Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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El hombre que desenmascara desde el poder al dictador

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Luis Almagro es el hombre más odiado en este momento por Nicolás Maduro. Almagro es uruguayo, es de izquierda, fue Canciller de José Mujica y, desde el 26 de mayo de 2015, es secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Almagro ha hecho tener nostalgia a la vieja izquierda de José Miguel Insulza; el político chileno que lo precedió en la OEA. Fue Secretario General entre 2005 y 2015. Es decir, la época en que Chávez, Lula da Silva, Kichner, Evo Morales y Rafael Correa impusieron el espejismo del socialismo del siglo XXI. Insulza se declaró paralizado y concluyó que lo mejor para la OEA era no hacer nada. Chávez y sus socios se dedicaron a vaciar de contenido las instituciones regionales que ya estaban en crisis.
Esto nutrió un escepticismo absoluto alrededor de lo que haría Almagro en la OEA. Pero el diplomático uruguayo sorprendió al punto de que Maduro lo llamó –conociéndolo y conociendo su pasado democrático– “agente de la CIA”. El gobierno venezolano lo acusa de haberse convertido en “apéndice de la oposición”, de haber violado el principio de no intervención… En una palabra de haberse colocado al margen del derecho internacional.

Almagro ha estado pendiente de las acciones de la dictadura venezolana. Últimamente, se hizo eco de la Ley de Amnistía aprobada por el parlamento venezolano y exigió a Maduro, el 5 de abril pasado, que la firmara. Un hecho que fue considerado por Caracas como interferencia en sus asuntos internos. Almagro ha subido el tono tras haber comprobado que a Maduro no le interesa el diálogo y ha dado la espalda a la grave crisis económica y humanitaria que vive Venezuela. Lo único que le importa es seguir en el poder. Eso explica su decisión de invocar la Carta Democrática, recurriendo al artículo 20, que lo autoriza a convocar un Consejo Permanente cuando se considera que en un Estado miembro se da “una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático”. Almagro disparó un mecanismo que obliga a los gobiernos de América Latina a hablar de lo que está ocurriendo en Venezuela. Hablar y tomar medidas: para esto requiere del acuerdo de 18 de los 34 estados miembros.

Esta semana presentará ante un Consejo Permanente -una instancia que trata los problemas políticos y que está compuesta por los embajadores- el acuerdo que aprobó el Parlamento venezolano el pasado 10 de mayo. Ese documento sirvió a la oposición venezolana para pedir oficialmente a la OEA la activación de la Carta Democrática a Venezuela. En ese texto de 15 considerandos y 13 acuerdos, la Asamblea Nacional Venezolana “denuncia la ruptura del orden constitucional y democrático” y detalla la crisis política, institucional y humanitaria que vive ese país. No se sabe si tras el encuentro de la próxima semana, el Consejo Permanente se reúna de nuevo, antes de la Asamblea General de la OEA que se realizará en Santo domingo del 13 al 15 de junio.

Esa es la parte formal. Política y diplomáticamente, Almagro ya creó un hecho sin precedentes que va por delante de los gobiernos: el secretario de la OEA colocó en la agenda continental un tema que Maduro –e incluso el gobierno ecuatoriano– quieren seguir manejando bajo coartadas ideológicas, cuando Venezuela vive una urgencia humanitaria. No hay comida, no hay medicinas y la inseguridad delincuencial es escandalosa. Niños y enfermos crónicos está muriendo por falta de medicamentos.

Maduro, como lo muestra el informe del parlamento venezolano no ha dado paso a ningún acuerdo, ha desconocido el poder de la Asamblea, se otorga poderes excepcionales y no tiene capacidad alguna para superar la crisis económica. Además ha ignorado todas las misiones de buena voluntad que han visitado Caracas buscando desactivar el polvorín.

Almagro ha creado un hecho político recurriendo a un mecanismo continental y excepcional. Pero también se ha jugado personalmente. Ha roto los usos diplomáticos que solo producen inmovilismo. Ha escrito públicamente a Maduro y ha puesto en evidencias sus mentiras y esa pasión muy suya, y muy de su tendencia, incluyendo el gobierno de Correa, por cambiar biografías. Maduro quisiera que Almagro no fuera el demócrata que es. La respuesta que se granjeó es un documento excepcional, tratándose de un secretario General de la OEA. Tan excepcional como sus mensajes en su cuenta Twitter. Almagro responde en forma vehemente: no es agente de la CIA, no es traidor pero Nicolás Maduro, a quien él tutea, sí lo es. Le dice por qué. Lo llama dictadorzuelo. Le pide devolver el legítimo poder a la Asamblea. Invoca que nadie cometa el desatino de dar un golpe en Venezuela pero le pide que tampoco él lo dé… El ex presidente José Mujica, que lo conoce bien, salió en su defensa y, aunque no aprobó el cruce público de mensajes, dijo una frase que es definitiva en este momento: “Maduro está loco como una cabra”.

Luis Almagro rompe los moldes ante una situación que no ha movilizado como se esperaba a los gobiernos del continente. Y ante la cual hace tiempo que debieron manifestarse. El secretario de la OEA ha devuelto la dignidad a una institución que con Insulza entró en estado de coma.

Foto: Luis Almagro/OEA

7 Commentarios

  1. Cualquier parecido entre el Ecuador de hoy y la Venezuela de hace 5 años, es pura coincidencia. Aún estamos a tiempo de evitar la catástrofe de llegar a ser como Venezuela está en estos momentos, catástrofe a la que este insensible gobierno nos está llevando por su ineptitud, pero que la niega a cada momento, y actúa como si nada estuviese ocurriendo.

    Debemos impedir que ganen de nuevo, para exigir rendición de cuentas, pero el país no tiene un año , no llegaremos a las nuevas elecciones al ritmo que vamos. Debemos exigir la RENUNCIA ANTICIPADA de Correa, y pedir un gobierno de transición de máximo 3 meses, incluso el vicepresidente actual podría dirigirlo para no revocar el orden constitucional ( no ha mucha diferencia en la poca capacidad entre este individuo y la sumisa que dirige el congreso así que da lo mismo quien quiera que sea) pero solamente para convocar a elecciones anticipadas, con el aval y garantía de las FFAA; no hacer nada más que convocar elecciones , ningún contrato, ni deuda ni politiquería.

  2. Saludos José:

    Es importante que existan personas e instituciones que verdaderamente actúen para detener al populismo clientelar, el cáncer de Hispanoamérica.

    Este populismo clientelar es una treta tan vieja y reciclada, que fue usada por los atenienses en contra de Sócrates y por los romanos para reinventar a sus nuevos Césares.

    Y si analizamos la historia, la aplicación y el resultado son iguales: el populismo a nombre del pueblo destruye la república y la democracia, para enquistarse en el poder y sangrar a todos, blandiendo la bandera de “somos los buenos, somos los justos, somos lo revolucionarios, el pasado nunca más”.

    Una receta que tiene miles de años.

    Tenemos que actuar y crear consciencia global, y pedir también la intervención de la OEA para el resto de países afectados por este cáncer llamado populismo clientelar.

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