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Lasso no es Macri, pero evitemos ser Venezuela

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Con las elecciones del 2 de abril a la vuelta de la esquina, es inevitable que ambos bandos electorales busquen analogías en otros países para inspirar esperanza o miedo. La oposición utiliza Venezuela. Tiene sentido. Lo digo como alguien que a lo largo de los últimos diez años aclaró que Correa no es Chávez, pues si bien el keynesianismo es estancador y peligroso -ver Japón en los últimos 30 años, Francia, la burbuja china, Ecuador ya sin boom petrolero, etc- no es no es una doctrina tan virulenta en su destructividad como el marxismo.

Correa no es Chávez en política económica aunque, dados sus vacíos conceptuales sobre temas como valor, estructura capital, etc., haya hecho públicamente guiños al marxismo. Agreguemos dos consideraciones adicionales. La primera es que los keynesianos latinoamericanos suelen ser peores que Keynes que, al menos, recomendaba ahorro para años de vacas flacas.

El keynesiano de ideas tercermundistas/victimistas asume que “pobreza = vacas flacas” y por tanto nunca hay que ahorrar porque las urgencias son siempre ahora. No entiende el rol del ahorro, de la confianza y de los fondos de emergencias. Eso es malo, desde luego. La segunda consideración es que Ecuador cuenta con la dolarización como defensa ante los afanes inflacionistas esenciales en las ideas de Keynes y los keynesianos. Por eso les estorba la dolarización, les impide destruir el dinero (el eufeminismo es “política monetaria”). Eso es muy bueno. Sumando el agravante y el atenuante (nuestra única defensa), de todos modos no hemos sido Venezuela en estos diez años. Pero podríamos serlo.

¿Cómo? Con dinero “propio” (estatal-nacionalista) se volvería a imprimir para sanear cuentas fiscales -pagar sueldos de empleados estatales, proveedores, obras, etc. Ese dinero adicional -es como ponerle agua al vino- no agrega poder adquisitivo a la economía como sostienen el keynesianismo, sino que diluye el valor de cada unidad monetaria. Los salarios y ahorros compran menos. Aparentemente los “precios suben” -y ese efecto, se le llama en textos modernos “inflación”- pero simplemente el dinero bajó/disminuyó de valor. Hay que llevar más dinero para comprar las mismas cosas. Aquí llega a la escena el político demagógico. En sus discursos culpa a los comerciantes e industriales de “subir los precios” y, acto seguido, decreta controles de precios (precios máximos).

El resultado inevitable, dependiendo de la severidad de los controles, es la escasez artificial. Por eso no hay papel higiénico en Venezuela (por explicar esto en una universidad de Quito, sin mencionar al gobierno ecuatoriano, despidieron a la persona que me invitó a dar la conferencia) desde hace años y hoy por hoy ya hay carestía de muchísimas otras cosas.

La situación venezolana es dramática, con 80% de gente de regreso a la pobreza (el mundo entero era pobre hasta hace 300 años), gente buscando comida en los basureros, mujeres regalando a sus hijos en la frontera con Colombia para que puedan sobrevivir y delincuencia nivel Bagdad. El ciclo malas ideas económicas -> intervención estatal -> diagnóstico de la nueva situación con otras malas ideas -> nueva intervención estatal -> etc puede llevar a cualquier país a la situación Venezolana.

Venezuela tenía una producción por habitante del doble de Ecuador antes del chavismo. Hoy el salario promedio está por debajo de 20 dólares en capacidad real de compra. Pero siempre es un asunto de ideas. De diagnosis y prognosis.

Ningún país está exento de las leyes de la realidad. Los controles de precios han causado carestía de insulina para diabéticos en EEUU en los 70’s, desempleo en Francia y España, de pan en Francia pre-revolucionaria (de ahí la legendaria anécdota “Su Majestad, los pobres no encuentran pan”, a lo cual la reina responde “Que coman torta”). Hay 3000 años de evidencias de controles de precios causando carestías.

Toda intervención estatal tiene costos que jamás pagan los gobernantes o las tecnocracias. Regresemos a Ecuador del año 2017. Los detractores de la candidatura de Guillermo Lasso han empezando una conversación social comparándole con Mauricio Macri en Argentina. Esa analogía, en cambio, no se sostiene. Macri ha tenido el desagradable y políticamente desgastante rol de ajustar precios antes suprimidos por controles de precios, agujeros fiscales y subsidios demagógicos de la era Kirchner. En el ideario tercermundista (“otro siempre es el culpable”, “el progreso se alcanza sin renuncias”, “somos países ricos” etc) el bueno es el subsidia y el malo es el que sincera la situación para que un país no siga quebrando. Con esto no quiero sugerir que aplaudo el recetario ni prioridades de Macri. Todo lo contrario. En entornos inflacionistas el gradualismo en ciertas medidas luce más bondadoso pero termina siendo más cruel, pero sobre todo, no hay en el macrismo ninguna vocación liberal de quitar de encima de los empresarios el monstruoso aparataje tributario y regulatorio argentino. De dejarles integrarse libremente al mundo. De eliminar prohibiciones nacional-estatistas para invertir internacionalmente en varios sectores sin testaferros.

El único país libre y capitalista de la historia latinoamericana, la Argentina (1853-1930’s), fue reducido nuevamente al tercer mundo por ideas y políticas marxistas, fascistas y clientelares en diversos grados en las décadas subsiguientes. Macri ciertamente no ha tomado las medidas que llevarían a un país a un despegue vertiginoso hacia el éxito como en Irlanda, Estonia o República Checa. Pero el desastre argentino no es su culpa. Es un cúmulo de malas ideas, malas medidas, populismo fiscal, etc. que los Kirchner empeoraron con especial voracidad.

De ganar Lasso la presidencia en abril, ¿enfrenta un escenario similar? No. Ciertamente hay agujeros fiscales del BCE, el IESS, el gasto corriente, exceso de personal burocrático, deuda multiplicada y otros problemas. Pero estamos dolarizados.

El razonable temor que los ecuatorianos tenemos a los paquetazos (medidas dolorosas de ajuste) viene de los 1980’s, cuando al terminar un boom petrolero, como el que acabamos de vivir, los gobiernos aterrizaron duramente en la realidad post ingresos-sin-impuestos. Pero nuevamente, la dolarización ha impedido falsear demasiado la realidad. Reducir drásticamente aranceles, eliminar el anticipo del impuesto a la renta, devolver el IVA a su nivel de 12%, etc son todas medidas que mejoran el ingreso real y las oportunidades de las familias. Volver más participativas las empresas estatales (evitando las privatizaciones con monopolios para amigotes como hubo en México y Argentina en los 90’s), abrir a competencia sectores monopolizados por el Estado, etc también abaratan la vida. Lasso no es Macri porque piensan distinto -Lasso es muchísimo mejor en nociones de economía abierta y moderna sin recetarios antipopulares del FMI- y Ecuador, en buena medida gracias a la dolarización, no es Argentina.

Juan Fernando Carpio es académico de la Universidad San Francisco. 

4 Commentarios

  1. Muy buen análisis,escritos cortos y concisos son mas digeribles, lo que aumenta su impacto. Ojala la gente se duela de nuestro país y se involucre desde el frente que les toque! Falta un “que” en esta oración “el bueno es el subsidia”.

  2. Discrepo su opinión, tomará las medidas neoliberales duras que ya tuvimos en el pasado porque el país está quebrado sin posibilidades de una real salida a corto plazo, entonces decir que no se lo puede comparar a Mauricio Macri es engañarse, como decir que nos vamos a volver Venezuela, la dolarización no dejará que aquello ocurra, y las propuestas de Lasso sobre el libre mercado permitirá que los grandes grupos económicos no tengan el más mínimo control y sean más fuertes de lo que han sido con el correísmo, a la final el modelo económico sigue siendo el mismo gane quien gane

  3. Excelente este ensayo. Yo añadiría que el error de Correa, si quería mantenerse en el poder, fue no tener fondos ahorrados. Imagínese Ud. que si los tenía le hubieran servido para campear el temporal y quedarse de “dictadorzuelo” una década más.

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