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Que vayan presos los ancianos

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En un juzgado de jueces correístas, un contralor correísta, con la ética correísta que no les avergüenza, juzgan a provectos personajes que, diríamos, pintan un cuadro de aquella historia que el correísmo ha enlodado con sus miserias.

Simón Espinosa, pensamiento y pluma deslumbrantes; Julio César Trujillo, erudito, honrado, profesor con quien discrepo; Isabel Robalino, vanguardista y devota de sus causas. Ahora ancianos ellos, que son parte del pasado honroso que, al igual que el pasado vicioso, ha sido arrasado con la bazofia que propala la mala sangre de estos pinches revolucionarios.

Así como tenemos historia de la cual avergonzarnos, tenemos historia de la cual enorgullecernos. Estos encanecidos ciudadanos la resumen. Y Correa, en su nimiedad, en su insignificancia que no se compensa con la majestad de su arrogancia, ha ofendido a estos íconos. Faltó al respeto y ofendió a Simón, a Julio César. Así como lo ha hecho con tantos otros ciudadanos cuyo hoja de vida arroja un balance encomiable. Atarbán vociferando ante los monumentos morales.

Para justificar la refundación y tornar moral lo corrupto y recto lo torcido, la propaganda del correísmo ha lavado el cuenco cerebral a una gran masa que, como autómatas, gritan que nunca vuelva el pasado. Han construido una monumental falacia de la historia, del inicio de la nueva era que se fundamenta en convertir el pasado y sus personajes, en infierno y demonios. Torpemente los fanatizados repiten el mismo sonsonete. Que el pasado no regrese dicen y así se torna simbólico arrojar a estos ancianos a la cárcel para que un funcionario –del cual un colega suyo dice haberle entregado dinero sucio– recupere su honra. ¿Cuál honra? Si la tuvieran no llegaría ni reptando a los talones de los que ahora son juzgados por jueces tramitadores de órdenes.

¿Por qué, pregunto, el Contralor no ha enjuiciado a su partner, el prófugo Pareja? Aunque sea en ausencia, debió denunciarlo por difamación. ¿Qué más puede ser recordarle que él, el Contralor y el Fiscal, dice Pareja, recibieron sendos atados de billetes? En ese caso, una denuncia no conviene posiblemente porque existe el riesgo de que Pareja pueda demostrar lo que dijo. Pero contra los viejos, esos que personifican el pasado que la puerca publicidad ha ensuciado; esos indefensos si conviene arrojarlos a los buitres para resarcir una honra que está hecha girones no por lo que los viejitos digan sino porque, en diez años, los controladores, fiscalizadores y juzgadores han sido cómplices de la corrupción, por acción, omisión o contubernio.

Aquellos que personifican el presente –el licenciado, el copión, el insultador, los “doctores” cuyo título fue obtenido en minga familiar; el abogado talla única, los patiños, los terroristas devenidos burócratas, los agresores de mujeres, los “intelectuales” que ahora tienen sueldo fijo–; todos ellos son ahora los referentes morales. O sueñan con serlo si permitimos que estos que son mala hierba, apabullen la moral y conviertan en rastrojos los valores, la decencia, la integridad.

Estas arremetidas intimidatorias, represivas y de hostigamiento refinado no son los apaleamientos de las dictaduras setenteras que flagelaba la carne y los huesos. Estas dictaduras del siglo XXI esconden su esencia dictatorial con persecución judicial, para darle la apariencia de legítima. Se han agudizado para que quede claro que el fin del porfiriato de Correa no quiere decir el fin del correísmo, que se renueva con el licenciadato.

Citar ante el fiscal a Guillermo Lasso, que es el líder de la oposición, articuló a la mitad de los electores y legítimamente debería ceñirse la banda, de no ser por el apagón durante el cual el compadre contó votos sin ninguna veeduría, es una nueva afrenta. Es una muestra de la arrogancia del dueño del poder que nos anuncia y ratifica que la defensa de la libertad tiene nuevos retos y no hay cómo retroceder. Que nos dice que el licenciado continuará la depredación de políticos, periodistas, opinadores, dirigentes sociales y gente honrada. Aquellos que, en honor a su honradez, no pueden callar ante el latrocinio. Enfrentar el rufianismo convierte la integridad en subversión.

Diego Ordóñez es abogado y político 

9 Commentarios

  1. me falta una mención al instrumento de la iniquidad representado en esa jueza venal que trastrabillando del miedo se allanó a la imposición del poder

  2. Que excelente artículo, felicitaciones a Diego por su frontalidad e irreverencia, una estupenda descripción de la inmundicia y miseria humana, sello y patente del correismo.

  3. Estos MISERABLES, sin educacion, sin sentido comun, sin normas basicas de conducta, sin cuna…irrespetan a personas dignas,intachables, que han trabajado por la Patria, los ecuatorianos de mente y manos limpias somos mas….Exelente ariculo..

  4. Es en resumen lo que yo no he podido decir, porque el coraje y las iras nublan mis pensamientos…calma, calma para mí, que Juan Montalvo mató al Tirano con su pluma y hay un testigo, un viejo escritorio que aún albergará a ese Noble Espíritu.

  5. Excelente, valiente, incisivo, este artículo que desnuda la inmundicia de estos diez años de corréismo, vergüenza ajena del manejo del poder al mejor estilo hitleriano y demoniaco.

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