Consciente de que la fotografía traiciona la realidad, pues sólo recoge un fragmento de ella, Diego Cifuentes ha decidido hacer expresa esa limitación: sus encuadres son extraños, chocantes, caprichosos. Tramos de vida que sólo sus ojos alcanzan a ver y a dotar de significado. Uno de los mejores fotógrafos ecuatorianos ha accedido a compartir con los lectores de 4 pelagatos una serie de imágenes y una reflexión.

“La vida no es fácil, creo que para ninguno, pero a veces pienso que la vida, a pesar de ser difícil y de depararnos celos, envidias, sabotajes y demás trapacerías, es una experiencia digna de ser degustada, porque eso nos permite dar rienda suelta a lo más excelso que tenemos. Estos 4 pelagatos pusieron sus ojos en mi trabajo, yo soy demasiado feo y peleón, y obviamente acepté colaborar porque es parte del proyecto de la vida, del renacer, pero sobre todo de la dignidad y es ahí cuando la idea me enamoró y heme aquí.

Fotografiar la fiesta puede ser una aventura pero tiene sus trampas. La fiesta puede imponerse y no dejar hablar, puede decir ella desde su bullicio y no permitirnos ver más allá de lo que uno quisiera ver porque el flashazo de su propia esencia nos puede cegar y el deslumbramiento de hecho inmoviliza, a menos que decidamos desentendernos de su naturaleza y darle la espalda para evitar su resplandor. La fiesta suscita pero no permite. Por eso busqué permitirme, busqué no mirar el color, el bullicio. Evité su vorágine y pude ver al ser humano, ese humano que permanece de manera subyacente a pesar de ser su principal actor.

De espalda a la fiesta es un trabajo inmenso, esto es apenas un bocado de ello, es una manera simbólica de decirle al poder que le doy mi espalda para que su resplandor no me ciegue, que en la penumbra pueda descubrir al ser humano en su expresión más digna, que pueda ser un pelagato más, porque quiero, porque necesito hablar con libertad.

Gracias pelagatos por hacer de su proyecto el mío también”.

1 Comentario

  1. He ahí la calidad de lectores de esta página. Cuando se trata de comentar la coyuntura y los aportes pseudo-periodísticos no faltan pulgares, índices y anulares para teclear porquerías. Pero si los Pelalassos hacen el movimiento más arriesgado de todos los que hasta hoy han hecho, y por el que seguramente no reciben financiamiento oculto, y que consiste en dar espacio al arte, solo un vacío insondable y vergonzoso retumba. Es penoso.

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