Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Quito necesita mirarse al espejo

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Nos encontramos, según los lemas oficiales, “viviendo Hábitat 3”. En esencia, es una reunión de la Asamblea de Naciones Unidas para aprobar de manera formal la Nueva Agenda Urbana. Este documento marca un giro con respecto a Hábitat 2, celebrado en Estambul en 1996, que priorizaba la calidad de la arquitectura como herramienta para mejorar la calidad de vida. La Nueva Agenda se enfoca en la creación de espacios urbanos más incluyentes y sostenibles, y garantiza avances en cuanto al Derecho a la Ciudad. La agenda guiará la política institucional de Naciones Unidas y busca encaminar la generación de políticas de suelo, de inclusión, de salud pública, seguridad ciudadana y democratización del hábitat.

Localmente, se ha hablado muchísimo de cuánto van a aprender el país y Quito de las personas, ideas, conocimiento y experiencias que han llegado a la ciudad esta semana. Pero en la algarabía de todo lo que estamos viendo y conociendo   durante el encuentro, hemos dejado de preguntarnos qué se va a llevar Hábitat 3 de Quito y del Ecuador. El equipaje de retorno de los casi treinta mil visitantes debería contener herramientas para el mundo extraídas de la experiencia local de Quito. Para ser una ciudad global, debemos tener contribuciones de impacto global.

Quito, al igual que algunas otras ciudades como Cuenca, Manta o Guayaquil, que sí mantienen diálogos globales, se mira a sí misma como competitiva, innovadora y estratégica. Aspectos en los cuales, si miramos a los vecinos, no quedamos muy bien parados. El aeropuerto de Lima mueve el doble de pasajeros y el de Bogotá casi cuatro veces más. La inversión extranjera directa que atrajo Bogotá fue de 2.818 millones de dólares en 2011. El Producto Bruto Metropolitano de Bogotá es, según la Brookings Institution, de 160 mil millones. El de Lima de 176 mil millones. Para comparación, el del Ecuador entero es de alrededor de 95 mil millones.

La joya de la corona es nuestro Centro Histórico. El más grande y mejor conservado de Latinoamérica, reza el mito. La realidad es un entorno con edificaciones patrimoniales maravillosas con distintos grados de conservación, un tejido social roto y un desarrollo turístico que crece pero es aún incipiente. La joya de la corona proviene de siglos atrás, con conceptos de escala, economía y proporciones que nuestros planificadores olvidaron cuando la ciudad creció.

El Centro Histórico y la ciudad competitiva no son suficientes para insertarnos en las redes globales. Necesitamos hablar con algo de voz propia y proyectar lo que nos hace únicos, abriendo un nicho nuevo y llevando la conversación hacia allá.

Una parte integral de la Nueva Agenda Urbana es el retorno a las calles. Alrededor del 25% del área de una ciudad son sus calles. Y poco logran hacer los gobiernos seccionales, desbordados, para aprovechar esa suma de bienes raíces. El espacio público y la creación de lugares con participación y gobernanza cruzan los puntos de la agenda transversalmente. Los grupos ciudadanos, de la sociedad civil e iniciativas privadas están siendo reconocidos como forjadores de la identidad de ciudades alrededor del mundo.

Quito les lleva una ventaja irremontable. En muchísimos barrios de los casi mil trescientos que existen en la ciudad, hay días en que los vecinos paran sus actividades privadas y se comprometen a aportar en proyectos de beneficio para la comunidad. El conocimiento de qué proyectos se necesita, la experiencia para ejecutarlos e incluso las herramientas, son la contribución de cada uno de los miembros de la comunidad. El trabajo que esos proyectos requieren lo ponen esos mismos vecinos y, en ocasiones, cuando se necesita, se gestionan los fondos para financiar sus intervenciones.

La experiencia de nuestra ciudad ha urbanizado la práctica ancestral de la minga. Proyectos ciudadanos que están surgiendo a lo largo y ancho de Quito son ejemplos de la aplicación de conceptos urbanísticos de avanzada. El Placemaking, Crowdsourcing y Crowdfunding (aún sin traducción oficial) son intentos a escala mundial de generar espacios urbanos participativos, atraer talento diverso para definir los proyectos y financiarlos con contribuciones de todas partes. Y nosotros llevamos siglos haciéndolo. Es hora de monetizar ese conocimiento.

Para asumir la Nueva Agenda Urbana Quito solo necesita mirarse al espejo. Asumir la gran diversidad que compone su cultura. Actualizar conceptos que nos son propios desde hace siglos, modernizarlos, volverlos viables para que funcionen a escala global. Tenemos algo que decir y esa puede ser nuestra gran contribución a la discusión de Hábitat 3.

1 Comment

  1. Excelente artículo en especial por rescatar aquellos conocimientos que existen desde tiempos ancestrales y que ahora se los ve con otros nombres. Muy buena la reflexión.

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