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La homofobia mata

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Lo de Orlando despertó la indignación del mundo. Al menos del mundo tuitero. Las etiquetas Orlando, #PrayForOrlando y #LoveIsLove fueron tendencia mundial y en Ecuador el domingo 12 de junio. No es para menos, cientos de personas LGBTI son asesinadas por el hecho de serlo en muchos países, pero no tantos en un solo evento.

La razón de la matanza: al parecer al sujeto que supuestamente enloqueció y entró al bar LGBTI a disparar a diestra y siniestra le habría molestado días antes ver a dos hombres besándose. El padre del sujeto no lo describió como alguien religioso pero sí como alguien que sentía rechazo por la homosexualidad. Un rechazo tan patológico que lo motivó a viajar 170 kilómetros para llegar a esa discoteca a concretar su cometido.

Más allá de que esto quiera pintarse como un acto de terrorismo (ISIS aparentemente se adjudicó la matanza aunque ninguna fuente oficial encuentra la vinculación ni lo confirma) lo sucedido evidencia lo mucho que aún tenemos que evolucionar como humanidad. Cuando decimos que la homofobia mata no es en sentido figurado, es literal, y la matanza de Orlando lo evidencia de la manera más cruda.

Cuántas personas se habrán horrorizado por este brutal acontecimiento pero no son capaces de reconocer su homofobia cotidiana. ¿A cuántas personas les parece inaudito matar gais y lesbianas pero no toleran ver a dos hombres o dos mujeres tomadas de la mano o besándose? ¿Cuántas personas se dicen a sí mismas abiertas frente al tema de la homosexualidad pero no aceptan que nos podamos casar o que luchemos para que nuestras familias homoparentales con hijos también tengan derechos? La violencia extrema que se grafica con el asesinato a alguien, motivado por el odio a lo que ese alguien representa, pasa por muchos grises; grises cotidianos que hacen que miles de personas no tengamos derechos por el simple hecho de una orientación sexual o identidad de género diferente a lo que normaliza la sociedad. Ausencia de derechos que no nos mata literalmente, pero que sí mata nuestros proyectos de vida y nuestra dignidad como seres humanos.

Si dentro de tu discurso está el permitirnos existir pero que no nos visibilicemos en nuestros afectos en espacios públicos y menos que luchemos por derechos de matrimonio y familia eres homofóbico. Así de sencillo, no lo maquillaré, eres homofóbico. Punto. Por eso me causó tanta gracia ver el tuit del Presidente Correa sobre lo de Orlando:

Y digo que me causó gracia porque el principal homofóbico del país pide “combatir homofobia”. Yo le pregunto, si es cierta su posición: ¿qué tal si empieza dejando de oponerse al matrimonio igualitario y a las familias homoparentales, para comenzar? Públicas han sido sus declaraciones de rechazo a estas luchas y derechos de los que carecemos los LGBT en Ecuador, y pública también fue su visita al Vaticano para jurarle al Papa Francisco que en nuestros país el matrimonio solo es entre hombre y mujer y que para él, como Presidente de un estado supuestamente laico, la familia es la tradicional conformada por padre, madre e hijos. Desconociendo, inclusive, a la propia Constitución que reconoce a las familias en sus diversos tipos.

Recordemos que la Corte Constitucional del Ecuador lleva calentando ya dos años la acción extraordinaria de protección presentada por mi pareja y yo para poder casarnos, y lograr con ello que el matrimonio entre personas del mismo sexo sea una realidad en Ecuador; sin siquiera nombrar a un juez ponente, menos aun generar una audiencia y, peor aun, dar una sentencia. Tomemos en cuenta que la Corte homóloga de nuestro hermano país Colombia, mediante fallos favorables, amplió derechos para las personas homosexuales permitiendo que adopten, que registren a sus hijos nacidos por mecanismos de maternidad asistida y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Nuestra Corte no avanza en nada sobre nuestra causa, pero sí procesa en tiempo récord pedidos tan jalados de los pelos como el de Pamela Aguirre y lo que ella llama su colectivo Rafael Contigo Siempre.

Ni qué decir de la Asamblea Nacional, conformada en su mayoría por militantes verde agüita, que perdieron dos momentos históricos para reducir la brecha de desigualdad que viven las familias homoparentales con hijos, y se negaron a incorporar tanto en las reformas al Código Civil como en aquellas a la Ley del Registro Civil, artículos que permitan la doble filiación materna y, con ello, lograr que las parejas de mujeres lesbianas que conciben sus hijos por mecanismos de maternidad asistida puedan registrarlos con el apellido de ambas, para así vincular jurídicamente a la no madre biológica con la criatura.

Lo que sucede, y por más que se les dibujó a las y los asambleístas a cargo de estas reformas, es que en Ecuador, al no permitirse esta doble filiación materna, el Registro Civil desconoce la unión de hecho de la pareja de mujeres y su proyecto de familia y obliga a la madre biológica a registrar a su criatura con solo su apellido, como si fuese madre soltera, negando a la otra madre dicho registro. Esto provoca dos escenarios de clara violación a los derechos de la criatura. Uno, ¿qué pasa ante la separación de la pareja? La madre biológica no puede exigir para la criatura una pensión de alimentos a su ex pareja. Ni su ex pareja puede exigir visitas para ver a la criatura que también ayudó a gestar y cuidar. Dos, y más dramático, ¿qué pasa ante la muerte de la madre biológica? La criatura es puesta por el Estado en manos de un familiar cercano de la fallecida o, en su defecto, somete a la criatura a un proceso de adopción. Separando, así, a la criatura de su otra madre y desintegrando lo que quedó de dicha familia. La Corte Constitucional de Ecuador también tiene por años, sin generar un fallo, el caso de Nicola Rothon y Helen Bicknell, la pareja de mujeres inglesas que no logra registrar a su hija Satya con el apellido de ambas.

Esto por mencionar qué pasa en Ecuador con respecto a los temas de matrimonio igualitario y familias homoparentales. Otra perla de la Asamblea Nacional, con su aceptación del veto presidencial, fue hacer que las personas trans puedan cambiar en su cédula el campo sexo por el de género, siempre y cuando vayan con dos testigos que avalen que dicha persona lleva siendo trans al menos los dos últimos años. ¡Bravo! Con eso el Estado ecuatoriano se limpia con el derecho de autodeterminación de una persona y hace que la AUTO-determinación sea avalada por terceros.

En fin, mucho más podría decir pero no quiero alargarme. Considero que por lo sucedido en EE.UU y por los derechos que aún no tenemos en el Ecuador gracias a Correa, su Asamblea, su Corte y una sociedad aún claramente homofóbica, la marcha del Orgullo LGBTI de este año debería dejar de lado el solo pretender “amariconar las calles”, solidarizarse con lo sucedido en Orlando y evidenciar su exigencia a los derechos que nos son negados. Hoy más que nunca, los LGBTI debemos tener claro que la homofobia nos mata.

Pamela Troya, activista LGBTI, vocera de la campaña en favor del Matrimonio Igualitario en Ecuador.

3 Comments

  1. no quisiera sonar negativo , pero lo que mata a veces son los pensamientos arcaicos que se quedan en las personas pero les digo , no son nadie para obligara a alguien a adaptarse a sus fantasias , lo mismo los arcaicos , no son nadie para imponer su pensamiento mediante la fuerza , aqui lo unico que hay es una desvaloracion hacia la vida ajena , fuera de eso , cualquier persona muere , y en algunas ocasiones se detalla porque pero si muere asesinado alguien que es diferente al asesino es un crimen de odio , y eso , deriva en privilegios para los grupos minoritarios , si dejaran de verse asi conseguirian lo que buscan , igualdad , pero si siguen viendose como minorias no lo lograran nunca , porque se sentiran especiales por lo que piensan y sienten y no por lo que demuestran y dan

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