Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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El Humor - page 2

Odebrecht presenta… Ecuadorians gansters

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La lista se titula este capítulo especialmente concebido por Chamorro. Odebrecht contrató, como actor estelar, al Vicepresidente de la República. Actor secundario: el nuevo fiscal. Un extra desabrido e impotable aparece en este capítulo: el impresentable Carlos Ochoa (ahora hecho el moralista)… No se pierdan la serie: habrá sorpresas y nuevos actores.
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La ley que deja por fuera a los profesionales del odio

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Antes de irse, un día antes, Rafael Correa envió un Proyecto de Ley a la Asamblea Nacional para censurar las redes sociales. Hábilmente, lo convirtió en un proyecto para regular el odio y la discriminación cuando, en el fondo, lo que persigue es proteger a los funcionarios y gobernantes de la crítica ciudadana y de la tarea periodística. Chamorro interpreta a la perfección lo que buscó el ex presidente con esta propuesta de ley.

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Los impresentables van a odiar a Moreno

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Impresentables nacionales como Fernando Alvarado, Carlos Ochoa, Patricio Barriga, impresentables internacionales como Patricio Mery Bell (mercenario virtual importado para insultar y hostigar a los críticos del correísmo), ejércitos de troles aupados y felicitados por Rafael Correa y Jorge Glas… Todos se van a quedar sin trabajo si Lenín Moreno cumple con lo que prometió en su discurso de posesión. Chamorro describe el drama de estos pobres seres humanos acostumbrados a odiar y pagados para perseguir.
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La última creación de Rafael

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Miguel Ángel no lo hubiera imaginado mejor: el creador, que ya no está rodeado de querubines sino de guardaespaldas (porque el mundo que engendró es tenebroso), da vida a Lenín. Rafael, desde los cielos, inaccesible e imperecedero, espera que Moreno encuentre espacio (y tiempo) en su nueva tarea. Sus dedos están separados y esto no es una casualidad que se le ocurrió a Chamorro: lo eterno nada tiene que ver con lo efímero y pasajero…

Un parto que duró diez años

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Diez años sin traer nada. Y al fin llega… Chamorro anuncia el momento de este advenimiento que nadie sabe si es hermano siamés, mellizo, gemelo… del que se va.

 

No se pierdan el concierto de Les Puthiers

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El concierto que todos esperaban: Según Chamorro, bien informado en estas cosas, lo trae AP-shows para una fecha histórica y para una presentación igualmente única. Con un artista que tiene el poder especial de una rareza cuántica impresionante (como diría el Licenciado-Presidente) de la bilocación multiplicada. Aparten sus entradas. Todavía queda tiempo…

Captura de pantalla 2017-05-18 a las 5.14.02 p.m.

¿Pero por qué tendría miedo si ha sido un bacán?

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Cuerpo de seguridad especial para él: Rafael Correa lo decretó y, además, lo hizo incluir en una ley. Lo que todos se preguntan es por qué tiene miedo si ha sido un tipo tan chévere, tan llevadero, tan sereno, tan cordial, tan generoso, tan caballeroso, tan magnánimo, tan afable, tan amistoso, tan cálido, tan afectuoso, tan obsequioso, tan calmado, tan amistoso, tan desprendido, tan misericordioso, tan tierno, tan indulgente, tan noble, tan altruista, tan amable, tan justo, tan humanitario, tan apacible, tan bonachón, tan pacífico… El diccionario queda corto para describir las bondades de Rafael.

Solo los sufridores, estilo Chamorro y los 4Pelagatos, imaginan que escenas como esta se darán a partir del 24 de Mayo…  Sigue leyendo

Lenín… te dejo la mesa servida

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El dilema mayor de Lenín Moreno, que se posesiona el 24 de Mayo, es definir si transparenta la verdad de las cifras trucadas de Rafael Correa o si las asume. Chamorro ilustra ese drama que es, para el empleo y el bolsillo de los ciudadanos, el punto esencial de esta transición hecha entre militantes del mismo partido.
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¿El leninismo es una operación maquillaje?

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Lenín Moreno ha prometido hacer cambios. Lo que dijo en Bogotá, en Radio Blu, genera, sin embargo, un enorme interrogante: ¿cómo hará los cambios si no se hace cargo, en los hechos, de los daños que causó el correísmo en estos diez años?

En democracia, un relevo presidencial significa muchas cosas: cambio de rumbo, nuevas agendas, rectificaciones y, sobre todo, nuevos rostros. Nuevas mentalidades. Eso supone un equipo que, en la sombra, ha trabajado, evaluado al gobierno de turno, reflexionado sobre sus aciertos y deliberado sobre sus errores y las formas de enmendarlos.

Aquí ocurre que esos equipos no existen en el correísmo. Lenín Moreno llega al poder sin decir realmente lo que hará. Y llegó al poder con la gente que se formó en la misma placenta. Es obvio reconocer que en Alianza País se acabaron las tendencias en Montecristi y con el apoyo de Alberto Acosta. No hubo, y no hay, sino un pensamiento y no hay proyectos alternos, estructurados y conocidos por el país. En esas condiciones, todos aquellos que están en Alianza País se inscriben en el mismo discurso, aunque digan que no han seguido puntualmente las políticas que la opinión más critica. Realidad o coartada, algunos amigos de Moreno abren desmesuradamente los ojos cuando se les refiere el conjunto de abusos y las consecuencias causadas por este gobierno. Pero tampoco están convencidos de que Correa se haya equivocado y eso se nota en esas respuestas que brotan automáticamente, como si hubieran sido aprendidas en las sabatinas. Si se distancian de Correa, lo hacen para hablar de su estilo… que nunca equiparan con el modelo construido. Lo atribuyen a Correa. A su pasión por perseguir, castigar y controlar.

En esas circunstancias, ¿qué puede significar “hacer cambios”? Si se toma el tema de la libertad de expresión, que Moreno evocó en Bogotá, se puede pensar que esto no es operación ternura sino operación maquillaje. Moreno dice que en Ecuador hay libertad de expresión. Da pruebas: que las radios dicen, los diarios escriben, los editoriales critican. No habla, claro, de esos contenidos editoriales, muchos impregnados de autocensura. Ni del riesgo que corren muchos de esos medios al decir lo que en otros países es simple cotidianidad. No dice que hay periodistas que han tenido que inventarse portales porque, en los hechos, no pueden trabajar en los medios tradicionales. No dice que hay secretarías inquisitoriales que se han dedicado a perseguir y a empapelar a los medios independientes.

Lenín Moreno finge ignorar todo esto. Y todo esto lo resumió en Bogotá en una frase digna de colección: “Lo que ha existido –dijo– es una confrontación; una pelea de vanidades”. Dicho de otra manera, no ha habido persecución a los medios, cacería sórdida a críticos, medios quebrados o que apenas sobreviven, venta de El Comercio a un Fantasma… Solo una guerra de vanidades entre Correa y algunos periodistas.

Lo peor es oír a Moreno decir que “vamos a comprobar si le ley es efectiva, si no es así haremos cambios”. Lo cual significa que él ignora que esa ley, votada por su partido, incumple acuerdos internacionales firmados por Ecuador y que Catalina Botero y Edison Lanza señalaron desde la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la OEA. Él ignora que esa ley desconoce libertades de la misma Constitución y ha sido aplicada durante casi cuatro años, destruyendo en buena medida al periodismo ecuatoriano. Y aún así, Moreno piensa comprobar si esa ley es efectiva… ¿Pretende hacer creer que la Ley es buena y nada tiene que ver con los impresentable Carlos Ochoa, Fernando Alvarado y Patricio Barriga?

Moreno dice que quiere cambios. Pero, ¿a qué se refiere si defiende los desafueros y las arbitrariedades? ¿Qué quiere cambiar si defiende la arquitectura institucional (la Ley y su contenido) y la practica correísta? ¿El cambio que propone es prescindir del repugnante Ochoa? Si esos son los cambios, Moreno no está hablando de volver, como dicen sus amigos cercanos, a la democracia. Y los cambios a los cuales alude parecen depender de su aire bonachón y no de los deberes que le incumben y que Correa desconoció. En ese caso, el discurso oficial podría ya estar hecho: el problema del país no radica en los modelo político y económico derivados de una Constitución que parió un monstruo. El problema es el monstruo. Y con él en Bélgica (si se va y si se queda), el país cambiará. Claro, eso dependerá de los humores y del aire bonachón de Lenín Moreno. Todo cambia; nada cambia.

Foto: Facebook de Lenín Moreno 

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