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Las hermanas de Gustavo Jalkh tuvieron una #decadaganada

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Los diez años del correísmo han sido, entre otras cosas, una excelente época para los negocios con el Estado. La impresionante entrada de dinero que se produjo por el alto precio del petróleo llenó las arcas del gobierno de Rafael Correa que convirtió al aparato estatal en un poderoso comprador de bienes y servicios. Muchos empresarios o proveedores de servicios lograron hacer muy buenos negocios: unos más lícitos que otros.

Entre las personas que se han beneficiado de ese estado-comprador hay muchos que están emparentadas con figuras emblemáticas del correísmo. Uno de esos casos es el de dos hermanas de Gustavo Jalkh. Desde el inicio del gobierno, él ha sido una figura muy cercana al presidente Correa. Una de las más cercanas: fue ministro de Justicia y del Interior así como secretario de la Presidencia. Actualmente es el presidente del Consejo Nacional de la Judicatura, uno de los organismos con mayor poder e influencia en el país.

Renata Jalkh, una de las hermanas de Gustavo Jalkh, tiene una empresa que se dedica a la fabricación de ropa y uniformes y ha firmado contratos importantes con instituciones estatales en las que su hermano ocupó los más altos cargos. Específicamente con el Ministerio de Justicia. Sin duda, el contrato de mayor envergadura es uno para proveer de ropa a los presos del país. La evidencia de este encargo para Renata Hildegard Jalhk, propietaria de la firma Gratehen, está en un pago por 2 338 398 dólares que el Ministerio de Justicia hizo el 14 de abril del 2014 como liquidación por el 30% de un “contrato por adquisición de uniformes para los ppl, prendas de vestir, sábanas y cobijas para los CRS a Nivel Nacional”. Es decir, que si se estaba liquidando el 30% del contrato por ese valor, como aparece en el documento de pago, el monto total a favor de la empresa de la hermana de Jalkh tuvo que haber sido por 7 794 680. Este dato se suma a la declaración de impuestos de Renata Jalkh donde se ve que en el 2014 registró los más altos pagos de los últimos diez años. Ver declaración de impuestos aquí

Hacer clic aquí para ver el pago en PDF

Renata2014

4Pelagatos no pudo tener acceso al contrato íntegro entre la empresa de Renata Jalhk y el Ministerio de Justicia. Fue imposible encontrarlo en el portal de compras públicas, a pesar de que se hizo una búsqueda pormenorizada en varios años antes y después de la liquidación del 30% que habla documento de pago. Un experto en compras públicas que asesoró a 4Pelagatos en esta búsqueda sostuvo que era “extraño” no encontrar el contrato. En esas condiciones, es imposible saber detalles como la fecha exacta de la firma, los términos de referencia, así como establecer si hubo concurso público o no. Tampoco se puede saber a qué exactamente se refiere con eso del 30% de liquidación por lo que queda la duda de si se trata de la entrega del 30% de las prendas o del dinero. En las oficinas de la Sercop tampoco se quiso ayudar para encontrar el contrato.

Ese no fue el único contrato que firmó Renata Jalkh con el ministerio de Justicia. 4Pelagatos encontró otros tres pagos para proveer de ropa a los presos o personas privadas de la libertad. Uno de esos pagos fue por 214 815 dólares y se realizó el 19 de noviembre del 2015. Según reza el documento fue para la “adquisición de prendas de vestir para personas privadas de la libertad de los CRS Guayas, Sierra Centro Norte, Cotopaxi, Sierra Centro Sur y CRS No.1 varones Guayas”. El segundo pago ubicado por 4Pelagatos es por 101 120 dólares para la “adquisición de vestimenta (ropa) de personas privadas de la libertad de los centros afectados por el terremoto”. El tercero es por una cifra mucho más pequeña: 6 848 dólares para la “adquisición de camisetas para la Escuela de Formación Policía Nacional La Esperanza”. En total algo más de 8 millones.

La empresa de la hermana de Jalkh no es nueva ni fue fundada durante los diez años de correísmo. Según información que apareció en un suplemento que circuló con El Comercio, Gratehen inicio operaciones en 1993 y es considerada, según ese texto, “una de las mejores empresas de confección de uniformas del país”.

El caso de Renata Jalkh no es el único. Otra hermana del presidente del Consejo de la Judicatura también firmó contratos importantes con el Estado y ha sido, incluso, funcionaria del Gobierno. Se trata de Iusra Matilde Jalkh Röben quien en el 2011 hizo una consultoría para la Vicepresidencia de la República titulada “Estrategia de intervención nutricional para personas con discapacidad”. El pago por dicha consultoría fue de 120 000 según información que está en la web. Matilde Jalkh es una nutrióloga graduada en la Universidad Central en 1990 y tiene amplia experiencia en el campo de la nutrición  y ha publicado artículos en revistas especializadas, según consta en un currículum oficial. El 24 de abril del 2012 fue nombrada por Doris Soliz, entonces ministra de Inclusión Económica y Social, Subsecretaria de Inclusión y Cohesión Social de ese ministerio donde aparentemente trabajó hasta el 2015.

En los contratos de las hermanas de Jalkh no parece existir ilegalidad, puesto que es posible que cuando firmaron sus contratos o nombramientos, su hermano no fuera titular de los ministerios o instituciones involucradas, como establece un reglamento a la Ley de Contratación Pública. Gustavo Jalkh fue ministro de Justicia entre el 2007 y el 2009.

En tema, empero, es complicado pues podría existir una contradicción entre la Ley Orgánica del Sistema Nacional de Contratación Pública, expedida en el 2008 y su reglamento del 2009. En la Ley están listadas las personas que no pueden firmar contratos con el Estado y ahí se afirma que no podrán hacerlo los parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad; es decir hermanos incluidos de los siguientes funcionarios públicos: el Presidente, el Vicepresidente de la República, los ministros y secretarios de Estado, el Director Ejecutivo y demás funcionarios del Instituto Nacional de Contratación Pública, los legisladores, los presidentes o representantes legales de las Entidades Contratantes previstas en esta Ley, los prefectos y alcaldes.

Sin embargo, en el reglamento por el presidente Correa se establece que si el pariente de un funcionario, que no tiene ninguna relación con el proceso de contratación, bien puede firmar contratos con el Estado. “En tratándose de los cónyuges o parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo grado de afinidad se circunscribe a la entidad contratante en la que intervienen los dignatarios, funcionarios y servidores con los cuales existe el grado de consanguinidad o parentesco”, dice el reglamento en su artículo 110. Puesto de otra forma, no existe impedimento si el hermano del Ministro de Agricultura firma un contrato con el Ministerio de Defensa. Existe, al parecer, una contradicción entre lo que dice la Ley y lo que dice el Reglamento.

En el caso de las hermanas de Jalkh no existe, aparentemente, ilegalidad alguna aunque el artículo 62 en su literal 3 de la Ley de Contratación Pública advierte sobre la posibilidad de “información privilegiada”. ¿Renata Jalhk o su hermana Matilde pudo tener información privilegiada o su hermano hizo alguna gestión para favorecerlas? Son interrogantes que no pudieron responderse. Ahora, ¿una propuesta de servicios de alguien cercano a un personaje tan influyente, como Jalhk, está en las mismas condiciones de ser escogida que cualquier otra? La pregunta seguramente no podría formularse si las hermanas del actual presidente de la Judicatura no se hubieran presentado al concurso.

Aquí lo más relevante no es la legalidad del contrato ni su monto, sino un tema de orden ético y de sensibilidad pública. Casos como éste suscitan un debate sobre la participación de familiares cercanos a altos funcionarios del Gobierno en contratos relevantes con el Estado, peor aún si es con entidades, como en el el caso Renata Jalkh, donde su hermano ocupó el cargo más alto, como Ministro de Justicia. Con frecuencia, los funcionarios olvidan o hacen pensar que olvidan que tienen responsabilidades públicas que demandan sacrificar sus intereses individuales.

Lo queda claro es que, al menos para la familia del Presidente de la Judicatura, estos diez años sí han sido una década ganada. Ese eslogan les cae como anillo al dedo.

¿Lenín Moreno es Cantinflas o se hace?

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Lenín Moreno ha vendido una imagen de cuentachistes y aficionado a la ciencia. No es raro oírlo citar a Newton, Einstein o Stephen Hawking. La impresión que causa es la de un sereno consumidor de textos de divulgación científica sobre teorías astrofísicas y cosmológicas. Así se perfila como un político diferente, de otro nivel existencial e intelectual, pleno de humor y extraviado en terrenos familiares a Carl Sagan o Neil deGrasse Tyson.

Lenín Moreno cultiva esta fama. La usa. El 12 de enero en Quito, por ejemplo, en la Universidad Tecnológica Equinoccial, el candidato de Alianza País dio una conferencia que dividió en dos: un acercamiento a su visión holística, atada se supone a la ciencia, y su propuesta política. Por la forma como se ha promocionado, cualquiera espera de su parte una exposición apasionada sobre la evolución estelar o la astronomía galáctica. O un paseo por la singularidad espaciotemporal o la radiación de Hawking, con quien dice haber charlado hace algunos años. Pues no. Moreno cita frases, autores, eventos históricos… Un torrente de palabras absolutamente deshilvanado. Su auditorio, tetanizado ante la supuesta erudición y conocimiento del expositor, luce alelado; deseoso de encontrar un cable a tierra, una frase, una conclusión. En minutos, Moreno destruye la imagen de aficionado a la ciencia. Su ejercicio se vuelve altisonante, estruendosamente cantinflesco.

El viaje al cosmos empieza por él. Por el hecho de haber vuelto a la política cuando se había despedido de ella. No fue su culpa. Dice que fue la de sus compañeros, la de Correa, la de la ciudadanía. Le pidieron volver. Y luego está el azar. Esas cosas que suceden y que él –lo dice con un aire esotérico irreprimible– no cree que se den por simple coincidencia. Da un ejemplo: el día que la duda lo avasalló, él cogió un libro donde encontró una frase de Epitecto –filósofo griego, nacido en Hierápolis de Frigia– que, según él dijo: “Si una persona tiene la oportunidad de servir a la colectividad mediante un cargo público, es una falta de ética no hacerlo”En realidad, Epicteto de Frigia dijo: “El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y una cobardía ceder el paso a los indignos.”

No importa si trastoca el pensamiento y se equipara con un sabio. Le importa legitimar su decisión. No dice que volvió a la política a pesar de su promesa de no hacerlo, porque estaba previsto que volviera. Para eso fue enviado a Ginebra. Dice, amparándose en un filósofo que nació en el año 55, que volvió por deber ético. Eso no solo suena mejor, lo coloca en un nivel inaccesible. El de un ser que está más allá del bien y del mal. Un gurú. Un oráculo. Y desde ese territorio pide a su auditorio que piense diferente porque estamos en la era –dice– de la resonancia magnética, de la visión holística, de la teletransportación…

Dice Teletransportación, como si de pronto él y su auditorio estuvieran embarcados en la serie Star Trek. Para él es un hecho. Lo dice aludiendo al Dr. “Anton Selinger en Austria… al principio lo hizo de un lado al otro del río Danubio, ahora lo hace en Tenerife a 17 Km de distancia”. No hay rastros de ese fenómeno. Hay evidencias de teletransportación de paquetes de ondas no clásicas de luz de un sitio a otro, en un distancia relativamente corta. Los científicos también han dicho que pueden transportar un átomo, pero a tres metros. Eso no importa. Moreno da por sentado que hay teletransportación humana. Lo dice para incitar a “pensar en forma diferente”. Lo dice recordando que él vivió en Suiza, cerca del Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), donde se detectaron indicios de una partícula seis veces más masiva que el bosón de Higgs.

Decir que vivió al lado del CERN significa, en este caso, que sabe lo que dice. Acto seguido, introduce a Stephen Hawking quien le dijo –eso cuenta– que los estudiosos de las ciencias sociales y los políticos se han alejado de la ciencia y de la tecnología. Hawking le hizo descubrir que no es la física clásica la que determina el comportamiento social del ser humano sino la física cuántica. “A partir de la cuántica –agrega– y la relatividad debemos vivir de una forma diferente”. Lo dice como si hablara con astrofísicos y como si eso significara algo para su auditorio. Y esas frases sueltas, esos consejos del sabio que lo sitúan en los confines del cosmos, los redondea citando en forma incompleta al neoyorquino, fallecido el año pasado, Alvin Toffler: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”.

El turno de frases lanzadas al aire es para Albert Einstein quien afirmó –eso dice– que el sentido común “es el conjunto de idioteces que se acumulan hasta los 18 años”. En realidad Einstein dijo que “El sentido común no es más que un depósito de prejuicios establecidos en la mente antes de cumplir los 18 años”. No importa citarlo mal. Lo hace por una causa noble: invitar a vivir en forma diferente a partir de “la cuántica y la relatividad”. Y agrega: “es posible que la materia y el tiempo sean un punto de vista del observador. Eso significa que todos somos una hermosa y maravillosa unidad que solo se diferencia por el ego. ¿Es malo el ego? No porque eso es la maravillosa diversidad de la que podemos disfrutar”.

Es hora de volver a él. Moreno se pregunta si ha aplicado “el concepto cuántico”. Se responde: “Claro que apliqué conceptos cuánticos en la misión Manuela Espejo y mientras más aplicaba conceptos cuánticos, mejor me iba”. Se anima, entonces, a trasladar el concepto cuántico al mundo terrenal de los jóvenes que lo oyen: cuando un estudiante sale de la universidad, lo debe hacer con el deseo de servir. Lejos de él –dice– el deseo de enriquecerse, de hacer dinero. Eso vendrá por añadidura. La catarata de ejemplos que cita, está destinada a probar lo que dice: Henry Ford (cuando decidió hacer autos para los pobres), la compañía Hershey (cuando decidió que comer chocolates no debía ser un lujo), Harley-Davidson (cuando decidió poner un motor a la bicicleta), Avon (cuando decidió que las mujeres pobres tenían derecho a los cosméticos)… ¡Ese concepto holístico, es cuántico!

 Liquidada esta parte, la segunda, destinada a la política, suena terriblemente aburrida. Y lo es: clichés del infierno de país que existía hace diez años. La aparición de un líder que tiene grandes defectos, pero todos los grandes líderes son así. Lo que ha hecho el gobierno de Correa y lo que él piensa continuar: un gobierno que ofrezca a los ciudadanos todo lo imaginable para que sean felices. Ya no es teletransportación cuántica; es cuento chino.

Rodas se cocina en su propia salsa

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mauricio rodas en washington, gonzalo koncke, ed.

Mauricio Rodas puede decir lo que quiera: en Washington le fue muy mal. No sólo hizo un viaje infructuoso para entregar un puñado de comunicaciones irrelevantes en lugares donde nadie entendía qué quería sino que causó mala impresión en los funcionarios con quienes se reunió. En el Departamento de Justicia no lo recibieron. Tampoco lo hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuyo despacho le agendó una cita pero terminó enviando a un subalterno. En el resto de lugares (el Senado, el Departamento de Estado y la CIDH) sus ofrecimientos de ayuda, sus solicitudes de información sobre el caso Odebrecht y sus denuncias de persecución política fueron tomadas como lo que son: pataleos retóricos sin valor ni consecuencias. Para colmo, a su regreso encontró las cosas en el punto donde las dejó: con el Concejo exigiéndole explicaciones sobre el doble escándalo de las “conversaciones informales” con Odebrecht y las actuaciones de su operador político, Mauro Terán, preso por indicios de fraude fiscal. ¿Esperaba otra cosa? Finalmente la sesión extraordinaria de la que Rodas venía huyendo se producirá este jueves a las 10h00. Y él, que quiso ganar tiempo en Washington y lo perdió, no ha dado un paso que permita suponer que esta vez sí va a asumir sus responsabilidades.

Sobre el viaje a Washington da ternura oírlo: “Fue un viaje exitoso –dijo este lunes en Teleamazonas, donde lo entrevistó Janeth Hinostroza– porque permitió transmitir el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht y que caiga quien tenga que caer”. Cualquiera puede notar la desproporción  de estas palabras: es obvio que “dar a conocer el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht” es una acción que no sirve para nada: no sirve al caso, no sirve a la Alcaldía, no sirve a la ciudad. Y se podía hacer por Internet. Pero el periplo del alcalde no sólo fue infructuoso sino impertinente, como demuestra Daniela Salazar en el único balance publicado hasta el momento sobre el viaje. Los funcionarios que lo atendieron en el Departamento de Estado y en el Senado se habrán sorprendido de que acudiera a ellos con un tema en el que no pueden interferir por elemental respeto a la independencia de funciones del Estado. Y para quienes lo escucharon en la OEA y la CIDH, donde denunció una supuesta persecución política en su contra, lo único que quedó claro es que Mauricio Rodas no tiene un caso.

Si se pregunta en los despachos por donde pasó el alcalde, las impresiones generales no le favorecen. La primera, muy mala, tiene que ver con la obsesión de Rodas por exculparse. Un funcionario que llega para ofrecer su colaboración para resolver un caso de corrupción pero, cuando habla, no hace otra cosa que alegar inocencia, no puede sino despertar sospechas. Así, de despacho en despacho, fue el alcalde de Quito repartiendo su ansiedad por todo Washington. Los funcionarios que lo atendieron vieron a un tipo demasiado nervioso, un tanto confuso y ciertamente poco articulado a la hora de exponer su situación. Asustado, incluso. Que no sabía disgregar los temas de fondo de los datos de interés puramente local, incomprensibles en el extranjero. Que no fue capaz de presentar un resumen ejecutivo de lo que quería decir, que se enrollaba mucho. Y que tuvo la fatuidad de ir arrastrando un fotógrafo adonde fuera, ante cuya cámara saludaba con pose triunfal y cara de Facebook  a la salida de cada edificio público que visitaba.

Lo de Almagro debió doler. El secretario general de la OEA es famoso en Washington por recibir a todo el mundo. Incluso a grupos de estudiantes que han solicitado audiencias. Y Rodas tenía una cita. Pero ni Almagro estuvo para recibirlo ni la sede principal de la Organización le abrió las puertas. Fue en un edificio subalterno donde se reunió no con el secretario general sino con su jefe de gabinete, Gustavo Koncke. En la foto que el alcalde se hizo tomar con él y circuló en las redes sociales aparece Koncke con la misma cara de palo que pone el Papa cuando lo visita Macri, según hace notar significativamente un funcionario de la OEA que siguió el encuentro.

Aún después de tanto desplante y tanta indiferencia, Rodas tiene la pasta de acudir a Teleamazonas para hablar de los logros alcanzados en su viaje. Y para repetir su defensa en los casos Odebrecht y Mauro Terán como si no hubiera pasado un día desde que estallaron ambos escándalos. Rodas se aferra a sus argumentos iniciales que ya fueron desvirtuados y desechados en su ausencia, a los que ha sumado un par de nuevos, tan deleznables como los anteriores.

Sigue negando Rodas que Mauro Terán cumpliera otras funciones que no fueran las de un asesor político externo, a pesar de que varios concejales dieron testimonio de lo contrario en la sesión de la semana pasada. A pesar, también, de que los vecinos de El Condado y el barrio Bolaños, afectados por los proyectos de construcción de los Quitocables y de la vía Guayasamín, respectivamente, han declarado por escrito que conocieron a Terán no como un asesor político de Rodas, sino como el hombre que fue a negociar con ellos, a nombre del alcalde, los procesos de expropiación y desalojo.

Sigue repitiendo el alcalde el argumento de que el fraude fiscal que se imputa a Terán es un delito que nada tiene que ver con el Municipio, como si la probidad de quienes desempeñan funciones públicas, con o sin contrato, fuera un asunto privado. De hecho el alcalde, interrogado al respecto, es incapaz de decir de qué vive este personaje que dedica gran parte de su tiempo a servirlo.

Ahora sale además con que “es un gesto de delicadeza con la ciudad y con la administración municipal” él mantener a Terán fuera de la nómina, pues su área de trabajo es la política y el Municipio, lo dijo sin sonrojarse en Teleamazonas, “es una organización que se dedica a la gestión administrativa”. Como si no estuviera ya demasiado claro que la principal virtud de esta política consiste en mantener a Terán a resguardo de fiscalizaciones, auditorías y otras responsabilidades públicas propias de todo funcionario.

Niega que Terán tenga parqueadero en la sede municipal pero lo cierto es que ahí se parquea todos los días. Niega que tenga oficina pero lo cierto que la tuvo. Niega que exista en su administración un esquema de reparto de administraciones zonales entre concejales pero lo cierto es que las pruebas de ese reparto (que, además, le consta a todo el mundo) fueron presentadas en el propio Concejo  e incluyen grabaciones de audio y video que constan en actas.

Sigue jurando que el proceso de contratación del metro es el más transparente de la historia por el hecho de haber sido aprobado por los organismos multilaterales de crédito que financian el proyecto. Como si el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento o la Unión Europea actuaran como entes fiscalizadores en el Ecuador.

Sigue diciendo que el único documento del que se dispone en este caso, el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no menciona a su Alcaldía. Y asegura que eso demuestra su inocencia. Cuando resulta claro que ese informe, en realidad, no menciona a nadie, y que la publicación de los nombres todavía está por producirse.

Por último, sin que Janet Hinostroza alcance a reaccionar y plantear las repreguntas que la situación reclama a gritos, se inventa el alcalde un nuevo eufemismo para dorar la píldora de las “conversaciones informales” que admitió haber tenido con Odebrech: ahora las llama “reuniones de trabajo”. Y dice que los organismos multilaterales estaban al tanto. Pero sigue sin saberse quiénes participaron, cuántas fueron, qué temas se trataron. Porque la verdad es que de esas reuniones no hay actas ni informes ni rendiciones de cuentas ni nada.

¿Son esas las respuestas que piensa llevar el jueves a la sesión extraordinaria del Concejo? Su desafortunado viaje a Washington debió ser una lección de humildad para Mauricio Rodas. Debió enseñarle que hay temas que no se pueden postergar y problemas que sólo se solucionan afrontándolos, no quejándose ni levantando cortinas de humo. Debió aterrizarlo sobre sus propias responsabilidades políticas. No fue así: el alcalde da muestras de que no entendió nada y parece estar dispuesto a aferrarse a su capacidad infinita de negación hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta sólo pasará una vez se publique la lista de nombres de los implicados en los casos de sobornos repartidos por Odebrecht en el Ecuador. Hay en estos momentos 77 funcionarios de esa empresa brasileña que han firmado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para entregar esa información a cambio de ventajas judiciales.  Si el alcalde, que se llena la boca de superlativos para hablar de su propia transparencia, tiene la conciencia tranquila con respecto a esa lista de nombres que tarde o temprano se hará pública, no se entiende el porqué de su nerviosismo, de sus dilaciones, de su negativa a afrontar los problemas sin artificios retóricos o eufemismos. Tampoco se entiende el porqué de su estéril viaje a Washington. Este jueves Mauricio Rodas tiene dos alternativas: o asume sus responsabilidades y dice la verdad ante el Concejo o se hunde un poco más en el pantano de la sospecha que se lo está tragando desde el día en que estalló este escándalo.

Arriba: Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la OEA, compone su mejor cara de palo para posar junto al alcalde de Quito. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Mauricio Rodas.

Baca Mancheno: un porrista del correísmo para la Fiscalía

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Si lo que se buscaba es que el próximo Fiscal de la Nación sea aún más incondicional y obsecuente con el correísmo que Galo Chiriboga, difícilmente se pudo haber pensado en una mejor opción que la de Carlos Baca Mancheno, quien hace pocos días presentó su postulación al cargo ante el Consejo de Participación Ciudadana.

Si Galo Chiriboga asumió el cargo de Fiscal rodeado de dudas y protestas por haber tenido una relación personal muy cercana a Rafael Correa (tienen parientes en común y fue su abogado personal), en el caso de Baca Mancheno la cercanía con Correa no solo es un asunto personal sino que se basa en su adhesión incondicional, entusiasta y hasta frenética a todo lo que significa la revolución ciudadana. Que Baca Mancheno sea Fiscal, bajo el auspicio del gobierno de Correa, es algo así como que la dirigencia del Barcelona de Guayaquil haga designar como árbitro para el siguiente clásico con Emelec al director de la Sur Oscura.

¿Qué tiene de extraño que el próximo Fiscal sea cercano al correísmo si Correa ya deja el poder? Sencillo: los próximos cinco años el fiscal será el funcionario encargado de llevar adelante los procesos judiciales por delitos pesquisables de oficio. En pocas palabras, el próximo fiscal será fundamental para cubrir la retirada de los funcionarios correístas que habrán dejado el poder. Quien vaya a ocupar la Fiscalía (al igual que la Contraloría a la que está postulado una vez más otra emblemática figura del correísmo: Carlos Pólit) será clave en el post correísmo.

En ese esquema difícilmente podría caber mejor la figura de Carlos Baca Mancheno, quien hasta noviembre del 2016 constaba en los roles de la Presidencia como Consejero de Gobierno, uno de los cargos de mayor importancia en la Presidencia. Desde allí se ha encargado de defender incondicionalmente al correísmo en cuanto foro ha sido invitado. Además, según comentan fuentes cercanas a Carondelet, fue el encargado de ayudar en el proceso de recolección de firmas de Pamela Aguirre, para que Correa se postule otra vez a la Presidencia.

Para concluir que Carlos Baca Mancheno no guardará independencia y objetividad frente a los 10 años de correísmo, no basta con el hecho de que haya sido hasta estos días uno de los asesores de más alto rango en la Presidencia, con cargo de Consejero de Gobierno y con  sueldo mensual de 5 009 dólares: ha tenido, sobre todo, un largo y ferviente compromiso con el gobierno de Correa desde la Asamblea Constituyente donde fue asesor de César Rodríguez. Ha sido, durante estos 10 años, mucho más que un convencido funcionario correísta porque su conducta corresponde, más bien, a la de un fanático o un soldado de la revolución.

Luego de haber estado en la Asamblea Constituyente fue asesor del Ministerio del Interior donde tuvo un papel fundamental en el proceso para dar de baja al coronel César Carrión. Él estuvo preso durante 6 meses por haber sido acusado por Rafael Correa de intento de magnicidio durante la sublevación policial del 30S. Carrión sería declarado inocente por falta de pruebas, a pesar de que su carrera profesional se destruyó y pasó seis meses en la cárcel.

La historia de la relación de Baca Mancheno con Carondelet no queda ahí. En el 2010 fue nombrado, bajo los auspicios del Gobierno, como Vicepresidente de la Comisión de Selección del Consejo Nacional Electoral, encargada del concurso de selección de los entonces vocales del organismo. Esa comisión fue criticada por haber desechado todas las impugnaciones presentadas por los candidatos y haber adelantado en un mes su posesión.

Otro episodio en la vida de Carlos Baca Mancheno permite tener una idea sobre su nivel de adhesión incondicional no solo al proceso de la revolución ciudadana sino a sus ideas más tóxicas y antidemocráticas: fue el encargado de entregar ante el Tribunal Contencioso Electoral la documentación para que ese organismo sancione a la revista Vistazo por haber violado el silencio electoral con su editorial “Un no rotundo”, publicado poco antes de la consulta electoral del 2011. Baca Mancheno actuaba como representante de un grupo de movimiento sociales que pedían que Vistazo pague 2′ 400 000 de dólares por haber expresado su opinión sobre las preguntas de la consulta, en un editorial publicado durante la campaña electoral. Curioso, su hermano Pablo Baca Mancheno patrocinó el caso que Doris Solís presentó en contra de diario HOY. Una denuncia acusándolo de haber violado el silencio electoral impuesto por la ley al haber publicado una campaña a favor de la libertad de expresión. El caso fue posteriormente desestimado.

Luego está el paso de Baca Mancheno por una comisión que Rafael Correa nombró para investigar lo ocurrido durante la insurrección policial del 30 de septiembre del 2010. Los otros dos miembros de la comisión son, asimismo, fanáticos declarados del Gobierno: Diego Guzmán que ahora es delegado de Rafael Correa ante Seguros Sucre y Óscar Bonilla, actual Secretario de Acción Política de Alianza País. Los tres han sido durante estos años auténticos porristas del gobierno de Rafael Correa y sus conclusiones sobre el 30S, entre ellas la de que ese día hubo un “golpe blando” para derrocar al gobierno, nunca tuvieron credibilidad por la vinculación que los tres tenían con la Presidencia. La comisión solo sirvió para mantener viva la tesis de Correa de que ese día se intentó dar un golpe de Estado y que hubo un complot para acabar con su vida. El informe nunca fue colocado en la web para que pueda ser consultado por la sociedad y fue entregado a la Fiscalía sin mayores consecuencias.

Baca Mancheno ha sido durante estos diez años algo así como un cheerleader o porrista del correísmo.“Lo que representa la imagen de Rafael Correa es un fenómeno, un elemento, que solo el tiempo va a permitir que se mida en su real magnitud” decía no hace mucho en un artículo publicado en la web de Alianza País donde además afirmaba que Correa es un “político que se sale de lo ordinario porque ha sabido, con una visión muy clara, mantener el rumbo de sus propuestas ideológicas, conceptuales, políticas, sin dobleces ni hipocresías ni cálculos y confrontando los problemas sin temor”.

En redes sociales, Carlos Baca Mancheno era conocido por su agresividad con los críticos del gobierno y por la promoción que hacía de cuanta actividad emprendía el gobierno. Hace poco se desenchufó de Twitter. En la biografia que tenía en esa red social rezaba esta leyenda: “Abogado penalista, eterno aprendiz de la política. Mirar de frente y adelante!”.

Sus hermanos también han sido cercanos al Gobierno. El 12 de enero, Carlos Baca Mancheno fue a presentar su candidatura en compañía de sus dos hermanos: Patricio, que es presidente del Tribunal Contencioso Electoral (TCE); y Pablo, que fue abogado de Doris Solíz, cuando era ministra de Inclusión Económica Social.

Aunque exhibe el título de abogado penalista y aunque se sabe que alguna vez dio una conferencia sobre “delitos dolosos” en un seminario, lo cierto es que en ese gremio no se conoce ni un solo caso de relevancia en el que Baca Mancheno haya actuado como abogado. Tampoco se sabe de texto académico alguno escrito por él. Baca Mancheno representa la opción más extremista y estridente del correísmo para mantener la Fiscalía a su servicio, como ha ocurrido con Chiriboga en los últimos años. En el caso de ganar el proceso, este asesor de Correa, con escasa preparación académica y pocas luces, será el encargado, durante cinco años, de combatir la corrupción de la última década. Un trabajo para el cual, no solo que no está preparado sino para el que se necesita la más completa independencia política. Algo que él desconoce.

Los videos sobre Páez: no al Gran Hermano

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Captura de pantalla 2017-01-16 a las 2.36.24 p.m.

Este fin de semana se publicaron en las redes tres videos sobre el candidato a la vicepresidencia Andrés Páez y una colección de correos electrónicos y conversaciones en WhatsApp supuestamente tomados de su computador y su teléfono. Reales o no, lo cierto es que Andrés Páez ha sido víctima de un hackeo, que es un delito y atenta contra su privacidad. Quien lo haya hecho se escuda tras el prestigio del grupo internacional Anonymous, cuyos formatos y estilo reproduce. El montaje busca descalificar a Páez como candidato exponiendo su vida privada. ¿Alguna de las revelaciones de los videos tiene interés público? En lo esencial, ninguna. La página Andrés Páez sin censura, que recoge todos estos contenidos, aplica un esquema fascista que trata de imponer conductas, normas de vida, actitudes éticas según las cuales juzga y descalifica a las personas en función de criterios moralistas. El Ecuador ya se instaló en la dinámica del Gran Hermano. Ya es suficientemente grave que se esté usando la vida privada de una persona para tratar de destruirla pública y políticamente. Y es aún peor que, en este intento, se lleven por delante el honor y la vida de terceras personas: cuatro mujeres a quienes estos terroristas digitales violentan en su vida familiar, profesional y personal. Es el punto más bajo y ruin al que ha llegado la campaña electoral. Y es la primera vez que algo así ocurre en el Ecuador a esta escala.

Es evidente que Anonymous nada tiene que ver con esto y que alguien está usando fraudulentamente su nombre. La filosofía de esa organización es contraria a lo que aquí se muestra. Anonymous combate los abusos y desafueros de los gobiernos, no persigue ciudadanos. Su propio nombre habla del respeto que conceden al derecho a la privacidad; nunca la violarían de esta forma. En uno de los videos, el personaje que habla, con la clásica máscara que se identifica con la organización, dice actuar en represalia porque Páez no canceló una deuda de 5 mil dólares con ellos. Esta es otra contradicción pues Anonymous no tiene fines de lucro, no cobra por sus campañas y no actúa como una mafia, como la quieren mostrar aquí. Finalmente, Anonymous tampoco asumiría la tarea de impartirnos educación moral y religiosa como hacen estos videos: se escandalizan de la supuestamente pecaminosa vida de Andrés Páez, de su conducta sexual y afectiva, que califican de depravada; y llaman a María de Lourdes Alcívar, mujer de Guillermo Lasso, para que califique esas conductas de acuerdo a los parámetros fascistas impartidos en el video. Nada más lejano al verdadero Anonymous, constituido para fiscalizar a los gobiernos, no para erigirse como guías de la moral ciudadana.

No, Anonymus no lo hizo. ¿Quién entonces? ¿Quién tiene la capacidad tecnológica de intervenir y bajar el contenido de las comunicaciones electrónicas de una persona? ¿Quién puede hackear las cuentas de redes sociales, los correos electrónicos, las conversaciones de WhatsApp? ¿Quién, con todo eso, es capaz de hacer este tipo de producciones tan bien montadas? ¿Quién ha demostrado en este país tener el cinismo suficiente como para cambiar biografías y destruir las vidas de personas inocentes como las cuatro señoras aludidas en este video, de quienes no sólo se expuso sus identidades y fotografías sino sus direcciones de correo electrónico? ¿Quién se atreve a cometer todos estos delitos juntos sin creer que tiene garantizada la impunidad? El gobierno, que constitucionalmente tiene el deber de garantizar los derechos de los ciudadanos, está en la obligación de aclarar este caso. De lo que se sabe, organismos como la Senain tienen la capacidad tecnológica y logística para espiar a los ciudadanos y están bajo sospecha. ¿Quién se robó los correos personales de Martha Roldós para publicarlos en El Telégrafo, ese periódico del gobierno? ¿Quién divulgó las supuestas fotos sexuales de Mary Zamora con el fin de desprestigiarla políticamente?

El gobierno tiene la obligación de esclarecer esta canallada. Es urgente que lo haga porque, de lo contrario, tomará cuerpo la sospecha de que es de su autoría. Y que está dando paso a la peor campaña sucia de la que se tenga memoria en la historia electoral del país. Andrés Páez, como cualquier otro político que aspira a un cargo de elección popular, debe responder por todos los actos, acciones, omisiones o decisiones que tengan que ver con lo público. No por su vida íntima, afectiva o sexual. Esos son asuntos estrictamente privados y así deben permanecer. La campaña sucia que están dirigiendo en su contra es un hecho gravísimo que concierne a todos los ecuatorianos. Ningún aparato de espionaje puede, como el Gran Hermano, meterse en las casas, las cuentas y las sábanas de ningún ciudadano libre. La canallada que afectó la vida y honra de un grupo de ciudadanos este fin de semana es una evidencia de que en el país existe y trabaja un aparato decidido a hurgar en los pliegues más recónditos de la vida privada de los ecuatorianos con los fines más rastreros: desde el chantaje económico hasta la aniquilación simbólica. Ante ese aparato y en ausencia de un sistema de justicia y una Fiscalía que hagan honor a sus obligaciones, los ciudadanos se encuentran en la indefensión absoluta.

4pelagatos condena estas prácticas que el gobierno está permitiendo prosperar. Y el nivel indigno al que algunos tratan de llevar la campaña electoral. 4pelagatos cree que la existencia de un Gran Hermano como el que el país está viendo actuar, es completamente incompatible con la vida en democracia, la subsistencia de las instituciones, la libertad de los ciudadanos y su derecho a la privacidad.

Sabatina 508: Indiana Jones contra los chicos malos

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La corrupción de los otros. Así debería titularse la sabatina número 508 que el presidente ofició desde el cantón Rumiñahui. Se acababa de bajar del avión que lo trajo desde Nueva York, donde desplegó una titánica agenda que lo afianzó como uno de los grandes líderes mundiales del momento, y apenas se dio tiempo para desayunar. Porque “así es la vida del presidente, como Indiana Jones”.

Ocurre que el presidente encontró la clave del esquema de corrupción que sacude al Ecuador: se llama Charly Pareja y es, dice, el “jefe de toda esta red”. Charly Pareja, hombre histórico de Febres Cordero, recibió transferencias de dinero sucio de Carlos Bravo y está prófugo. Ya lo tenían en Lima pero el gobierno lo dejó escapar con sospechosa negligencia, según ha revelado la diplomacia peruana. Se entiende por qué: a este señor nadie lo quiere donde pueda hablar. Sin embargo, el presidente está feliz de haber dado con él porque resulta extremadamente provechoso a la hora de imaginar conspiraciones. Basta dibujar su careto en una cartulina y luego tender flechitas hacia los caretos de sus contactos reales o ficticios, tal y como hizo la Secom en el video en que explica el caso.

El resultado es algo peor que un esquema de corrupción: es el mapa de lo que el presidente llama “la contrarrevolución”. Y es delirante. Ahí, juntos en el mismo saco, están Odebrecht y los Isaías, Mauro Terán y Andrés Páez, Jacobo San Miguel (a quien alude pero no nombra) y Fundamedios, Fernando Villavicencio y Galo Lara… Todos son parte de una misma operación, todos están unidos por flechitas más o menos directas al careto de Charly Pareja. Ahora resulta que Mauro Terán tiene que ver con el escándalo de la Refinería, Fundamedios es cómplice de la crisis bancaria, Fernando Villavicencio se las trae con Odebrecht… Porque según el presidente todo es lo mismo.

Si Rafael Correa consigue establecer tan curiosas conexiones es gracias a la abrumadora imprecisión con que habla de estos temas delicados. Le basta, por ejemplo, con el hecho de que “el principal implicado en el caso Refinería”, Charly Pareja, sea “el principal abogado de Odebrecht”, para concluir que ambos casos son uno solo. El caso Refinería, dijo, ahora es el caso Odebrecht. El uno trata de cómo se repartieron 30 millones en sobornos; el otro, de cómo se gastaron 2.200 millones en construcción de infraestructura bajo la responsabilidad de su vicepresidente. No importa, desde hoy son un solo caso. Charly Pareja lo prueba.

Así que arrancaron las investigaciones y no tardaron en dar con el primer culpable: Mauro Terán. El presidente habla del asesor informal de Mauricio Rodas con la certeza de que los 6 millones no declarados que encontraron en sus cuentas provienen de coimas repartidas por Odebrecht. Ya lo dijo el sábado anterior pero en esta ocasión se explaya. Expone sus cuentas, pone en ridículo al alcalde que viajó a Washington “a quejarse con los patrones”, deplora el silencio de los medios de comunicación que él llama mercantilistas… Y vuelve a poner sobre el tapete al otro gran implicado, al que prefiere no nombrar porque es candidato a asambleísta (por CREO, había dicho) y no puede ser imputado hasta después de elecciones. A estas horas ya nadie duda de que se trata de Jacobo Sanmiguel, el único candidato de Tungurahua del que se tenga noticia que acompañó al alcalde en un viaje a Brasil. Según el presidente ha manejado “como 30 millones”. Qué casualidad: la misma suma que repartió Odebrecht en el país según el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos. “Ya están detectados los movimientos –dice Correa–, multimillonarios”. Y cuando habla produce la incómoda sensación de que maneja datos privilegiados, información que la Fiscalía niega al común de los mortales pero aparece en la sabatina como si tal cosa; y la aún más incómoda sensación de que está dando instrucciones. Porque todos los movimientos financieros son “coincidentes con la negociación del metro de Quito con Odebrecht”. Y claro, él no cree en coincidencias, está clarísimo lo que la justicia debe hacer.

Habla Correa sin parar y en la avalancha de datos e interpretaciones que despacha alegremente el espectador se extravía y pierde con facilidad el hilo de su razonamiento. Pero ¿no había dicho, antes de empezar a repartir culpas entre los amigos de Mauricio Rodas, que se disponía a hablar del caso Refinería Esmeraldas? Sí, eso dijo. Y apenas nombró a Charly Pareja saltó hacia Mauro Terán con la soltura de huesos de un atleta olímpico. Y ahí no termina su performance. Lo que sigue es deporte de alto riesgo.

Porque resulta que Pareja no sólo es “el principal abogado de Odebrecht” sino también “el principal abogado de los Isaías”. Bingo. Desde la crisis bancaria para acá todo cabe en el mismo saco.

“Esta es la parte más importante de la sabatina”, anuncia Correa. “Para que vean lo que hemos tenido que enfrentar”. Charly Pareja no sólo es el jefe del esquema de corrupción sino la cabeza visible de la contrarrevolución: “¡Lo que se ha descubierto en los mails en las audiencias!”. Correos electrónicos que el presidente no explica bien si sobrevivieron milagrosamente a la destrucción de la computadora de Pareja, consumada por él mismo antes de darse a la fuga, o si “estaban almacenados en otra parte”, como dejó caer mientras buscaba con la mirada la aprobación de alguien fuera de cámara. ¿Cuál será esa otra parte? ¿Los archivos de la Senain?

Pareja: implicado en el caso Refinería. Abogado de Odebrecht. Abogado de los Isaías. ¿Para qué seguir investigando? Aquí es donde entra el video de la Secom con sus caretos y sus flechitas, pruebas irrefutables de la gran conspiración cuyos hilos se manejan desde Miami. Flechita a Fundamedios: ustedes se encargan de la campaña mediática. Flechita a Fernando Villavicencio: usted se encarga de escribir sobre la corrupción en el gobierno. Flechita a Emilio Palacio y Galo Lara: ustedes se encargan de victimizarse. Todo para “atacar al presidente y tratar de desestabilizarlo”. “Una verdadera contrarrevolución con plata de Isaías y sus corifeos en Ecuador” ¡Hay que ver lo que ha tenido que enfrentar el presidente! ¡Que dos galarifos se victimicen es intolerable! Eso tumba a cualquier gobierno.

Correa encontró la mejor forma de culpar a los mensajeros. No importa que las “campañas mediáticas” de Fundamedios sobre los atropellos contra la libertad de expresión perpetrados por el gobierno estén fundadas en hechos ciertos. No importa que las investigaciones de Fernando Villavicencio sobre la corrupción correísta estén tan bien documentadas que no han podido ser desmentidas hasta la fecha por ninguno de los funcionarios implicados en ellas. Basta con lanzar la acusación, sin más pruebas que una flechita entre dos caretos, de recibir de que sus autores son financiados por los Isaías para desvanecerlo todo. Y decir Isaías quiere decir crisis bancaria, quiere decir Charly Pareja, o sea Odebrecht, Refinería Esmeraldas, Mauro Terán, Jacobo Sanmiguel… Y no hay que seguir tirando de esa cuerda porque seguro aparecen Darth Vader y Saruman. La maldad en estado puro.

Lo de Correa no es una cortina de humo: es una avalancha de escombros en la que cabe todo lo que pueda encontrar en el desván de sus malquerencias y que descarga sobre el caso Refinería Esmeraldas con la esperanza de tapar sus propias responsabilidades políticas y las de su candidato vicepresidente.

La corrupción de los otros llena de orgullosa alegría al presidente y le insufla el pecho de una ciega cólera en partes iguales. Ya no hace falta seguir buscando donde todos han buscado y esculcado hasta con lupa y que ha sido investigado, fiscalizado, auditado y supervigilado hasta en sus mínimos detalles: su propio gobierno. Ahí no hay nada y nada han encontrado. Porque “somos gente de manos limpias” y “el problema de la corrupción no es el control, el problema de la corrupción es el corazón del ser humano, la falta de principios, la falta de valores”. Busquen más bien al otro lado de la Plaza Grande porque de éste sólo hallarán corazones ardientes por la patria”. Los malos son los demás.

Paco Moncayo, el candidato de un rompecabezas

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¿Paco Moncayo traza una nueva vía para las fuerzas de izquierda que representa en esta elección presidencial? El ex general hace una campaña basada en lo que Tony Blair llamó la Tercera vía. Socialdemócrata convencido, Moncayo se aplica, con convicción, a dar cuerpo a esa doctrina que Izquierda Democrática abandonó en los noventas y que, desde entonces, nadie ha impulsado y recreado en el país. El 9 de enero pasado, en la Flacso, el candidato del Acuerdo por el Cambio se explayó sobre ese modelo ideológico y político que es el que mejor lo define. Y en el cual cree.

Acuerdo por el Cambio tiene, entonces, un candidato. ¿Pero qué tanto ese candidato representa a sus aliados; en particular a Pachakutik, el ala socialista de Enrique Ayala Mora, Unidad Popular e Izquierda Democrática y, por lo menos, 25 organizaciones importantes de la sociedad civil? La izquierda que dejó al correísmo no tenía alternativa esta vez: el nivel de división y desbarajuste ideológico hizo temer a muchos que no pudieran ir unidos a las elecciones. Hubo intentos de debatir un perfil ideológico y político común. No fue concluyente, aunque se asegura que esa izquierda que con Alberto Acosta obtuvo 3% en las elecciones de 2013, está en un proceso de centrización como lo llama el sociólogo Luis Verdesoto. Puede ser. No obstante, hay diferencias abismales entre Izquierda Democrática, que propuso a Moncayo como su candidato y el ex MPD o el movimiento indígena tan resquebrajado. El resultado de esto se ve en la campaña: ningún aliado cuestiona lo que Moncayo dice, aunque él dice cosas que, en casos, seguramente produce erisipela entre algunos en esa tendencia. Moncayo sorprende por su discurso democrático y centrista en política, ortodoxo y por la equidad en economía y resueltamente liberal y contemporáneo en los temas espinosos para los conservadores: minorías sexuales, aborto, temas de género…

El problema de Moncayo no es él. Son sus socios que no responden por una plataforma política común al punto de que sus candidatos a la Asamblea van en listas separadas. Así, Moncayo no representa una nueva tendencia –necesaria en el país– proveniente de las viejas izquierdas que estuvieron con Correa en el poder y cotejaron sus viejos sueños con las nuevas realidades del mundo. Moncayo hace campaña alrededor de su visión sobrevolando las divisiones de los movimientos y partidos que lo escogieron y que en algunas provincias compiten entre ellos por el voto de los electores. El ex alcalde de Quito seguramente no sabe a ciencia cierta a quién promocionar. O a quién poner a su lado. En ese contexto, esta puede ser la última elección presidencial en que esas izquierdas se ponen bajo un solo paraguas simulando acuerdos que, en realidad, no existen. Muchos de esos dirigentes están, como en el póker, pagando por ver. Si a Moncayo le va bien en las urnas (eso no significa pasar a segunda vuelta), seguramente su esfuerzo por llevar las izquierdas hacia el centro político tendrá un impacto provechoso para la democracia en el país. De lo contrario, algunos considerarán –desempolvando sus catecismos– que él tenía que radicalizar sus posiciones y volverán al pasado.

Esta dinámica explica la estrategia de esta campaña que reposa, en el plano nacional, únicamente en el candidato y, sobretodo, en viejos cuadros de la Izquierda Democrática. Nadie explica por qué Moncayo, que se presenta como el candidato de la experiencia y el conocimiento, escogió a Monserrat Bustamante como compañera de fórmula. Ella era una académica absolutamente desconocida en el ámbito político y entre los activistas sociales. Esto no le ha ayudado en la campaña en la Costa ni en el plano de los imaginarios. Otro enigma: su alianza con Jimmy Jairala, un prefecto que despierta enormes reservas éticas en esas izquierdas. En la campaña se dan razones estrictamente de carácter electoral que calzan mal con el perfil de sobriedad y honestidad que promociona el candidato.

En el plano de la estrategia, que concierne esta nota (ulteriormente se analizará el programa de gobierno), el resultado que obtenga Paco Moncayo servirá para responder otra inquietud: si tras diez años de correísmo, el electorado vota por el centro o prefiere mantenerse en los márgenes que traza la polarización entre el correísmo y su continuidad o la ley del péndulo.

Foto: Campaña de Paco Moncayo
Próximo artículo: El programa de gobierno de Lenín Moreno

Artículos anteriores (serie Estrategias políticas electorales):
http://4pelagatos.com/2017/01/05/correa-ato-de-pies-y-manos-a-lenin-moreno/
http://4pelagatos.com/2017/01/06/cynthia-viteri-dobla-la-dosis-de-populismo/
http://4pelagatos.com/2017/01/10/lasso-es-el-cambio-pero-no-es-integral-ni-incluyente/

Rodas se volvió aliado de sus sepultureros

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concejo sublevado

Volar a Washington fue la peor idea que pudo ocurrírsele al acalde.

En primer lugar, porque a estas alturas no existe actor político de la ciudad que no reconozca la esterilidad del viaje; hasta Gonzalo Rosero lo hizo notar hoy jueves en radio Democracia. Denunciar una persecución política en su contra, exigir una lista de nombres al Departamento de Justicia de Estados Unidos, ofrecer su colaboración para esclarecer el caso Odebrecht…  Todo no es más que un saludo a la bandera y un despliegue escenográfico, y nada de eso demanda su presencia allá; otra cosa es que él no quiera estar acá. En segundo lugar, fue una mala idea porque su ausencia (y la de Mauro Terán, cabe suponer) propició una insubordinación del Concejo Metropolitano a la que plegaron incluso concejales aliados e independientes que por lo general votan con él. Ahora Mauricio Rodas tiene por delante una sesión extraordinaria en la que deberá rendir cuentas de las informalidades admitidas por él mismo: la de sus conversaciones con Odebrecht y la de su relación con Mauro Terán, asesor sin nombramiento a quien el presidente de la República atribuye la condición de ser “el poder tras el poder en el Municipio”.

Sesión extraordinaria: justo lo que él quería evitar, sólo que ahora son 19 de 21 concejales quienes se la exigen. Antes de su partida no llegaban a 11. Que se recuerde, es la primera vez que este alcalde, cuya estrategia política consiste precisamente en evadir la política, termina siendo forzado por el Concejo a aterrizar en ella.

Se discutió y aprobó el proyecto de resolución presentado por Daniela Chacón, que incluye la convocatoria a sesión extraordinaria (para que el alcalde informe sobre las actuaciones de todos sus “asesores externos”) y la adopción de varias medidas para transparentar el proceso de contratación de Odebrecht y la relación de Mauro Terán con la Alcaldía: examen de la Contraloría a las declaraciones de bienes de los concejales; examen especial a todos los funcionarios que participaron en el proceso de contratación de Odebrecht en ésta y la anterior administraciones; sanción a los funcionarios que no entregan al público la información pública; disposición para que la Empresa Municipal de Obras Públicas y la Empresa Metro de Quito remitan en 15 días al Concejo toda la documentación relacionada con Odebrecht que mantienen en secreto…

Todo salió mal para Mauricio Rodas.

Primero: la información que su alcaldía demoraba en entregar la repartió Eduardo del Pozo, el vicealcalde a cargo de dirigir la sesión, pronto a reaccionar a la coyuntura con gestos magnánimos que lo hagan flotar ante los concejales.

Segundo: su defensa de que el problema de Mauro Terán, imputado por fraude fiscal, es uno de índole particular que nada tiene que ver con el Municipio dado que no es funcionario, fue desvirtuada por Daniela Chacón con el argumento de la responsabilidad pública: si Terán cumplió delegaciones del alcalde sin ser funcionario, o sea sin la posibilidad de ser fiscalizado ni la obligación de rendir cuentas a nadie, el caso es más grave de lo que la Alcaldía pretende.

Tercero: sus intenciones de borrarse del mapa hasta el 22 de enero quedaron al descubierto y fueron objeto de burlas y de suspicacias. Porque no sólo iba a Washington el alcalde. Su próxima escala programada era Davos, donde pretendía asistir al Foro Económico Mundial. O sea que después de salvar al Ecuador en Estados Unidos Rodas quería salvar al mundo en Suiza mientras dejaba a Quito arder en llamas. “¡Suiza!”, se escandalizó el concejal correísta Jorge Albán: “¡El mayor paraíso fiscal del planeta!”. Finalmente se anunció que Rodas, que al parecer no sabe si va o viene y vacila por momentos en su estrategia de improvisaciones, había cambiado de opinión y decidido regresar el día 14.

Ya nadie pasó por alto el tema de las “conversaciones informales” con Odebrecht admitidas por Rodas en la anterior sesión del Concejo, la semana pasada. En ese momento muy pocos reaccionaron ante esa revelación tan comprometedora. Hoy todos se escandalizan. Y todos aportan con su granito de arena a la montaña de dudas que genera Mauro Terán: que no sólo era operador político sino administrativo, dijo Patricio Ubidia; que era el delegado directo del alcalde para cuestiones importantes, aseguró Anabel Hermoza; que se reunía con todos y coordinaba la agenda legislativa, reveló Luisa Maldonado…

Sin argumentos defendibles, los concejales fieles a Rodas recurrieron a la obstrucción jurídica y apelaron a cuestiones de procedimiento. Según ellos, nadie sino el alcalde tiene la atribución de convocar a sesión extraordinaria del Concejo. Incluso contaron con la ayuda del procurador municipal, que fue llamado a consulta y se pronunció a favor de esa extraña interpretación que, de ser cierta, dejaría a un órgano parlamentario sin la posibilidad de autoconvocarse. No bastó. La concejal Ivonne von Lippke arrastró, metafóricamente hablando, al procurador municipal. “Usted no es juez”, le dijo, y procedió a darle lo que llamó “una lección de derecho”.

Si Von Lippke arrastró al procurador, Albán hizo lo propio con el secretario del Concejo, a quien se le ordenó la semana pasada remitir toda la documentación faltante sobre el proceso Odebrecht y no lo hizo. “¡Usted es secretario del Concejo, no del alcalde!”, le recordó Albán, exaltado.

Ese es el clima con que deberá enfrentarse Mauricio Rodas la próxima semana cuando acuda a la sesión extraordinaria del Concejo. Lo que traiga de su viaje, el informe del resultado de sus gestiones ante los organismos que visitó en Washington, de poco le servirá para contener la avalancha que se le viene encima. Básicamente porque no hay resultados que mostrar. Sus relaciones con el Concejo Metropolitano están en su peor momento. Y, para su desgracia, no cuenta con un Mauro Terán que le apague el incendio con negociaciones informales.

Para que Moreno gane, Correa empeña al país

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Parecería que el Ecuador ha superado ya la barrera de los 50 mil millones de dólares de deuda pública, si se suman todos los pasivos que tiene el Estado, según cálculos de Jaime Carrera del Observatorio del Gasto Fiscal. Esto ocurre luego de que la semana pasada se colocaron mil millones adicionales de dólares en bonos del Estado, con lo que el total de deuda por bonos emitidos desde el 2014 alcanza $7 250 millones, según información publicada por diario El Universo. La nueva deuda tiene un rendimiento de 9.12% y el plazo de vencimiento es del 13 de diciembre de 2026.

Para ver el cuadro en PDF haga clic aquí

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Con este volumen de deuda, se ha superado, y con creces, el tope legal de 40% con relación al Producto Interno Bruto, según los datos de Carrera. Analistas como Fausto Ortiz creen que con las maniobras legales del Gobierno (léase un reciente decreto ejecutivo) que hizo “desaparecer” 11 275 mil millones, se podría alegar que hay tramos de la deuda que no se cuentan como tal, con lo que aún hay algo de espacio para cumplir con la cota máxima de 40% de deuda con relación al PIB que establece la ley.

Los cálculos de Carrera hablan de un estado actual de la deuda que representa alrededor del 52% del PIB, como se ve en el cuadro que acompaña esta nota y que es de su autoría. Ortiz piensa que, de todos modos, si se hace una lectura honesta de los pasivos que existen se estaría violando la norma, legal pues el monto de la deuda comparado con el PIB supera el 40%.  “Si sumamos todos los pasivos sí superamos el límite legal”, sostiene Ortiz quien hace un cálculo menor de la deuda: alrededor de los 41 mil millones.

Lo más relevante en el tema no parece ser solamente el monto total de la deuda sino la velocidad con la que ésta crece. Esto sucede porque los costos de mantenimiento del actual modelo económico (y político) hace que el ritmo del endeudamiento sea tan agresivo que no se ve, a corto plazo, la posibilidad de que la tendencia se revierta. Se teme que en un futuro no muy lejano la cifra total de la deuda sea abismalmente alta.

El aparato estatal ecuatoriano necesita 27 mil millones de dólares anuales para su funcionamiento, como ocurrió en el 2016, de los cuales no tiene de dónde sacar $6 mil millones. Manuel González lo compara con un hogar que tiene ingresos por 2 700 dólares pero que no alcanza para la subsistencia de la familia se tiene que pedir 600 prestados (más de un quinto de su presupuesto) cada mes para poder cubrir los gastos.

Para González, con ese nivel de gasto al final del año el Ecuador habrá adquirido deuda por más de 10 mil millones, tal como en el 2016. Es decir que, si nadie toma una decisión para disminuir el gasto público, el Ecuador podría cerrar el 2017 con una deuda de 60 mil millones de dólares. No hay que olvidar que en el 2007 la deuda del Estado ecuatoriano era de 13 900 millones de dólares, lo que representaba el 27% del PIB. Según González, el 31 % de los ingresos del Estado hasta noviembre del 2016 provenían de deuda, uno de los niveles más altos que se tenga registro en la historia el país.

Entonces, ¿hay que angustiarse más de la deuda que ya está contratada o del nivel de gasto que conduce a más endeudamiento? Para Fausto Ortiz el monto de la deuda no es el principal problema, pues un 40% de la misma es manejable. El verdadero problema, asegura, es que no se corrige el ritmo de gasto público que es lo que, a la postre, origina la necesidad de más deuda. Aquí el problema es el déficit, sostiene. Y mientras el Ecuador tenga déficit se necesitará más deuda.

Otro problema que Ortiz observa en la deuda ecuatoriana es el de los plazos para el pago. Es una deuda con plazos muy cortos, lo que va a complicar mucho a los gobiernos venideros. En esto coincide con otro analista, Alberto Acosta Burneo que en una declaración a El Universo dijo que el inconveniente de estas recientes colocaciones de bonos son los plazos de pago que oscilan entre 5 y 10 años con una tasa superior al 9% en promedio. Para Acosta, la única salida para los siguientes gobiernos sería reestructurar la deuda; es decir, contraer deuda pero más barata y a más largo plazo para pagar la deuda cara y de corto plazo. Triste panorama, en todo caso.

Si el problema es el gasto público que a su vez genera un déficit fiscal que debe ser cubierto con más deuda, ¿por qué esto no se ha corregido? Sencillo: cortar gasto es impopular y en tiempos de elecciones eso no conviene a los que apuestan a que gane el candidato de gobierno. Lo que está costando el mantenimiento del Estado sin que se tomen medidas impopulares, según los analistas, es más o menos mil millones de dólares mensuales. Todo para que las cosas sigan funcionando y el candidato de gobierno no pierda apoyo. ¿Y si gana y le toca arreglar el entuerto? Pues ese ya será su problema. Por ahora, lo que se tiene a la vista es la campaña electoral más costosa de todos los tiempos.

Odebrecht despertó a los concejales de Alianza País

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Los concejales de Alianza País en el municipio de Quito ahora sí quieren fiscalizar a Mauricio Rodas. Lo demostraron esta mañana adhiriéndose al pedido de convocar una sesión extraordinaria para que el alcalde rinda cuentas sobre las “conversaciones informales” con Odebrecht y sobre el caso de Mauro Terán.

Ahora esos concejales quieren conocer el contrato, que reposa en la notaría 36, y que fue negociado “informalmente” por Mauricio Rodas con Odebrecht hace dos años. Ahora quieren saber qué hacía exactamente Mauro Terán en el municipio, donde estuvo, según Rodas, desde que inició su gestión. Ahora, de paso, quieren conocer toda la información sobre la Solución Vial Guayasamín…

El caso de los concejales de Alianza País deja perplejo. ¿No sabían, entonces, nada de la obra más importante de Quito que involucra miles de millones de dólares? ¿Por qué no solicitaron antes el contrato? ¿Por qué nunca se inquietaron de que no estuviera publicado y de que ni siquiera estuviera colgado en la página web de la alcaldía metropolitana? No solo nada sabían de ese contrato: no saben nada porque acaban de descubrir que el alcalde Rodas hizo subir a la web apenas un tercio de ese documento que tiene más de 500 páginas.

Ahora quieren saber cuál era el estatus de Mauro Terán y hasta dónde se involucró en las decisiones en que intervino. ¿Acaso no lo conocían? ¿Acaso no sabían de su preponderancia en la alcaldía, pues tenía oficina y parqueadero en el municipio? ¿Acaso no sabían que él era el hombre fuerte de la administración, que Rodas no tomaba decisiones fundamentales sin oír su parecer al punto de que Rafael Correa dijo, en sus cuentas de redes, que Terán era el poder tras el poder en la alcaldía? Es imposible que el perfil de Terán haya pasado inadvertido para esos concejales (también para los de SUMA-Vive, para Eduardo del Pozo y para los independientes).

Es inaudito que Rodas haya podido firmar un acuerdo secreto con los chinos sobre la Solución Vial Guayasamín sin que el conjunto de concejales (aliados, independientes y de oposición) hayan señalado no solo la inconveniencia sino la aberración de lo que eso significa. Esta alerta, que 4Pelagatos recogió oportunamente, la dieron sobretodo los ciudadanos en las redes sociales. Y se ganaron ataques e insultos por parte de troles que nada tienen que envidiar a los del gobierno nacional.

Hoy que Rodas, presionado por los eventos, ha levantado, en parte, el velo sobre sus actuaciones, los concejales de Alianza País se activan políticamente contra él. No hay cómo evitar concluir que lo hacen por puro cálculo político. Y que es por cálculo político que han evitado fiscalizar a Rodas. Naturalmente que les resulta improcedente cuestionar, por ejemplo, el mecanismo utilizado para negociar con los chinos porque lo inventó –y lo usa– el gobierno al que representan: las alianzas público-privadas. Mecanismo antidemocrático y opaco que permite a la autoridad ocultar información bajo el pretexto de ser confidencial o reservada. Mecanismo que saca a los ciudadanos del escenario público y ampara la corrupción cuando no la aúpa directamente.

Se entiende por qué los concejales de Alianza País solo reaccionan ahora cuando luce imposible no pronunciarse. Su deseo de fiscalizar a Rodas acompaña, como es obvio, la estrategia del gobierno que es empantanar al alcalde (indefendible e impresentable en los dos casos) para evitar responder sobre las denuncias del departamento de Justicia de Estados Unidos: en ellas se habla de sobornos por $33,5 millones dados a funcionarios del gobierno central entre 2007 y 2016. Es irremediable comprobar que hasta los concejales de Alianza País en Quito consideran que la lucha contra la opacidad administrativa y la corrupción obdece más a las agendas políticas de su partido que a convicciones democráticas y a su compromiso con el cargo que los quiteños les confiaron.

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