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Caso Odebrecht

Rodas se cocina en su propia salsa

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mauricio rodas en washington, gonzalo koncke, ed.

Mauricio Rodas puede decir lo que quiera: en Washington le fue muy mal. No sólo hizo un viaje infructuoso para entregar un puñado de comunicaciones irrelevantes en lugares donde nadie entendía qué quería sino que causó mala impresión en los funcionarios con quienes se reunió. En el Departamento de Justicia no lo recibieron. Tampoco lo hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, cuyo despacho le agendó una cita pero terminó enviando a un subalterno. En el resto de lugares (el Senado, el Departamento de Estado y la CIDH) sus ofrecimientos de ayuda, sus solicitudes de información sobre el caso Odebrecht y sus denuncias de persecución política fueron tomadas como lo que son: pataleos retóricos sin valor ni consecuencias. Para colmo, a su regreso encontró las cosas en el punto donde las dejó: con el Concejo exigiéndole explicaciones sobre el doble escándalo de las “conversaciones informales” con Odebrecht y las actuaciones de su operador político, Mauro Terán, preso por indicios de fraude fiscal. ¿Esperaba otra cosa? Finalmente la sesión extraordinaria de la que Rodas venía huyendo se producirá este jueves a las 10h00. Y él, que quiso ganar tiempo en Washington y lo perdió, no ha dado un paso que permita suponer que esta vez sí va a asumir sus responsabilidades.

Sobre el viaje a Washington da ternura oírlo: “Fue un viaje exitoso –dijo este lunes en Teleamazonas, donde lo entrevistó Janeth Hinostroza– porque permitió transmitir el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht y que caiga quien tenga que caer”. Cualquiera puede notar la desproporción  de estas palabras: es obvio que “dar a conocer el enorme interés de la Alcaldía para que se conozca toda la verdad sobre Odebrecht” es una acción que no sirve para nada: no sirve al caso, no sirve a la Alcaldía, no sirve a la ciudad. Y se podía hacer por Internet. Pero el periplo del alcalde no sólo fue infructuoso sino impertinente, como demuestra Daniela Salazar en el único balance publicado hasta el momento sobre el viaje. Los funcionarios que lo atendieron en el Departamento de Estado y en el Senado se habrán sorprendido de que acudiera a ellos con un tema en el que no pueden interferir por elemental respeto a la independencia de funciones del Estado. Y para quienes lo escucharon en la OEA y la CIDH, donde denunció una supuesta persecución política en su contra, lo único que quedó claro es que Mauricio Rodas no tiene un caso.

Si se pregunta en los despachos por donde pasó el alcalde, las impresiones generales no le favorecen. La primera, muy mala, tiene que ver con la obsesión de Rodas por exculparse. Un funcionario que llega para ofrecer su colaboración para resolver un caso de corrupción pero, cuando habla, no hace otra cosa que alegar inocencia, no puede sino despertar sospechas. Así, de despacho en despacho, fue el alcalde de Quito repartiendo su ansiedad por todo Washington. Los funcionarios que lo atendieron vieron a un tipo demasiado nervioso, un tanto confuso y ciertamente poco articulado a la hora de exponer su situación. Asustado, incluso. Que no sabía disgregar los temas de fondo de los datos de interés puramente local, incomprensibles en el extranjero. Que no fue capaz de presentar un resumen ejecutivo de lo que quería decir, que se enrollaba mucho. Y que tuvo la fatuidad de ir arrastrando un fotógrafo adonde fuera, ante cuya cámara saludaba con pose triunfal y cara de Facebook  a la salida de cada edificio público que visitaba.

Lo de Almagro debió doler. El secretario general de la OEA es famoso en Washington por recibir a todo el mundo. Incluso a grupos de estudiantes que han solicitado audiencias. Y Rodas tenía una cita. Pero ni Almagro estuvo para recibirlo ni la sede principal de la Organización le abrió las puertas. Fue en un edificio subalterno donde se reunió no con el secretario general sino con su jefe de gabinete, Gustavo Koncke. En la foto que el alcalde se hizo tomar con él y circuló en las redes sociales aparece Koncke con la misma cara de palo que pone el Papa cuando lo visita Macri, según hace notar significativamente un funcionario de la OEA que siguió el encuentro.

Aún después de tanto desplante y tanta indiferencia, Rodas tiene la pasta de acudir a Teleamazonas para hablar de los logros alcanzados en su viaje. Y para repetir su defensa en los casos Odebrecht y Mauro Terán como si no hubiera pasado un día desde que estallaron ambos escándalos. Rodas se aferra a sus argumentos iniciales que ya fueron desvirtuados y desechados en su ausencia, a los que ha sumado un par de nuevos, tan deleznables como los anteriores.

Sigue negando Rodas que Mauro Terán cumpliera otras funciones que no fueran las de un asesor político externo, a pesar de que varios concejales dieron testimonio de lo contrario en la sesión de la semana pasada. A pesar, también, de que los vecinos de El Condado y el barrio Bolaños, afectados por los proyectos de construcción de los Quitocables y de la vía Guayasamín, respectivamente, han declarado por escrito que conocieron a Terán no como un asesor político de Rodas, sino como el hombre que fue a negociar con ellos, a nombre del alcalde, los procesos de expropiación y desalojo.

Sigue repitiendo el alcalde el argumento de que el fraude fiscal que se imputa a Terán es un delito que nada tiene que ver con el Municipio, como si la probidad de quienes desempeñan funciones públicas, con o sin contrato, fuera un asunto privado. De hecho el alcalde, interrogado al respecto, es incapaz de decir de qué vive este personaje que dedica gran parte de su tiempo a servirlo.

Ahora sale además con que “es un gesto de delicadeza con la ciudad y con la administración municipal” él mantener a Terán fuera de la nómina, pues su área de trabajo es la política y el Municipio, lo dijo sin sonrojarse en Teleamazonas, “es una organización que se dedica a la gestión administrativa”. Como si no estuviera ya demasiado claro que la principal virtud de esta política consiste en mantener a Terán a resguardo de fiscalizaciones, auditorías y otras responsabilidades públicas propias de todo funcionario.

Niega que Terán tenga parqueadero en la sede municipal pero lo cierto es que ahí se parquea todos los días. Niega que tenga oficina pero lo cierto que la tuvo. Niega que exista en su administración un esquema de reparto de administraciones zonales entre concejales pero lo cierto es que las pruebas de ese reparto (que, además, le consta a todo el mundo) fueron presentadas en el propio Concejo  e incluyen grabaciones de audio y video que constan en actas.

Sigue jurando que el proceso de contratación del metro es el más transparente de la historia por el hecho de haber sido aprobado por los organismos multilaterales de crédito que financian el proyecto. Como si el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento o la Unión Europea actuaran como entes fiscalizadores en el Ecuador.

Sigue diciendo que el único documento del que se dispone en este caso, el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, no menciona a su Alcaldía. Y asegura que eso demuestra su inocencia. Cuando resulta claro que ese informe, en realidad, no menciona a nadie, y que la publicación de los nombres todavía está por producirse.

Por último, sin que Janet Hinostroza alcance a reaccionar y plantear las repreguntas que la situación reclama a gritos, se inventa el alcalde un nuevo eufemismo para dorar la píldora de las “conversaciones informales” que admitió haber tenido con Odebrech: ahora las llama “reuniones de trabajo”. Y dice que los organismos multilaterales estaban al tanto. Pero sigue sin saberse quiénes participaron, cuántas fueron, qué temas se trataron. Porque la verdad es que de esas reuniones no hay actas ni informes ni rendiciones de cuentas ni nada.

¿Son esas las respuestas que piensa llevar el jueves a la sesión extraordinaria del Concejo? Su desafortunado viaje a Washington debió ser una lección de humildad para Mauricio Rodas. Debió enseñarle que hay temas que no se pueden postergar y problemas que sólo se solucionan afrontándolos, no quejándose ni levantando cortinas de humo. Debió aterrizarlo sobre sus propias responsabilidades políticas. No fue así: el alcalde da muestras de que no entendió nada y parece estar dispuesto a aferrarse a su capacidad infinita de negación hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta sólo pasará una vez se publique la lista de nombres de los implicados en los casos de sobornos repartidos por Odebrecht en el Ecuador. Hay en estos momentos 77 funcionarios de esa empresa brasileña que han firmado un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos para entregar esa información a cambio de ventajas judiciales.  Si el alcalde, que se llena la boca de superlativos para hablar de su propia transparencia, tiene la conciencia tranquila con respecto a esa lista de nombres que tarde o temprano se hará pública, no se entiende el porqué de su nerviosismo, de sus dilaciones, de su negativa a afrontar los problemas sin artificios retóricos o eufemismos. Tampoco se entiende el porqué de su estéril viaje a Washington. Este jueves Mauricio Rodas tiene dos alternativas: o asume sus responsabilidades y dice la verdad ante el Concejo o se hunde un poco más en el pantano de la sospecha que se lo está tragando desde el día en que estalló este escándalo.

Arriba: Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la OEA, compone su mejor cara de palo para posar junto al alcalde de Quito. Foto tomada de la cuenta de Twitter de Mauricio Rodas.

La batalla es aquí, señor Alcalde

en Columnistas/Las Ideas por
daniela salazar, foto liviana

Un triste espectáculo acaba de dar el Alcalde de Quito, Mauricio Rodas, durante su reciente gira por Washington, D.C.  Repasemos lo que Rodas denomina una “exitosa agenda internacional”. En primer lugar, Rodas entregó en el Departamento de Estado un documento señalando su interés porque se divulgue información completa sobre el caso Odebrecht. El Departamento de Estado de EEUU es el equivalente a nuestra Cancillería y su competencia se refiere a temas de política exterior. El depositario de los documentos que se han producido en el marco de la investigación del caso Odebrecht no es el Departamento de Estado sino el Departamento de Justicia. Si bien la investigación ha tenido un impacto internacional, pedirle al Departamento de Estado que interfiera en la justicia para que se divulgue información relativa a dicha investigación no parece la posición más respetuosa de la separación de poderes. Lo mismo puede decirse de la reunión entre Rodas y el encargado para América Latina del Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense. Pretender que el Senado incida en una investigación de la justicia, resulta, por decir lo menos, antidemocrático.

En su siguiente parada, Rodas entregó un documento para el Departamento de Justicia, nuevamente insistiendo en que se difunda la información completa sobre la investigación del caso Odebrecht. Más allá de lo cuestionable que resulta un viaje del Alcalde para entregar personalmente una carta, es necesario recordar que los documentos que se han publicado son parte de un plea agreement, es decir, un acuerdo en que el acusado admite su culpabilidad a cambio de una concesión fiscal: Odebrecht ha reconocido su responsabilidad y se encuentra cooperando con la justicia estadounidense en el marco de una investigación en curso.  Como parte del acuerdo, 77 ejecutivos de Odebrecht están colaborando con la justicia estadounidense para divulgar, entre otros, la identidad de los funcionarios sobornados. Los documentos que se han revelado son los que se pueden revelar hasta el momento sin comprometer esa investigación en marcha. La carta de un Alcalde, aunque haya sido entregada en persona, difícilmente va a modificar los plazos que maneja el Departamento de Justicia dentro de esta enorme investigación que involucra a funcionarios de una docena de gobiernos.

Posteriormente, el Alcalde se dirigió a la OEA. No pidió la reunión por medio de la Misión del Ecuador ante la OEA. No fue recibido por el Secretario General Almagro sino por su jefe de gabinete. Ninguna de las funciones que la Carta de la OEA en su capítulo XVI le atribuye a la Secretaría General tiene relación alguna con la investigación que sobre el caso Odebrecht realizan la Fiscalía de Ecuador o el Departamento de Justicia de EEUU. Así, la denuncia de Rodas sobre persecución política en época electoral en Ecuador bien pudo realizarse ante la Misión de Observación Electoral de la OEA, que por cierto ya se encuentra en Ecuador, lo que le ahorraba el viaje a Washington, D.C.

Lo más reprochable de su gira por Estados Unidos fue su parada final, en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde denunció que están siendo víctimas de persecución política. La Comisión Interamericana tiene a su cargo la promoción de la observancia y la defensa de los derechos humanos en los Estados de la OEA. Realiza sus funciones a través de distintos procedimientos, todos ellos son formales y ninguno requiere que la supuesta víctima viaje en persona a Washington D.C. Si el Alcalde o su equipo se consideran víctimas de violaciones a sus derechos humanos, pueden presentar una denuncia a través de un formulario en línea, después de haber agotado los recursos de la jurisdicción interna. Pretender saltarse los procedimientos tanto internos como internacionales para ser recibido por la Comisión, que tiene más de 9600 denuncias de violaciones de derechos humanos pendientes de estudio inicial, demuestra una absoluta falta de respeto frente a las víctimas de derechos humanos que desde hace años esperan que este organismo tan colapsado pueda tramitar sus casos.

No dudo que en Ecuador se esté utilizando a la justicia con fines persecutorios. Pero este no es el primer caso. ¿Por qué el Alcalde no ha alzado su voz ante otros perseguidos políticos? El silencio cómplice del Alcalde ante los casos de persecución sólo se rompió cuando le tocaron a su mano derecha. Intriga que ahora el Alcalde señale que el gobierno de Rafael Correa está usando este caso para perseguir a la oposición,  cuando él nunca se ha identificado a sí mismo como oposición. Llama la atención que justo en época de elecciones pretenda distanciarse del gobierno, cuando durante su administración no ha hecho más que reproducir algunas de las peores prácticas del correísmo, como la falta de transparencia en la contratación pública y el uso de cuentas institucionales como repetidoras de la propaganda oficial.

Si el Alcalde quiere luchar contra la corrupción, debe alzar su voz en todos los casos, no sólo en aquellos que podrían comprometer al Municipio. Si el Alcalde busca que todos podamos conocer la verdad tras el caso Odebrecht, debe dejar de dirigir todos sus esfuerzos a politizar el caso. Si el Alcalde todavía se considera democrático, debe dejar de pretender que organismos ajenos a la justicia presionen a los encargados de una investigación en curso. Si el Alcalde tiene elementos para demostrar que se está utilizando la justicia como herramienta de persecución política, debe dar la batalla en Ecuador, no correr a lamentarse en Washington.

Sabatina 508: Indiana Jones contra los chicos malos

en La Info por
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La corrupción de los otros. Así debería titularse la sabatina número 508 que el presidente ofició desde el cantón Rumiñahui. Se acababa de bajar del avión que lo trajo desde Nueva York, donde desplegó una titánica agenda que lo afianzó como uno de los grandes líderes mundiales del momento, y apenas se dio tiempo para desayunar. Porque “así es la vida del presidente, como Indiana Jones”.

Ocurre que el presidente encontró la clave del esquema de corrupción que sacude al Ecuador: se llama Charly Pareja y es, dice, el “jefe de toda esta red”. Charly Pareja, hombre histórico de Febres Cordero, recibió transferencias de dinero sucio de Carlos Bravo y está prófugo. Ya lo tenían en Lima pero el gobierno lo dejó escapar con sospechosa negligencia, según ha revelado la diplomacia peruana. Se entiende por qué: a este señor nadie lo quiere donde pueda hablar. Sin embargo, el presidente está feliz de haber dado con él porque resulta extremadamente provechoso a la hora de imaginar conspiraciones. Basta dibujar su careto en una cartulina y luego tender flechitas hacia los caretos de sus contactos reales o ficticios, tal y como hizo la Secom en el video en que explica el caso.

El resultado es algo peor que un esquema de corrupción: es el mapa de lo que el presidente llama “la contrarrevolución”. Y es delirante. Ahí, juntos en el mismo saco, están Odebrecht y los Isaías, Mauro Terán y Andrés Páez, Jacobo San Miguel (a quien alude pero no nombra) y Fundamedios, Fernando Villavicencio y Galo Lara… Todos son parte de una misma operación, todos están unidos por flechitas más o menos directas al careto de Charly Pareja. Ahora resulta que Mauro Terán tiene que ver con el escándalo de la Refinería, Fundamedios es cómplice de la crisis bancaria, Fernando Villavicencio se las trae con Odebrecht… Porque según el presidente todo es lo mismo.

Si Rafael Correa consigue establecer tan curiosas conexiones es gracias a la abrumadora imprecisión con que habla de estos temas delicados. Le basta, por ejemplo, con el hecho de que “el principal implicado en el caso Refinería”, Charly Pareja, sea “el principal abogado de Odebrecht”, para concluir que ambos casos son uno solo. El caso Refinería, dijo, ahora es el caso Odebrecht. El uno trata de cómo se repartieron 30 millones en sobornos; el otro, de cómo se gastaron 2.200 millones en construcción de infraestructura bajo la responsabilidad de su vicepresidente. No importa, desde hoy son un solo caso. Charly Pareja lo prueba.

Así que arrancaron las investigaciones y no tardaron en dar con el primer culpable: Mauro Terán. El presidente habla del asesor informal de Mauricio Rodas con la certeza de que los 6 millones no declarados que encontraron en sus cuentas provienen de coimas repartidas por Odebrecht. Ya lo dijo el sábado anterior pero en esta ocasión se explaya. Expone sus cuentas, pone en ridículo al alcalde que viajó a Washington “a quejarse con los patrones”, deplora el silencio de los medios de comunicación que él llama mercantilistas… Y vuelve a poner sobre el tapete al otro gran implicado, al que prefiere no nombrar porque es candidato a asambleísta (por CREO, había dicho) y no puede ser imputado hasta después de elecciones. A estas horas ya nadie duda de que se trata de Jacobo Sanmiguel, el único candidato de Tungurahua del que se tenga noticia que acompañó al alcalde en un viaje a Brasil. Según el presidente ha manejado “como 30 millones”. Qué casualidad: la misma suma que repartió Odebrecht en el país según el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos. “Ya están detectados los movimientos –dice Correa–, multimillonarios”. Y cuando habla produce la incómoda sensación de que maneja datos privilegiados, información que la Fiscalía niega al común de los mortales pero aparece en la sabatina como si tal cosa; y la aún más incómoda sensación de que está dando instrucciones. Porque todos los movimientos financieros son “coincidentes con la negociación del metro de Quito con Odebrecht”. Y claro, él no cree en coincidencias, está clarísimo lo que la justicia debe hacer.

Habla Correa sin parar y en la avalancha de datos e interpretaciones que despacha alegremente el espectador se extravía y pierde con facilidad el hilo de su razonamiento. Pero ¿no había dicho, antes de empezar a repartir culpas entre los amigos de Mauricio Rodas, que se disponía a hablar del caso Refinería Esmeraldas? Sí, eso dijo. Y apenas nombró a Charly Pareja saltó hacia Mauro Terán con la soltura de huesos de un atleta olímpico. Y ahí no termina su performance. Lo que sigue es deporte de alto riesgo.

Porque resulta que Pareja no sólo es “el principal abogado de Odebrecht” sino también “el principal abogado de los Isaías”. Bingo. Desde la crisis bancaria para acá todo cabe en el mismo saco.

“Esta es la parte más importante de la sabatina”, anuncia Correa. “Para que vean lo que hemos tenido que enfrentar”. Charly Pareja no sólo es el jefe del esquema de corrupción sino la cabeza visible de la contrarrevolución: “¡Lo que se ha descubierto en los mails en las audiencias!”. Correos electrónicos que el presidente no explica bien si sobrevivieron milagrosamente a la destrucción de la computadora de Pareja, consumada por él mismo antes de darse a la fuga, o si “estaban almacenados en otra parte”, como dejó caer mientras buscaba con la mirada la aprobación de alguien fuera de cámara. ¿Cuál será esa otra parte? ¿Los archivos de la Senain?

Pareja: implicado en el caso Refinería. Abogado de Odebrecht. Abogado de los Isaías. ¿Para qué seguir investigando? Aquí es donde entra el video de la Secom con sus caretos y sus flechitas, pruebas irrefutables de la gran conspiración cuyos hilos se manejan desde Miami. Flechita a Fundamedios: ustedes se encargan de la campaña mediática. Flechita a Fernando Villavicencio: usted se encarga de escribir sobre la corrupción en el gobierno. Flechita a Emilio Palacio y Galo Lara: ustedes se encargan de victimizarse. Todo para “atacar al presidente y tratar de desestabilizarlo”. “Una verdadera contrarrevolución con plata de Isaías y sus corifeos en Ecuador” ¡Hay que ver lo que ha tenido que enfrentar el presidente! ¡Que dos galarifos se victimicen es intolerable! Eso tumba a cualquier gobierno.

Correa encontró la mejor forma de culpar a los mensajeros. No importa que las “campañas mediáticas” de Fundamedios sobre los atropellos contra la libertad de expresión perpetrados por el gobierno estén fundadas en hechos ciertos. No importa que las investigaciones de Fernando Villavicencio sobre la corrupción correísta estén tan bien documentadas que no han podido ser desmentidas hasta la fecha por ninguno de los funcionarios implicados en ellas. Basta con lanzar la acusación, sin más pruebas que una flechita entre dos caretos, de recibir de que sus autores son financiados por los Isaías para desvanecerlo todo. Y decir Isaías quiere decir crisis bancaria, quiere decir Charly Pareja, o sea Odebrecht, Refinería Esmeraldas, Mauro Terán, Jacobo Sanmiguel… Y no hay que seguir tirando de esa cuerda porque seguro aparecen Darth Vader y Saruman. La maldad en estado puro.

Lo de Correa no es una cortina de humo: es una avalancha de escombros en la que cabe todo lo que pueda encontrar en el desván de sus malquerencias y que descarga sobre el caso Refinería Esmeraldas con la esperanza de tapar sus propias responsabilidades políticas y las de su candidato vicepresidente.

La corrupción de los otros llena de orgullosa alegría al presidente y le insufla el pecho de una ciega cólera en partes iguales. Ya no hace falta seguir buscando donde todos han buscado y esculcado hasta con lupa y que ha sido investigado, fiscalizado, auditado y supervigilado hasta en sus mínimos detalles: su propio gobierno. Ahí no hay nada y nada han encontrado. Porque “somos gente de manos limpias” y “el problema de la corrupción no es el control, el problema de la corrupción es el corazón del ser humano, la falta de principios, la falta de valores”. Busquen más bien al otro lado de la Plaza Grande porque de éste sólo hallarán corazones ardientes por la patria”. Los malos son los demás.

Rodas se volvió aliado de sus sepultureros

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concejo sublevado

Volar a Washington fue la peor idea que pudo ocurrírsele al acalde.

En primer lugar, porque a estas alturas no existe actor político de la ciudad que no reconozca la esterilidad del viaje; hasta Gonzalo Rosero lo hizo notar hoy jueves en radio Democracia. Denunciar una persecución política en su contra, exigir una lista de nombres al Departamento de Justicia de Estados Unidos, ofrecer su colaboración para esclarecer el caso Odebrecht…  Todo no es más que un saludo a la bandera y un despliegue escenográfico, y nada de eso demanda su presencia allá; otra cosa es que él no quiera estar acá. En segundo lugar, fue una mala idea porque su ausencia (y la de Mauro Terán, cabe suponer) propició una insubordinación del Concejo Metropolitano a la que plegaron incluso concejales aliados e independientes que por lo general votan con él. Ahora Mauricio Rodas tiene por delante una sesión extraordinaria en la que deberá rendir cuentas de las informalidades admitidas por él mismo: la de sus conversaciones con Odebrecht y la de su relación con Mauro Terán, asesor sin nombramiento a quien el presidente de la República atribuye la condición de ser “el poder tras el poder en el Municipio”.

Sesión extraordinaria: justo lo que él quería evitar, sólo que ahora son 19 de 21 concejales quienes se la exigen. Antes de su partida no llegaban a 11. Que se recuerde, es la primera vez que este alcalde, cuya estrategia política consiste precisamente en evadir la política, termina siendo forzado por el Concejo a aterrizar en ella.

Se discutió y aprobó el proyecto de resolución presentado por Daniela Chacón, que incluye la convocatoria a sesión extraordinaria (para que el alcalde informe sobre las actuaciones de todos sus “asesores externos”) y la adopción de varias medidas para transparentar el proceso de contratación de Odebrecht y la relación de Mauro Terán con la Alcaldía: examen de la Contraloría a las declaraciones de bienes de los concejales; examen especial a todos los funcionarios que participaron en el proceso de contratación de Odebrecht en ésta y la anterior administraciones; sanción a los funcionarios que no entregan al público la información pública; disposición para que la Empresa Municipal de Obras Públicas y la Empresa Metro de Quito remitan en 15 días al Concejo toda la documentación relacionada con Odebrecht que mantienen en secreto…

Todo salió mal para Mauricio Rodas.

Primero: la información que su alcaldía demoraba en entregar la repartió Eduardo del Pozo, el vicealcalde a cargo de dirigir la sesión, pronto a reaccionar a la coyuntura con gestos magnánimos que lo hagan flotar ante los concejales.

Segundo: su defensa de que el problema de Mauro Terán, imputado por fraude fiscal, es uno de índole particular que nada tiene que ver con el Municipio dado que no es funcionario, fue desvirtuada por Daniela Chacón con el argumento de la responsabilidad pública: si Terán cumplió delegaciones del alcalde sin ser funcionario, o sea sin la posibilidad de ser fiscalizado ni la obligación de rendir cuentas a nadie, el caso es más grave de lo que la Alcaldía pretende.

Tercero: sus intenciones de borrarse del mapa hasta el 22 de enero quedaron al descubierto y fueron objeto de burlas y de suspicacias. Porque no sólo iba a Washington el alcalde. Su próxima escala programada era Davos, donde pretendía asistir al Foro Económico Mundial. O sea que después de salvar al Ecuador en Estados Unidos Rodas quería salvar al mundo en Suiza mientras dejaba a Quito arder en llamas. “¡Suiza!”, se escandalizó el concejal correísta Jorge Albán: “¡El mayor paraíso fiscal del planeta!”. Finalmente se anunció que Rodas, que al parecer no sabe si va o viene y vacila por momentos en su estrategia de improvisaciones, había cambiado de opinión y decidido regresar el día 14.

Ya nadie pasó por alto el tema de las “conversaciones informales” con Odebrecht admitidas por Rodas en la anterior sesión del Concejo, la semana pasada. En ese momento muy pocos reaccionaron ante esa revelación tan comprometedora. Hoy todos se escandalizan. Y todos aportan con su granito de arena a la montaña de dudas que genera Mauro Terán: que no sólo era operador político sino administrativo, dijo Patricio Ubidia; que era el delegado directo del alcalde para cuestiones importantes, aseguró Anabel Hermoza; que se reunía con todos y coordinaba la agenda legislativa, reveló Luisa Maldonado…

Sin argumentos defendibles, los concejales fieles a Rodas recurrieron a la obstrucción jurídica y apelaron a cuestiones de procedimiento. Según ellos, nadie sino el alcalde tiene la atribución de convocar a sesión extraordinaria del Concejo. Incluso contaron con la ayuda del procurador municipal, que fue llamado a consulta y se pronunció a favor de esa extraña interpretación que, de ser cierta, dejaría a un órgano parlamentario sin la posibilidad de autoconvocarse. No bastó. La concejal Ivonne von Lippke arrastró, metafóricamente hablando, al procurador municipal. “Usted no es juez”, le dijo, y procedió a darle lo que llamó “una lección de derecho”.

Si Von Lippke arrastró al procurador, Albán hizo lo propio con el secretario del Concejo, a quien se le ordenó la semana pasada remitir toda la documentación faltante sobre el proceso Odebrecht y no lo hizo. “¡Usted es secretario del Concejo, no del alcalde!”, le recordó Albán, exaltado.

Ese es el clima con que deberá enfrentarse Mauricio Rodas la próxima semana cuando acuda a la sesión extraordinaria del Concejo. Lo que traiga de su viaje, el informe del resultado de sus gestiones ante los organismos que visitó en Washington, de poco le servirá para contener la avalancha que se le viene encima. Básicamente porque no hay resultados que mostrar. Sus relaciones con el Concejo Metropolitano están en su peor momento. Y, para su desgracia, no cuenta con un Mauro Terán que le apague el incendio con negociaciones informales.

Mauricio Rodas puso pies en polvorosa

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Mauricio Rodas compra tiempo desesperadamente. Por horas. Ante la perspectiva de rendir cuentas este jueves ante el Concejo Metropolitano sobre su relación con el detenido Mauro Terán, puso pies en polvorosa. Hoy voló a Washington dizque para pedir al Departamento de Justicia de Estados Unidos que difunda la información completa sobre las supuestas prácticas irregulares de Odebrecht en Ecuador. Para que “se esclarezca la verdad –dijo en el aeropuerto, antes de subirse al avión– y se desvirtúen todas las acusaciones, las especulaciones sin sustento”. También acudirá a los organismos de derechos humanos de la OEA para denunciar lo que considera como una persecución política del gobierno en su contra. Este viaje, montado a última hora, le permitirá eludir por esta semana los dos pedidos presentados por los concejales (uno de Daniela Chacón, otro del bloque de PAIS) para que explique con detalles los alcances de su relación con el asesor político Mauro Terán, detenido por orden de la Fiscalía bajo la acusación de fraude fiscal.

En un comunicado que leyó ante la prensa hoy, 10 de enero, Rodas dijo conocer a Mauro Terán como “una persona honorable”. De paso, dio por cerrados dos temas que lo acosan: uno con el Concejo y otro con la opinión pública. Al Concejo, que solicita debatir el tema, le dijo que cualquier lío que su asesor tuviera con las autoridades tributarias es un problema “de índole particular”. A la opinión pública, interesada en saber qué hace Mauro Terán en la alcaldía, ratificó que él no es funcionario municipal, pero que ha colaborado con su administración desde el principio. Lo cual da más fuerza a las preguntas planteadas por los concejales. Los de PAIS aseguran haber visto a Terán como delegado del alcalde en las reuniones donde se conformaron las comisiones municipales e intermediando entre la Alcaldía y el Concejo. Ellos y Daniela Chacón se preguntan en virtud de qué figura legal lo hacía. Y si cumplía, además, otros papeles en los directorios de las empresas municipales y en la negociación de contratos.

Lo de la figura legal es clave. El alcalde admite que Terán no es funcionario. ¿Trabajaba gratis? ¿Por qué tenía oficina y parqueadero? ¿Por qué la secretaria del Concejo era su mano derecha? ¿Cómo consiguió ascender hasta el punto en que el presidente de la República lo llama “el poder tras el poder en el Municipio de Quito”?

En lugar de quedarse en Quito para contestar estas preguntas al Concejo, Rodas ensaya un gesto tan teatral como vacuo: viaja hasta Washington para presentar, seguramente en una ventilla del Departamento de Justicia, un documento que podría enviar por correo electrónico. Y que, de cualquier manera, carece de sentido: ¿el alcalde de Quito va a decir al Departamento de Justicia de Estados Unidos lo que tiene que hacer? Esta opereta terminará con una foto p’al Face. Como la que se hizo en Roma con el Papa.

A Washington lo acompaña Gastón Velázquez, presidente encargado de la Comisión Metropolitana Quito Honesto. Gracias a esta coyuntura la opinión pública se ha enterado de su existencia. También Rodas tiene, como Correa, una suerte de secretaría de la transparencia donde un equipo de funcionarios recibe un salario para perseguir la corrupción mientras la corrupción campea.

Es curioso por demás que, mientras Rodas pide en Washington que se entregue toda la información, en Quito es especialista en ocultarla. Los concejales de PAIS revelaron hoy que el contrato con Odebrecht, que la Alcaldía hizo publicar esta semana con 10 meses de retraso, es en realidad un tercio del contrato total: publicaron 180 páginas de las 530 que tiene el original que reposa en una notaría y cuya copia está a disposición del público por 800 dólares. Además, no ha entregado 33 documentos que él citó en su informe sobre Odebrecht pero ningún concejal ha visto.

Otro de los problemas que le esperaban el jueves al Alcalde es la acusación que hizo Rafael Correa este lunes en sus redes sociales. “Tenemos movimientos millonarios –dijo– en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea”. En clara referencia al caso de Mauro Terán, Correa dijo que tampoco ese candidato tiene “cargo” pero que “todos saben (está) vinculado a las negociaciones del Metro”. No dio nombres. 4Pelagatos supo que el tungurahuense Jacobo Sanmiguel, que es candidato alterno de su propia esposa en la lista nacional de la alianza CREO-SUMA, fue parte de la delegación que viajó a Brasil con Mauricio Rodas en marzo de 2014, es decir, después de electo pero antes de asumir el cargo. Quizás el alcalde pueda decir quién pagó ese viaje que se hizo en un momento en que ya Odebrecht había si precalificada para participar en la licitación por el metro y había presentado, en sobre cerrado, la carpeta con su oferta.

La cortina de humo que asfixia a Rodas

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El caso Odebrehct cayó como una bomba de alta potencia en medio de la Plaza Grande. A ambos lados del monumento a la Independencia los rabos de paja han comenzado a arder. Y los abogados, asesores y funcionarios de alto rango se entregan a la tarea de tender cortinas de humo para dirigir la atención de los ciudadanos hacia donde no les incomode. Carondelet y el Municipio protagonizan este mano a mano de acusaciones y suspicacias mutuas en el cual la figura de Mauro Terán, el operador político del alcalde Mauricio Rodas detenido el viernes por orden de la Fiscalía y sobre quien pesa una acusación de fraude fiscal, parece llamada a desempeñar un papel clave.

La olla de grillos de Odebrecht se destapó con la publicación de un informe del Departamento de Justicia según el cual la constructora brasileña repartió sobornos por 33 millones de dólares en Ecuador entre los años 2007 y 2016. El primer funcionario gubernamental que salió a dar la cara para afrontar la embestida de la opinión pública fue el secretario jurídico de la Presidencia, Alexis Mera. Recordó que fue el gobierno nacional quien expulsó a Odebrecht en 2008, lo cual es cierto. Pero también es cierto –y no lo dijo– que la volvieron a traer en condiciones muy perjudiciales para el país, como ya contó 4pelagatos. De inmediato, Mera puso en marcha la que se ha demostrado es la principal estrategia de Carondelet en este caso: dirigir todas las sospechas de corrupción hacia el Municipio de Quito.

Dijo: “El gobierno nacional no es el más grande contratante de Odebrecht, el más grande contratante de Odebrecht es el Municipio de Quito, que ha tenido dos grandes contratos: el de la Ruta Viva y el del Metro, que está en ejecución”. La declaración saltó a la portada del diario correísta El Telégrafo y los trolls del gobierno, con la unanimidad que los caracteriza, se entregaron a la tarea de lanzar lodo contra el alcalde Rodas y su administración.

Siguió el intercambio de versiones entre los dos alcaldes implicados: Augusto Barrera y Mauricio Rodas. Barrera hace notar que, si bien el concurso para la adjudicación del metro fue convocado durante su gobierno, todo el proceso contractual quedó en manos de su sucesor, que terminó incrementando los costos. Rodas, de su parte, respaldado en un informe de Contraloría, acusa a su antecesor de haber subvalorado el presupuesto referencial de la obra, con los consiguientes problemas a la hora de adjudicarla y contratarla.

Pero el problema para el alcalde no está solamente en Carondelet, mucho menos en Barrera. Su pesadilla está dentro de casa: en el Concejo Municipal, donde apenas maneja una precaria mayoría por un voto de diferencia, fruto de los esfuerzos negociadores del ahora detenido Mauro Terán. Esa mayoría no le impide ponerse en evidencia durante los debates.

Los pedidos de los concejales de oposición para que se rindiera un informe pormenorizado sobre las relaciones del Municipio con Odebrecht obligaron a Rodas a tratar el tema en una sesión extraordinaria, el miércoles de la semana pasada, a la que acudió visiblemente nervioso e irritable. Y aunque tenía todo preparado y bien montado, con la ayuda del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, le fue mal. Fue durante esa sesión que el alcalde terminó admitiendo haber mantenido “conversaciones informales” con Odebrecht, conversaciones que condujeron, dijo, a la redacción de un “acta de entendimiento”. De esas reuniones no se levantaron actas, se ignora cuántas fueron y quiénes asistieron a ellas. Mauricio Anderson asegura que todas ocurrieron en las oficinas de Metro de Quito, pero muchos se preguntan si los viajes del alcalde a Brasil (adonde fue acompañado, entre otros, por Guillermo Celi y el tungurahuense Jacobo San Miguel, hoy candidatos a asambleístas nacionales por la alianza CREO-SUMA) tienen alguna relación con este caso.

Que en medio del escándalo de Odebrecht, que es un caso de alcances continentales, un funcionario de alto rango admita haber tenido “conversaciones informales” con esa empresa antes de adjudicarle el contrato más jugoso de la historia de la ciudad, es algo que sería un escándalo para cualquier servidor público que no tuviera las buenas relaciones con los medios de comunicación tradicionales que Rodas se ha preocupado por cultivar.

El siguiente capítulo de esta historia ocurrió el viernes por la noche en el aeropuerto de Quito, donde el asesor sin nombramiento y operador político de Rodas, Mauro Terán, fue detenido por orden de la Fiscalía, acusado de fraude fiscal. Se detectaron movimientos no justificados por 6 millones de dólares en sus cuentas bancarias. En el Municipio se sabe que Terán, aparte de ejercer la mediación política entre la Alcaldía y el Concejo, ejerce su poder y su influencia en la llamada “mesa chica de decisiones”, un gabinete extraoficial por donde pasan las decisiones importantes del Cabildo. Y muchos lo colocan a la cabeza de las negociaciones y los contratos más sensibles.

Por eso, al día siguiente, cuando el presidente Rafael Correa se presentó en su sabatina, una enigmática sonrisa le pintaba el rostro. Como quien se guarda el as ganador bajo la manga, anunció que están por conocerse las investigaciones que demuestran que la corrupción en este caso no está en el gobierno, sino en otros organismos. El lunes por la mañana, en sus cuentas de redes sociales, fue más específico. Dijo que Mauro Terán “es el poder tras el poder en el Municipio de Quito”, cosa que sabe todo el mundo y en particular él, que durante años negoció con Terán a través de su secretario privado, Omar Simon. Y, por primera vez y aunque los cargos levantados por la Fiscalía no hacen ninguna alusión al respecto, vinculó a Terán con el caso Odebrecht: “Ha tenido depósitos millonarios en sus cuentas –dice–, sin registrar ingresos al SRI”. Y la perla: “Coincide con fechas de contratación del metro”.

Habló también de “movimientos millonarios en cuentas de candidato de derecha por Tungurahua a la Asamblea, nuevamente sin cargo, pero todos saben vinculado a negociaciones del metro”.

Por supuesto que en Carondelet saben perfectamente quién es Terán. Que decidan actuar contra él en este momento, mientras con la otra mano persiguen y dejan escapar a Charly Pareja, símbolo de los manejos socialcristianos, revela que el gobierno está empeñado a fondo en una estrategia distractora para alejar de sí todas las sospechas. El caso es que Terán fue detenido en tiempo récord (que ya quisiera el Ecuador haber visto aplicado en otros casos, como el de Pareja Yannuzzelli, por ejemplo) y no está claro que se le respetaran sus derechos a un debido proceso. ¿Lo acusan de un fraude fiscal operado entre 2012 y 2016 y lo toman preso por delito flagrante en 2017? No es muy ortodoxo.

¿Es esto es una cortina de humo, como dicen los trolls del Municipio, tan activos y violentos como los del gobierno? Sí, pero una que tiene un fuerte asidero en la realidad y que obliga a Mauricio Rodas a dar explicaciones sobre su operador político, las atribuciones que él le ha concedido, las funciones que desempeña en el Municipio, su papel en la negociación de los contratos… ¿Lo hará? Los concejales de oposición están empeñados en que así sea. Ya hay un pedido presentado (por Daniela Chacón) para que se incluya ese punto en el orden del día de la sesión que el Concejo Metropolitano tiene programada para el próximo jueves. Y el bloque de PAIS está por elevar el suyo. Pedidos que la secretaría del Concejo está obligada a tramitar.  ¿Se presentará el alcalde y rendirá cuentas ante la opinión pública? La cortina de humo que fabricó el gobierno para eludir sus propias responsabilidades en el caso Odebrecht se volvió una telaraña para el alcalde de Quito.

Correa no quiso quedarse atrás del ‘yo sí sé’ de Galo Chiriboga

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¿Saben quiénes no recibieron coimas de Odebrecht? ¿Saben quienes no son corruptos? Ustedes no saben pero yo sí sé. Los corruptos son todos, menos nosotros los honestos.

Aunque no con las mismas palabras pero sí con ese mismo razonamiento, el presidente Rafael Correa confirmó en su enlace 507 en Cuenca que la celebérrima declaración de Galo Chiriboga, sobre las investigaciones en el caso Odebrecht, no es únicamente una desafortunada frase del Fiscal, sino una especie de coartada o mantra que el correísmo ha desarrollado para defenderse de las evidencias de la corrupción que aparecen como hongos tras la lluvia. Algo así como un si ustedes llegan a saber algo que no es lo que yo sé, entonces todo es falso y montado.

Según Correa, los que recibieron las coimas de Odebrecht están ya identificados: es cualquiera que no es  parte de su gobierno. Y si se llegara a decir que alguien de su gobierno está en las listas de quienes recibieron coimas de la empresa brasileña, entonces todo es una mentira y un montaje que hace parte de una conspiración nacional e internacional. Una conspiración en la que se han confabulado los intereses geopolíticos de los EEUU  y la agenda de la familia Isaías en Miami.

La poca corrupción que existe en el Ecuador, sostuvo Correa desde Cuenca, se produce únicamente porque es imposible de detectar, porque hay funcionarios que no han sido nombrados en su gobierno y porque existen paraísos fiscales en los que se puede ocultar el resultado de los robos. “Hemos sido muy cuidadosos. Tenemos el sistema de compras públicas más moderno de la región”, aseguró Correa para quien es imposible pensar que la corrupción se produce sobre todo en países que, como el Ecuador, carecen de un sistema de pesos y contrapesos que garanticen una fiscalización correcta y que no permitan el abuso de poder de los funcionarios.

En la lógica de Correa, como se vio en la sabatina, los casos de corrupción de los que se habla estos días en el país es una conspiración que los sufridores han montado porque no se cumplió su pronóstico de que la economía iba a colapsar antes de que el 2016 acabara. “Como no colapsó la economía entonces ahora viene el cuento de la corrupción”, dijo sin empacho alguno Correa muy al inicio de su sabatina, en la que si hubo alguna sorpresa fue únicamente la reaparición de dos emblemas del correísmo que habían desaparecido del radar y que estuvieron entre los espectadores: Fernando “Corcho” Cordero y Carlos Marx Carrasco.

En efecto, en la mente del Presidente el tema de corrupción es un invento creado por quienes están frustrados porque la economía del país no colapsó. ¿Algún esfuerzo por pedir información internacional sobre las revelaciones hechas por la propia constructora brasileña? No. ¿Algún anuncio de que hará algo parecido al gobierno del Perú que está tratando incluso que Odebrecht colabore devolviendo las ganancias ilegítimas y entregando más datos sobre los coimas? Tampoco. A Correa lo único que le interesa es preparar el terreno por si acaso alguien llega a señalarle a él o alguien de su gobierno como beneficiario de las coimas de Odebrecht o de la corrupción en general.

En ese esfuerzo, si el fiscal Galo Chiriboga creó la obra maestra de la historia del cinismo criollo el jueves con su inolvidable “¿saben qué sabemos del caso Odebrecht?”, Correa no pudo quedarse atrás y lanzó la afirmación de que si había algún cabecilla de toda la corrupción tenía que ser un socialcristiano y que fue Dios que ayudó en encontrarlo. “Como diosito es de la 35, resulta que el principal corrupto resultó ser un socialcristiano”, dijo refiriéndose a Charly Pareja quien, según el Presidente, logró corromper a mucha gente que ha trabajado en Petroecuador pero que, claro está, no fue nombrada durante su Gobierno. La corrupción es, en la cabeza de Correa, una creación diabólica concebida por unas fuerzas oscuras que quieren perjudicarlo. Nada que valiera, en todo caso, una auténtica investigación internacional.

Correa es, empero, un mentiroso compulsivo. Por un lado sostiene que su gobierno está empeñado en capturar y castigar a todos los implicados en la corrupción de Petroecuador, pero por otro no dice nada sobre la afirmación del gobierno peruano en el sentido de que no ha recibido un solo pedido oficial del gobierno ecuatoriano para capturar a Carlos Pareja Yanuzzelli, el arquitecto de los sobreprecios en los trabajos de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. En efecto, en la sabatina no hubo una sola alusión al contundente y engorroso “el Ministerio del Interior de Ecuador no me mandó un oficio a mí, pero yo sí a él diciéndole queremos apoyar en esto, pero para poder detener a las personas se necesita una orden de captura internacional. No la había en ese momento”, del ministro peruano Carlos Basombrío.

El tema de Odebrecht es, para el Presidente, algo con lo que “hay que tener mucho cuidado”. Pero no por lo serio y verosímil que puedan resultar las denuncias sino por que ahí existe una conspiración ya que resulta demasiado extraño que una congresista republicana de La Florida haya pedido a la Fiscal de los EEUU los nombres de los posibles coimados del Ecuador y no de los otros 10 países mencionados en la lista. “Huele feo y no hay que dejarse sorprender”, dijo refiriéndose al pedido de la congresista Ileana Ros-Lehtinen a la fiscal Loretta Lynch.

Según el Presidente, si esta legisladora estadounidense hace el pedido es únicamente porque los Isaías financiaron su campaña. “Resulta que esta señora es congresista republicana de Florida, sus campañas fueron financiadas por los Isaías. Como les dije hace algunos días, algo tan sagrado como la lucha contra la corrupción se politiza y se trata de utilizar geopolíticamente y electoralmente. Por ahí van los tiros”. Lo que no menciona, obviamente Correa, es que si Ros-Lehtimen hace el pedido sobre el caso ecuatoriano exclusivamente es porque el Ecuador es el único país de los once mencionados en la lista de Odebrecht que no ha pedido la colaboración del Departamento de Justicia de los EEUU o de la propia Odebrecht.

El Presidente, además, teje cualquier argumento para convencer a quienes lo escuchan de que es absurdo pensar en que sea cierto que Odebrecht sobornó a funcionarios de su gobierno. Esa empresa, dijo, “no necesitaba pagar para ganar un contrato, lo ganó por concurso. ¿Ustedes han escuchado un reclamo de los que perdieron? Nunca, porque eran concursos abiertos, transparentes. Pero la mala costumbre de coimar es una práctica. ¿Cómo se detecta?”. Cuando dijo esto, llegó a parecer que trataba de defender a la constructora brasileña.

Fue en el contexto de su tesis de que si hay culpables de corrupción jamás serán funcionarios de su gobierno que se refirió, aparentemente, a la detención de Mauro Terán, asesor del alcalde Mauricio Rodas, la noche del viernes. “Ya están avanzando las investigaciones” dijo y agregó que en esas investigaciones se han encontrado cuentas bancarias donde hay funcionarios, que no son del gobierno central obviamente, que han incrementado sus depósito de 200 mil dólares a cerca de 2 millones. “Pronto lo sabrán no son del gobierno nacional”, dijo todo satisfecho como anticipando algo que vendrá. Solo le faltó levantar las cejas como lo hizo el fiscal Chiriboga cuando lanzó su afirmación de que investigaciones avanzan porque él ya sabe que el que ofrecía las coimas es Odebrecht.

El que vio y escuchó la sabatina 507 seguramente va a quedarse con la impresión de que lo más siente Correa cuando habla del tema es miedo.  Y ahí también se parece a su fiscal y ex abogado personal Galo Chiriboga.

¿Cómo contrató Rodas a Odebrecht? Informalmente…

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La negociación entre el Municipio de Quito y Odebrecht para reducir el monto del contrato del Metro se hizo en “conversaciones informales”. No se levantaron actas, así que no se puede saber qué cuestiones se trataron en ellas. Tampoco está claro, salvo por un puñado de nombres, quiénes asistieron. Ni cuántas hubo. Algunos concejales se preguntan dónde tuvieron lugar. Nada se sabe, salvo que fueron informales. Tanto, que el alcalde Mauricio Rodas se niega a llamarlas negociaciones. Negociación, lo que se dice negociación, no hubo ninguna, explica. ¿Cómo podía haberla si Odebrecht se negó? La comisión negociadora ni siquiera se llegó a conformar. Se habían abierto las carpetas con las ofertas de las empresas participantes en el concurso y se había descubierto que todas ellas superaban el presupuesto referencial con alrededor de 500 millones de dólares. El Municipio propuso entonces al consorcio Odebrecht-Acciona, que había presentado la mejor oferta, abrir un proceso de negociación para reducir el monto de la propuesta. Pero Odebrecht-Acciona dijo que no negociaría nada hasta que no se le adjudicara el contrato. Entonces tuvieron lugar estas “reuniones de carácter informal” que condujeron a la redacción de un “acta de entendimiento”, diáfana, pulcra, transparente, que fue aprobada por los organismos multilaterales de crédito. ¿Se consiguió que Odebrecht-Acciona rebajara el monto del proyecto? No. El monto del proyecto lo rebajó Rodas en 50 millones haciendo carambolas por otros lados. Pero al consorcio se le adjudicó el contrato. La informalidad trae sorpresas.

Todo esto se supo durante la sesión extraordinaria del Concejo Metropolitano de la capital que se celebró la tarde del miércoles 4 de enero para tratar un único punto: la relación entre el Municipio y Odebrecht. Y se supo nada menos que de boca del propio alcalde Rodas y del gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson. Habían omitido esos detalles del informe que presentaron al principio pero terminaron contándolos cuando no tuvieron más remedio, pues los concejales de oposición (que algo sabían) los ametrallaron a preguntas. Fue una sesión tensa, pródiga en altisonancias y roces verbales, donde demasiada gente estaba demasiado irritable: Rodas, sus concejales afines y los de PAIS, bajo cuya administración empezó este lío. Odebrecht parece tener el don de poner nervioso a todo el mundo.

Lo curioso es que, aún en medio de estas revelaciones, Mauricio Rodas continuó llenándose la boca con la palabra “transparencia” hasta el final de la jornada. ¿Cuántas veces la pronunció? Decenas. En todos los tonos posibles. Ya durante la presentación del informe despachó frases superlativas del tipo “este es el contrato más vigilado de la historia del Ecuador”. Dijo que cada paso había contado con la aprobación y el aval de los organismos multilaterales. Nada podía ser más limpio. Y se apoyó en un informe de Contraloría para negar, “ca-te-go-ri-ca-men-te”, así dijo, que durante su administración se hubiera producido un incremento en el costo del proyecto. “Jamás”. Lo que hubo fue un presupuesto referencial subvalorado. ¿Quién tiene la culpa? La administración anterior, que abrió el proceso de licitación. El tema mantuvo a los de PAIS, particularmente a Jorge Albán, ocupados en salvar los muebles, hablando de tuneladoras, potenciaciones, gastos generales, costos indirectos y otros temas intrincados inaccesibles para quienes no conozcan de antemano el difuso laberinto del proyecto Metro Q.

El primero que mencionó el asunto de las reuniones informales fue el concejal correísta Luis Reina, a quien Mauricio Rodas se complace en tratar pésimo. Reina quiso saber quién estuvo a cargo de las negociaciones. “¿Quién llegó a los acuerdos –preguntó al alcalde–, lo hizo usted? ¿Encargó a alguien? ¿Cuándo y dónde se reunieron?”. Lanzó estas preguntas ladinamente, sin afirmar nada pero subrayando cada palabra para cargarla de suspicacia. “¿Se reunieron acaso en algún bufete de abogados, en algún banco?” ¿En las oficinas de Odebrecht quizás? ¿O viajaron al extranjero? ¿Quién corrió con esos gastos?  El concejal Marco Ponce lo interrumpió, ofendido y tembloroso. Rodas lo arrastró. Lo llamó ignorante. Le dijo que haga el favor de atender: ¿no oyó que no hubo negociaciones? Pero la avalancha estaba en camino. A partir de ese momento, no hubo concejal de oposición que no pidiera aclaraciones sobre este punto. Finalmente Rodas y el gerente Anderson lo admitieron: esas reuniones informales existieron. Transparentes, muy transparentes. Y tuvieron lugar en las oficinas de la Empresa Metro de Quito, en ningún otro sitio. No en Brasil, no en el despacho de Odebrecht, no en un banco, no en un edificio de avenida Amazonas y República, no en un bufete de abogados…

Por lo demás, la transparencia de este proceso de contratación no se diferencia en mucho de la de otros megaproyectos municipales, como la Solución Guayasamín y los Metrocables, y consiste en escamotear los documentos esenciales para que los concejales de oposición y los ciudadanos no los vean. En este caso, el contrato con Odebrecht. ¿Dónde está? “Es público, por supuesto que es público”, aseguró varias veces Rodas al borde del ataque de nervios, aunque no fuera sino para matizarlo más tarde como quien no quiere la cosa: es público, sí, lo que pasa es que no ha sido publicado. Ni está en la página Web de la Empresa Metro de Quito ni fue entregado a los concejales ni nada. Está en la notaría donde lo protocolizaron. Cualquiera puede ir allá y verlo.

El caso es que gran parte de la documentación de este proceso o no existe o no es pública, como ya es costumbre en la administración de Rodas, así que el Concejo Metropolitano se vio abocado una vez más a discutir sobre un tema que involucra cientos de millones de dólares (miles de millones esta vez) sin disponer de la información suficiente. Por supuesto que el alcalde se comprometió a entregar a los concejales todo lo que sea necesario. Pero nada garantiza que las conversaciones informales con Odebrecht (una empresa amante de la informalidad donde las hay), revelen sus secretos.

En la imagen: el gerente de la Empresa Metro de Quito, Mauricio Anderson, durante la presentación de su informe ante el Concejo Metropolitano. Foto: Municipio de Quito

Odebrecht, el último intento de Correa por mantener la máscara

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El gobierno quiere sacar a Odebrecht de su pasado y actúa como si no la conociera. Que siempre la mantuvo a raya, dice ahora, como corresponde a una compañía que estafó al país entregándole una central hidroeléctrica de 600 millones (San Francisco) que colapsó a los siete meses por deficiencias técnicas y errores de diseño. Deficiencias y errores motivados, básicamente, por la corrupción. Cualquier persona medianamente conectada sabía, mucho antes de que Marcelo Odebrecht cayera preso y empezara a cantar, que la constructora brasileña arreglaba millonarios sobreprecios. Y que tenía “comprados a varios funcionarios del Estado”, como admitió el propio Rafael Correa en 2008, cuando la expulsó. En ese entonces el presidente dijo que conocía la magnitud de la corrupción y sabía quiénes eran los corruptos. Luego se le olvidó: nunca dijo sus nombres. Nunca hizo nada. Hasta ahora, cuando el informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre el caso Odebrecht viene a desempolvar esas viejas historias y a revelar otras muchas, como por ejemplo la existencia de un auténtico “departamento de sobornos” en el organigrama de la compañía. Entonces el gobierno ecuatoriano se rasga las vestiduras y sale a responder el informe con un comunicado oficial en el que proclama su inocencia al mundo y lanza una advertencia: que a nadie se le ocurra involucrarnos. “No permitiremos”. “Tampoco aceptaremos”.

Nosotros expulsamos a Odebrecht, empieza diciendo su respuesta oficial. ¿Quieren una mejor prueba de nuestro compromiso en la lucha contra la corrupción? La echamos del país por la estafa del proyecto San Francisco y porque era una empresa corrupta y corruptora. Cierto es que la trajimos de vuelta a los dos años, pero sólo “luego de que aceptara todas las condiciones impuestas por el gobierno nacional”. Y volvió para ser controlada. La obligamos a pagar una reparación económica por los daños causados. La pusimos a participar en licitaciones para que se ganara sus contratos. La cercamos con auditorias independientes y diáfanas con el aval incuestionable de la Contraloría. Es decir, la mantuvimos vigilada para evitar que corrompiera a los funcionarios públicos de manos-limpias-mentes-lúcidas-y-corazones-ardientes.

En eso consistió la relación del gobierno con Odebrecht según el comunicado oficial. Por todo ello “queda extremadamente claro” –continúa– que “la conducta del gobierno nacional siempre ha sido transparente y decidida en función de los intereses de la patria”. A partir de ahí la retórica es la de los sábados: somos-gente-de-manos-limpias-y-no-permitiremos-que… Es la fórmula correísta para lavar conciencias. No permitiremos que, con acusaciones “selectivas y a veces claramente sesgadas”, se pretenda empañar el honor “hasta al propio vicepresidente de la República” (que conste que lo nombran ellos). “Tampoco aceptaremos, sin pruebas ni beneficio de inventario, las versiones de los directivos de una empresa que se ha declarado culpable de actos de corrupción y que, para atenuarlos, literalmente ‘negocia’ su responsabilidad ante la justicia estadounidense con millonarias multas de por medio”.

Tiene gracia: los actos de corrupción de los que se han declarado culpables los directivos de Odebrecht los cometieron con la complicidad, entre otros, del gobierno ecuatoriano que hoy les niega credibilidad por ser corruptos. Odebrecht compró funcionarios en este país durante este gobierno. Los compró igual que en todos lados: sistemáticamente. Y esto ocurrió no sólo, como dice el comunicado y dio a entender Alexis Mera para despistar, entre 2007 y 2008, años inmediatamente anteriores a su expulsión, sino entre 2007 y 2016, como consta claramente en la página 29 del informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos.  O sea que después de expulsarla del país por corrupta, el gobierno volvió a traer a la constructora brasileña para que siguiera corrompiendo. ¿Y ahora sale con que “no permitiremos que”, “tampoco aceptaremos que”? No parece hallarse el gobierno ecuatoriano en la posición (la posición moral, sobre todo) para permitir o no permitir nada en este caso.

¿Que Odebrecht volvió al Ecuador sólo después de haber aceptado las condiciones que le impuso el Estado? Tal afirmación, escrita con todas sus letras en un comunicado que lleva por título “El gobierno nacional a la ciudadanía”, es una mentira deliberada. A Odebrecht se le empezó por entregar sin licitación una obra de emergencia en 2010, antes de que se cumplieran los plazos que, según ley, la inhabilitaban para operar y hacer negocios con el Estado luego de su expulsión. De inmediato se le entregaron contratos por más de 1.600 millones de dólares y sí, se la sometió a concurso, pero se la declaró vencedora a pesar de que sus ofertas, en casi todos los casos, no eran las más ventajosas y convenientes.

El gobierno se jacta de haber obligado a Odebrecht a pagar 20 millones de indemnización para cubrir las pérdidas por la paralización de la central San Francisco. Lo que no dice es que el propio gobierno, en 2008, calculó esas pérdidas por encima de los 80 millones; no dice que la Contraloría levantó ocho glosas por 70 millones contra la constructora brasileña; no dice que las demandas del Estado ecuatoriano contra Odebrecht, en el momento de su expulsión del país, alcanzaban los 250 millones de dólares. ¿Y se enorgullecen ahora de haber cobrado 20? La indemnización exigida a Odebrecht fue un regalo más que un castigo.

Y lo demás fue peor: los juicios, las glosas, la pelea internacional que dizque estaba dispuesto a librar el presidente para que todo el mundo se enterara de lo que hace Odebrecht en los países en que trabaja… Todo quedó en nada. Cuando la constructora brasileña regresó al Ecuador, dos años después de su expulsión, el presidente que había declarado “No descansaré hasta dar a conocer al mundo lo que han hecho en este país” retiró una por una todas las demandas. Especialmente aquella presentada en la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional de París.

¿Qué demanda era esa? Ocurre que Odebrecht, para emprender la construcción del proyecto San Francisco, obtuvo un crédito de 286,8 millones del Banco de Desarrollo de Brasil (Bndes). Ese crédito fue avalado por una garantía soberana del Estado ecuatoriano. Cuando Correa decidió expulsar a Odebrecht por considerar que la construcción de San Francisco fue “una estafa”, presentó una demanda en París para desconocer esa garantía. Pero cuando trajo de vuelta a la constructora brasileña, la retiró. Es decir que Ecuador continúa siendo el garante de una estafa.

Mientras tanto, en la Contraloría, las ocho glosas por un total de 77 millones de dólares levantadas contra Odebrecht quedaron simplemente insubsistentes. Todo eso fue parte del acuerdo que posibilitó el regreso de la constructora al Ecuador.

El gobierno se precia de haber actuado “en función de los intereses de la Patria” y con un profundo sentido de la soberanía. La verdad es que el arreglo que permitió el regreso de Odebrecht parece haber sido impuesto desde fuera. Siete días apenas después de su expulsión, en Caracas y en presencia del propio Rafael Correa, Chávez lanzaba flores a la compañía brasileña y alababa su “nivel de transparencia y de confianza absoluta”. Y Lula, el hombre que hoy está acusado de haber recibido de la constructora, fraudulentamente, tres millones de dólares para su fundación, incluidos casi un millón a su nombre por concepto de conferencias en el extranjero, ejerció toda la presión que pudo, que es mucha. Ya lo había demostrado cuando evitó, con un mensaje de su Cancillería, la caducidad del contrato con Petrobras luego del escándalo de Palo Azul.

Hoy el presidente se rasga las vestiduras. En su última sabatina ya adelantó que intentarán salpicarlo con el escándalo. Para curarse en salud, el año empezó con los trolls del gobierno dirigiendo el foco de las sospechas contra el Municipio de Mauricio Rodas, cuyo contrato con Odebrecht para la construcción del metro es, como todos aquellos firmados bajo el esquema correísta de las alianzas público-privadas, sospechoso y oscuro. No le hace: las mentiras del gobierno sobre su relación con Odebrecht son clamorosas. Su reacción es, quizá, el último gran intento del correísmo por mantener su máscara.

Arriba: Rafael Correa visita las obras de la hidroeléctrica San Francisco. Foto: Presidencia de la República.

Corrupción: Correa usa la estrategia del infiel

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Ante las denuncias de corrupción, el gobierno de Rafael Correa ha vuelto a poner en marcha la estrategia utilizada en esta década:

  1. Negar el caso: es la actitud del infiel descubierto. Niega una y otra vez. Y lo hace por la misma razón que teme el infiel: evitar las consecuencias. Negar la corrupción, es la forma de rehuir el único resultado ineludible de la discrecionalidad e impunidad que se forjó este gobierno. En vez de corrupción, el estado de propaganda ha hecho creer que un sistema sin control y contrapesos produce seres impolutos. La naturaleza profunda del correísmo lo lleva siempre a negar que sus jerarcas y funcionarios estén involucrados en casos de corrupción. Ahora reitera esa actitud ante la revelación de que Odebrecht pagó, entre 2007 y 2016, 33,5 millones de dólares a funcionarios suyos para obtener contratos de obras públicas.
  2. Desprestigiar al denunciante: los sobornos de Odebrecht fueron revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Rafael Correa y Alexis Mera su secretario jurídico, salieron a sembrar dudas sobre el crédito que se le debe otorgar al denunciante. ¿Cómo lo hicieron? Afirmando que Odebrecht se declaró culpable de actos de corrupción y que para atenuar el castigo negoció con la justicia estadounidense. Sobreentendido: Odebrecht puede decir cualquier cosa. El mismo mecanismo ha sido utilizado con periodistas o políticos en casos anteriores presentados ante la opinión pública como odiadores, desinformados, gente de mala fe o agentes de intereses oscuros. Las únicas denuncias que valen son obviamente las que el propio régimen hace. A ese extremo ha llegado.
  3. Intensificar el estado de propaganda: el correísmo también usa toda su maquinaria política y mediática para desligarse del caso. Su objetivo es desligarse como sea del escándalo. La intervención de Alexis Mera es sintomática: el más cínico personaje de este gobierno, el socialcristiano más conspicuo que puede decirse socialista, utiliza el arsenal jurídico (siempre enmarañado para el ciudadano de a pie) para dar al discurso un aire sobrio, técnico, formal, riguroso y distante. Así, además de la opacidad administrativa y la ausencia de controles, el gobierno usa su tercera ventaja: su enorme aparato mediático que, sumado a la ley de comunicación (que lleva a los medios tradicionales a sobrevolar los casos), abona el terreno para que su estrategia de comunicación cale.
  4. Mezclar las pistas, enturbiar las aguas: el caso Odebrecht es una pieza de exhibición en esta materia. Mera, como gran sacerdote, suma premisas que, puestas una al lado de las otras no hacen sentido, pero cumplen su cometido: generan impresiones. De perplejidad: “Decir que en el año 2008 se corrompió a un funcionario público para beneficiar a Odebrecht (…) es absolutamente incomprensible (…)”. De transparencia: “No vamos a sacar el cuerpo a esta investigación”. De honradez: “No vamos a desmentir lo que no nos corresponde desmentir porque tenemos la conciencia tranquila”. De responsabilidad: “No podemos descartar que haya habido pagos o actos de corrupción”. De dignidad: el gobierno rechaza la versión sin pruebas ni beneficio de inventario de Odebrecht. Dicho de otra manera: es incomprensible que nos acusen, pero vamos a investigar aunque desmentimos todo, pero no descartamos que el caso sea real y lo rechazamos porque no hay pruebas… Tal cual. La astucia de Mera y el gobierno es confundir las pistas. En el mismo plano entra este argumento: es insensato que seamos responsables porque nosotros expulsamos a Odebrecht en esos años… ¿Y acaso no volvió esa empresa que, ahora se sabe, estaba acostumbrada a obtener a mantener los contratos con coimas?
  5. Endosar la culpa al vecino: El correísmo tiene un sentido nato de sobrevivencia. Defiende a los suyos hasta el punto de que el caso denunciado no pueda ser vinculado a un sistema generalizado. Y cuando esos individuos no son defendibles (Pedro Delgado o Pareja Yannuzzelli), los abandona (aparentemente) a su suerte. Los trata como chivos expiatorios. Los presenta como casos aislados, gente que se pervirtió y que traicionó la confianza de los seres impolutos, de manos limpias y corazones ardientes. En el caso de los sobornos de Odebrecht, el gobierno ensayó otra estrategia: poner nuevos actores a circular. Gustavo Noboa (en cuya administración se contrató la Central Hidroeléctrica San Francisco) o Quito… Cualquiera sabe si hay que mirar hacia Augusto Barrera (quien desligó toda responsabilidad) o hacia Mauricio Rodas. Decir que Quito es el contratante mayor que tiene la Odebrecht en Ecuador… es, a la luz de la denuncia, una forma de patear el balón a cancha ajena.
  6. Retar a mostrar las pruebas: el desafío no es nuevo pero en este caso logra un nivel de hilaridad impresionante. El gobierno, como se vio en las redes sociales, pide literalmente que corruptores y corruptos muestran el contrato notarizado de su delito. La argucia no está dirigida a los jueces del caso sino a los electores: el gobierno busca anclar la idea de que Odebrecht, que está frente a multas por $3.500 millones de dólares, se inventó una acusación específica para Ecuador por $33.5 millones… con el único fin de hacer daño al correísmo. Increíble pero cierto.
  7. Ponerse en manos de la justicia: el gobierno, es obvio, no puede lavarse del todo las manos: desacredita al denunciante pero afirma –en el caso Odebrecht, en el de Duzac, en el de Pedro Delgado, en el de la Refinería… en todos los casos denunciados– que ha pedido una exhaustiva investigación a la Fiscalía. Ese organismo intervienen siempre después, siempre tarde. Por supuesto, el gobierno también se pone en manos de la Contraloría que, ¡oh sorpresa!, auditó los contratos y no encontró nada, según dijo el Presidente.
    Ante tanta acuciosidad e independencia de esos entes, Alexis Mera entra en escena y se muestra desafiante: si se descubren personas involucradas, que sean detenga de forma inmediata –dijo–. “No vamos a proteger ni encubrir a nadie (…) Vamos a pedir y respaldar toda la investigación, caiga quien caiga”. Con todas las coartadas creadas, él y Correa saben que su sistema ha estado blindado durante diez años. Casi blindado. Por eso están exigiendo que se muestren los contratos de coimas… Entretanto, Jorge Glas vuelve a pasar de agache a pesar de ser -solo políticamente por ahora- el responsable de esta ola de corrupción que se da en los sectores que estaban y están bajo su responsabilidad. Glas sigue, increíblemente, atornillado a su cargo. Y a la candidatura con Lenín Moreno. Se entiende: Correa niega y niega… cual infiel pescado en cama ajena.
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