Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Tenfield manda en el fútbol ecuatoriano

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El 22 de junio será un día para recordar. La empresa uruguaya Tenfield, mediante su brazo mediático Gol TV, firma un convenio con la Federación Ecuatoriana de Fútbol y pasa a disponer de lo más redituable que tiene este deporte en el país: los derechos de televisión, luego de firmar un convenio válido por 10 años.

Tenfield logró convencer a la FEF con una oferta mínima de USD 22 millones por temporada, un incremento del 5% cada año y otros beneficios provenientes de la evolución que tenga el negocio. Tales condiciones económicas superaron a las ofrecidas por la francesa Lagardère (empresa de amplio manejo del mercadeo deportivo en Europa), el consorcio Directv/Winsports y la ecuatoriana Servisky.

De esta forma, Tenfield se expande en América con un modus operandi agresivo. Dentro del continente es el contrapeso de la argentina TyC, empresa salpicada por el Fifagate. Fundada por el uruguayo Paco Casal (quien de oscuro jugador de fútbol pasó a ser uno de los magnates del negocio del balón), Tenfield se afinca en el Ecuador después de haberlo hecho en el país natal de su creador, Venezuela y Perú.

Más allá de ser un mero canal que emite partidos de fútbol y vendedor de espacios de publicidad, la estrategia de Tenfield tiene otra dimensión, pues busca convertirse en un actor importante en el país donde se afinca. En su carta de presentación como oferente de los derechos de TV  dice que su objetivo es facilitar “… un espacio para que el fútbol del Ecuador se lance y se proyecte más allá de sus orígenes y fronteras, y que nos deje con la satisfacción de haber cosechado sus frutos  en beneficio de todos de la mano de los socios adecuados”.

Tras todo este dechado de buenas intenciones, existe un fondo que los detractores de Tenfield no se cansan de mostrar. Frecuentemente, la empresa es acusada de ejercer una influencia excesiva, más allá de su condición de socio estratégico. En Uruguay, por ejemplo, ejerció como un estado superior de consulta para medidas decisivas como la nominación del técnico de la Selección, además está sindicada de ser una suerte de ‘monte de piedad’ para los clubes, que angustiados por la falta de recursos empeñaban ahí sus derechos de televisión y mercadeo.

La última gran polémica de esta empresa fue fuerte. El contrato que mantienen con la Asociación Uruguaya de Fútbol permite el uso de la imagen de los jugadores sin que esto signifique ninguna retribución para los actores del espectáculo. Los reclamos fueron subiendo de tono, al punto que los internacionales uruguayos que militan en la Selección iniciaron un boicot contra Tenfield, a la que acusan de “explotación ilegítima”. Este conflicto no se ha resuelto formalmente.

Y si de conflictos hablamos, no es que Tenfield llegará al país a recorrer un camino expedito. Todo lo contrario. Una vez que la FEF notificó la firma del acuerdo, Directv (actual detentora de los derechos y que transmite el fútbol a los abonados de su servicio) amenazó con llevar el tema a la Superintendencia de Control de Mercado. Alude que no existió “proceso de licitación”, concepto ajeno al fútbol ecuatoriano, pues durante el mandato del  caído en desgracia Luis Chiriboga se expropió a los canales privados los derechos de TV sin mayor interés en buscar aliados basándose en sus méritos y ponencias.

El 18 de mayo pasado, en la unidad judicial civil del Guayas, se radicó una denuncia por incumplimiento de contrato en contra de la Federación Ecuatoriana de Fútbol; demanda interpuesta en partes iguales por CNT, TvCable y la ya citada Directv. El 21 de junio pasado, el juez Carlos Andrade López abocó conocimiento y la causa fue admitida. Se abre así un nuevo escenario: la FEF enfrentada con sus todavía -hasta diciembre- socios y quienes, de una u otra forma, le ayudaron a soportar una situación generada por la incompetencia de la TV estatizada.

Lejano está ese día del 2013, cuando con todo el poder económico generado por los precios del petróleo, los medios televisivos administrados por el Estado firmaron un contrato para producir el fútbol y mostrarlo por señal abierta. Por entonces, el desenlace al que hoy asistimos era previsible. El vínculo, con vigencia de cinco años, era insostenible si no se socorría a la señal de pague por ver. Y así terminó sucediendo. Hoy, el modelo sigue siendo vigente exclusivamente bajo la mencionada modalidad, con lo que quien no puede pagar no podrá ver los partidos de una competencia local cada vez menos interesante. Un fracaso más del Estado empresario.

Esteban Ávila es periodista

Periodismo al asecho

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El 15 de junio se cumplió un mes del asesinato de Javier Valdez, el periodista de Sinaloa que cubrió la realidad violenta de su estado, desde hace veinte años. En el 2003, Valdez junto con tres compañeros periodistas fundaron Riodoce, un semanario independiente. Para ser fieles a su línea editorial, no aceptaron publicidad de partidos políticos y tampoco de empresas que tuvieran interés de controlar el medio. El semanario se convirtió en un referente fundamental para comprender la complejidad del tráfico de drogas en Sinaloa y en México en general. Los fundadores de Riodoce ganaron el Maria Moors Cabot de periodismo independiente (Universidad de Columbia), una de las distinciones más importantes para el gremio, y Valdez ganó el premio de Comité de Protección de Periodistas (CPJ). El era además corresponsal de La Jornada y de una agencia de noticias en Francia. Ninguno de estos reconocimientos le sirvió de mucho el 15 de mayo, cuando a plena luz del día, unos hombres lo sacaron de su Toyota Corolla cuando salía de Riodoce, lo bajaron del auto y en media calle, le pegaron 12 tiros a quemarropa.

A Valdez su país lo convirtió en periodista del horror, trabajo que hizo con ahínco, por las víctimas. Además de ser reportero, publicó siete libros de crónicas que dan cuenta de la enorme tragedia humana que ha significado la guerra contra el tráfico de drogas en su país, sobre todo en su Sinaloa natal. Inmediatamente después de su muerte se habló de una disputa de territorio entre los hijos del Chapo y su antiguo terrateniente; se dijo que Valdez se metió donde no debía, ¡hasta del intento de robarle el auto!. Nadie habló de las autoridades locales.

El 15 de junio, al mes de su muerte, periodistas de todo el país se juntaron en el DF para pensar qué ha pasado con el gremio y cuáles deben ser las estrategias para protegerse de la violencia que atenta contra la libertad de expresión en su país. Después de una profunda reflexión, los periodistas se dirigieron al parque frente al Palacio de Bellas Artes, extendieron una enorme bandera negra e hicieron sus reclamos. Solo en el 2017, siete periodistas han sido asesinados. 120 periodistas muertos desde el año 2000, y 98 por ciento de los crímenes siguen impunes. Esto no incluye desapariciones forzadas, amenazas, acosos físicos y psicológicos, ni actos de violencia en los medios donde trabajan. La respuesta de solidaridad para los periodistas mexicanos vino del mundo entero.

Ante esta la presión, el presidente Enrique Peña Nieto hizo declaraciones públicas de su compromiso con el gremio y aseguró que su gobierno iba a investigar las causas de la muerte de Valdez. Convocó a su gabinete y se juntó con reporteros dando la primera muestra de interés por el fenómeno.

Días más tarde, el cinismo del gobierno mexicano quedó otra vez al desnudo cuando el New York Times publicó una nota en la que se cuenta que el gobierno usa los programas de espionaje de los servicios de inteligencia –no para perseguir a los narcos ni a los enemigos del estado– sino para perseguir y amedrentar a periodistas, activistas de derechos humanos y agencias anti-corrupción.

En México, como en muchos países del mundo, la retórica en contra de los periodistas empezó con acusaciones de su falta de ética y de poca honestidad en el momento de causar daños morales a quienes ostentan el poder. Los daños morales usualmente son, la información sobre peculados, corrupción, lo que algunos llaman “arreglos entre privados,” y el abuso de poder. Poco a poco se dio inicio a una cultura de duda sobre la labor de los periodistas y de permisividad en el uso de la violencia contra ellos.

En su intervención el 15 de junio, Jacinto Rodríguez dijo que defender a los periodistas no quiere decir que su vida sea más importante que la de cualquier otro ciudadano, sino que atentar contra un periodista, es atentar contra la libertad de toda la sociedad.

Parece torpe, por una característica casi tautológica, publicar en esta plataforma una reflexión sobre la importancia de defender a los periodistas, cuando el acusado por el ex presidente, es uno de sus fundadores. Pero la condición perversa de la acusación días después de haber convocado en su cuenta de Facebook a sus ‘guerreros digitales’ (extraña palabra bélica), para espiar y difundir información personal de sus adversarios, no debe dejarnos indiferentes. La afronta contra un periodista es la afronta contra la libertad de todos nosotros.

Gabriela Polit Dueñas es académica de la Universidad de Texas

Qué hacer con Glas: el rompecabezas de Moreno

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Jorge Glas ya no sabe dónde pararse. Mira hacia Rafael Correa, quien lo apoya con todo pero ya no manejo los hilos esenciales del poder. Mira hacia Lenín Moreno y, desde Carondelet, recibe señales intermitentes y de baja intensidad. Allí le han retirado seis atribuciones y solo le dieron dos, casi simbólicas. Una de ellas como encargado del Consejo Productivo y Tributario.

Glas es un hombre sin piso. Un político condenado, al parecer, a apelar a las bases duras del correísmo y hacer discursos patrioteros para animar las barras. Ahora colecciona troles e impresentables del correísmo en la Vicepresidencia, que paga como asesores. Y que lo mantienen congelado en el tiempo. Hay que verlo con qué entusiasmo teatral rumia estereotipos y lugares comunes de los mamertos de antaño. Ayer, en la Asamblea, por ejemplo, habló, a propósito del fantasma de la corrupción que lo persigue, de la CIA, del imperio, dijo ser socialista y habló de un golpe de Estado blando. Sí, un golpe en el cual vendrán por él, por Moreno, por Correa. Eso dijo.

La verdad es que Glas se quedó del tren que echó a andar Lenín Moreno. Quizá él pudiera, como Paola Pabón, subirse en algún vagón aunque fuera retóricamente. No lo ha hecho. No tiene tiempo. Está dedicado a decir, en radios y canales, en mítines y en la Asamblea Nacional, que él es honesto. Está en la inopia política. En ese punto en el que el político tiene que decir que es honesto porque es consciente de que una mayoría piensa lo contrario.

Glas está preso en sí mismo. Armando carpetas de lo que hizo y dejó de hacer. Hurgando en su hoja de vida. Tejiendo coartadas semióticas sobre parientes y familiares. Su tío, Ricardo Rivera, investigado por haber supuestamente recibido $13 millones en coimas, pues sí, es su tío. Pero casi no lo ve. ¿Tiene otro pariente influyente en el gobierno? Quizá. ¿Cómo saber? Todo es posible.

Glas diseña el golpe blando en su cabeza porque, en la realidad, aquellos que él señala como golpistas, se reúnen y departen amablemente con Moreno. El golpe blando es sinónimo de su soledad. Nadie vendrá por Moreno que, si hace lo que dice, mas bien ampliará el número de aliados. Pero Glas siente que están yendo por él. Siente tras de sí pasos de animal grande. Sabe que no está en los casetes que tiene el Fiscal. O mejor: que aquel en el cual pudiera estar, está en un estado técnico deplorable. El azar hace a veces bien las cosas. Eso, al parecer, le da la fortalece teatral que exhibe. Pero también sabe que, de no ser tan santo como dice, todo esto es un problema de tiempo.

Pero, claro, Glas no es cándido. Sabe que hay cosas que puede decir en una tarima, que no puede recitar en un gabinete. Lo de su tío es, por ejemplo, lo más parecido a la adivinanza que dice: “blanco es, la gallina lo pone y frito se come”, qué es? He ahí a un señor que resulta ser su tío que habría recibido $13 millones de dólares por ser pariente de un alto funcionario de este gobierno. Se entiende que no es por ser solamente pariente. Es porque ese pariente facilitaba contratos y favorecía a la empresa que entregó tantos billetes al señor que resulta ser su tío. Cualquiera imagina a Moreno tragándose la aldaba que, sin salsa, sirve Jorge Glas a sus oyentes en radios y mítines. En el gobierno, aldabas de ese porte, al parecer, ya no tragan. Por lo menos en forma unánime.

Otro ejemplo: dice que sacó a patadas a Marcelo Odebrecht de su oficina. Lo dice poniendo todos los énfasis en las palabras y en los gestos. Lo sacó, dijo en las radios, porque hizo una propuesta indecorosa. Todo el mundo pensó que el perverso Odebrecht también quiso corromper al impoluto Glas y que este, recatado y discreto, ni siquiera avisó a las autoridades como era su deber. Pues no era eso. Ocurrió que ese señor, que resultó ser uno de los mayores corruptores del planeta, quiso afectar la soberanía nacional… Aplausos de las barras. Y Glas no para. Pero, ¿cómo explica en un gabinete sin troles ni barras pagadas que, con ese señor que sacó a patadas, su gobierno siguió firmando contratos en los sectores de los cuales él se encargaba?

Lo único cierto es que, por ética, por estética, por cálculo o por convicción, hay un serio distanciamiento entre Glas y Moreno. Eso explica la desesperación del vicepresidente hábilmente camuflada en discursos incendiarios, referencias revolucionarias y este intento falaz de hacer creer que si van por él, irán por Moreno. No, Glas sabe que la opinión pública está yendo por él. Y sabe que aunque su piso político aún resiste (Correa lo protege), y el amparo judicial es aún real (el expediente abierto contra su tío dejó de ser público), la sombra de Moreno ya no lo cobija.

Moreno sabe que Glas es la mayor bomba de tiempo de su gobierno y la pieza que mayor desgaste le causa en este momento. Y como no sabe muy bien qué hacer con tamaño lastre, ha optado por mantenerlo a prudente distancia seguro de que, en cualquier momento, todo esto explotará.

Foto: Vicepresidencia de la República

Si Jorge Glas no existiera habría que inventarlo

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La gira promocional de Jorge Glas por la Asamblea fue un acto de pirotecnia política que no aportó en absolutamente nada a lo que, en los papeles, tenía que ser su cometido: esclarecer las responsabilidad que el Vicepresidente tuvo en los actos de corrupción vinculados a la constructora brasileña Odebrecht.

Si alguna funcionalidad tuvo la presencia de Glas en la Asamblea, en cambio, fue para que ahí, frente a unas barras militantes y eufóricas, el personaje de marras lanzara un relato alucinado según el cual los ecuatorianos, en lugar de criticarlo, deberían agradecerle profundamente por haber llegado a sus vidas. Si se hace sumas y restas luego de las cuatro horas que duró la gira promocional, la conclusión es que el Ecuador casi no existiría si no fuera porque él llegó para salvarlo. Sin él, el Ecuador sería un país sumido en el atraso medieval, que sobrevive en las tinieblas más profundas y vive en medio de una ignorancia cavernaria.

La visita de Glas, disfrazada bajo el eufemismo parlamentario de Comisión General, tuvo dos partes. Una, muy extensa, cansina y terriblemente cínica, en la que el Vicepresidente habló sobre su responsabilidad política. O más bien sobre lo que él dice que es responsabilidad política.  Y otra en la que invirtió muy poco tiempo para despachar con displicencia y en tono de trámite burocrático las preguntas que le hicieron los asambleístas.

En el primer segmento de su intervención, que duró prácticamente tres horas, Glas habló de todo lo que él, se supone, aportó para el desarrollo del país. Esa ha sido, según Glas, su responsabilidad política y no la que sus opositores quieren asociar con los trabajos de Odebrecht en el país hechos bajo su administración. Su versión fue ésta: si alguna vez fue Ministro de Telecomunicaciones, su responsabilidad política fue la de generar más interconexión eléctrica; si fue encargado de las áreas estratégicas, su responsabilidad política era procurar que se genere más energía eléctrica, y, que se explote más petróleo.  Y claro, su responsabilidad política, vista bajo esa lógica es impecable e irreprochable.

Hubo momentos en los que Glas  se refería a un país que no existiría si no hubiera sido por él, por su sacrificio, su patriotismo, su honradez y su incansable trabajo. Él trajo la energía eléctrica, que antes de que se hiciera cargo de su generación, simplemente no existía en el Ecuador.  Ni qué decir de las carreteras: solo con su llegada los ecuatorianos descubrieron qué es el asfalto y si en la Costa en cada invierno moría gente ahogada por las inundaciones, hoy se mantienen con vida gracias a las obras que él concibió. Si no fuera por su visión y trabajo, el teléfono sería un objeto de lujo al que únicamente los gamonales que chupaban del Estado partidocrático podían acceder y el internet sería una intelequia si no fuera porque él lideró la modernización del Ecuador. “No había nada, ni carreteras, ni maestros, ni hidroeléctricas, no había nada”, dijo exaltado.

Si Glas no existiera, los ecuatorianos deberían inventarlo para salvar al país de la barbarie. Eso es lo que podría haber concluido un extraterrestre si hubiera estado presente en la Asamblea. Además, claro, porque a ese dechado de virtudes del personaje se suman otros: Glas es un hombre de excelentes sentimientos, el mejor papá, el mejor esposo y, claro, el mejor hijo. “Mi mamá me rogó de rodillas que no sea candidato, pero más pudo el pedido de Lenín, más pudo el pedido del pueblo. Ella me dijo: hijo no te preocupes, todo el mundo le tira piedras al árbol que da frutos pero el árbol sigue de pie”, contó.  “No voy a permitir que nadie achique el tamaño de mis sueños, porque son los sueños de un pueblo”.

¿Y la corrupción? La corrupción es, según el relato alucinado de Glas, algo que existía antes de la llegada de su gobierno. Los poquísimos casos que han saltado, desde entonces, fueron denunciados, obviamente, por él.  ¿Caminosca? Yo la denuncié. ¿Sobreprecios en la Refinería de Esmeraldas? Yo los denuncié. ¿Acueducto en la Refinería del Pacífico? Si yo no lo hubiera denunciado, nadie sabría de qué se trata. Si hubo una asambleísta que alguna vez pidió coimas en su nombre, él se encargó de denunciarla y si un ex asesor suyo decía que cobraba coimas en su nombre, en el proceso de concesión de frecuencias, él lo entregó a la justicia. 

Glas se presentó como una suerte de súper héroe al que todos los ecuatorianos le deben un enorme agradecimiento y que ha sacrificado todo por ellos. ¿Y los que lo critican y lo señalan por corrupto? Esos son desestabilizadores de la oposición pagados por la CIA y el imperio que ahora están dedicados a dar un golpe de Estado blando. La idea, tras estas denunciases -y lo dijo textualmente- “tumbar a Glas y luego a Lenín y más tarde a Rafael”. “Mientras estaban difamando -dijo- yo estaba luchando contra la corrupción”. Pero él no va a permitir que se desestabilice a la revolución ciudadana. No. Si Dilma Rousseff cayó fue porque ahí, en Brasil, le endilgaron injustamente responsabilidades políticas que no tenía, como presidir Petrobras. Acá los perversos opositores le quieren endilgar a él por haber sido encargado, por el presidente Rafael Correa mediante un decreto ejecutivo, de todas las áreas estratégicas donde, oh coincidencia, han saltado casi todos los grandes casos de corrupción. La oposición es malvada, por supuesto.

Luego vinieron las preguntas de los diputados que, al decir de María José Carrión, presidenta de la Comisión de Fiscalización, fueron una concesión porque en una Comisión General no se estila hacer preguntas. Graciosa concesión con la que se pretendía vender la idea de que la Asamblea estaba cumpliendo su obligación de pedir cuentas a un alto funcionario. Contestar las preguntas fue un trámite que le tomó muy poco tiempo, seguramente porque en la metodología adoptada para el espectáculo la idea era otra: que Glas hiciera su espectáculo político, al estilo de una gran sabatina. ¿Para qué más? Por eso, si la primera parte de la visita de Glas a la Asamblea tomó algo más de tres horas, sus respuestas duraron, con suerte, 20 a 30 minutos.

Glas, el súper héroe que ha sacado de la oscuridad al país, cerró su presentación contestando al apuro las preguntas.  A duras penas conoce a su tío Ramiro Rivera, apresado por haber recibido 13 millones de Odebrecht. Si sacó “a patadas” a Marcello Odebrecht de su oficina no fue porque le ofreció dinero sino porque  el brasileño quería afectar la soberanía del país. No tengo testaferros dijo y, casi al final, insistió por enésima vez en que, si no fuera por él, en el Ecuador prácticamente no habría nada. Si no existiera ese súper héroe llamado Glas, el país tendría que inventarlo.

En las afueras de la Asamblea se instaló una tarima para que Glas saludara a sus partidarios. Fue todo un acto político.

Rafael Correa demanda al pelagato Pallares

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Rafael Vicente Correa demandó al pelagato Martín Pallares ante un juez de la República. El ex presidente lo acusa por haber proferido, supuestamente, “expresiones en descredito deshonra” en contra suya. Esta contravención está sancionada, según el artículo 396, numeral 1, del Código Penal, con “pena privativa de libertad de quince a treinta días”. Pero, claro, Correa también reclama, ante el juez, “indemnizaciones civiles en el monto que usted considere pertinente”.

¿Por qué Correa quiere al pelagato Pallares preso y meterle la mano al bolsillo? Por un artículo suyo, publicado el 25 de abril de 2017, en 4Pelagatos. Es decir, cuando Correa era Presidente; realidad que no aparece por parte alguna en su demanda.

Si a Correa lo sorprenden robando podría decir que estaba cuidando

El artículo se publicó luego de la rueda de prensa de Correa en Guayaquil en la cual defendió a su ex ministro Alecksey Mosquera con los argumentos peregrinos que, desde entonces, han sido ampliamente difundidos. Correa dijo que Mosquera no era funcionario cuando recibió un millón de dólares y que lo único irregular, a sus ojos, pudo haber sido que no lo declaró. Convirtió así un presunta coima en defraudación tributaria y, de pronto, en lavado de activos. Correa quiso desparecer este caso de la escena pública arguyendo que ese dinero lo recibió Mosquera luego de ser ministro y mucho después de que se firmó el contrato Toachi-Pilatón.

El pelagato Pallares hizo, basándose en esa lógica exhibida por Correa, escenarios ficticios destinados a mostrar la insensatez del raciocinio presidencial. A lo largo de la nota, Pallares persigue el mismo objetivo: mostrar cómo las tesis de Correa pueden conducir a conclusiones absolutamente disparatadas. “Con argumentos así –escribe– es perfectamente posible y legítimamente verosímil imaginarse a Correa con las manos llenas de joyas asegurando, con tranquilidad pasmosa, que las sacó de la casa del vecino para verificar quién es el dueño”.

Pues bien: ese texto, que prueba la barbaridad a la que recurrió Correa para sacar del aprieto a uno de sus exministros, es usado hoy por él como prueba de un delito. En su demanda dice que Pallares “se refiere a mi persona con expresiones que afectan mi honor acusándome de actos que riñen con la ley y la moral, y al hacerlo además utilizando un medio de comunicación de amplia difusión evidencia la intención dolosa de causarme daño”.

4Pelagatos agradece al expresidente por reconocer, al fin, que es un medio “de amplia difusión”. Pero le pide tomar un curso de interpretación de textos. Pallares no lo acusa de nada. Lo vuelve actor de su propia lógica que, en este caso, no solo riñe con el cartesianismo más prosaico sino que es profundamente absurda. Por eso, se lee en ese texto que “es perfectamente posible imaginar”, que “Correa podría decir”, que “también hay cómo imaginarlo diciendo”, que “si a Correa lo sorprenden robando podría decir que estaba cuidando”. Son expresiones que refieren a situaciones hipotéticas y las hipótesis no son aseveraciones. Peor acusaciones. Son suposiciones que por ser inverosímiles, adrede en este caso, buscaban, precisamente, mostrar el razonamiento insensato de Correa. La conclusión del artículo no deja duda sobre este propósito. Dice: “Alecksey Mosquera puede estar tranquilo. Si fue sorprendido recibiendo un millón de dólares de Odebrecht podría llegar a decir, tranquilamente, que le prestó su cuenta bancaria a los brasileños porque éstos habían olvidado el número de la suya”.

Martín Pallares no acusa de nada a Correa. Solo hace notar cómo de presidente, en ese momento, creía tontos a sus conciudadanos y pensaba que con argumentos tan falaces podía proteger a un ex funcionario que tiene que explicar cómo su cuenta bancaria creció, de la noche a la mañana, en un millón de dólares. Aquí cabe enderezar las cosas: es Correa quien afectó con explicaciones tan cínicas la democracia del país. No Pallares quien atentó contra su honor.

Correa debiera estudiar, ahora que tiene tiempo, interpretación de textos. En vez de querer forzar su sentido para perseguir a sus críticos. Lo cierto es que Martín Pallares, un pelagato íntegro, tiene ahora un juicio que puede llevarlo a la cárcel y obligarlo a engrosar la cuenta bancaria del expresidente.

4Pelagatos encarará esta demanda desde el significado que tiene: otro atentado de Correa contra la libertad de expresión. Una nueva muestra de su deseo de amedentrar y castigar, ahora desde la viudez del poder, voces y plumas que no claudicaron durante su gobierno autoritario. Este juicio se llevará a cabo en el gobierno de Lenín Moreno y servirá para mostrar si los jueces ahora actúan apegados a la ley. O si aún reciben órdenes de un expresidente que, además de autoritario e intolerante, ve fantasmas donde no los hay.

Con ustedes, los Miami Boys

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Alianza País abrió, al parecer, una sucursal política en Miami para funcionarios que por culpa de un matrimonio o un malestar pasajero decidieron viajar allí. Pero como se encontraron tan a gusto en esa ciudad, decidieron no volver. Ahora han hecho un club que Chamorro, siempre bien informado, llama “The Miami Boys”. Es un club sofisticado con especialidades: “Miami limpio”, “Miami lúcido”, “Miami ardiente”…

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El monumento a Rodrigo Paz

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Al reflexionar sobre el valor de personajes como Rodrigo Paz, es inevitable compararlo con aquellos que enturbiaron el pasado y enturbian el presente. Y sirve el video de los hombres de la familia de Abdalá Bucaram que simulaban en un avión privado la tramoya del retorno: en él muestran su procacidad intelectual, más allá de las formas y del lenguaje ordinario. Luego de veinte años, con el retorno del expresidente beneficiado por la impunidad de la prescripción de los procesos judiciales, nos cae una tunda del pasado sobre el presente caracterizado por un populismo igualmente corrupto y avasallador. El episodio confirma que Correa es un atavismo. Él es la expresión de la política tarimera, patrimonialista, antidemocrática y ríspida con la institucionalidad.

Cuando se amontonan los episodios de ese populismo tóxico, se vuelve más relevante recordar, promover, exaltar, hacer apología de la política decente y de sus resultados virtuosos. De esa historia honrosa que se expresa en personajes que han transitado con integridad una vida privada y una vida pública ejemplares.
Han puesto una estatua de Rodrigo Paz y han bautizado con su nombre al Estadio de la LDU. Es un homenaje como dicen merecido, pero reducido. Muchos de los fanáticos del futbol ven a Rodrigo como dirigente deportivo. Yo lo veo como ciudadano. Y así, en esa dimensión, como político. Como Alcalde memorable. Como ministro y funcionario público a quien nunca se le pegaron poses y peor, platas ajenas.

Sixto Durán Ballén, otro de esos personajes íntegros, fue el primer modernizador de la vialidad en Quito. Rodrigo Paz amplió la obra en calles, puentes y plazas. Diseñó el sistema de transporte llamado “trolebus”; gran solución de movilidad masiva que no ha sido superada. Su obra transformó la infraestructura, cubrió casi en todo la demanda de servicios públicos. Pero mayor fue su esfuerzo y sus resultados en la promoción de valores esenciales de ciudadanía. Del sentido de respeto, armonía, consideración por el otro. Transfirió a la gestión pública su talante humano. Descomplicado, informal, accesible. Su modelo de gestión, fuertemente influido por su cultura empresarial, cambió los procesos burocráticos para hacer eficiente el rol municipal y alivianar el peso de trámites, autorizaciones y formularios en la vida de los particulares.

Fue candidato a la Presidencia. A pesar de ese empaque de hombre cercano a la masas, le surgió un oponente en la que era, entonces, la misma vereda: Elhers, el ocioso abraza árboles de la época del bacán con PhD, boicoteó el chance electoral de Paz. Así se dio paso al triunfo del populismo arrabalero, del bacán que ahora retorna. Y de allí la historia en bajada que nos llevó a diez años de Correa, insufrible tuitero, heredero legítimo del bucaramismo.

Paz hombre de deporte -no de hacerlo sino de gerenciarlo- librecambista, banquero, chulla de frontera, de heterodoxo vestir, es un personaje íntegro, honrado, de sencillas formas. A veces algo práctico antes que ideólogo, es un modelo para emular.

La cultura, es decir valores y conductas, se construye por emulación. Una conducta es apreciada y es reproducida. En estos diez años de correísmo se han mostrado malos ejemplos y se han copiado. Diez años de personajes políticos mentalmente corruptos. Cínicos, avasalladores, mentirosos. Los jóvenes que durante estos años han pasado de la niñez a la edad electoral han crecido con las referencias éticas enturbiadas. Tan poderosa es la fuerza de estas conductas que los actores del pasado, los honrados, han callado su honroso aporte a la historia para no ser enlodados por la piara gobernante.

Este monumento a Paz es un paso para salir del tiempo turbio y recuperar personajes que reflejen los valores esenciales del comportamiento de los ciudadanos para la convivencia, el respeto, la tolerancia, la democracia, la ética, la honradez y el funcionamiento institucional.

Diego Ordóñez es abogado y político 

El trol José Serrano salió de cacería

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Qué papel tan miserable cumplió hoy José Serrano, presidente de la Asamblea, en Radio Centro. Ayer Rafael Correa lanzó una campaña de odio en las redes sociales. Llamó a sus “guerreros digitales” –eufemismo bajo el cual se guarecen sus troles– a investigar a sus críticos y poner sus datos personales en las redes sociales. En ese marco, hizo una serie de tuits sobre Carmen Andrade quien, en Radio Centro, tiene un programa matinal de entrevistas en compañía de Andrés López. Un programa crítico, jamás grosero. Decir, como dice Correa, que ella lo “insulta todos los días con un odio atroz” es más pensar con el deseo que dar cuenta de la realidad.

Hoy, en esa radio, fue invitado José Serrano a hablar de lo hace la Asamblea ante los casos de corrupción. Serrano estaba apurado, pues debía dar curso a su agenda en la Presidencia de la Asamblea. No obstante, al minuto 23, de una entrevista que duró 33′, cumplió la orden de Correa: exhibió un documento en el cual consta que Carmen Andrade trabaja en la Asamblea como asesora desde 2010, dijo Serrano. “Desde 2009” le corrigió ella, con toda naturalidad: sus oyentes lo saben.

Pero Serrano no fue a dar una noticia. Fue a destruir, como un despreciable trol, como vil soldado de la guerra imaginaria de Correa, a una enemiga de su patrón. Porque Correa, en ese mundo peligroso y sórdido en que vive, no concibe que pueda haber críticos sino enemigos que ahora sus soldados virtuales, por pedido suyo, deben liquidar en las redes sociales. Serrano llegó a esa radio capitalina a cumplir un encargo. Llegó a hacer méritos como cualquier mercenario virtual de esos pagados con el presupuesto del Estado. Lo grave es que Serrano es el Presidente de la Asamblea, el hombre que tiene aspiraciones presidenciales. El representante de la función política del Estado que debe celebrar las diferencias y que debe velar por ellas.

Los oyentes de Carmen Andrade saben que ella es asesora de estrategia política. No es ortodoxo esto en periodismo, pero eso no fue lo que Serrano fue a decir a Radio Centro. Fue a cumplir una consigna lanzada por Correa para envenenar más la esfera pública. Fue para incluir a Andrade entre los corruptos. Fue a descalificarla para que no pueda preguntar por la corrupción de sus amigos de Alianza País ni por el silencio suyo, pues ayer hizo una confesión pública: dijo que él supo que el contrato de Carrizal Chone, cuando fue ministro de Finanzas de Alfredo Palacio, iba a tener un sobreprecio de 18 millones. Y que esto era por obra y gracia del representante de Odebrecht. Y él se quedó callado.

A Serrano no lo mueve la lucha contra la corrupción. Tampoco la defensa de la deontología periodística. ¿Qué dijo por ejemplo de Marcela Holguín, que saltó a la lista de candidatos de Alianza País, precisamente por los servicios rendidos, desde un canal, a su partido? ¿No era ella lo que Correa llamaba un político (suyo) disfrazado de periodista?

A Serrano no lo mueve la transparencia. Lo mueve el amor por la administración opaca que caracterizó al correísmo. Lo mueve el odio al oficio periodístico libre e independiente del poder. Lo mueve quedar bien con un hombre, como Rafael Correa, que pone mensajes con tanto odio que Facebook los tiene que retirar y que rema sin tregua desde el 24 de Mayo en sentido contrario al propuesto por su sucesor. Por eso mientras Moreno tiende la mano, se reúne con políticos de la oposición e instala un diálogo nacional, Correa propone una cacería de brujas. Y Serrano lo acolita. El Presidente de la Asamblea también ama ese país diseñado por Correa, con propagandistas disfrazados de periodistas como Marcela Holguín y con medios críticos perseguidos por impresentables como Fernando Alvarado y Carlos Ochoa.

Serrano tiene la mentalidad de un trol y conspira en directo contra la distensión, contra el clima de diálogo y respeto que preconiza Lenín Moreno. Por eso también él salió de cacería.

Facebook da de baja mensaje de Correa para proteger a sus usuarios

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Facebook decidió retirar de su plataforma el mensaje que el ex presidente Rafael Correa colocó en esa red social el lunes 19 de junio.  La mañana del martes el mensaje ya no aparecía en la página que el ex Presidente mantiene en esa red social y que tiene 1 millón 417 mil personas que regularmente la siguen.

La decisión la tomó esa red social por una sencilla razón: el mensaje estaba violando las normas comunitarias de Facebook por tratarse de una abierta incitación a exponer datos personales de los usuarios.

En su mensaje, Correa hacía una convocatoria a sus “guerrero digitales”, nombre con el que llama a las cuentas que tiene el aparato de propaganda correísta, a que consigan los datos privados de las personas que son críticas con él (que insultan dijo) para que los hagan públicos. “Mis queridos guerreros digitales: así como las redes pueden ser el máximo exponente de la libertad de expresión, también puede ser refugio de cobardes. Por eso, les propongo que a todos los insultados, además de denunciar sus trinos, averigüemos y expongamos quiénes son, dónde viven, etc., para ver si son capaces de decir en persona las porquerías que escriben en redes. ¿De acuerdo?”, fue el mensaje que Correa colocó  en sus cuentas de Twitter y Facebook. Inmediatamente se produjo un inmenso rechazo en esas mismas redes al gesto de Correa y muchos usuarios empezaron a pedir que se castigue a las cuentas del ex Presidente. En los sitios web que incluyeron el mensaje de Correa ahora aparece una notificación de Facebook que dice:  “esta publicación de Facebook, ya no está disponible. Es posible que se haya eliminado o que haya cambiado su configuración de la privacidad”.

Este es el mensaje de Rafael Correa que Facebook consideró que viola sus normas comunitarias.

En sus normas comunitarias Facebook establece los motivos por los que puede bajar contenidos y ahí dice que no se permite “publicar la información personal de terceros sin su consentimiento”. El mensaje de Correa era, sin duda, una clara incitación a que se publique información sin consentimiento de los afectados. Facebook es claro, además, en decir que este tipo de medidas no las toma necesariamente por pedido o por quejas de la comunidad, sino por que se ha constatado que esas normas han sido violentadas.

En Twitter, hubo una iniciativa por denunciar la cuenta de Correa, pero hasta el martes 20 en la mañana no había tomado ninguna decisión.

Personas que conocen sobre cómo opera Facebook le dijeron a 4Pelagatos que decisiones como éstas son estudiadas minuciosamente y que se basan sobre todo en el principio según el cual las normas deben ser para todos, sin distingo del cargo o el nombre que tenga el usuario.

La decisión de Facebook ocurre cuando Rafael Correa, luego de dejar la Presidencia, había intensificado la periodicidad de sus publicaciones en redes sociales. El lunes, precisamente, había hecho varios comentarios en contra de quienes lo critican y al final del día arremetió contra la periodista Carmen Andrade, de Radio Centro, a quien acusó de ser asesora de asambleístas de la oposición. En ese mensaje, anunció que el presidente de la Asamblea, José Serrano, iría a una entrevista a esa radio para confrontar a Andrade, cosa que en efecto ocurrió.

Twitter y Facebook se han convertido para Correa en el trampolín desde donde expresa sus opiniones, defiende su gobierno o promociona los artículos que publica en el diario del gobierno El Telégrafo. La decisión de Facebook es un duro revés para alguien que, como Correa, ha estado acostumbrado que los medios  al servicio del Gobierno publiquen todo lo que él ha querido. Ahora, existe un precedente según el cual no puede publicar lo que se le ocurre si eso pone en riesgo la integridad de otras personas. Correa solía publicar datos personales de sus críticos, en especial periodistas, durante las sabatinas y jamás consideró que aquello podía poner en riesgo la seguridad de esas personas ni le importó que haya sido sin su consentimiento.

Correa anda suelto como pandillero en Twitter y Facebook

La decisión de Facebook se convierte, además, en un claro mensaje a quienes estaban apoyando la iniciativa de Correa de aprobar una ley en la Asamblea que pretende permitir que el Gobierno regule la actividad en las redes y cuyo nombre es “Ley que regula los actos de odio y discriminación en Redes Sociales e Internet“.

Con este antecedente queda claro que las normas de esas redes sociales, en este caso las comunitarias de Facebook, protegen mejor a los usuarios que cualquier propuesta de ley para regular a las redes desde el Gobierno. En este caso, se protegió a las personas cuyo derecho a la privacidad estaba en riesgo por el llamado de Correa a sus “guerreros digitales” a publicar su información personal. Tal como está planteado el proyecto de ley para regular las redes, Correa pretende que las empresas de redes sociales como Facebook, Whatsapp, Instagram o Twitter suspendan las cuentas de los usuarios que han cometido, según su visión, delitos de discriminación y de odio que están establecidos en el Código Orgánico Integral Penal.  Además que esas empresas elaboren informes trimestrales, en español, sobre los reclamos o reportes que reciban por los perjudicados de las cosas que se dicen en las redes y los entreguen a las autoridades de aquí.

Si el mensaje de Correa hubiera sido publicado con esa ley vigente, lo más probable hubiera sido que el gobierno no hubiera gestionado su cancelación, cosa que sí lo hizo Facebook en apego a las normas concebidas para defender a sus usuarios.

La decisión de esa red social, cuya sede está en California, es un duro y humillante mensaje para Correa. Ahora sabe que debe someterse a normas que él no controla ni puede influenciar. Cosa a la que no está, para nada, acostumbrado.

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