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Jaime Izurieta

Quito: el caos por debajo de las faldas

en Columnistas/Las Ideas por

Quito quiere dar un salto cuántico de ciudad franciscana a capital moderna. Para conseguirlo está escarbando profundamente y, cual paciente en psicoanálisis, está reviviendo traumas anteriores. Lo que empezó como una novelería modernizadora para sentirse primermundista, impulsada por el ex alcalde Barrera, es hoy una realidad que irrumpe en plazas patrimoniales e inunda avenidas principales. El Metro de Quito va a ser, durante su construcción, mucho más que una molestia, que es efímera y se termina. Nos va a mostrar cómo somos por dentro. Y es posible que no nos guste.

En una mañana cualquiera, en circunstancias que tal vez nunca conozcamos, en el sitio de las obras de la parada del Metro de La Carolina, se rompió una importante tubería de agua potable que inundó la avenida Eloy Alfaro y volvió caótico el tráfico alrededor del parque. El evento desafortunado requirió intervención inmediata de la empresa de saneamiento y dejó a una veintena de barrios de Quito sin servicio por varios días mientras duró la reparación.

Es bastante improbable que un proceso constructivo tan complejo como el del Metro de Quito haya pasado por alto algo fundamental como revisar los planos de sistemas subterráneos para diseñar el trazado de los túneles o incorporar la reubicación de sistemas en el proyecto. La inquietud que surge es si tales planos existen, si tienen todos los datos y están actualizados, si son información pública y disponible y si las distintas entidades municipales conversan entre ellas para cruzar información.

El historiador Manuel Espinosa Apolo ha hecho un recuento de la historia urbana de Quito que se encuentra sepultada bajo la ciudad moderna. Muros, cimientos y piedras que estuvieron ocultas por siglos emergieron durante los trabajos de restauración del patrimonio luego del sismo de 1987. La Quito española se construyó tapando la ciudad inca y remontando quebradas. Ha sido un deporte local excavar y encontrarse con partes importantes de nuestra historia. Hemos aprendido mucho de nosotros con los descubrimientos, con nuestra capacidad de asumirlos y con la manera como los hemos manejado.

Debajo de las faldas inmensas del monte donde se extiende Quito hay varias otras ciudades. Una de ellas nos recuerda constantemente quiénes somos, como cuentan el profesor Apolo y los arqueólogos, arquitectos e historiadores que menciona en su investigación. Otra nos da vida. Debajo de nuestras calles y edificaciones hay una intrincada red de tuberías que alimentan de agua potable a hogares, industrias y comercios y otras que recogen las aguas lluvias y canalizan los desechos que producimos. Esas redes permiten que Quito sea una urbe moderna y una de las mejor servidas en Latinoamérica.

A medida que la ciudad crece en complejidad, el tamaño de sus redes de agua potable y alcantarillado debe crecer también. Las troncales de las redes no solo se incrementan en capacidad sino en ramificaciones. De allí la cantidad de barrios que se “secaron” por la torpeza en la construcción de la parada del Metro. En el actual estado de la tecnología, pensaríamos que los planos de redes son exactos al milímetro y su análisis habría prevenido el accidente, pero todas las fuentes consultadas indican que no existe un tablero de control al cual todas las entidades municipales tengan acceso y a su vez alimenten con la información que disponen.

Parte esencial de la gestión de la ciudad es el funcionamiento sin interrupciones de los sistemas urbanos. Un colapso de redes de agua, la saturación del sistema de alcantarillado o de recolección de aguas lluvias, el corte del fluido eléctrico o del Internet serían justificables sólo si ocurre algún cataclismo. Hacemos votos porque la construcción del Metro y otras megaobras disruptivas del sistema urbano subterráneo no lo sean.

La rotura de la tubería en el parque de La Carolina es una alarma que debe seguir sonando mientras no sepamos a ciencia cierta lo que hay en la entraña de la urbe y tomemos las acciones necesarias para resolverlo. Puede ser que lo que encontremos no nos guste. Tal vez nos exponga como una ciudad que quiere venderse como capital regional de negocios, innovación y cultura pero no es más que un peligroso amasijo irresuelto de cables, tuberías, colectores y estructuras subterráneos tapados con buen maquillaje. Un buen primer paso sería conocernos y asumirnos.

4 Commentarios

  1. Si , pero cuál será el estimado de tiempo y dinero para conocer que hay debajo de ls ciudad , no nos engañemos esto es Quito Ecuador , acá no hay nada de planos y si los hay no son confiables . Y no jugamos a primermundista , Buenos Aires tiene metro hace un siglo , es un mal necesario , se debe hacer y no contra viento y marea , se debe hacer y pronto arreglando en el camino los imponderables , así se trabaja acá , así se vive acá , si espero parámetros de primer mundo cerramos hospitales , constructoras, juzgados …. Esto es lo que hay , es lo que da la tierra y con esos elementos hay q hacer lo mejor posible y pronto !!!

  2. Es importante también saber sobre el estudio de suelos realizado para el cálculo del presupuesto de la obra, ya que el sector de la Carolina , no solamente es húmedo , contiene agua que fluye cada vez que se realiza una excavación en el sector. El consorcio que se encuentra a cargo , incluso ha construido una piscina contenedora de agua bastante grande , prueba fehaciente de la cantidad de agua que están extrayendo actualmente. Y según algunos obreros que trabajan en la obra además del problema con la tubería , lo que causó la inundación de la Avenida República fue la rotura de esa piscina contenedora.
    Cabe en este punto preguntarse si las tuneladoras que recientemente fueron entregadas en Alemania están preparadas para realizar su función en un terreno muy complicado, saturado de agua.
    Si llegan a existir complicaciones en este sector no solamente que se pone en peligro a los operarios de las maquinarias , sino que el costo de la obra, que actualmente ya fue actualizado en 500 millones de dólares se incrementará aún más , que conjuntamente con un retraso en el cronograma de entregas producirán un grave perjuicio a la Ciudad.

  3. Una razón más para no construir las paradas en La Carolina, debián haberlas construído en los sistios donde estan las “plataformas”, otros elefantes blancos del correismo. Además en donde yo vivo salió por varios días una agua de color café y nauseabunda.

  4. Hace unos años estaba volviendo de Valencia a Barcelona, en tren. Llegando a Tarragona, avisaron por megafonía que el tren se pararía en la antigua capital romana, y todos tendríamos que salir para coger un autobús hacia Barcelona. Al salir, vi que 2 matrimonios ingleses no se levantaban y les avisé (muy inteligentemente, la megafonía era sólo en español y catalán…). Bueno, resultó que estaban acabando la línea de tren de gran velocidad “AVE” entre Madrid y Barcelona -que se hubiera tenido que hacer en 1992, pero en ese entonces, el que mandaba era de Sevilla y la hicieron entre Madrid y Sevilla…-, y Rodríguez Zapatero tenía urgencias de que se acabara antes de las elecciones generales (creo que de 2008). Pero fue un caos. Al llegar la construcción a Barcelona, se encontraron con tuberías, cableado eléctrico, etc. y nadie sabía nada y, por supuesto, no habían planos. Tuvieron que volver a contratar de urgencia a los trabajadores que habían prejubilado hacía poco, ya que eran los únicos que sabían donde estaban las cosas… Así, cortaron las llegadas a Barcelona de trenes de largas distancias y de cercanías. Fue un caos durante unos días, pero la línea del AVE Madrid-Barcelona estuvo lista antes de las elecciones, que ganó el PSOE. Luego, ya sabemos lo que pasó… Se sabe cuando se empieza a agujerear, pero no cuando se acaba.

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