Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

La alegre interpretación oficial de las cifras de empleo

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Cuando el ministro de Trabajo, Leonardo Berrezueta, comparó la situación actual del mercado laboral con la de la crisis del 99, quedó totalmente claro que las cifras que él y otros altos funcionarios del Gobierno estaban presentando no eran como para destapar una botella de champagne. Una pena por el ministro, que durante toda la rueda de prensa se esforzó visiblemente por fijar en quienes lo escuchaban el mensaje de que las cifras de empleo correspondientes a diciembre eran “una buena noticia” para el país y que las medidas que el Gobierno había adoptado para evitar la destrucción de puestos de trabajo habían sido “todo un éxito”. No fue una buena idea referirse a la crisis del 99 y al feriado bancario: si para que las cifras actuales luzcan favorables hay que compararlas con la peor crisis económica en la historia reciente del Ecuador (comparación que ni siquiera es válida porque las metodologías no son las mismas), entonces las cifras actuales no son tan buenas como se nos quiere hacer creer.

El simple hecho de que se haya convocado a una rueda de prensa (¡en la SECOM!) para presentar las cifras de mercado laboral, algo que no se había hecho, al menos, en los últimos cuatro años, ya daba lugar a sospechas: ¿por qué el ministro coordinador de la Política Económica, Diego Martínez, el nuevo director del INEC, David Vera, y el ministro Berrezueta tenían que explicar las cifras? O los resultados eran muy buenos (cosa que parecía muy difícil, tomando en cuenta la complicada situación económica) o querían posicionar ante los medios la interpretación más conveniente al Gobierno.

Finalmente la segunda sospecha fue la correcta. Y de ese esfuerzo por mostrar el “lado amable” de las cifras no sólo participó el ministro Berrezueta –que cuando le preguntaron por la destrucción de más de 240.000 puestos de empleo adecuado en el último año cantinfleó como un profesional–, sino también el ministro Martínez, que dijo que el Gobierno consiguió su objetivo de que no aumentara el desempleo (en realidad, entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016 el número de desempleados subió en más de 52.000 personas, la mayoría de las cuales son desempleados cesantes, es decir, que tenían un trabajo y lo perdieron), y el nuevo director del INEC, que en un alarde de desprecio por el rigor técnico llegó a comparar las cifras de empleo adecuado de diciembre (que es el mejor mes del año en cuanto a estadísticas laborales por la actividad que generan las ventas navideñas y el turismo) con las de marzo. Si al comparar esos dos meses no se obtenía un aumento en el número de empleos adecuados, ya podíamos ir diciendo: “el último que apague la luz”. Aún así, tampoco fue una buena idea hacer esa comparación, porque si bien entre marzo y diciembre de 2016 aumentaron en 100.000 los puestos de empleo adecuado, en períodos similares de años anteriores la creación de empleos fue muchísimo mayor: 340.000 en 2014 y 263.000 en el ya complicado 2015.

En un punto de la rueda de prensa, el ministro Berrezueta apeló a una de las frases más repetidas (y más engañosas) del discurso oficial: que el Ecuador tiene la tasa de desempleo más baja de la región. Hay que estar desesperado para apelar a esa frase, no sólo porque el gobierno amigo de Bolivia también se endosa ese privilegio, sino porque cualquier persona que siga más o menos de cerca el tema sabe que la tasa de desempleo no es un buen indicador para evaluar la situación laboral en el país, donde el principal problema son las más de 4 millones de personas que actualmente tienen un “empleo inadecuado”, es decir, que ganan menos que el salario mínimo, o trabajan menos horas de las que quisieran o directamente trabajan sin un sueldo. Más honesto hubiera sido el ministro si mencionaba, por ejemplo, que en la actualidad apenas 4 de cada 10 ecuatorianos que quieren trabajar tienen un empleo adecuado, o que quienes están buscando trabajo tardan mucho más que en años anteriores en conseguir uno (en diciembre de 2014 el 38,9% de quienes buscaban trabajo tardaban más de dos meses en conseguirlo, en diciembre de 2016 ese porcentaje saltó al 58,7%), o que los ingresos promedio de quienes tienen un empleo, ya sea adecuado o inadecuado, cayó en más de 5% entre diciembre de 2015 y el mismo mes de 2016.

Todas estas cifras están en el informe que el INEC publicó ayer por la mañana y que contradice de manera rotunda el mensaje de las autoridades oficiales de que la situación económica va mejorando. Se podrá hablar de una verdadera recuperación de la economía sólo cuando las empresas empiecen a demandar nuevamente mano de obra o, al menos, se dejen de destruir puestos de empleo adecuado. El aumento de la liquidez o el superávit en la balanza comercial no son más que las consecuencias obvias del irresponsable proceso de endeudamiento que el Gobierno ha llevado adelante en los últimos meses o del desplome de las importaciones, que refleja un menor nivel de actividad. Esto lo deben saber las autoridades que ayer se esforzaron por convencernos de que las pobres estadísticas de empleo son una buena noticia para el país y que, en una muestra de su fina ironía, llamaron a “manejar las cifras con responsabilidad”.

4 Comments

  1. en los gobiernos actuales y los anterioes no se les puede creer por que detras de ellos hay mucha corrupción e intereses de terceros

  2. Efectivamente este gobierno es tan malo en su gestión, pese ha haber tenido ingente cantida dde recursos; tiene que compararse con los perores momentos que ha vivido el país.
    Nos sorprende por ejemplo que en esta época, en el tema eléctrico se siga sufriendo apagones, muchos a nivel nacional, y que salgan a compararse con la época de los apagones de Sixto Durán de hace 22 Años. Un poco de decencia política les indicaría que las comparación las debería hacer en relación al 2006, año en que empezaron a demoler este país.

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