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Guerra de viudas en Quito

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Uno de los argumentos más comunes que usan funcionarios y trolls del municipio de Quito para descalificar a quienes nos oponemos a su proyecto de «solución» vial que promete desurbanizar la zona de la Plaza Argentina es llamarnos «viudas de Barrera». Más allá de la grotesca generalización, en la cual sabrían que no quepo si me conocieran un poco, ese mote tiene un trasfondo complejo que conviene analizar.

Las llamadas «viudas» son personas cercanas a un político caído en desgracia (ya sea por perder elecciones o por perder la gracia del líder) cuya labor principal es quejarse de la manera en que se hacen las cosas después del periodo en que le tocó servir. Su característica principal es haber contado con algún tipo de beneficio durante ese periodo, que se evaporó con su extinción. Puede ser un puestito, una parcela de poder o incluso una parcela de chofer (con carro a la puerta pero no con influencia). Pueden ser también uno o varios contratos jugosos, un escritorito junto al despacho del gran jefe o una secretaría metropolitana en las sombras, de esas que toman decisiones por encima de los funcionarios que sí rinden cuentas.

Hay técnicos excelentes que pueden pasar a ser viudas de un día a otro gracias al voto popular. Es suficiente que durante su momento de cercanía al poder hayan escogido una postura política -partidista- sobre una técnica y hayan callado o defendido algo contrario a lo que pregonaban, abandonando inmediatamente su profesionalismo. Por esa razón, la polarización política que vivimos y la alternabilidad democrática les vuelve fácilmente descalificables, sin importar lo sólido e incuestionable que pueda ser el fundamento técnico de sus pronunciamientos. Basta que estén en el bando contrario.

La ironía de todo esto es que quienes lideran la arremetida para descalificar argumentos técnicos lo hacen -está sucediendo con el proyecto vial de marras- por razones puramente políticas y desconociendo el valor, la preparación y experiencia de sus adversarios. Somos tribales. Las candidaturas a distintas dignidades aún encuentran argumentos en “tener huevos”. Inaugurar obras vistosas y cortar muchas cintas, por inconsultas e innecesarias que sean, es mejor que hacer ciudad y construir ciudadanía. No tenemos adversarios sino enemigos. Politizamos todo. Volvemos personal y excesivamente virulenta toda discusión técnica. Un comportamiento tan poco cívico se explica por la alta incidencia de viudas en ciudades y países donde el Estado es el mejor y en ocasiones el único cliente, por lo que su administración debe conservarse a cualquier costo. La lealtad a los proyectos políticos se remunera bien y el esbirrismo pasa a ser una forma de vida. Eso explicaría fenómenos tan disímiles como la ausencia de crítica arquitectónica o artística seria y la baja calidad de diálogo político en cuerpos colegiados. Desde los más modestos espacios gremiales, concejos cantonales y hasta la Asamblea Nacional son un juego de suma cero donde somos nosotros contra ellos.

6 Comments

  1. El proyecto si es viable, pero la tarifa del peaje debe subirse para permitir al Municipio realizar proyectos alternativos como el Metrocable.

  2. Sin estar a favor o en contra de la solución, justamente lo que no se ha puesto sobre la mesa son argumentos técnicos.. Se ha vuelto una lucha política y antitécnica entre amantes y detractores del proyecto… Poco se escucha de soluciones a mediano plazo en vialidad, transporte o urbanismo. ¿Cómo desincentivar el uso de autos, fomentar transporte público y alternativo, tener regeneración urbana? ¿Qué estamos dispuestos a hacer cada uno como ciudadanos por el bien común?

  3. Pero si el proyecto es perjudicial, porqué no dan una solución técnica y barata sin tanto blablá que nadie entiende. Expliquen racionalmente, porqué la gente de a pie de Cumbayá y Tumbaco no tienen derecho a venir a tiempo a Quito y así puedan disfrutar mas tiempo para sus quehaceres personales y así mismo disfrutar de la ciudad mas tiempo

    • Te explico: porque hay muchos carros.

      El problema de tráfico es un problema de espacio. Si tienes un espacio saturado por la demanda tienes dos caminos: ampliarlo o utilizarlo más eficientemente.

      El primer camino encuentra sus límites en el presupuesto y en la realidad geográfica. No puedes ampliar vías indefinidamente.

      Te queda el camino de utilizar el espacio que tienes más eficientemente. El carro particular es como el epítome del desperdicio de espacio. No hay otra forma de desperdiciarlo mejor. Lo que hay que hacer, entonces, es quitar espacio que se desperdicia con carros y concedérselo al transporte público (mediante carriles exclusivos).

      “Soluciones” como la Guayasamín intentan el primer camino, por lo que pronto encontrarán sus límites, y van en contra del segundo camino, porque quitan recursos y espacios al transporte público (porque generan más tráfico) para entregárselo a los carros.

      Para que la gente de a pie de los valles (que es como el 60%) hay que quitarle espacio y recursos a la gente de carro de los valles (como el 40%) mediante carriles exclusivos. Un bus o buseta en carril exclusivo hace 15 minutos de Cumbayá a Quito, sin necesidad de hacer ningún otro cambio. La misma vía, con poca inversión, multiplicaría por 10, 20, 30 veces su capacidad de movilizar personas, en el mismo espacio. Quien quiera disfrutar de su carro, puede seguir en él atorado en el tráfico por más de una hora. Quien quiera disfruta de su tiempo puede pasarse a las busetas.

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