Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Una nueva trampa para salvar a Lenín Moreno

en La Info por
Guillermo Lasso

Si la tarea de evitar que exista un debate entre los dos candidatos finalistas a la Presidencia de la República estaba a punto de fracasar por la decisión de Guillermo Lasso de participar en el que organizó la Red de Maestros, entonces había que inventarse algo nuevo para hacer imposible que asista. Exponer a un candidato tan pobre conceptualmente a un debate frente a Guillermo Lasso es un riesgo que no se puede correr.

Por eso alguna mente retorcida, acostumbrada a siniestros menesteres jurídicos como la de Alexis Mera, inventó una trampa que apareció en forma de comunicado. En él, sin empacho ni tapujo, la Red de Maestros condiciona la realización del debate, que ya estaba pactado y organizado, a que ambos candidatos firmen una declaración juramentada ante notario público en la que los candidatos digan que no tuvieron participación directa o indirecta en casos de corrupción y que tampoco se han beneficiado de manera particular en decisión que hayan tomado en el ejercicio de funciones públicas o privadas referidas a tres temas. Primero: el candidato debe jurar que no tiene nada que ver con la salida de su patrimonio a paraíso fiscales y en compañías offshore. Segunda: que no se ha beneficiado ni fue funcionario público o privado durante la crisis financiera de 1999 y Feriado Bancario.Tercera: que no tiene relación con el caso de corrupción de Odebrecht y Petroecuador.

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La fórmula es evidentemente un mecanismo para forzar a Lasso a no asistir al debate. Para esto, el comunicado-condición de la Red de Maestros es una trampa para que Lasso quede expuesto en caso de firmar. Si en ese documento notarizado tiene que decir, por ejemplo, que jura no tener capital en compañías offshore, es evidente que no puede hacerlo. Es conocido, y el mismo Lasso lo ha informado, que tiene un banco en Panamá. Esto podría ser interpretado como “compañía offshore”. En caso de que firme la declaración juramentada para así poder ir al debate, no sería extraño que en poco tiempo la justicia de bolsillo que tiene el Gobierno, con un nuevo fiscal que fue asesor personal de Rafael Correa, abra un expediente en contra de Lasso por atentado a la fe pública.

Si no  va, el correísmo le atacará por incurrir, supuestamente, en uno o más de los tres puntos incluidos en el condicionante que formula la Red de Maestros. En otras palabras, la idea es evitar que haya debate para salvar del desastre a Lenín Moreno y, de paso, hacer de la cancelación del debate un instrumento más de campaña en contra de Lasso. Sin duda se trata de una estratagema que, es obvio, no salió de la mente de los dirigentes de la Red de Maestros sino de alguna oficina de abogados afinados en la fabricación de documentos tramposos.

Es, sin embargo, tan burda y grosera la trampa dentro de su innegable astucia, que difícilmente se puede ocultar sus objetivos. ¿Por qué entre las condiciones no se incluye el jurar no haber recibido dinero del Estado ecuatoriano sin ser funcionario, por ejemplo, para ver si Lenín Moreno, que recibió 1.6 millones de dólares para vivir en Ginebra, firma donde el notario? También podrían haber pedido que se firme un juramento en el que el posible asistente al debate diga que no tiene relación con una fundación que ha recibido dinero de organizaciones públicos sin enseñar su contabilidad y justificar los gastos.

El comunicado, además, es tan burdo que incluye un punto referido a los escándalos de Odebrecht y Petroecuador como para luego afirmar que Lenín Moreno no tuvo nada que ver en esos dos temas. ¿Por qué no pedir que también los vicepresidenciables firmen ese documento, para ver si Jorge Glas lo hace?

Este episodio, sin duda, alcanza niveles insólitos. Se inventaron un debate que estaban seguros que no iba a hacerse porque no les convenía que suceda. Cuando se vio que iba a realizarse porque Lasso, con su decisión de ir, les alteró los planes, se inventaron una nueva ardid para que nuevamente el debate se convierta en algo imposible. Pero no solo es eso: el comunicado de la Red de Maestros eleva otra vez a las declaraciones juramentadas notarizadas a la categoría de institución.  El correísmo está convencido de que una declaración juramentada es un sacramento de pureza. Hace poco el candidato a la Vicepresidencia, Jorge Glas, fue hasta donde un notario en Manabí para decir que no tiene relación con el tema Odebrecht y con esa ceremonia el correísmo pretende que no haya dudas sobre la honorabilidad de Glas. Acá, no existe justicia que establezca culpabilidades o inocencias, ni hechos que confirmen o no la realidad. Las declaraciones juramentadas se han convertido, al igual que los homenajes como el que se hizo para Pedro Delgado, en santos sacramentos en los que los correístas alcanzan la pureza absoluta.

El estalinismo de Pérez Torres se hace video anti correísta

en La Info por
RAÚL PÉREZ TORRES

Hay mensajes que por llevar un tono de crítica a Rafael Correa han llegado como bálsamo para quienes sienten hastío de la concentración de poderes, del despotismo, del abuso de los bienes del Estado, de la corrupción, de la hiper regulación estatal, de la impunidad y del acoso mediático desde el Estado. Básicamente entre quienes están hastiados de la década correísta.

Entre esos mensajes hay, sin embargo, contenidos que reproducen un patrón de pensamiento tan despótico y con igual sentido de desprecio a las libertades como lo tiene el correísmo. Ahí encaja el video Cría Cuervos que, desde la Casa de la Cultura, ha hecho su presidente Raúl Pérez Torres. El video ha brincado con mucho éxito por redes sociales y con especial entusiasmo en ciertos grupos de Whatsapp, donde reina el hartazgo con el estado actual de las cosas. Curioso.

En el video, Pérez Torres retrata al pueblo y, en especial, a la nueva clase media como una masa de malagradecidos que no ha sabido reconocer todo lo que su líder, Rafael Correa, ha hecho por ellos. ¿Por qué son malagradecidos? Porque Correa no supo escucharlo a él y no dio al pueblo la cultura que lo hubiera sensibilizado y domesticado. Si Correa le hubiera hecho caso y hubiera acercado al pueblo a la literatura, la poesía y la música, ese pueblo no estaría gritando contra él, no estaría despreciándolo ni desconociendo todo lo que el líder hizo durante estos diez años.

“No quiso escucharme”, se escucha a la propia voz de Raúl Pérez decir cuando sugiere que la explicación para tanto mal agradecimiento se origina en la negativa de Correa a acercar la cultura al pueblo.  “Le han caído del cielo los hospitales, las universidades, las carreteras, el trabajo, el sueldo mensual, las pensiones. Ahora sí puede carajear, ahora sí puede insultar, solazarse y manifestar su ego escondido, ahora nadie le ningunea, puede dilapidar y hasta enseñorarse, pervertirse es su derecho”, dice el texto leído por Pérez Torrez con dejo lírico y quejumbroso. “Se le entregó el pez sin enseñarle a pescar. Analfabeto de principios y de símbolos, su egoísmo, su individualidad, su mediocridad, su ambición están garantizadas. Nunca quiso escucharme”: el autor de video asume que las masas, sin la guía de un iluminado, terminarán irremediablemente extraviadas en la oscuridad de la ignorancia y la maldad.

En la concepción política de Pérez Torres, y de un amplio sector de la rancia izquierda con la que coincide, el pueblo es una masa a la que hay que sensibilizar con música, poesía y literatura. Solo ahí estará domesticado y será dócil, generoso y comprensivo.

A él no le importa si en la construcción de esos hospitales de las que habla en video, hubo sobreprecios y corrupción. No le importa si, bajo el argumento de que se han hecho carreteras y universidades, se han conculcado libertades y se ha utilizado la estructura del Estado para insultar y reprimir. No. Si me hubieras escuchado y les hubieras dado música, poesía y literatura ahora no te estarían insultando, dilapidando, solazándose o manifestando su ego escondido: eso es lo que Pérez Torres dice a Correa en su mensaje.

Es irrelevante, en definitiva, que tras la obra pública se hayan eliminado las instituciones de una democracia republicana que establece límites al poder. Irrelevante si  no hay una justicia independiente y si los ciudadanos han estado absolutamente indefensos ante el poder del Estado durante 10 años. No, en la visión de Pérez Torres el poder absoluto no es malo en sí, el problema está en que ese poder no sea capaz de domesticar a las masas mediante la cultura. Para los Pérez Torres, la cultura no puede desencadenar procesos liberadores, contestatarios o de resistencia; tan solo construir masas sensibles, generosas y buenoides. Una masa agradecida sensibilizada a través de la cultura es siempre mejor que una masa crítica, inconforme y gritona; tan malagradecida ella, que recibió todo lo que tiene. Si el pueblo ha logrado conquistas materiales es porque le han caído del cielo.

Esta forma de ver el mundo es, además, penosamente moralista. En esa moral, el mercado y el capital son agentes que pervierten al pueblo porque lo alejan de la bondadosa tutoría del líder sabio, culto e iluminado. El supermercado siempre será un espacio vergonzante y la ropa de marca una creación satánica para destruir a las almas buenas, caritativas y dóciles. Lo material, en manos de la gente, será siempre una amenaza para la utopía donde todos se contenten con lo que el Estado, administrado por burócratas sabios, determine que esa gente tiene derecho a tener.

En esa visión de Pérez Torres, la cultura no debe desencadenar procesos contestatarios y de resistencia al poder sino cultivar seres humanos dóciles que agradezcan lo que el poder les entregue. Concesiones graciosas del monarca que no son propiedad de quienes pagan impuestos o conforman  la fuerza productiva de una sociedad. “El pueblo gordo de avaricia, tambaleándose en la nueva realidad no sabe qué hacer con lo que tiene”, recita casi como en una oración el presidente de la Casa de Cultura.

El video de Raúl Pérez Torres lleva un mensaje profudamente conservador y reaccionario. Rafael Correa se ha ganado el insulto y el desprecio de un pueblo porque no escuchó su consejo: entrégale libros, poemas y cuadros para que la masa sea bondadosa, sensible y jamás alce la voz en tu contra. “Hay que llegar al pueblo con humildad, por eso hay que tocar sus resortes guardados para que salte su sensibilidad por eso hay que llenarlo de poesía y de música y de literatura y de la sabiduría y el ejemplo de los hombres y mujeres que construyeron la patria. Por eso hay que poner en sus manos el arte”, dice un Pérez Torres dolido y decepcionado de que Correa no le haya escuchado y que ahora haya un pueblo malagradecido e insultante que no reconoce lo que sus iluminados caudillos hacen por él.

Rafael Correa has criado cuervos y ahora te sacan los ojos: ese es el mensaje. Cuervos que no fueron domesticados a tiempo. La libertad no puede ni debe ser un derecho inherente a los cuervos porque terminarán usándola en tu contra. La ecuación estalinista sigue viva, en este caso en forma de un video lírico y doliente que corre alegre por Whatsapp.

Segundo round tras las latas de atún

en Caricaturas/El Humor/La Info por
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Chamorro pescó en pleno trabajo al correísmo. En Manabí ya devolvieron la solidaridad y trabajan intensamente por recuperar más y más valores para la sociedad… ¡Cuidado con las jeringas!
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El correísmo solo puede empeorar o implosionar

en La Info por
Captura de pantalla 2017-03-24 a las 9.39.07 a.m.

El correísmo se volvió la forma más usual de la política en el país en este década. Y puede volver a ganar la presidencia de la Republica, esta vez con Lenín Moreno. ¿Ese movimiento ha aprendido algo de su paso por el poder? ¿Puede renovarse? ¿Corre en forma desaforada hacia su implosión?

Con Constitución propia, instituciones cooptadas, mayoría en la Asamblea Nacional, un Presidente convencido de poder mandar en todos los poderes, el correísmo copó todos los espacios y llenó un gran número de imaginarios. Ganó elecciones en seguidilla y se convirtió en un partido totalmente entroncado con el Estado. Jerarcas y militantes no hacen la diferencia.

El correísmo no es una ideología ortodoxa que se encuentre en las enciclopedias de las ideas políticas. Popurrí de arquetipos, el correísmo se ha nutrido de neomarxismo, nacionalismo, populismo, la versión de Estado desarrollista autoritario de Corea del Sur, la teología de la liberación, el modelo cubano y chavista… Algunas de estas vertientes se juntaron en el Socialismo del Siglo XXI. Pero incluso esa denominación, no singulariza al correísmo que se articula alrededor de los mitos de un hombre providencial y de un Estado benefactor y que se ancló en un período de bonanza económica.

Los pruritos ideológicos duraron poco. Quizá el tiempo de montar este sistema en el cual Correa no solo afirma que el pueblo le delegó el poder sino que el pueblo es él. Lo que vino enseguida puede ser mirado como un conjunto de tácticas políticas o comunicacionales destinadas a implantar la hegemonía del modelo, protegerlo, perennizarlo y sembrarlo hasta en el inconsciente nacional. De un movimiento pródigo políticamente (por la confluencia de organizaciones que convocó), el correísmo mutó a secta obnubilada por convertir la política en religión, los lemas en mandamientos, el discurso en evangelio, el jefe en demiurgo. En monarca que ejerce “su potestad dominadora”, como escribió Richard Morse.

El aparato correísta se impuso esa tarea. Lejos de tender un cable a tierra, se refugió sin remedio en un ensimismamiento absoluto. Quizá en un futuro cercano, historiadores y sociólogos logren explicar por qué gentes de la academia, viejos políticos, activistas y luchadores sociales, intelectuales… se aplicaron con esmero a construir este monstruo autoritario. Acallaron sus conciencias, cerraron sus bocas, archivaron sus plumas. Pocos fueron sus disidentes. En este sentido, el correísmo es un fenómeno no solo político. En su explicación serán bienvenidos los análisis de la sicología política.

Esos historiadores, esos sociólogos, esos sicólogos tendrán que desentrañar las razones por las cuales esa inmensa comunidad de ecuatorianos, muchos con altos títulos universitarios, decidieron desaparecer como individuos: entregaron su juicio, sus valores, su sentido de la realidad a un aparato encargado de fabricar la verdad y custodiar el templo. En vez de política –que incluye contradicción, diversidad, diferencias– asumieron las coartadas, las falacias, los castigos y la persecución contra los otros, la propaganda mentirosa, la corrupción, la guerra sucia… Esa visión perversa de ser la fortaleza de los buenos, sitiada por los malos: los vende patrias, acólitos del imperialismo, genuflexos del FMI, adoradores del dólar, gente mala y sin alma.

En diez años, los correístas no dan la impresión de haber aprendido de su gestión del poder ni de la realidad: lucen absortos ante las carreteras que repavimentaron, distantes del sentido común, ajenos a los efectos nefastos que han producido en la economía y en la democracia, adoradores sin remedio de un tótem. Lucen hundidos en la guerra que libran contra la sociedad con la entereza que San Jorge muestra, en el cuadro de Tintoretto, en su lucha contra el dragón. Moreno llegó de Ginebra con intenciones –eso dijo– de cambiar. El aparato literalmente se lo tragó, al punto de que no parece dueño de su discurso ni de sus acciones. Varias veces ha dado la impresión de solamente ser un militante disciplinado de un partido que nació para reinar sobre todo y sobre todos.

Moreno mantiene y ahonda ese discurso de un Estado benefactor, dispensador de dádivas. Si les ha dado excelentes resultados, es posible, es seguro que les volverá a dar. Moreno no educa a los ciudadanos, los engaña. En esa dinámica defiende la idea (y la aceita en la campaña) de que los contradictores u opositores son enemigos. Y aún cuando la mayoría de la sociedad (si se suman los votos de la oposición en la primera vuelta) envía mensajes de hastío, tampoco él los procesa. Sigue al aparato que los niega o los enmarca en esa dinámica esquizofrénica propia de Rafael Correa que, cuando oye la palabra oposición, entiende complot, desestabilización, atentado…

El correísmo ni madura ni cambia: no puede hacerlo porque el correísmo es lo que es Rafael Correa. No necesita hacerlo porque lo que quiere Correa ya lo tiene: reinar como monarca y ser el demiurgo ante el tribunal de la historia. Por eso Moreno, si fuera elegido Presidente, tendrá que ser rehén de esa maquinaria medieval e inquisitorial o contribuir, en forma consciente y decidida, a su implosión. Pero por ahora nadie lo ha comparado, ni remotamente, con Mijaíl Gorbachov.

Mañana: ¿maduró la sociedad civil?
Ayer: ¿Maduró la 
oposición? 

Tres videos que están despertando indignación

en La Info por
Captura de pantalla 2017-03-23 a las 6.01.49 p.m.

Esta campaña electoral no es una campaña normal. Si fuera normal habría dos sectores compitiendo para acceder el poder y el Estado regularía y pondría límites para que nadie viole leyes y reglamentos electorales.

Pero en esta campaña electoral es el Estado el que participa en la carrera. Medios de comunicación manejados por el Gobierno, empleados públicos que tienen que hacer campaña (muchas veces obligados), carros de ministerios o subsecretarias que van y vienen haciendo proselitismo, call centers de organismos estatales que hacen llamadas para ofrecer créditos, servicios de salud que sirven de escaparate proselitista… Es, en definitiva, todo el Estado puesto al servicio de la candidatura de Lenín Moreno. Se trata de una campaña electoral completamente desnaturalizada porque una de las candidaturas, en este caso la del Gobierno, utiliza fondos que pertenecen a todos los ciudadanos.

Esta campaña es, además, una campaña anormal por un hecho muy sencillo: no hay organismo de control que impida al Estado hacer proselitismo. Esto ocurre por algo muy simple: el organismo de control, en este caso el Consejo Nacional Electoral, es manejado por el mismo Gobierno; es decir por administradores del Estado. En pocas palabras: no solo que el Estado interviene en la campaña sino que no hay nadie que impida que lo haga.

Pero cuando no hay control institucional, no todo está perdido. Queda, al menos, el control de la opinión pública y para eso, en las actuales circunstancias, no hay nada que actúe con mayor eficiencia y velocidad que las redes sociales. Es, precisamente, en las redes sociales donde las personas están compartiendo videos y fotografías en las que se denuncian los abusos del Estado. Estos días, en que se ha hablado del efecto que está produciendo en las preferencias electorales el apoyo de las instituciones públicas y la falta de control al proselitismo engañoso, ha sido la gente, en las redes sociales, la que ha exhibido esos abusos. Los mensajes que circulan, en especial ciertos videos y fotografías, se han convertido en una de las pocas herramientas que la sociedad tiene para resistirse a la normalización de lo anormal: en este caso una campaña donde el Estado es una de las partes haciendo campaña.

En estos últimos días de campaña al menos tres videos se han convertido en aútenticos éxitos porque provocan sorpresa e indignación. Si no hay institucionalidad que reaccione, al menos hay capacidad de sorpresa e indignación de la gente. Uno de esos videos fue hecho por el equipo de periodistas de Ecotel, un canal de televisión de Loja que fue clausurado por el gobierno y que ahora funciona en internet. En él se ve cómo el Estado, a través del manejo de la educación pública, logró en Loja que estudiantes de colegio asistan sesiones donde se proyectan películas que tienen que ver con el feriado bancario: es una clara alusión al candidato de oposición Guillermo Lasso.

Hay otro video en el que se evidencia cómo los activistas que hacen campaña por Moreno dicen claramente que lo único que se pide a cambio para para acceder a a los programas sociales que ofrece el candidato es el voto. Es decir, si quieres casa tienes que votar por Moreno porque esos programas no son para todos.

En el tercer video se observa a una activista de la campaña de Lenín Moreno recoger inscripciones para programas de viviendas populares, mujeres embarazadas, jóvenes emprendedores y personas mayores bajo la condición de que el aspirante vote por Moreno. “Si gana Lenín usted va con este certificado”, dice y por eso exigen una inscripción con número de cédula y número de teléfono. Tres muestras, de muchas que circulan, de manipulación y engaño que justifican por qué la gente que comparte estas imágenes está indignada.

La oposición está desactivada por los señores feudales

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Captura de pantalla 2017-03-23 a las 9.47.40 a.m.

La pregunta, quizá la más importante, tras la década correísta es: ¿cuánto maduraron la sociedad civil y la sociedad política? Esta campaña es terreno ideal para buscar respuestas. Primero, la sociedad política; la oposición en particular: es víctima de la peor enfermedad que corroe la política nacional: el síndrome de los señores feudales. Esto se evidenció en la primera vuelta en la cual se multiplicaron, otra vez, las candidaturas, como antaño, haciendo creer que el país es tan diferente que requiere ocho opciones electorales. Y esto tras diez años de correísmo que deja una agenda urgente y acotada para los demócratas: recuperar, en primera instancia, los valores republicanos y democráticos.

Esta segunda vuelta encuentra a gran parte de la oposición unida alrededor de esa urgencia. Ese acuerdo mínimo, sin embargo, lo impuso parte de la sociedad civil harta de autoritarismo y corrupción. Lo impuso a Jaime Nebot y Cynthia Viteri tras haber sido calificados de chimbadores. Eso se les dijo en las redes sociales tras el anuncio de la candidatura de Viteri. Se les dijo antes incluso, tras el esfuerzo insólito de Nebot por ignorar a Guillermo Lasso (entonces primera opción en la oposición) y montar, en Cuenca, la ficción de un acuerdo con Paúl Carrasco y Mauricio Rodas. En ese capítulo también Lasso tuvo una enorme responsabilidad al haber exorcizado en público las heridas de su rivalidad con Nebot en la campaña presidencial de 2013.

La realidad de la oposición, por fuera de Lasso y Nebot, es políticamente desoladora. Lucio Gutiérrez en coma electoral, la Izquierda Democrática con un espasmo de resurrección/suicidio de última hora, el movimiento indígena más dividido que nunca, la izquierda que se fue del gobierno debilitada y sin programa común de renovación… En diez años y fuera de Lasso, que trabajó su candidatura durante siete años, esas oposiciones no trataron de capitalizar políticamente el anti-correísmo. Y tampoco maduraron.

Esta realidad se nota con acuidad en esta segunda vuelta. En el centro-derecha Nebot y Viteri han pedido a sus seguidores que voten por Lasso. Punto. Ni un gesto ni un acto más en su favor. Acostumbrado a reinar en Guayaquil, Nebot supeditó una reunión con Lasso a que éste se hiciera cargo de los epítetos que en Creo o fuera de ese partido les endilgaron a él y a Cynthia Viteri. Nebot, para camuflar su encono personal, antepuso el honor herido. Viejo truco de un viejo cánon de un viejo político hundido en la vieja política. Basta ver en sus cuentas de redes sociales o en las de Viteri, las acusaciones que ella prodigó a Lasso en la primera vuelta para medir la inconsistencia de la actitud de Nebot. En el fondo, él, como Rodrigo Borja y otros políticos en el país, son rehenes de una tesis: si no soy yo (o un candidato a quien controlo) no es nadie. En algún momento, algún historiador pondrá fechas y hechos alrededor de la actitud del socialcristianismo que desde que dejó el poder, se ha dedicado a boicotear proyectos de modernización, lograr contratos colectivos o imponer sus condiciones a todos los gobiernos.

Esa historia se repite y ahora Nebot y Viteri se lavan las manos. Como es obvio, endosan desde ahora la responsabilidad de una posible derrota de Lasso. Ellos, por fuera de la declaración que hicieron, se limitan a aconsejarlo y a esclarecer que su partido, si él ganara, no hará parte de su gobierno. Incluso la manifestación gigantesca, anunciada para el 8 de marzo por Nebot, fue suspendida. Conclusión: no harán nada por el destino del programa democrático para volver a la democracia.

Nebot  no tiene, por supuesto, el copyright de esta actitud. Mauricio Rodas luce escondido en sus cuarteles de invierno, esquivando la marea (una de sus especialidades) mientras maniobra para que Alianza País no vire la mayoría en el concejo e inicie en serio la fiscalización de sus proyectos. También hay que ver lo que hicieron algunos de los viejos dirigentes de la Izquierda Democrática. Prefirieron fracturar las filas del partido recién inscrito que hacerse cargo de la realidad electoral que encaran los demócratas en el país. Lo hacen por odio a Andrés Páez; por prurito ideólogico y porque creen que eso es lo que mejor conviene al futuro de su partido. Cumplen así (pero, claro, mistificando su discurso ante la opinión pública) con el código de los señores feudales que atraviesa la política nacional y que el correísmo, lejos de acabar, encumbró: si no es uno de los nuestros, nadie… Y quien vaya, que se rompa el cuello porque sobre sus cenizas nosotros floreceremos.

Ejemplo de última hora: Ramiro Aguilar. Tras la derrota de Abdalá Bucaram, con quien hizo binomio, cree que su trabajo es criticar lo que él cree que es la visión de los quiteños. Gran descubrimiento hace Aguilar: hay visiones plurales en el país. Lo cual es una confesión no pedida de que esta campaña le ha permitido conocer al país. Critica a los periodistas y eso es irrelevante para aquellos que consideran que este oficio, cuando no se hace para servir a un partido o a un candidato, es muy cercano a lo que Febres Cordero llamó sociólogo vago. Aguilar pronostica la derrota de Lasso. ¿Y? Parece que tener o no la razón es su dilema en esta segunda vuelta, lo cual es irrelevante. Pero es muy revelador de la manera como políticos de su perfil encaran su responsabilidad.

Es tan curioso lo que ocurre en esta oposición de centro y centro derecha que León Roldós ya dijo que aquellos que meten el hombro por la alternancia en el país son las fuerzas de izquierda. Y parece encomiable, efectivamente, que los representantes de sectores pobres y marginados entiendan y se jueguen por un candidatura que, al margen de su identidad política, se ha comprometido, si gana, a restituir los valores republicanos y la democracia en el país.

Mañana: ¿maduró el correísmo?

El gobierno embosca a Cedatos

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No habían pasado tres días desde que Rafael Correa había calificado, en su sabatina, como fraudulentas a las encuestas de Cedatos cuando en las redes sociales apareció un video anónimo contra… Cedatos. En él, se escucha la voz de un hombre que afirma trabajar en la encuestadora y saber cómo ésta adulteró los resultados del primer sondeo tras la primera vuelta. Al día siguiente, miércoles 22 de marzo, la asambleísta oficialista Rosana Alvarado presentó ante la Fiscalía una demanda por asociación ilícita y adulteración de datos en contra de la encuestadora. Casi en coro, cientos de cuentas de redes sociales asociadas al troll center gobiernista braman pidiendo la prisión de Polibio Córdova de Cedatos, al mismo tiempo que funcionarios de Gobierno y partidarios de la candidatura de Lenín Moreno dicen que lo que aparece en el video no es sino la confirmación de lo que Correa había afirmado el sábado. Todo cuadra en apenas cuatro días.

La encerrona contra Cedatos despierta inevitablemente dudas sobre su carácter casual. La empresa de Polibio Cordova ha venido siendo atacada por el gobierno, y por el Presidente en particular, porque fue la única que acertó en el exit poll del 19 en casi 100%. Esto, y el conteo rápido de Participación Ciudadana, descolocó al propio Correa quien, basándose en una encuesta de Santiago Pérez, dio por ganada la primera vuelta. Todo el gobierno tuvo que archivar su optimismo prematuro y la celebración del triunfo. Cedatos descolocó, igualmente, a las encuestadoras alineadas con el Gobierno que aseguraron, con semanas de antelación, que Lenín Moreno ganaría la primera vuelta con alrededor del 43% de votos válidos.

Polibio Córdova aseguró hoy en rueda de prensa que el video en el cual un supuesto trabajador de su empresa muestra estadísticas, contratos y cheques es un montaje, hecho con hakeo a sus cuentas y a su base de datos, pero burdamente manipulado. Esto solo podría determinarlo una fiscalía profesional con peritos especializados e independientes del poder Ejecutivo. Ese no es el caso. Evidentemente, el correísmo ha hecho un tema electoral de Cedatos otorgando total veracidad a un video del cual nadie se hace cargo. El supuesto trabajador de Cedatos no da la cara. Sin probar su veracidad, el correísmo decidió montar, entonces, este escándalo y explotarlo políticamente.

El Presidente habló el sábado de una ventaja para Lenín Moreno cercana a 20 puntos sobre Guillermo Lasso. ¿Eso no es atentado a la fe pública? ¿Quiénes responden por estas cifras? Correa habló de encuestadoras pero no las identificó. De dos una: o no existen esas encuestas y Correa cometió el mismo delito que Rosana Alvarado endosa a Polibio Córdova. O existen y, en ese caso, esas empresas deben someterse a la misma investigación por parte de la fiscalía y el equipo de peritos especializados e independientes que deben investigar a Cedatos. ¿Qué hace reales las cifras presentadas por Correa? ¿Qué él las legitima? ¿Que él las da por ciertas? ¿Cómo se explicaría, en ese caso, la diferencia abismal que hay con otras encuestadoras, como Informe Confidencial, que dan empate técnico? ¿Y el correísmo tiene calidad moral para hablar de una encuesta supuestamente manipulada, cuando se han inventado una empresa llamada Centro de Investigación Social? ¿Acaso sus encuestas falsas, como esa empresa, no han sido publicadas, como ciertas, por el grupo mediático de propaganda del gobierno? ¿Qué dijo el Presidente y su gobierno sobre la famosa encuesta que se inventó René Ramírez y cuyo autora era supuestamente la Universidad de Georgetown?

Lo que hace el gobierno con Cedatos es anclar un nuevo paquete de dudas sobre sus intenciones reales para el 2 de abril. En este ataque contra Cedatos participan el Presidente, la vicepresidenta de la Asamblea, la Fiscalía, todo el aparato mediático y de propaganda, los troll-center… ¿Qué buscan? ¿Sacar a Cedatos del exit poll de la segunda vuelta, como presumen sus responsables? Si esa fuera su intención, a pesar de que esa firma ya está calificado por el CNE, el gobierno se pegaría un tiro en la nuca. Sacar a Cedatos implicaría dejar a los electores en manos de las empresas de sondeos del gobierno (que no acertaron el 19 de febrero) y de un CNE, que ya está bajo sospecha. Ese sí sería un peligro para la paz pública y no que esa firma pueda hacer su trabajo. Además de que esto solo daría cuerpo a las conjeturas de fraude que rondan en el país.

Es obvio que el gobierno apuntó a quebrar la credibilidad de las cifras que causan problemas en la campaña de Moreno. Es bueno para remover a los indecisos, pero eso también prueba que Moreno no gana con casi 20 puntos de diferencia como dijo Correa el sábado. ¿Logró amedrentar a Cedatos que publicó una encuesta en la que Lasso pasa al segundo lugar? Una encuesta que, a su vez se vuelve inexplicable, pues no hay nada en el panorama político que justifique la diferencia que ahora existe. Si sembrar la confusión hacía parte de esta movida, el gobierno se anotó ese punto.

Foto: Agencia Andes 

El video que desnuda la hipocresía de Miguel Carvajal

en La Info por
Miguel Carvajal

Los 10 años del gobierno de Rafael Correa han dejado en claro que hay, al menos, dos tipos de dirigentes. Unos que son los que más se exponen y que defienden sin ningún tapujo las arbitrariedades y abusos de su máximo líder, Rafael Correa. Son los que menos pretensiones  ideológicas tienen pero que no temen empeñar ni su prestigio ni su imagen a la hora de declaraciones destempladas o decir barbaridades con tal de sacar de apuros al gobierno o al caudillo.  Entre esos están Jorge Glas, los hermanos Vinicio y Fernando Alvarado, Ricardo Patiño, Marcela Aguiñaga, Richard Espinosa, el nuevo fiscal Carlos Banca Mancheno o Alexis Mera. Son vistos dentro de Alianza País como el ala no ideológica del gobierno y, en algunos casos, son identificados como quienes están en la revolución porque es un buen lugar para hacer negocios.

El otro grupo es el de los dirigentes que, al contrario de los anteriores, se presentan como más ideológicos y mucho más comprometidos con lo que llaman “el proceso”. Tienen un discurso mucho más político y están convencidos de que están luchando del lado correcto de la historia. Tratan de no dar declaraciones públicas en defensa de temas políticamente incorrectos que ha puesto sobre la mesa el caudillo y, cuando no les queda más remedio,  lo hacen relativizando y endulzándolo todo. Entre esos están Fánder Falconi, Virgilio Hernández, María Fernanda Espinosa, Pabel Muñoz, Javier Ponce o Miguel Carvajal.

La gran diferencia entre los primeros y los segundos es un tema de actitud: mientras los primeros son cínicos sin tapujos y se la juegan abiertamente por su caudillo, los segundos prefieren solazarse en el discurso ideológico y guardar las formas en público. Esa diferencia desaparece, sin embargo, cuando los del segundo grupo hablan en privado y saben que sus declaraciones no son grabadas para ser difundidas en la opinión pública. Ahí las diferencias desaparecen y los modositos como Muñoz o Hernández, del segundo grupo, terminan siendo idénticos a los desembozados como Patiño o Fernando Alvarado. Esto lo demuestra crudamente un video que circula en redes en el que aparece el asambleísta electo Miguel Carvajal, tratando de convencer a un grupo de personas que la decisión del gobierno de no admitir la entrada de Lilian Tintori fue correcta, legal y justa.

Miguel Carvajal, que durante toda la década correísta ha tratado de labrar la imagen de dirigente y militante comprometido con las reivindicaciones sociales, los derechos y la academia aparece en el video justificando la prisión de Leopoldo López, esposo de Tintori, con argumentos dignos de la Stasi, la policía secreta de la antigua Alemania comunista. “La señora Tintori es mártir porque defiende a su esposo Leopoldo López”, dice y enseguida pregunta con tono de maestro de escuela rural “¿Por qué está preso López”. Una mujer en la audiencia replica tímidamente “por guarimberto” y Carvajal exclama asimismo con tono de maestro de escuela rural aliviado de ver a sus alumnos en lo correcto y en voz alta dice “por guarimbeeero”. Carvajal continúa argumentando y afirma que a López la justicia le comprobó que había provocado la muerte de 43 personas por haber convocado a una serie de protestas en las calles de Caracas. “Está preso porque le demostró la justicia que condujo e incitó a actos violentos que cegaron la vida de 43 personas”, dice sin ruborizarse siquiera porque seguramente cuando sostuvo aquello asumía que nadie en el auditorio debía saber que el juicio en contra de López pasará como uno de los actos más infames del autoritarismo de la región.

Justicia, afirma Carvajal, asumiendo que todos los presentes en el grupo al que se dirige son los suficientemente ignorantes para no saber que en Venezuela no hay justicia porque justicia solo puede existir cuando existen jueces y fiscales independientes. Carvajal no es un ignorante y por eso resulta imposible creer que no sabe que uno de los fiscales que acusó a López huyó de Venezuela para confesar, porque su alma no resistía más, que contra López se habían fabricado pruebas falsas. Carvajal se hace el bobo y bota al tacho de la basura cualquier vestigio de honestidad intelectual porque resulta imposible creer que no se haya enterado de que todos los organismos serios de derechos humanos que se interesaron en el tema han condenado la sentencia en contra de López porque fue evidente que no hubo proceso justo ni jueces independientes. “¿Y los derechos de las madres de los 43 muertos?” se pregunta en el video con ese falsete de quienes quieren pasar por inocente. Pero claro, para Carvajal no existen los 133 presos venezolanos políticos que, como López, son víctimas de un sistema político donde el despotismo mafioso del régimen venezolano no tiene un sistema de justicia que le ponga coto a su autoritarismo sino que tan solo obedece sus órdenes.

En el video, además, Miguel Carvajal aparece sosteniendo uno de los argumentos más retrógrados y autoritarios posibles: que las muertes que se producen durante las protestas sociales no son responsabilidad de los aparatos represores del Estado sino de los líderes que empujan a los pueblos a protestar. ¿Aplica lo mismo para aquellos episodios de la historia ecuatoriana que la izquierda ecuatoriana a la que dice pertenecer tienen como hitos revolucionarios como la matanza del 15 de noviembre de 1922? De ser así, el responsable de aquella tragedia no fue el gobierno de Tamayo, como tradicionalmente ha sostenido la izquierda ecuatoriana, sino los irresponsables dirigentes sindicales que arrojaron al pueblo a las calles. Lo mismo tendría que decir sobre los indígenas muertos en los levantamientos o las víctimas del asesinato masivo en el ingenio Aztra en 1977. “Guarimbeeero”, dice Carvajal.

Carvajal jamás hubiera sostenido lo que se ve diciendo en el video si hubiera estado en una entrevista. Tampoco lo hubiera dicho si sabía que alguien lo estaban filmando. Lo dice porque sabe que su imagen de dirigente ideológico y académico no va a ser perjudicada. Carvajal en el video es idéntico a Ricardo Patiño a Carlos Baca Mancheno o Roberto Wohlgemut porque cree que los únicos que lo ven y lo escuchan son quienes están siendo adoctrinados por él en ese oscuro y lúgubre auditorio en el que se trata de ser gracioso y pedagógico.

Miguel Carvajal resultó estar hecho de la misma madera que los dirigentes más impresentables de la llamada revolución ciudadana, de aquellos que, en su sector, critican y desprecian soterradamente.

La Mofle gritó ¡Fraude! y la censuraron en Gama TV

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La Mofle

Los medios de comunicación administrados por el Gobierno, ya sean los llamados públicos o los incautados, se han convertido en una inmensa maquinaria electoral al servicio incondicional de la candidatura de Lenín Moreno y Jorge Glas. Basta ver el material que publica diario El Telégrafo o el canal incautado TC Televisión para comprender que son herramientas de proselitismo a favor de los candidatos del Gobierno, pagadas con dineros públicos.

En ese contexto se produce la reciente censura que sufrió la comediante Flor María Palomeque, cuya participación en un programa de humor político en Gama TV no salió al aire porque el humor de ella no hizo reír a los administradores del canal. Solo los hace reír lo que descuartiza a Guillermo Lasso.

Palomeque que hace el personaje de La Mofle, uno de los personajes más populares en redes sociales, fue invitada a participar en el programa Los Amigazos de los actores Francisco Pinoargotti y David Reinoso. Sin embargo, el domingo 19 de marzo cuando debía  salir el programa al aire, éste no salió. ¿El motivo? Una orden superior.

Según la versión que Palomeque dio a los 4Pelagatos, durante el programa, al que fue invitada, había un juego en el que había que inflar unos globos y ella, cuando vio que uno de los anfitriones le hacía trampa, exclamó ¡fraude! ¡fraude! e hizo alguna alusión a la necesidad de ir hacia un cambio. Es la única explicación que ella encuentra para que no se haya emitido el programa. Hasta media hora antes todo estaba listo y no había inconvenientes. “Esto ya es demasiado”, dice ella. Su intervención en Los Amigazos se limitaba a un juego con alusiones al tema de las elecciones en un programa que dizque tiene un claro contenido de humor político.

Lo ocurrido es revelador porque muestra que quienes prohibieron que el programa salga al aire, asumen que la alusión al fraude perjudica los intereses del Gobierno. Es tal la susceptibilidad frente a la palabra “fraude” que, al oírla en un canal gobiernista, se veta un programa.

Lo que ha ocurrido a Palomeque con los Amigazos es un episodio más de los atropellos que la actriz ha sufrido durante los últimos años debido a su actitud independiente y muchas veces crítica frente al gobierno. Durante los últimos tres años, ella, conocida por su programa “La pareja feliz” o “Vivos”, no ha podido trabajar en televisión. Los canales incautados no la han querido contratar y, además, aquellos que no están controlados directamente por el Gobierno, como Teleamazonas, han preferido prescindir de sus servicios porque les acarrea problemas con la Supercom. De hecho, ese tribunal inquisitorial multó con 115 mil dólares a Teleamazonas porque consideró que “La pareja feliz” había violado el artículo 62 de la Ley de Comunicación que prohibe la difusión de contenidos discriminatorios, en este caso de la mujer. Luego de esa y otra multa, La Mofle ya no apareció más en ese canal.

Palomeque, a diferencia de la gran mayoría de artistas de televisión, guardó siempre distancias con el poder y eso le llevó luego a un enfrentamiento personal con Rafael Correa. Ocurrió en diciembre del 2016 cuando su personaje, La Mofle, puso en redes un video en que criticaba de forma humorística la Ley de Plusvalía: se convirtió en todo un suceso en redes. Correa la refutó, en su cuenta de Twitter, diciendo que su visión no se ajustaba a la verdad y el diario de gobierno El Telégrafo le dedicó una nota para afirmar que ese personaje de sátira política estaba equivocado. “#Fail: ‘La Mofle’ ‘explica’ la Ley de Plusvalía con un pésimo ejemplo”, tituló el diario.

El programa de La Mofle, que ahora está limitado a las redes sociales y se emite a través de su canal en Youtube, tiene una importante audiencia y se ha convertido en un dolor de cabeza para los trolls del gobierno que siempre la atacan en Twitter. Esa  cuenta y el muro de Facebook de La Mofle son auténticos campos de batalla donde el personaje se bate con trolls y simpatizantes del Gobierno.

El problema con Flor María Palomeque es que es una artista que hace humor político. Y una humorista que hace sátira política es, en cualquier lugar del mundo, un crítica del poder.  “Llevo 19 años haciendo sátira política y le doy al que sea”, dice ella que, luego de su frustrada intervención en Amigazos, recibió una amenaza de secuestro a sus hijos a través de redes sociales, como se ve en su post colocado en Facebook.  Imaginar a un humorista político que no se burle e incomode a quienes están en el poder parece ser lo único que cabe en la mente de Correa y de sus los organismos inquisitoriales.

Gama TV, con su decisión, reafirma un hecho evidente: aquellos que administran los medios en manos del poder no tienen el más mínimo pudor para ponerlos al servicio de la candidatura del binomio Moreno-Glas y lo hacen con dineros públicos. En otras palabras es peculado. Un delito que no prescribe.

¿Y si ganara Guillermo Lasso?

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Si el presidente Correa usa las encuestas de Perfiles de Opinión para dar como seguro ganador a Lenín Moreno, quiere decir que Guillermo Lasso puede ser Presidente: viene en ascenso, ya forzó una segunda vuelta a pesar de competir con el candidato-Estado y los indecisos toman partido –casi siempre– por aquel que desafía el statu quo. Las encuestas de Cedatos (que sí acertó en la primera vuelta, no como Perfiles de Opinión) lo muestran, en todo caso, liderando, por estrecho margen, la decisión electoral.

Lasso, a pesar de necesitar los votos, ha mantenido una campaña limpia, exenta de la retahíla de promesas populistas que Moreno no cesa de incrementar y ha evitado los ataques personales; una ventaja inmensa para Moreno debido a sus condición específica. Ha sobrellevado la guerra sucia sin ceder ante la tentación de replicarla.
Lasso se ha refugiado en su propuesta principal (un millón de empleos en cuatro años) obligando, en ese tema y en otros puntos (por ejemplo el anticipo del impuesto a la renta que quiere derogar), a que Moreno los haga suyos. Ha sumado algunos puntos de las plataformas de los otros partidos de oposición para cimentar apoyos de cara al 2 de abril. ¿Le alcanzará esto para ganar? De lograrlo, el líder de CREO se encontraría ante un panorama en el cual sobresalen, entre otros, estos factores:

  1. Un país dividido políticamente y en su representación: este punto lo comparte con Lenín Moreno. Pero hay un diferencia política de fondo. Mientras el correísmo decrece, Lasso –si gana– encarnaría ese Ecuador que, tras diez años de correísmo, siente la necesidad imperiosa de una alternancia real. En esa convicción reposa, al parecer, su decisión de ir a una Constituyente. Esta propuesta surgió después de la primera vuelta y como reacción ante la mayoría relativa que obtuvo el correísmo en la Asamblea. La sumó a la propuesta de consulta popular para mandar a la casa a todos los funcionarios que el correísmo deja instalados (Fiscal, Contralor, Procurador, Defensor del Pueblo…) escogidos por el bodrio llamado quinto poder. Convocar a una Asamblea Constituyente es una apuesta arriesgada y si Lasso la ganara, tendría que examinar el nivel de respuesta ciudadana para saber hasta dónde hunde el pie en el acelerador del cambio. En todo caso si el 3 de abril fuera presidente, el país se encontraría ante un posible choque de trenes, pero con viento a favor de Lasso.
  2. Un gobierno de transición: Lasso es reacio ante esta idea, pero la herencia correísta y la realidad política parecen militar a favor de ella. Por un lado, él recibe el apoyo de colectivos y organizaciones que sin adherir a su visión en todos los puntos, han luchado durante años contra las políticas y las actitudes del correísmo. Por otro, él sabe que con su sola base social y política no podría aspirar a ser presidente. Lasso tiene que asumir, en parte por lo menos, y así lo está haciendo, reivindicaciones ecologistas, indígenas, sociales… Eso perfila un plan de gobierno del cual debe salir, por ejemplo, la explotación minera. Lasso no explotará minas a cielo abierto ni el Yasuní, mantendrá algunos subsidios (gas, bono de la pobreza…) pagará el 40% al IESS, atenderá propuestas de la UNE, negociará con los indígenas… En ese sentido, su programa real de gobierno estaría moldeado por la realidad política: acuerdo total para volver a la democracia republicana y a los valores democráticos y un programa económico acotado, según los aportes y los límites de la alianza ganadora.
  3. Una sociedad a su favor, pero alerta: de ganar, Lasso tendría gran parte de los factores de poder de su lado. Fuera de la maquinaria gubernamental, sin los medios incautados destinados a hacer propaganda, sin el aparato castigador, con el aparato correísta bajo amenaza de nuevas revelaciones de corrupción, sin Correa en el país, los correístas tendrían la obligación de oír más a esa sociedad que hoy luce invisibilizada ante la marea de propaganda que producen. Y el gobierno de Guillermo Lasso tendría que contar con esa sociedad movilizada para que la alianza electoral que ahora está en curso, pudiera cuajar en un apoyo real, consciente, concertado de gobernabilidad sobre puntos concretos. Lasso tiene a su favor la necesidad de cambio que hay en la ciudadanía. Pero también tendría que tener en cuenta, en caso de ganar, que esta sociedad, tras diez años de haber firmado cheques en blanco al poder, ya no querrá repetir tan desastrosa experiencia.
  4. Muy poco tiempo para un largo proceso: si Lasso ganara, su triunfo sería producto de una alianza de fuerzas que se junta, en primera instancia, para defender la República y los valores democráticos. El programa económico de reconstrucción tomaría casi lo mismo que ha tomado al correísmo derrochar la mayor bonanza de la historia del país. Dicho de otra manera: si Lasso ganara, se abriría la posibilidad de que fuerzas democráticas colaboren en temas esenciales y compitan, en las grandes citas electorales, por los acentos que aspiran a poner en los planes económicos y en las nuevas libertades. El correísmo ha generado un escenario tan delicado y tan novedoso que los viejos políticos (como Jaime Nebot, Rodrigo Borja…) y sus seguidores, no lo han entendido. Por eso apoyan sin comprometerse en una gestión gubernamental o se declaran ausentes. Es notable que esta visión la tengan más clara, dirigentes jóvenes como, por ejemplo, Giovanni Atarihuana, director Nacional de Unidad Popular (ex MPD).

Si Lasso ganara, tendría también la obligación de trabajar políticamente para asegurar la continuidad de un proceso que, por necesidad política, está uniendo alrededor suyo, hombre de centro derecha, las fuerzas democráticas y progresistas del país.

Primera parte: ¿Y si ganara Lenín Moreno?

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