Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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El artilugio correísta para tapar la corrupción

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El examen de la Contraloría a un contrato entre el Estudio Jurídico Vizueta & Asociados y Petroecuador, celebrado entre 2013 y 2016, contribuye a poner de manifiesto el mecanismo usado por el correísmo para perseguir a aquellos que investigaron negociados y actos de corrupción.

Marco Calvopiña, como Gerente General de Petroecuador, hizo un contrato con ese estudio jurídico para enjuiciar penalmente, en 2013, a Fernando Villavicencio por las denuncias contenidas en Ecuador Made in China. El mecanismo de persecución era institucional e incluía estos ingredientes.

  1. Judicializar la investigación periodística: en este caso alegaron conmoción social, atentado a la honra de las autoridades y daños financieros contra las empresas públicas. En la demanda contra Villavicencio se lee que su libro causó “conmoción y alarma social, económica y financiera, tanto en los aspectos políticos, administrativos y más que nada en el plano de comercio del principal producto de producción y exportación del país (…)”.
    ¿Cómo lo hizo? “(…) endilgando el cometimiento de delitos tanto a funcionarios, como autoridades máximas del gobierno, hechos absolutamente falsos (…). El libro “produce de manera inmediata un estado de alarma social que conmociona y genera una zozobra en la opinión pública y en la mayoría de casos tildados y calificados por el autor como supuestos actos de corrupción descubiertos, incluso en contra de los primeros mandatarios del Gobierno Nacional (…).
    Se desprende que, producto de la distorsión, Villavicencio buscó “alterar el equilibrio económico y financiero de mi representada a nivel nacional e internacional, poniendo en grave riesgo aquellas negociaciones a las cuales está sometida EP PETROECUADOR y lo que es más divulgando actos irreales de los Primeros Mandatarios del País, afectando la credibilidad , responsabilidad y honorabilidad de los mismos”.
  2. Como Fuente Ovejuna, todos a una: en cualquier empresa, los funcionarios denunciados son investigados. En Petroecuador los acusados estuvieron entre los más activos para apoyar la demanda contra Villavicencio. La Gerencia de Comercio Internacional sostuvo que hubo uso doloso de documentos no autorizados para ser publicados y falsedad de instrumentos privados. La alta cúpula quiso tapar el escándalo muy posiblemente con apoyo en el Ejecutivo. En todo caso, un correo de Jorge Glas, que circuló, dirigido a toda los altos mandos de Petroecuador y a algunos funcionarios del Estado, muestra que, lejos de ordenar una investigación, cerró filas con los denunciados. “Hay que emprender acciones legales contra este tipo de inmediato”, se lee en el correo de Glas. Ese mail aparentemente no alude al libro, sino a un video. Pero el autor es el mismo, el tema (“habla de atraco y corrupción petrolera”) es el mismo y la época coincide plenamente. En Petroecuador ya se sabía lo que había que hacer con las denuncias de Villavicencio.
  3. Usar el erario público para protegerse: los abogados de Vizueta & Asociados pidieron, en un inicio, 580 000 dólares por sus honorarios. Petroecuador tiene una Gerencia de Asuntos Jurídicos. No obstante, por recomendación oficial (Villavicencio acusó a Alexis Mera de haber intervenido), se contrató ese estudio externo de abogados.
    La Contraloría señala que el Gerente de Asuntos Jurídicos de la empresa, que debió haber fundamentado los motivos invocados para demandar a Villavicencio, no lo hizo. Se refugió tras piruetas semánticas “se puede colegir que presuntamente se ha distorsionado la realidad…”; “Alterando situaciones y circunstancias probablemente basándose en documentos diminutos o de otra índole…”, pero, finalmente, apoyó esa contratación. La Contraloría anota que pidió “negociar a la baja ” el monto que, finalmente, fue fijado en 200 000 dólares.
  4. Desconocer la ley y tener abogados a sueldo: La Contraloría descubrió que Vizueta & Asociados había trabajado “en la preparación legal y procesal por los actos contenidos en la obra” de Villavicencio, sin contrato alguno. Ese servicio de asesoramiento fue ilegal. El Gerente de Petroecuador “no observó las leyes que rigen la administración pública”. No solo eso: ese mismo Gerente presentó la denuncia en la Fiscalía, el 5 de diciembre de 2013, patrocinado por Vizueta & Asociados “sin que previamente se haya contratado los servicios profesionales del citado Estudio”. Hasta el 25 de marzo de 2014, el gerente de Asuntos jurídicos dispuso la contratación de ese estudio jurídico. Pero “sin que se evidencie un proceso de selectividad (…)” inobservando de nuevo la ley. Es decir, Vizueta & Asociados se hizo cargo del caso sin contrato y, luego, ese contrato le fue otorgado a dedo.
  5. Inventarse delitos: este caso estuvo tan mal planteado, los delitos atribuidos a Villavicencio eran tan absurdos, que la fiscal, Cecilia Garzón Cadena, de la Unidad Especializada de Delitos contra la Fe pública, lo desestimó.
    Vea el texto de la Fiscal enviado al Juez de Garantías penales de Pichincha.
    No encontró, como se denunciaba, que Villavicencio cometió el delito de uso doloso de documento falso de carácter público. Ella escribe: (…) si bien es cierto, sus críticas y opiniones, tomaron como base convenios, contratos y más documentación, perteneciente a PETROECUADOR, como empresa pública, no por eso, su obra puede considerarse un documento público, peor aún falso (…).
    No encontró que “por la publicación de esta obra, uno de estos contratos no haya llegado a su consumación, o que una de las empresas contratadas haya dejado insubsistente dicho contrato, o que las empresas internacionales hayan dejado de realizar negociaciones comerciales con PETROECUADOR, o con el país (…).
    No encontró “que se ha divulgado actos irreales de los primeros mandatarios del país, afectando la credibilidad, responsabilidad y honorabilidad de los mismos (…).
    (…) De los hechos relatados a la fecha de los hechos –dijo la Fiscal– podría haber existido otro tipo penal, como es un presunto delito de acción privada, calumnias, más no en un delito de acción pública”. Por eso solicitó la desestimación de los hechos y el archivo de la denuncia. Vizueta & Asociados no pudo cobrar sino $60 000 dólares.

Así, una Fiscal en su momento y, ahora, la Contraloría mostraron cómo Petroecuador pretendió tapar su propia podredumbre. No solo eso: quiso meter preso al periodista que, con sus documentos oficiales, entregados a Cléver Jiménez cuando era asambleísta, destapó la corrupción que  ahora Jorge Glas dice haber descubierto…

Del inconveniente de llamarse Vidrio

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Lastimosamente ingeniero Jorge Glas, lastimosamente, el dedo apunta cada vez más hacia usted“: Lenín Moreno no vaciló en poner distancia con su vicepresidente Jorge Glas. Le retiró todas las funciones y recogió en su frase el sentimiento político que es mayoritario en el país.
Chamorro muestra la situación en la cual se encuentra la relación Moreno-Glas… Nadie conoce, sin embargo, el desenlace del próximo capítulo en el cual está metido, hasta la coronilla, el ex, ahora refugiado en una buhardilla belga.

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Moreno y el avión del “financista que lava dinero”

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

En un insidioso y envenenado tuit, Correa, agazapado en una buhardilla, ha acusado a Moreno de haber usado en la campaña el avión de un banquero, en cuyo banco se hizo “un multimillonario lavado de dinero”. El propósito de esta descomunal acusación es, como pelea en arrabal, propinar un golpe en la entrepierna a su ahora contendor.

En general las pasiones obnubilan la razón; en el caso de Correa el hígado y su morboso sentido de la revancha la anularon. En la acusación que contiene el tuit, está explícita la confesión de varias infracciones morales, y también podrían ser de aquellas que los fiscales deben investigar y los jueces penales y electorales deben sancionar.

Correa acusa a un banquero de un “millonario lavado”. De haberse producido, debió denunciarlo. Imaginen a un presidente que conoce de un delito y no lo denuncia. Imaginen a un presidente, jefe de fiscales y jueces, en silencio, guardándose la información que el candidato de su partido usa el avión y es financiado por este banquero lavador. ¿Por qué se calló? ¿Será por que ese financista es también su amigo? ¿Será por que sentía obligación de cuidar de la justicia al banquero lavador? Y si Correa tenía información, es acertado suponer que la unidad de análisis financiero y la Superintendencia de Bancos, algo debieron saber. ¿Por qué, entonces, toda la estructura del Estado estuvo y está alineada en el silencio?

Debe presumirse también que el entonces candidato y hoy presidente y su entorno, igualmente conocían de la información que lleva a Correa a involucrar a Moreno con el banquero lavador. Es decir, sabían que un financista de la campaña de Alianza País era un banquero involucrado en negocios turbios y usaron el avión para movilizarse y, luego, para trasladar a los emisarios del pacto con Bucaram. Todo esto se concluye de las afirmaciones de Correa.

Es todo un entramado de corrupción. Políticos asociados con lavadores de dinero. Autoridades usando información delictual como arma de chantaje. Denuncias por retaliación. Encubrimiento. Impunidad.

En 1999 la noticia que el dueño del banco del Progreso aportó una suma importante a la campaña de Mahuad, fue el puntillazo que provocó su caída. Ahora, luego del anestésico período de la revolución corrupta, que un ex presidente denuncie y se auto involucre en un acto penado, es una mancha más al jaguar. Lo que debió ser titular de primera página, no es siquiera mención en la sección de crónica roja. Claro, podría ser que el correísmo es tan prolífico en noticias de corrupción que una supera a la otra en protagonismo.

No sólo el fiscal debe convocar al expresidente Correa a que cuente lo que conoce sobre el millonario lavado, sobre el banquero y sobre el aporte a la campaña de su partido. Si la institucionalidad no estuviere secuestrada por este poder mafioso –palabras de Lenín Moreno– el Consejo Electoral y el Tribunal Contencioso deberían iniciar investigaciones por la infracción electoral que también se desprende de lo que afirma Correa.

En otros tuits, Correa ha dicho que Moreno es cómplice de lo que acusa. Con desparpajo el expresidente, en vez de empujar la intención de investigar, apunta, como francotirador, a sus compañeros de partido –cómplices de su gobierno, delatores y testigos– para desacreditarlos, con el fin de amedrentarlos. En ese frenesí no repara en develar cuál fue el carácter de su gobierno.

Mientras tanto, los cómplices de Alianza País, buscan anular los leves intentos de Moreno por despegarse del carácter mafioso del gobierno precedente. En vez de sumarse a la corriente moralizadora, embarrados por acción u omisión, se adhieren al discurso de Correa. Y en esa proterva intención de encubrimiento, amenazan hundir más al Ecuador en la degradación moral e institucional.

Diego Ordóñez es abogado y político

La vida de Correa en Bélgica es una pesadilla

en La Info por

Es agosto. El mes más caluroso en Europa. Un mes distendido, de días luminosos hasta tarde en la noche, cuerpos ligeros y bares cuyas terrazas se apoderan de plazas y aceras. Un mes de fiestas en los pueblos y bailes populares.

Rafael Correa luce petrificado. Como si no hubiera diferencia entre estar aquí en funciones y estar en Bélgica, de hecho en vacaciones. Cualquiera imagina lo que significa no tener las presiones de su cargo. Poder viajar, pasar tiempo con su familia, vagar por la Plaza central de Bruselas, vagabundear por los museos, descubrir los rincones gastronómicos, tan pequeños como secretos, que hay en Europa. Correa tiene hoy el privilegio de no tener prisa, de tener tiempo y de no sufrir de las servidumbres que impone la estrechez económica.

Pero este hombre sigue aquí. Prisionero de sí. Del poder que cree suyo o de sus secretos inconfesables. Da lo mismo. Cualquiera lo imagina hurgando en las redes sociales. Obsesionado con Lenín Moreno y su gobierno. Ansioso por saber lo que ocurre en la Asamblea. Lo que se dice en Alianza País. Lo que escriben sus defensores y sus críticos. Lo que publica la prensa corrupta. Lo que revela el caso Odebrecht. Lo que ocurre con Jorge Glas. Lo que hace el fiscal. Lo que saca el Contralor. Lo que dirá Carlos Pareja Yannuzzelli… Correa no vive en Bélgica. Ahí está su cuerpo. Él sigue dividido entre el síndrome de Hubris y el síndrome de abstinencia del poder. Entre lo que fue, lo que aspiró a ser en la historia con H, y en lo que se está convirtiendo.

Hay dolor en este hombre. Hay drama. La desintoxicación del poder a la que tenía que someterse para volver en sí, no se ha producido. Correa no solo no vuelve del altar de grandiosidad que se construyó, de ese narcisismo empalagoso que lo asfixia, de ese orgullo que lo ciega; no solo que no vuelve sino ha decidido restituir los límites que él fijó y que Moreno decidió desplazar. Correa no suelta el poder y, ahora, desde su cuenta de Twitter, desde esa cámara que lo graba en Facebook, lucha por nutrir la ficción que lo tiene cautivo. Es tenebrosa la vida de Rafael Correa.

De dos una: o el ex presidente es un enfermo o tiene secretos inconfesables que lo obligan a hacer esta guerra sin tregua. En todo caso, es patético ver lo que hace en Twitter y, ahora, en Facebook. Es impensable que solo las políticas de su sucesor lo pongan en trance. Ni Barack Obama sufre tal quebranto con Donald Trump; un señor al que olvidaron vacunar contra la rabia. Correa no solo no dice nada nuevo sino que lo que dice contra Lenín Moreno ya lo dijo, durante diez años, contra los partidos, las organizaciones sociales, los medios de comunicación, los luchadores sociales, las mujeres, los ecologistas, sus ex compañeros de partido… Correa tiene un problema -además de Odebrecht, Glas, el tío, los decretos de emergencia que firmó, la gente que persiguió, Pareja Yannuzzelli…-: es un ser que necesita odiar. Esa es su poción mágica. Ahora su cabeza de turco se llama Lenín Moreno.

El enlace digital que hizo hoy, 12 de agosto, desde Bélgica, durante 57 minutos, quizá sí sirva puertas adentro de Alianza País: puso los relojes a la hora a todos aquellos que piensan en una reconciliación entre él y Moreno. No habrá acuerdo por más mediación que sueñen Gabriela Rivadeneira y Ricardo Patiño. Los epítetos destinados a Moreno despejan cualquier duda: lo llamó traidor, incompetente, corrupto, bajo, mentiroso, demagogo, politiquero, hombre sin convicciones, falto de liderazgo… A su gobierno lo acusó de repartir el país, de haber detenido la Revolución Ciudadana, de entenderse con las mafias, de institucionalizar la corrupción, de tener nuevamente al hombre del maletín… En definitiva, su gobierno reúne -dijo- a los resentidos de Alianza País con los odiadores de siempre.

Correa no entiende cuánto atosiga. Sigue dando cursos de economía, otorgándose pergaminos, afirmando que la crisis económica es pura politiquería.
Correa finge ignorar cuánto ha mentido. Sigue repitiendo que su gobierno fue de manos limpias, que Glas es un honesto y sacrificado señor, que los que robaron en Petroecuador fueron liderados por un socialcristiano…
Correa no imagina cuánto fastidio causa oírlo transformar cualquier intento de transparencia en persecución política contra él y contra Glas.
Correa no sospecha hasta qué punto se auto incrimina cuando acusa a Moreno de irregularidades que cometió en su gobierno. Con su concurso.
Correa ahora vigilará y auditará la administración Moreno. Las casas que prometió hacer, los bonos que prometió doblar… Y que prometió mentirosamente, dice él, en la campaña. Pero lo dice solo ahora…

La vida de Rafael Correa es una pesadilla. Hasta en agosto, el mes más caluroso y distendido en Europa, este hombre se dedica a perseguir fantasmas o a proteger los cadáveres que tiene en sus armarios. Cualquiera sabe.

¿Quién entiende el gobierno de Lenín Moreno?

en La Info por

En apariencia, el Presidente luce débil políticamente. Y, claro, la apariencia incluye las movidas inverosímiles de Rafael Correa desde Bélgica. El cinismo –de medalla olímpica– de Jorge Glas. Los ultimátum que prodiga –como propietaria del partido– Gabriela Rivadeneira. El manifiesto supuestamente de los 74 asambleístas oficialistas que entregó José Serrano al presidente de la República para que lime asperezas con Correa. La exigencia del partido a Moreno para que se deshaga del ministro Iván Espinel… Y luego están los tuits con aires de superioridad (le puedo explicar… ) que publican amigos de Correa, como Augusto Espinosa. Bueno, pero tratándose de la oposición correísta a Moreno, todo esto se puede entender.

Aquello que se comprende menos son las cosas que militan contra el gobierno de Moreno y que salen del mismo gobierno. Una clamorosa: las salidas, cada vez más vergonzosas y abyectas, de María Fernanda Espinosa. Ella ha dejado al país solo en el concierto latinoamericano clamando, en nombre de principios que solo ella aquilata, que nadie perturbe a Nicolás Maduro mientras reprime y asesina en Venezuela. Eso hace un daño monumental al gobierno de Moreno, pero no hay alma caritativa alguna en el gobierno que le diga que haga el favor de cerrar la boca. María Fernanda Espinosa ha hecho méritos suficientes para mostrar que es indigna del cargo que, a nombre de la República, le confió Lenín Moreno.

Tan inverosímiles como ella, lucen Ricardo Patiño y Virgilio Hernández. Los dos son asesores presidenciales, pagados con dineros de los contribuyentes para tareas inherentes, se supone, a la función del Ejecutivo. Pero los dos parecen más parte del equipo de mercadeo y propaganda de Rafael Correa. Es curioso ver a Hernández cómo se indigna cuando oye, hablando de Glas y todos los casos que lo vinculan, que aquí hubo un sistema corrupto creado en el gobierno de Correa.
Escucharlos defender las líneas de gobierno del ex presidente pudiera ser normal. Pero lo hacen precisamente en aquellos puntos en los cuales Moreno generó una ruptura. ¿Son asesores de Moreno? ¿O mas bien son militantes que ni siquiera hacen eco a las tesis de fondo que sustenta Moreno y que le han valido una guerra abierta con Correa y con Glas?

Otra curiosidad debieran explicar los estrategas de Moreno a la opinión para ayudarla a entender cuál es su línea de acción: ¿qué sentido tiene que Ricardo Patiño, asesor presidencial, conforme una comisión partidista con Gabriela Rivadeneira para “promover la reconciliación haciendo prevalecer la unidad, la solidaridad y la coherencia ideológica (…)”. ¿Acaso se trata de un enfrentamiento, como lo deja suponer el comunicado, entre el maravilloso modelo de AP y el neoliberalismo? ¿Acaso no es modelo de Correa el que Moreno cuestiona y que, en forma expresa, está en la presentación que hizo sobre las cifras reales de la economía? ¿Acaso no es el modelo político de Correa el que encara cuando, en forma lírica, habla del aire nuevo de libertad que recorre el país? ¿Cómo puede un asesor de Moreno desconocer ese fondo (que requiere muchas más acciones concretas) y esconderlo tras una movida partidista destinada a ignorar lo que Moreno plantea, sus motivos y las acciones que ya produjo?

Si Patiño es asesor de Moreno, el gobierno debiera explicar qué sentido tiene su gestión que se podría presentar de esta manera: un funcionario, pagado con dineros públicos, trabaja para que el Presidente al cual sirve, haga las paces con un funcionario que se quedó sin funciones  porque, precisamente, la opinión está convencida de sus enormes responsabilidades políticas en la ola de corrupción que hubo en los sectores estratégicos. Y porque hay presunciones penales en curso que lo inhabilitan para ocupar su cargo. ¿No es eso claro para Patiño?

Curioso: cuando Moreno parece acompañado por la opinión (es lo que dicen los sondeos), luce solo, de gran soledad, en su gobierno. Los correístas lo atacan, su partido lo asedia, sus asesores trabajan para el ex y para Glas y, por último, Gustavo Larrea, que es su amigo, fue públicamente enterrado por Eduardo Mangas en un comunicado. Comunicado hecho, al parecer, para dar gusto al partido… No hay voceros. No hay ministro de la política. No hay, aparentemente, estrategas. Y el Presidente, en este campo, solo pronuncia unas frases de vez en cuando…

Antes tocó preguntar, ante su enigma, quién es realmente Lenín Moreno. Ahora, hay que sumar otra pregunta: ¿quién entiende el gobierno de Lenín Moreno?

Foto: Presidencia de la República

¿Espinosa es rueda suelta o megáfono de Moreno?

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El gobierno de Lenín Moreno encierra muchos enigmas. Hay uno, paradigmático, que ilustra, a la perfección, todas las ambivalencias, dudas, malentendidos que suscita el sucesor de Rafael Correa. Se trata de María Fernanda Espinosa, la Canciller. La mujer cercana a Moreno desde Ginebra. Muy cercana. Tanto que ella comparte gabinete con su esposo, Eduardo Mangas, un nicaragüense que hizo parte del gobierno del nuevo Somoza instalado en Managua: de Daniel Ortega quien, a su vez, tiene a su esposa en la Vicepresidencia.

Mangas es Secretario General de la Presidencia. Y, además del trabajo en la administración, es el hombre que se ocupa de las relaciones con Alianza País. Un hombre bisagra que, al parecer, tiene un pie en cada campo y una esposa que, con independencia y soberanía, manda en la política exterior. Independiente porque si se cree en la palabra de personas próximas al Presidente, Moreno está en desacuerdo con el manejo exterior y tiene profundas divergencias con Espinosa sobre la tiranía en Venezuela. Por ahí empieza el caso paradigmático de la Canciller y, por supuesto, de la incoherencia del gobierno de Moreno. A menos que todo sea muy coherente. En cuyo caso, cabe hablar de ambivalencias y doble discurso.

Vamos a ver. La señora Espinosa estuvo cerca de Moreno en Ginebra. No se trata de proximidad geográfica por haber sido, en ese período, Embajadora Permanente ante la ONU en esa ciudad. Fue cercana porque ella hizo parte, desde antes que Moreno regresara, de su equipo político. Y en este momento, Espinosa no solo es Canciller: sigue siendo parte del primer anillo que tiene el Presidente. Si se suma, porque hay que hacerlo, a su esposo, se puede hablar de una pareja que tiene influencia sobre Moreno.

En esa circunstancia, ¿cómo se entiende que si Moreno tiene discrepancias con la forma como Espinosa dirige la política exterior, no se lo haya comunicado? Personas próximas a Moreno sostienen que el Presidente no ha entrado al capítulo de política exterior. Ese detalle, unido a su extensa agenda, son mostrados como pruebas suficientes para que Espinosa esté lanzando odas a Ortega, apoyando la tiranía de Venezuela, asumiendo como legal la Constituyente fraudulenta de Maduro, repitiendo principios absolutamente aplicables a una democracia, no a una dictadura; criticando a Mercosur por haber expulsado a Venezuela… En definitiva, dejando al Ecuador en un asilamiento casi absoluto como lo prueba la Declaración de Lima hecha ayer (8 de agosto) por los cancilleres de doce países de América latina.

Y si Moreno no tiene tiempo de ocuparse por ahora de la política exterior; en el caso no consentido de que eso fuese verdad, ¿a ninguno de los miembros del buró político, a ninguno de los dirigentes de Alianza País que supuestamente apoyan la ruptura en que anda empeñado Moreno, le importa la posición disparatada de la Canciller? ¿Acaso no hay una incongruencia que clama entre la mano tendida puertas adentro de Moreno y el apoyo al tirano de Venezuela que dice de los opositores sentencias como esta: “terminarán algunos en una celda y otros en un siquiátrico, pero que hay que poner orden”?

La reunión, la semana pasada, de Moreno con el candidato a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, quien en su gira se abstuvo de condenar a Maduro, hace pensar que la Canciller no es una rueda suelta. Y que mas bien hay ceguera ideológica o francos secretos inconfesables de miembros de este gobierno con los mafiosos liderados por Maduro y Diosdado Cabello. Si no es así, Moreno tendría que dejar sin piso esta política exterior que causa vergüenza y que, fuera de La Paz y Managua, ya no encuentra eco en gobierno alguno de la región. Que El Vaticano haya sido más frontal con la dictadura de Maduro, da la medida de la insensatez con que se manejan las relaciones exteriores en este gobierno.

Moreno es el único que puede dirimir si Espinosa es una rueda suelta o si es megáfono de su gobierno en política exterior. De paso, podría decir qué papel juega su Canciller, en política interna, cuando se obstina, como lo hizo en esta entrevista de Telesur, en ignorar las razones de Moreno y prima las del ex presidente. Desde el minuto 18, se puede oír su explicación de por qué hay deuda en Ecuador y recitar las falacias que construyó Correa. No las causas que explicó Moreno. También defiende a Glas, desconociendo las razones que, finalmente, condujeron a Moreno a retirarle las funciones. Es aleccionador verla criticando implícitamente a Moreno dizque por ventilar las contradicciones fuera del partido. Como si Moreno fuera en Carondelet un militante de AP y no el Presidente de todos los ecuatorianos. Todo esto lo dice la Canciller con gran soberanía…

Si un miembro del equipo de confianza de Moreno se maneja con tanto desparpajo en cuestiones internas y externas, no puede sino sumar preguntas a los enigmas que hay en e gobierno de Moreno. Empezando por dos: ¿quién es el presidente para María Fernanda Espinosa? ¿Responde por lo que dice y hace ante alguien en este gobierno?

Aviones presidenciales: lo más valioso es saber cómo fueron usados

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Cuando Lenín Moreno anunció la venta de uno de los aviones presidenciales, como parte de sus medidas de austeridad, no lo hizo realmente por la cantidad de dinero que esa venta supone sino por la carga simbólica que tienen esos artefactos.
A lo sumo, con la venta de uno de los aviones se podría recibir 30 millones de dólares. Eso en el caso de que se venda el Falcon 7X que es el más costoso de los dos. El otro, el Legassy podría costar de 15 a 16 milllones según dos expertos consultados por El Universo. Si se suma esto a las otras medidas anunciadas por Moreno se tendría el 1,1% del hueco fiscal, que llega a 4 700 millones anuales según ha calculado Luis Espinosa Goded, profesor de Economía de la Universidad San Francisco.  El anunció, en verdad,  tuvo más una carga comunicacional que de utilidad financiera.

El caso de los aviones, sin embargo, es muy especial. Desde que Rafael Correa compró su segundo avión, el lujoso Falcon de fabricación francesa, sin vender el Legassy de fabricación brasileña que había comprado antes, los aviones se convirtieron en un emblema del abusivo gasto público durante su administración. De nunca haber tenido un avión exclusivo, la Presidencia pasó a tener dos. Ambos, además, tenían capacidad para solo 13 personas, lo que hacía que cada vez que Correa viajaba con una delegación de invitados tenía que echar mano de alguno de los aviones de la empresa estatal TAME. Únicamente desde el 2012 hasta el 2016, la Presidencia había gastado 6 millones 333 mil dólares en esos vuelos para los invitados, sin contar con los problemas que suponía para TAME que uno de sus aviones deje de funcionar en una de sus frecuencias habituales. Solo en el viaje de Correa a Rusia y a Bielorusia se gastó 1’018 111 dólares en el alquiler del avión de TAME.

Pero los aviones presidenciales no solo representan el abuso en el gasto público y el despilfarro inmisericorde durante los años del correato. Simbolizan, además, una grosera y abusiva visión que de lo público se instaló en el correísmo: los aviones fueron usados como si se trataran de jets privados sin ninguna regulación que significara un límite a su uso. Ninguna medida les obligaba a transparentarlo.

Durante casi diez años, la Presidencia del Ecuador tuvo dos aviones que podían volar prácticamente a cualquier lugar del mundo sin que nadie supiera, a ciencia cierta, a dónde iban ni con qué tripulación lo hacían ni qué transportaban en cada uno de esos viajes. De no ser por la acuciosidad de algunos avispados usuarios de redes sociales, jamás se hubiera sabido, por ejemplo, que uno de los aviones viajó una vez a Seattle en los EEUU y otra a Qatar en los Emiratos Árabes. En ninguno de esos vuelos estaba el Presidente a bordo. Además, nunca hubo información oficial sobre quiénes usaron el avión en esos viajes; mucho peor qué se transportó en ellos. La simple noticia de que muchos de los actos de corrupción que se han denunciado en las últimas semanas se consumaban con entregas de inmensas cantidad de dinero en efectivo ha hecho volar la imaginación de muchos contribuyentes sobre los posibles usos de los aviones presidenciales.

Avión de Correa: más chiquito pero $14 millones más caro que el de Santos

Si los aviones de la Presidencia no solo tienen una carga simbólica asociada al gasto público sino también al de de su uso no regulado ni limitado por parte de la administración Correa, la venta no debería ser la única medida. Informar exactamente, y en detalle, sobre cuáles fueron sus desplazamientos, quiénes los usuaron y qué se transportó en cada uno de los viajes es tan valioso, quizá hasta más desde lo público, que los 30 millones que los expertos dicen se podría conseguir vendiendo el Falcon o los 16 si se vende el Legassy.
Establecer cómo y para qué se usaron los artefactos, y entregar a la sociedad esa información, es una obligación obvia que tiene la actual administración por el derecho que tienen los contribuyentes a conocer cómo se gasto su dinero. Pero eso solo es una parte. Si realmente existe un deseo de establecer los actos de posible corrupción cometidos en el pasado, hacer una investigación de cómo y para qué se usaron las dos aeronaves aparece como una tarea lógica e irremediable.

Cualquier medida de austeridad, por más pequeña que sea, es una muestra de sensibilidad en el manejo de los dinero públicos. Pero cuando se trata de los aviones de la Presidencia, la austeridad no es lo único que está en juego. En el uso que se les dio hay información de inmensa importancia para entender cómo se utilizó el poder durante el correato y cómo se usaron los bienes públicos que perfectamente pudieron haber sido funcionales para actos de corrupción. Con lo que se ha visto en los últimos días, cualquier cosa es posible.

Se viene la consulta popular

en La Info por

Consulta Popular: en el entorno gubernamental se oía que iba ser convocada en noviembre. Pero puede ser antes. Hay muchos motivos para adelantarla. Aún no se conocen todos los temas que serán consultados, pero miembros del gobierno evocan tres: desaparición del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. El transferimiento de sus funciones a la Asamblea Nacional. Y reelección indefinida.

La consulta popular es la vía constitucional más rápida para que el gobierno marque sus grandes derroteros políticos. Moreno, prevalido de más de 70% de popularidad, puede, mediante este mecanismo de democracia directa, escapar a la presión o al chantaje al que algunos, del bloque correísta, quieren someterlo en la Asamblea. La consulta, que se cocina, le permitiría reequilibrar, a su favor, la ecuación de fuerzas políticas. No solo en la Asamblea. También en el partido Alianza País cuyo destino le es ajeno. No solo por no haberse nunca entrometido en su manejo sino porque Moreno es un político convencido, casi ontológicamente, de que puede gobernar valiéndose de consultas populares.

Y luego está el caso de Rafael Correa. Sus chantajes y amenazas para desestabilizar su gobierno. Es evidente que si Moreno quiere poner fin al autoritarismo, tiene que deshacer los mecanismos que Correa creó para poder eternizarse en el poder. Tiene que acabar con la reelección indefinida cuya filosofía niega el relevo político; tan esencial para la democracia. Y tan fundamental para evitar la formación de castas y nomenclaturas que secuestran el poder y canjean los valores de justicia, igualdad y equidad por la lealtad. Por ahí empieza la corrupción.

Moreno conoce que prohibir la reelección indefinida es capital y, al mismo tiempo, es popular: los ecuatorianos se opusieron a ella y Correa, para evitar perder en un referendo, recurrió, para imponerla, a su grupo parlamentario. Hoy Moreno sabe, además dos cosas. Una: Correa quiso usarlo para gobernar desde Bélgica. Dos: si quiere gobernar y singularizar su período, tiene que jubilar al ex presidente.

Otro punto fundamental para Moreno es desaparecer al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social; el famoso quinto poder del correísmo. Algunos oficialistas todavía se frotan los ojos: no entienden cómo ese ente nombró contralor a Carlos Polit con excelentes notas. Tarde descubren que sobre Polit pesaban amplios cuestionamientos que el Consejo de Participación Ciudadana nunca procesó. Les parece inaudito que ahora ese mismo consejo se apreste a organizar un concurso para nombrar nuevo Contralor. A propósito de renovaciones de miembros del CNE, también les parece oprobioso que esté en manos de un solo partido, Alianza País. Y  que esto haya sido aupado y organizado por el quinto poder. ¿Acaso el CNE no se promociona como un juez electoral imparcial y dotado de un sistema informático avanzado y supuestamente a prueba de fraude?
¿Por qué, entonces, sus miembros son del mismo partido? Apenas ahora les luce evidente que el quinto poder es sencillamente una extensión política absurda de Alianza País. Una herramienta perversa que hoy, cuando Moreno habla de democratizar al país, debe desaparecer. Es más: endosan la corrupción, la opacidad administrativa, la ausencia de control y fiscalización a ese ente que ha amañado concursos para ubicar en las funciones de control a individuos más pendientes de sus lealtades políticas que de sus atribuciones constitucionales. Tan evidente es esto que Rafael Correa ha urgido a que ese ente nombre, con los mecanismos de siempre, al nuevo Contralor en reemplazo de Pablo Celi que es contralor subrogante… Un pedido que, al parecer, caerá en el vacío.

Es evidente que el entorno de Moreno considera que ya no hay ambiente político para que ese Consejo de Participación nombre al Contralor; ni siquiera para que se mantenga ese quinto poder. Además, Moreno es favorable a que sus funciones sean trasladas, por mandato popular, a la Asamblea Nacional. Que ella nombre las autoridades de control.

No se sabe, por ahora, qué otros temas podrían ser incluidos en la consulta popular. Pero es seguro que si Moreno acaba con el quinto poder y con la reelección indefinida, marcará un hito histórico en la tarea que tiene el país para volver a la democracia. Para eso solo hace falta que Moreno recuerde un proverbio latino: golpear el metal cuando está todavía caliente…

La deuda moral de Lenín Moreno

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

La publicidad retorcida fundó el inicio de la pureza con el arribo de Correa. Se llamaron de manos limpias y de corazones ardientes. Luego de millones de dólares que pasaron por sus decisiones mostraron una virtuosa desvergüenza, una contundente astucia genética y la lealtad que toda banda requiere para abstraerse de la culpa y manipular la ingenuidad de sus fanáticos.

Durante diez años lo dijimos. Se alzaban el país en peso. Correa armó una estructura legal para la impunidad. Persiguió la denuncia. Instituyó las emergencias para gastar sin límite. Proscribió la prensa. Obvio, las empresas reconociendo que la alta burocracia se atribuyó la discrecionalidad suficiente, incursionaron en el intento -que les resultó eficiente- de coimar. El ambiente transpiraba derroche e impunidad.

Por más ciegos, torpes, necios, todos los partícipes del pestilente “proyecto político” debían saber, presumir, sospechar, dudar. El asalto a los fondos públicos fue burdo, notorio. Muchos implicados, muchas voces, como para que mucha o poca información no se filtre. Lo que hoy es evidencia, era comentario. Que en construcción de carreteras, aeropuertos, escuelas del milenio, en contratos petroleros se estaban haciendo ricos aquellos que autorizaron contratos y pagos. ¿No lo sabía Moreno? ¿No lo sabía Patiño? ¿No lo sabía Falconí? ¿No lo sabía Barrera?

La oposición, la prensa independiente, muchos opinadores lo repetían. Y sábado a sábado, el que fungió como jefe del clan, repetía y repetía la retahila de improperios y repartía indulgencias y bendiciones a los corruptos. Claro que lo sabían. Y callaron. Y cerraron sus bocas y sus ojos para no decir y no ver cómo floreció una casta de revolucionarios gracias a las coimas.

Moreno y sus allegados, han optado por recoger lo que fue clamor de la oposición y denuncia de ciudadanos temerarios que enfrentaron al poder mafioso. No por que Moreno y sus allegados sean traidores, sino por que era inevitable asumir la verdad y dejar de sostener una patraña. Que la deuda es inmensa y que el país vive una crisis económica de magnitud que fue escondida por cifras mentirosas. Que la corrupción toca a la alta burocracia. Que Correa fue un gran encubridor.

Moreno y sus allegados hoy saben lo que se siente ser objeto de agresiones, improperios, descalificaciones. Pero, al contrario de la situación que vivieron opositores y medios de comunicación, Moreno y sus allegados tienen la posibilidad de actuar para revertir el Estado mafioso. Poner las instituciones en la posición que caracteriza a una República. Para que la persecución a los ladrones de fondos que administra el fisco, no sea retórica sino judicial y sus torcidos rostros no sigan retando la moral. Basta con falsarias excusas. En el pasado hubo corrupción, pero hubo fiscales y jueces que encausaron a muchos, y contralores que glosaban y no debieron salir huyendo por ladrones.

Moreno goza de un apoyo elevado. Las encuestas le confieren porcentajes de credibilidad y popularidad parecidos a los que Correa tuvo al inicio de su mandato. Pero, al revés de lo que sucedió hace diez años, cuando se desarmó la institucionalidad para secuestrarla, en esta coyuntura Moreno -luego de denunciar las aberraciones políticas, económicas y morales de su predecesor- debe restituir el poder al pueblo. Restituir los derechos pisoteados. Eliminar las formas legales que han servido para la sevicia.

Elimine el Decreto 16 y toda forma burocrática de control. Libere a la prensa de sus ataduras. Use el capital político y convoque ya a consulta popular para eliminar el consejo de participación ciudadana y para cesar a todos los funcionarios dependientes del poder político mafioso; para eliminar la reelección y acabar con las expectativas del retorno. Si Moreno se alía con esa fuerza que le confiere el apoyo ciudadano, los reacios de la asamblea deberán sumarse a esa corriente.

Diego Ordóñez es abogado y político 

Los dos tornados que amenazan a Moreno

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Los problemas de Lenín Moreno se llaman base social y base política. Su realidad está en las cifras: Alianza País le aportó para su elección un 30% de votos, llamados duros, de los cuales Rafael Correa se considera propietario. Moreno, por su estilo y su capital político, llegó a lo que el Consejo Nacional Electoral dijo que obtuvo en las urnas: 51%. A partir del 24 de Mayo, el nuevo Presidente ha hecho méritos que lo sitúan con alrededor del 70% de popularidad en los sondeos. Ese porcentaje puede crecer si realmente hace la cirugía que anunció contra la corrupción y que, por ahora, se centra esencialmente en el caso de Jorge Glas.

Pero 70% de popularidad es una realidad política volátil y su entorno lo sabe. Puede mermar, o incluso esfumarse, apenas empiecen a ventilarse los temas de fondo. El gran temor que se expresa es que el gobierno se encuentre atrapado entre dos tornados. Por un lado, el correísmo duro –cuyo porcentaje a ciencia cierta nadie sabe en este momento– y, por otro, una calentura social y política de actores que, tras 10 años de correísmo, quieren ver atendidas inmediatamente sus reivindicaciones.

El primer tornado ya está en plena actividad. Rafael Correa no para en su cuenta de Twitter. Su blanco principal es Lenín Moreno y su círculo más cercano. Correa los trata de traidores, mentirosos, desleales, odiadores, mediocres… Sus seguidores piden que se tiendan puentes entre Moreno y Glas, pero para Correa esa ruptura es irreversible. Es obvio. No puede hacer política sin tener un enemigo. O sin crearlo. Ahora endosa a Moreno los mismos epítetos y las mismas acusaciones que usó contra opositores y críticos en su gobierno.
De una u otra forma le ha dicho agente o cómplice de la partidocracia, traidor de la Revolución Ciudadana y de la Patria; lo ha acusado de pactar con Bucaram, de generar una estructura institucional favorable a la corrupción, de repartir el Estado, de tirar por la borda diez años de estabilidad y prosperidad… En definitiva, Correa trabaja con denuedo para anclar un relato que, como hizo con la oposición, lo situé del lado bueno de la historia y convierta a Moreno en la reencarnación de lo peor. Ahora Glas es revolucionario y Miguel Carvajal es reaccionario. Con esa estrategia, el ex presidente busca ocupar, en el imaginario social, el primer puesto entre los opositores a Lenín Moreno. En esa tarea usa su cuenta de Twitter, pero su empeño mayor está puesto en mantener el control de Alianza País y dirigirlo contra su sucesor. En sus tuits lo ha llamado a reaccionar.

El segundo tornado que se teme en el entorno de Moreno no aparece todavía. Pero se centra en los actores sociales y los gremios económicos que ya enumeran sus reivindicaciones y dan muestras, en casos, de querer maximizarlas. Si eso llegase a ocurrir, los dos tornados podrían juntarse y nadie duda de que ese caos favorecería, en primera instancia, a Rafael Correa.

Dicho de otra manera: el gobierno de Moreno está en una carrera contra el tiempo en la cual tiene que unir a su favor, casi al mismo tiempo, piezas que aún no controla:
1. La lucha contra la corrupción que convirtió en su bandera y que es, en su gobierno, línea divisoria entre sus partidarios y los de Correa. Tiene que mostrar resultados contundentes.
2. El control del partido: Moreno tiene que convencer a la militancia de que habrá cambios pero que, en forma alguna, su programa es aplicar el de Guillermo Lasso. Y tiene que definir ese programa ante la sociedad.
3. La presentación de un plan económico en el cual conjugue políticas sociales y pragmatismo.
4. El tránsito del autoritarismo a la democracia que, por supuesto, es el tema de fondo. Pero en este punto no parece tener armado un relato conceptual y político susceptible de competir con la propaganda que Correa destiló, entre los suyos y ante el electorado, durante diez años. Relato que reitera desde Bélgica y que su coro replica.
5. Definir una mayoría política en la Asamblea o recurrir ante los electores para zanjar institucionalmente las reformas que marcarán a su gobierno.

Moreno, si sus intenciones de reinstalar la democracia en el país son sinceras, luce atrasado. No ha hecho nada para devolver los derechos conculcados a la sociedad en el esperpéntico decreto 16. Y no hay cómo volver a la democracia sin el concurso de una sociedad activa, deliberativa y participativa. No sumisa; ni secuestrada. Tampoco ha propuesto acuerdos en los capítulos prioritarios que su gobierno debe administrar y que, grosso modo, son dos: el retorno a la democracia y la recuperación de la economía y su desarrollo sobre bases sustentables.
Para volver a la democracia, Moreno cuenta con electores suyos y de la oposición. Pero nadie sabe concretamente cuál es su derrotero y cuáles son las reformas institucionales que piensa impulsar para impedir el retorno del autoritarismo. En el tema económico, no ha dicho cuáles son las líneas fundamentales de su plan económico, a qué dieta someterá al Estado y cómo hará factible que el sector privado se convierta en motor de la actividad económica. Moreno no anuncia definiciones. Y sin ellas, no puede aspirar a resolver sus dos problemas evocados: cómo incrementar su base social y cómo articular su capital político para evitar la calentura social y encarar la desestabilización proveniente de Correa, Glas y el núcleo duro del correísmo. Moreno sigue en las pequeñas frases y ahora el tiempo sí corre contra él.

Foto: Presidencia de la República 

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