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Lo que puede ocurrirnos en 2017 (sin números)

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Ecuador enfrentará en 2017 un ensayo de su resiliencia como sociedad ante un estado de fragilidad económica y anticipación colectiva. Será una nueva remembranza de lo incontrovertible de los ciclos, de la inexistencia del crecimiento perpetuo. Una prueba estridente de la fortaleza del tejido social, el sistema económico, el individuo y el liderazgo político. El desenlace será dispar entre la posibilidad de futuro de una sociedad fortalecida o el abismo penetrante de la incertidumbre prolongada. Eso dependerá casi solo de los ecuatorianos.

Los tiempos problemáticos son impredecibles en frecuencia como tamaño. Estados Unidos ha tenido 15 episodios de problemas económicos desde 1800. El país salió más resiliente de cada uno. Por consecuencia muchos teóricos apuntan ya no a la capacidad de “predecir”, sino a la capacidad de “aguantar”. La regulación bancaria global, la banca central, los sistemas económicos, tienden ahora a volverse resistentes, “anticipatorios”. Todo ello luego de que por siglos la capacidad “predictiva” económica fue frustrada, y el deseo psicológico de permanencia se mostró contrario al fenómeno natural. ¿Qué tanto aguante y resistencia demuestra la arquitectura económica del país?

El telar social parece razonablemente cohesionado. Los países de Sudamérica califican alto en percepción de calidad de vida. Los sistemas de apoyo familiar y de amistad crean vínculos humanos que remueven incertidumbre y renuevan el espíritu. ¿Es eso suficiente? Los resultados post-crisis de países menos “felices” han sido más satisfactorios que los sudamericanos. Las buenas historias han tenido no solo cohesión y apoyo, sino una cierta homogeneidad de sus ciudadanos, una no-polaridad, un sentido de equipo, de norte común que hierve elementos de liderazgo político y capacidad de trabajo. ¿Qué tan capaz se siente nuestro colectivo de apuntar a un solo norte?

El concierto internacional ha convertido las promesas en añoranzas y limita la capacidad migratoria. Europa juega al borde de un populismo que puede desintegrar la unión. Estados Unidos se cerrará parcialmente por decreto y racismo. Asia es una frontera que parece lejana para el ecuatoriano. Se presenta una especie de “obligación por la patria” a diferencia de otras épocas. Muchos lo intentarán de todas maneras, posiblemente a Canadá o Australia, los últimos bastiones de la decencia democrática occidental. ¿Qué tanta inmigración habrá, que ocurrirá con los migrantes actuales y las remesas?

El individuo sufrirá. En dolarización unos sufren mucho más que otros, pues no se puede “empobrecer a todos” devaluando.  Los que no ahorraron, los pobres, los desempleados,  los que pusieron su identidad en la intrascendencia de lo material, sufrirán. La generación Z ecuatoriana ha vivido en abundancia y crecimiento, y no conoce la carencia. Las primeras cohortes de graduados universitarios empiezan a entender que deberán dejar la comodidad de sus padres, y posiblemente se encontrarán trabajando en lo que sea para pagar sus Ph.D, o cualquier excusa académica que utilicen para salir del país. El quebrantamiento de una sola familia, o muchas, hundirá en la desilusión los sueños de jóvenes que vivirán a la deriva de la extrañeza y desafío que supone el empezar una nueva vida. ¿Están nuestros jóvenes listos para tomar ese reto?

Finalmente, el liderazgo será fundamental para mover la sociedad hacia adelante con la coordinación, destreza y precisión de un equipo olímpico de remo. En tiempos de dificultad no hay espacio para la vanagloria ni la apatía. Solo el sentido de equipo haría que los individuos se vuelvan a encontrar a nivel humano, y tengan el deseo de salir adelante juntos. La acumulación de errores y desaciertos en cambio nos llevarían a un lugar aterrador. Ya lo decía Vargas Llosa al referirse a las fotos de Pablo Corral Vega: “hay siempre una esperanza, una afirmación de vida, una voluntad de supervivencia aun en las peores adversidades”. ¿Lograrán nuestros líderes revivir la esperanza?

1 Comment

  1. La realidad dolorosa para todo el pueblo será el cómo enfrentará el nuevo gobierno , sea cuál fuere, una deuda inmanejable y brutal concretada de manera autoritaria por un , excelente economista, así lo creíamos, que no se dolió de tomarlos a cualquier precio y a cualquier plazo. Pena y vergüenza ajena ante tanto descalabro para poder atender sus gastos corrientes tan voluminosos y extraordinarios? Las medidas que deberán aplicarse crearán mayor inconformismo social y protestas , posiblemente peligrosas; y lo peor, que no se fijarán cuál fue el culpable sino que sus protestas se dirigirán al gobierno de turno como causantes de la inestabilidad y carencia general. La situación criticable que traerá consecuencias letales , serán sin lugar a dudas cuando se conozcan los nombres de los corruptos y los cargos que han desempeñado. Esto deberá apaciguar de alguna forma la ira acumulada en una década de despilfarro y autoritarismo. Además, posiblemente inclusive se altere el proceso electoral que se avecine si las pruebas, de haberlas, enloden las altas esferas. Esperar es lo que toca hasta saber las verdades.

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