Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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La Info - page 89

10. Carta a Correa: ¿Qué tal un acuerdo nacional para la reconstrucción?

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Presidente,

Es emocionante ver la onda de solidaridad que provoca la tragedia sobre todo en la Costa. La sociedad civil se vuelve a encontrar con lo mejor que ella tiene: solidaridad, civismo, sentido de la minga.

Esta tragedia marcará la historia de la sociedad. Un antes y un después. Sus características son tan especiales –por lo dolorosas, por el número de afectados y los costos que causa al país– que crean un clima nuevo para todos. Ayer Fernando Alvarado probó lo que es tratar de sacar partido político a una ayuda ciudadana. No le fue bien en las redes.

El manejo de la crisis ya no pone a la sociedad como remolque del Estado. La sociedad está probando que es más que esas instituciones que pueden ser usadas por un partido político, cualquiera que este sea, pero nunca equipararán la humanidad y la compasión de las personas.

La sociedad reaccionó primero y lo sigue haciendo de manera masiva y fecunda. Ese dato es capital para todos. Sobre todo para los políticos y su gobierno. No conviene competir con ella: hay que volverla socia en esta catástrofe y en todas las acciones que el país tendrá que emprender en una reconstrucción que será cara y larga. Usted habló de $3.000 millones de dólares. La Espol calcula que el impacto sumará $8.200 millones.

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Esta sociedad, por el momento que atraviesa, es más sensible a ciertos gestos, gastos, discursos, acciones. Solo usted puede decidir lo que hará su gobierno para estar a tono con la nación. Solo usted puede evaluar si hay más sabatinas o si mantiene, por ejemplo, el Ministerios del Buen Vivir. Lo cierto es que habrá altos costos para todos aquellos que no entiendan que la tragedia invita a un nuevo momento.

No solo hay que enterrar a los muertos y ocuparse de los damnificados. En la agenda hay puentes, carreteras y muchos otros trabajos de infraestructura. Hay ciudades, pueblos y casas por reconstruir. Hay créditos por condonar o reestructurar. Puestos de trabajo que se perdieron. Hay miles de familias y huérfanos que tienen que replantear sus vidas. Hay una letanía más de cosas que lega esta catástrofe.

Nada se podrá hacer sin una unión nacional explícita, coordinada, consensuada. En esa dirección la sociedad y su gobierno deberían manejar, desde ahora, esta crisis. Reconociendo de lado y lado lo que se haga bien. Pero diciéndose también los errores y las deficiencias. Su gobierno debe reconocer, Presidente, la maravillosa movilización nacional que hay en torno a las víctimas del terremoto. Su gobierno debe desvanecer cualquier duda sobre la mera sospecha de que podría aprovecharse de la buena voluntad y el esfuerzo económico de decenas de miles de ciudadanos para ganar puntos ante los ciudadanos. La misma reflexión cabe del lado ciudadano ante la tarea que algunos de sus funcionarios se han echado encima en este esfuerzo titánico que el país está compartiendo. No cabe que alguien quiera ganar medallas con avemarías ajenas.

Nadie sobra en este acuerdo nacional por la reconstrucción que Usted evocó ayer en su cuenta Twitter, refiriéndose al caso de Manabí. Su gobierno no podrá hacerlo sin la sociedad en su conjunto. Y la sociedad sola no tiene toda la capacidad de convocatoria que requiere un tema que incluye temas financieros, legales e institucionales. ¿Este es un tema político? Por supuesto. De alta política pública, pues concierne la nación en su conjunto. Esa puede ser la plataforma sobre la cual el país se pare para encarar, dentro de seis meses, la próxima campaña electoral.

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Un país que, consciente de sus vulnerabilidades, decide hacer acuerdos sobre lo esencial. Sin ese acuerdo nacional para la reconstrucción, esta catástrofe solo agregará dolor y pérdida de oportunidades para un país que ha pasado décadas entre desidias y promesas mesiánicas.

Foto: Presidencia de la República

Quorum, otra prueba de solidaridad

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Diez mujeres, sentadas en el piso, se dan prisa: clasifican medicinas, alcohol, papel higiénico, pedialite, toallas higiénicas, vendas, algodón… A su lado, una docena de jóvenes, de apenas 20 años, sellan cajas, las identifican con marcadores y las llevan cerca de la puerta donde cargan los camiones.

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Las provisiones son llevadas en camiones hacia la Cruz Roja en Quito. La Universidad San Francisco utiliza grandes camiones para llevarlas directamente a la Costa ecuatoriana.

Son las 10:30 de la mañana y ya hay unos 150 voluntarios en Quorum, el piso del Paseo San Francisco de Cumbayá que ha sido convertido en centro de acopio. Esto comenzó el domingo hacia mediodía como una iniciativa de ciudadanos que incluso rehúsan dar su nombre. Lo único que quieren es servir a las víctimas del terremoto. A esta hora 390 personas han llegado hasta aquí del Valle de Tumbaco trayendo todo lo que imaginan que necesitan las víctimas del terremoto en Pedernales, Canoa, Muisne, Portoviejo…

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A las 15:00 ya sumaban 450 en una lista que no es exhaustiva pues hay personas que descargan en la entrada los víveres y se van sin registrarse. En la mesa de la entrada siempre hay una persona. Registra el nombre del donante y entrega los paquetes a jóvenes que, en carros de supermercado o en plataformas rodantes, los trasladan para ser clasificados. Las categorías son: ropa para mujeres y hombres, small, médium y large. Ropa para niños de 10-12 y 12-14. Línea de comida. Bebés y niños. Kits de higiene. Aguas y jugos. Pañales. Snacks. Sábanas. Edredones para hospitales…

Ocho camiones –cuenta Pablo Ochoa, responsable del Quroum–ya han sido enviados. Esto representa 64 metros cúbicos de provisiones y hay otros 120 metros cúbicos ya listos. El 85% del total se le entrega a la Cruz Roja y el resto a la comunidad religiosa Taller de Cristo que estuvo entre los autores de esta iniciativa y envía a sus colegas. No siempre hay claridad de lo que se quiere en la Cruz Roja que aquí, se supone, coordina algunas acciones de distribución con el gobierno. Ayer, por ejemplo, esperaron tres horas para saber qué debían empacar en kit y qué no.

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Los ciudadanos traen provisiones. Pero no solo ellos. La Universidad San Francisco de Quito envía aquí parte de lo que colecta para las víctimas del terremoto. Hay empresas que han ofrecido mil sábanas para cadáveres, un camión de ataúdes, 900 galones de agua… Los organizadores del acopio en Quorum les envían a las autoridades o a la Cruz Roja.

Los camiones parten con un acta de recepción en la cual se consigna el número de paquetes, su contenido, fotocopias de la matricula y cédula del conductor y el destino. Quien reciba deberá firmar y registrar fotográficamente la entrega. La Cruz Roja se ha comprometido a rendir cuentas sobre todo lo que reciben.

El lunes 18, alrededor de 1000 voluntarios se turnaron para esta operación solidaridad que termina este miércoles a las 22:00. Hoy nadie atina a saber cuántos llegarán hasta las 22:00. Después del miércoles, los organizadores se darán una tregua para reestructurar los requerimientos y volver a la carga. Saben que esta desgracia traerá consecuencias de largo aliento.

La generosidad de los quiteños llena un aeropuerto

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Por Roberto Aguilar y Martín Pallares

A primera vista es un caos de personas y bultos en movimiento. Pero si se mira con atención, todo aquí sigue un orden riguroso. Los cientos de voluntarios que trabajan en el enorme galpón del parque Bicentenario, donde funcionaba la terminal del aeropuerto Mariscal Sucre, saben exactamente lo que tienen que hacer. Y no se detienen. El operativo de ayuda a las víctimas del terremoto montado por el Municipio de Quito impresiona por sus dimensiones. Y porque funciona como un reloj.

El fin de semana ya procesaron con éxito, pese a lo inesperado de la avalancha, un kilómetro de donaciones. Partieron dos convoyes. No tardó en juntarse material para un tercero. Hasta el martes por la mañana eran 99 tráilers, camiones y volquetas más dos aviones con voluntarios, paramédicos y enfermeros. A mediodía se preparaban para salir 15 camiones más y otros dos aviones. Llevan ayuda a Jama, Manta, Canoa, Canoa, Portoviejo, Cojimíes, Muisne…

La ayuda no para de llegar. Es media mañana del martes y a la puerta de acceso a la antigua terminal llegan los carros uno tras otro. Hay camionetas cargadas de colchones, agua embotellada, bultos con ropa o paquetes de alimentos. Pero también apoyos más humildes. Una pareja de ancianos llega en un destartalado Fiat Uno con una pequeña caja de cartón bien sellada. Alguien aparece cargando un paquete de 12 botellas de agua. O un saquito de ropa. De estos hay cientos, miles. La cola no se detiene nunca.

Desde la puerta hacia el interior del gran galpón, cadenas humanas transportan cada paquete según su tipo. De mano en mano avanzan las donaciones hacia el sitio que les corresponde, donde cientos de voluntarios las revisan, clasifican, ordenan, empacan y dejan listas para su traslado hacia las provincias afectadas.

Los voluntarios vienen de muchas partes. Un centenar de estudiantes de Atención Prehospitalaria de la Universidad Central, vestidos con chaleco amarillo, cumplen todo tipo de tareas. Algunos se preparan para partir a Manabí, para unirse a la brigada que partió la víspera y ya se encuentra allá brindando primeros auxilios. En un salón contiguo, una veintena de niños con discapacidad intelectual, alumnos de la fundación Eina, tumbados en el suelo en grupos de cuatro, felices, clasifican ropa por montoncitos según su tipo.

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Adentro, en el espacio que solía servir como sala de espera del viejo aeropuerto, parece haberse instalado un hormiguero. Aquí se acumula el material ya clasificado y empacado antes de pasar a los camiones que esperan en la antigua pista. Son grandes montañas de paquetes, entre las cuales circulan los voluntarios con concentrada dedicación. Muchos llevan chaquetas del Municipio de Quito. Aquí nadie tiene las manos vacías. Nadie pierde el tiempo. Nadie levanta la voz: quizás hay medio millar de personas trabajando y sólo un rumor de voces se levanta sobre sus cabezas, apenas un murmullo que da cuenta de la rigurosa organización con que se desarrolla la tarea.

El alcalde Mauricio Rodas y los principales funcionarios del Municipio están aquí, dando instrucciones, respondiendo preguntas, tomando decisiones sobre la marcha. El volumen de la ayuda, la dimensión de la solidaridad demostrada por los quiteños los tiene a todos con un nudo en la garganta.

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9. Carta a Correa: ¿por qué no da el ok a EEUU que quiere ayudar?

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Presidente,

Algunas personas –entre ellas partidarios suyos– han solicitado que esta serie de cartas se interrumpa. Es un pedido que se agradece. Es evidente, no obstante, que momentos como estos, de dolor y solidaridad, son altamente propicios para hablar de lo esencial. El terremoto, que todos lamentamos, no puede bloquear una reflexión pero sin duda la enmarca.

Huelga decir que hay una terrible incomprensión sobre el ejercicio periodístico y el deber de opinar. Es obvio que muchos quisieran que por fuera de las iniciativas de apoyo con las víctimas del terremoto, reinara un absoluto silencio. Contraponen acción y reflexión; solidaridad y crítica. No entienden que se puede estar conmovido hasta las lágrimas por el dolor de miles de familias y por la respuesta maravillosa de los ciudadanos ante esta desgracia, y también atento por la forma cómo las autoridades cumplen con su deber. Ni hay contradicción ni hay mala fe. Los ciudadanos deben ser capaces de caminar y mascar chicle.

Opinar puede resultar, en el peor de los casos, un criterio desechable. A menudo es una alerta, un pretexto para mirar con mayor detenimiento un tema, la invitación a un diálogo. Usted Presidente nunca consideró las bondades de este ejercicio. No lo hizo usted, tampoco muchísimos de sus seguidores que pensaron que, en aras del proyecto, era mejor patear la reflexión para más adelante. No se hicieron un favor. Y no se lo hicieron a usted. Porque no hay nada más difícil que mantener la sensatez y la lucidez cuando se ejerce el poder. Lo han dicho todos los presidentes que han comprobado, con altísimos niveles de coincidencia, que sus entornos son, en realidad, filtros para camuflarles la realidad.

Criticar los errores que cometió su gobierno apenas se produjo este terremoto lleva implícitos cantidad de mensajes para usted, Presidente, y para su gobierno. Esas críticas no solo hablan de esta sociedad que reclama por lo que considera su derecho a estar bien informada: muestra una sociedad activa e infinitamente solidaria. Hay que ver las innumerables iniciativas privadas y ciudadanas para ayudar a las víctimas. Reconforta esas muestras dadas por ciudadanos sensibles, fraternales, compasivos.

Esas críticas muestran que lejos de temer al enorme mecanismo de comunicación que tiene la sociedad –todas las redes sociales– sería formidable utilizarlo. Hay dos tiempos para la información en una catástrofe que sería apenas obvio que el gobierno distinguiera. Uno son las disposiciones oficiales. Es evidente que nadie discutirá esa preeminencia del sector oficial en este campo. Otro circuito es el acopio de información que sirve para mapear el estado real de la catástrofe en el país. Eso incluye personas desaparecidas, necesidades y circunstancias específicas de las poblaciones que, en parte, pueden ser paliadas con la intervención delos ciudadanos. ¿Por qué desaprovechar esa capacidad de comunicación y de acción instalada en todo el país? ¿Puede una comunidad ser lo suficientemente irresponsable y torpe como para usar, en este momento, las redes en su contra? Hay que hacer confianza al país que está dando muestras de una enorme capacidad de organización y responsabilidad y el gobierno, lejos de temer esas iniciativas, debiera encauzarlas para servir de la mejor manera a las víctimas del terremoto. Mejor esto que ver a funcionarios suyos repitiendo en radios y otros medios que hay que desconfiar de lo que se dice en las redes.

Criticar a su gobierno, por eventuales errores en el manejo de esta crisis, no es politizar el dolor ajeno. Es invitarlo a usted y a su gobierno a dirigir sin prejuicios ideológicos una situación que supera cualquier previsión. No se sabe, por ejemplo, Presidente, por qué no han respondido al gobierno de Estados Unidos con la urgencia que esto requiere. Vea usted mismo a su embajador en Washington diciendo que la pelota está en Quito. Francisco Borja saluda la actitud del Departamento de Estado y comunica que está presto a ayudar. Usted no ignora que ellos tienen la tecnología que se necesita en este momento en que todavía se pueden salvar víctimas que eventualmente se encuentran atrapadas bajo los escombros. Por lo que se sabe Washington está lista para responder siempre y cuando su gobierno dé luz verde. ¿Por qué no responden? Ojalá no haya cálculos políticos, Presidente, en la Cancillería ni en la Secretaría de Gestión de Riesgos.

Hacer preguntas, hacer críticas no es hacer politiquería, como dicen los troles oficiales. Es aspirar a que usted y su gobierno, que tienen la potestad de manejar la crisis, lo hagan mucho mejor. El único beneficiado de todo esto es el país que sufre.

Foto: Presidencia de la República

Terremoto: no hay solidaridad sin política pública

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Frente al terremoto, una de las reacciones que se observó en las redes sociales fue la de ponerlo todo entre paréntesis. Todo salvo la ayuda humanitaria. Cualquier sugerencia, insinuación o crítica fue vista poco más o menos como muestra de insensibilidad, crimen contra la humanidad o traición a la patria. 4Pelagatos fue incluido en esa censura por haber recogido el malestar de mucha gente ante el pésimo manejo informativo del gobierno en los primeros momentos tras el terremoto.

Pero una catástrofe, lejos de poner las políticas públicas entre paréntesis, es la coyuntura donde éstas más se evidencian. ¿Cumplen su trabajo los organismos de crisis? ¿Son acertadas las prevenciones? ¿Funciona la coordinación interinstitucional? ¿Se activan los fondos de contingencia? ¿Los hay? ¿Y qué pasa con la información? ¿Existen los mecanismos adecuados para mantener a la sociedad al tanto de lo que ocurre? ¿Qué mensajes se difunden y en qué forma? ¿Qué efectos producen? ¿Están las víctimas protegidas de la delincuencia?

Es evidente que la catástrofe impone prioridades: atender a las víctimas, instalar albergues, recoger y distribuir ayudas… Pero esto no invalida las preguntas planteadas. Todo hace parte de lo mismo. Y todo es política pública. Apoyar a las autoridades para que cumplan su tarea no significa abstenerse de evaluar sus acciones. Una parte de las funciones del poder consiste, precisamente, en prever las catástrofes (especialmente en un país donde se presentan todos los riesgos de la naturaleza), disponer de mecanismos de reacción rápida, planes de emergencia, equipos de asistencia y primeros auxilios, coordinación interinstitucional, política de comunicación… Las catástrofes no convierten a las autoridades, por prurito de corrección y falso humanitarismo, en seres intocables y a la política pública en una mala palabra. Y nadie, en momentos como estos, confunde política pública con politiquería.

Después del terremoto ha habido una cacería de brujas en las redes contra aquellos que critican la capacidad de reacción del gobierno y su pésima política de información.

¿Acaso no fueron miles las personas angustiadas por saber lo que estaba ocurriendo e indignadas porque sus circuitos habituales de información no decían nada del tema?

¿Acaso los canales de televisión del Estado no siguieron con su programación regular, como si nada ocurriera, hasta dos horas después de la tragedia?

¿Acaso no había que buscar información en CNN?

¿Acaso los canales privados, disminuidos en su capacidad operativa por la crisis a la que el correísmo les ha conducido, canales que han tenido que prescindir de sus corresponsales, están preparados para reaccionar ante una emergencia como esta? ¿Acaso las amenazas y amedrentamientos no han atrofiado también su instinto periodístico?

¿Acaso la sociedad civil es tan desconfiable y peligrosa para tener que prescindir de sus aportes informativos en las redes sociales y “creer sólo lo que digan los canales oficiales”, como insisten todo el tiempo las autoridades del gobierno? ¿Acaso no es mejor, en una emergencia como esta, sumar todos las voces?

¿Acaso no transcurrieron dos horas sin que los ecuatorianos supieran siquiera si había una alerta de tsunami? ¿Cómo se debía interpretar el hecho de que la Secretaría de Riesgos pusiera un tuit al respecto y luego lo borrara?

¿Acaso formular alertas sobre el mal manejo de la información, criticar la reacción inoportuna del gobierno, constituye un atentado contra la unidad nacional e implica una falta de sensibilidad ante la tragedia?

¿Acaso no es un tema de política pública pedir a un presidente que ha hecho de la división del país una estrategia, que deponga su espíritu de confrontación?

¿Acaso esta misma tragedia no es un llamado para quienes creen que el país, además de su vulnerabilidad y sus atrasos, puede darse el lujo de estar dividido entre buenos y malos?

El presidente de la República, al regreso de su viaje, habló durante ocho minutos y medio y –aparte  de mostrarnos su congoja que todos compartimos–sólo dijo generalidades, no anunció nada específico pero sí encontró oportunidades para calzar proclamas partidistas y cerrar con un “hasta la victoria siempre. ¿También es criticable señalarle esto a nombre de un falso humanismo que deja por fuera la política pública?

¿Acaso quienes piensan que la unidad nacional ante la tragedia implica tragarse cualquier rueda de molino opinarían lo mismo si se tratara de George Bush enfrentando la crisis del huracán Katrina?

Hay un estado de censura social en el Ecuador. En las redes esta tendencia es orientada por los trolls del gobierno, pero encuentra un terreno fértil en una sociedad dopada por la corrección política. Con el fantasma de la politización se quiere restar espacio a la preocupación legítima por las políticas públicas y sustituirla con la mojigatería de la unidad nacional. Criticar no es bien visto. Criticar es de sufridores. La actitud correcta es desconectar el cerebro y entregar a la autoridad la responsabilidad de pensar por todos. Ya se podrá luego, con la misma facilidad, convertirla en chivo expiatorio y culparla de todo. Al final, la factura de la falta de crítica terminará pagándola el país entero.

Foto: Presidencia de la República

¿Cómo ayudar? Una guía urgente

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La información sobre cómo y dónde ayudar a las víctimas del terremoto es abundante y se encuentra dispersa en las redes sociales. 4Pelagatos ha juntado lo más relevante para facilitar la búsqueda. ¿Qué donar? ¿Dónde? ¿Cómo entregar dinero? ¿Dónde ofrecerse como voluntario? ¿Cómo rescatar a las mascotas? Aquí, algunas respuestas…

Qué donar:

Dónde donar dinero

Puntos de recolección en Quito

Puede acercarse también, a partir de las 15h00, a la tribuna de la avenida de Los Shyris, donde el Colegio de Abogados de Pichincha realizará una colecta. O participar en la campaña del Deporte, de acuerdo a la siguiente información:

En Tumbaco y Cumbayá

En Guayaquil

En provincias

Tambié funcionarán, como puntos de recolección de donaciones, las oficinas de las direcciones distritales y coordinaciones zonales del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), hasta las 17h00 del domingo 17. Toda la información concerniente a donaciones, así como la lista completa de las oficinas del MIES en todo el país se encuentran en esta lista.

Dónde ofrecerse como voluntario

Puede también inscribirse como voluntario llenando este formulario de Google

Mascotas

Finalmente, se puso en marcha también una colecta en beneficio del refugio canino de Manta, que se encuentra trabajando para rescatar a las mascotas de la zona afectada:

 

La foto de la portada es de Jorge Peñafiel, de diario El Universo, y corresponde al traslado de heridos hacia el estadio Máximo Puertas, en Pedernales.

8. Carta a Correa: el drama impone sensatez

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Presidente,

La circunstancia impone sobriedad, solidaridad con las familias de las víctimas, apoyo a los damnificados y unión para reconstruir el país afectado por el terremoto.

Las circunstancias muestran que Ecuador es vulnerable y que la realidad a veces deja sin piso los cálculos políticos y discursos ideológicos vacuos.

Catástrofes como esta, recuerdan que los países, más aún cuando son pequeños y acumulan tantos problemas por solucionar, deben cuidar su tejido social y mantener vivos espacios de diálogo y consenso donde quepan todos los ciudadanos.

Ningún país, en ninguna parte, está blindado ante catástrofes como esta. Ojalá este drama, que todos lamentamos, traiga ponderación y sensatez a su gobierno y a su movimiento político: el momento convoca al país a desechar actitudes arrogantes, de división y polarización social.

Ojalá esta sea la oportunidad para que usted entienda que es Presidente de todos los ciudadanos. No de un grupo contra el resto.

El terremoto cuarteó la comunicación correísta

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Una hora luego del terremoto la única vía de información y comunicación que había en el Ecuador eran las redes sociales. Fotografías, mensajes, datos, videos, testimonios, chistes… Pero sobre todo una indignación casi unánime por la falta de información en los medios, especialmente en los que dicen ser medios públicos. Una indignación que en cierto momento se dirigió a la Ley de Comunicación, pues muchos usuarios sostenían que el silencio de los medios privados se explicaba por el temor a contradecir a esa ley. Ese temor tuvo base real, pues hasta el vicepresidente, en un tuit, puesto hacia las 21:45 llamaba a informarse por los medios oficiales. Una prueba de que el gobierno no entiende, ni siquiera ante un evento de la gravedad que vive el país, la importancia de la libre información.

Cientos o miles de usuarios de Twitter y Facebook volcaron así su indignación en las redes ante la falta de información y la tardanza en aparece. ¿Habrá tsunami? ¿Hubo muertos? ¿Dónde fue el sismo? ¿Qué pasa en Esmeraldas? ¿En Bahía de Caráquez? ¿En pedernales?  Preguntas como estas se repitieron durante una hora entera hasta que los medios empezaron a reportar noticias y el vicepresidente Jorge Glas apareció declarando la emergencia.

Lo de la alerta de tsunami fue patético. Por tratarse de un terremoto cuyo epicentro se situó en el mar, éste era un dato clave. Sin embargo, el aparato de comunicación del gobierno no supo manejarlo. Pocos minutos después del terremoto, la información que circulaba en las redes a ese respecto era contradictoria. La confusión la produjo la misma Secretaría de Riesgos, que emitió una alerta por el Twitter en la cuenta de @Riesgos_Ec  y luego borró el mensaje. No lo desmintió, no aclaró la información, no tranquilizó a la población. Simplemente, borró el mensaje. A las ocho de la noche, una hora después del terremoto, era imposible saber si había o no había alerta de tsunami. Fue necesario esperar dos horas hasta que el vicepresidente Jorge Glas ofreció una rueda de prensa y dio, por fin, una información oficial sobre el tema: no había. De haberla, habría sido tarde.

Mientras tanto, el canal correísta El Ciudadano TV transmitía un documental sobre la invasión de Bahía de Cochinos y en Ecuador TV, la autodenominada televisión pública, Rodolfo Muñoz entrevistaba a la cantante Carla Canora en La caja de Pandora. Tan impreparados estuvieron los canales del gobierno para afrontar la emergencia que, cuando por fin se produjo la rueda de prensa del vicepresidente Glas, ni siquiera alcanzaron a transmitirla: tuvieron que tomar la señal de Ecuavisa, de modo que la cadena nacional se emitió con el logotipo de ese canal.

En Internet la desolación informativa oficial era la misma. En la página Web del Ecu 911, el último contenido incorporado era un video sobre la aplicación “Ecuador seguro”, para teléfonos móviles. En la página de la Secretaría de Riesgos, en cambio, se informaba que la alerta amarilla regía en la zona de influencia del volcán Cotopaxi. Importantísimo. La cuenta de Twitter de esa institución, luego de su desastroso manejo informativo del asunto del tsunami, advertía sobre la importancia de tener preparada una mochila de emergencia en cada hogar. El primer tuit del vicepresidente Jorge Glas fue a las 19:55 donde decía que se dirigía al ECU911 y prometía mantener informado al país.

Mientras tanto, el Instituto Geofísico se limitaba a informar sobre el lugar, la hora, la profundidad y la intensidad de cada sismo sin dar más explicaciones. Pero incluso en este tema hubo información contradictoria: primero se dijo que la intensidad del terremoto fue de 6,5 en la escala de Richter (así lo informó el propio presidente Rafael Correa, desde Roma, en su cuenta de Twitter). Luego empezó a circular el dato del US Geological Survey (7,5 grados) que más tarde fue confirmado por todas las fuentes.

En las redes abundaron las protestas contra el manejo informativo de los medios oficiales. Aquí, algunos ejemplos.

https://twitter.com/ByronPalmaS/status/721516290888871937

 

 

https://twitter.com/LorePastor/status/721516994357555200

La verdad es que los canales del gobierno, los departamentos de comunicación de los organismos del Estado y la misma Secretaría de Comunicación, que tan ágiles resultan a la hora de reproducir propaganda oficial o cubrir los acontecimientos políticos con información sesgada, reaccionaron tarde y mal. El enorme presupuesto que el correismo destina a la comunicación, claramente, no sirve para lo que debería servir. El terremoto confirmó que en el Ecuador opera un sofisticado, poderoso y costosísimo aparato de propaganda pero que el sistema de comunicaciones está atrofiado y desarticulado. El terremoto confirmó la absurdidad de la Ley de Comunicación. Ya hay 41 muertos, Pedernales ha sido declarada zona de desastre… Pero no hay cómo conocer lo que ocurre en todo el país. Ese es el resultado del cerrojo oficial sobre la información.

 

7. Carta a Correa: AP sucumbió ante usted, fanático de la subordinación

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¡Qué drama el de su movimiento! Hay orfandad en el ambiente. Hay pánico en algunos sectores. El 5 de junio harán la Convención Nacional en la cual ungirán a los candidatos a la Presidencia de la República. Esto, en el supuesto que usted mantenga su palabra.

El momento es ideal para mostrar hasta qué punto Alianza País solo es una maquinaria construida para que usted ganara elecciones. Lo tenían a usted, como producto super elaborado, la plata del erario público, la logística estatal y local y amigos suyos en el Tribunal Electoral. Omar Simon pasó de esa oficina a ser su secretario privado. La muestra de su independencia no puede ser más fehaciente.

La política para ustedes se volvió un problema de logística, no una escuela de debate de ideas y formación de políticos. Su movimiento es un collage de lugares comunes, lemas y frases. Y también insultos. Muchos insultos y amenazas. No son los militantes de Alianza País los que responden las críticas o las invitaciones a pensar y dialogar que hay en muchos textos que circulan en las redes o que se publican en los medios impresos. Son troles. Y los suyos han hecho escuela: hay que ver cómo responden las críticas los troles de Mauricio Rodas. No tienen nada que envidiar a los suyos.

La política con usted, Presidente, se volvió un desierto. Usted lo propició. Usted no toleró, desde antes de Montecristi, la gente que pensaba por sí misma. En esos años del forajidismo resultaba estimulante hablar con algunos de aquellos  que después se convirtieron en simples torres repetidoras. Augusto Barrera, Virgilio Hernández, Fernando Bustamante, el mismo Fander Falconi… ¿Qué decir de Ruptura de los 25 que nació, precisamente, como un laboratorio abierto para debatir los grandes temas de la sociedad y del país?

Todos sucumbieron ante esa maquinaria que, siguiéndolo a usted, convirtió la subordinación en el acto supremo de la política. Como si el programa fuera desparecer como personas y unirse, como piezas, a la mayor experiencia de mecanización a la que se haya confrontado la sociedad ecuatoriana.

Hay que suponer que usted debe sentir como una proeza personal haber logrado que tantas conciencias juntas plieguen ante su voluntad. Un día de aquellos en que se verá sumergido por la nostalgia del poder, quizá le servirá leer a Stefan Zweig. En “Castellio contra Calvino” se verá usted magníficamente retratado. Pero quizá para entonces desconfiará de esos intelectuales que traicionaron sus principios por seguirlo. O de esos políticos que, obnubilados por la omnipotencia que fluye del poder, canjearon el ejercicio de pensar por carros con banderitas, guardaespaldas y asesores que les cargan hasta el maletín. No los respetará. Es posible que ya no lo haga. ¿Qué piensa usted, por ejemplo, de Fredy Ehlers?

Su historia en el poder, Presidente, es la de un 4×4 dedicado a domar, amaestrar y quebrar voluntades. No es una historia nueva. Usted ha tenido adeptos y vasallos. Y se acostumbró a que nadie pudiera diferenciarse de sus opiniones sin padecer sus iras. Lo impresionante no es que usted piense así, pues su deficiencia democrática es tan conocida como su sed de poder total. Lo impresionante es que usted haya logrado que su movimiento crea que hacer política es plegar ante usted. En el futuro seguramente tendrá tiempo de repasar su década y encontrará, con seguridad, más razones para respetar a sus opositores que a muchos de aquellos que le sirven con mirada esquiva y cerviz doblada. Es esta realidad, que incluye perseguir a los disidentes, que usted encuentra normal. Pues no, no lo es.

No es normal que su movimiento, tras diez años de poder, no tenga cuadros que, por mérito propio, puedan aspirar a sucederle. Esa es su obra. Lo mismo hizo León Febres Cordero. Los caudillos dejan descendencia, no delfines. Su partido hace calistenia retórica y movimientos tácticos para impresionar a la galería y declarar que es democrático, que tiene un montón de cuadros y que, además, debate internamente. Lo de siempre. Pero todo el mundo sabe que es usted quien tomará las decisiones y que si todavía no ha anunciado a Lenin Moreno es por sus veleidades de independencia frente a usted. Solo por eso.

Usted logró su cometido, Presidente. Pero no renovó la vida política ni formó los nuevos cuadros que la política del país y la democracia necesitan. ¿Pruebas? Oiga a Gabriela Rivadeneira. ¿Le parece que hay allí un espíritu político pensando por ella misma? ¿Le parece que Marcela Aguinaga produce una idea política? ¿Prefiere usted a Virgilio Hernández de hace diez años, incluso ocho años o el militante que hoy, con mirada triste, cree aportar al debate público repitiendo el libreto que preparan en el gobierno? ¿Seguramente prefiere usted al Fander Falconí domesticado que justifica cualquier cosa, que el intelectual de antaño que creía en el ejercicio de pensar y debatir.

El drama de su movimiento es el del país. Usted se comió algunas generaciones de políticos que aprendieron a obedecerle a usted, fanático de la subordinación. Políticos que plegaron, como dice Zwieg, ante la nostalgia mesiánica en vez de defender la única posibilidad dada al ser humano: pensar por sí mismo y no permitir que nadie se erija en autoridad de su conciencia.

Foto: Presidencia de la República

Así Jorge Glas juega a ser el mono sabido

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Yo, yo, yo, yo… Oír a Jorge Glas, en lugar de Rafael Correa en la Sabatina, es tomar conciencia de que la Revolución Ciudadana es una gran escuela de egolatría y narcisismo. Al punto que en esta sabatina, la 471 transmitida desde Montecristi, Glas compitió con su jefe. Pudo incluso olvidarlo. Es espléndida en ese sentido, la anécdota que contó con los inversionistas chinos que esperaban que el contrato fuera por una hidroeléctrica. Los sorprendió al hablarles de “la rentabilidad de mis ocho hidroeléctricas”.

Hay un alto sentido de la propiedad en este gobierno. “Contraté la vía de acceso”, “Me ahorro un año”, “Lo mío es lo productivo”, “Yo veo una refinería para mi Manabí querido”, “Yo agrego valor”, “Yo agrego riqueza”, “Yo sí estoy loco y eso me permite hacer muchas cosas”, yo, yo, yo…

Glas no solo habla en primera persona para mostrar el grado de poder y de decisión que supuestamente tiene. Se conduce como un pre-candidato sin recato alguno para subir al ring electoral -y sin importar que es funcionario público- a un contrincante que no nombra pero que es, evidentemente, Guillermo Lasso. Lo maltrata, lo insulta, le endosa actos y prácticas, lo etiqueta como Rico McPato. Lo emplaza a que diga cuánta plata ha sacado del Ecuador… para fundar un Banco en Panamá.

Glas pasea con orgullo su paupérrima visión parroquiana, pero no le importa. Está en campaña. Y la sabatina fue diseñada para que él brille. No como el reemplazo de Correa sino como el producto que ciertos grupos del Ejecutivo empujan para competir con Lenin Moreno. O, en caso de que tengan que componer con él, ponerlo como su compañero de fórmula. Porque hay lista de voluntarios para ese puesto. Glas los nombró con deleite: Serrano, Doris Soliz, Patiño o Gabriela Rivadeneira de quien hizo un chiste: dijo que era creadora de su propio pensamiento. A los otros los nombró porque, como todo el mundo ve, cuando Correa no tiene el micrófono, lo tiene él. Las evidencias lo facultan a ser generoso y dadivoso con aquellos con quienes libra una guerra sin cuartel por tomar la posta de Correa.

Glas corre diligentemente en pos de Moreno, pero lleva narices de ventaja a los otros. Incluso a José Serrano a quien algunos grandes grupos empresariales han hecho cenas privadas. Como Correa, Glas tiene una sicología proyectiva. Miente abiertamente. Por ejemplo cuando dijo que no tiene consultores políticos. Los tiene (desde que llegó a la Vicepresidencia) al punto que su libreto electoral ya lo tiene rodado.

Glas, un tipo tieso cuando era ministro de Telecomunicaciones, parco, evasivo y con evidentes problemas de dicción hoy es un bacán. A eso juega. A ser un man cualquiera. El compa de todos. El guayaquileño que se hace compadre de todos y que en vez de señora dice comadre. Él no es guayaquileño, es mono. Así lo dice. De esos monos desabrochados que exhiben su vida y cuentan todo. El mono de lavar y planchar. Tan sencillo y descomplicado como usted. Un mono cualquiera. Un mono sabido.

Pero, claro, humilde no quiere decir pelagato. Es ingeniero en Telecomunicaciones. Y ahí, como quien no quiere la cosa, se talla un perfil excelso. Se describe como un cerebro metido en las últimas tecnologías, un visionario dispuesto a que lo llamen loco, pues él no tarda sino 5 minutos en estar en un tema. Al sexto ya está en otro. Pidiendo que hagan un túnel que llegue a la mitad de un río… porque donde todos ven una idea loca, él ve una hidroeléctrica. O un data center. No solo proyectos: obras descomunales. Y obras que dan mucha plata. Glas es tan intenso, en este punto, que termina convirtiendo su apellido en sinónimo de plata.

No solo de plata: también de reconocimientos. Hay que ver esta sabatina para palpar la osadía que significa prepararla con informes y testimonios en los cuales, en el fondo, solo se habla de él. De su liderazgo. De su visión. De su sentido innovador. Del síndrome del rey Midas que lo persigue. De esa petulancia que se oculta tras esas frases (yo agrego valor, yo agrego riqueza) que pronuncia sin inmutarse. De la idea que tiene de sí mismo y que trasluce en frases como esta dicha en la sabatina: “Construir una hidroeléctrica es peor que parir un hijo”.

No basta con que él hable de sí. Lo hacen los ministros invitados o los entrevistados en los videos. “Usted tiene excelente espalda”, le dice la Presidenta de la CFN. Glas tiene dotes de líder –dice un empresario–. Es el puente con el sector privado. Todo está hecho para que flote la impresión de que Glas es sinómino de megaproyectos, Ecuador digital, Coca Codo Sinclair… Micrófono en mano, Glas rebosa. “Vamos por más compañeros”, dice convencido de ser un revolucionario y, además, de tener los galardones para hablar de socialismo de tú a tú con el vicepresidente de la China…

¿Qué lo diferencia de Rafael Correa? Que no es economista. Nada más. Ver a Glas con un micrófono en mano, reproduciendo la misma cantaleta, produce escalofrío. Las mismas mentiras (aquí no había rutas ni hospitales ni presas hidráulicas…), la misma prepotencia, la misma pasión perseguidora (anunció que había ordenado a la gobernadora de Manabí ir tras un ciudadano que había dado informaciones equivocadas), la misma cara dura (hicimos obras; no derrochamos nada), la misma hambre de poder (si no es Lenin Moreno, pues estaré donde la revolución me lo pida)…

Glas no reemplaza a Correa en las sabatinas: son lo mismo.

Foto: Presidencia de la República

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