Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Tag archive

Alianza País

Los fans de Correa quieren premiarlo… por sus fracasos

en Columnistas/Las Ideas por

En el sitio web de Alianza País colgaron esta semana una columna de opinión que elogia hasta la vergüenza ajena el “pensamiento económico” de Rafael Correa y que fue publicada previamente en el diario argentino Página 12 (ferviente defensor del kirchnerismo y de los regímenes afines). El movimiento oficialista publicitó esa columna a través de un tuit en su cuenta oficial que dice: “Consideran al compañero @MashiRafael como el economista más importante de América Latina de los últimos 60 años”, debajo de lo cual se incluye el link a la columna. Los administradores de la cuenta de Twitter de Alianza País (que consideraron que las declaraciones de Lenín Moreno sobre la gravedad de la situación económica heredada del anterior gobierno no merecían ser reproducidas) podrían argumentar que el límite de 140 caracteres por mensaje no les permitió entrar en detalles tan básicos como quién considera a Rafael Correa “el economista más importante de América Latina de los últimos 60 años”. Sin embargo, el hecho de que en la página web del movimiento tampoco se aclare quién escribió esa columna de opinión (titulada “El heredero de Raúl Prebisch”) hace sospechar que la omisión fue deliberada.

En el portal de Página 12 se lee que el autor de la columna es Nicolás Oliva, investigador del CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), una institución afín a la “heterodoxia económica” (esa que desdeña el orden en las finanzas públicas y la importancia del crecimiento) y que tiene entre los miembros de su Consejo Consultivo a figuras de la talla de Delcy Rodríguez (la ex canciller venezolana que ha defendido o desmentido sin sonrojarse todos los abusos del chavismo), Juan Carlos Monedero (el cofundador del partido español Podemos que en 2013, según el diario El País, “cobró 425.150 euros de los Gobiernos de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador por trabajos de asesoría para implantar una moneda común y desarrollar la unidad financiera en Latinoamérica”) o “nuestro” René Ramírez (que sigue sin dar explicaciones sobre las encuestas inventadas que difundió en su cuenta de Twitter durante la última campaña electoral y que tampoco se ha vuelto a referir a la inversión de $3.000 millones que, según él, llegaría a Yachay para fabricar autos eléctricos). Tal vez en Alianza País no incluyeron la firma del autor de la columna y se limitaron a señalar que había sido publicada en un diario extranjero para que quien la lea piense que la postulación de Correa como el líder de “un nuevo proceso de pensamiento latinoamericano” tuvo origen en otro país y así seguir alimentando el mito de que el modelo económico del correísmo es un referente a nivel internacional. Lo cierto es que el autor de la columna, además de ser ecuatoriano y un evidente partidario de Correa, hasta inicios de este año ocupó un alto cargo en el SRI, como consta en los registros de la institución. Eso no le quita, ni mucho menos, su derecho a opinar, pero pone su propuesta en un contexto diferente (vendría a ser algo similar a un doctorado honoris causa conseguido por gestiones de la Cancillería).

Más allá de la omisión (deliberada o no) de su nombre en el tuit y en la página web de Alianza País (por la que Oliva debería protestar airadamente), su columna es poco menos que una oda al fracaso. Menciona, como ideas trascendentales de Correa, a la iniciativa Yasuní-ITT (que fracasó), al impuesto al barril de petróleo Daly-Correa (que, en realidad, fue propuesto por Herman Daly para mitigar el cambio climático y que luego Correa simplemente difundió, pero sigue sin aplicarse), al Banco del Sur (que desde su constitución en 2009 no ha avanzado prácticamente en nada) y al Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos SUCRE (una especie de moneda virtual de los países del ALBA –otro fracaso– que incluso ha generado críticas porque habría dado lugar a operaciones de lavado de activos). Ya que estamos, Oliva bien podría haber completado la lista de los “logros” de Correa con Yachay y la Refinería del Pacífico.

En su columna (realmente debería quejarse de que Alianza País no haya incluido su nombre, no hay derecho), Oliva asegura que Correa llevó a cabo “cambios profundos en la estructura económica” del Ecuador (un poco más de detalle en esa afirmación no vendría mal, tomando en cuenta que en la gestión de Correa el país no redujo su dependencia hacia el petróleo, de hecho la aumentó, y tampoco se produjo el famoso “cambio en la matriz productiva”), que “transformó las instituciones” (para ponerlas a su servicio, faltaría agregar), “recuperó los ingresos” (si se refiere a los cambios en los contratos petroleros, Oliva debería haber mencionado también las multimillonarias deudas que tiene el Estado con las petroleras privadas) y que “redistribuyó las oportunidades de la mano del Estado” (que se lo diga al 60% de ecuatorianos que quieren trabajar y que no encuentran un empleo adecuado, lo que no refleja precisamente que en el país que dejó Correa abunden las oportunidades).

Habrá quien se pregunte qué sentido tiene refutar una columna escrita por un ex funcionario del gobierno (durante la administración de Correa) y actual investigador de una institución afín a las autocracias latinoamericanas. Tal vez ninguno. Pero tomando en cuenta que esa columna se publicó en Página 12, no habría que descartar que el buen Carlitos Ochoa (para quien Página 12 es un influyente diario con un tiraje 20 veces mayor que el real) llegue a la conclusión de que se trata de “información relevante” y quiera obligar a todos los medios nacionales a reproducirla.

Rivadeneira y sus falacias estalinistas para salvar a Lula

en La Info por

Tal como van las cosas, Gabriela Rivadeneira va a terminar convirtiendo a Alianza País, de la que es su Secretaria Ejecutiva, en un pequeño grupo de rabiosos militantes sin otra referencia ideológica que las manidas frases cliché de la la izquierda de la época de la guerra fría.

Para Rivadeneira, la política se reduce al enfrentamiento que existe entre quienes luchan por los pobres y están alineados con el bien, por un lado, y un complot internacional manejado por el imperialismo y las perversas élites del mundo, por el otro. Con esa mentalidad maniquea de Rivadeneira, Alianza País está condenado al ensimismamiento y al aislamiento político.

Dos hechos recientes ponen el evidencia esta conducta de Rivadeneira: el comunicado en el el cual Alianza País expresa su solidaridad con el ex presidente del Brasil, José Inacio Lula da Silva, condenado a nueve años y seis meses de cárcel y sus más recientes críticas al gobierno de Lenín Moreno por haber dado un viraje completo en la política de comunicación que dejó instalado el gobierno de Rafael Correa.

Rivadeneira, como muchos otros igual que ella entre ellos el ex presidente Rafael Correa, cree a pie juntillas que Lula es víctima de un complot internacional que busca desestabilizar a la izquierda latinoamericana y evitar que vuelva al poder.  Según esta gente este complot tiene dos vértices: la politización de la justicia y el acoso mediático orquestado por las élites. Para Rivadeneira esto es un acto de fe. Para ella no existe posibilidad alguna que Lula haya estado involucrado en actos de corrupción y que los jueces y las investigaciones sobre su vinculación con hechos de corrupción sean ciertos. Este acto no es más que un nuevo capítulo de persecución judicial, comunicacional y política que llevan adelante las élites brasileñas y latinoamericanas, con el único propósito de impedir la participación de Lula como candidato en las elecciones presidenciales del próximo año en Brasil y evitar así una nueva victoria del campo popular en nuestro hermano país”, dice el comunicado de Alianza País que fue redactado bajo el auspicio e inspiración de Rivadeneira. Ribadeneira está convencida (o quiere convencerse) de que la gente de izquierda no puede ser corrupta. Seguramente porque en su simplismo estalinista si un revolucionario como Lula o Correa toman algo que no es debida será por una causa mayor o por el bien común. Para ella, la lucha contra la corrupción, tal y como se la lleva adelante en Brasil es tan solo una maniobra del neoliberalismo que quiere regresar. No hay como doblegarse ha dicho en un blog que tiene en el canal chavista Telesur frente a “quienes hacen de la bandera anticorrupción un caballo de Troya que encierra a oscuros personajes ligados a la corrupción orgánica de las décadas de entrega neoliberal”.

La Secretaria Ejecutiva de Alianza País se cierra a cualquier posible evidencia sobre la corrupción de Lula y otros políticos llamados progresistas. De esa manera no deja espacio para la duda razonable que, incluso simpatizantes de izquierda, puedan tener sobre la honestidad del ex presidente de Brasil y otros líderes regionales. Este manifiesto de Alianza País a favor de Lula se produce, además, cuando en el Ecuador existe una importante expectativa social por el desarrollo de las investigaciones sobre supuestos actos de corrupción que tienen relación con el gobierno de Lula. Así, de un solo tajo, Rivadeneira hace que su movimiento se convierta en sospechoso de complicidad con la corrupción. “Desde el Ecuador, repudiamos enérgicamente la persecución político-judicial motivada por intereses espurios y mezquinos y convocamos a todas las fuerzas progresistas del continente a alzar su voz en defensa de uno de los principales líderes que ha tenido la historia latinoamericana y en defensa de la democracia brasileña”, agrega el comunicado.

Pero para quienes aún entienden la política como lo hace Rivadeneira, no puede haber complot internacional contrarrevolucionario sin la complicidad de los medios de comunicación privados. Precisamente por mantener ese simplismo frente a la política es que Rivadeneira ha decidido criticar a Lenín Moreno por el giro que su gobierno ha tomado frente a los medios de comunicación. Para ella, es inconcebible que Moreno no mire a los medios privados como los principales enemigos de la revolución.  “Todos los gobiernos populares y progresistas de América Latina enfrentaron con mayor o menor éxito un panorama similar de extrema concentración y hostilidad mediáticas. No podemos tomarnos con ligereza una batalla fundamental. No es por capricho que la Revolución Ciudadana dio la batalla comunicacional, como correspondía a un proyecto comprometido con la democratización profunda de la sociedad”, ha escrito en su cuenta de Twitter luego de que se conoció que Moreno había invitado a Carondelet a los dueños de los medios privados y había sacado a las vacas sagradas del correísmo de los medios llamados públicos.

En el blog que mantiene en Telesur, Rivadeneira resume su pensamiento sobre lo que está ocurriendo en la región de esta forma: “sería ingenuo no ver en este asedio mediático-judicial constante a las figuras políticas emblemáticas del gran arco popular y progresista latinoamericano la mano de una derecha que, a nivel continental, opera a través de dos brazos primordiales: los aparatos judiciales y el poder mediático concentrado”.

Con una esa cosmovisión aplicada a Alianza País, lo único que hace Rivadeneira es convertir a ese movimiento en el reducto del correísmo más estalinista, trasnochado y dogmático. ¿No se ha dado cuenta de que las encuestas muestran que el liderazgo conciliador y de tolerancia frente a los medios de Lenín Moreno está teniendo éxito?  ¿No es capaz de darse cuenta que la sociedad estaba hastiada del liderazgo agresivo y de acoso a la prensa de Rafael Correa?

El riesgo de que Gabriela Rivadeneira está el mando de Alianza País es que termine aislando a ese movimiento no solo del gobierno sino de una renovación de idearios indispensable en toda organización política moderna. Bajo un liderazgo que sigue atrapado en la misma paranoia de la izquierda setentera, será muy difícil que el Alianza País pueda convertirse en un laboratorio de pensamiento, como debería ser un partido moderno y, lo más probable, es que termine siendo una central partidista al servicio de los intereses del por ahora ausente Rafael Correa.

Gabriela Rivadeneira está empeñada en convencer a la opinión pública de algo que solo pueden creer los sectores más dogmáticos del correísmo: que la lucha contra la corrupción es una maniobra neoliberal para desestabilizar a los gobiernos progresistas. Se trata de una fórmula forzada y falaz que, para lo único que puede servir, es para curarse en salud.

José Serrano y su bancada se hacen los pendejos con Glas

en La Info por

José Serrano y la bancada de Alianza País dejaron en claro que están dispuestos a poner su mirada en cualquier lado menos en el sitio donde se origina el mal olor. 

En una rueda de prensa, que se dio a la inusual hora de las 7:30 de la mañana del lunes 5 de junio, el Presidente de la Asamblea y sus huestes de Alianza País hablaron mucho sobre la necesidad de investigar al escándalo Odebrecht y de enjuiciar a un Contralor que ya se radicó en Miami, pero no pronunciaron una sola palabra sobre lo que más tenían que hablar:  el vicepresidente Jorge Glas.  Ni siquiera en el comunicado, de cinco puntos, que distribuyeron luego de la rueda de prensa hay una sola mención al tema del Vicepresidente que, a la luz de las últimas acciones de la Fiscalía, le debe al país una explicación sobre su posible vinculación con la trama de corrupción en el caso Odebrecht. 

En el comunicado de Serrano y Alianza País se dice que la Asamblea llamará a juicio al contralor Carlos Pólit y que se convocará al Fiscal para que informe sobre el desarrollo de las investigaciones en el caso Odebrecht. También que se enviará a una comisión parlamentaria para que viaje a EEUU y Brasil a recabar información y que se pedirá la expulsión del país de la empresa Odebrecht, sus directivos y sus representantes. ¿Y de Glas qué? Ni pío, como tampoco hubo una sola mención al Consejo de Participación y Control Ciudadano, que fue el organismo el que eligió a Pólit como Contralor con la más alta calificación posible y que no ha hecho, durante todos los años desde que fue creado, un solo intento for fiscalizar a pesar de que su obligación constitucional es precisamente la de investigar los casos de corrupción.

Lo ocurrido con Serrano y la bancada de gobierno evidencia que en Alianza País están dispuestos a mirar a cualquier lado pero no donde está el bulto con el muerto. Al menos no por ahora. Porque no mencionar siquiera la posibilidad de pedir a Glas que vaya a la Asamblea a dar una explicación por su posible relación con el tema Odebrecht o en su defecto de llamarlo a un juicio político resulta insólito, por todo la evidencia que hay sobre su relación con las investigaciones.

En la providencia de la Fiscalía, con la que se inició el proceso de allanamientos y detenciones relacionado con Odebrecht, se dice que a Ricardo Rivera Arauz fue arrestado por haber cobrado coimas, valiéndose del hecho de ser pariente de un alto funcionario del Estado, por un monto de 13 millones a la constructora brasileña a cambio de haber gestionado contratos a su favor. ¿Quien podría pensar que Odebrecht iba a dar esa suma de dinero a cualquier hijo de vecina por hacerse pasar por pariente de un palo grueso del Gobierno?  Es más que evidente que cuando la Fiscalía habla del pariente de Rivera se está refiriendo a Jorge Glas, pues es conocida, documentada y de vieja data la relación entre estos dos personajes. 

Jorge Glas ha enviado a Rivera como representante suyo a misiones oficiales a China y ha tenido relaciones profesionales y societarias desde hace muchos años con él. Para muchos es conocido que Glas, además, comenzó trabajando para su tío. Rivera, en cualquier caso, no es un pariente cualquiera y no iniciar una acción en la Asamblea para exigir explicaciones o investigar a Glas es lo que en popularmente se llama hacerse el pendejo.

El tío de Jorge Glas es un ‘Special one’

En la providencia con la que la Fiscalía inició las detenciones se involucra a Ricardo Rivera afirmando que fue intermediario. Aquello implica que Rivera debe haber estado en el medio de Odebrecht y otra persona que, por lo que se dice ahí, es un pariente suyo que trabaja como alto funcionario del Gobierno. ¿Qué más se necesita para que la Asamblea ponga su mirada en Glas?

El político César Montúfar, incluso, fue hasta la Fiscalía para pedir que se procese a Glas tomando en cuenta que hay suficientes motivos para vincularlo al caso y para evitar lo que ha ocurrido con otros funcionarios implicados en casos de corrupción que han salido del país impunemente. “Si hay un nombre, si hay una persona, si hay un personaje, un funcionario del Gobierno que estuvo a cargo casi de la mayoría de contratos que Odebrecht firmó con el Estado ecuatoriano, ese nombre, esa persona es el vicepresidente de la República en su calidad de ministro coordinador de los Sectores Estratégicos y en su calidad de vicepresidente encargado de los sectores estratégicos…”, dijo Montúfar.

También pesa sobre la relación entre Rivera y Glas la sospecha de lavado de activos que denunció el ex candidato a la Vicepresidencia Andrés Páez en una carta dirigida en el 2015 a Rafael Correa. Páez pedía a Correa que  investigue “presuntas y sospechosas transacciones por más de 22 millones de dólares que habrían recibido a su favor José Alvear y Ricardo Rivera”, y que aseguraba estarían vinculados con Glas. Según los documentos que presentó Páez, se habrían hecho 27 transferencias a favor de Rivera, 13 de las cuales se hicieron desde la filial panameña de The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HBSC) por 17’435.000 dólares.

Es evidente, por lo que se vio en la rueda de prensa, que la estrategia de Serrano y la bancada oficialista es convertir a la empresa Odebrecht en la gran protagonista del escándalo y dejar en plano secundario a los funcionarios del gobierno de Rafael Correa. Lo de la rueda de prensa se suma también a los esfuerzos de María José Carrión, presidenta de la Comisión de Fiscalización, que se ha embarcado en la campaña para promover la idea de expulsar a Odebrecht a pesar de las críticas razonables de quienes sostienen que si Odebrecht sale del país será mucho más complicado investigar la corrupción y, además, hará complicado conseguir resarcimientos de esa empresa.  Si se suma que el lunes 5 de junio una manifestación de partidarios de Jorge Glas, frente a Carondelet, para exigir la expulsión de la constructora brasileña resulta bastante claro que hay una estrategia oficial para que la opinión pública se enfoque en Odebrecht y no en los funcionarios que se habían beneficiado de las coimas de esa empresa.

El llamado a juicio a Glas no resulta obvio únicamente por la relación del vicepresidente con su pariente Ricardo Rivera sino por haber sido durante todo el gobierno de Rafael Correa el responsable político de los sectores donde Odebrecht tuvo contratos con el Estado. Que la bancada de gobierno no haya mencionado a Glas en la rueda de prensa es, a todas luces, una forma más de hacerse los pendejos. ¿Hasta cuándo?

Alianza País protege al asesino Nicolás Maduro

en La Info por

A Lenín Moreno no le preocupa, al parecer, que Nicolás Maduro asista a su posesión. Y eso es preocupante, aunque no se haya confirmado su presencia en Quito este miércoles. Lo es porque Maduro representa hoy lo peor de la aventura del Socialismo del Siglo XXI; un aliado indiscutible del correísmo del cual él hace parte. Maduro ya no es solo el representante de la tendencia que quebró la economía venezolana: es el líder de un grupo que asesina a manifestantes pacíficos, está por fuera de sus propias leyes, desconoce acuerdos internacionales, se puso al margen de la OEA, tiene escuadrones de matones y francotiradores que desparraman terror en Venezuela: hay 48 muertos. Más de mil heridos. Centenares de detenidos. ¿A partir de cuántos muertos Alianza País considerará a Maduro persona non grata? ¿Cuántos muertos los hará reconsiderar esos pruritos ideológicos tras los cuales escudan la ignominia? ¿O tampoco eso?

El chavismo ha permitido desenmascarar a esa izquierda jurásica que, pensando en las fábulas castristas, hizo creer que la miseria en Cuba no era producto de la dictadura sino del bloqueo de Estados Unidos. Desde 1999, cualquier ciudadano pudo ver cómo un iluminado, llamado Hugo Chávez, emprendió políticas irracionales que, finalmente, condujeron a la ruina de la economía venezolana: estatización, ahuyentamiento de la inversión, destrucción de la actividad privada, expropiaciones, subsidios a granel, uso discrecional del dinero público, arbitrariedad en la gestión fiscal, corrupción… Y tras ese espectáculo vinieron las coartadas: complots imperialistas, ataques de la burguesía venezolana, escasez provocada por los comerciantes, mentiras de la prensa pues no hay colas… Hoy es claro que ese modelo, basado en una dictadura, produce miseria y muerte en Cuba y en Venezuela.

Los subterfugios utilizados para confundir fueron tan evidentes que debieron producir alertas y reflexión en Alianza País y en esa izquierda totalitaria que cree que cambiando las palabras, cambia la realidad. Chávez era de izquierda porque reconocían su liturgia y era amigo de Fidel Castro. Chávez era de izquierda porque hablaba de los pobres, insultaba a los ricos y al imperialismo mientras instalaba una verdadera dictadura militar en Venezuela. No, Chávez fue un caudillo -un dictador más de la serie que ha parido el continente- que despilfarró la riqueza de un país millonario y se atornilló al poder creyendo que es suyo y de su dinastía familiar y política.

En Alianza País primó, y sigue vivo, el prurito más zopenco. Hubo y hay producción de estulticia por raudales. Un ex embajador correísta, Ramón Torres, llegó a afirmar, hace poco en Ecuavisa, que la oposición venezolana busca “derrocar al modelo de desarrollo de Nicolás Maduro”. Dijo modelo de desarrollo y eso es revelador. Llamó desarrollo a la miseria más crasa, a la ausencia de libertades más evidente, a la corrupción más elocuente, a los escuadrones ambulantes de asesinos que producen muerte y desolación en las ciudades venezolanas.

El correísmo que invita a Maduro a la posesión de Moreno ya no puede reclamar ignorancia. Conoce lo que pasa en Venezuela. Sabe que protege a una narcodictadura representada por Maduro y Deosdado Cabello. Pero ahora no lo hace en nombre de la camaradería y del socialismo del siglo XXI. Ahora esgrime otras razones: la soberanía, la no-intromisión en asuntos internos, las particularidades propias a cada país, el respeto a la institucionalidad ajena… Esta lengua pastosa, cobarde y cómplice permitió a la Asamblea Nacional negar la solicitud del asambleísta Fernando Callejas quien, en su moción, pidió a la Cancillería retirar la invitación a Maduro.

El mismo espectáculo se dio por parte de la bancada de Alianza País que bloqueó, en el Concejo de Quito, una resolución para declarar a Maduro persona non grata. Siete ediles votaron a favor y once en contra. Sin embargo, el alcalde Mauricio Rodas, que estuvo en minoría, hizo saber que “no habrá ninguna declaratoria de huésped ilustre, ninguna entrega de las llaves de la ciudad” a Maduro.

Al margen de si viene a la posesión, Alianza País mostró de qué lado se ha puesto entre los asesinos y el pueblo venezolano que, en dos décadas y a pesar de tener la mayor reserva de petróleo del mundo, está padeciendo una verdadera una crisis humanitaria. Su actitud incrementa las dudas sobre el contenido real de los cambios prometidos por Lenín Moreno a partir de este miércoles como nuevo Presidente de la República.

El video que desnuda la hipocresía de Miguel Carvajal

en La Info por

Los 10 años del gobierno de Rafael Correa han dejado en claro que hay, al menos, dos tipos de dirigentes. Unos que son los que más se exponen y que defienden sin ningún tapujo las arbitrariedades y abusos de su máximo líder, Rafael Correa. Son los que menos pretensiones  ideológicas tienen pero que no temen empeñar ni su prestigio ni su imagen a la hora de declaraciones destempladas o decir barbaridades con tal de sacar de apuros al gobierno o al caudillo.  Entre esos están Jorge Glas, los hermanos Vinicio y Fernando Alvarado, Ricardo Patiño, Marcela Aguiñaga, Richard Espinosa, el nuevo fiscal Carlos Banca Mancheno o Alexis Mera. Son vistos dentro de Alianza País como el ala no ideológica del gobierno y, en algunos casos, son identificados como quienes están en la revolución porque es un buen lugar para hacer negocios.

El otro grupo es el de los dirigentes que, al contrario de los anteriores, se presentan como más ideológicos y mucho más comprometidos con lo que llaman “el proceso”. Tienen un discurso mucho más político y están convencidos de que están luchando del lado correcto de la historia. Tratan de no dar declaraciones públicas en defensa de temas políticamente incorrectos que ha puesto sobre la mesa el caudillo y, cuando no les queda más remedio,  lo hacen relativizando y endulzándolo todo. Entre esos están Fánder Falconi, Virgilio Hernández, María Fernanda Espinosa, Pabel Muñoz, Javier Ponce o Miguel Carvajal.

La gran diferencia entre los primeros y los segundos es un tema de actitud: mientras los primeros son cínicos sin tapujos y se la juegan abiertamente por su caudillo, los segundos prefieren solazarse en el discurso ideológico y guardar las formas en público. Esa diferencia desaparece, sin embargo, cuando los del segundo grupo hablan en privado y saben que sus declaraciones no son grabadas para ser difundidas en la opinión pública. Ahí las diferencias desaparecen y los modositos como Muñoz o Hernández, del segundo grupo, terminan siendo idénticos a los desembozados como Patiño o Fernando Alvarado. Esto lo demuestra crudamente un video que circula en redes en el que aparece el asambleísta electo Miguel Carvajal, tratando de convencer a un grupo de personas que la decisión del gobierno de no admitir la entrada de Lilian Tintori fue correcta, legal y justa.

Miguel Carvajal, que durante toda la década correísta ha tratado de labrar la imagen de dirigente y militante comprometido con las reivindicaciones sociales, los derechos y la academia aparece en el video justificando la prisión de Leopoldo López, esposo de Tintori, con argumentos dignos de la Stasi, la policía secreta de la antigua Alemania comunista. “La señora Tintori es mártir porque defiende a su esposo Leopoldo López”, dice y enseguida pregunta con tono de maestro de escuela rural “¿Por qué está preso López”. Una mujer en la audiencia replica tímidamente “por guarimberto” y Carvajal exclama asimismo con tono de maestro de escuela rural aliviado de ver a sus alumnos en lo correcto y en voz alta dice “por guarimbeeero”. Carvajal continúa argumentando y afirma que a López la justicia le comprobó que había provocado la muerte de 43 personas por haber convocado a una serie de protestas en las calles de Caracas. “Está preso porque le demostró la justicia que condujo e incitó a actos violentos que cegaron la vida de 43 personas”, dice sin ruborizarse siquiera porque seguramente cuando sostuvo aquello asumía que nadie en el auditorio debía saber que el juicio en contra de López pasará como uno de los actos más infames del autoritarismo de la región.

Justicia, afirma Carvajal, asumiendo que todos los presentes en el grupo al que se dirige son los suficientemente ignorantes para no saber que en Venezuela no hay justicia porque justicia solo puede existir cuando existen jueces y fiscales independientes. Carvajal no es un ignorante y por eso resulta imposible creer que no sabe que uno de los fiscales que acusó a López huyó de Venezuela para confesar, porque su alma no resistía más, que contra López se habían fabricado pruebas falsas. Carvajal se hace el bobo y bota al tacho de la basura cualquier vestigio de honestidad intelectual porque resulta imposible creer que no se haya enterado de que todos los organismos serios de derechos humanos que se interesaron en el tema han condenado la sentencia en contra de López porque fue evidente que no hubo proceso justo ni jueces independientes. “¿Y los derechos de las madres de los 43 muertos?” se pregunta en el video con ese falsete de quienes quieren pasar por inocente. Pero claro, para Carvajal no existen los 133 presos venezolanos políticos que, como López, son víctimas de un sistema político donde el despotismo mafioso del régimen venezolano no tiene un sistema de justicia que le ponga coto a su autoritarismo sino que tan solo obedece sus órdenes.

En el video, además, Miguel Carvajal aparece sosteniendo uno de los argumentos más retrógrados y autoritarios posibles: que las muertes que se producen durante las protestas sociales no son responsabilidad de los aparatos represores del Estado sino de los líderes que empujan a los pueblos a protestar. ¿Aplica lo mismo para aquellos episodios de la historia ecuatoriana que la izquierda ecuatoriana a la que dice pertenecer tienen como hitos revolucionarios como la matanza del 15 de noviembre de 1922? De ser así, el responsable de aquella tragedia no fue el gobierno de Tamayo, como tradicionalmente ha sostenido la izquierda ecuatoriana, sino los irresponsables dirigentes sindicales que arrojaron al pueblo a las calles. Lo mismo tendría que decir sobre los indígenas muertos en los levantamientos o las víctimas del asesinato masivo en el ingenio Aztra en 1977. “Guarimbeeero”, dice Carvajal.

Carvajal jamás hubiera sostenido lo que se ve diciendo en el video si hubiera estado en una entrevista. Tampoco lo hubiera dicho si sabía que alguien lo estaban filmando. Lo dice porque sabe que su imagen de dirigente ideológico y académico no va a ser perjudicada. Carvajal en el video es idéntico a Ricardo Patiño a Carlos Baca Mancheno o Roberto Wohlgemut porque cree que los únicos que lo ven y lo escuchan son quienes están siendo adoctrinados por él en ese oscuro y lúgubre auditorio en el que se trata de ser gracioso y pedagógico.

Miguel Carvajal resultó estar hecho de la misma madera que los dirigentes más impresentables de la llamada revolución ciudadana, de aquellos que, en su sector, critican y desprecian soterradamente.

El drama de Lenin Moreno: ser la caricatura de una Madre Teresa criolla

en La Info por

captura-de-pantalla-2016-12-19-a-las-12-09-41-p-m

Cuando una candidatura lleva como lema una frase tan vacía e inocua como “el cambio verdadero es avanzar hacia el futuro” es porque no tiene nada que decir.

Ese parece ser el sino de la candidatura de Lenin Moreno: no decir nada, no tomar posición sobre ningún tema sensible o máximo hacer una declaración como quien no quiere decir nada, repetir lugares comunes frente a los asuntos de interés público, elaborar frases bonitas, vacías y bobas como la del “verdadero cambio es avanzar hacia el futuro”, colocar fotos en redes sociales en los que se ve al candidato jugando trompo o abrazando niños, aparecer en videos cada vez que se conmemora algo, ora el día de Quito, ora el día de los migrantes, ora el día de los derechos humanos…

Pero no tener una posición sobre los temas de interés público está pasándole factura al binomio de Lenin Moreno y Jorge Glas, sobre todo porque cada día crece la porción del electorado que espera definiciones. ¿O es que Lenin Moreno no tiene nada que decir sobre el aumento del encaje bancario, el endeudamiento agresivo de los últimos meses, las agresiones de género cometidas por sus amigos correligionarios, la violencia en Morona, la responsabilidad de su compañero de fórmula Jorge Glas en los controvertidos y corruptos trabajos en la refinería de Esmeraldas? ¿Será que va a decir algo sobre el escándalo de Odebrecht? ¿Pedirá al Fiscal que pida la información a los EEUU sobre las coimas entregadas a funcionarios del Estrado por la constructora brasilera? Todo apunta a que eso es mucho pedir.

El vacío parece ser, en efecto, el sello de identidad que los estrategas y entusiastas de Moreno pensaron para su campaña. ¿Para qué? Sencillo, con el fin de que nada lo ensucie, nada comprometa su imagen de hombre bondadoso, tolerante y comprensivo. Desde un inicio la estrategia estaba dirigida a que Moreno articule un discurso en el que se destaque todo lo supuestamente bueno que dejan los 10 años de correísmo y, al mismo tiempo, ofrezca corregir aquellas cosas que no gusta al electorado. Que si habla de economía que no sea mucho, que si se refiere al tema de desempleo que lo haga por encimita nada más, que si menciona el tema de la corrupción en Petroecaudor que no insista mucho, que si se refiere al oscuro tema de su residencia en Ginebra que no de muchos detalles… En fin, que no asista a entrevistas con periodistas incisivos y que siga navegando cual nave impoluta con la esperanza de que esta campaña acabe lo antes posibles sin que se haya feriado la simpatía popular que ha tenido desde que salió del Gobierno y se fue a vivir en Ginebra.

Lo que nadie le dijo a Moreno es que existe un mundo más allá de la receta de los estrategas y que conciliar lo bueno con lo repudiable no siempre es posible. Tampoco le dijeron a Moreno que un candidato que no ofrece otra cosa que ser la encarnación del futuro, cuando no es capaz de darle un contenido a ese concepto de futuro, es un candidato que no tiene a dónde avanzar.

Esta forma de hacer campaña es la que ha convertido a Lenin Moreno en una caricatura criolla de la Madre Teresa de Calculta que cada 30 minutos o una hora tiene una frase bondados y cándida para cualquier cosa. Moreno existe en la campaña únicamente a través de los videos que se ponen en redes sociales y en los que no dice nada de lo que un estadista debería decir frente a los temas que angustian a la sociedad. Es algo así como la imagen de una virgen a la que se la transporta de pueblo en una urna de cristal para evitar que le caiga el polvo o la ensucie el lodo.

El caso del video titulado “El cambio verdadero” es seguramente lo más sintomático. “Yo les digo que en mi gobierno habrá grandes cambios” aparece diciendo Moreno en lo que aparentemente es una alusión o respuesta a alguna encuesta que debe haber hablado de la necesidad de cambio que siente el electorado. Pero ¿Moreno menciona en el video algún cambio en concreto? Porque si habla de grandes cambios lo lógico sería que lance al menos una pista sobre alguno. Pero no, en el video no enumera ni menciona ni un solo cambio.  El mensaje es de un vacío tan abismal que aún luego de tan categórico anuncio se dice a continuación cosas como que el cambio que ofrece “es tomar lo que ya construimos juntos y convertirlo en algo aún más grande”. ¿Nada sobre los impuestos que han encarecido tanto al país? ¿Nada sobre lo que representa el gasto público en sueldos o la necesidad de tener un modelo político en el que exista poderes independientes que garanticen la fiscalización y evite la corrupción? No, absolutamente nada. Puro bla.

Hay otro video reciente que desnuda igualmente el vacío de la candidatura de Moreno. Se trata de uno en el que aparece hablando sobre los hechos de violencia en Morona. Cuando parece que finalmente va a tomar posición y va a decir algo relevante sobre un tema tan polarizante, Moreno lanza lugares comunes como “el futuro no se detiene” y “usemos el diálogo y nunca la violencia”. Si bien atina a articular una tímida solidaridad con el policía fallecido y pone un rostro severo, no es capaz de tomar lo que ha hecho el gobierno en la zona o decir algo sobre la minería. Si no quería contradecir al Caudillo debería aparecer apoyándolo y si cree que algo se hizo mal que lo diga. Pero ni lo uno ni lo otro. Moreno es la nada absoluta.

Lo mismo ocurrió cuando la conversación nacional se centró en el tema de la agresión de Orlando Pérez, director de El Telégrafo, a una mujer en Guayaquil. ¿Dijo algo sobre eso? No, nada. Lo único que hizo fue, precisamente esos días, aparecer firmando un convenio con las Naciones Unidas sobre los derechos de las mujeres. ¿Algo más vacuo que eso? Difícil.

Lo curioso es que las únicas veces en que ha tomado una posición definida sobre un tema, lo ha hecho de tal forma en que a los pocos días todos lo han olvidado. Una vez ocurrió con el tema del anticipo al impuesto a la renta donde discrepó con el gobierno y la otra cuando apoyó al proyecto de Ley de Plusvalía. En ambas ocasiones fue más fuerte la imagen de la Santa Teresa de Calcuta criolla o de la virgen en urnas que la de un estadista. No insistió ni en sus discrepancias ni en sus apoyos.

Moreno seguramente sigue siendo el candidato con más opciones para ganar. Goza de la simpatía de un amplio sector del electorado y es el candidato con menores resistencias. Pero se trata de un candidato y de una campaña que hubieran funcionado perfectamente en un mundo donde no hay problemas graves ni desafíos de envergadura. Quizá le hubiera calzado una realidad como la que había en el 2014 cuando abundaban los recursos y el desempleo y la corrupción no eran temas que ocupan la mente y el corazón de los votantes.

El Ecuador de fines del 2016 no es un país para Madres Teresa de Calcuta ni vírgenes en urna de cristal.  La pregunta es si el encanto de los santos alcanza hasta el día de las elecciones.

Foto agencia estatal Andes

2017: ¿hay binomios que chimban al país?

en La Info por

Ocho binomios se inscribieron para la Presidencia de la República: el número todavía es amplio si se juzga el tamaño del Ecuador y el reducido margen que tiene cualquier gobierno para maniobrar. No hay espacio para ocho programas presidenciales. A esta condicion estructural del país y de su economía, se suma una situación coyuntural que milita aún más en contra de esta dispersión: la década correísta. Esa circunstancia impone una disyuntiva que la política no puede eludir: continuar con la llamada revolución ciudadana o salir de ella. Continuar es el reto para el binomio Lenin Moreno-Jorge Glas. Los otros binomios se han dado por misión (en teoría) salir de ella.

Y salir de la revolución ciudadana es, de por sí, un programa para algunos gobiernos. ¿Requiere el país siete binomios para ejecutar el mismo programa? Algunos dirán que ese es el drama del sistema electoral que obliga a los partidos, para no desaparecer, a presentarse en las elecciones y a tener candidatos electos. Eso explicaría por qué hay binomios presidenciales que no pueden soñar con Carondelet ni por casualidad, pero que usan la locomotora presidencial para aupar sus listas de asambleístas.

La proliferación de etiquetas partidistas no solo contamina la campaña electoral: algunos binomios, torciéndole el cuello a la lógica y al sentido común, inventan diferencias abismales con sus contrincantes para justificar su presencia. ¿Qué separa a Patricio Zuquilanda, de Sociedad Patriótica, de Cynthia Viteri o de Guillermo Lasso? ¿Qué diferencias programáticas o de visión política sustentan esa candidatura? ¿Todo se reduce a la necesidad para los hermanos Gutiérrez de tener algunos diputados y seguir así activos políticamente?
¿Qué posibilidades tienen Iván Espinel o Dalo Bucaram? Si tras diez años de correísmo prima la lógica del continuismo versus el más opcionado (o la más opcionada) de la oposición, ¿cómo coligen esos binomios que tienen condiciones para ser los más votados por el electorado? Si se empuja el corcho un poco más lejos, se llega a otro tipo de inconsistencias: ¿Hay espacio en esta elección para un programa de partido? ¿Acaso la urgencia para los electores que no están con el gobierno no es salir del correísmo limitando los costos?

Ese dilema (salir o continuar con el correísmo) muestra en forma fehaciente que la próxima elección no se realiza en una situación de normalidad democrática. Es iluso, entonces, el juego de algunos binomios dedicados a fabricar diferencias con sus contrincantes en vez de enfocarse en la urgencia visible para todos: el estado en el cual deja el correísmo al país. ¿Puede haber otro programa para los candidatos que no sea decir qué harán ante esa herencia de la “década ganada”?

¿Hay algo más urgente e imprescindible que volver a la democracia, a la división de poderes, a autoridades de control independientes, a jueces y fiscales dignos de su cargo, a la libertad de expresión? ¿Hay algo más apremiante que desmontar el correísmo? ¿Lo van a hacer? ¿Cómo? ¿Qué harán con ese bodrio de Constitución parido en Montecristi? ¿Qué harán con ese esperpento llamado quinto poder?

¿Qué harán con el gasto público? ¿Con este Estado-monstruo creado por la revolución ciudadana? ¿Con esa nube de militantes que Alianza País metió al Estado? ¿Con la deuda gigantesca a la China? ¿Con el presupuesto del Estado amputado de parte de los ingresos petroleros ya hipotecados? ¿Con la catarata de subsidios que sirvió a este gobierno a cebar parte de su base social? ¿Cómo van a generar empleo con leyes que penalizan la inversión y convierten al empleador en enemigo de sus trabajadores y en objeto de persecución por parte del Estado? ¿Qué harán con el IESS y todos aquellos jubilados, maestros… a quienes el gobierno confiscó fondos? ¿Qué harán con los perseguidos por este gobierno (encarcelados, expatriados, enjuiciados, multados, acosados…)? ¿Qué harán con los medios que el gobierno hizo suyos y con la Ley de Comunicación?

¿Hay espacio para siete binomios (por fuera del oficialista) ante un programa de gobierno acuciante que impone la realidad que deja el correísmo? Y ese programa incluye preguntas de fondo que ningún candidato quiere tratar pero que los ciudadanos deben saber. Por ejemplo: ¿cuál es el monto de la factura de esta década ganada (para los correístas) que el país tendrá que pagar? Y sobre todo, ¿cómo la piensan repartir para proteger a los más débiles? Ni siquiera Lenín Moreno puede eludir la herencia que deja el gobierno del cual hace parte.

Ocho binomios inscritos solo muestran que tras una década de correísmo, la sociedad política no maduró. Sigue barajando falacias. Como si el país fuera tan diverso. Como si un modelo autoritario no dominara todas las instituciones y concentrara todos los poderes. Como si tras esta fiesta de derroche y corrupción correísta, el país no tuviera que pagar la factura. Como si hubiera tiempo y espacio para inventar diferencias con el único fin de justificar su presencia en la arena electoral…

Foto: La Hora 

Moreno quiere ganar la presidencia echando cháchara

en La Info por

Lenín Moreno no participará en un debate durante la campaña electoral. Ni con Guillermo Lasso que lo desafió, ni con ningún otro candidato.  Ni siquiera con quien sea su contrincante en una hipotética segunda vuelta.

Moreno no ha hecho esta afirmación. Pero dejó en claro en su entrevista con Ecuadorinmediato que no debatirá con Lasso porque le estaría regalando a su contrincante la posibilidad de ganar puntos en las encuestas: “Por qué tengo que ayudarle al señor Lasso a subir en las encuestas”. El candidato y sus asesores no solo saben que ir a un debate a estas alturas sería ayudar a Lasso, o a quien fuera, a subir en las encuestas, sino que sería señalar al hipotético segundo en la carrera a la Presidencia. Por eso, en la entrevista sostuvo que sería injusto con los otros candidatos aceptar el desafío de Lasso porque, según él, hay al menos tres empatados en un segundo lugar. Moreno no va a debatir porque él y sus asesores saben que no les conviene. El problema está en que para justificar su estratégica negativa elaboró un concepto alredededor de la idea del debate que es, francamente, lamentable.

Cuando le preguntaron si aceptaba debatir con Lasso, Moreno inmediatamente se refirió al segundo debate televisado entre Donald Trump y Hillary Clinton, que se hizo célebre por los insultos que se cruzaron los dos candidatos gringos. Para él, eso es lo que al parecer representa un debate. “Me ha dado vergüenza ajena lo de Clinton y Trump”, dijo casi como defendiéndose ante la idea de ir a debatir.  “El país quiere que todo cambie. Prefiere el diálogo en lugar de la confrontación”, agregó, asumiendo que en un debate la única posibilidad es el insulto y la descalificación. Moreno, más bien, propone que se haga un “conversatorio”,  lo que parece indicar que ha incorporado a su cultura política la nada democrática herencia correísta de los conversatorios y sabatinas, donde lo que hay son monólogos en que se pontifica pero jamás se debate.

Moreno, en la entrevista, llegó a calificar al desafío de debate hecho por Lasso como una un “berrinche de niño rico” y como una conducta de “matón de barrio”, dejando en el aire la idea de que, para él, debatir es un asunto de malandrines. ¿Nunca ha visto Moreno los debates que se producen en las democracias maduras? En su incapacidad para asumir que no quiere debatir porque simplemente eso no le conviene, dejó la impresión de que tiene una concepción sobre el debate que revela una pobreza conceptual patética y una cultura política cavernaria. En un país donde el poder está acostumbrado a debatir poco y a decretar mucho, decir que el país no necesita debates sino “conversatorios” es un flaco favor a la posibilidad de que la participación política alcance su madurez en el país.

Por lo que dijo sobre el debate parecería que Moreno pretende ganar las elecciones sin quedarse mudo pero sin decir nada. Echándo cháchara, como dicen.

De la misma cháchara echó mano cuando habló sobre lo que considera que es una crisis.  Cuando el entrevistador le preguntó si es que está de acuerdo en que el Ecuador atraviesa un crisis económica, casi invitándolo a que lo niegue, Moreno dijo que para que haya una crisis se necesita de ciertas condiciones que actualmente no existen en el Ecuador. 

Adoptando una pose académica, que no le calza porque le resulta  postiza, dijo que “para quienes tienen una formación académica que tuvimos en Economía” en el Ecuador existe recesión pero no crisis.  Crisis significa, sostuvo, que “repetidamente y durante una cantidad específica de trimestres o semestres se dé un descenso en el Producto Interno Bruto y eso no está ocurriendo”. Este “último trimestre dijo, creció el Producto Interno Bruto. Apenas el 0,5% pero creció”.  Siempre en tono amigable con el entrevistador, añadió esto: “tu recordarás cuando estudiamos a Samuelson: cuando la curva empieza a enderezarse la gente empieza a tener confianza. Y mira el resultado: hoteles llenos en el feriado”.

Para Moreno la palabra crisis no sirve para calificar lo que ocurre con la economía ecuatoriana porque en su forma de ver la realidad no existe aumento agresivo de desempleo ni crecimiento exponencial de endeudamiento público. Él observa que hay hoteles llenos durante el feriado lo que parecería contradecir su tesis de que lo que hay es recesión. ¿A qué curva de Paul Samuelson se refería Moreno? ¿A la de la demanda o a la de la inversión? Es evidente que Moreno se vio forzado a hacer piruetas para no contradecir la verdad de Carondelet, según la cual no existe crisis. Por eso se apegó a un discurso más cercano al de Cantinflas que al de un candidato consciente de las dificultades por las que atraviesa la economía ecuatoriana. 

Como Moreno se percató de que su tesis sobre la inexistencia de una crisis evidentemente patojeaba, decidió decir que tampoco quiere negar dogmáticamente que tal cosa existe. “Yo no le tengo miedo al término crisis pero no corresponde técnicamente al momento… Crisis significa momentos de tomar decisiones … Si tú quieres, sí es un momento de tomar decisiones…”, dijo Moreno coqueteando otra vez con lo cantinflesco. Es posible que al negar que haya una crisis en el Ecuador haya querido simplemente no contrariar a Rafael Correa. Pero si ese es el caso, el resultado fue, como en el tema del debate, lamentable.

Hay que reconocer que Moreno al menos dijo estar dispuesto a abrir sus cuentas para que se vea cómo manejó los fondos que el Gobierno le envió para su residencia en Ginebra. Claro, el entrevistador tuvo el estratégico tino de no preguntar sobre la legalidad de esos envíos ni sobre cómo se los gastó. En todo caso, la entrevista sirvió para tener alguna pista adicional sobre cómo piensa Moreno los temas públicos ya que, hasta ahora, no se sabe con exactitud qué planes tiene para el país si llegara a ganar las elecciones.

Si esta entrevista tiene algún otro mérito es que permitió conocer la versión de Moreno sobre por qué en su cédula de identidad aparece como Lenín Boltaire. “Papá era un hombre de idea progresistas. Leía mucho a Voltaire y mucho a Lenin”. Resulta curioso que considere a Lenín, responsable de millones de muertes a principios del siglo XX, como progresista y que su papá le haya puesto Boltaire, así con B grande, si  leía tanto a Voltaire, el de la V pequeña. Curioso, si no interesante, en todo caso.

Foto: Ecuadorinmediato durante la entrevista

Moreno-Glas y el efecto Barrera

en Columnistas/Las Ideas por

Todas las encuestas disponibles hasta el momento sobre el escenario preelectoral, hablan de un porcentaje de más o menos 30% de voto duro para la candidatura oficialista. Pero como ya sabemos el devenir de cualquier campaña y posterior votación puede traer consigo muchas sorpresas (sino pensemos en Brexit y Colombia como un ejemplo de esto) ésta podría no ser la excepción.

Todo está en juego para Alianza País en estas elecciones. Luego de consolidar su poder durante una década, por primera vez desde que detentan el poder, no tienen ganada la elección de 2017 y lo alcanzado en términos de control y poder absoluto, podría estar en riesgo. Diez años en que se anuló por completo la fiscalización podrían hacerse agua, si llegara a ganar una candidatura de oposición. Es por esa razón que el movimiento de gobierno pondrá todo su arsenal de guerra para esta batalla. Sin embargo, el propio hecho de que hay demasiada carne en el asador podría ocasionar graves impactos en la estrategia de campaña oficialista.

En primer lugar está el dilema de la continuidad versus la ruptura. Resultará casi imposible para Moreno-Glas marcar distancias con el correísmo duro. La posibilidad de construir una candidatura con cierta autonomía del Presidente, se perdió en el momento en que Moreno aceptó la imposición de Glas como su binomio. Glas asegura la lealtad total a Correa y la continuidad del modelo. Los guiños de independencia que realiza y realizará Moreno serán meros coqueteos de forma. Sabemos que en la realidad, esa candidatura durante la campaña estará tutelada cercanamente por el propio presidente.

Ahí está el quid del asunto. El dilema que presenta la posibilidad de perderlo todo –o al menos buena parte– junto con la necesidad de vender una nueva promesa de redención manteniendo el liderazgo de Correa, pero tratando de reinventarse, los colocará en un laberinto. Metidos en este complejo juego, la figura presidencial como faro de guía puede resultar en extremo peligrosa.

Si Rafael Correa llega a convertirse en una figura preponderante e invasiva en la campaña, como lo hizo en la campaña de las seccionales en 2014, Moreno-Glas podrían sufrir el efecto de la barrerización de su campaña. Si los electores en 2017 muestran un hartazgo similar con la figura presidencial, como lo hicieron para la elección de alcaldes, entonces Moreno-Glas quedarían atrapados en su propio terreno, disparándose en los pies.

El dilema para ellos entonces reside en cómo asegurar una victoria en primera vuelta, tomando en cuenta que el Ecuador en 2016 es bastante disímil a aquel que creyó la fábula refundacional hace 10 y 8 años. Si bien no se puede tener certeza del tamaño de la factura que deje la compleja situación económica que atraviesa el país, es cierto que la personalidad Correista ya no cala en el electorado como antes, y que una sobre exposición del saliente gobernante en la contienda podría terminar causando un efecto perverso para la candidatura del oficialismo.

El caso para los estrategas del gobierno es, entonces, absolutamente delicado. Valdría que conversen con Augusto Barrera quien conoce a fondo lo que sucede cuando Rafael mete demasiado la mano.

Anamaría Correa es académica

Ir Arriba