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El simulacro de diálogo en Quito

en Columnistas/Las Ideas por

Una de las peores herencias que nos deja el correísmo (o tal vez la política ecuatoriana en general) es la anulación de la participación ciudadana y el tejido social que es absolutamente necesario para construir sueños de ciudad y país compartidos. La ciudadanía sospecha del poder que casi siempre tiene un afán de cooptarla y el poder, a su vez, establece relaciones clientelares. Se ha construido un mecanismo de interacción perverso: los ciudadanos descontentos amenazan con marchar al frente de las instituciones y las autoridades, temiendo que los medios de comunicación hagan el cubrimiento y eso incida en su popularidad, ceden ante los pedidos.

Así, la participación ciudadana ha dejado de ser un concepto positivo. Ya no es la promesa de transformar las relaciones sociales y crear nuevos criterios de gobernanza compartida, sino es un espacio de conflicto y pugna de intereses que no tiene una luz al final del túnel.
La promesa de los cambios electorales en el año 2014 incluía una nueva visión de participación ciudadana; una que buscara romper esa lógica clientelar y recuperar la confianza entre autoridades y ciudadanos. Tarea nada fácil y tampoco posible de cumplir en el corto plazo. Nunca existirá confianza completa entre estos polos a veces opuestos, pero sí que es posible tender puentes para acercarlos.

Para tender esos puentes tiene que haber una intención real de hacerlo. Es decir, no caer en la famosa “socialización” en la cual se presentan, en foros, decisiones ya tomadas y se busca, a través de pomposas presentaciones técnicas (inentendibles para muchos), convencer a los asistentes de la conveniencia de la decisión tomada por la autoridad. Y esto es lo que nos dicen todos los ciudadanos que han acudido a las mesas que hemos convocado en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador para discutir la Solución Vial Guayasamín y plantear alternativas (aquí la sistematización de la primera reunión llevada a cabo el 21 de julio). Con justa razón nos preguntan, ¿para qué estamos aquí si es que ya está todo decidido? ¿Cómo podemos presentar alternativas si la obra sigue construyéndose?

Concuerdo con esas demandas y, sin embargo, creo necesario continuar trabajando en las mesas de diálogo porque son un ejercicio de catarsis que pueden convertirse en una poderosa herramienta para que los quiteños empecemos a construir una visión conjunta de ciudad. Que sean una base para ese nuevo modelo de gobernanza compartida que debemos empezar a cimentar.
El pedido de suspensión y replanteo total de la obra que se expresa en estos foros, que hemos apoyado y lo continuaremos haciendo, debe ser escuchado para que el diálogo convocado por la Alcaldía de Quito, a través del Colegio de Arquitectos, no sea de sordos y le sirva a la municipalidad para justificar unos cambios menores en el proyecto y continuar con la obra, a pesar de los múltiples cuestionamientos técnicos, financieros y legales.

Mientras escribo este artículo, estoy en el foro convocado por el Colegio de Arquitectos para dialogar sobre la Solución Vial Guayasamín y al que he sido invitada por su presidente. Vamos dos horas de presentaciones de funcionarios municipales que intentan convencer a los asistentes de la factibilidad de la obra.
El Secretario de Movilidad nos presenta modelaciones de tráfico actuales donde se ve un caos y, luego, nos presenta modelaciones del mismo tráfico pero con la obra implementada: añade cómo esta obra va a beneficiar la calidad de vida de los quiteños. ¡Se ve claramente que ya no hay tráfico! El argumento se le cae cuando le preguntan por la modelación con el crecimiento del tráfico proyectado y ahí dice que soportará la carga vehicular por 10 años sin presentar las modelaciones que antes presentaba con tanta autoridad. Hace unos días en los medios de comunicación declaraba que era una obra para 30 años, ahora ya nos dice que es para 10. ¿Cuándo nos van a decir que en realidad durará entre 2 y 5 años?

El asesor jurídico nos presenta lo que ya todos sabemos, las empresas públicas, gracias a la Ley Orgánica de Empresas Públicas, pueden contratar a dedo y nos enseña ejemplos de contratos similares en el país. ¡Como si eso fuera garantía de transparencia! Luego, el Administrador General nos advierte que es una obra de la EPMMOP y que no le compete la parte financiera pero que igual nos hará una presentación. Ya no me pude quedar a las intervenciones del Gerente de la EPMMOP y del Secretario de Territorio Hábitat y Vivienda (que no iba a hablar sobre el impacto urbanístico de la obra, sino sobre los acercamientos que recién ahora la Alcaldía está haciendo con el barrio Bolaños).
Más tarde en un cine foro en el Ocho y Medio sobre el barrio Bolaños, me entero por los vecinos que en estos acercamientos con la Alcaldía les han dicho que van a vivir mejor y que sólo 17 familias (¿casas?) serán afectadas. En voz baja me cuentan que les están dividiendo y me preguntan, ¿por qué nos tratan como si no fuéramos personas?

Todas las acciones emprendidas por la Alcaldía de Quito en la aprobación de la Solución Vial Guayasamín demuestran que esa promesa de una nueva y renovada participación ciudadana se quedó en el papel. Y que las relaciones entre ciudadanos y autoridades, una vez más, se limitan a intercambios clientelares. Sin embargo, este proceso de despertar ciudadano me deja convencida de que podemos recuperar el verdadero concepto de participación ciudadana o al menos trazar un camino hacia él.

Daniela Chacón es vicealcaldesa de Quito.

2 Comments

  1. Socializaciones a las que pueden acceder solamente los que están de acuerdo. Debates que son monólogos de los “repetidores” que no pueden cambiar ni un ápice de lo que ya decidió el “jefe”. En definitiva, el poder de los hechos consumados, donde hasta el “pataleo” es inoficioso, aunque sea un “derecho”. Y como reguero de impudicias, contratos suscritos “al apuro”, al “descuido”, porque “si no agarro ahora, ¿cuándo?

    Y esto se repite a lo largo y ancho de la Patria, hasta a nivel municipal.

  2. Y obviamente este simulacro no incluye ni un análisis de los involucrados, ni un marco lógico ni un análisis beneficio/costo donde se incluyan los costos sociales de los residentes del Barrio Bolaños y de la Whimper y Almagro. Los técnicos municipales solo conocen la metodología que se usa solamente en los proyectos privados: el TIR.

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