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Audios de Odebrecht

Jorge Glas hoy es un cadáver político

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¿Y ahora, JG? Seguramente el Vicepresidente saldrá a decir que José Conceiçao dos Santos tiene que probar lo que dice en el charla con el ex contralor y corrupto Carlos Polit. O que es un vil montaje para atentar contra él, digno representante de los gobiernos progresistas tan atacados por las fuerzas retrogradas del continente. Pero el hecho cierto es que se le vino la noche encima y, ahora, su nombre, Jorge Glas, dicho clara y contundentemente, (no JG), hace parte de la lista de Odebrecht.

Esta grabación constituye una bomba atómica para el correísmo. Jorge Glas ahora ya no podrá patear el balón hacia los traidores de la revolución, como lo hizo en la Refinería de Esmeraldas. Ni contra su tío que inexplicablemente recibió, por lo que se sabe, $18,7 millones por tener un pariente en la administración Correa. Pariente que siempre negó ser él. Esta vez Jorge Glas hace parte de los sindicados por aquellos mismos que les repartieron dinero. Mucho dinero, dice el Ejecutivo de Odebrecht.

Esta grabación y las investigaciones de la Fiscalía ecuatoriana que, según fuentes del gobierno están por traducirse en hechos, cambia la ecuación política dentro de Alianza País. Lenín Moreno siempre podrá decir a los militantes que él no movió dedo alguno contra Glas. Y podrá probarlo. De hecho, esta grabación, la primera evidencia de magnitud contra Glas, relacionada con Odebrecht, la publica el diario O Globo, en Brasil. Se entiende que los ejecutivos de la empresa corruptora tienen todas las pruebas para respaldarla. La actitud de Polit en la grabación da cuenta de que él y su interlocutor hablan de cosas que, para ellos, son obvias.

El panorama cambia drásticamente para el correísmo duro que se alineó tras el vicepresidente. Correa tiene una disyuntiva shakesperiana: defender a su vicepresidente y repetir todas las tesis que han puesto por delante para negar la corrupción en su gobierno. Esto acarrea el peligro de que nuevas revelaciones lo dejen sin piso. O también puede decir que Glas lo traicionó, como ya dijo de Carlos Pareja Yannuzzelli. Como quiera que sea, la noche que se viene sobre Glas afecta directamente a Correa. Amenaza con llevarse toda la estantería en su caída y relacionarlo con toda la trama de corrupción: en el audio se oye, entre otras cosas, que habían pedido plata para la última y otras campañas electorales… Ahora se abre la caja de Pandora y se podrá saber qué otros funcionarios se beneficiaron de las coimas repartidas por Odebrecht en Ecuador. Glas y su tío, al parecer, también saben cómo se movieron las coimas de los chinos. Por esto nadie duda de que su destino, cualquiera que sea, será negociado.

Si Moreno puede efectuar esta cirugía como previsto; es decir a su entera ventaja, podrá decirse que está cerca de dar jaque mate al correísmo duro que, en la Plaza Grande, le grita traidor. Doris Soliz, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga…, para solo citar algunos casos, que metieron la mano al fuego por Glas, deben estarse preguntando en qué limbo quedan parqueadas. La debacle política del Vicepresidente arrastra al aparato de los Alvarado, Alexis Mera, Carlos Ochoa, Patricio Barriga… dedicado a mentir para negar la corrupción. Igualmente corre la alfombra bajo los pies de los asambleístas de Alianza País, empezando por María José Carrión y José Serrano, que usaron todas las piruetas formales imaginables para proteger a Glas. Y deja desnudo el modelo institucional, armado por el correísmo, para concentrar poder e impedir, como efectivamente ocurrió durante diez años, cualquier intento de fiscalización y control de una administración oscura y, en buena parte, corrupta.

La caída política de Glas, que ahora ya es irremediable, permite a Moreno ganar espacio político en Alianza País, dar cuerpo a su lucha etérea contra la corrupción y acomodar un nuevo tablero político. Su intervención de este lunes 31, llamando a los funcionarios a denunciar actos de corrupción, seguramente está pensada para convertirlo en adalid nacional de esta causa. Pero la caída de Glas no cierra el capítulo. Se evidencia como necesaria una cruzada real (no el discurso de seamos buenitos del Presidente) contra los corruptos de Alianza País y un cambio institucional para que haya verdaderas instituciones, independientes y profesionales, y una Asamblea que fiscalicen al gobierno de Moreno y los gobiernos seccionales. Hay que pasar del ajuste de cuentas al poder de pesos y contrapesos donde Justicia sea independiente y funcione.

En ese contexto, Glas era el último dique que el correísmo tenía en el gobierno y las instituciones. Sin él, Rafael Correa queda solo y terriblemente expuesto. La caída de Glas puede significar, en ese sentido, el inicio real del morenismo.

En la jornada Glas publicó este boletín: 

 

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