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Petróleo: el sueño de Correa es sueño de perros

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Rafael Correa está convencido de que la recuperación de los precios del petróleo depende de la decisión de los productores de disminuir su producción. Correa ha dicho estar esperanzado en que los precios se recuperen. De hecho, a finales del año pasado viajó a Arabia Saudita con la esperanza de que el rey de aquel país lo escuche y acceda a hacer un ajuste a su producción de crudo. No hace muchos días, además, confesó estar frustrado de que la Opep no haya escuchado su receta de recortar la producción en un  1,6% para sacar del mercado 2 millones de barriles al día.

Pero todo apunta a que el razonamiento de Correa está errado o al menos desfasado. Según uno de los más importantes analistas energéticos del mundo, Ed Morse, quienes piensan como el presidente ecuatoriano tienen en su mente a un mundo que ya no existe.

Según Morse, actualmente director del departamento de investigación de comodities en el Citigroup, el mundo aquel en el que se pensaba que el precio del petróleo depende de la decisión de los productores es cosa del pasado

¿Cómo es este nuevo orden mundial del petróleo? Morse, en un reciente artículo publicado en el Financial Times, sostiene que el ingreso de los EE.UU. al grupo de los tres gigantes de la producción de petróleo junto a Rusia y Arabia Saudita, ha cambiado de lógica. Es tal el cambio, dice Morse, que cualquier decisión que tome la Opep u otros países no miembros como la propia Rusia sería inútil. Incluso, en el caso de que una estrategia de los productores  llegue a funcionar y a elevar el precio del crudo, lo único que ocurriría es que en EE.UU. resulte más rentable explotar lo que aumentaría su producción y el precio vuelva a bajar.

Este experto sostiene que actualmente los EE.UU., si se suma todas su producción de combustibles fósiles o no, tiene una producción incluso mayor a la rusa y la saudita. Y eso hace una inmensa diferencia.  En total la producción diaria de los EE.UU. es  14,8 millones de barriles contra de los 11.7 de Arabia Saudita y los 11,5 millones de los rusos.

En este nuevo mundo de los hidrocarburos, dice Morse, estos tres grandes representan el 40 por ciento de los mercados mundiales.  Pero el factor clave es que EE.UU., que ya no es un importador, se diferencia sustancialmente de los otros dos en un aspecto: constitucionalmente no pude jugar un papel político para influir en los mercados. Es decir, el gobierno de los EE.UU. no puede tomar ninguna decisión para influir políticamente en los precios, como lo han hecho todo los otros productores

Según Morse ahora resulta que ahora el volumen de producción de un país es apenas un elemento que juega en este tema. Lo importante, dice en su artículo, es quién tomas las decisiones.  En Arabia Saudita hay un único tomador de decisiones para decidir cuánto se produce o no: el rey. En Rusia es un poco más complicado, pero a la final es el gobierno de Putin el que básicamente está a cargo del tema.

Y aquí es donde viene el desequilibrio. El tercer y más grande de los gigantes, los EE.UU., tiene una producción que se basa en las decisiones competitivas de cientos de productores independientes que, ahora desregulados, pueden vender crudo internamente o en el extranjero.

Eso hace una enorme diferencia, especialmente considerando la naturaleza de la producción marginal de los EE.UU., que viene de la extracción de las rocas de esquisto. Estas rocas, no solo que son súper abundantes, sino que pueden ser explotadas con costos relativamente bajos.

Con una producción al alza en los EE.UU. y los costos de explotación cayendo en un escenario deflacionario, si los productores tradicionales tienen éxito en sus esfuerzos por incidir en los mercados,  los precios van a subir pero inmediatamente las exploraciones en los EE.UU. aumentarían y en consecuencia ese país va a tener una mayor producción.

La conclusión a la que llega Morse es esta: si los productores tradicionales cortan la producción tendrán dos problemas: una posible pérdida del pastel del mercado a favor de Irán (que de forma justa y cierta piensa que los otros se han tomado su mercado durante los años de las sanciones) y un aumento del interés de los productores independientes de los EE.UU.  para explotar más crudo, cuya producción puede crecer en 1 millón de barriles diarios en un año, conforme suban los precios, asegura Morse.

Rafael Correa no está solo en este pensamiento. Su colega venezolano Nicolás Maduro piensa igual  y viajó asimismo el año pasado al Golfo para tratar de convencer a los árabes a que produzcan menos. De su lado, su ministro para el Petróleo y Minería, Eulogio del Pino, inició una gira por las naciones miembros y no miembros de la Opep, con el objetivo de promover acciones conjuntas para lograr la estabilidad del mercado y el repunte en los precios del crudo. La primera parada es Rusia, informa Telesur, donde llevará un mensaje del presidente venezolano, Nicolás Maduro, para alcanzar “mecanismos de conciliación y de acuerdo” entre todos los productores en el ámbito mundial.

Los esfuerzos de Correa o Nicolás Maduro, que piensan que todo pasa por una decisión política para bajar la producción, pertenecen al mundo del pasado. Bienvenidos al futuro, donde el precio del petróleo nunca más podrá ser una decisión política.

4 Comments

  1. El artículo es muy claro y su visión de la realidad actual del precio del barril de petróleo, más la situación de desequilibrio de la economía del país. El gobierno se pegó con la piedra entre los dientes, el ingreso recibido por este rubro, financió la cuota politiquera y entes burocráticos creados para defender un proyecto, un castillo de arena con un rey para ordenar reprimir al pueblo y engañar con verdaderas a medias y falsas promulgadas como revolución, se comieron la carne con leche y dejarán piltrafa.

  2. Excelente articulo, esto se veía venir desde el año pasado, parece que Correa no asistió a la clase donde debieron haberle explicado que los procesos económicos son cíclicos, no son estáticos. A estas alturas y viendo su comportamiento me da la impresión de que la revolución que duraría 300 años igual que su constitución, ya no le importan, se retira muy cínicamente a descansar y deja al pueblo a merced de las tarjetas de crédito, su circulo y amigos como nuevos ricos, en otras palabras misión cumplida, se acabo el dinero por la baja del precio los culpables son otros. Parecería que se va para no volver, el precio no va a subir y el mundo no es lo que el se imagina, la historia le pasara la factura del despilfarro y la farra, en otras palabras se acabo la fiesta.

  3. Excelente, claro y al punto.

    Supongo que existirá “académicamente” un análisis para explicar cómo está equivocado este artículo.

    Saludos.

  4. Excelente artículo ya que provee una visión real de lo que es al día de hoy el mercado petrolero. Es lamentable que desde el Gobierno, principalmente el Presidente Correa, se exprese en función de una caída temporal de los precios de venta del crudo, dando la cruel esperanza a quienes aún creen en él y en su modelo económico, de que una vez que suba el precio del barril, la bonanza está garantizada.

    La gran oportunidad pérdida! Nuevamente un auge petrolero que solo sirve para construir unas cuantas obras, en algunos casos innecesarias y tal como ya se ha denunciado en algunos espacios, para inflar las cuentas bancarias de los nuevos ricos.

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