Conservadores y progresistas restringen libertades

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La izquierda, que se llama progresista, y su agenda populista es prolífica en crear “derechos”, tiene la habilidad de crear gasto estatal para pagar esos derechos, remunerar a los izquierdistas que se convierten en sus apóstoles y lograr que la burocracia internacional (Unesco, Unicef, OIT, etc.) escriba documentos y financie la publicidad de esos derechos. Así surge terminología que se torna políticamente correcta: enfoque de género, construcción social, derechos sexuales. Los conservadores, por su parte, aun creen que Eva fue creada para atender y obedecer a Adán, que la naturaleza responde a la lógica moralista de los textos religiosos y cierran su entendimiento a que las personas sean y se comporten por fuera de su binaria división entre hombre y mujer; o fuera de la victoriana visión de familia.

Ambas facciones elevan banderas y blanden espadas desde las antípodas. Desde los derechos los progresistas; desde la moral los conservadores. En esa polarización parece impropio proponer, no una línea intermedia, sino un análisis diverso para arribar a conclusiones que sean compatibles con el respeto que la persona merece.

“Más allá de cualquier ideología, más allá de lo sabio y los profano, soy parte de espacio, soy la vida, por el hecho de ser un ser humano…” Así, en la poesía de Cortez, se resume un axioma del que deriva que ninguna idea, que ningún dogma alcanza para agredir la integridad, la dignidad de cualquier ser humano, sea que sea hombre, sea que sea mujer, sea que sea hombre que quiere ser mujer o viceversa, para negarle su derecho natural a hacer de su vida y su cuerpo, lo que decida.

Parto de la noción que nos asiste este derecho que no requiere de ley ni tampoco puede ser restringido por mandamientos de los que hablan de una naturaleza dibujada desde prejuicios y religión. El derecho de la autodeterminación individual, que proviene del derecho de propiedad sobre nuestras vidas.

En ejercicio de ese derecho de autodeterminación innato y atributo de la persona humana, para decidir el género con el que cada individuo se quiere identificar, incluye el derecho esencial a creer y defender, de quienes acomodan su vida a los principios derivados de libros píos y sacerdotes píos y se oponen a que en el ámbito de sus decisiones y de la educación de sus hijos, se obligue a tener enfoques diferentes a sus creencias, como parece quiere la izquierda progresista, a través de normas constitucionales o legales que hacen obligatorio su enfoque, en todo ámbito.

La ley positiva debe avanzar, independiente de condicionamientos religiosos, a reconocer el derecho de autodeterminación individual y reconocer la igualdad civil de todos los géneros y su natural derecho a convivir gregariamente en familia, cuidando los derechos de propiedad que genera esa organización civil. Los que se declaran LGTBI no tienen derechos nuevos. Los tienen por su ejercicio libérrimo de su opción de vida; por “el hecho de ser un ser humano” y punto.

Los conservadores deben asumir que sus preceptos religiosos son de su incumbencia. Y no son referentes para normar con carácter general. Como tampoco los progresistas, deberían proceder con ese aire de superioridad para mirar por sobre el hombro  a quienes no suscriben su enfoque o leyes sectarias.

Cabe dentro del principio –el del respeto a la dignidad del ser humano– toda norma para la protección de la integridad personal. Y no cabe argumento contra leyes que sancionen la violencia, el acoso. Razones biológicas explican que es mayor la protección que requiere quien es físicamente más débil. Mujer frente al hombre, niños frente a mayores. Y aunque parezca novelería de ONG, el femicidio, aparte de sancionar un delito, denuncia el motivo del crimen: hombres abusivos frente a mujeres indefensas.

En este debate, complejo por cierto, las contrapartes intentan acallarlo por la imposición y usando como árbitro a la voluntad de políticos, cuya decisión no comporta ejercicio de racionalidad, sino clientelismo electoral. Dejando de lado las emociones y prejuicios y recuperando los principios comunes que se expresan en declaraciones de derechos de las personas y no en textos religiosos o en conductas morbosamente provocadoras, es probable que la discusión pueda encausarse hacia respetar creencias, pero sin que menoscaben la capacidad intelectual y moral de cada ser humano de verse como se le antoje y vivir a su manera.

El odio y la irracionalidad no se eliminarán. Hay normas legales que los sancionan, en cuanto sean actos o agresiones no solo proclamas que caben dentro del derecho a la libertad de pensamiento y expresión.

Diego Ordónez es abogado 

9 Comments

  1. Excelente análisis. Coincido en que las posiciones extremas no contribuyen al tratamiento serio y desapasionado que debe tener un tema tan complejo. Cada quien tiene derecho a adoptar su propio criterio sobre estos asuntos, y no se debe descalificar ni “mirar por encima del hombro “ a quien piensa diferente.

  2. Excelente análisis del Sr. Ordoñez que es una bocanada de aire fresco entre tanto desafuero de lado y lado, personalmente no suscribo ninguna postura radical aunque obviamente tengo mi propia opinión de los temas de género y sexo que la defiendo pero nunca buscaré imponer mi verdad como si fuera la última palabra y menos aún como una Ley inconsulta como intentan varios opinólogos, periodistas y para variar políticos que se mueven al mejor vaivén de votos (léase Alianza País y para mi también Lenin Moreno),

  3. En efecto el género obedece a como una persona se autodefine y entiende el mundo conforme esa posición.Fue hace poco allá en Alemania,Berlín 2009,la atleta Caster Semenya después de haber ganado la competencia fue examinada en su sexo más no en su género,para evacuar las dudas respecto de las razones por las que triunfó en el grupo de féminas, como resultado siguió participando en competencias no masculinas a pesar de tener bigote . La gran barrera a superar sin dudas tiene que ver con aceptar que no podemos imponer en los demás nuestra visión del mundo , hacer que se vean a nuestra imagen y semejanza,esta tarea desperdicia mucha energía dando espacio a la infelicidad.

  4. Muy bien, Diego. Este artículo ayuda a comprender con síntesis y claridad el “problema” en el que se discute el derecho de las personas a que se respete y tolere su orientación sexual, sin que eso implique que se otorgue más derechos a un grupo que a otro, por el solo hecho de una “reivindicación” que en una verdadera democracia no es admisible. Además, el artículo ayuda a asumir una posición determinada frente a las opciones que se discuten, ya sea a favor de uno o de otro argumento, sin interesados apasionamientos de ningún lado. En conclusión, el artículo ayuda a orientar civilizadamente el debate. Saludos

  5. No es solo un ejercicio de convivencia y tolerancia, su importancia carece de sentido cuando no elevamos una discusión tan clara en la diferenciación entre sexo y género.Vaya compromiso para alargar la confusión de quienes en este tema se auto distinguen como la última palabra. Las viejas prácticas para impartir una verdad particular van quedando gracias a la internet ,obsoletas. La información va siendo mejor procesada y entendida, el punto es que quienes se anclan en ideologías y moralismos literalmente están sin salida frente a los desafíos que sí enfrenta la biología y la ciencia, por supuesto la libre determinación del propio ser humano actor inminente de su valor como un ser pensante aporta con hechos y datos gran parte de esta discusión,ejemplos existen donde valoramos al mensajero y al mensaje .

  6. Sin bien Diego se acerca mucho en mi criterio a un análisis serio, bien pensado y sensato sobre este tema, todavía me queda un sonido disonante, un sabor algo amargo, muy posiblemente producto de viejos prejuicios sobre los puntos de vista del sector que generalmente llevó el maso y la antorcha como manera de sanjar diferencias conceptuales. Las cosas cambian, las personas e ideas evolucionan y si uno no sigue de cerca esas variaciones, se puede equivocar mucho a la hora de interpretarlos como vigentes. La postura de los que defendemos el derecho de criar a nuestros hijos conforme nuestras costumbres, principios y valores, de acuerdo al Art. 29 de la Constitución, y sin que pertenezcamos a determinada Fe o Iglesia, a pesar de que la mayoría de opinólogos se obstinan tercamente en atribuir todo este asunto en un 99.9% exclusivamente a la Iglesia Católica y eso es FALSO de plano. Verdad es que la religión mayoritaria en la población es la católica, pero hay personas que no profesan fe alguna, y tengo varios amigos entre éstos que sin embargo no están de acurdo en que el ESTADO, agreda justamente el derecho a la autodeterminación que tenemos los seres humano como derecho universal al mismo nivel del derecho a la vida, mediante tomar partido por determinada visión de como debe llevarse la vida de los demás, sea en sus preferencias sexuales o de cualquier otra índole.
    He escrito un par de editoriales al respecto, en los cuales justamente, invoco al derecho a un verdadero estado laico en toda la extensión de la palabra y no solo en el anacrónico concepto de estado-iglesia que lo generó hace algunos siglos atrás, por lo tanto rechazo y creo que al igual que yo, muchos otros más, una intervención estatal de esta naturaleza en elaboración de leyes, reglamentos y derivados de éstos, políticas públicas en educación, salud, cultura y otras áreas. Lo grave del tema es que se manejan las cosas en medio de la mal información o información tendenciosamente manipulada y allí reside la raíz del problema, pues se parte de premisas falsas como que quienes exigimos nuestro derecho a la no intervención estatal en estos temas, somos una caterva de fanáticos religiosos de mentes obtusas y retrógradas. No es con la diatriba ni con el desprecio del pensamiento ajeno como una verdadera democracia se construye y ya va siendo hora de que estas prácticas se moderen pues lo único que se logra con el sectarismo de pensamiento es la GUERRA. En lo personal pienso que el lema VIVE Y DEJA VIVIR se ajusta de la mejor manera a la naturaleza del hombre, sin embargo hay muchos matices de esto que deben ser consensuados y modulados para poder vivir en paz. Ninguna imposición vertical y a raja tabla va a perdurar en el tiempo, menos aún si es producto del abuso del poder transitorio del que se dispone que al parecer es lo que tienen los grupos LGBTI hoy en día. Cada cosa en su lugar, respeten y serán respetados, hagan lo contrario y de seguro van a recibir “el vuelto” como dicen los muchachos en el colegio.

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