Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Corrupción de nueva generación

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Una de las viejas discusiones alrededor de la corrupción fue imputársela al Estado. De esa premisa, que entonces rebatimos como esencialmente mal formulada, se derivó una conclusión política, más torcida. Dado que la corrupción se origina en el Estado, el engrandecimiento del Estado conlleva mayor corrupción. Luego, era preciso que el Estado tuviera dimensiones mínimas, pues así habría asegurado que la corrupción fuera mínima.

Aquella discusión fue precedida por otro planteamiento. Determinadas cosmovisiones y contextos culturales habrían permitido/legitimado formas y dimensiones mayores de la corrupción. Obviamente se trataba de una modalidad de segregación cultural y de ratificación de formas civilizatorias superiores o, en todo caso, más honradas y transparentes. Más aún si coincidían con la división mundial del trabajo entonces vigente. En los países pobres habría más corrupción y en los países ricos menor corrupción, cuando no en los anglosajones del norte versus los latinos en el sur.

La discusión sobre la corrupción originada en el Estado fue sucedida por otra relativa a imputarle la responsabilidad de la corrupción a la empresa privada, que habría generado los estímulos o las formas concretas de la corrupción estatal. No pasó mucho tiempo antes de que surgiese la impresión/constatación de que la mayor corrupción se habría localizado en las relaciones sociales, que estimularían a la corrupción pública.

Pero, fundamentalmente, la corrupción se integró al patrón de acumulación mundial. Fue un factor más para determinar los costos. Y los costos tenían un componente de corrupción, que encarecía a los productos y los servicios. Entonces, incluso se pudo calcular índices de corrupción y la participación en los costos y los precios. Hubo estudios y surgieron estudiosos del tema.

Ciertamente impactó mucho conocer que ciertos países, más aun que las políticas públicas de ciertos países oferentes de bienes y servicios, con su correspondiente financiamiento, vivían sumergidos en una doble moral. Exacerban la transparencia casa adentro pero oficialmente usan la corrupción para sus negocios en ultramar. Luego se divulgó que no eran tan transparentes en su casa. Sino consecuentes afuera y adentro.

En la última década el mundo se ha sacudido con la corrupción financiera de los desarrollados y de algunos retoños –no todos- en desarrollo. Nuestro país la ha soportado, en modalidades específicas que se prolongan hasta la actualidad. Desde la colonia, que vino del brazo de los conquistadores, hasta sus formas mestizas. Analizarlas va mucho más allá de los alcances de estas notas.

Pero no puedo dejar de recordar que soportamos, duramente en la crisis de fines del siglo pasado, una modalidad más avanzada, en el contexto nacional, de corrupción financiera, de secuelas inhumanas. Derivó en la crisis, hasta entonces, la más profunda de nuestra historia republicana. Crisis que tuvo esencia financiera, digámoslo, que afectó a la circulación sanguínea en el cuerpo social, a la asignación de los ahorros y los excedentes. (Aquella crisis, sin embargo, ayudó a la depuración del sector financiero. Ventajas marginales de un gran mal).

Las sociedades muestran distintas sensibilidades frente a la corrupción. Entre diversas sociedades, pero fundamentalmente en distintos momentos y períodos de su historia. En Ecuador, la ola de corrupción previa a la guerra con el Perú, tuvo dos derivaciones.

Sensibilizó a la sociedad que reaccionó con movimientos sociales incipientes y débiles pero renovadores de orientación anti-corrupción, los que llevaron hacia formas más escrupulosas de control social e institucional. Pero también se produjo una distorsión. Asimiló toda la corrupción como corrupción política. Entonces todos los populismos de corte anti-institucional se regodearon contra los partidos, como sede de la corrupción.

Fue evidente que había corrupción en algunos partidos, especialmente en la asignación de tronchas y cuotas de poder, en la utilización de las políticas públicas para la obtención de ganancias privadas o en la contratación pública. Pero los populismos de distinto tipo focalizaron a la corrupción en la política. Y ellos se erigieron como los líderes de la anti-política. Desde allí hasta hoy.

El llamado retorno del Estado no ha correspondido a un buen Estado. Es un Estado sin atributos de estatalidad y peor aún de estatalidad democrática. Es decir, no es representativo, ni está sometido al control de la sociedad. Peor aún enmarcado por las instituciones. Es, más bien, el Estado retornado, un Estado de viejo cuño. Lejano de los atributos estatales modernos. Y repleto de viejas mañas, contexto de la emergencia de nuevas, renovadas e innovadoras formas de corrupción.

La corrupción que ha aparecido en nuestras sociedades, especialmente en América Latina, Ecuador incluido, es una nueva generación de corrupción.

Se trata de una corrupción que surge en las relaciones Estado-Estado. Se suponía, o lo que nos vendieron, es que la contratación intra-estatal o entre Estados era limpia, justamente porque era pública. Pero no ha sido. No sólo por la intervención de agentes privados que instrumentalizan al Estado y a la autoridad pública, sino porque el principal agente de estímulo es un Estado y el susceptible de corromperse es otro Estado. O fracciones del mismo Estado.

Los ejemplos son muchos. Sospecho que ligados a la diplomacia presidencial personalizada, pues involucran a las autoridades más altas de los países. No a los burócratas intermedios. Brasil, el país emergente de la región, de la mano de Petrobras-Odebrecht, son los prestamistas/prestadores cuestionados y son otros Estados los prestatarios/beneficiarios, con las manos sucias. China, o más bien empresas estatales chinas, que parecen instrumentar a la vida privada del presidente boliviano. Morales de pronto es el protagonista de varios culebrones, no solo de cariño paternal interrupto –carta de presentación para la contratación pública corrupta fast track- sino de manifiesta pornografía, del brazo de …. también se pasean por la región, Ecuador incluido.

El tema de la corrupción nunca me pareció atractivo, especialmente por sus orígenes arriba reseñados. Pero, debo reconocer, pasa agua bajo el puente y que más aún ahora es un tema de conocimiento necesario en las ciencias sociales y en la política pública. Y de la Política, con mayúscula. La única vacuna contra la corrupción son las instituciones. ¡Qué pena por nosotros!

6 Comments

  1. La corrupción está tan diseminada en todas las esferas públicas y también privadas que asusta.desde el Chofer que cobra en exeso el flete,el de la tienda y comerciantes inescrupulosos,el policía extorcionador. los empleados del banco de fomento que piden hasta el 10 por ciento para agilitar un crédito el concejal y alcaldes que por dinero bailan y cantan y a nivel superior las carreteras,hospitales escuelas refinerías aeropuertos ,puertos hidroeléctricas etc. etc a precios no comparables con ninguna latitud mundial.Ni que se diga en las áreas sociales han festinado en las casas de dos mil valen 10 mil en medicinas.vacunas,insumos y en tecnología lujosa etc, etc etc.
    Solo espero que todos estos corruptos de la robolución ciudadana que han roto todo record sean puestos en las cárceles de la manera más pronta posible antes que vuelen a disfrutar de sus fechorías y cuando se les acabe el dinero vuelvan como los salvadores prohibido olvidar

  2. La derecha siempre ha sido y es la mas corrupta, pero muy dificilmente se conocia porq se cuidaban las espaldas o porq simplemente acallaban con mas dinero sobre la mesa. Con la izquierda hay dos posibilidades, o es ingenua en razon de q es la primera vez q esta robando, o es q la derecha le esta pasando la factura para recuperar el timon de la corrupcion a traves del estado. El estado debe ser pequeno para q lo privado tenga los obesos contratos. Eso reclaman.

    • Medir la corrupción es algo muy difícil, por tanto su afirmación es no falseable (lo que no implica que es verdedera). Su conclusión es correcta, el estado debe ser pequeño, pero también las empresas privadas para que el poder se distribuya.

  3. Buen comentario, pero q coincidencia, que todos mis ilustres desconocidos, q un día llegan al poder desplazando a una oligarquía también corrupta y q según ellos, y solo ellos “por mandato divino” fueron los únicos destinados a gobernar y administrar los feudos de nuestra Latinoamérica, coincidencia eh???? me salen corruptos q tal eh??? O no será q detrás de todo esto existen responsables, de mano negra y con nombres muy conocidos??? Por q claro estos ilustres desconocidos, dizque, identificándose como izquierdistas de este nuevo siglo, empiezan a buscar nuevos chulqueros y zas!!!!!!q iba a ser del agrado de los chulqueros de toda la vida, de aquellos q en complicidad con la oligarquía corrupta!!!!! Tenían q someter a los pueblos de estos países a las condiciones y reglas q estos imponían o dictaban, previo al desembolso de dinero, si o no, y como los trapitos sucios se lavan dentro de casa, estos chulqueros y la oligarquía hacían de las suyas, pero claro a puerta cerrada, y así nadie se enteraba de la cantidad de agua sucia q pasaba por debajo del puente, CORRUPCION !!!!!!!!!por si no me entiendan, Y todos felices y contentos, y quien los ha investigado o quienes se han preocupado por sacar a la luz a esta oligarquía o derecha corrupta??? Nadie!!!!! Corrupcion es corrupcion y tiene q ser castigada.

  4. Creo que en su análisis le falta algo muy importante que es el concepto develado por Lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” que describe la relación entre la concentración del poder ya sea en el estado-gobierno sobre todo cuando este es centralizado como en el caso de los hiperpresidencialismos populistas de América Latina o en las grandes corporaciones. Por tanto, si bien creo que Ud. en lo correcto al afirmar que las instituciones sólidas contribuyen a evitar o disminuir la corrupción no es la vacuna porque el aspecto fundamental es la distribución y desconcentración de los poderes políticos y económicos.

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