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Banca aburrida, ¿pero más segura?

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La crisis bancaria global de 2009 extinguió una larga ilusión: el negocio bancario millonario y sexy como necesidad de toda economía. Por dos décadas Wall Street produjo un halo erótico, de banqueros con ternos italianos en yates y helicópteros, lo mismo que en los 1920s. Pero los dos episodios de liberalismo financiero terminaron muy mal: los 20s en la gran depresión y los últimos años en una crisis económica cuyo lastre aún pesa en el globo. En Ecuador tuvimos nuestra propia lección en los 90s. ¿Qué pasó y qué debe pasar para lograr un equilibrio?

En 2009 Paul Krugman escribió un artículo titulado: “Hacer de la Banca un Negocio Aburrido”. El premio Nobel proponía evitar nuevas crisis mediante un sistema bancario ultra-regulado, aburrido y dedicado estrictamente a la intermediación financiera. Se basaba en el gran crecimiento económico de las 4 décadas previas a los 80s sin necesidad de un rol protagónico de la banca. Asimismo, meditaba sobre la experiencia a partir de la “des-regulación” de los 90s en donde creció el endeudamiento privado de forma estratosférica, los productos bancarios se hicieron complejos, y el sector empezó a llevarse mucho del talento humano y las utilidades acumuladas del país. El estallido de la crisis evidenció que la des-regulación bancaria no había funcionado, incluso en países con funcionarios públicos de muy alto nivel y los economistas más renombrados del mundo, y develó un nuevo reto que ratificaba la tesis de Krugman: Simplificar la banca y regularla con mucho más precisión.

Ecuador vivió ciertas similitudes cíclicas: la banca de los 90s se sentía grande, con figuras aparentemente importantes, absorbiendo talento y en explosivo crecimiento. La normativa bancaria de entonces era dependiente de la técnica de los reguladores de cada país, generando en Ecuador una secuela de laxitud e imprecisión en las reglas. Nuestro sistema bancario siempre fue “aburrido”, escaso de  productos ultra complejos y sin enredados derivados en sus balances, pero regulado de una forma desordenada. Las debilidades aparecieron ante una serie de shocks hacia finales de los 90s.

Desde entonces la normativa bancaria tomó un rumbo más orientado a la práctica internacional que a su vez mejoró sustantivamente, y tornó a la banca ecuatoriana todavía más “aburrida”, pero más segura. Los fondos privados de administración que dejaron secuelas en los 90s pasaron a segundo plano, y la banca volvió a un rol tradicional de intermediación crediticia. La dolarización simplificó la administración de balances,  los acuerdos internacionales de medición de riesgo facilitaron y homogeneizaron la gestión. Los resultados del sistema bancario en su conjunto luego de un año como 2015 muestran un sistema más resiliente y preparado para capear temporales económicos con agilidad y rapidez. Incluso en el período de bonanza a partir de 2007, el crecimiento fue controlado, sin si quiera calificar para la definición de “credit boom” del FMI.

Los altos niveles de liquidez y solvencia del sistema en su conjunto destacan la importancia de hacer un negocio sin complejidad, simple y conservador, ratifican los conceptos de Krugman. Y la resiliencia es una excelente noticia. Pero es hora de mirar adelante, quedarse cómodos en este momento puede acarrear complicadas derivaciones.

A pesar de una relativa estabilidad de liquidez, que coincide con el equilibrio de la balanza comercial (y detiene el desangre de liquidez), habrán retos de recuperación de cartera. A medida que la economía se contrae, será más difícil para los individuos y las empresas pagar sus obligaciones, un fenómeno conocido como deflación de la deuda. Y en ese contexto la cooperación del estado con el sistema bancario es fundamental: la crisis Europea ha demostrado grandes diferencias entre estados cooperantes para sistemas de recuperación de cartera y estados no cooperantes. La función judicial debe apuntalar a que, con el nuevo código de procesos, los juicios civiles sean tan diligentes como sea posible. Y, finalmente, se puede pensar en esquemas de recuperación pre-judicial auspiciados por el Estado.

La regulación bancaria es un arte que propende a fortalecer en tiempos de abundancia –lo que ha ocurrido– pero es aún más importante en tiempos de vacas flacas. En este momento, la prudencia, oportunidad y acierto a la hora de modificar las reglas debe ser imperativa: las normas deben acompañar el desarrollo de la crisis junto a una cooperación pragmática y no politizada entre la banca y el frente económico, y las reglas deben replantearse constantemente para evitar distorsiones. Ningún nivel de ego debe evitar que el frente económico consulte a expertos en la materia, en especial aquellos que administraron problemas en Europa con monedas ajenas. Tenemos la ventaja de haber generado un sistema más sólido, el reto está en mantenerlo así hacia el futuro.

4 Comments

  1. En considerando que el dinero es una mercancía, viene bien que la banca ecuatoriana la oferte pero en orientación de que el sistema productivo del país se fortalezca:El gran desafío debe ser convertir al largo plazo en nuestro aliado para el crecimiento y la generación de fuentes de trabajo permanentes.Que la banca fomente el consumismo pero como una alternativa de ultima instancia,es decir diferenciar con claridad el costo del dinero para apoyar a ese sector no al revés como ahora.En mi opinión la asistencia a los clientes de la banca se convierte en algo fundamental,tanto para el ahorrista como para el deudor,para este ultimo en función de la capacidad para desarrollar sus proyectos sobre todo y para la honra de sus compromisos.Permitirle al deudor su crecimiento con la posibilidad de que en su actividad halle la ocasión de vivir para si mismo y no para la banca,quiza y sin quererlo voluntariamente sometido a esta otra forma de esclavitud financiera. Hemos visto que las crisis bancarias mas allá de ser algo sistémico,ha sido cuestión de avaricia y de altísima presión para obtener muchas ganancias,olvidándose de su importancia social,con sus excepciones que si la hay.

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