Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Correa abre fuego contra Moreno

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Rafael Correa siente la soledad del poder. La desparrama públicamente en su cuenta de Twitter. En seis tuits no solo muestra que sigue al dedillo lo que está pasando en el nuevo gobierno: muestra su incapacidad para recrear su retórica y su nivel de impotencia para evitar lo que está pasando: en esos tuits Correa crítica duramente a Lenín Moreno, a su partido y se apoya sobre lo que cree que todavía le es enteramente leal: el bloque AP en la Asamblea. En seis tuits, Correa habla de siete temas que es bueno repasar:

1. Walter Solis no es corrupto, es víctima: Correa es fiel a su actitud de querer controlarlo todo y saberlo todo. Ahora dice que la detención de Walter Solís, su ex ministro, no es por el caso Odebrecht: es –escribe– por un caso “que él mismo denunció y que llevaba cuatro años en indagación fiscal”. No dice cuál. No importa. Le importa halar la alfombra bajo los pies de Carlos Baca Mancheno, actual fiscal. De esa afirmación se coligen dos cosas: Solís (como Alecksey Mosquera) es inocente y Galo Chiriboga es un incompetente (que él y su gobierno toleraron). Solís no solo es inocente: es una víctima.

2. Miente y miente sobre Lula: Correa compara el caso de Walter Solís con el de Lula da Silva. En los hechos, Correa manipula la información para negar lo que la investigación del caso Lava Jato probó en Brasil: que el expresidente es un corrupto que recibió coimas y que hizo lobby por cuenta de Odebrecht ante otros gobiernos; posiblemente ante el mismo Correa.

3. Se cae toda la estantería: el expresidente se conduele de que “desde ciertos funcionarios del Ejecutivo, autoridades de control y hasta jueces estén siguiendo el discurso de la oposición”. Para él no hay hechos. No hay coimas. No hay coimados. La corrupción no existe. Vuelve, a pesar de las evidencias, a la retórica que usó en su gobierno para encubrir la corrupción y los corruptos: todo esto es el discurso de la oposición. Salvo que esta vez, la crítica la hace a su sucesor (directamente señalado), a sus organismos de control y a sus jueces. Su afirmación traduce impotencia doblada de incredulidad (¡Qué lastima!, escribe). Y en vez de reconocer que hay coimas y coimados, él prefiere (en ese estilo asesino que es el suyo) equiparar a su sucesor con la oposición. Su mensaje, en ese punto, no puede ser más claro para sus seguidores.

4. Correa se siente cabeza de turco: que diga que a la oposición le importa un bledo la lucha contra la corrupción, no es nuevo. Pero que diga que “tan solo buscan trofeos políticos” es una confesión, no pedida, de cómo se siente. Porque esa frase no está referida a la oposición que, como cada cual sabe, no gobierna. Está referida al nuevo gobierno que, si se lee bien, salió de cacería…

5. Correa se siente abandonado: no le preocupa el frente externo (en el cual no nota cambio alguno). Le inquieta la política. El frente interno. Y allí, de nuevo, emite una crítica violenta contra su sucesor: por torpeza o por deslealtad, se habla de marcar distancias con su gobierno. Con esta frase, confirma lo que se ha afirmado en forma reiterada a la luz de las evidencias que dejó en el camino en los últimos meses de su gobierno: Correa quería gobernar a Moreno. Su frase podría formularse con plena precisión así: “por torpeza o por deslealtad se habla de formular distancias conmigo”. Correa lo escribe porque, incrédulo, lo viene rumiando. Lo escribe porque no se lo cree.

6. El silencio de Alianza País lo anonada. Lo dice porque no lo puede creer. Ya no oye este sonsonete unánime que escuchaba cuando era el jefe de orquesta. Escribe: “Mientras tanto, AP calla”: quizá nunca imaginó tener que escribir, apenas 20 días después de dejar el cargo, esto de su partido. Veinte días apenas y ese par de tuits reflejan su soledad, su perplejidad ante lo que está viendo: sus organismos de control que ya no le obedecen. Jueces que ya no le obedecen. Un partido mudo… Un Ejecutivo que pensaba suyo y que ve que le da la espalda…

7. La Asamblea, su mayor refugio: con 74 asambleístas de Alianza País, Correa siente (y algunas votaciones así lo confirman) que allí es indestronable. Pero tampoco habla de esos 74 votos. Habla de algunas “voces valientes” que allí se han hecho sentir. En su cuenta de Twitter ha homenajeado a asambleístas como Viviana Bonilla y Marcela Aguiñaga. Las dos son invenciones políticas suyas con altos cargos en su gobierno. Él sabe que el ambiente político que hay en el país faculta a Lenín Moreno a forjar mayorías, para muchas reformas, con la oposición. Por eso, Correa no puede pensar, ni de lejos, que el bloque de AP está cohesionado y le será leal. El ambiente político que hay en el país, de hastío y cansancio del autoritarismo, luce favorable a Moreno. Pero Correa todavía no lo entiende. Sigue conectado al mismo casete.

¿Cómo atacamos la impunidad?

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Los hechos que ya forman parte de la antología de corrupción de la década correísta: “comecheques”, ambulancias, préstamo irregular de COFIEC a Gastón Duzac; Pedro Delgado, exasambleísta Esperanza Galván y otros tantos, a los que se suman los mega casos descubiertos a través de los panama papers y las delaciones de directivos de Odebrecht, ratifican que el entramado institucional levantado en estos diez años tiene como uno de sus objetivos encubrir la corrupción.

Implicados que fueron previamente advertidos para facilitarles la huida; aplicación de tipos penales que merecen penas menores; exigencia de informes previos en casos de peculado y enriquecimiento ilícito; indultos; “incapacidad” (intencionada) de obtener información de Odebrecht; negativa de 74 asambleístas de Alianza País para que Jorge Glass comparezca a la Asamblea Nacional e informe como responsable de los sectores estratégicos en los que la corrupción ha campeado; o, su no vinculación en la indagación fiscal iniciada por ese caso, pese a haber sido nombrado por otros investigados, etc. demuestran que las autoridades se esfuerzan por minimizar y esconder la corrupción. Y si sale a la luz pública es solo porque los casos resultaron insostenibes e indefendibles.

Los principales soportes de ese entramado son un Consejo de Participación Ciudadana propio (seleccionado por el Consejo Nacional Electoral que a su vez es escogido por el primero) y que les permite nombrar autoridades propias: fiscal, contralor, superintendentes, procurador, etc. Un Consejo de la Judicatura propio, que nombra cortes y jueces propios. Una Corte Constitucional propia. Y un Consejo Nacional Electoral propio, que obstruye todo tipo de iniciativa ciudadana y garantiza mayorías parlamentarias. Pero también les han sido útiles la ley de comunicación que oprime a los medios y al periodismo para reducir su capacidad de investigación y denuncia; el COIP, con instituciones que persiguen a los opositores y dificultan el juzgamiento de los corruptos. O los decretos 016 y 739 expedidos para el control de las organizaciones sociales y que ahora pretenden ser elevados a ley. Es decir, ese esquema no solo sirvió a Alianza País para ejercer el poder absoluto, sino también para encubrir sus fechorías. Es ese tejido el que hace sentir a Correa y sus operadores intocables –y en el que se sustentan– que pueden sortear las dificultades que surgirán estos cuatro años y retornar al poder el 2021.

Más del cincuenta por ciento de ecuatorianos y ecuatorianas votamos en contra de ese modelo autoritario y abusivo, eficaz para encubrir la corrupción. No podemos cruzarnos de brazos. Debemos actuar para desmontarlo e impedir que los corruptos nos sigan gobernando. La campaña electoral pasada dio cuenta de que existen acuerdos básicos que deben ser aprovechados para recuperar las instituciones democráticas, vitales para la garantía de derechos pero también para la lucha contra la impunidad.

Rediseñar el sistema de designación de autoridades de control, otorgando a la Asamblea Nacional la potestad de nombrarlas de entre un listado de preseleccionados a cargo de una comisión mixta (legislativa y ciudadana), manteniendo la autopostulación, paridad e impugnación ciudadana. Restituir la independencia de la justicia con mecanismos distintos de configuración de la Corte Constitucional, el Consejo de la Judicatura y la Corte Nacional, son imperativos para atacar la corrupción. Derogar la Ley de Comunicación y expedir una que garantice plenamente el derecho a la comunicación y las libertades de expresión y prensa. Impedir que se convierta en ley el proyecto de Código del sistema de participación ciudadana y control social, así como derogar las enmiendas inconstitucionalmente aprobadas en diciembre de 2015: estos son objetivos impostergables.

Con Moreno o sin Moreno, hay que trazar una ruta para lograrlo.

Solanda Goyes es abogada y activista social 

En esta guerra el troll center está con los correístas

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En la guerra entre correístas y morenistas, que se disparó con el escándalo Odebrecht, hay algo muy importante que está bajo el control de los primeros: el llamado troll center y la dirección de diario El Telégrafo. Basta ver el contenido de los mensajes que se colocan en las cuentas que trabajan para ese sistema de activismo digital, que se hizo célebre por su agresiva defensa de Rafael Correa, para saber quién tiene bajo su control ese aparato de comunicación digital. Lo mismo ocurre con el contenido en diario El Telégrafo, que se convirtió en la tribuna para que Correa lance dardos en contra de Lenín Moreno.

El troll center, básicamente, está dedicado a intervenir en la conversación, con un clarísimo fin: desacreditar cualquier pedido de comparecencia de Jorge Glas ante la Asamblea o la justicia, defender a capa y espada al Vicepresidente y, más bien, tratar de que el centro del escándalo sea la constructora brasileña o cualquier otro posible implicado, si es posible el alcalde de Quito, Mauricio Rodas mucho mejor.

Esa línea argumental es precisamente la que mantiene a correístas y morenistas enfrascados en una pugna interna. Mientras los sectores más cercanos al ex presidente y el propio Correa quieren evitar que Glas termine siendo interpelado en la Asamblea o en manos de los tribunales de justicia, el círculo de Lenín Moreno es, más bien, partidario de que Glas no siga desgastando al gobierno. Por eso, creen que sería bueno que se presente ante los organismos pertinentes para ahí dar explicaciones sobre su supuesta participación en el esquema de corrupción de Odebrecht. Este sector morenista piensa que la presión de la opinión pública es legítima pues existen demasiados indicios como para que Glas no sea llamado a la Asamblea. Defender a Glas no es una prioridad para este sector sino, por el contrario, un costo político que no quieren asumir.

Moreno–Correa: la guerra empezó antes de hora

En efecto, el mensaje en el que se ha concentrado durante los últimos días ese troll center o ejército de guerreros digitales, como los llama Correa, está dirigido a defender, a capa y espada, la imagen de Jorge Glas. Esta defensa incluye cualquier forma de justificación para que el Vicepresidente no sea llamado a comparecer ante la Asamblea Nacional. La honorabilidad de Glas se ha convertido, pues, en el corazón del mensaje que esas cuentas están dedicadas a transmitir en redes sociales. A eso se suma una urgencia por posicionar la noticia, muy poco divulgada en los medios tradicionales, publicada en un diario brasileño que dice que para la firma del contrato del metro de Quito, Odebrecht debió haber pagado coimas.

Hace poco, el troll center posicionó como tendencia al hashtag #JorgeEsRevolución. Ahí confluyeron mensajes de diversas cuentas con el fin de crear la ilusión de que tras de Glas existe una auténtica fuerza popular que lo respalda. El 9 de junio, en cambio, lograron colocar como primera tendencia al hashtag  para condenar a Teleamazonas por un reportaje que sacaron sobre los casos de corrupción con los que se asocia a Jorge Glas.

Lo que ocurre con el llamado Troll Center es simplemente el síntoma mediático del enfrentamiento que existe en los niveles más altos del Gobierno, donde se ha desatado una auténtica guerra intestina desde que el tema de Odebrecht se activó con las detenciones y allanamientos del 2 junio. Dentro de ese enfrentamiento también juega un papel muy importante la bancada gobiernista de mayoría en la Asamblea. Hasta ahora, los asambleístas de gobierno no han querido llamar a Glas, alineándose más bien con la posición de Correa que con la Moreno.

Es precisamente junto a este segundo grupo que defiende a Glas que está alineado el llamado troll center. Basta ver las cuentas en Twitter de los más importantes operadores de este sistema para constatar que el tema que más los moviliza es la defensa del Vicepresidente. Un operador político que está dentro de la corriente morenista le dijo a 4Pelagatos que para su sector se ha convertido en un problema que fuerzas leales a ultranza de Rafael Correa controlen ciertas posiciones en sectores clave del gobierno como el del manejo de los cuentas de redes sociales. Lo mismo ocurre con El Telégrafo, dijo, admitiendo que ha resultado más difícil de lo pensado desactivar la influencia del ex Presidente en muchos sectores del Estado, como los medios llamados públicos, por ejemplo.

El troll center, además, se ha dedicado a desacreditar a los medios de comunicación que están publicando posiciones críticas a Glas y que dan espacio a los pedidos de que éste comparezca.  Si se observa, por ejemplo, la cuenta del chileno Patricio Mery Bell, un periodista chileno que trabaja como activista en redes sociales para el gobierno, se evidencia que su línea argumental es básicamente afirmar que los partidarios de que Glas responda política y judicialmente por sus vínculos con el tema Odebrecht están contratados por la CIA o forman parte de un complot internacional que, según él, está concebido para afectar al propio Glas y a Rafael Correa. 

Si se sigue las cuentas de los más visibles responsables del manejo de las redes correístas como son, entre otros, Roberto Wohlgemuth, quien trabajó con Vinicio Alvarado en la Secretaría de la Administración, o Amauri Chamorro, uno de los contratistas del correísmo para operar algunos troll centers, se evidencia lo mismo: el objetivo es defender a Glas y neutralizar los llamados que aparecen para que comparezca ante la Asamblea. No se diga en los cientos de cuentas anónimas o falsas que hacen parte de la red.

Para el morenismo la esencia del conflicto con el correísmo es claro: hay que procesar a Glas por los escándalos de corrupción.  Ese es el único mecanismo viable, por ahora, para neutralizar los afanes de Rafael Correa por mantener el control sobre todo el andamiaje político del gobierno. Si Glas es procesado, sostienen, muchas figuras del círculo correísta caerán en desgracia, y así se podrá inmovilizar el operativo político que ya ha montado el ex presidente para no perder el poder que quiere mantener, aunque sea a la sombra.

Moreno–Correa: la guerra empezó antes de hora

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La situación política es similar, en este momento, a ese mantra que dice: “nada está cerrado hasta que todo esté cerrado”. Pues bien: nada está jugado para el gobierno de Lenín Moreno ni para Rafael Correa que resulta –curiosamente– su principal contrincante. La ruptura entre los dos debía producirse. Pero el escándalo Odebrecht la precipitó. Ahora hay un mano a mano en el cual están en juego todos los factores de poder que controlaba, hasta ahora, el expresidente Correa: Asamblea, Contraloría, Fiscalía, Cortes… Esta guerra política supera, con creces, los enigmas que encierra la situación económica y se evidencia, entre otras, en estas razones:

  1. Moreno no admite la tutela de Correa: aún se desconoce si el nuevo Presidente será el reconstructor de la democracia en Ecuador y el enterrador del correísmo. Se ignora, entonces, cuál será la dirección y la profundidad del cambio que dice querer imprimir. Pero es evidente que Correa quiso maniatar a Moreno y que éste buscó diferenciarse –en la etapa que lo llevó a la Presidencia– hasta en el color de la camisa. Los amigos de Moreno dicen que no quería un enfrentamiento abierto con el ex presidente, pero algunos factores lo han precipitado: el caso Odebrecht, la inusitada actividad del aparato correísta, el amarre institucional que imposibilita cualquier tipo de cambio, el ancla que Jorge Glas representa para el gobierno por las sospechas de corrupción que pesan sobre él… Todo esto lleva a pensar que la ruptura con Correa es inevitable.
  2. Los tiempos se aceleraron para el gobierno: en esta primera etapa, Moreno esperaba legitimarse y asentar su poder, hacer balances y pautar cambios y fusiones políticas o administrativas en las instituciones. Ejemplos: Ministerio de la política y Ministerio del Interior. O Arcotel y Cordicom. Esta labor de intendencia se pensaba complementar con el anuncio de buenas noticias (un plan con unas 150 medidas y mensajes positivos fue diseñado para los primeros 100 días). No estaba previsto hacer mayores olas. Pero la situación se precipitó y ahora, ante las expectativas de cambio que hay en la opinión, el gobierno luce políticamente desbordado.
  3. El gabinete impuesto a Moreno tiene plazo: su composición es el resultado de un cóctel de imponderables que Lenín Moreno no pudo controlar: imposiciones del correísmo, resultados de las elecciones, pago de favores durante la campaña… Moreno puso apenas cinco ministros en un gabinete que es, se reconoce, “de medio pelo”. Por eso, está catalogado, entre sus amigos de gabinete-fusible: algunos le daban hasta medio año de duración. Ahora, por las urgencias y expectativas surgidas, apenas dos o tres meses. Quizá menos.
  4. Moreno no saca toda su artillería: el Presidente pidió a algunos cuadros y amigos suyos esperar pacientemente. Los quería tener en la congeladora durante meses, pero esa decisión la está revisando ante la complejidad política del momento. Se prevé incluso algún nombramiento sorpresa para estos días. Por lo pronto, Moreno –que es partidario de poner los ratones a cuidar el queso– prueba lealtades y capacidad operativa de sus funcionarios. Su estilo es trazar directivas, dejar trabajar y evaluar resultados. A Moreno no le importa, por razones obvias, el pasado político de sus colaboradores: le importa que remen en la dirección que él indica.
  5. Correa tiene a su favor la telaraña institucional: Moreno es Presidente pero su margen de maniobra por fuera de la telaraña correísta –si realmente aspira a hacer cambios– es incierta y requiere alto manejo político. Necesita operadores que por ahora no tiene. O no se ven. Los anuncios de detenciones por casos de corrupción le valió una legitimación política que lo obliga a mayor coherencia en este punto. Por ende, lo enfrenta más crudamente con el aparato correísta. Esto se refleja en la actitud del Fiscal (obligado a actuar por la información que recibió en Brasil), en la guerra interna entre Carlos Polit y Pablo Celi por el poder en la Contraloría y en la actitud de la Corte Nacional de Justicia. Un juez suyo no ha despachado algunas boletas de detención contra altos funcionarios involucrados en el escándalo de Odebrecht. El hecho cierto es que las instituciones están fatalmente atravesadas por el enfrentamiento entre correístas y morenistas. Y este enfrentamiento sigue abierto y no se resolverá institucionalmente: lo zanjará aquel que sume el mayor número de factores de poder.
  6. Correa es un poderoso elemento de inestabilidad para Moreno: el expresidente puede decir que su actividad en redes sociales y sus escritos en El Telégrafo son lícitos y normales. Y sí, lo son. No puede negar, sin embargo, que por su peso monumental en el aparato de Alianza País, en su bloque parlamentario y en el Estado –cuyos funcionarios le deben el cargo– representa un factor categórico de poder. Un tutelaje imposible de asumir por parte de Moreno.
    Por ahora, Correa actúa públicamente en dos frentes. Primero: expresa críticas veladas o directas al gobierno de Moreno. Lo hizo, por ejemplo, a propósito del llamado que hizo el gobierno para que la ONU apoye la lucha contra la corrupción en Ecuador. Segundo: descalifica a todos aquellos que el gobierno quiere convertir en sus interlocutores. Los empresarios, por ejemplo. En los hechos, Correa no se pierde movida alguna del gobierno de Moreno. Se ha conferido el rol de guardián del templo y usa las redes sociales para hacer presencia política. Obviamente, perdió centenares de micrófonos, pero tiene consigo ejércitos de troles y los medios del Estado que usó para propaganda en su gobierno. Su influencia será directamente proporcional a la capacidad que tenga Moreno para invertir, a su favor, los factores de poder.
    Si Correa deja el país, a comienzos de julio, cuando su hijo y su esposa concluyan el año escolar, disminuirá en parte su capacidad para obstruir a Moreno. Si lo hace, se abre otro interrogante: ¿cuándo volverá y con qué libreto? Esto es lo más curioso del tablero político tras su retiro: que Moreno puede contar más, objetivamente y para ciertos cambios, con la oposición que con los correístas fervientes, tipo Viviana Bonilla, que Correa no cesa de alabar.
    Lo dicho: el juego político sigue abierto…

Celi y Pólit: compadres y rivales por obra del oportunismo

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El enfrentamiento entre Carlos Pólit y Pablo Celi, para mantener el control de la Contraloría General del Estado, es la pugna entre dos personas que caminaron de la mano durante muchos años y que de pronto, ante la crisis política desatada por el escándalo Odebrecht, se colocaron en veredas opuestas para salir lo mejor parados posible.

Esto no debe sorprender a nadie: Pólit y Celi tienen gran experiencia en colocarse en el sitio y en el momento adecuados para salir bien posicionados y con un tajo de poder bajo el brazo.  Esta vez, sin embargo, solo uno de ellos saldrá victorioso y será a costa del otro.

Por el momento parecería que Celi está ganando la partida.  Alentado y apoyado por el gobierno de Lenín Moreno, ya asumió que él es el legítimo reemplazo de Pólit, al menos hasta que éste regrese de Miami o la Asamblea lo destituya. Una victoria que, sin embargo, podría resultar pírrica, pues la legitimidad legal de ese acto no ha sido refrendada por ninguna autoridad competente. Por lo pronto, Celi ya ocupa el sillón de Pólit.

Contraloría: la madre de todas las batallas

Si bien ambos tienen un extenso palmarés de acomodos y victorias, la historia de Carlos Pólit en la política es menos extensa en el tiempo que la de Celi, aunque mucho más importante ya que ha ocupado cargos de primera línea. Celi, en cambio, empezó a picar de la política mucho antes que Pólit pero siempre lo hizo desde cargos de menor relevancia. Se inició muy joven en grupos como el Frente Amplio de Izquierda y luego en Liberación Nacional, de Alfredo Castillo Bujase. Como Liberación Nacional fue parte del gobierno de Abdalá Bucaram, Celi pudo ser subsecretario de la entonces ministra de Educación, Sandra Correa. Antes, Celi había sido asesor de Fabián Alarcón, en uno de sus períodos como presidente del Congreso.

Siempre atento a cualquier oportunidad de estar cerca del poder, Celi se convirtió más adelante en uno de los asesores de cabecera del presidente Lucio Gutiérrez. Sus pergaminos de académico de izquierda y de buen intérprete de la realidad política lo llevaron a ese cargo. Su tarea era buscar cómo redactar discursos políticos, con pegada popular, para el Presidente. Durante ese gobierno se conoció con Carlos Pólit que, electo Contralor por la Asamblea de Montecristi, lo llevó a trabajar con él en la Contraloría. Ahí trabajó como Subcontralor Administrativo. Poco tiempo más tarde, el gobierno de Rafael Correa lo envió como delegado del Ecuador ante el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (CEED) de Unasur, con sede en Buenos Aires. Mucho se comentó en los corrillos del poder sobre este nombramiento y hubo más que uno que dijo que era un reconocimiento a su ayuda en temas espinosos para el gobierno en la Contraloría. Al cabo de algunos años, volvió al Ecuador y se incorporó nuevamente a la Contraloría con su viejo y buen amigo Carlos Pólit.

Carlos Pólit, por su lado, arrancó seriamente en la política de la mano de Lucio Gutiérrez como gobernador del Guayas, ministro de Bienestar Social y secretario general de la Presidencia. Cuando Gutiérez llegó a la Presidencia, Pólit ya era muy conocido entre ciertos círculos empresariales de Guayaquil por haber sido experto en trámites y gestiones en las Aduanas.

Liquidado el gobierno de Lucio Gutiérrez, vino el paso de Pólit por el correato. Cuando Alianza País y el gobierno de Rafael Correa necesitaban aprobar la consulta en el Congreso para llamar a una Asamblea Constituyente, fueron necesarios los votos de la bancada gutierrista. Las condiciones del gutierrismo fueron sencillas: si quieren nuestros votos para aprobar la consulta para la Asamblea entonces nombren a Pólit como Contralor para que cuide nuestras espaldas. Dicho y hecho. Con los votos de la bancada de Gutiérrez se aprobó la consulta y, cuando estuvo instalada la Asamblea, Pólit fue elegido como contralor. Así fue como permaneció en ese cargo durante los diez años del correísmo, pues gracias a su buena relación con Correa fue reelecto una vez en el 2012.  Pero fue tan buena su relación con Correa, o Polit sabía tanto de tantos, que cuando ya expiraba su gobierno,  fue reelegido en febrero del 2017 por el Consejo de Participación Ciudadana. Es decir, Pólit iba a ser contralor durante 15 años en total.

Pocos días antes de que el Concejo de Participación le extendiera la calificación de 100 sobre 100 para que sea nuevamente Contralor, Pólit y Celi enfrentaron juntos, por primera vez, un golpe a su imagen y prestigio. El 9 de febrero el prófugo Carlos Pareja Yannuzzelli lanzó desde Miami uno de sus ya célebres videos, conocidos como CapayaLeaks, en el que acusaba a ambos de recibir coimas por su trabajo en la Contraloría. A pesar de ésta denuncia, que nunca fue investigada, Pólit fue reelegido y el día de su posesión se lo vio feliz y luminoso entrando a la Contraloría junto a su compañero y amigo Pablo Celi.

¿Qué paso para que la amistad y camaradería de Carlos Pólit y Pablo Celi terminaran tan abruptamente? Fuentes de confianza sostienen que todo se rompió el viernes 2 de junio cuando se produjeron los allanamientos de algunas propiedades de Carlos Pólit, como parte de las investigaciones por el caso Odebrecht. Ese día, supo 4Pelagatos, Pólit perdió confianza en Celi y lo destituyó por temor a que tome control de documentos e información del organismo. Pólit sostiene en una declaración juramentada en el consulado de Miami, en cambio, que la destitución fue del 25 de mayo cuando aún estaba en el Ecuador. Sin embargo, las acciones de personal que Pólit asegura haber firmado para cesar a Celi y nombrar a Sabett Chamoun Villacrés, como su subrogante, no han sido vistas hasta ahora.

Celi, en cambio, ese viernes 2 de junio se percató de que le había llegado la hora para alcanzar una nueva y mejor posición. Luego del incidente que fue grabado en el ya famoso video que circuló en redes, Celi fue hasta Carondelet para buscar apoyo y protección del gobierno. Era la oportunidad perfecta para ser Contralor, al menos hasta que se nombre a uno si es que llega a censurarse a Pólit. Ahí, Celi se ganó la confianza del equipo de Lenín Moreno, que ahora ve en él la posibilidad certera de tener más de poder dentro de la pugna que existe con otros sectores del correísmo por el tema de Odebrecht.

Esta vez parece que Pablo Celi lleva las de ganar. Por lo pronto ha logrado apoyo del Gobierno y ha asumido, según él, el cargo de Contralor encargado. La situación no es clara, sin embargo, pues el Ejecutivo no tiene las facultades para sostener a un contralor. Pero todo esto ocurre en un país donde estos vacíos institucionales son parte del paisaje y son asumidos como cosas perfectamente normales. Y claro, en circunstancias y países como éste, personajes como Celi y Pólit siempre pueden encontrar su cuarto de hora de fama.  Es, en definitiva, la buena y la mala suerte de los oportunistas la que está en juego.

La corrupción está en plena forma

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Guerra en la Contraloría, cortes que responden al dueño que todavía está en el país, Asamblea con mayoría correísta, Fiscalía que está y no está… Los corruptos, enquistados en el poder, tuvieron horas de angustia pero su futuro luce relativamente estable. En todo caso, el gobierno de Moreno no tiene estrategia y luce sin las herramientas para traducirlos ante una Justicia proba e independiente. Chamorro ve así el momento en ese tema.

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Anatomía de una bajeza de Correa

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El 23 de febrero de 1981 un grupo de militares golpistas irrumpieron en el Parlamento español con el objetivo de derrocar al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Mientras las balas zumbaban en la sala de sesiones y la mayoría de los congresistas se tiraban al piso para protegerse, Suárez permaneció sentado en su curul. A raíz de esa actitud digna, desafiante y a la vez temeraria, el escritor español Javier Cercas escribió Anatomía de un instante, un brillante libro que narra la biografía de Suárez (su ascenso desde su pequeño pueblo natal hasta la cima del poder, su papel en la restauración de la democracia en España, su difícil relación con otros miembros de su propio partido y con el Rey Juan Carlos y su descenso a las tinieblas del Alzheimer) y describe los entretelones del fallido golpe y la compleja situación económica y política que atravesaba España en ese momento.

Pero no sólo los gestos admirables, como el de Suárez frente a los golpistas, merecen ser diseccionados. Sin pretender alcanzar el nivel de detalle y profundidad del libro de Cercas, se puede hacer algo similar con actitudes viles que condensan toda una personalidad, una sociedad o una época. Ese es el caso del tuit que, este martes, el ex presidente Rafael Correa escribió dirigiéndose al periodista Jean Cano. En su tuit, Correa publicó la información de los impuestos pagados por Cano en los últimos años y lo recriminó por, en su opinión, haber tributado poco. El tuit de Cano que motivó la respuesta de Correa se refería a la publicación en el diario público El Telégrafo de una columna de opinión en la que el ex presidente critica, sin nombrarlo, a Lenín Moreno por algunas acciones tomadas en torno al escándalo de Odebrecht.

La respuesta de Correa a ese tuit fue esta:

Realmente es difícil imaginar un tuit que pueda, como éste (compuesto por una frase de apenas 60 caracteres y una captura de pantalla), condensar tan fielmente la personalidad de Correa, su concepción de lo que es el Estado y su abrumador desconocimiento sobre la situación laboral (¿y económica?) del país.

La respuesta de Correa a Cano es un reflejo de la personalidad del ex presidente, no sólo porque muestra su incapacidad para tolerar cualquier crítica o mención en su contra, sino también por su evidente intención de desdeñar (incluso utilizando información sensible, si hace falta) a quien tuvo la osadía de meterse con él. En ese sentido, el tuit es casi una síntesis de lo que fue la relación de Correa, durante sus diez años de gestión, con la oposición, la prensa independiente e incluso con coidearios que en algún momento le dieron la contraria. Ese tuit también podría ser una sabatina en miniatura.

Por otro lado, Correa, al tuitear “me dice dónde le devuelvo los pocos impuestos que ha pagado”, deja entrever el modo en que él confunde Estado con Gobierno o, peor aún, Estado con Presidente. Nada sorprendente en una persona que en su momento dijo que “el Presidente de la República no es sólo jefe del Poder Ejecutivo, es jefe de todo el Estado ecuatoriano, y el Estado ecuatoriano es Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Electoral, Poder de Transparencia y Control Social, Superintendencias, Procuraduría, Contraloría, todo eso es el Estado ecuatoriano”. Más grave aún, el modo en que Correa redactó su respuesta sugiere que él se sigue considerando jefe del SRI o administrador de los dineros públicos.

Finalmente, con su tuit, Correa pone de manifiesto lo alejado que está de la realidad que viven la mayoría de los ecuatorianos. Si el ex presidente considera que el Impuesto a la Renta pagado por Cano es poco, debería tomarse la molestia de revisar las cifras generadas por su Ministerio Coordinador de Desarrollo Social, según las cuales en 2016 el 97,6% de los trabajadores ecuatorianos tenían ingresos mensuales de hasta cinco salarios básicos unificados (es decir, hasta $1.830) y, por lo tanto, pagaron menos Impuesto a la Renta de lo que el ex presidente considera “poco” o, directamente, no lo pagaron. (De hecho, en un evento durante la última campaña electoral Correa dijo que “solo aquellos que ganan más de 2.000 dólares pagan Impuesto a la Renta”).

Si esa es la reacción de Correa frente a una persona que paga mucho más Impuesto a la Renta que la mayoría de los ecuatorianos, ¿cómo responderá ante un reclamo de alguien cuyos ingresos no alcanzan la base imponible? Parecería que para dirigirse al ex presidente hay que estar dentro del 2,4% de los trabajadores que el año pasado ganaron más de cinco salarios básicos unificados al mes. Aunque en ese caso seguramente la descalificación vendrá por ser “pelucones”.

En el tuit que indignó a Correa, Cano decía que “los medios de propaganda pasan síndrome de abstinencia”. En realidad, la respuesta de Correa a ese tuit (y su columna en El Telégrafo, y sus tuits sobre cómo los operativos contra los presuntos implicados en el caso Odebrecht supuestamente se gestaron en su administración, y sus veladas críticas al nuevo gobierno por haberse atrevido a plantear, al menos en el discurso, un modelo económico con una mayor participación del sector privado) pone de manifiesto que el que atraviesa un síndrome de abstinencia es el ex presidente. Abstinencia de poder y notoriedad.

José Hidalgo Pallares es economista y periodista

Nada lava más blanco que Jorge Glas

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Jorge Glas es el mejor ejemplo de que lo peor del correísmo sigue vigente. Hay que oírlo –ahora va a las radios– para tomar conciencia del nivel de cinismo que se instaló en un cargo público como el suyo: Vicepresidente.

Glas no solo es cínico. No solo se esconde y esconde sus acciones tras toneladas de hojarasca retórica: tiene una capacidad inefable para victimizarse. Cultiva una desfachatez poco común para convertir los hechos en calumnias. Y ni siquiera cuando esos hechos lo tocan directamente se da por enterado. Glas es el político paradigmático que creó el correísmo: un ser poderoso que todo lo orquesta, nada firma, nada pone a su nombre, se queda con todos los honores y no responde por nada.

Diana Rivera, de la Fiscalía, dice que su tío, Ricardo Rivera, habría recibido 13 millones de dólares de Odebrecht, como pagos por todos los contratos que suscribió esa empresa en Ecuador. A Rivera le pagaron por su relación de parentesco con un alto funcionario del gobierno. ¿Quién es ese pariente? Glas. ¿Con qué alto funcionario del gobierno se relaciona Rivera? Con Glas. ¿Quién favoreció a Rivera (dando curso a los pedidos de la compañía) para que esa empresa le pagara 13 millones de dólares? Si no fue Glas, ¿quién fue? No obstante, Glas sigue en su cargo. No ha pensado en retirarse. No ha pensado en renunciar. No ha pensado en tomar una licencia para defenderse. Glas acepta que su tío “lastimosamente” está metido en este problema, pero no dice que el problema es él. Que el alto funcionario es él. No concluye que si le pagaron a su tío es porque ese alto funcionario (que es él porque no hay otro pariente con poder) hizo lo que la empresa pidió… Glas procede como si fuera géminis y ese signo produjera consecuencias fatales de desdoblamiento.

Hay que oírlo. Cualquiera de sus entrevistas es un curso de cinismo acelerado. Hay que oír a Glas decir que lo atacan porque hay poderes que atentan contra los gobiernos del pueblo. Porque ahora él es el pueblo. Y lo dice como si fuera verdad. Dice que quisieron evitar que él y Moreno fueran elegidos. Dice que nadie le perdona haber hecho en diez años en el país lo que debió hacerse en 60 años. Lo dice como si esto también fuera verdad. Y así, de puntada en puntada, en esta empresa titánica por tejerse corona de santo, llega a Odebrecht. Esa historia, contada por él, es digna de una obra del teatro del absurdo. De Eugène Ionesco o de Fernando Arrabal.

Glas se describe como uno de esos vengadores de series baratas que echa de su oficina a Odebrecht, sí a Marcelo Odebrecht, “casi a patadas”. “Lárguese de aquí”, dice que le dijo por una insinuación perversa que le hizo: que estaban usando el tema de la central hidroeléctrica para ser populares. No solo lo dice. Le pone énfasis, consciente de los subtextos que crea al decirlo. Lo dice como un patriota, como un prócer que ahorra 200 millones de dólares al país. Un valiente, Glas. Una víctima de ese perverso Odebrecht que juró vengarse. Su historia conserva sus ribetes teatrales hasta que tiene que explicar por qué ese multimillonario, humillado y pateado por él, vuelve al país y obtiene los contratos por los cuales su tío recibió coimas. Es evidente que esa parte no la ha ensayado. Y se siente cómo el héroe pierde facundia cuando dice que nada tuvo que ver con el retorno.

Glas, patriota y valiente, no pierde la compostura cuando tiene que explicar por qué en los sectores estratégicos, de los cuales era responsable, se produjeron enormes raterías. En los hechos se sorprende de que le pregunten por eso. ¿Acaso el control figuraba en los encargos que le hicieron? A él te tocaba coordinar, liderar, articular… No controlar. Para eso hay otros organismos del Estado. Además, ¿cómo iba a saber que ahí, en dependencias como en Petroecuador, había traidores tapiñados? O mafias socialcristianas que él (esto se infiere) desconocía, aunque todo el mundo habló de ellas en el pasado. Y por último, ¿por qué debe responder a los difamadores, como aquellos de la Comisión Nacional anticorrupción? Con delicadeza, porque lo valiente no quita lo cortés, Glas pide a sus entrevistadores que, por favor, no contaminen la entrevista con las afirmaciones de los difamadores que hacen demandas sin pruebas… Y cuando le responden que, por ejemplo, en el caso Caminosca, esa comisión de abuelos mostró pruebas, responde, sin sonrojarse, que para él no lo son. Además a su tío, bueno a su tío, casi no lo ve. Una vez por año a lo sumo. Por supuesto él no dice que llegó al gobierno con su tío y que con él, que ha sido mentor y socio, manejó, desastrosamente, las telecomunicaciones en el país. Él lo hizo Intendente General de Telecomunicaciones y le permitió reinar en ese sector.

No hay que oír a sus difamadores, dice Glas. Hay que oírlo a él que se pinta estos días en las radios del país como patriota, valiente, más blanco que la nieve, más honesto que el Papa. Glas es el pararrayo de un gobierno en el cual muchos, incluyéndolo, están bajo las peores sospechas de corrupción. Por eso debe renunciar. Y como es tan ético, no debe usar la Vicepresidencia para defenderse desplegando, como lo hace, toneladas del peor cinismo.

Foto: Vicepresidencia de la República

Contraloría: la madre de todas las batallas

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La Contraloría General del Estado parece que se ha convertido en la piedra filosofal de la supervivencia política en el Ecuador. Aquel que se quede con ella tendrá vida eterna y el que la pierda morirá tragado por los escándalos y sus rivales. Esto explica que durante todo el miércoles 7 de junio se haya producido una brutal pugna por el control de esa institución, cuyo último capítulo fue la llegada hasta ese organismo de un equipo de la Fiscalía, sin que se sepa exactamente para qué.

Esta lucha por el control de la Contraloría saltó a la luz a propósito de un video, que circula en redes sociales, en el que se ve a Pablo Celi, subcontralor por varios años, resistiéndose a firmar una acción de personal, supuestamente firmada por el contralor Carlos Pólit quien se halla en los EEUU, para destituirlo del cargo. En el video se ve a Celi, indignado y hasta cierto punto violento, negándose a firmar su cesación del cargo.

El video, grabado el viernes 2 de junio, se convirtió por algunas horas en todo un hit en redes sociales. Solo cuando habían pasado unas horas desde su aparición empezaron a conocerse algunas piezas que permitieron vislumbrar, mal que bien, la historia que hay detrás. Se supo, por ejemplo, que el contralor Carlos Pólit había llegado ese miércoles 7 hasta donde el cónsul del Ecuador en Miami para hacer una declaración juramentada. En ese documento, que también circuló en redes, el contralor asegura que la cancelación de Celi la dejó firmada el 25 de mayo del 2017, poco antes de haber firmado, asimismo, la designación de Sabett Chamoun Villacrés como nueva subcontralora, a cargo de la Contraloría mientras él esté en Miami.

Según la declaración juramentada hecha ante el consulado en Miami, Pólit habría destituido a Celi y nombrado a Chamoun un día antes de su salida del país; el 26 de mayo. Pólit dice en ese juramento que él dispuso que la cesación de Celi y el nombramiento de Chaumon entrenen en vigencia el 2 de junio, día en que se hizo el video de Celi.

Más entrada la tarde, fotografías enviadas desde el interior de la Contraloría mostraban a Chamoun sentada en el despacho del Contralor. Un audio que circuló en Whastsapp también aseguraba que ella había asumido el cargo legalmente y que Celi se aferraba al mismo. Tanto la fotografía como el audio eran claras señales de que había un movimiento de ciertos grupos en ell interior del organismo de control para legitimar la voluntad de Pólit y evitar que Celi se quede como contralor encargado. Celi, por su lado, dio declaraciones a diario Expreso y dijo que se mantenía frente a la Contraloría tras este episodio. Igualmente acusó en la Fiscalía a los funcionarios que aparecen en la grabación “por secuestro” pues, según dijo, lo querían “obligar a renunciar”.

Cerca de las 16:00, un fiscal, Juan Carlos Zúñiga, llegó a la Contraloría e informó que el operativo obedecía a que en allí ocurrió un delito flagrante, sin especificar de qué se trataba ni qué personas involucraba. Pasadas las 18:00, de este miércoles 7, todo parecía aclararse: Celi estaba siendo apoyado por el gobierno de Lenín Moreno mientras que Chamoun era apoyada por Pólit desde Miami. La periodista Maria Grazzia Acosta de Teleamazonas puso en su cuenta de Twitter que la ministra de Justicia, Rosana Alvarado, había dicho que “hay un Contralor Subrogante al que no se puede desconocer y es Celi”. De hecho, se supo que Celi luego del altercado que fue grabado, en el ya célebre video, se trasladó hasta la Presidencia de la República donde recibió el apoyo del gobierno. La visita de Celi a Carondelet fue incluso registrada por un canal de televisión. ¿Qué otros sectores apoyan a Pólit y Chamoun? No se sabe aún a ciencia cierta.

Al final de la tarde, además, se oficializó la decisión de la mayoría gobiernista de llamar a juicio político al contralor Carlos Pólit. En otras palabras, cualquier posible influencia de Pólit en la Contraloría o cualquier intento suyo por imponer su voluntad en ese organismo terminará tan pronto como la Asamblea lo destituya.

La declaración juramentada de Pólit en Miami, así como el video, abrieron en todo caso interrogantes pero, a la vez, muchas pistas para entender lo que realmente estaba ocurriendo. Es evidente que el contralor Pólit no quiere que Celi se quede al frente de la Contraloría y prefiere para eso a alguien de su confianza, como Sabett Chamoun. Si lo que asegura Pólit en su declaración juramentada es verdad, quiere decir que cuando salió del país ya necesitaba que alguien de su estricta confianza quede al frente de la institución y por eso destituyó a Celi y nombró a Chamoun.

Pero hay más interrogantes que certezas. ¿Cuándo firmó sus acciones de personal Pólit sabía que pocos días más tarde explotaría el escándalo por Odebrecht en el que él está involucrado y por el que sus casas fueron allanadas? ¿Si Pólit destituyó a Celi y nombró a Chamoun el 25 de mayo con una disposición para que esas acciones de personal entren en vigencia el 2 de junio quiere decir que el país no tuvo Contralor desde el 25 de mayo hasta el 2 de junio? ¿Celi se hizo cargo de la Contraloría ilegalmente durante 7 días? ¿Y si el Contralor no ha sido destituido, puede Celi (destituido a su vez por él) principalizarse?

Lo único evidente, hasta ahora, es que desde el viernes 2 de junio se desencadenó una intensa lucha por consolidar el manejo de la Contraloría. No es difícil imaginar las razones: en un país donde se ha producido una grave crisis política por el estallido de varios escándalos de corrupción, principalmente el relacionado con las coimas de Odebrecht, la información que reposa en ese organismo es vital. Casi como un kit de supervivencia para una crisis de credibilidad y legitimidad.

Momentos en que un equipo de la Fiscalía llegó a la Contraloría

En medio de todo el jaleo del miércoles 7, corrió también la versión de que la decisión de Pólit se había producido porque Celi no había querido firmar un informe con responsabilidad penal en contra del fiscal Carlos Baca Mancheno. Ese informe estaría relacionado por su trabajo al frente de la comisión que investigó, por encargo del ex presidente Rafael Correa, la sublevación policial del 30 de septiembre del 2010. Pólit había dicho poco después de que se allanaron sus casas en el Ecuador que Carlos Baca Mancheno había ordenado esas acciones como una represalia por ese informe. Lo cierto es que hasta ahora ese informe que Pólit menciona no ha circulado públicamente.

Hay que recordar también que sobre Pólit y Celi ya recaían denuncias que nunca fueron investigadas. En uno de los capítulos de los llamados Capayaleaks, Carlos Pareja Yannuzzelli, prófugo de la justicia por el caso de la refinería de Esmeraldas, dijo que Carlos Pólit había recibido maletines con dinero en efectivo en su suit del Swisshotel. Además aseguró que Celi cobraba por cada informe positivo que redactaba para contratistas como Odebrecht. La denuncia de Pareja nunca fue investigada por las autoridades pero ayer fue recordada por muchos usuarios de redes sociales.

La lucha por el control de la Contraloría parece ser, en todo caso, el resultado de la desesperación que dos o más grupos tienen por tener bajo su control la información que hay en ese organismo. Una información que a todas luces es clave para la supervivencia de unos y el descenso a los infiernos de otros.

Moreno y la corrupción: arrancada de caballo, parada de burro

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El tinglado que está montando Lenín Moreno en la lucha contra la corrupción es demasiado enrevesado para ser convincente. Y eficaz. El nuevo Presidente anunció primero la formación de un Frente de Transparencia. Divulgó 13 nombres del gobierno y de la sociedad civil. A Algunos de ellos ni siquiera les preguntaron antes de ser anunciados pública y oficialmente. Moreno habló, igualmente, de recurrir a la ONU para pedir su colaboración.

¿En qué quedó todo esto? En un decreto Ejecutivo, el número 21, en el cual designa 9 miembros para el Frente, fija sus atribuciones y encarga a la Ministra de Justicia que coordine acciones para lograr la asesoría de las Naciones Unidas en el diseño de una estrategia gubernamental bautizada: “Estrategia Nacional por la Transparencia y la Lucha Contra la Corrupción”. En este punto, Moreno se encargó de reducir la expectativa que creó con la misma velocidad que se encoge una piel mojada en pleno sol. Ahora el gobierno dice que hay seis miembros de la sociedad civil y tres ministros. Es una generosidad que merece ser matizada: Tatiana Hidrovo Quiñonez fue asambleísta Constituyente por AP y Larissa Marangoni fue directora cultural en Guayaquil del Ministerio de Cultura y Patrimonio. Xavier Zavala Egas ha sido un activista correísta y Carlos Xavier Rabascall es un empleado de los medios públicos y un contratista de producciones para Tv. Es decir, de los nueve miembros designados, siete no son en absoluto independientes.

Este Frente tiene, además, atribuciones que lo vuelven absolutamente inservible para lo que fue creado y anodino. Son cuatro: proponer a Moreno estrategias y mecanismos para  prevenir la corrupcion; exhortar a las entidades a que activen y apliquen mecanismos de control; proponer iniciativas de educación que promueva una cultura de la transparencia y presentar propuestas de políticas y normas para la transparencia y la lucha contra la corrupción. Es decir, son los nuevos redactores de la urbanidad de Carreño contra corruptos. Se entiende que Moreno diga que son autónomos y están facultados a “solicitar información pública a las entidades públicas”. Es decir, la información a la cual tiene acceso cualquier ciudadano.

Moreno había dicho que pediría apoyo a la ONU en este capítulo de la lucha contra la corrupción. Escucharlo hacía pensar que se refería a algo parecido a la “Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala”, montada por la ONU en ese país. Una comisión que sí investiga, tiene poderes legales, hace el barrido de cuentas personales, contratos, cruza datos con el sistema financiero mundial… Y puede meter presos a los corruptos. Pues no. No era eso lo que decía Moreno. María Fernanda Espinosa viajará a Nueva York, sede de la ONU, para que el Secretario General ayude a hacer el diseño de una estrategia gubernamental que resultará tan poco creíble como la Secretaría Nacional de Transparencia de Gestión que creó Correa en 2008.

La iniciativa de Moreno quedó reducida a nada. No solo porque el Frente no es independiente y sus atribuciones son la nada. Su existencia es insubstancial y nada podrá hacer frente a la institucionalidad creada por Correa para que todo se pueda hacer sin que nada se sepa. Moreno no ataca ninguno de los dos lados del problema. Por un lado, descubrir a los delincuentes de miles de corruptelas que ahora tienen casa en Miami o han migrado a los sectores selectos de las principales ciudades del país. Por otro lado, no toca la institucionalidad que Rafael Correa defiende (porque posibilita la corrupción) al criticar la creación del Frente creado por Moreno. Lo malo de ese ente no es que sea una comisión ad hoc, como escribe Correa: lo malo es que ese frente no investigará nada, no descubrirá nada, no encontrará un solo corrupto y se dedicará a redactar cosas bonitas. La realidad es que ese Frente instalado ayer no sirve para nada. Y el país, para saber la verdad de la corrupción de estos diez años, sigue y seguirá dependiendo de esos organismos con los que se reunió hoy Moreno que se han encargado, durante diez años, de ocultar la realidad de la gestión del correísmo.

Miren la Asamblea: hoy negó el pedido de cambio de orden del día para pedir la comparecencia de Jorge Glas. Ni eso: el hombre que está bajo sospecha ni siquiera quiere dar la cara en la Asamblea. Él debe responder, políticamente por ahora, por la corrupción en los sectores estratégicos que estaban bajo su responsabilidad. El correísmo lo protege con fuerza y se entiende la razón: si cae Glas, se cae toda la estantería.

Moreno dice que quiere luchar contra la corrupción. Eso dice. Pero para hacerlo tomó los peores caminos en el campo jurídico, institucional y político. En este campo, no se nota estrategia ganadora alguna. Lo suyo más se acompasa con el adagio popular que dice: “arrancada de caballo, parada de burro”.

Foto: Presidencia de la República

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