Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Enrique Ayala: estatizar la sociedad no es socialismo, es fascismo

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Enrique Ayala Mora es historiador y figura del Partido Socialista en el país. Él hace parte de los animadores de un Acuerdo Nacional cuyas líneas fundamentales figuran en un documento que está siendo debatido por los partidos y movimientos de la izquierda crítica del correísmo. Documento que suscita enorme escepticismo por parte de ciudadanos que recuerdan que muchos de esos grupos propiciaron la llegada al poder de Rafael Correa. Y lo apoyaron. Ayala Mora afirma que él fue crítico desde el inicio y esboza, en esta entrevista, los cambios fundamentales y las autocríticas que pueden dar lugar a una nueva izquierda en el país. 

¿Se puede pensar que el documento que están debatiendo faculta a hablar de una renovación profunda de la izquierda ecuatoriana?
El documento está planteado como una propuesta mucho más amplia que la izquierda. Pretende abarcar propuestas de personas que están en el centro, que no quieren identificarse políticamente, sobre todo algunos empresarios, que piensan que es necesaria en este momento una alianza amplia de estas características.
El documento no da cuenta de una redefinición de la izquierda, pero sí de una apertura de la izquierda crítica del correísmo a una nueva realidad de alianzas políticas y de un programa que no puede ser el de hace años.

¿En ese punto se pudiera hablar de una renovación?
La renovación consiste sobre todo en la voluntad de armar, en las circunstancias que tiene el país, un gran acuerdo nacional que no privilegie tesis de izquierda tradicionales sino necesidades inmediatas del país.

Eso es un movimiento táctico. La pregunta es: ¿ese documento retrata la voluntad de la izquierda critica del correísmo de revisar, a la luz de la realidad, sus tesis?
Estoy convencido de que para la mayoría de gente de izquierda que está en el Acuerdo Nacional sí es un motivo de autocrítica y reflexión sobre nuestra práctica pasada. Y, en segundo lugar, un deseo de enfrentar en serio las nuevas realidades del país y de América Latina asimilando varias cosas:
Primero, que esa democracia que, a veces llamábamos burguesa, que fue el objeto de nuestra crítica y de nuestro combate, fue también, al mismo tiempo, el mecanismo con el cual se defendió a la gente en el Cono Sur, por ejemplo. Resulta que la democracia había tenido sus valores. La democracia, incluso entendida en sus formalidades, es una necesidad de la sociedad.
Otra cosa que los socialistas sí habíamos defendido pero no con la fuerza que esto requiere, y que los comunistas negaban, era el pluralismo político. A estas alturas sostener que la izquierda es partido único es realmente un anacronismo digno de dinosaurios. No hay democracia si no hay pluralismo político.
Otra realidad que la izquierda debe asimilar –el caso de Venezuela nos lo demuestra en forma dramática– es que se pensó que socialismo es igual a estatismo. Y que, por lo tanto, mientras más estatiza un país, más socialista es. Primó también la idea de que la libertad estaba reivindicándose desde el neoliberalismo. Este hablaba de libertad económica y nosotros veíamos con sospecha esa libertad económica de que el pez grande se coma al chico. Por eso no reivindicamos tan radicalmente los temas de libertad, pero después de estos regímenes y del correísmo, nos hemos dado cuenta de que el componente del reclamo por las libertades es fundamental. Y que va mucho más allá de los temas económicos.

¿Se podría sintetizar esto en la tesis que el Estado está al servicio de la sociedad y no al revés?
Exactamente. Eso está reivindicado en el proyecto del acuerdo nacional. Los socialistas hemos reivindicado esto desde siempre y sobre todo hemos defendido la autonomía de la sociedad.

Lo han reivindicado, quizá, pero han defendido a Cuba donde ha sido la revés, el partido y el Estado sobre la sociedad.
Así es. Ha habido esa contradicción. El correísmo ha sido la ocasión para demostrarlo. Resulta que ellos, exhumando ideas socialistas que ya ni defienden, dijeron que estatizar la sociedad es socialismo. Eso no es socialismo: es fascismo. Y eso también nos hemos aclarado. Hemos aprendido, igualmente, algo muy doloroso: que la corrupción no es una mala costumbre de la derecha. Que en este continente, cuando hay condiciones para ello, también gente de izquierda termina involucrada en la corrupción y que la corrupción tiene que ser un motivo para que nos sometamos al control.

¿Esta autocríticas ya son parte intrínseca de los grupos que están consensuando el acuerdo?
Sí, a estas alturas ya en su mayoría esto está dado. Las centrales sindicales han sufrido tan duramente el embate del Estado, el intento de eliminarlas, de controlarlas desde arriba, que ahora valoran enormemente la libertad sindical entendida en la tradición del pluralismo sindical y en el hecho de que las organizaciones civiles de la sociedad no deben someterse al Estado.
Los indígenas que soñaban con meterse dentro del Estado, a eso le llamaban estado plurinacional, se dieron cuenta de que el precio de eso es alto en división, fraccionamiento y corrupción interna. Preservar la independencia de la organización social frente al Estado es fundamental.

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Durante la entrevista Enrique Ayala hizo un origami: tiene miles y en la Universidad Andina ya hay una colección de estas piezas que hace desde siempre.

Muchas reacciones a este documento registran escepticismo. La gente no cree que la izquierda que arropó a Correa esté haciendo una autocritica y planteando un programa democrático.
El escepticismo tiene una base real. Si Correa se ha pasado 10 años usando los lemas de la izquierda, las canciones, alineándose con lo que se llama la izquierda internacional, es difícil decir que ahora vamos por otro camino.
Pero hay gente de izquierda que nunca fue correísta, entre los que me incluyo. Fuimos críticos del correísmo desde el primer momento por razones que ahora se ven con mayor claridad: el intento de monopolizar todos los poderes, de hacer crecer demasiado el Estado y la burocracia. Criticamos la Constitución desde el principio. Esto permite que algunas gentes tengan más credibilidad que otras. Segundo punto: hay que plantear una realidad. En todo país democrático hay una izquierda activa y dinámica con opción de poder y esa izquierda tiene que tener oferta, un programa que corresponda con la realidad.
Y por último, tengo que decir que esto va a ir consolidándose en la práctica, porque a la larga no nos estamos jugando solamente la próxima elección. Estamos jugándonos un camino de la izquierda vinculada al centro donde el correísmo no pueda volver a infiltrarse. Creo que si el correísmo vuelve a tener presencia en Ecuador, ya no será desde la izquierda. Será lo que de veras es: un caudillismo reaccionario.

¿Cómo piensan recuperar la credibilidad de la gente?
En esta elección haremos lo que podamos, pero nuestra práctica futura va a demostrar si es que vamos en serio en este replanteamiento de la izquierda, o no. Porque en la próxima elección no se acaba el Ecuador.

¿Pero cuál es, visto desde la izquierda, el gran reto de la próxima elección para el país?
El reto es múltiple. Lo primero es enfrentar la crisis. Y la crisis se enfrenta con medidas a veces heroicas, siempre heterodoxas, no hay una salida única.

Para recuperar la economía, se requiere primero recuperar la política, la democracia, la institucionalidad…
No es solo recuperar la democracia sino recobrar la sociedad misma. Y para eso estamos planteando una asamblea constituyente y una agenda legislativa que tiene que aplicarse desde el primer día con todos los partidos que quieran confluir. Tenemos que ir todos. En términos inmediatos esto va más allá de quien gane o pierda las elecciones. Si no somos capaces de cambiar la Ley de Comunicación, la Ley de Educación Superior, la Ley de Aguas de entrada, no nos perdonarán nuestros electores.

¿Acepta entonces que la opinión tenga a la izquierda bajo sospecha?
Eso es una dato de la realidad. Lo acepte o no, eso pasa incluso dentro de mi familia. En esta elección, en los futuros años, tenemos el gran reto de demostrar al país qué es lo que podemos hacer y si somos consecuentes con lo que estamos planteando. Si eso pasa, le habremos dado al Ecuador un centro izquierda vigoroso. De lo contrario, tendremos una gran falencia en el país de no tener una fuerza equilibrante, una fuerza necesaria que exprese intereses sociales que por desgracia podrán ser, otra vez, presa del caudillismo.

11 Commentarios

  1. Brillante como siempre, pero se nota las contorsiones ideológicas que tiene que hacer para, como siempre, compaginar una ideología absurda con la realidad. La única diferencia con los fogosos discursos socialistas de antes donde profetizaban el paraíso terrenal cuando “el pueblo” ocupe los espacios públicos es que como no ejercían el poder, el discurso teórico estaba lleno de utopías, irracionalidades y buenas intenciones. Hoy los teóricos del socialismo no tienen más remedio que admitir que el poder corrompe y punto.
    El socialismo ES estatismo. Es imposible un socialismo que no busque la estatización de los bienes de producción o el tutelaje del estado en asuntos personales. Y ese es terreno fértil para fascismos y autoritarismos. Un “socialismo” sin estatización es simplemente una social democracia.
    La realidad como siempre demostrando que no hay espacio permanente en la historia para absurdos.

  2. SOBRE EL SOCIALISMO:

    Tanto y en tantos sentidos se ha hablado en el país en los últimos tiempos sobre esta ideología de museo (la última “novedad” es la afirmación de que “estatizar la sociedad no es socialismo, es fascismo”), que nunca estará por demás permanecer alerta, recordar ciertas verdades históricas y tener siempre presente los siguientes hechos:

    1) Que la ideología socialista implantada en varias sociedades a lo largo de la historia, ha tenido y tiene como origen el IGUALITARISMO (igualdad en la pobreza y en la ausencia de derechos de los individuos frente al que posee todos los poderes) y el COLECTIVISMO de los pueblos primitivos (comunismo primitivo).

    2) Que en dichas sociedades igualitaristas, caracterizadas por la poca valoración que se ha dado a la libertad y a la persona humana individualmente considerada, irónicamente en nombre de la igualdad, la justicia, la libertad y la democracia, se ha irrespetado precisamente los valores que se ha ofrecido defender, aprovechándose de la proverbial desinformación y tendencia al conformismo que parece ser un mal sin remedio que aqueja a gran parte de las colectividades.

    3) Que el denominado SOCIALISMO “CIENTÍFICO”, elaborado por Carlos Marx, promueve la lucha de clases, es decir un anti-valor como es el odio entre seres humanos, sostiene con orgullo que no predica ninguna moral y afirma que la religión es el opio de los pueblos, degradando y convirtiendo al hombre en un mero proceso de la evolución “consciente” de la materia manejado por categorías económicas.

    4) Que la imposición de los planteamientos fundamentales del “Manifiesto del Partido Comunista” -elaborado por C. Marx y F. Engels-, expuestos a continuación, fueron la causa del retroceso histórico, recesión económica, estancamiento tecnológico, supresión de las libertades humanas, y, finalmente, la hecatombe y caída final de los países socialistas :

    – Arrancar gradualmente a la burguesía (emprendedores que crean y dan trabajo en una sociedad) todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del estado.
    – Expropiación de la propiedad territorial y empleo de la renta de la tierra para gastos del estado.
    – Fuerte impuesto progresivo.
    – Abolición del derecho a la herencia.
    – Abolición de la propiedad privada en general.
    – Centralización del crédito en manos del estado.

    5) Que en los países en que se ha impuesto el totalitarismo socialista (¿”DEMOCRACIA RADICAL”?) en las últimas décadas, ha ocurrido lo siguiente:

    – Estruendoso fracaso político y económico en la Ex-URSS y países de Europa del Este, caída del Muro de Berlín incluida.
    – Supresión de todas las libertades inherentes al ser humano y sociedad en general (libertad de pensamiento, libertad de expresión, libertad de emprendimiento, libertad de cultos, etc.. etc.).
    – El estado aplastando al ser humano.
    – Veinte millones de personas asesinadas y desaparecidas por el régimen de Stalin.
    – Dos millones de camboyanos asesinados por los kjmeres rojos.
    – Masacres en Uganda ordenadas por el gobernante “progresista” caníbal Idi Amin Dada.
    – Inflación del cien mil por ciento anual en Zimbabue (África), en donde el dictador Robert Mugabe ha aplicado el socialismo “científico”.
    – En la China Socialista, matanza de Tiananmen, prisión de la madre símbolo de Tiananmen Ding Zilin, prisión del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo.
    – Prisión y fusilamiento a quien se atreve a disentir con el gobierno socialista de Fidel Castro, quien hace poco tiempo reconoció que “el modelo cubano ya no funciona ni en Cuba”.
    – Medio millón de empleados despedidos del sector público en Cuba en los años 2010 y 2011, etc., etc., etc…

    6) …Y se podría hablar muchísimo más sobre el socialismo (hay quienes lo identifican también como “progresismo” o “izquierdismo”), pero, por el momento, solo deseo añadir que no hay que olvidar que el fascismo y el nazismo o nacional-socialismo fueron variantes socialistas…Y, tampoco hay que olvidar que, a la final, como lo ha probado la experiencia y la praxis histórico-social, en esencia, socialismo = marxismo = leninismo = stalinismo = maoísmo = castrismo = totalitarismo = estatismo = pobreza = estanflación = anti-humanismo = retroceso histórico…

    Atentamente: JORGE ARELLANO SÁNCHEZ.

  3. Si el socialismo se define como “sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”, pues no debe caber duda que el Gobierno actual es socialista bajo su estricta definición y la declaración de Enrique Ayala Mora de que “estatizar la sociedad… no es socialismo” es incorrecta.

  4. Una entrevista muy objetiva, no se necesita coincidir con los puntos de vista de otros, lo que hay es que respetar los puntos de vista de los otros, bastante claro en las apreciaciones el Dr Ayala Mora, pienso que la izquierda es necesaria, siempre y cuando sea un referente y contrapeso en democracia. La corrupción no conoce de izquierdas y derechas, eso lo vivimos en América Latina hoy, basta solo mirar Brasil o Argentina. La derecha fascista asesinó y desapareció seres humanos, robó y se enriqueció, la supuesta izquierda asesinó en vida a los disidentes con juicios criminales y quiere rendir por hambre a los que no comparten con sus hegemónicos criterios y además se robó todo lo que pudo. Cual es la diferencia? la impostura, Correa y su adlátares no son gente que pretenda cambios estructurales, son simplemente gente que tienen claros intereses personales y falencias existenciales que solo lo tranquiliza el dinero.

    Muy buena entrevista y respuestas muy sesudas dignas de un valiente aspirante al gobierno. Por lo menos no colaboró con dinero para la campaña del caudillo, eso me impregna tranquilidad, ahora este comentario no es un voto en blanco para el Dr Ayala Mora, es solo la apertura para escuchar cual es la propuesta. Si de algo sirvieron estos diez años que sea para valorar nuestra débil participación a través del voto. Hoy esa es mi única arma y la voy a utilizar muy bien.

  5. Alegra saber este cambio que acerca a los socialistas a la socialdemocracia, tendencia desafortunadamente ausente del espectro político nacional desde hace fú. Si así llueve, que no escampe.

  6. Aconsejaría al Dr. Ayala que leyera a Adam Smith (La riqueza de las naciones) y comprobará que sus ideas de “izquierda moderna” se parecen mucho a las ideas de los liberales clásicos. No a ese engendro que se tituló neoliberalismo, que no era más que un capitalismo de compinches (igual le cabe esta denominación al correismo).

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