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El ejemplo que festejan, pero nadie sigue

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La mejor manera de evaluar el fenómeno Independiente del Valle es con la distancia que brinda el tiempo. Sencillo y redituable en simpatía resulta acogerse a la emotividad de los resultados, al reconocimiento obligatorio a su esfuerzo. Lo realmente útil, a esta hora en que los vítores y novelería han menguado, es medir la verdadera proyección del hecho inédito que significa que un equipo con trayectoria básicamente aficionada haya llegado a la final de la Copa Libertadores.

Independiente del Valle es una columna que se yergue en medio de la ruma de escombros que es el fútbol ecuatoriano. Su fórmula es sencilla y no abarca ningún secreto extraído de algún libro de vieja alquimia: divisiones inferiores fuertes y productivas, austeridad financiera y objetivos medibles. Todo aquello que hoy es rara avis dentro del resto de equipos del país.

Mientras los equipos “grandes” se desviven por fichar jugadores que, en varios casos, no necesitan o están más cerca del fútbol de semiveteranos, Independiente apenas dedica el 6% de su prespuesto para contratar. Este dato debería marcar un ejemplo que lejos está de seguirse y que quedará solamente como un enunciado. Nadie (sobre todo los clubes que tienen obligaciones autoimpuestas por su historia y popularidad) se plantea la posibilidad de aplicar tal política. No le cae bien a nadie ni al hincha que quiere sacar en cara a su rival lo bien que contratan sus dirigentes, ni a los representantes de jugadores. Nadie.

¿Priorizar las divisiones menores? No. La prioridad en el resto del fútbol ecuatoriano es pagar deudas. Barcelona sacrificará su premio de la Copa Libertadores 2017 (que todavía no juega) para pagar a Rolando Zárate, acaso la contratación más escandalosa de la historia del fútbol nacional. Si no se paga esa deuda, Barcelona se va a Segunda. Planteado así el panorama, ¿a quién se le puede ocurrir destinar esa plata para los niños que aprenden bajo la bandera del club a ser profesionales? Que esperen cuando haya. Si hay.

Tras el terremoto de la costa norte, Independiente donó a obras destinadas a la reactivación de Esmeraldas y Manabí USD 907 874,37. Aparte, destinó la mitad de sus ingresos de televisación y publicidad de la Copa Libertadores (USD 6.5 millones) a un fideicomiso para la construcción de su estadio. Y no tomo en cuenta el dinero que ingresa por la venta de Arturo Mina, Bryan Cabezas, Julio Angulo y Júnior Sornoza al exterior. Este dinero, en los otros clubes del fútbol local, se habría ido como plata de bolsillo. Sobre todo, en aquellas entidades que confiesan que fundamentan hasta el 75% de su presupuesto anual en ingresos que la TV estatizada paga tarde, mal y nunca.

Todo el sistema elogia el modelo Independiente del Valle, pero nadie está dispuesto a seguirlo. Es una admiración de boca para afuera, porque las urgencias obligan a hacer lo diametralmente opuesto (contratar a destajo, pagar deudas írritas, sueldos incompatibles con la realidad del mercado). Haber jugado la final de la Libertadores, pese a que la derrota frente a Atlético Nacional fue futbolísticamente inapelable, es un mérito. ¿Qué duda cabe? Pero la real valía de este mérito quedará aislada, en medio de un panorama general donde todos hacen exactamente lo contrario al que más lejos caminó.

1 Comment

  1. Parece que soy el primero que comenta. De entrada debo hacer una pequeña corrección en el título falta la conjunción “que” para darle un mejor sentido a la frase, debiendo quedar así: “El ejemplo que festejan, pero QUE nadie sigue”. Estoy trabajando más tarde continuo. .

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