Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Glas cae y Moreno prueba ser un animal político de sangre fría

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Lenín Moreno retiró las funciones a su Vicepresidente: es la respuesta al parte de guerra de ayer en la cual Jorge Glas rompió con su gobierno. De esta manera, se consagra la fractura entre las dos vertientes del oficialismo: Correa, Glas y sus seguidores por un lado, y, por otro, lo que puede pasar a llamarse el morenismo.

La noticia no es nueva para aquellos que, desde antes de posesión de Lenín Moreno, anunciaron que la pugna era irreversible. Correa, desde antes de 24 de Mayo, se esmeró en separar el estilo de Moreno (sus formas cordiales) de las políticas de fondo. Con ello entendía que Moreno debía someterse al partido (a él), asumir sin chistar el balance del correísmo y seguir la ruta trazada por él y que le entregó impresa en tres libros.
Pocos días después de dejar el cargo, tras amplios y vanos muñequeos internos, Correa hizo públicas sus críticas a Moreno y lo acusó de estar siguiendo los discursos de la oposición. En su cuenta de twitter consignó su decepción y luego la verbalizó palanqueándose entrevistas en los medios gubernamentales. En su despedida, el 10 de julio, tras 47 días tratando de entrometerse en todo, llamó a los suyos a cuidar la mal llamada Revolución Ciudadana. No de la oposición… de Lenín Moreno.

Pues bien: tan solo 23 días después de haberse instalado en Bélgica, autorizó a Glas a hacer pública la carta en la cual rompió políticamente con el gobierno de Moreno. Y hoy amaneció llamando a sus asambleístas, a su partido a oponerse a la destitución de Glas y a la traición de Moreno que ha señalado en abundantes tuits.

Correa situó así la guerra con Moreno en, por lo menos, tres frentes: el Ejecutivo, la Asamblea y Alianza País. Los ajedrecistas hablan de partidas simultáneas. De eso se trata. Y por eso hay que mirar en esas tres direcciones sin entreverar las movidas para entenderlas, pues cada campo tiene protagonistas y lógicas específicas. Por ejemplo: el mensaje de anoche de Moreno a la militancia de su partido, tras la carta de Glas, fue leído por algunos como una capitulación. Pues no lo era: Moreno plantó el escenario como presidente de Alianza País ante su gente, antes de responder en forma fulminante a Glas: retirarle todas las funciones.

Durante 70 días, ha habido, en forma pública, dos estrategias en juego. La de Correa y Glas ha sido sumamente predecible. Y sus movidas revelan que sin el aparato propaganda ni son genios ni son creativos. Son linealmente reactivos. Correa es rehén de la victimización. Es lo único que conoce. Pero para simular un destino histórico, habla del “libreto de Brasil”. Eso suena bien y hasta podrá ser entendido por una parte de los militantes. Pero para la opinión pública es tan etéreo como hablar de Champollion y la gramática egipcia. Correa no sale, aún a 9.527 kilómetros de distancia de Quito, de su ensimismamiento. Con cinismo llama “a los que amamos al país, la democracia, los derechos humanos”… para que opongan al gobierno de Moreno.

La estrategia de Moreno, en cambio, es mucho más sofisticada, subterránea y compartimentada. En su equipo se mueven estrategas y operadores que cooperan en unos puntos y se oponen vehementemente en otros. Gustavo Larrea trabaja sin sacar la cabeza. La estrategia, ganadora por ahora, habla de Lenín Moreno como un animal político de sangre fría. Un atributo que Maquiavelo recomienda a los líderes. Moreno es un hombre de una paciencia china y de una astucia también maquiavélica que parece haber domesticado en esas largas horas que, como decía Rilke, ha pasado en la múltiple compañía de sí mismo.

Moreno se volvió inasible para Correa. Sin inmutarse, marcó los tiempos para distanciarse de él. Y mientras Correa, ya como ex, sacudía sus demonios de odio y guerra por el país, Moreno hábilmente tendió las manos. Es evidente que leyó el momento político del país al rehusar ser leal a un modelo totalmente superado. Siguiendo a Maquiavelo, Moreno entendió que para gobernar no podía ser condescendiente con su antecesor. Su sobrevivencia y legitimidad dependían de su alianza con la mayoría del país; una mayoría harta de autoritarismo.

Maquiávelico fue Moreno con el aparato de la administración correísta. A unos los llevó al gobierno. A otros les prometió embajadas. El mensaje para todos fue que un nuevo presidente estaba al mando. Ya no Correa. Dividió las aguas sutilmente. Maquiávelico fue pedir al equipo económico que se quede, que saque a la luz las cifras que escondieron, que hagan los consolidados de la deuda prohibidos bajo Correa… Y logró que lo hicieran.

Glas era un caso perdido. Moreno lo sabía desde la primera vez que se opuso a que lo acompañara en la papeleta presidencial. Glas era un polvorín insalvable con Correa por razones diametralmente opuestas: mientras la caída de Glas puede salpicar al ex presidente, su supervivencia en el gobierno iba a salpicar a Moreno. La estrategia de Correa consistía en salvarlo. La de Moreno, en esperar su salida sin intervenir en ella. Aparentemente. Como aconseja Maquiavelo.

Ese juego ya se cerró: Correa que sabía que el resultado le sería adverso, se adelantó: convirtió a Glas en ícono de una ruptura supuestamente ideológica con Moreno. Esa maniobra no le será útil: Glas encarna ante la opinión lo peor del correísmo y puede incluso arrastrarlo en su caída. Además, la defensa de Glas es tan postiza que difícilmente encontrará apóstoles para cargarlo en andas.

La partida de Glas, obliga a mirar lo que ocurre en Alianza País. Lenín Moreno necesita el partido. Su intervención de anoche ante sus militantes perseguía, precisamente, cortocircuitar la disyuntiva esgrimida por Correa: o el partido sigue su línea y condena lo que hace Moreno o él se sale del partido para formar otro. Moreno quiso evitar una posible desbandada.

La guerra por el control de AP es más difusa. Correa puede decir que piensa volver pero esa amenaza está supeditada a que no resulte directamente relacionado con alguna investigación y prefiera quedarse en Bélgica en vez de exponerse en Quito. También él requiere el partido para convertirse en el mayor opositor de Moreno, eventualmente negociar su futuro y pesar en las elecciones seccionales de 2019. Esa maquinaria ha probado sus bondades. Pero también en ese campo, Moreno tiene algunas ventajas. Es el presidente de AP y, en este momento, él administra los nuevos factores de poder. La misma reflexión cabe en el campo de la Asamblea en la cual Correa dice, y con razón, que trabajan los operadores de Moreno. Es pronto para saber cuánto incidirá en la Asamblea la caída política de Glas. Pero los políticos, políticos son: en ese punto, la posibilidad de sumar parece estar, de nuevo, en el campo de Moreno. Correa promete revocatoria del mandato para asambleístas vendidos… Pero aún no se sabe de cuántas divisiones dispondrá.

No hay jaque mate pero los tableros de ajedrez dicen que Moreno va ganando en las tres partidas políticas con Rafael Correa… Moreno lo está logrando porque no sabía que era imposible.

¡Blasfemia líbranos del concejal Ponce y la corrección política!

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Una de las cosas que más preocupa al concejal Marco Ponce sobre la exhibición del mural “Milagroso altar blasfemo” en el Centro Cultural Metropolitano es que esa es una obra que, según él, pone en “riesgo el vivir en un ambiente de paz y armonía”, porque atenta contra las creencias religiosas de un pueblo.

Ponce pide, además, la cabeza de la funcionaria que autorizó el emplazamiento del mural, no porque haya problemas técnicos ni de permisos patrimoniales sino porque  lo califica como un “insulto a la religión católica de nuestra ciudad” y porque “puede poner en riesgo la imagen del Municipio de Quito”.

Para hacer esta afirmación, Ponce parte del supuesto de que para mantener la paz y armonía de un pueblo no se puede ni se debe atentar contra sus creencias religiosas. En pocas palabras, Ponce pretende que nadie diga algo que pueda herir la sensibilidad de la mayoría, en este caso la sensibilidad religiosa.

Si se hubiere impedido a lo largo de la historia cualquier expresión humana que atente las creencias de la mayoría, como Ponce pretende, la humanidad entera estaría viviendo aún en las tinieblas del absolutismo religioso, como aún ocurre en ciertos regímenes teocráticos. Fue precisamente la capacidad humana de desafiar los dogmas de la fe lo que produjo ese prodigio que es la modernidad occidental.  Y ese desafío solo fue posible gracias al derecho al ejercicio de la blasfemia que es, exactamente, lo que personas como Ponce están tratando de limitar.

Lo curioso en la polémica disparada por Ponce es que la mayoría de las personas que intervinieron en ella se centraron en si es lícito o no resentir la fe que profesa la mayoría de los ecuatorianos o en si los dibujos del mural eran o no auténticas obras de arte que ameritan ser expuestas como tales. Dos visiones que, cada cual a su manera, representan posiciones igualmente totalitarias. En el primer grupo están, incluida la Conferencia Episcopal, quienes creen que quienes piensan distinto a la mayoría deben reprimir sus pensamientos bajo el pretexto del respeto; en el segundo, los que pretenden que debe existir una autoridad iluminada y certifcada por alguna autoridad que decida qué es o no arte.

Ambas posiciones representan lo que Voltaire resumió en su lapidaria fórmula: !Piensa como yo o muere!”. En las dos vertientes no hay posibilidad de pluralismo político, artístico o intelectual. Es lo que el mismo Voltaire definió como la enfermedad cuya intransigencia más hace peligrar la convivencia en cualquier comunidad civilizada, que tanto dice defender el concejal Ponce: el fanatismo.

El fanático es quien considera, según Voltaire, que su creencia no es simplemente derecho suyo, sino una obligación para él y para todos todos los demás. El fanático es quien está convencido de que su deber es obligar a los otros a creer en lo que él cree o a comportarse como si creyeran en ello. El fanático no se conforma con declarar públicamente su fe, sino que pretende imponer sus dogmas. Unas veces lo hacen desde la clandestinidad homicida, como los terroristas que entraron a la redacción de Charlie Hebdo para asesinar a sus caricaturistas; otras desde el mismo poder, como pretende hacerlo Ponce.

El debate sobre el mural ha sido dominado por posiciones fanáticas y no ha sido Ponce el único fanático involucrado en él. También participaron los fanáticos que enarbolan la corrección política como la nueva versión de lo sagrado. Son los mismo que cuando un cura condena la homosexualidad saltan en bandadas para que se le niegue el derecho a decir algo que, sin duda, es claramente atroz, o los que, desde la nueva silla de la inquisición en que se han convertido las redes sociales, se abalanzan sobre quienes no comparten su visión sobre temas blindados por lo políticamente correcto. Son los fanáticos que acribillan, condenan, deslegitiman, ridiculizan y hasta criminalizan a los blasfemos que atentan contra aquello que ha sido institucionalizado en años recientes como sagrado: decir maricas a las gais, damas a las mujeres o negros a los afrodescencientes.

En el debate, además, nadie ha mencionado otro tema al que Voltaire dedicó buena parte de su inmenso genio y que para él era elemento fundamenal para una vida civilizada: la tolerancia. ¿Cómo es que el concejal Ponce en su alegato a favor de un ambiente de paz y armonía no mencionó el concepto de la tolerancia? ¿Cómo es que quienes salieron a defender el mural blasfemo no apelaron a este principio que está inexorablemente ligado a la libertad de expresión? Una sociedad que aspire a vivir en paz y armonía, como dijo el concejal Ponce, no puede pretender hacerlo si no está dispuesta a renunciar a ciertas sensibilidades y tolerar al otro. “Hay como cuarenta millones de habitantes en Europa que no pertence a la Iglesia de Roma. ¿Debemos decirles a todos ellos: señores, ya que están infaliblemente condenados, yo no puedo ni comer ni conversar ni tener ninguna conexión con ustedes?”, decía Voltaire en su Tratado sobre la Tolerancia.

La polémica sobre el mural blasfemo terminó siendo un triste retrato del estado actual del debate público en el Ecuador. Acá parece que lo que es más importante y que está sobre todo lo demás es lo sagrado: ya sea la sensibilidad religiosa o la corrección política. Fueron muy pocos quienes salieron a defender el derecho a la blasfemia, cimiento indiscutible de la libertad de expresión, o hablaron sobre la importancia de la tolerancia.  Cuando un grupo de fanáticos ingresó a la redacción de Charlie Hebdo para asesinar a sus caricaturistas, el director de ese medio escribió algunos días más tarde: “Voltaire regresa, se han vuelto locos”. Lo mismo podrían pedir los ecuatorianos: que Voltaire, o al menos su espíritu, se dé una vueltita por acá y diga un par de cosas.

Glas declara la guerra a Moreno

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La pequeña historia dirá que el 2 de agosto de 2017, Jorge Glas escribió un parte de guerra contra Lenín Moreno. Una carta en la cual, además de rechazar las definiciones políticas esenciales de Moreno, hace graves acusaciones. Una de ellas, que el Presidente admitió haber entregado CNEL a la familia Bucaram como parte de un pacto político.

Glas recurre en esta carta a la opinión pública a una vieja táctica conocida: defenderse atacando. Ayer, 1 de agosto, con el audio publicado en Brasil, en el cual su nombre aparece como beneficiario de dinero entregado por Odebrecht, Glas entendió que su suerte estaba echada. En esa consideración seguramente cupo otra: nada hizo Moreno para protegerlo. Como sí lo había hecho Rafael Correa, Galo Chiriboga y Carlos Polit que, resguardándolos, garantizaba su cargo. Y su parte en las coimas.

Glas no solo perdió a Correa en la Presidencia. Su segunda vicepresidencia coincide con otro momento del caso Odebrecht que no depende del fiscal Carlos Baca Mancheno: es al revés. Baca Mancheno depende ahora de lo que saque la fiscalía en Brasil que, por supuesto, da a conocer a la prensa sus avances. Si Baca Mancheno no procede, se sabrá y tendrá que responder por eso.

Glas tiene otro problema: su caso se enmarca en otro momento político en el país. Un asco creciente por toda la corrupción que se dio en la década de Correa. Y él encarna ese momento. Lo encarna con creces porque basó su estrategia de defensa en protección política y esto, en vez de favorecerlo, volteó la opinión pública en su contra. Negar, desafiar, pretender ser tan pobre como San Francisco de Asis y tan honesto como la madre Teresa de Calcuta…; todo esto enervó a una opinión que no solo no lo creyó sino que se sintió burlada por la arrogancia de Alianza País que, contra todas las evidencias políticas, lo exculpó hasta el punto de considerar que ni siquiera debía explicaciones al país. Glas, por mérito propio, se volvió, entonces, un peso muerto para el gobierno de Lenín Moreno y un blanco obligado para la Fiscalía General de la Nación.

Su carta contra Moreno está atravesada por el desencanto de un hombre que se siente abandonado y sin protecciones. El tono y el texto muestran que Glas es consciente de estar cerrando un capítulo político al lado de Lenín Moreno. Maniatado e impotente, opta por el arma que ha venido usando Correa y sus más fanáticos seguidores contra Moreno: el ataque.

Su carta contiene pistas que permiten mostrar que su decisión está perfectamente concertada con Correa. Los argumentos son los mismos que usa el ex presidente en sus cuentas sociales. Que a su vez son los que utilizan Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga… y la parte del aparato que le es leal.
El mecanismo de defensa es inconfundible: victimizarse. Nunca nadie ha sido tan atacado, tan perseguido, tan calumniado. Glas vuelve a intentar el truco tan usado en esta década: convertirse en un ícono, tan histórico como etéreo, que supuestamente representa un destino superior ante el cual está dispuesto al sacrificio, a la cárcel, a la persecución. Él no es corrupto: si lo atacan es por una razón tan histórica como su propia existencia: quieren dar al traste con “la transformación histórica que llevó a cabo la Revolución Ciudadana”.

El no escribe como el funcionario que tiene que dar explicaciones y darlas, ahora, frente a evidencias políticas y de tipo penal que lo relacionan con un tío coimado y una empresa que, si lo coimó a él, porque la mafia no entrega un dólar sin registrarlo, seguramente tendrá cómo probarlo. No es ante ese juicio, ahora probable, que él se sitúa. Él juega, con la misma osadía que ha mostrado un Alexis Mera, a decirse revolucionario. Y como se otorga esa categoría, se describe imbuido de esos valores con los que se describía Correa. Como si el Ecuador político de hoy fuese el del 2006. Por eso, en vez de admitir que es él quien está forzado, en este momento, a responder por actos de corrupción, invierte la ecuación. Y pone por delante, como Correa lo ha hecho, un escenario político destinado, a sus ojos, a mover la opinión a su favor: acusa a Moreno de preparar un paquetazo económico, de construir un escenario propicio para una corrupción institucionalizada, de entregar servicios e instituciones de la vieja partidocracia… Nada prueba. Son las mismas suposiciones que antaño el aparato de propaganda endosaba a la oposición para causar pánico en el electorado. Es tan deleznable el mecanismo que el propio Ricardo Patiño, presuroso de crear puentes entre Moreno y Correa, dijo en la mañana en Teleamazonas que no había tal paquete económico.

La segunda línea de ataque no deja duda alguna sobre la decisión de romper con el gobierno de Moreno. Es una critica frontal contra las políticas emprendidas por él desde el 24 de Mayo. No son nuevas porque Correa las ha hecho y Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga, Doris Soliz… las han repetido. Pero provienen del segundo mandatario; lo cual crea una cohabitación imposible con Lenín Moreno: el diálogo con sectores no afines al oficialismo. La llegada de un periodista que no es del oficialismo a El Telégrafo, que Correa y los suyos consideran de su propiedad. Las cifras dadas por Moreno sobre el estado real en que recibió la economía. La instrucción hecha por Moreno, este lunes a los funcionarios, para que denuncien todas las irregularidades en sus dependencias. Que son muchas, dijo Moreno.

Glas juzga todo esto inaceptable. Lo hace en nombre de la retahíla, desgastada desde hace rato, según la cual el gobierno Correa fue más blanco que la nieve. Lo nuevo no es eso. Es esta pregunta asesina para Moreno: ¿“está preparando el terreno para perseguir a sus antiguos compañeros para saciar la sed de venganza de sus nuevos compañeros”?

Glas no olvidó la factura que la nomenclatura esgrime contra Moreno: fue elegido por la confianza de su partido. No fue elegido solo sino con él. Fue parte del gobierno de Correa. Lo defendieron cuando estuvo en Ginebra. Y conocía las cifras reales de la economía antes de ser elegido…

La defensa de Glas se antoja encajar perfectamente en la estrategia que Moreno, al parecer, trazó: dejarlo que se cocine en su propia salsa. El vicepresidente se revela desesperado, al igual que Correa. E impotente, lo cual muestra que la relacón política de fuerzas en el partido y en la Asamblea ya no les es favorable. Y, al declarar la ruptura, no solo toma esa responsabilidad ante el país: deja instalado a Moreno en una verdad que él se encargará de tornar seguramente a su favor: durante esta crisis, nada ha hecho contra Glas. Salvo, pedirle que deje de defenderse y se consagre al trabajo.

Correa y Glas tomaron una decisión desesperada para tratar de ocultar el verdadero problema de fondo: su responsabilidad real y su connivencia, personal o institucional, con la ola de corrupción más grande que ha conocido el país. En ese sentido, y frente al nivel de popularidad que conoce Moreno, esta carta más parece un testamento que un manifiesto político destinado a entusiasmar a las bases que, hasta hace poco, los consideraban casi próceres.

Jorge Glas hoy es un cadáver político

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¿Y ahora, JG? Seguramente el Vicepresidente saldrá a decir que José Conceiçao dos Santos tiene que probar lo que dice en el charla con el ex contralor y corrupto Carlos Polit. O que es un vil montaje para atentar contra él, digno representante de los gobiernos progresistas tan atacados por las fuerzas retrogradas del continente. Pero el hecho cierto es que se le vino la noche encima y, ahora, su nombre, Jorge Glas, dicho clara y contundentemente, (no JG), hace parte de la lista de Odebrecht.

Esta grabación constituye una bomba atómica para el correísmo. Jorge Glas ahora ya no podrá patear el balón hacia los traidores de la revolución, como lo hizo en la Refinería de Esmeraldas. Ni contra su tío que inexplicablemente recibió, por lo que se sabe, $18,7 millones por tener un pariente en la administración Correa. Pariente que siempre negó ser él. Esta vez Jorge Glas hace parte de los sindicados por aquellos mismos que les repartieron dinero. Mucho dinero, dice el Ejecutivo de Odebrecht.

Esta grabación y las investigaciones de la Fiscalía ecuatoriana que, según fuentes del gobierno están por traducirse en hechos, cambia la ecuación política dentro de Alianza País. Lenín Moreno siempre podrá decir a los militantes que él no movió dedo alguno contra Glas. Y podrá probarlo. De hecho, esta grabación, la primera evidencia de magnitud contra Glas, relacionada con Odebrecht, la publica el diario O Globo, en Brasil. Se entiende que los ejecutivos de la empresa corruptora tienen todas las pruebas para respaldarla. La actitud de Polit en la grabación da cuenta de que él y su interlocutor hablan de cosas que, para ellos, son obvias.

El panorama cambia drásticamente para el correísmo duro que se alineó tras el vicepresidente. Correa tiene una disyuntiva shakesperiana: defender a su vicepresidente y repetir todas las tesis que han puesto por delante para negar la corrupción en su gobierno. Esto acarrea el peligro de que nuevas revelaciones lo dejen sin piso. O también puede decir que Glas lo traicionó, como ya dijo de Carlos Pareja Yannuzzelli. Como quiera que sea, la noche que se viene sobre Glas afecta directamente a Correa. Amenaza con llevarse toda la estantería en su caída y relacionarlo con toda la trama de corrupción: en el audio se oye, entre otras cosas, que habían pedido plata para la última y otras campañas electorales… Ahora se abre la caja de Pandora y se podrá saber qué otros funcionarios se beneficiaron de las coimas repartidas por Odebrecht en Ecuador. Glas y su tío, al parecer, también saben cómo se movieron las coimas de los chinos. Por esto nadie duda de que su destino, cualquiera que sea, será negociado.

Si Moreno puede efectuar esta cirugía como previsto; es decir a su entera ventaja, podrá decirse que está cerca de dar jaque mate al correísmo duro que, en la Plaza Grande, le grita traidor. Doris Soliz, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga…, para solo citar algunos casos, que metieron la mano al fuego por Glas, deben estarse preguntando en qué limbo quedan parqueadas. La debacle política del Vicepresidente arrastra al aparato de los Alvarado, Alexis Mera, Carlos Ochoa, Patricio Barriga… dedicado a mentir para negar la corrupción. Igualmente corre la alfombra bajo los pies de los asambleístas de Alianza País, empezando por María José Carrión y José Serrano, que usaron todas las piruetas formales imaginables para proteger a Glas. Y deja desnudo el modelo institucional, armado por el correísmo, para concentrar poder e impedir, como efectivamente ocurrió durante diez años, cualquier intento de fiscalización y control de una administración oscura y, en buena parte, corrupta.

La caída política de Glas, que ahora ya es irremediable, permite a Moreno ganar espacio político en Alianza País, dar cuerpo a su lucha etérea contra la corrupción y acomodar un nuevo tablero político. Su intervención de este lunes 31, llamando a los funcionarios a denunciar actos de corrupción, seguramente está pensada para convertirlo en adalid nacional de esta causa. Pero la caída de Glas no cierra el capítulo. Se evidencia como necesaria una cruzada real (no el discurso de seamos buenitos del Presidente) contra los corruptos de Alianza País y un cambio institucional para que haya verdaderas instituciones, independientes y profesionales, y una Asamblea que fiscalicen al gobierno de Moreno y los gobiernos seccionales. Hay que pasar del ajuste de cuentas al poder de pesos y contrapesos donde Justicia sea independiente y funcione.

En ese contexto, Glas era el último dique que el correísmo tenía en el gobierno y las instituciones. Sin él, Rafael Correa queda solo y terriblemente expuesto. La caída de Glas puede significar, en ese sentido, el inicio real del morenismo.

En la jornada Glas publicó este boletín: 

 

No creo en Moreno

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Si Moreno llama al diálogo, al reencuentro, si propone la eliminación de la violencia y el respeto a las libertades, es una deslealtad que, al mismo tiempo, no levante la voz exigiendo que en Venezuela esa camarilla de manos enrojecidas y bolsillos atiborrados, desista de la represión, de la violencia, del rompimiento de todo principio y equilibrio democráticos.

Es disonante. Es contradictorio. Es hipócrita sostener lo que sostiene Moreno y, en los hechos, dejar que su canciller exprese un mensaje de connivencia, de solapamiento con la brutalidad de Maduro. No creo, entonces, en la veracidad de lo que dice porque la búsqueda de la paz en Venezuela, que el gobierno dice apoyar, no se encuentra cuando se llena la ruta de jóvenes con rostros descerrajados por las balas asesinas de una fuerza armada sumisa de la corrupción. Nadie, con un ápice de respeto por la dignidad de las personas puede tener un discurso tibio y permisivo con el arrasamiento que en Venezuela se hace de personas e instituciones. Peor, quien en el interior ha criticado la violencia de Correa que no es, ciertamente, ni cercana al nivel de la que provoca Maduro.

Moreno develó lo que muchos denunciamos. Que Correa excedió el límite legal del endeudamiento. Desnudó la farsa del crecimiento y la recuperación y calificó como crítica la situación económica. Implícitamente denunció la alteración de las cifras y contradijo las torceduras académicas de Correa para encubrir su fracaso. Deuda es todo lo que se debe, más allá de los eufemismos tecnocráticos y eso se aproxima a los 60 mil millones; cinco veces más de la deuda con la que Correa inauguró su gobierno. Pero no expuso al escrutinio a los responsables de la manipulación de cifras; peor aún, siguen de consejeros económicos, lo que suena a burla, a sarcasmo.

Moreno ya debió iniciar, para ser creíble, los procesos judiciales contra los miembros del Comité de Deuda –del que Correa fue parte– que formalizó la violación de los límites de endeudamiento. Tampoco propuso una reforma estructural que corrija los yerros correístas, en relación con los términos onerosos (vende-patrias dirían ellos) de la deuda y de la preventa petrolera. No anuncia responsables ni acciones reparativas. Faltó una repelada grotesca de Correa, para que el Ministro de Finanzas use parte de sus argumentos en el sentido que la deuda llevó a incrementar los activos estatales en 400% del PIB. Qué diablos importa esa cifra si lo que hacen esos activos es generar gastos, entre operativos y financieros, y no aportan positivamente a los flujos. Y tampoco han significado que el precio de los servicios disminuya, como sucede en energía eléctrica.

Cordes, en una análisis de la proforma de presupuesto advierte que no es verdad que el incremento de gastos sea el 2%, sino el 8%; esto desvanece el discurso de austeridad. Los ingresos igualmente se sobreestiman porque no se consideran los cambios de las tarifa del IVA, la reducción de aranceles y la reducción de la actividad económica, vista la previsión de un crecimiento de apenas el 0.7%.

El mismo equipo económico de Correa sin una propuesta concreta para reversar la crisis, tampoco genera credibilidad sobre la real intención de tomar las medidas que se requieren para evitar el colapso de la dolarización, aupar el crecimiento del sector real y hacer que la economía crezca estructuralmente.

En el combate a la corrupción la historia es conocida: no obstante lo que algunos de los cercanos filtran como decisión para así mantener la expectativa, Glas goza de buena salud. Nunca en el pasado, un Contralor huyó de la Justicia acusado de complicidad o encubrimiento. Nunca en el pasado, un personaje de tan alto nivel, como un Vicepresidente, fue acusado de tanto. Este, sin inmutarse y sin rubor del resto del gobierno, permanece retando a la opinión pública.

En los hechos, Moreno aporta al escepticismo. Sus contradicciones, que no son percibidas por la mayoría que le cree, no dejan de ser contradicciones por obra de las encuestas. Ya como vicepresidente Moreno, hablaba para el auditorio, disertaba para congraciarse con quienes le oían sin importarle que aquello delatara discordancias con lo que, con su silencio, apoyaba. Ahora, que es Presidente, no le debería quedar espacio para decir y desdecir con sus omisiones.

Diego Ordóñez es abogado y político 

Su indiferencia, don Lenín, envalentona a los asesinos

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Ayer, 30 de julio, cuando el régimen venezolano dirigido por Nicolás Maduro, cometió fraude para erigirse en tirano supremo y aumentó el número de muertos, una cosa quedó clara en Ecuador: El caso de Venezuela se volvió un tema de política interna. Por varias razones que interesan y conciernen a Lenín Moreno y a su gobierno.

  1. Venezuela es la matriz del esperpento llamado Revolución Ciudadana: el Presidente dijo, desde antes de posesionarse, que esa experiencia ya había hecho su tiempo. Sus progenitores en Caracas no solo no lo creen así sino que, tras haber arruinado el país, provocado una urgencia humanitaria y un éxodo de ciudadanos, han demostrado estar dispuestos a todo para no soltar el poder. Todo: asesinar, hacer un fraude universalmente denunciado, violentar sus propias leyes y su constitución, desconocer la Asamblea Nacional elegida bajo sus reglas y con su CNE… Ese es el modelo que defienden Rafael Correa, María Fernanda Espinosa, Gabriela Rivadeneira…
    El caso de Venezuela se vuelve tema de agenda nacional porque es un espejo. El Presidente está hoy ante la obligación de mirarse en él. Y si no comparte esa visión mafiosa del poder, esa capacidad asesina que saluda Gabriela Rivadeneira, cada día más estúpida (con esa señora ya no hay cómo guardar la compostura), Lenín Moreno tiene que sacar conclusiones.
    Distanciarse de Maduro no solo es una obligación política y ética que el Presidente tiene con el país: es un seguro para su gobierno que, si piensa dar el giro democrático que prometió, tendrá que ponerse a buen recaudo de gente como Correa, Rivadeneira y María Augusta Calle: para ellos no existe la ruina, el hambre, el éxodo, los muertos provocados por el chavismo: solo existe el poder. Solo creen en el poder y lo creen de su propiedad.
  1. Moreno debe dar señales de coherencia entre política interna y externa: ¿Cómo calza el discurso de diálogo, mano tendida, mesas de negociación, respeto a la oposición, libertad de prensa… con los asesinos de Venezuela y, Daniel Ortega, el nuevo Somoza de Nicaragua? No calza. Y eso no solo se nota: es un escándalo. Lo es porque los ciudadanos no tienen el don del desdoblamiento. Son integrales. Los valores que defienden en y para Ecuador, son los mismos que postulan para Venezuela. O para Nicaragua.
    Los ciudadanos no sufren de la hemiplejia mamertiana que hizo destrozos en Alianza País y que se caracteriza por considerar humanos a los miembros del partido y gusanos al resto. Eso es lo que hace María Fernanda Espinosa al apoyar gobiernos asesinos justificándolo todo con pruritos ideológicos o tesis de soberanía inventadas para evitar perturbarlos mientras hacen su obra macabra.
    Si Moreno es el humanista que dice ser, tiene que poner coherencia en sus políticas. Venezuela está aquí. Lo está porque los ciudadanos ecuatorianos ven en directo los asesinatos de Maduro. Ven el éxodo de venezolanos en la frontera escapando del paraíso que defienden Rivadeneira y Espinosa. Venezuela está aquí porque los ciudadanos de a pie no son mamertos: son humanistas. Lo que es con los venezolanos es con ellos.

  2. 3. La situación de Venezuela será peor y este gobierno será cómplice:
    basta leer para qué se hizo la Constituyente para entender que, ahora que el fraude se consumó, los asesinos no tendrán límites. Lo harán todo a nombre del pueblo y de sus comités populares. Sacarán a la Fiscal que, siendo chavista, ya no pudo más con tanta corrupción, ilegalidad y violencia. Perseguirán más arduamente a la oposición pretextando perseguir el terrorismo o la injerencia extranjera. Dictarán leyes para expropiar y repartir lo poco que queda y esto lo llamarán luchar contra “la burguesía parasitaria”. Convertirán Venezuela en una cárcel y ningún opositor, incluso los elegidos por voto popular, tendrá inmunidad ni protección. Venezuela será un perfecto Estado-policial. Como Cuba. Para eso Maduro y Diosdado Cabello perpetraron este golpe institucional.
    Es ahora, Presidente, que debe distanciarse del gobierno mafioso y asesino de Venezuela. De lo contrario, tendrá que avalar culebras cada vez más grandes; cada vez más indigeribles.
    Ecuador no puede estar entre los pocos gobiernos que, ante la infamia, finge mirar para otro lado. Su indiferencia, don Lenín Moreno, envalentona a los asesinos de Venezuela.

Deuda ilegal: por menos se fue Dilma

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Lo que reveló Lenín Moreno no solo que es un panorama económico tétrico, no solo reafirma el mal manejo financiero de Rafael Correa, sino que además descubre una violación total y flagrante de la legislación vigente, en la que siguió reincidiendo el actual Gobierno. La Constitución ecuatoriana —promovida por el propio oficialismo— contiene una serie de disposiciones sobre límite al endeudamiento público. Sumado a ello, el artículo 124 del Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas —obra legislativa del Alianza País, también —señala un límite del 40 por ciento del PIB como techo de deuda pública. Pero da la casualidad que, según lo señalado por Moreno, ya rebasaron ese techo por 20 puntos, hace ya 20 mil millones de dólares. Es decir, se pasaron la Constitución y Ley por el Arco del Triunfo para mantener el festín y lo ocultaron por mucho tiempo.

La primera disposición que habla sobre límites al endeudamiento público es el artículo 120 de la Constitución, en su numeral 12, referente a las obligaciones de la Asamblea Nacional. Señala que esta deberá “aprobar el Presupuesto General del Estado, en el que constará el límite del endeudamiento público, y vigilar su ejecución”. Luego, la Constitución dedica toda una sección inserta en el capítulo de Soberanía Económica al tema. En dichos apartados constan disposiciones cuyo valor hoy parece únicamente testimonial. En el artículo 289 se señala por ejemplo que el “Estado promoverá las instancias para que el poder ciudadano vigile y audite el endeudamiento público”. Dicho mandato parece haber sido olvidado por completo.

En el artículo 290 también el constituyente hizo una serie de promesas que quedaron absolutamente incumplidas. Se dice que “se recurrirá al endeudamiento público solo cuando los ingresos fiscales y los recursos provenientes de cooperación internacional sean insuficientes”. ¿Por qué nos endeudamos entonces durante la época de mayor bonanza en la que brotaban por doquier recursos para el Estado? La Carta de Montecristi apunta además que con deuda se “financiarán exclusivamente programas y proyectos de inversión para infraestructura, o que tengan capacidad financiera de pago”. ¿Cómo es que se emiten miles de millones en bonos solo para poder llegar a fin de mes? Etcétera.

Por su parte, el Código Orgánico de Planificación y Finanzas Públicas es muy claro: “el monto total del saldo de la deuda pública realizada por el conjunto de las entidades y organismos del sector público, en ningún caso podrá sobrepasar el cuarenta por ciento (40%) del PIB”. En otras palabras, como el producto interno bruto del Ecuador llegó aproximadamente a los $98 mil millones en 2016, el tope máximo de deuda estaría por $39.2 mil millones de acuerdo a la norma citada. Lenín habló, no obstante, de $60 mil millones. Es decir, tenemos un exceso abiertamente ilegal de más de 20 mil de millones, los cuales desde el primer centavo debieron contar previamente con autorización de la Asamblea Nacional.

¿Y quiénes son los responsables de todo esto? Pues más allá de lo que dicta el sentido común, el mencionado Código da respuesta en sus artículos 139 y 141: el Comité de Deuda y Financiamiento, integrado por el Presidente, el Ministro de Finanzas y el Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo. Dicho organismo es el encargado de autorizar “mediante resolución, la contratación o novación de operaciones de endeudamiento público en el Presupuesto General del Estado, cualquiera sea la fuente de endeudamiento… y las colocaciones o las recompras de títulos emitidos por el Estado”. Cosa curiosa que dicha ley le exige a este ente “verificar” que “no se exceda el límite de endeudamiento previsto en este Código” y que “el endeudamiento público sea sostenible”, cuando vemos que no hizo ni lo uno ni lo otro.

A Dilma Rousseff en Brasil la destituyeron por maquillar cifras. Aquí se habría quedado corta. A la barnizada contable del Gobierno se suma una manifiesta violación del ordenamiento jurídico, fruto de una práctica oscura, deliberada y continua. Y los responsables de todo esto son el anterior Presidente, su Ministro de Finanzas, y el Secretario Nacional de Planificación correspondiente, encargados directa y expresamente por la ley de haber prevenido que esto pase.

Aparicio Caicedo es profesor de Derecho y asesor político 

Moreno prueba que Correa fue un fraude

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Dos meses tardó Lenín Moreno para transparentar las cuentas reales de la economía nacional. Anoche, 28 de julio, lo hizo en cadena nacional. El nuevo Presidente dijo al país que su antecesor, Rafael Correa, fue un gran farsante: en vez de mesa servida, lo que hay es una situación económica que Moreno calificó como crítica. Las deudas del Estado, que para Correa sumaban $27.871 millones, ascienden en realidad a $57.788 millones.

Esta noticia no es nueva para economistas y grandes parcelas de la opinión que, desde hace años, sabían que las cifras estaban trucadas y muchas de ellas habían desaparecido de los sitios web de algunas instituciones. Tras la gimnasia financiera, tan corriente en el gobierno de Correa, era cómodo adivinar manejos contables para ocultar o negar deudas contraídas. De hecho, Moreno contó que tuvo que advertir al equipo económico que, según la ley, “todos los datos deben ser veraces, precisos y de acceso público; por ello he instruido que la información esté disponible en todos los sitios web oficiales de las instituciones responsables”. En claro, tuvo que recordar a sus funcionarios que trastocar las cifras oficiales (lo que algunos de ellos hicieron con Correa) es delito.

Deuda pública con las cifras dadas por el Presidente, publicación diario El Universo .

Pero esta noticia sí es nueva para los seguidores y fanáticos del correísmo. De un golpe, estalla el mito del gran economista que durante años fabricó, con ayuda del aparato de propaganda, el propio Rafael Correa. Y esto puede producir consecuencias económicas y políticas muy parecidas a las causadas por los tsunami.

  1. La Revolución Ciudadana fue un gran engaño: ahora es fácil colegir que el gran milagro que se atribuyó Correa tuvo, como siempre se dijo, dos realidades: el inmenso flujo de petrodólares, producto de la bonanza y, cuando se acabó, un desembozado endeudamiento. Lo primero no requería las destrezas de Nobel de la economía que se otorgaba Correa; lo segundo lo hizo mintiendo, camuflando las cifras, metiendo la mano en fondos que no eran del Estado, sacando plata del Banco Central, pagando intereses exorbitantes a los chulqueros chinos… El gran economista, que convirtió a su equipo económico en delincuentes llevándolo a mentir, está hoy desnudo.
  2. El gigante con pies de barro: las cifras prueban que Correa engañó al país y lo dejó en estado semicomatoso. Su sucesor –y su propio equipo económico – hoy lo reconocen. Esto le hala la alfombra bajo los pies.
    Correa sale muy maltrecho en el terreno donde reinaba sin competencia. Su mito vuela en pedazos. Su palabra no vale nada ante las evidencias que pintan las cifras. No solo que su audiencia (reducida hoy al Twitter) disminuirá: seguramente morigerará los ánimos de todos sus cheerleaders tipo Gabriela Rivadeneira y Marcela Aguiñaga. En todo caso, esto cambia la ecuación política en el interior de Alianza País donde el ex presidente seguramente perderá poder.
    A partir de hoy la realidad se puede recoger en esta imagen: mientras Correa tuitea para insultar a su sucesor, Moreno estará ocupado viendo cómo da viabilidad a la economía del país y paga las facturas de la fiesta del gran economista.
  3. Moreno se libera del yugo de Alianza País: el programa de gobierno, el mandato del partido… Todas las camisas de fuerza que el aparato correísta confeccionó para Moreno, pueden ser enviadas hoy a la bodega. El balance económico del correísmo es tan devastador para la economía y el país que, curiosamente, libera a Moreno de ataduras pseudo ideológicas y lo sitúan en el mejor terreno posible, para él, en este momento: el pragmatismo. Moreno tiene ante sí este panorama: hacer funcionar al país, pagar deudas y proponer mecanismos para que la economía ecuatoriana crezca. Con esa tarea, todas las fórmulas le quedan permitidas. Todas, menos repetir las de Correa. Y ahora que las cifras de su gestión serán transparentes, todo el país podrá evaluar en tiempo real la eficacia de sus recetas.
  4. Moreno es ahora rehén de sí mismo: el Presidente al transparentar las cifras (que solo los correístas negaban), hace una confesión no solicitada: haber ocultado la realidad sirvió a su campaña y debió pesar, ¡y de qué manera!, en su elección. Moreno, con esas cifras en la mano, tiene otro enorme problema: convencer al país de pagar la factura de la fiesta que favoreció, en primera instancia y en forma casi exclusiva, a los suyos. A su partido. Moreno no lo reconoció en la cadena nacional y no hizo mea culpa alguna por el derroche, la corrupción y la mala gestión de la cual también él es responsable.
    Esto planteará, ya plantea, irremediablemente, una pregunta: ¿a cambio de qué el país entrará en esta dieta forzada? ¿A cambio de otro experimento pseudo-idológico? ¿De más Revolución Ciudadana edulcorada? Para pedir sacrificios, el Presidente tendrá que dar pruebas irremediables (no retóricas como la de su Frente de Transparencia…) de eficacia en la lucha contra la corrupción. Ese es apenas un ejemplo. En su plan económico tendrá que consignar otros compromisos más ortodoxos.
  5. Efecto colateral directo: destapar las cifras del engaño correísta, no solo hizo estallar el mito del gran economista. Hoy Jorge Glas amaneció más descobijado…
    Foto: Diario El Telègrafo.

¿Qué vieron los turistas electorales de la OEA en Ecuador?

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El informe de la OEA sobre las elecciones, de febrero y abril, fue presentado este 26 de julio en Washington. Ese documento, de 15 páginas, ratifica, en lo esencial, lo que ya se sabía: la misión de la OEA no observa; solo acompaña. De ahí la fama que se ha ganado de ser una delegación, esta vez de 66 miembros en la primera vuelta y 77 en la segunda, que hace turismo electoral. Es tan cierto que esta última misión ni siquiera dice si el CNE tradujo en hechos las sugerencias hechas por las anteriores misiones.

Dirigida por Leonel Fernández, ex presidente de República Dominicana, la misión cubrió, en apariencia, un amplio espectro: organización del comicio, tecnología electoral, análisis político y legal, financiamiento político electoral, equidad de género, justicia electoral… Esto debe justificar en Washington el importante número de burócratas enviados. La realidad es que su supuesta observación se limita a consignar lo que ven y oyen en los días que están presentes. No profundizan nada. No investigan nada. No zanjan ningún dilema. Tampoco ven la realidad política del país, el contexto en el que se lleva a cabo la elección, las condiciones, la idoneidad de los jueces electorales, el uso del Estado en favor de uno de los candidatos… El informe de la misión muestra la exacta diferencia que hay entre una misión europea de observación electoral y la OEA: mientras los europeos trabajan minuciosamente y hacen sus evaluaciones, los enviados por la OEA anotan lo que ven y oyen y se tragan las aldabas que les ofrecen los gobiernos que los invitan.

El informe sigue ese patrón: en pocas líneas se registra que hubo denuncias y reclamos “por parte de los ciudadanos y organizaciones políticas respecto a la elaboración y depuración del padrón electoral”. Que recibió reclamos respecto “al uso de espacios que son financiados con recursos del Estado para promover al binomio de Alianza País”. Que miembros de la sociedad civil “manifestaron su desconformidad con la inequidad en el acceso a los medios de comunicación, recalcando, por ejemplo, que los medios públicos dieron cobertura únicamente a la convención de Alianza País”. Que…

La misión registra sin aventurar ninguna conclusión. Como si el país observado fuera un puzzle de piezas inconexas. Ni siquiera evoca que los cinco miembros del CNE pertenecen todos a Alianza País. Que Juan Pablo Pozo violó la ley para anunciar los resultados. Que impidió que las organizaciones políticas tuvieran acceso material a las Actas de Escrutinio levantadas por las juntas receptoras del voto. Que, violando la ley, dispuso imprimir dos actas de escrutinio en vez de tres.

La misión registra el apagón informático. Pero se compra la tesis del CNE (“consultas concurrentes a la página web”) y, sin otra explicación técnica de su lado, concluye: “Cabe destacar que si bien este problema afectó la consulta pública de resultados por medio de Internet, eso no afectó al normal procesamiento de los cómputos y la totalización de los resultados (…)”. Nada dice la misión sobre el hecho de que Telconet transmitió las actas del CNE. Telconet es la empresa de Tomislav Topic, gran amigo de Jorge Glas y gran benefactor de su tío…

El marco metodológico de la misión de la OEA es curioso e inquietante para cualquier actor que no sea el gobierno. Porque no se hace cargo de la denuncias hechas por los partidos o por los ciudadanos para apoyarlas o para desvanecerlas. Las registra. Pero en cambio critica duramente a CREO, por ejemplo, por deslegitimar “un proceso electoral sin fundamentos”. ¿Cómo supo que no tiene fundamentos si no responde a ninguna de las criticas que ese partido hizo en sendas reuniones con la comisión, como se lee en el informe? De hecho, la misión anota que canalizó algunas quejas de CREO a las autoridades electorales. Y que reiteró “la necesidad de tramitar sus reclamos por el cauce institucional para que puedan ser atendidos por las autoridades competentes bajo los principios de legalidad, certeza y transparencia”. Pero nada dice de la actitud del CNE que se lavó las manos con quejas y críticas durante todo el proceso electoral.

Curioso patrón de observación, cuando la misma misión reconoce que, por falta de recursos financieros, no hizo monitoreo de medios y no sabe lo que pasó “respecto a tiempos de aire y cobertura” por parte de los medios de comunicación. Curioso que diga esto y haya ignorado los estudios que entidades nacionales tenían sobre el particular.

El acompañamiento de la misión de la OEA es tan lineal que resulta predecible: bendice lo que hizo el Consejo Nacional Electoral y redacta un informe como si la elección, con un árbitro hincha y fanático del partido de gobierno, solo pudiera tener problemas de biombos y divulgación de resultados… Claro, hay que ser justos: este informe contiene 16 recomendaciones para el CNE. Recomendaciones que la próxima misión ni siquiera revisará si fueron puestas en marcha. Por eso el correísmo invitó siempre de mil amores a la OEA para sus jornadas electorales exitosas… Pero no a la Unión Europea.
La OEA hace turismo; la Unión Europea trabaja.

Espinosa prefiere la soberanía de los matones a los DDHH

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Según la política exterior del gobierno de Lenín Moreno, el principio de no intervención está por encima de los derechos de las personas. No importa cuán viles sean las violaciones de los derechos humanos en un país, que el principio de la soberanía estará por encima y nadie podrá hacer algo para impedirlo. Es exactamente la misma tesis que utilizaba uno de los más siniestros y perversos genocidas de la humanidad para que nadie lo distraiga ni le impida cumplir con su macabra voluntad: Slobodan Milosevic murió en 2006 en Holanda antes de que se termine el juicio por crímenes de guerra contra la humanidad y genocidio. 

Según la doctrina del gobierno ecuatoriano, expuesta una vez más este 27 de julio por la canciller María Fernanda Espinosa, la no injerencia es tan sagrada que ningún gobierno puede tomarse la ligereza de hacer, por ejemplo, alguna observación o una declaración en la que se manifieste preocupación alguna por lo que ocurre en un país donde las fuerzas de seguridad de un estado violan sistemática los derechos humanos. Esta ha sido, precisamente, la conducta del Ecuador frente a lo que ocurre en Venezuela.

En una entrevista, en Teleamazonas, cuando le preguntaron sobre la posición del Ecuador frente al drama venezolano, Espinosa respondió que según la Constitución, la ley y la política exterior ecuatoriana, “somos fieles a la no injerencia y a la soberanía de los países”.

La doctrina que el gobierno de Moreno sostiene y que se expresa en la conducta de su Ministerio de Relaciones Exteriores fue superada y enterrada por el concierto de las naciones civilizadas luego del conflicto en los Balcanes para ser reemplazada por el principio de que los derechos humanos de las personas deben ser precautelados por otros países en caso de que éstos estén siendo atropellados por un gobierno nacional.  Las intervenciones internacionales para detener las matanzas en la ex Yugoslavia, Somalia, Haití y Timor del Este son algunos ejemplos de la aplicación de este principio. “Nada en la Carta de las Naciones Unidas impide el reconocimiento de que hay derechos tras las fronteras”, dijo en 1999 el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, cuando las potencias occidentales decidieron intervenir (aunque muy tarde para evitar cientos de miles de muertes) en la ex Yugoslavia para detener la voluntad de Milosevic de exterminar a comunidades enteras en Kosovo.

Si bien es cierto que la horrenda magnitud de lo que ocurría con Milosevic no se puede comparar con las atrocidades del gobierno de Maduro, resulta evidente que la posición de la diplomacia ecuatoriana no es sino un pretexto para no contradecir a su amigo el gobierno venezolano ni provocar rechazo en los sectores de la izquierda estalinista instalada en determinados segmentos de la militancia de Alianza País. Si bien el Ecuador ya no ha dado votos a favor del gobierno de Maduro en los foros internacionales, tampoco es menos cierto que con sus abstenciones ha bloqueado las iniciativas de la región para llamar, al menos, la atención de Maduro y su régimen malandro por las violaciones a los derechos humanos.  Ya ocurrió en la última reunión de la OEA en Cancún, México. El 26 de julio, un día antes de la entrevista de Espinosa en Teleamazonas, trece países de la región, sin duda los más importantes, firmaron una declaración pidiendo a Maduro que suspenda la elección de una Asamblea Constituyente prevista para este domingo, 30 de julio, concebida para desconocer definitivamente la Asamblea  de oposición elegida en las urnas y el plebiscito simbólico del 16 de julio. En él, 7.6 millones de venezolanos expresaron su rechazo a la iniciativa madurista. Ecuador no está entre esos países y, muy por el contrario, la Canciller anunció con orgullo en la entrevista, que habrá observadores electorales ecuatorianos en esa elección del domingo 30.

María Fernanda Espinosa, ejecutora de la política internacional de Moreno, es incapaz de recoger en sus declaraciones y en sus decisiones de política exterior al menos parte del espíritu de la llamada doctrina Roldós, quizá una de las pocas contribuciones del Ecuador al derecho internacional. Jaime Roldós logró que los países andinos firmaran una Carta de Conducta en la que, precisamente, se establecía que la promoción y la defensa de los derechos humanos no lesiona la soberanía de un Estado que viola esos derechos.

Pero el problema no se limita únicamente a que Espinosa no incorpore en su racionamiento y en sus decisiones las lecciones de la ex Yugoslavia ni la herencia humanista de Roldós: su cantaleta sobre la no intervención en Venezuela se vuelve absurda y hasta ridícula si se tiene en cuenta que el Ecuador jamás ha dicho esta boca es mía ante las contundentes evidencias de la grosera intervención cubana en Venezuela. En ese país, según el experto Roberto Álvarez Quiñones, actualmente están instalados miles de militares cubanos incluyendo tres generales, doce coroneles y tenientes coroneles, 6 capitanes de fragata y otros 25 oficiales de distintas graduaciones. También intervienen 4 500 soldados de infantería en nueve batallones, uno de ellos acantonado en Fuerte Tiuna, el corazón militar del país, según afirma el sitio venezolano Q’Pasa en Venezuela y la periodista Sebastiana Barráez, especialista en temas militares de Venezuela. No es secreto, además, que Maduro fue prácticamente elegido como sucesor de Chávez por presión de los hermanos Castro y que gran parte del trabajo de la inteligencia en Venezuela la hacen agentes cubanos.  ¿Nunca supo Espinosa sobre la presencia del cubano Ramiro Valdés en Venezuela para articular todo el sistema represivo chavista?

En Venezuela existe una auténtica ocupación militar cubana pero eso no es ni intervención ni injerencia extranjera para Espinosa ni para el estalinismo transnochado que aún sobrevive en ciertos sectores de Alianza País. Para ellos, pensar que Cuba violente la soberanía de algún país en el mundo sería algo imposible de entender. Peor de admitir.

El abrazo de María Fernanda Espinosa al argumento de la soberanía y la no injerencia con relación a Venezuela aparece como un simple pretexto o pueril coartada para evitar tener que reconocer que la utopía chavista terminó en una inmensa infamia colectiva que, en estos días, suma 104 muertos.  Si creyera en verdad que ese principio que enarbola cada vez que le pregunta sobre Venezuela no puede ser transgredido jamás, algo hubiera dicho cuando su antiguo presidente, Rafael Correa intentó abierta y desembozadamente intervenir en Honduras cuando tambaleaba Manuel Zelaya.  ¿No recuerda Espinosa que Correa dijo que Honduras era un buen sitio para ir morir?

La posición del gobierno de Lenín Moreno frente al caso venezolano es vergonzoso y representa una mancha de indignidad en la historia del Ecuador. Cada día que pasa, esa posición enloda aún más cualquier posibilidad de que Lenín Moreno pase a la historia como quien pudo haber hecho los correctivos necesarios para que los ecuatorianos se sientan orgullosos de una actitud humanista y democrática frente a lo que ocurre en un país tan cercano como Venezuela. Mientras Espinosa esté al frente de la política exterior ecuatoriana, el Ecuador solo aumentará su ignominia por la forma en que conduce la política exterior.

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