Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

juan fernando carpio 2

Impuestos y tiranía

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El término “libertad económica” es profundamente engañoso. La libertad de hacer con nuestra vida lo que mejor sepamos o queramos hacer de ella incluye a fortiori la capacidad de disponer de nuestros ingresos y bienes. Pensemos esto en términos históricos. La esclavitud implicó siempre que alguien confiscaba 100% de los frutos del trabajo del esclavo. Menos una parte -alimentos, alguna forma de techo y la ropa mínima- consideradas “necesidades y no lujos” por parte del amo. ¿Qué hubiera pasado si en la antigüedad un esclavista sólo retenía 50% de lo producido -digamos, de 7 a 12am- y permitía retener al esclavo el 50% -lo que produjera en la tarde- y alguien nos dice que esa ya no es esclavitud? ¿Qué le responderíamos? Los siervos de la gleba entregaban 3/10 de su producción al señor feudal (“para protección y orden”), quien además, de vez en cuando, tomaba a los hombres jóvenes para hacer guerras territoriales y a veces a las mujeres en actos como la prima nocte. Nadie consideraría libres a los siervos feudales porque retenían 7/10 de su producción. Entendemos intuitivamente que esos siervos tenían derecho a 10/10 de lo que obtenían con el esfuerzo e ingenio de su vida.

Pero no sólo la intuición sino las normas lockeanas nos dan la razón en esa percepción de injusticia. Por eso el capitalismo nace en burgos o emporios en las márgenes de ríos y costas lejos del orden feudal. Marx es un propagandista embustero en ese punto cuando lleva a medio Occidente -converse con los universitarios de su país, sobre todo los de ciencias sociales- a creer que el capitalismo es una continuación o rediseño del feudalismo. Todo lo contrario. En A la costa de Luis A. Martinez, vemos cómo el protagonista huye de un orden semifeudal como el de la Sierra a un orden liberal donde puede ser agente libre, como el de la Costa. El gran embuste marxista es convencer a intelectuales de medio planeta de que históricamente la sociedad abierta -liberal, capitalista- es una especie de mutación del sistema feudal y que el asalariado es un vasallo o esclavo moderno. Completamente falso. El orden liberal nace en burgos y emporios -como las republicas venecianas, la liga hanseática, los países bajos- donde la gente podía intercambiar libremente bienes y talentos, huyendo del orden feudal. De hecho, hasta los códigos legales como la Lex Mercatoria y los sistemas de resolución de disputas civiles fueron producidos sin políticos ni amos. La gente se trasladaba de los órdenes feudales libre y voluntariamente a zonas al margen de ríos y costas donde empezaron a formarse esos burgos y emporios. Ese proceso de votar con los pies y liberarse silenciosamente del orden feudal jamás ha sido entendido por la izquierda y la derecha que le han creído a Marx su embuste narrativo.

No solamente eran y son tratos libres sino que el “malvado explotador” es en realidad un motor productivo para sus semejantes. Al contrario de lo que Marx concebía como “plusvalía marxista” o una porción del salario jamás entregada a los trabajadores, lo que ocurría y ocurre en realidad puede llamarse Plusvalía de Say, en honor al francés Jean Baptiste Say. Say fue uno de los primeros economistas en destacar el rol social del entrepreneur, del creador de proyectos. ¿Qué es la Plusvalía de Say? Es el aporte de herramientas, clientes, espacio de trabajo, equipo humano, métodos y dirección que hace el capitalista al asalariado. Lejos, muy lejos, de ser un explotador del asalariado, el capitalista es su socio potenciador. El capitalista eleva -en ocasiones multiplica- el valor producido por hora por el asalariado y de ese monto ambos comparten porciones dependiendo de una serie de factores que incluyen por supuesto la oferta y demanda de talentos dispuestos a hacer el mismo trabajo.

Los asalariados del mundo no son tontos -me permitiré incluirme- y saben que por su cuenta pueden hacer menos que uniéndose a un proyecto empresarial. De la diferencia entre lo que uno puede hacer por su cuenta y lo que logra en la división del trabajo y conocimiento apoyado en máquinas y métodos que encuentra en la empresa, ambas partes ganan proporciones mutuamente beneficiosas. La relación capitalista-asalariado es ganar-ganar de principio a fin e incluso puede precisarse que el asalariado es el que más gana de la relación pues ve elevada su productividad año tras año mediante una serie de elementos que alguien más ahorró, invirtió, diseñó y coordinó para poder invitarle a unirse al proyecto. Pero si la explotación en sentido marxista no existe, ¿para qué tener impuestos a la renta progresivos o reparto de utilidades -una “recuperación” de parte de la plusvalía marxista, nada más y nada menos- en un país? ¿Por qué mejor no tener impuestos de tarifa fija -mismo porcentaje para todos- o mejor aún, un sistema de tasas de uso, para así dejar a las empresas crear más y mejores empleos cada año?

Desde luego, la otra justificación para los impuestos es que supuestamente son la única forma de financiar bienes públicos. Esto es falso teórica e históricamente. Incluso si pudiésemos delimitar como observadores externos qué es privado y qué es público en cada contexto y grupo humano, necesitaríamos justificar los medios por el fin. Forzar a otros a financiar cosas que consideramos necesarias en sociedad no lleva a los mejores resultados -ver F.A. Hayek, “Ley de consecuencias no intencionadas” y L. von Mises, “Gobierno Omnipotente”. Calcula el profesor Steve Hanke de Johns Hopkins University que cualquier cosa que se hace usando gobierno cuesta el doble que por medios consensuales y pacíficos.

La U. Central por ejemplo tiene poco menos del mismo presupuesto por estudiante que la USFQ pero ni las instalaciones, métodos, investigación y convenios ni equipo profesoral son cercanamente priorizados en ambas. En Suecia los estudiantes que pasan de escuelas estatales a las privadas mejoran en 8 puntos sus habilidades en matemáticas. El gran despegue estadounidense -1870-1912- ocurre antes de que exista siquiera un impuesto a la renta. Hong Kong sólo cobra un impuesto de tarifa fija y en los años noventa rebasó por 37% por habitante a su malvada metrópoli, Inglaterra. Francia concesiona sus hospitales estatales a empresas especializadas y siempre tiene medicinas en inventario, camas suficientes y las máquinas no se averían ni pierden misteriosamente. Los suizos rechazan tener un sistema de reparto de jubilaciones entre generaciones (“Seguridad Social”) y prefieren ahorrar familiarmente con 4 o 5 veces más ahorro familiar promedio que los estadounidenses…

Los ejemplos pueden continuar ad infinitum. Además, la sociedad des-aprende valores de solidaridad y autogestión cuando el Estado acapara más funciones. Cabe recomendar la lectura de From mutual aid to the Welfare State, de David Beito, y En defensa de los más necesitados, de A. Benegas Lynch Jr. y M. Krause, donde se narra la historia oculta de Occidente: sociedades fraternales, mutualismo, cooperativismo y otras formas de ayuda no-clientelar y no-paternalista que fueron barridas por el auge interesado de los políticos en el siglo XX. Sin libertad no hay riqueza generalizada y tampoco hay virtud culturalmente recreada. Los sistemas de democracia de masas, especialmente en América Latina, nos han llevado a una nueva forma de tiranía… Pero es un tema para otro artículo.

10 Commentarios

  1. Escribes “pendejadas”, utopía pura. Los empresarios ecuatorianos, mesiánicos emprendedores, según tu, solo desean ganar y ganar, hoy, no mañana, por ende importar resulta mejor q producir. Sólo la educación crea innovadores emprendedores, con reglas de una sociedad ordenada. Los nuevos emprendedores, mejores educados, no charlatanes vagos q pretenden vivir de la retórica, esos jóvenes, post 10 años de correismo serán parte de esa sociedad más ordenada, pues es lo que conocen, en lo q han crecido, y esperemos q esas lacras de empresarios del pasado y sus herederos vayan desapareciendo por el avance de verdaderos emprendedores, innovadores, creativos de verdadera empresa.

  2. Excelente análisis económico de la evolución histórica de las formas de repartición de la riqueza. Lamentablemente para el Ecuador, más allá de las fallas de la economía se ha instaurado un régimen que ha hecho de la política el arma instrumental de propaganda ideológica con la cual trata de tapar el sol con un dedo y niega que con sus fallas en el seno del capitalismo y de la economía de mercado se ha generado un estado de bienestar nunca antes conocido por la humanidad. esto se refleja en educación, esperanza de vida, disminución de muerte infantil, etc. (hay grandes fallas en países no viables no es perfecto el tema)
    Evidentemente, la desigualdad y la brecha entre pobres y ricos se han agigantado, pero, no es por el capitalismo en sí, es por la acción humana negativa que desemboca en poca institucionalidad de los estados que permite despilfarros, poca transparencia, endeudamiento exagerado, clientelismo las cuáles llevan a una sola cosa: ineficiencia la cuál hay que tapar con medidas fiscales, estrangulamiento de mercados, limitaciones al comercio entre otras

  3. Sólo una observación. En un sistema social y económico no sólo son importantes la eficacia y la eficiencia sino el poder. En casi todos los sistemas capitalistas hay personas y grupos que tienen más poder y si el sistema de gestión del estado es democrático, eso significa que hay grupos que concentran el poder del estado y por tanto son beneficiarios inclusive económicamente, lo cual induce en muchos casos a la corrupción.Por otro lado, la eficacacia y la eficiencia depende de las métricas con las que se miden y estas son subjetivas aunque pueden ser medidas más o menos objetivamente.
    Por tanto, se deben distribuir tanto el poder del mercado como el del estado.

  4. Excelente análisis. Desgraciadamente mucha gente sigue ciegamente ciertas tendencias izquierdistas, auto proclamadas redentoras de los trabajadores, sin entender que se fundamentan en medias verdades.

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