Atrapados por el pasado

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El populismo, sostiene el expresidente Osvaldo Hurtado, es uno de los problemas estructurales y característicos de la política ecuatoriana. A él se añade el clientelismo de las clases y de las corporaciones. La relación de la política con el Estado ha estado fundada en la creación de canales de transmisión de dinero por vía de la influencia de cargos de elección y designación.

Hay excepciones, desde luego. También hay variaciones de este modelo. Pero los casos de políticos demagogos, de comportamiento populachero, de discurso dispendioso y cortoplacista son la mayoría. Si hay políticos que proponen debatir modelos y estructurar procesos, no son suficientes para crear una masa crítica. Menos aún son los electores que apoyen un discurso que no venga sazonado de ofertismo.

En una larga charla, hace algunos años en Guayaquil, el recientemente fallecido Patricio Alwyn, primer presidente de la Concertación Democrática, concluía que la clave del éxito chileno en institucionalidad y crecimiento económico se debió a la “lucidez del liderazgo político”. Los dirigentes políticos centraron sus esfuerzos en el proceso y escogieron a los cuadros políticos que garantizaban la sostenibilidad de ese proceso.

En el gobierno de Sixto Durán Ballén se intentó un primer esfuerzo de modernizar el Estado, de acomodar su tamaño a una economía de mercado. Se intentaron algunas de las reformas estructurales en las que otros países también incursionaron. Con simpleza, la izquierda calificó esas reformas como neoliberales. Llámeselas como sea, el caso es que no se aplicaron y quedaron en intenciones. La izquierda se opuso, pues en ella persistía la visión del estatismo en economía. Pero la mayor fuerza opositora y de boicot provino de los excompañeros de partido del presidente en funciones. Sea por la guerra declarada contra el vicepresidente Dahik o por la pérdida de control de los réditos de los intentos de desinversión pública, la imponente figura de Febres Cordero arremetió contra el gobierno que, por lo menos en apariencia, decía provenir de la misma fuente de ideas. En Chile los comunistas se aliaron a la democracia cristiana para impulsar un modelo liberal. En el Ecuador de 1992 se depredaban los que en teoría hablaban de promover el mercado y reducir el rol del Estado.

En 1997, por primera vez la Democracia Cristiana y los socialcristianos hacían un acuerdo político público. Se trataba de conciliar en la Asamblea Constituyente para redactar una Constitución que recogiera los cambios orgánicos en la estructura política y económica que ya se habían producido en otros países latinoamericanos con notorios resultados exitosos. El acuerdo fracasó. No tardaron en aparecer las diferencias en el estilo y también en los conceptos. El estilo impositivo, vertical y la confusión de intereses por ideas impidieron completar la agenda de reformas que fueron aprobadas con votos de la izquierda. Los socialcristianos habían negado sus votos para eliminar la sindicalización en el sector público. Luego, el entonces presidente del Congreso, Heinz Moeller, asociado con el presidente interino, Fabián Alarcón, quien debía la presidencia al PSC, arremetió contra la Asamblea Constituyente que, para el momento, estaba integrada por las fuerzas políticas del centro a la izquierda. Los socialcristianos habían desertado ya del acuerdo y abandonado la Asamblea como estrategia para deslegitimarla. Los militares expulsaron a los asambleístas del sitio en el que sesionaban (lograron refugio para continuar con su labores en la Universidad Andina) y se impidió, con una vieja práctica usada en el gobierno de Febres Cordero, que la Constitución aprobada en Riobamba fuera publicada en el Registro Oficial.

En 1998 el presidente Mahuad se posesionaba con deudas onerosas. No solamente al exbanquero Aspiazu, por 3 millones de dólares de aporte a la campaña, sino al PSC, que no presentó candidato presidencial, dejándole un gran espacio para el triunfo. Ambas deudas le costarían el puesto. Aspiazu encontró un soporte político en Febres Cordero, quien lo protegió con discursos regionalistas. De otro lado, en el Congreso, contra la opinión técnica y política, el bloque del PSC impulsaba el reemplazo del impuesto a la renta por el impuesto a las transacciones financieras. Al aprobarse el cambio se produjo una masiva desbancarización de recursos y una profundización de la crisis del sistema financiero.

Luego, durante el gobierno de Gustavo Noboa se confirmó que el poder político no lo tenía el presidente. Desde el Congreso se legislaba para la cobertura sin límite de los depósitos para cubrir a los grandes depositantes. Paradójicamente, los organismos internacionales sugerían una cobertura limitada de depósitos hasta de diez mil dólares. Fue por ese real peso político que luego se incorporó al Banco de Préstamos al salvataje bancario, para recuperar los depósitos de un jerarca de la política de entonces. Luego vendría el control sobre los gerentes de la Agencia de Garantía de Depósitos para garantizar la impunidad de los grandes deudores de la banca cerrada.

El sistema de partidos es fundamental en la organización de una democracia. En los partidos se conjugan y debaten las ideas y también los intereses. Pero dejan de ser entidades de la democracia cuando prestan sus votos para atender necesidades de corporaciones o de grupos económicos. O cuando son usados como herramientas para sanear rencillas o cobrar venganzas. Esa fue la política de los perros rabiosos persiguiendo a los que no se sometieron. Al respecto hay un largo testimonio del expresidente Noboa, quien vivió su expresidencia en el exilio acosado por un perro hambriento. Los partidos también hacen alianzas sobre agendas públicas y no centradas en los repartos de espacios de poder o que simulen intenciones de someter al control a uno de los aliados.

Dentro de poco enfrentaremos el inicio del final de diez años de un régimen corrupto, autoritario y que ha generado un sonoro desastre económico (más pernicioso que el de 1999). Dependemos de la lucidez del liderazgo político para instaurar una república y para salir de la crisis de desempleo. Dependemos de la visión de líderes políticos que muestren conexión con el futuro y no con el pasado y menos aún con aquel que construyó el escenario del correísmo. La economía no se modernizará si la política no lo hace. Y romper con el atavismo populista, con el poder para el chantaje, será una buena manera de lograrlo. Hará falta que los errores y desmanes del pasado queden en el pasado y no sean conductas que perseveran aun luego del daño causado.

4 Comments

  1. En un universo de movimientos,agrupaciones y partidos políticos también abundan los buenos programas de gobierno,el candidato finalista para la segunda vuelta,cuando esta ocurre,tiene en sus manos la gran oportunidad de incorporar aquellos que pueden mejorar los propios.Así en esta practica el estado ecuatoriano con políticas publicas serias no centraria su accionar basándose en etiqueta alguna.La mejor justicia social es y sin dudarlo aquella que le permite al ser humano procurarse un trabajo con la paga justa,y así la satisfacción de sus necesidades.Tuvimos sucretizacion de deudas,la famosa lista Dotti nunca publicada, y posiblemente muros mas altos en las casas de quienes en su momento se beneficiaron de aquellas medidas;para protegerse de la gran masa de ingenuos que embobados con el ruido de que es lo mejor para el país resignaron su capacidad de protesta a la espera de mejores días.Encontrar el punto de equilibrio que nos permita deshacernos de ese pasado,quiza con el relanzamiento de valores basados en la constancia de una labor que nos garantice un comportamiento perfectible.

  2. Tengo la impresión de que el cacareado neo liberalismo jamás se aplicó en Ecuador y lo de la “larga noche neoliberal” no pasa de ser un embuste ideológico. Que yo sepa, Dahik, que entre los políticos fue el más cercano a esas ideas, quiso iniciar un proceso de privatizaciones que nunca se concretó; vamos a ver si el actual gobierno sigue sus pasos, tal como anunció Correa.

  3. La tarea del nuevo Gobernante será titánica y en desventaja, pues tendrá que administrar un País quebrado con una burocrácia gigantesca en comparación con el tamaño del País, ademas politizada. El País tiene que comprender que el nuevo Gobernante no vá a hacer Milagros y los primeros años seran duros, política y económicamente. El Nuevo Presidente tendrá que limpiar la casa, poner todo en orden, porque esa larga fiesta correista para ese momento será pasado, y tendremos que empezar de ceros

  4. Caramba solo me queda espacio para agradecer por toparme con tan sesudo análisis que de todas las maneras me permiten en mucho entender, que por ahora se ha hecho un esfuerzo por contrastar esta penosa realidad y creo en mi opinión, hallar solo una explicacion para lo que estamos viviendo con un ejemplar del verdadero poder,el sr.Correa y AP.Torcer una forma de hacer política, siendo esta la búsqueda incesante de asegurarse a cualquier costo beneficios,presentando al pueblo cientos de ejemplares como candidatos y sin beneficio de inventario,pufff difícil,mas aun sin contar con una base social autentica ,comprometida y mejor informada,que respalden una carrera política de quienes sientan como un sitial único el servicio a los demás recibiendo la paga justa por la tarea cumplida.Cierto es que algunos medios de comunicación y sus periodistas todavía no son involucrados como una de las herramientas para que elijamos a tanto talentoso inoperante.Necesitados de dinero y no de honra para si mismos y sus familias,paridos y engendrados por nuestra sociedad,formados por nuestras universidades auspiciadas muchas,con dinero nuestro,estas organizaciones encontrarían un contradictor,en la reorientación ideologica de nuestro pueblo,donde el consumismo sea atenuado con ser un servidor publico con honor.Por ahora atrapados.

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