Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

7. La herencia de la década: los vivos y los vivísimos

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El mérito de vivos y vivísimos es haber empezado desde abajo (con Alianza País). Y llegar muy arriba (los que se quedaron con Lenín). De todas maneras, en estas pocas líneas demuestran de lo que son capaces y que siempre están dispuestos a sacrificarse por la Patria y compartirlo todo. Todo excepto el poder, que no quieren soltar ni compartir con nadie.

Los vivos

De vez en cuando, el mundo se conmueve cuando se entera de que ante la tragedia, el ser humano tiene que sobreponerse y acudir a prácticas nada sencillas e impensadas. La última tragedia ocurrió el 24 mayo del 2017 cuando la revolución se estrelló contra el piso y para sobrevivir, los accidentados tuvieron que practicar la antropofagia (del griego anthropos, acción de comerse unos a otros). Lo importante ante esta tragedia era seguir vivos y demostrarnos a todos de qué estaban hechos para superar las adversidades. Más aún, tratándose de la revolución y del Sumak Kawsay, cualquier alternativa culinaria era válida. Así podemos imaginar que Ricardo P. se comió a Alexis M. Que Augusto B. se comió despacito, poquito a poquito, suave, suavecito a Augusto E.; que Fander F. hasta se atragantó con Rafael C.; o que Carlos P. se devoró a Jorge G. También podemos suponer que Fernando A. se empachó con El Corcho C. En fin, todo un festín del cual solo sobrevivieron y vivieron para contarlo, los más aptos para la vida revolucionaria. Cabe anotar que por tratarse de socialistas, haya o no haya fondos, contrataron la asesoría de un chef belga.

Una vez que se cansaron de la comilona, los que lograron sobrevivir ante semejantes adversidades del destino, siguen de pie tomándose selfies con sus admiradores o con Lenín M, mientras que los otros van quedando sepultados en el olvido. Esa es la ley de la selva política, donde sólo los más vivos sobreviven.

Los vivísimos

A diferencia de los vivos que sucumbieron a los placeres de la carne, los vivísimos están más vivos que nunca, pues para sobrevivir practicaron el volte-face; es decir que mientras ayer se despellejaban de amor por Rafael, ahora, para salvar su pellejo, adulan y sus corazones hierven de amor por Lenín: son las dos caras del amor.

Los vivísimos primero se cambiaron de piel. Del cuero ovejuno se mudaron a una piel de camaleón para dedicarse por entero a cambiar de colores según la ocasión.

Y a pesar de que el color de moda era el verde fiesta, ellos se dieron modos para lucir otros colores. Por ejemplo, cuando se trataba de extraer el oro con las empresas extranjeras se ponían de color amarillo patito. Para firmar los contratos petroleros se ponían negro azabache, como la noche. Cuando se trataba de profundizar amistades lucían un círculo rosa. Cuando se trataba de negociar las hidroeléctricas se volvían de color azul eléctrico; y cuando se trataba de comparar entre sí sus 4 x 4 último modelo, se ponían verdes de la envidia.

Pero los vivísimos, por preocuparse de los colores, se olvidaron de sus valores morales y se acordaron de repente que los valores económicos eran más rentables que sus principios. Por eso, dejaron de lado su dignidad y se acomodaron con los puestos más rentables y apetecibles de la revolución ciudadana. Vivísimos; mientras estaban en sus escritorios ponían su mente en blanco y ante los atracos e injusticias que se cometían en sus narices, se tapaban ojos y oídos y no se acordaban de nada. (Eran los mismos zombies, con los colores grises de siempre). Sin embargo, en su negra conciencia, con resaltador fucsia estarán subrayados los nombres y apellidos de aquellos a los que destruyeron sus vidas, pero que algún día de su vivísima vida, tendrán que responder ante la aún viva justicia.

Pero a pesar de que tuvieron y tienen esa habilidad para cambiar de color, los vivísimos nunca han logrado perder su olor; por eso su oportunismo se huele a leguas.

Los coloristas tampoco han logrado ser transparentes.

Hubo otro selecto grupo de vivísimos que, para quedar bien con el Jefe y el socialismo, montaron en ira e inflamados de soberanía expulsaron a los indeseables gringos de la base de Manta; luego patearon a sus ONG y les dijeron que se metan por las orejas la deuda externa y el FMI.

La flama del amor latía por la revolución pero lo que en realidad hicieron los vivísimos fue cambiarnos el disco duro y el chip del imperialismo, Made in USA, por una flash memory, Made in China.

Con los chinos dentro de nuestra soberanía, nos hicimos fanáticos no solo de sus créditos y de sus empresas sino también del Feng Shui socialista. Lo primero que hicimos fue reorientar y alinear nuestro honor del norte hacia el oriente; en otras palabras, ya no somos más el patio trasero de los yankees, sino el baño social de los chinos. El Feng Shui nos recomendaba que para atraer la felicidad pongamos fajos de billetes orientados hacia arriba; es decir en el techo (como muchos hicieron). Para ahuyentar a las malas energías nos recomendaba poner micrófonos y cámaras a la entrada y a la salida de la revolución (como lo hicieron hasta con Lenín). Para aprender sobre la Justicia nos recomendaba escuchar las sabatinas por el sur oeste. Y para mantener viva la llama del amor por la revolución, nos recomendaba no leer a la prensa corrugta.

Con los chinos, los vivísimos aprendieron el mandarín y a comer todo lo que se movía. Bien mandado, el mandarín Glas se comió toda la matriz productiva.

Con la influencia oriental, los beneficiados también fueron los periodistas alineados al oficialismo, ya que se volvieron sicarios de tinta china.

Y hubo un tercer grupo que se dedicó a proteger a los amigos. Para ello crearon, el 14 de febrero del 2007, el Club del Amor y la Amistad. Ese club sacaba la cara por sus carnales y, aunque la mayoría tenía cara de pocos amigos, todos creían ciegamente en la amistad. Sus componentes eran desde panas del alma hasta amigos de lo ajeno, pero su fin era protegerlos a todos (buenos o malos, santos o demonios), porque para eso están los amigos. ¡Qué vivísimos!

Los vivísimos no gobiernan para el país sino para los amigos y para ellos la amistad está ante todo. Por eso cuando aparece la solidaridad, desaparecen los escrúpulos porque al amigo hay que aceptarlo tal y como es (así sea un santo a punto de ir a los altares como Nicolás Maduro). ¡Qué vivísimos, con esos amigos, para qué enemigos!

Estén donde estén, vayan donde vayan: aquí o en Bélgica, en Caracas o en La Habana, para ellos el amor y la amistad están más vivísimos que nunca y los practican en modalidades presencial, semipresencial y a distancia.

En resumen, los vivísimos ya se pasan de vivos y sus acciones no tienen nada que ver con la inteligencia sino con la viveza criolla. Los vivísimos nunca pasarán desapercibidos porque por naturaleza son vividores. La pena es que cada cuatro años nosotros los elegimos y, por eso, no tenemos a quién quejarnos y si seguimos vivos es de milagro, porque no sé si se han dado cuenta pero seguimos vivos. Y no sé que tenga el socialismo pero a algunos, les endulza la vida.
Pero al final, a todos nos amarga la vida.
Prohibido olvidar.

Próximo capítulo: Los superhéroes.

12 Comments

  1. Excelente artículo, nos demuestra de lo capaz que puede llegar hacer las personas solo para no perder su poder político, gente falsa que solo busca obtener un buen puesto y cuando existen problemas lo único que demuestran es su cobardía ante los demás.
    Esta corrupción tendría que terminarse porque personas así no nos ayudan a que nuestro país se mejore, darse cuenta para que esa gente esté afuera y dar la oportunidad a personas dignas que demuestren responsabilidad y no agachen su cara como si eso no fuera de su trabajo. De la misma manera admirar a las personas que si son capaces de seguir vivos y demostrando a todos de que están hecho para superar las adversidades.

  2. Excelente. Es un resumen extraordinario de la década robada expuesto con gran datalle y elegancia, ojalá leyeran y entendieran los fanáticos de la “Revolución Ciudadana”

  3. Llevo meses leyendo con distintos estilos y maneras de describir lo que ya sabemos, lo que es “vox populis” de nuestra desgracias que empezó hace 11 años ya. Que el gobierno, que tal o cual persona ( en definitiva todos ) han saqueado las arcas del país. Y siguen describiendo y narrando lo mismo; ya pasó o debe pasar ese tiempo, es hora de que comiencen a escribir como nos vamos a zafar de esa horda de delincuentes que siguen enquistados en el gobierno. Que todos los escribientes, que supongo yo se pasan pensando en el quehacer político, comiencen a formular caminos para corregir este desmadre que estamos viviendo.
    Soluciones y no cuentos narrativos para que piensen que son intelectuales. Gracias

  4. lo unico que faltaba, sacandose los cueros al sol, solitos van a quedar desnudos.
    nada de traidor, todos son la misma guevada…….

  5. Que tristeza, cada nuevo descubrimiento de la enmarañada corrupcción creada en la década pasada, solo confirma todo lo expuesto en este magnífico artículo. Y nosotros los espectadores sin saber que hacer… con el sinsabor de la impotencia, pero gracias a ustedes que hacen historia y confiados en que mas y mas ecuatorianos repliquemos estas voces y pasemos de expectadores a actores.

  6. Excelente artículo estimado Marcelo, con mucho humor desnuda la podredumbre de la DECADA DE LAS TINIEBLAS que nos dio Correa; ahora causa lástima ver ese minúsculo grupo de viudas y viudos de Correa, formando un nuevo partido político, a la fija este partido nacerá muerto, porque en Ecuador nunca han dado resultado los fraccionamientos de partidos políticos desprestigiados y peor de éste, porque ya se seguirán destapando los miles de chanchullos que los correístas cometieron.

  7. Lo más triste es que lo vivos y los vivisimos, todavía se la pasan vivitos y coleando en él actual gobierno. Sin que la justicia los quiera ajusticiar.

  8. Algunos de estos vivisimos trabajaban en las ONG, por los campesinos y por los pobres de mi país y en el más allá parecían con ideas coherentes, en que momento perdieron la pista y la masa gris se hizo asfalto de carreteras, no lo sabemos, parece que desde que consiguieron matrícula en los cursos del ministerio de la felicidad, les enseñaron a buscar su propio bienestar en contraposición con lo que el pueblo hasta ahora anhela, ” espacios para trabajar en paz y no con los sobresaltos de la corrupción”.

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