Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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La OEA sí minó la cancha de Maduro

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¿Cómo convertir una derrota evidente en victoria? La fórmula la tiene la canciller venezolana Delcy Rodríguez. De victoria calificó la resolución de la OEA ante la cual su gobierno tuvo que plegar. Venezuela había propuesto un texto pero no contó con los votos necesarios para imponerlo. Tampoco tuvo los votos para frenar el texto definitivo propuesto por México, tras ser descartado por blando el liderado por Argentina. Y tuvo que adherirse a la declaración para salvar la cara.

Es la primera vez que Venezuela es el centro de un debate continental y esto prueba que la relación de fuerzas cambió. Caracas ya no cuenta con los votos de los países del Petrocaribe que sumaba a los de sus aliados –Argentina, Brasil, Nicaragua, Bolivia y Ecuador– para evitar que el grave estado económico, social y político, provocado por el chavismo, llegara al pleno de la OEA.

Se sabía –porque desde hacía ocho días 20 países trabajaban en una declaración liderada por Argentina– que el pedido de Luis Almagro –activar la Carta Democrática– no tendría eco. Muchos estados consideraron que el Secretario General se precipitó y no les consultó. La estrategia venezolana se orientó, entonces, a cortocircuitar la reunión y evitar una declaración, que no fuera la suya, del Consejo Permanente. En ese punto también perdieron y –aunque Almagro no logró su objetivo–puede considerarse responsable de que la OEA haya debatido el caso de Venezuela y se haya manifestado en forma conjunta.

El tono de la declaración es genérico. Pero el debate dio lugar a que Nicolás Maduro, su gobierno y sus defensores -entre los cuales se cuenta el gobierno ecuatoriano- tuvieran que oír, en el seno de un organismo que habían logrado neutralizar, verdades que ocultan tras sofismas baratos. Canadá y otros Estados dijeron que no era un invento de los medios de comunicación, como ellos pretenden, la escasez, la parálisis de Venezuela, los apagones, la emergencia alimentaria y sanitaria…

Maduro está ahora presionado por 34 estados (al menos 25) que firmaron la declaración y que se dicen prestos a ayudar a identificar “algún curso de acción” para llegar a una solución política mediante el diálogo. Parece poco, pero en el contexto venezolano, es esencial. Maduro está llamado a dialogar y a reconocer la Asamblea que, en el texto figura como “otras autoridades constitucionales”. La declaración respalda, además, una iniciativa concreta de diálogo: la que promueven los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de la República Dominicana y Martín Torrijos de Panamá. Hay un apoyo explícito a otras iniciativas de diálogo nacional dentro de la Constitución y el pleno respeto de los derechos humanos.

Siempre se puede decir que son declaraciones de circunstancia que no comprometen al gobierno de Maduro a volverlas realidad. El punto es que la OEA deja, con esta declaración, el balón en su campo. De forma explícita, esta organización se vuelve veedora de la actitud de un gobierno que convirtió a uno de los países más prósperos –como dice el comunicado de la Mesa de la Unidad Democrática– “en un país sin alimentos, sin medicinas, sin seguridad personal, sin democracia y sin libertad”.

El campo de Maduro se sembró de minas. Quizá por eso el quinto punto de la Mesa de la Unidad Democrática –que conoce bien a Maduro y a los suyos y que ya se ha prestado a varios sesiones de diálogo que han terminado en shows chavistas– dice que “la posibilidad de activar y aplicar la Carta Democrática sigue en pie(…)”. La declaración favorece a la oposición y no al gobierno chavista, ahora presionado también a respetar los Derechos Humanos y los procedimientos constitucionales. En ellos, la Mesa de la Unidad Democrática incluye el referendo revocatorio que es legal y que Maduro quiere evitar; tal es su grado de impopularidad.

Guillaume Long, canciller ecuatoriano, saludó la declaración de la OEA “a favor del diálogo sin sanciones ni amenazas de ningún tipo y que reconoce la plena soberanía de Venezuela”.  Long quiere hacer creer que el partido en la OEA terminó 0-0. No dice, por supuesto, que su representante apoyó el texto de Venezuela y también tuvo, para salvar la cara, que adherirse al texto definitivo que, a pesar de su tibieza, obliga a Maduro a jugar en cancha inclinada. Es la primera vez en el concierto latinoamericano. Y hace tiempo que era hora.

2 Commentarios

  1. Mi apreciación sobre el problema de Venezuela es que nadie intervenga, ni la OEA, ni UNASUR, ni los amigos de Maduro, con Correa a la cabeza, esa crisis debe resolverla el pueblo venezolano; salir a las calles y sacar a Maduro del poder, tal como hemos hecho nosotros con presidentes ineptos o ladrones.
    Muchos pensaran: y porque no lo han botado aún? La respuesta es sencilla: los militares de ese país están contaminados con la política; sus altos oficiales tienen prebendas increíbles y altos sueldos pagados posiblemente en dólares, por lo tanto ninguna revuelta popular tendrá su respaldo. Pero si hay un peligro para Maduro: los mandos medios del Ejército y la tropa, también son pueblo y deben estar pasando por los mismos problemas que los civiles.
    Mi opinión es que en 5 o 6 meses, habra un estallido en Venezuela y Maduro tendrá que salir con la cola entre las piernas; el hambre es mala consejera y no hay mal qu dure cien años

  2. Es un buen antecedente, ya que la impunidad con la actuaban los gobiernos ” revolucionarios” era una verdadera bofetada a la democracia. Por fin se puso el dedo en la llaga y llegan cuestionamientos exteriores a los desgobiernos. El de Maduro raya en lo absurdo, donde no existe el sentido común y la lógica, y su torpeza es tan evidente que cae por su propio peso. Espero que sea un aviso para el “revolucionario” gobierno local, que aún no ha llegado a tales absurdos extremos, pero que no da muestras de entender y rectificar.

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