la consulta relacionada con muerte de animales en espectáculos públicos confirma la tesis de que tras esa pregunta no hay un sincero deseo de evitar el sufrimiento de los animales.
Correa, tras la corrección  que hizo la Corte Constitucional (CC) a los textos de la consulta, dijo que las peleas de gallos ya no corren peligro porque la pregunta habla de  espectáculos cuya finalidad es la muerte del animal, aludiendo así según su entendimiento a las corridas.

Evidentemente, Correa lo dijo con una profunda satisfacción pues con esa corrección se está librando de la potencial oposición a su consulta de los cientos de miles de aficionados a los peleas de gallos que hay en el país.
Con la corrección de la CC lo que queda claro es que la pregunta de marras no está destinada a evitar el sufrimiento de los animales sino exclusivamente a proscribir las corridas de toros, aunque  aquello de la muerte del animal como finalidad es totalmente discutible. Para muchos, me incluyo yo, la muerte del toro no es la finalidad de la corrida sino que es parte constitutiva de un antiguo rito a la vida y a la muerte. Pero ese es otro debate.

Lo que ha quedado en evidencia es que quienes apoyan esa pregunta bajo el supuesto argumento de que están en contra del sufrimiento de los animales no dicen toda la verdad, pues con el “afeite” a las preguntas hecho por la CC se ha dejado de lado uno de los espectáculos más crueles que existen en nuestra cultura mestiza.  Las peleas de gallos, como las corridas de toros, fueron introducidas por los españoles pero a diferencia de aquellas, estás son originarias de las Filipinas, antigua colonia hispana.

Si realmente tras la pregunta sobre los animales hubiera una fuerza sinceramente inspirada en la piedad con los animales, debía haber habido una protesta ante la decisión de la CC.  ¡Se deja de lado las peleas de gallos! Cualquier movimiento que se jacte de defender a los animales, como aparenta ser Diablouma, debía haber saltado inmediatamente para reclamar a la CC y para condenar las declaraciones del aliviado Correa.

La pregunta realmente tiene cualquier finalidad menos de eliminar el sufrimiento de los animales. Por un lado, está el deseo ardiente de quitar el negocio de las corridas de toros a la familia del banquero Fidel Egas a quien no se perdona que sea banquero y que, además, haya mantenido una posición crítica frente al poder.
Por otro lado está el anhelo sordo de aplastar con el voto de las mayorías una afición a la que se ve como patrimonio de una oligarquía quiteña supuestamente españolizada que es profundamente antipática para otros sectores sociales. Aquí el dolor por los animales no es lo que más cuenta sino una profunda antipatía social contra un segmento de la población que es estigmatizada por sus gustos y sus costumbres.  En eso no se deferencia mucho con aquellas posiciones partidarias de prohibir las conciertos de rock pesado bajo el supuesto, falso por supuesto, de que estimulan la violencia. En ese caso lo que hay es una intolerancia frente a los rockeros.
En resumen, haber dejado por fuera de la consulta a las peleas de gallos confirma que se trata de una pregunta profundamente política y electoral.  Se trata, además, de dividir a los sectores que posiblemente abogarían por el voto a favor del no.

No dudo que haya gente que se opone a las corridas de toros por un profundo y sincero deseo de evitar el sufrimiento de los animales. Y debe haber muchísima gente en ese segmento. Lo terrible es que se tome ese argumento y que se utilice a esa gente para parapetar otras intenciones. En este caso,  el interés básico que promueve la inclusión absurda de este tema en una consulta es político y electoral. Nada más. Correa y su corte cervecera así lo han demostrado.

Publicado el 23 de febrero del 2011 en el blog “Desde la tranquera”. El Comercio

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