Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Debate presidencial: una oportunidad que El Comercio echó a la basura

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Paradojas de la comunicación al cabo de diez años de correísmo: el debate presidencial probablemente más insulso e inservible de la historia de la democracia ecuatoriana, aquél que no aportó nada o casi nada de información útil a los electores, fue organizado precisamente por un diario. Y no cualquier diario: el mayor de la capital.

Del periodismo se espera una cierta capacidad para proporcionar información, perspectivas y análisis que ayuden a su audiencia a tomar posiciones y a decidir sobre los asuntos de interés público. Más aún si se trata de una empresa periodística organizando un debate presidencial, acto que tiene como principal objetivo precisamente ése: ayudar a decidir. La mayor utilidad de un debate dependerá de que el formato seleccionado sea el que mejor garantice la confrontación de ideas entre los candidatos, pues confrontar ideas es la única manera de compararlas. Pues bien: el formato elegido por diario El Comercio para el debate de la noche del domingo parecía pensado exactamente para lo contrario.

Para empezar, no daba lugar a repreguntas por parte del moderador. Nada de pedir aclaraciones sobre los aspectos difusos de una intervención, ampliaciones sobre aquellos que quedaron insuficientemente explicados o definiciones en caso de que un candidato incurriera en contradicción evidente. Está claro que El Comercio privilegió la necesidad de que ningún candidato hablara un segundo más o un segundo menos que otro, para que nadie los acuse de beneficiar a nadie, a la posibilidad de obtener precisiones de los participantes para beneficio de la audiencia. No se explica para qué pusieron a un periodista a desempeñar un papel que bien pudo asumir un figurante, un modelo o un presentador cualquiera. Más aún: un semáforo. Porque lo primero que queda claro ante un formato semejante es que no concede papel alguno al periodismo. ¿De qué le sirve a diario El Comercio el prestigio de organizar un debate presidencial si, para ello, tiene que negar su esencia?

En segundo lugar, no hubo confrontación entre los candidatos. Los periodistas de El Comercio a cargo de la organización no creyeron necesario que los aspirantes a la presidencia interactuaran entre sí. Tal previsión al parecer les garantizó la presencia de Lenin Moreno pero convirtió lo que debía ser un debate en una colección de monólogos de sordos. A lo mejor tuvo que ver esta decisión con la idea, repetida insistentemente por Gonzalo Ruiz en las presentaciones, de evitar las agresiones mutuas. Es muy simple: para que se respeten, que no se hablen. Es la misma mojigatería, la misma melindrosa corrección política, el mismo desdén, cuando no temor por la circulación libre de ideas entre personas adultas, el mismo prurito de sujetar el debate público al manual de Carreño que hace de Rafael Correa un disciplinador de muchachos malportados y, de Lenin Moreno, un buenoide populista que confunde debate con pelea estéril. A la gente de El Comercio le pareció más importante establecer un llamado de atención como castigo para los candidatos irrespetuosos que garantizarles la posibilidad de hablar unos con otros. ¿Es eso un debate?

El tercer problema tuvo que ver con las preguntas planteadas. Fueron tan, pero tan abiertas, que ni siquiera se las puede llamar preguntas: no lo fueron. Y es lícito afirmar que este debate, más allá de trazar temas generalísimos para cada segmento, no planteó ninguna. Gonzalo Ruiz se limitó a enunciar esos temas generalísimos (“política institucional”, “desarrollo social” y “economía”) y cada candidato tuvo dos rondas de un minuto y medio para decir lo que a bien tuviera: en todos los casos, promesas desconectadas de la realidad.

Quizás todo esto se debe a que el debate presidencial, en realidad, no fue una iniciativa de diario El Comercio sino, precisamente, de Lenin Moreno. Al menos eso es lo que él dice. En la carta que dirigió a la Cámara de Comercio de Guayaquil para excusarse de participar en el debate anterior, Moreno invita a los demás candidatos a unirse a lo que califica como “mi iniciativa recogida por el Grupo El Comercio”. Si Moreno es el dueño de la idea, ¿cómo habría de tener ésta un desarrollo periodístico? Todo lo cual alcanza para explicar muy bien algunas cosas y justifica derramar más de una lágrima por el periodismo ecuatoriano. Porque si lo que dice el candidato es verdad, lo de El Comercio es peor de lo que aparenta. Y ya aparenta ser bastante malo.

El resultado fue el fracaso rotundo del debate. Fracaso rotundo incluso si se consideran los propios parámetros autoimpuestos por El Comercio y las expectativas que Gonzalo Ruiz trazó antes de comenzar: que los candidatos expongan sus ideas “más allá –dijo– de lo que señalan en sus planes de gobierno, en las tarimas o en las entrevistas”. Pero reproducir el discurso que llevan a sus tarimas fue exactamente lo que los candidatos hicieron en el estudio de El Comercio. Cada uno por su lado, sin escucharse unos a otros. Hablaron de lo que quisieron y no hablaron de lo que no quisieron. De ahí que el debate no consiguiera aportar un punto, ni uno solo, que no se pueda encontrar en las cuentas de Twitter de los aspirantes a la presidencia. Si de verdad El Comercio hubiera querido que los candidatos fueran “más allá”, como dijo Ruiz, habría afinado un cuestionario dirigido a obtener precisiones de cada uno; se habría reservado el derecho a las repreguntas cuando el moderador, que para algo pusieron ahí a un experimentado periodista, lo hubiera considerado necesario; y habría establecido un mecanismo para que los participantes en el debate pudieran, cuando menos, hablarse.

El formato propuesto por El Comercio para el debate presidencial es una triste evidencia de la crisis del periodismo que la década correísta ha producido en el país. Ahora tenemos, exceptuando las honrosas excepciones de siempre, un periodismo inocuo, sin postura ni mensaje. Un periodismo que no quiere o no se atreve a plantear lecturas políticas de los hechos políticos. Un periodismo demasiado acostumbrado a los juicios y las sanciones por un quítame-esas-pajas y, en consecuencia, temeroso y vacilante frente al poder, al que debería fiscalizar y pedir cuentas. Un periodismo que se contenta con cumplir las formalidades de la ley y ha convertido la información en un insustancial juego de versiones que se valoran con independencia de la realidad y de los hechos. Ya no importa si una entrevista radial o del medio que fuese ayuda al oyente a comprender el tema de que trata. Mientras uno de los entrevistados sea del gobierno y otro de la oposición, nada habrá que reprocharle al periodista, que hasta tendrá motivos para jactarse de su objetividad y su equilibrio. Como si la realidad fuera un cúmulo de versiones y no de hechos. Como si la verdad sobre, por poner un ejemplo, el monto de la deuda externa, sólo pudiera establecerse mediante el ejercicio de poner la versión del ministro de Finanzas frente a la versión de un economista de oposición para que el público saque sus conclusiones. ¿No tiene el periodista el derecho, la obligación de presentar las suyas?

Si algo demuestra el debate de El Comercio, tan ponderado, tan equilibrado, tan ecuánime, es que precisamente esas formalidades no sirven para nada cuando se carece de criterio editorial, voluntad de lectura política, lucidez analítica e independencia de criterio. Porque la verdad sobre el tema de la deuda no se obtiene comparando las dos versiones que el periodista pone a disposición de su audiencia como si no le quedara más que hacer, sino sumando y restando en blanco y negro para establecer que una de esas versiones, la del ministro, es falsa. Y esas sumas y restas las tiene que hacer el periodista. Pero no: eso es exponerse a una sanción de la Secom con pedido de rectificación incluido. Es tan inocuo el periodismo que diez años de correísmo han producido, que algunas notas que publica El Comercio bien podrían aparecer en El Telégrafo. Total: lo que importa para ambos diarios es lo que diga la fuente. Si algún cambio consiguió implantar el gobierno en el periodismo ecuatoriano es ése: hacerlo regresar a como era hace más de veinte años. Hoy como entonces se prefiere, en la generalidad de los casos, quedar bien con las fuentes que dar con la verdad. Por zalamería, por pusilanimidad o por miedo, da lo mismo. A eso llaman ponderación y equilibrio: las dos grandes virtudes del debate de El Comercio.

Foto: diario El Universo

20 Comments

  1. Fue evidente la falta de profesionalismo en el programa del debate. Empezando desde los “periodistas (?) ” que hablaban antes del debate, la ninia que hablaba alado del camarografo y se le oia los cuchicheos. Parecia que eran periodistas muy inexpertos. Luego el esperado debate. Asi mismo, fue organizado por cualquiera menos por un experto en periodismo y mucho menos en temas politicos. El 1 minuto reloj que tenia cada uno era dejarlo decir lo que quiera decir sin ser cuestionado EN ESE INSTANTE. Para eso bien podiamos conformarnos con sus Videos compartidos en las redes. El que dirigia el debate parecia no esta ni interesado en el tema, estaba mas bien de semaforo como bien dicen en este articulo. Es una Pena inmesa porque fue la unica oportunidad para escuchar debatir a los candidatos incluido Lenin quien no se pronuncio en el primer debate. Bajo nivel periodistico del comercio realmente.

  2. La tecnología golea a la política y también a un sector del periodismo decadente. Contamos con un selecto grupo de periodistas irreverentes y con la voluntad cierta de hacer nuestra elección mas objetiva.

  3. Desgraciado DEBATE, parece que han perdido la significación del mismo los organizadores. Deja un vacío de miseria informática y del respeto a la audiencia la forma aparatosa y criticable del cómo, un Diario que fue en su época el norte periodístico , para ahora, caer a una postración de quizá obediencia. Suprimida la libertad del pensamiento para que sea aplicada en cada uno de sus faroles, nos convertimos en nuestros propios prisioneros.
    Siento , decía un inmenso vacío el haber desperdiciado tanto tiempo para escuchar más que simplezas subjetivas propagandísticas. Los abusos de la palabra para lanzar a los cuatro vientos las increíbles ofertas de baratillo ante la desesperación de mantener un poder que se derrumba por si solo como castillos de arena remojados en la corrupción.
    Por favor, no volver a presentar a la paciencia ciudadana nuevos tan deplorables escenarios circenses, con el respeto que debo guardar para sus participantes y tratando de comprender que habrán sentido ellos mismos el haberse sometido a tal planificación impositiva y deplorable.

  4. EFECTIVAMENTE, EL DEBATE DL DOMINGO FUE UNA TOTAL DECEPCION. COINCIDO PLENAMENTE CON LO QUE DICE ROBERTO AGUILAR. LA LEY MORDAZA PRODUJO A CABALIDAD EL PROPOSITO QUE SE PROPONIA: CASTRAR MENTALMENTE A LOS PERIODISTAS. Y QUE PENA QUE HASTA BUENOS PERIODISTAS HAN SUFRIDO ESA CIRUGIA. RESULTO, POR EJEMPO, INAUDITO QUE MIENTRAS EL PAIS HERVIA CON EL EL TEMA DE LOS “CAPAYA LEAKS”, NINGUNO DE LOS PARTICIPANTES EN EL DEBATE SE ATREVIO A IR APENAS ALGO MAS ALLA DE HABLAR DE LA CORRUPCION EN GENERAL … !HASTA EL PROPIO MORENO, CON TODO EL CINISMO DEL CORREISMO!. ME PARECIO ADEMAS SORPRENDENTE QUE NINGUNO DE LOS CANDIDATOS DE OPOSICION SE HAYA DADO POR ALUDIDO CUANDO MORENO -CON LA INSEGURIDAD Y VACILACIONES CONSECUENCIA DE SU MEDIOCRIDAD- DIJO QUE “CON HONROSAS EXEPCIONES” LOS CANDIDATOS ALLI PRESENTES REPRESENTABAN LO PEOR DE LA HISTORIA DEL PAIS. !QUE LAMENTABLE! Y QUE LAMENTABLE POR “EL COMERCIO”, DIARIO QUE SUPONIAMOS TENIA UNA HONROSA TRADICION EN MATERIA DE LIBERTAD DE EXPRESION.

  5. Así se hubiera abierto el debate para tratar los aspectos más álgidos, no hubiéramos tenido respuestas claras. El hecho es que la política en estos momentos no está dispuesta a reconocer la gravedad de la crisis económica generada por el gobierno de Correa ni para analizar sus causas, especialmente por la incidencia del despilfarro de DOS CIENTOS SESENTA MIL MILLONES de dólares que ni el mismo presidente logra explicarse cómo logró desaparecer de la caja fiscal, por una parte y, porque al parecer ninguno de los postulantes tiene la menor idea de lo que les espera si llegan a ser electos. No les será fácil lidiar con una recesión de 10 años, un déficit fiscal (hueco) de 20.000 millones y una deuda por pagar de 50.000 millones. Nadie puede presagiar un desempeño aceptable en esas condiciones y prefieren ignorar la situación y proponer más populismo y demagogia en un baratillo de ofertas.

  6. No hay sorpresas, esa es la mas sonora verdad en lo expuesto por las marionetas del poder llamados candidatos a la presidencia de nuestra república.El correismo ha logrado que yo en particular sepa discernir entre un periodismo acomodado al jefe que les paga su sueldo,pautas publicitarias, por ejemplo y otros etcéteras; y el periodismo que se ejerce en las redes sociales, del cual me nutro, cuatro pelagatos es una tribuna valiosa por ejemplo. Tenemos la necesidad de escapar del periodismo manipulador, quienes de alguna manera asistimos a los soliloquios del alcalde de Quito, el indolente Mauricio Rodas, en una emisora de la capital somos testigos de ese sesgo periodístico. Todas las preguntas hechas por el público son para que se luzca el burgomaestre, se nota un filtro o como alguien diría,hay control de calidad, y nos quitan la posibilidad de aportar al desarrollo de la ciudad, por lo menos con preguntas y denuncias que le exijan mayor compromiso en sus tareas. Pero sin lugar a dudas, la tarea del periodismo también debe considerar a protagonistas que son gestores de grandes proesas para el desarrollo de una comunidad y del país, cierto es que estos personajes hacen sus tareas no con el fin de figurar, las hacen por convicción por vocación, condiciones contradictorias con los políticos que también buscan trabajo con buen sueldo a través de nuestro voto, así de fregados estamos.

  7. Al parecer el periodismo ecuatoriano también se ha sometido al nuevo vocabulario con nuevos significado impuesto por Correa, pues en términos generales DEBATE es confrontación de ideas, allí no hubo eso, por qué insisten llamar debate a algo que no lo fue

  8. Tan dueño se sentía Moreno del debate, ¡que pretendió que solo se traten “temas sociales”. Solo porque los demás candidatos no aceptaron presentarse si era así, cedieron. Pero ya en el set, no se lo vio jugando en casa. Parpadeaba nervioso y le temblaban las manos.

  9. Será cierto lo que decían por ahí cuando la familia Mantilla vendió las acciones de El Comercio??… algo me pareció escuchar sobre los nuevos “dueños” y el pinocho correa… hmmm… habrá algo de cierto por ahí??… porque el “formato” fue ideal para el otro mentiroso estafador “licenciado” moreno, sin embargo a pesar de esa ayudota lo de hermano lelo no le quita nadie.

  10. Realmente no fue un debate sino unos minutos concedidos, con pantalla, micrófono y escenario, para que los candidatos repitan las ofertas generales de campaña que ya hemos oído.
    Se puede repetir “debates” similares y la ciudadanía seguirá en las mismas.

  11. Un debate que de debate no tuvo nada con un formato timorato que no permitió preguntar ni contrastar, a tal punto que la presencia de los candidatos no era necesaria, bastaba que envíen un asistente a leer el cuestionario preestablecido y evitar más de un papelón. Un debate que creo una falsa espectativa y defraudó a todo el país.

  12. El Comercio es un periódico que hace rato dejó de ser objetivo e independiente. Se acomoda con el discurso de turno, para no incomodar. Entiendo que ahora pertenece a ese individuo conocido como el fantasma, que le quitó su sello. Nada que ver con el Universo, el único diario que mantiene su postura, al costo que sea. Eso es dignidad, señores del Comercio. Debo admitir que leía el Comercio en su versión escrita, pero desde hace ya algunos años no lo compro, al igual que muchas personas que perdieron la fé en ese periódico. Y el digital elcomercio.com es insulso e irrelevante, así que tampoco lo abro ya. Lo único que nos queda de prensa independiente seria es el Universo.
    Que diferencia cuando el Comercio era manejado por los fundadores y tenía su prestigio hace algunos años. Quito no tiene periódico que valga la pena, el Hoy salió por decir la verdad. Razón que lo llaman el mercioco.

  13. Totalmente de acuerdo con el mensaje de Aguilar, con lo de los crapulas y LADY GAGA fue la reina de la noche. Insisto en ponderar el valor de 4 pelagatos ,de Gonzalo Rosero del pajaro Febres Cordero entre otro pocos. Que pena con Gonzalo Ruiz que se presto a participar con este esquema pauperrimo de periodismo. Sin duda estuvo la mano del fantasma en la organizacion.

  14. Si tanto sabían que el mal o bien llamado debate iba a tener el esquema cerrado y sin chispa era que lo hagan ustedes, en vez de ser parte de la solución periodística que dicen defender o por lo menos se jactan de practicar, propongan soluciones señores Soluciones….

  15. Como siempre Roberto Aguilar nos lleva a destacar la falta de un verdadero periodismo por parte de El Comercio por temor al poder de los crápulas que nos gobiernan!

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