Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

El Telégrafo: una aberración que no se elimina con Larenas

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Si en algo fue inmensamente exitoso el correísmo es en haber logrado que la sociedad asuma como normal las anomalías más aberrantes que puede sufrir un sistema democrático. Diez años parecen ser suficientes, por ejemplo, para que los ecuatorianos se pongan a discutir sobre cuál debería ser la nueva línea editorial de El Telégrafo como si la existencia de ese diario de propiedad del gobierno no fuera, en sí, una anomalía.

En esta discusión participa un sector que sostiene que nombrar como director de El Telégrafo a alguien como Fernando Larenas que no ha sido parte del Gobierno y que, más bien, ha tenido una posición crítica del correísmo es una traición a la revolución ciudadana y al proyecto político de Alianza País. Por el otro lado están quienes sostienen, pletóricos de esperanza y optimismo, que con el nombramiento del nuevo director finalmente se tendrá un diario público que no responda a los intereses de un partido.

Lo unos y los otros discuten, sin embargo, sobre un absurdo. El Telégrafo es una aberración salida de la mente de Vinicio Alvarado y el debate sobre si el nombramiento del nuevo director es una traición o la reivindicación de lo público es asumir como normal y legítima la existencia de esa aberración.

Veamos. En la lógica de quienes están indignados con el nombramiento de Larenas, Lenín Moreno ha traicionado a su proyecto político.  Se trata de una visión que asume como normal y correcto que El Telégrafo pertenezca al partido de gobierno. Lo más insólito de esta argumentación, sin embargo, no es ya la distorsión brutal del concepto de lo público que existe en parte de la sociedad ecuatoriana, sino que se la asuma como algo tan normal que no hay problema en sostenerla públicamente sin ruborizarse siquiera.  En efecto, Marcela Aguiñaga dijo en declaraciones a Ecaudorinmediato que la prueba del error del nombramiento está en que ésta ha sido saludada por Guillermo Lasso.  Aguiñaga está convencida de que El Telégrafo, como órgano de propaganda de un movimiento político, es parte de la institucionalidad del país. “Si algo, en estos diez años, me parece que el gobierno de Rafael Correa quiso crear en este país fue institucionalidad, y las institucionalidades deben respetarse”, dijo Aguiñaga en Ecuadorinmediato. ¿Un diario que se financia con dineros públicos para servir a un movimiento político puede ser parte de la institucionalidad? Conceptualmente esa posibilidad es un contrasentido, pero en la práctica parece eso se lo está asumiendo como parte de la realidad.

Del otro lado están quienes celebran el nombramiento de Larenas asegurando que, con él, finalmente El Telégrafo será un medio público. En esta corriente está el ex candidato presidencial Guillermo Lasso, que ha felicitado a Lenín Moreno por su decisión. Según el ex candidato, El Telégrafo “finalmente será manejado como un medio público”.  Creer y decir que con la llegada de un periodista independiente a El Telégrafo ese diario va a pasar a ser un medio público no solo que es iluso sino que no aporta, en absolutamente nada, a un verdadero debate sobre la construcción de medios auténticamente públicos. El Telégrafo no tiene ningún paraguas jurídico ni institucional que garantice que este gobierno, o cualquier otro, pueda influir en la política editorial. Y mientras no se articule esa institucionalidad jurídica, El Telégrafo no será, ni por asomo, un medio público.

Para comenzar, el simple hecho de que Larenas sea nombrado por el presidente Moreno hace de ese cargo un cargo político. Por más méritos y buenas intenciones que tenga el nuevo director, que sí los tiene y de sobra, siempre llegará el día en que sus decisiones terminen siendo influenciadas por el poder o terminará renunciando en pocas semanas. Y así no hay independencia posible y el medio terminará inexorablemente siendo portavoz del gobierno.

Los medios realmente públicos, que existen en las democracias maduras, tienen estructuras institucionales que aislan, de la mayor manera posible, al gobierno sobre el manejo editorial de los medios. El ejemplo por antonomasia de esto es la BBC de Londres que es manejada por un board o consejo integrado por personas perfectamente independientes del gobierno. Es famosa la historia de cómo ese medio se resistió a los intentos de Margaret Thatcher a que tome una posición pro británica durante la guerra de Las Malvinas, por ejemplo. De hecho, Thatcher murió convencida de que la BBC había estado del lado del “enemigo” durante la guerra y nunca perdonó a ese medio que no se haya referido a los soldados británicos como “nuestros soldados” sino en tercera persona como los “soldados británicos”. 
En el mundo entero son contadísimos los casos de diarios que son propiedad del Estado o del partido en el gobierno. Éstos se limitan a países donde hay dictaduras como Cuba o democracias precarias como Kenya. De hecho, en ninguna democracia europea hay diarios públicos, aunque sí hay radio y televisión pública por el simple hecho de que el espectro radioeléctrico es propiedad del Estado.

El correísmo lesionó la idea que la sociedad ecuatoriana tiene sobre lo que significa la esfera pública. El Telégrafo no va a ser un diario público aunque se nombre como director a alguien que ha sido independiente del poder. Para que pueda ser público, si es que un diario puede llegar a serlo, tiene que construirse primero una institucionalidad que lo aísle de Moreno o cualquier otra persona que ocupe la Presidencia o cualquier otra función del Estado. No es un tema de buenas intenciones.

Si Alianza País quiere tener un diario propio, como parece que es la aspiración de Marcela Aguiñaga, debería financiarlo con sus fondos partidistas. Pretender que lo paguen los ecuatorianos que no tienen nada que ver con ese movimiento político es pretender que el peculado ya no sea delito.

El gobierno de Lenín Moreno ha dado sin duda un paso interesante con el nombramiento de Larenas y es perfectamente entendible que en las redes sociales se hayan encendido los enhorabuenas. Pero de una y otra forma, quienes han apoyado al gobierno por el nombramiento, están colaborando en la legitimización de la aberrante existencia de El Telégrafo. El problema no está en Larenas, sino en los orígenes mismos del diario.

Lenín Moreno debería pensar en encontrar una fórmula legal e institucional para que El Telégrafo y todos los medios administrados por el gobierno dejen de ser una parcela de poder de Alianza País. Se trata de devolverle a la sociedad algo que le ha sido ilegal e inmoralmente expropiado. Y junto a eso debería también presentar las cuentas de cuánto ha representado al erario nacional su funcionamiento. ¿Cuánto costó el funcionamiento de El Telégrafo desde que fue absorbido por el Gobierno de Rafael Correa? ¿Cuánto cuesta que siga funcionando ese diario?

Devolver a la sociedad lo que le fue arrebatado sin su consentimiento ni información, es la única forma de construir una auténtica esfera pública.  El resto solo sirve para la anécdota.

13 Comments

  1. Sorpresa, indignación, melancolía, frustración, derivadas del rumbo que toman mentes y personalidades brillantes, para formar parte del corso infame que gobierna ésta república.

  2. Para qué un diario del gobierno de turno o del partido de gobierno?.
    Cuánto ahorraría el país si se lo vende?. Hasta ahora no sabemos cuánto nos ha costado.
    Suficiente sería un canal de TV y una radio, como medios públicos del gobierno central.
    Aquí le quiero ver Licenciado: deshágase (venda) de lo innecesario, no dilapidemos recursos.

  3. El Gran diario Guayaquileño, lo convirtieron en un montón de papel con letras que ni regalado lo queríamos.
    Pero sirvió mucho para envolver las compras en el mercado. No hay mal que por bien no venga

  4. El día que se inicie de verdad un proceso de venta de todos estos medios para que el Estado (o sea nosotros) recuperemos al menos en parte el dinero de todo lo que todos hemos pagado para que funcionen, ese día, pensaré que Lenín Moreno tienen un verdadero compromiso con devolver al país la democracia robada por el correísmo..

  5. No es acaso El Telégrafo, al igual que otros medios, una entidad que fue incautada por el gobierno anterior? No ofreció el ex dictador, después de esa dudosa incautación, proceder a la venta de esos medios? No sería, acaso, saludable, que TODOS ESOS MEDIOS, y otras propiedades incautadas, estuvieran en manos privadas después de una venta transparente, legítima y justa?

  6. Que ironía e infamia, KLEBER JIMENEZ con brazalete, un patriota que salva la dignidad del Ecuador.Llegará el dia que la ciudadanía le redima de la ofensa y sufrimiento que le causaron los corrompidos ladrones y su cacique inmoral, esos reptiles adambleistas alcahuetes de la infamia, y encubridores de los atracos, pero hay esperanza! Con personajes como Galarza, Cruz, Montaño, Donoso, Gomez ..etc.Que Dios les ilumine, les proteja y les siga dando valor, que la maldad y
    cinismo no les acorrale jamás.
    Kleber, el Ecuador está con tigo.

  7. Excelente artículo, señor Pallares. Felicitación.
    El producto no cambia, porque se cambie el envase. El otrora “Decano de la prensa nacional”, perdió credibilidad desde el primer momento en que los lectores comprobaron que fue convertido en el Granma ecuatoriano: pura propaganda del gobierno y sus obras, sin jamás realizar una investigación en defensa de los sagrados intereses de la ciudadanía. Por esa razón, durante diez años la demanda de El Telégrafo se redujo a números alarmantes, tanto que la gente no lo aceptaba ni regalado…quizás por ahí alguien lo aceptaba para madurar aguacates.
    Nadie hasta ahora ha sido capaz de presentar un Estado de Situación o Balance económico del diario; por lo que a ojo de buen cubero, si sólo tiene gastos con sueldos burocráticos elevados, no vende casi nada de la producción y por ahí uno que otro ingreso por publicidad al mismo gobierno, sale que el resultado es NEGATIVO, es decir, HABRÍA PÉRDIDAS, lo cual ocasionaría el cierre del negocio, si fuera privado. Lo que no ocurrió porque el gobierno inyectó fortaleza monetaria, billete que sale de nuestros bolsillos.
    EN CONCLUSIÓN: TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOODOS los medios de comunicación incautados a la banca cerrada, DEBEN SER VENDIDOS, PARA DE ESA MANERA DAR UN POCO DE OXÍGENO ECONÓMICO A MORENO. Con esos recursos, fácil puede financiar el pago de la jubilación a los adultos mayores que viven de la caridad.

  8. Cuidado, no hay remedio contra la epidemia nacional llamada pendejismo, algunos ingenuos de buena fe todavia no ven el tongo…..y se suben al circo montado por Alianza para robar País. Mientras Moreno abre el telón, el dueño del circo ordena emitir honradez por decreto para Glas.
    Los 4pelagatos tienen una tarea enorme para ayudar a abrir los ojos y frenar la epidemia…..dura tarea.
    La calle es el camino, que se largue Glas, renuncie Moreno, será un paso importante…el tiempo se acaba…..

  9. La aberración son los “medios” de propaganda de la plutocrácia elititista, distorsionadores de la realidad. El Telégrafo ha sido un oasis de buen sentido en medio de esa basura periodística.

  10. Bandas de mafiosos apoderados de los gobiernos, la peor verguenza es esa actitud cómplice con el zátrapa ignorante de Venezuela y esas mujeres indignas y repugnantes, defendiendo y tapando a los corruptos, no olvidar sus rostros pecaminosos que simbolizan infamia y cinismo.

  11. Si el poder nombra el poder exige sumisión. Si Larenas se identificó con la oposición al correismo la lógica manda a entender que finalmente la dignidad debe de imponerse por sobre el sometimiento a órdenes que contradigan a la conciencia. El morenismo está lejos muy lejos de aparecer diferente al correismo. Larenas cayó en la celada.

  12. Despues de lo del CAL y su negacion a aceptar el juicio politico a Glas, y la tal devaluacion fiscal de los ideologos y ciegos economistas subiran el IVA y el ISD. Aqui no hay cambio de nada. Estamos en el mismo estado inepto y atracador. Deberiamos aprender de Maria Corina todos a las calles.

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