Dos campañas simultáneas y una promesa incumplida

en Las 9 crónicas de Roberto Aguilar por

En la ciudadela Guayaquil, municipio de Playas, la casa nueva del niño Kevin destaca como un clavel entre los cardos. Paredes sólidas y blancas que parecen desafiar a las precarias y pringosas chabolas de caña que la rodean; cuidadas jardineras que contrastan con el caótico crecimiento de malezas en las manzanas sin vereda; cerca de madera, modosita, pintada de rosa pastel; techo nuevo y sin goteras… Todo tal y como lo prometió siete meses atrás el presidente Rafael Correa, cuando visitó este cantón para su función de los sábados y encontró a la familia de Kevin en una mediagua miserable, lidiando con la pobreza y la discapacidad mental de la criatura.

Nadie en Playas ha olvidado el 24 de julio del año pasado. Ese día el Presidente conoció a dos niños con problemas similares: Kevin y Jessica, ella en condición más avanzada, prácticamente postrada en una silla y sin apenas conciencia de la realidad que la rodeaba. A los dos prometió casa nueva. Por televisión se conmovió, se indignó y dio la orden respectiva al ministerio de Vivienda. Este viernes regresó con el ministro, el gerente del BEDE, el gobernador del Guayas, el alcalde de Playas y un tropel de funcionarios de la Misión Manuela Espejo a cumplir la mitad de su promesa. La llegada de Correa a la casa nueva de Kevin fue el clímax de la corta visita de tres horas que cumplió en este balneario y durante la cual, salvo los funcionarios que la vieron y trataron de esconderla, de Jessica no se acordó nadie.

Como los vasos que suele regalar la cocacola a quien sea capaz de juntar determinado número de tapitas, la casa del niño Kevin viene con logotipo incluido: el del Miduvi, pintado de rojo encendido sobre la fachada blanca. Para incrementar aun más el efecto publicitario, los consultores del ministerio dejaron en pie la vieja casucha de caña, tambaleando junto a la nueva estructura, tal como el ministro, orgulloso del contraste, hizo notar a los presentes. Al frente, media manzana baldía fue librada de yerbas y kikuyos para albergar las casi 200 sillas bajo toldos blancos y la tarima de autoridades, donde el jefe de Estado entregó 147 certificados de propiedad e improvisó un discurso. Un doble cinturón de militares flanqueaba los cincuenta metros de recorrido que separaban esa tarima de la casita de Kevin.

Toda una puesta en escena del poder para colocar a un niño discapacitado en el corazón de una campaña política. O de dos, porque doble fue el objetivo de Correa en este viaje: de un lado, dar un “espaldarazo” (la palabra es suya) al alcalde de Playas, Michel Achi, de PAIS, a dos días de afrontar en las urnas un proceso de revocatoria planteado por sus opositores; en segundo lugar, continuar con su campaña encubierta a favor del Sí en la consulta popular.

En cuanto al primer objetivo, Correa lo cumplió sin disimulo. Había pasado la noche en Guayaquil y se levantó temprano para desayunar encebollado con Michel Achi en Playas. Se dejó ver con él a la salida del mercado y luego, durante su discurso, lo llamó “amigo” y no paró de aludir a los planes que el Municipio y el Gobierno, juntos, tienen en mente para beneficio del pueblo. “Con el alcalde estamos haciendo un plan emergente”; “Tenemos que trabajar muy duro con el alcalde para mejorar los servicios a corto plazo”; “Todo el apoyo del Gobierno Nacional para apoyar al alcalde”…

Finalmente, en un arrebato de entusiasmo (porque cuando improvisa, Correa se embriaga) pintó el futuro promisorio que espera a Playas a la vuelta de la esquina, cuando se convierta, bajo la conducción de sus legítimas autoridades, en “el principal destino turístico del país” y el lugar de residencia que los jubilados del primer mundo, los baby boomers de Estados Unidos, elegirán para terminar sus días rodeados de bellezas naturales y disfrutando del tan reputado “segundo mejor clima del mundo”. Entusiasmado, el pueblo ovacionaba imaginando el paraíso para su municipio, donde el caos vial se incrementa por la deficiencia de la infraestructura y la lentitud de las obras; su municipio, donde la insalubridad se refleja en las aguas putrefactas que afloran a ras de suelo en varios puntos del centro e incluso en un río de desechos que atraviesa uno de sus barrios y que ellos han bautizado como Río Pipicaca; su municipio, en fin, donde la inseguridad se dispara y los episodios de violencia de las últimas semanas incluyen tres asesinatos, un incendio al parecer provocado y una explosión de ira ciudadana que a punto estuvo de concluir en linchamiento. Pero de estas cosas no habló el Presidente, empeñado en su doble cometido.

Hacer campaña para la consulta popular es todavía ilegal, pero Correa es un maestro para sortear ese escollo con habilidad sorprendente. “No quiero hacer campaña anticipadamente, pero…”, empieza diciendo. La conjunción adversativa conduce a un universo de posibilidades. La propaganda socrática, por ejemplo, que consiste en inducir al auditorio para que llegue, por sí solo, a las conclusiones deseadas. Así:

–¿Quién gobernaba este país cuando ocurrió la gran crisis bancaria?

–¡¡¡Mahuaaad!!!

–¿De qué partido era Mahuad?

–¡¡¡De la Depééé!!!

–¿Quién era el fundador de la Depé?

–¡¡¡Osvaldo Hurtadooo!!!

–¿Cómo va a votar Osvaldo Hurtado en la consulta popular?

–¡¡¡Por el Nooo!!!

General Villamil - Playas, 24/07/2010.- El Presidente de la República, Rafael Correa Delgado, visitó a Alex Kevin Ponce, uno de los beneficiarios de la Misión Manuela Espejo. / Eduardo Santillán T.
El presidente había visitado a dos niños discapacitados: Jéssica Escalante (en la foto de arriba) y Kevin Ponce. Les prometió casa nueva. Cuando volvió al año siguiente, de ella ni se acordó. Fotos: Presidencia de la República.

Mientras tanto, en la casita, Kevin, sus padres y amigos esperaban con paciencia para recibir al mandatario y finalmente dotar de contenido, con su gratitud sincera, al cúmulo de promesas oficiales. Cuando el acto terminó con el acostumbrado “Hasta la victoria siempre compañeros”, una veintena de periodistas corrieron a la casa en busca del mejor emplazamiento para captar la que sin duda sería la imagen de la jornada, cuando previsiblemente un Correa emocionado se inclinara con dulzura para estrujar al crío entre los brazos. Los asistentes de prensa de Carondelet facilitaron su trabajo. Habían reservado, para las cámaras, un área delimitada al fondo de la pequeña sala comedor donde lucían, como único mobiliario de la casa, la lavadora y la cocina compradas con el bono de desarrollo humano. Porque todo lo que tiene esta familia se lo debe a Rafael Correa.

Demasiado estrecho resultó el espacio. Kevin no hallaba paz ni en los brazos de su madre, fastidiado por el rumor de las voces, los sudores concentrados y el calor infernal del invierno playasense a las diez de la mañana entre los muros de cemento. Arrancó a llorar estrepitosamente ni bien Correa atravesó la puerta y sorprendió a la sencilla familia con un calculado “¡No pierdan la fe!”. Aun así, abrazó y levantó en el aire a la pequeña criatura vociferante, posó la mano solidaria sobre el hombro de la madre, se interesó por su salud y dijo “Kevin, a mí también me molestan los periodistas”. Arrinconados contra la pared quedaron los dueños de la casa cuando el Presidente invitó a la prensa a introducirse con él en el minúsculo baño dotado de las facilidades necesarias para discapacitados. Luego respondió un puñado de preguntas a la nube de micrófonos.

Afuera, Gerónimo Escalante y Blanca Yagual, padres de Jessica, empujando con dificultad entre la multitud la sillita desde donde la niña ve pasar sus días, creyeron oportuno acercarse al Presidente para recordarle su promesa incumplida, pero fueron rechazados por guardias y funcionarios entrenados en la delicada tarea de evitarle situaciones incómodas a su jefe. Para esta familia, la vida ha sido cuesta arriba desde que Correa les ofreció una casa. Del municipio de Playas consiguieron un terreno y nada más. Luego todo fue un ir y venir de oficina en oficina, donde obtuvieron la misma respuesta siempre: todos se los sacaron de encima de mejor o peor modo. “El alcalde no nos para bola” dice don Gerónimo, ya entrado en años, mientras enseña las fotos que le sacaron el 24 de julio pasado, donde se ve a un Correa emocionado abrazando a su hija. Con estas fotos, creyó hace meses, debiera bastar. Se equivocó.

“Pocas cosas me gustan más que estos actos”, proclamó Correa pletórico de satisfacción, seguro de sí mismo. Es curioso que, durante su discurso previo, dijera recordar que fueron dos los niños que visitó el año pasado, pero luego no se hiciera preguntas sobre el segundo de ellos. Los padres de Jessica y sus amigos piensan que, de haberlos visto, hubiera bramado por los micrófonos, como acostumbra en sus sabatinas, contra el funcionario de segunda o tercera categoría responsable de la penosa omisión. Y habría ordenado la reparación inmediata del error. Después de todo, y en eso tienen razón, el Presidente no puede estar en todas. El caso es que no ocurrió. La pregunta, ahora, es cómo votarán don Gerónimo Escalante y doña Blanca Yagual en la revocatoria del domingo y en la consulta de mayo…

Publicado el 27 de febrero de 2011 en diario Expreso

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