Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Caso Odebrecht

¿Por qué Correa anunció hace 6 meses lo que iba a salir en el caso Odebrecht?

en La Info por

Hace exactamente seis meses Rafael Correa hizo un extraño vaticinio que, a la luz de los más recientes acontecimientos, se convierte en una verdadera joya testimonial en la historia del escándalo Odebrecht. Ocurrió a inicios de de febrero del 2017, durante uno de sus shows mediáticos de los sábados.

Ese día, Correa anunció que en las próximas semanas iba a aparecer una “bomba” que, según él, consistía en que su nombre iba a salir, en la llamada lista Odebrecht. El vaticinio la hizo mientras defendía con vehemencia a su vicepresidente Jorge Glas, que para entonces era candidato a la relección y sobre quien ya circulaban versiones que hablaban sobre su presunta participación en los actos de corrupción que en esos días se mencionaban públicamente y que tenían que ver con Odebrecht y las denuncias sobre estrafalarios contratos en los trabajos de repotenciación de la refinería de Esmeraldas.

Correa, era evidente, ese día estaba tratando de curarse en salud. Es decir, trataba de anticiparse a una noticia que él pensaba que lo afectaría y así tratar de disminuir su posible efecto negativo. Cuando se mira el segmento del video de aquella sabatina se hace inevitable pensar que el entonces Presidente ya tenía conocimiento sobre la existencia de videos o grabaciones que se han hecho públicos en los últimos días y que han salpicado al vicepresidente Glas.  Es más, se podría pensar que Correa incluso conocía o al menos tenía noticia de un video, grabación o delación en la que él aparece. “La próxima semana yo sospecho va lo de Odebrecht y van a decir que yo he recibido plata, dinero de Odebrecht . Que digan lo que les de la gana”, aparece Correa diciendo en el video.

Si bien en aquel entonces no apareció nada que lo involucrara a él personalmente con el caso Odebrecht, su afirmación es lo suficientemente firme y contundente como para pensar, sobre todo tras las delaciones de José Conceicao Filho, que algo le empujó a hacer tal afirmación.

Como en aquel entonces estaba en pleno desarrollo la campaña electoral, Correa sostuvo en aquella sabatina que la revelación que estaba haciendo se debía a la necesidad de que la sociedad estuviera preparada para un escándalo. Si bien es cierto que esos días el tema que dominaba la conversación eran las denuncias que Carlos Pareja Yannuzzelli hacía desde Miami a través de redes sociales, asimismo es cierto que esos mismos días también se hablaba mucho de la lista Odebrecht. “El problema es ese: si no estamos preparados nos sorprenden y hasta que expliquemos todo pasa el 19 de febrero”, dice Correa en el video refiriéndose a las elecciones de la primera vuelta. Y remata: “Entonces a no creer nada”.

¿Cómo le llegó la información a Correa que lo iban a embarrar en el caso Odebrecht? La única explicación está en Galo Chiriboga, en aquel entonces Fiscal que ya había estado en Brasil y recabado información.  El video confirma lo que muchos ya comentan: que el Fiscal de aquella época tenía la información y que la mantenía oculta hasta que pasen las elecciones, lo que finalmente ocurrió.  Eso explica también el viaje que hizo Alexis Mera, asesor jurídico de Correa, hasta Brasil donde contrató un equipo de abogados. ¿Si no para qué?  Lo único que Correa y Chiriboga no podían controlar en ese entonces es el flanco internacional; es decir, que la información se filtre desde Brasil a través de la prensa (como ha ocurrido en estos días) o por otro medio.  El video, en todo caso, es una excelente evidencia de que en el alto gobierno, donde estaba Chiriboga, existía una inmensa angustia por llegar a las elecciones antes de que se filtre la información de Odebrecht.

Mera contrató abogados en Brasil y se quedó calladito

Sin embargo, lo más sorprendente de este testimonio es lo que Correa dice sobre Jorge Glas. Primero asegura que se trata de una persona de honestidad acrisolada y que es incapaz de llevarse un solo dólar ilegalmente pero luego, en una suerte de propuesta a la sociedad, dice que si esas “bombas” llegan a aparecer esas semanas no se las procese sino hasta luego de las elecciones. Y en ese contexto dice que, si alguno de los entonces candidatos sale salpicado en algún escándalo, lo más sencillo es que renuncie cuando ya esté ejerciendo el cargo. “Cualquier cosa la discutimos después del 19 de febrero y la condición: si alguno de nuestros candidatos está involucrado en algo chueco renuncia”, exclamó para luego rematar con un “¿qué les parece?”.

Correa, sin embargo, seis meses más tarde, parece haber olvidado su propuesta y, por el contrario, desde Bruselas ha ratificado su absoluta confianza en Glas y no ha hecho ningún gesto que permita pensar que está de acuerdo en que el Vicepresidente renuncie. Es más, ahora Correa sostiene que las denuncias son parte de un complot para desplazar a Glas y traicionar a la revolución ciudadana.

La propuesta que Correa hace en el video era evidentemente impresentable y escandalosa. En su razonamiento estaba proponiendo que no se haga ninguna investigación para saber si esas denuncias eran falsas o verdaderas hasta que pase el día de las elecciones. Lo que le interesaba, era evidente, ganar las elecciones a pesar de cualquier indicio de corrupción para luego ver qué pasaba con los funcionarios  ya instalados en sus despachos.  El video es, sin duda, una auténtica joya que deja el desnudo los valores éticos de Correa y su conducta frente al poder. Además, puede ser una excelente pista para sacar conclusiones sobre las razones por las que Correa ha sido incondicional con Glas. ¿Lo que es con Glas es con Correa Sí, no cabe duda.

El culebrón sobre Alecksey Mosquera pide ser llevado a Netflix

en La Info por

El segundo capítulo de la serie sobre los pagos de Odebrecht a Alecksey Mosquera acaba de salir al aire y promete ser más taquillero que el primero.

En el primer capítulo, el entonces presidente Rafael Correa salió a defender a Mosquera, que se halla detenido por haber recibido un millón de dólares de Odebrecht, diciendo que su ex Ministro de Energía no recibió coimas de esa empresa brasileña para contratar la construcción del Toachi-Pilatón. Según Correa, el millón de dólares que recibió Mosquera no es coima sino honorarios porque el depósito lo recibió cuando ya no era Ministro de Estado. “Acuerdo entre privados”, dijo Correa que eso se llama. Si hubo algún delito, aseguró el ex Presidente, fue no haber declarado ese ingreso para pagar impuestos.

En el segundo capítulo, que salió al aire el miércoles 28 de junio, la historia toma un giro no menos fantástico. Ahí aparece el abogado de Mosquera diciendo que, tal como lo había dicho Correa, no hubo coimas sino honorarios, porque el pago fue por una consultoría pero que esa consultoría la hizo cuando su defendido aún era ministro. Por eso, dijo el abogado, que Mosquera no podía ser detenido ya que, cuando supuestamente cometió el ilícito, tenía fuero de Corte Nacional. Es decir, en este nuevo episodio se mantiene la estrafalaria tesis de Correa sobre los honorarios por una consultoría pero con una variante: el trabajo lo hizo Mosquera mientras era Ministro. El abogado, en todo caso, coincide con Correa en otro punto que parece ser central en la historia:  la consultoría no tenía ninguna relación con el Toachi-Pilatón, sino con otro asunto. ¿Cuál? No lo dijo.

En este segundo capítulo, de lo que promete será una larga y vibrante saga, Franklin Arévalo (así se llama el abogado de Mosquera) aparece sosteniendo que no existe conflicto legal en el hecho de que su defendido haya hecho la asesoría mientras era Ministro. Cuando la periodista Marieta Campaña, de diario Expreso, le dice que un Ministro en funciones no puede firmar un contrato particular con una empresa que tiene contratos con el Estado, el abogado de Mosquera le respondió, sin ruborizarse, que no hay conflicto jurídico porque su defendido no hacía la consultoría en horas de trabajo sino cuando estaba en tiempo libre. Como si un ministro únicamente es ministro mientras está en su oficina y en horas de trabajo. Después puede hacer chauchas.

En otras palabras, quienes siguen esta serie deberán imaginar a Alecksey Mosquera trabajando en una asesoría para Odebrecht muy temprano por la mañana, antes del salir al Ministerio, o en las noches luego de que ya ha salido de su despacho. Quizá en pijama y con un vasito de leche en su mesa de trabajo.

Entre el primero y segundo capítulo de esta historia hay una cosa en común: en ambos, los protagonistas defienden a Mosquera. En el primero fue Rafael Correa; en el segundo Arévalo. Ambos coinciden en cosas muy importantes pero sobre todo en que la consultoría hecha a Odebrecht no estaba relacionado con el Toachi-Pilatón. Pero ninguno precisa en qué consistió la supuesta asesoría por la cual recibió un millón de dólares.

La diferencia, entre lo que dicen estos dos defensores de Mosquera, está en que mientras Correa dijo que su ex Ministro hizo la asesoría y recibió el pago cuando ya había dejado el cargo, Arévalo sostiene que aquello ocurrió cuando aún lo era. Uno de los dos miente. O los dos.

Es evidente que existe, a pesar de las diferencias, una línea argumental común entre los dos episodios. En ambos se trata de negar cualquier relación del pago del millón de dólares con el Toachi Pilatón. Quien haya seguido con atención esta historia recordará la pasión y énfasis que puso Correa en el primer capítulo cuando  ordenó a la Fiscalía de entonces, operada por Galo Chiriboga, que cambie una primera versión en la que se decía que la detención de Mosquera estaba relacionada con el tema Odebrecht. También se recordará que la Fiscalía, obedientemente, retiró un boletín de su página web para darle gusto a Correa.

Es evidente, entonces, que en el tema de Mosquera existe una estrategia concertada para tratar de aislar el pago del millón de dólares de Odebrecht con la construcción de la hidroeléctrica. En ese esfuerzo coinciden Correa y el abogado de Mosquera que evidentemente buscan que Mosquera sea acusado de una falta de carácter administrativo, además impresentable éticamente, y no por corrupción. Hacer consultorías a título personal a empresas que son contratistas con el Estado puede ser una falta administrativa mucho menos grave que el delito de recibir dinero a cambio de favores, como parece ser el caso de Mosquera.

La historia de Alecksey Mosquera parece confirmar lo que toda buena serie de televisión comprueba: que no hay crimen perfecto y que la salvación de los acusados depende de las coartadas que inventen. Aquí está claro que la coartada será negar que ese millón de dólares pagados, sin duda por Odebrecht, tengan relación con los trabajos en Toachi-Pilatón. Cualquiera que sea el destino de esta coartada queda claro que la historia reúne ya los méritos que podrían llevarla a la pantallas. Quizá de Netflix; ¿por qué no?

¿Asociados por la corrupción?

en Columnistas/Las Ideas por

Volver a escribir sobre la corrupción tiene una alta dosis de aburrimiento. Pero he mirado atónito la comparecencia del Vicepresidente Glas a la Asamblea Nacional. Así es como se falsifican las instituciones. No por la teatralidad, que finalmente es un componente de la política. Por el cinismo, que se pretende convertir en forma de rendición de cuentas. Basta con una década. Ahora se quiere perennizarlo. Y tratarnos a todos los ecuatorianos como tontos.

La corrupción es un fenómeno recurrente. Cambian las dimensiones y la complejidad. Pero soportarla y ampararla con procedimientos como los de hoy en la Asamblea Nacional nos ratifica como altamente capaces de marchar solo en un mismo terreno. Incapaces de otra agenda pública. Pero los temas los pone la realidad. Y la política es reconocer cada vez, otra vez, a la realidad. A las realidades.

Un empresario de la generación Odebrecht declaró hace unos días, repitió en realidad, que la corrupción está inscrita en la naturaleza humana, que donde haya negocios habrá corrupción, que otras empresas siguen utilizando a la corrupción como carta de competitividad, siendo que ellos (los arrepentidos) han perdido este instrumento de competitividad. Obviamente transcribo el sentido.

Inscribir a la corrupción en la naturaleza humana es tremendamente duro. Es casi religioso. Estaría asociada al pecado, genérico que habría dado lugar a la forma humana según el cristianismo. La limitación humana se traduciría en una vocación pecaminosa. Como conclusión de un falso silogismo, solo le faltó invocar de la vocación corrupta de los humanos.

¡Celebro mucho no ser un mal empresario y peor aún un pésimo sacerdote! Por ello trataré de utilizar otros caminos para examinar este fenómeno que siendo humano, es decir que surge de relaciones sociales, es moral, jurídico, administrativo, político, entre otras variables.

Hace décadas, durante la administración de Sixto Durán Ballén, un grupo de profesionales independientes, de clase media, vinculados profesionalmente por la contabilidad, me invitó a escribir en un libro sobre la corrupción en el Ecuador. El tema se había puesto de moda. Los economistas hacían cálculos sobre las dimensiones de la corrupción en la economía. Hacían correlaciones, muchas veces sencillas entre gasto público y corrupción, otros más tradicionales desenterraban las asociaciones entre dimensiones del Estado y corrupción, siendo que a Estado más grande correspondería mayor corrupción (desde una de sus dimensiones una verdad de Perogrullo), varios indagaron la corrupción en el sector privado descubriendo la obviedad de la procreación (los corruptores) y finalmente apareció una legión de ingenuos, cuyos análisis hicieron daño a la sociedad, al sistema político y a la justicia. Hicieron daño porque redujeron la corrupción a la política y a los partidos. Y así dañaron a su movimiento social en nacimiento empujándolo hacia los brazos de los operadores de las crisis. Y entregaron la política al paredón de los populistas entre otras justificaciones como sinónimo de corrupción.

Una preocupación de un poco, quizás demasiado, de largo aliento fue preguntarme acerca de las asociaciones existentes entre relaciones sociales y corrupción. Venía de lecturas sobre la situación de la violencia colombiana, en que insignes investigadores se preguntaban si la violencia era consustancial a las relaciones sociales en esa nación. Antes había trabajado con la idea de resolución de la cuestión nacional en Ecuador y la aparición de una vía revolucionaria violenta o más bien que en Ecuador terminamos los conflictos que pueden tener un surgimiento asociado con la violencia en “revoluciones pasivas”, es decir de acuerdos entre las partes cuya negociación deja irresueltas a las agendas. Por ello consideré lícito preguntarme si podría haber vinculación entre la forma de nuestras relaciones sociales y la corrupción y, a su vez, interrogarme sobre las bases sociales de la corrupción y las situaciones sociales para la corrupción.

Las preguntas siguen allí. A la distancia se puede decir que la corrupción no está asociada a una sola variable ni actor. Las relaciones más formales tienen dimensiones y estrategias complejas de corrupción (que lo diga Odebrecht) comparables pero distintas de las informales, que basadas en aceptar y repetir la transgresión, asumen a la corrupción como una variable adicional. También la corrupción, diferente pero en el fondo la misma, aparece en situaciones de auge –por la disponibilidad de excedente- como de declinación económica –por la escasez de excedente y su disputa-.

Me pregunto por algunas situaciones que pueden asociarse con la corrupción hoy en Ecuador. Obviamente me pregunto o formulo hipótesis sobre aquellas que ahora pueden verse. Pero, supongo, que hay mucho más atrás.

Escuchaba al vicepresidente que respondía a las acusaciones sobre corrupción y respondía con las obras de la revolución ciudadana. Las carreteras y las hidroeléctricas por sobre las nimiedades de los procedimientos transparentes. La revolución ciudadana, fiel a sus antecedentes jurásicos, se asentaría en viejos principios de la moral revolucionaria del socialismo real. Esto es, frente a las necesidades de un proceso revolucionario como el Ecuador en esta década, cualquier medida o acción que afiance ese proceso sería válida, moralmente justa y éticamente aceptable. Así, la realización de una obra social o el financiamiento de una campaña de quienes tienen la razón histórica serían legítimas aunque no fueren legales. Recordemos la distinción tan meticulosamente esgrimida por el presidente Correa en varias oportunidades, que sirve para justificar cualquier cosa.

También pudo ser el caso que, bajo el marco anterior, gastar excesivamente o ilegalmente para conseguir que se hagan obras cuyo resultado político sea la permanencia de la revolución sería moralmente aceptable. De hecho, el despilfarro –forma de corrupción frecuente en la década– fue una práctica que se justificaba en la desigualdad social y la necesidad de resolver urgentemente la inequidad. Se simplificaron procedimientos para poder gastar y ganar elecciones con objetivos inscritos en la revolución ciudadana. Los límites jurídicos se flexibilizaron y las formas de control institucional del gasto se debilitaron, esto al margen de la misma propiedad con que pudo haberse ejercido la contraloría de fondos públicos. Muchas veces la legalidad formal o la certeza técnica quedaron suspendidas en el limbo de su comprensión de la estrategia del ensayo acierto/error. También la apropiación personal de recursos, si finalmente derivaba en acciones revolucionarias.

La pobreza justifica muchas cosas, por ejemplo, oculta muy bien a las malas y anti–técnicas estrategias para tratarla. Pero fundamentalmente justifica a la transgresión a las instituciones. Si se trata de hacer el bien a los pobres, la corrupción se justificaría, sea por la vía del despilfarro, de la acumulación política o del abierto pago de sobreprecios. A su vez, los mecanismos de control social deben subordinarse, en este caso preferentemente, a la visión del Estado, que según la visión revolucionaria como la más ortodoxamente liberal, sería la representación del bien común.

Nuestro caso, el Ecuador de hoy, la corrupción está asociada a la concentración del poder. Pero vamos al inicio de la situación actual. La corrupción era una bola corrida con temor por la amenaza de represalias jurídicas y sanciones políticas. La imagen de perfección suma que transmitió el poder en la última década no dejaba resquicios. La ecuatoriana como la corrupción mundial ha sido sumamente meticulosa e ingeniosa para que se pierdan los rastros. Solo pudo emerger como un acontecimiento ocasional, una casualidad. Pero esa misma característica, una vez abierta la caja, puede llevar a que se revele la red de corrupción, a que las delaciones surjan y a que las consecuencias tengan rutas y límites impensados.

Por ello es que hay una caja de contención visible, el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que además de robarle la soberanía al pueblo debería haber servido como instancia de lucha contra la corrupción. Pero fue el dique de contención del conocimiento público contra la corrupción. La sociedad reaccionó y recuperó prácticas exitosas y creó la Comisión Anticorrupción, de carácter cívico, conformada por notables, que ha sido asechada por el poder que instrumenta a la justicia para ello. Pero ha sobrevivido. Con valor. Pero no reconocido por el régimen, que ha montado otra comisión mixta, presidida y conformada por las partes a las que examinará y decorada por algunos miembros de la sociedad proclives al gobierno.

Los corruptos obviamente saben cómo operan las redes de corrupción. También quienes las amparan o son sus beneficiarios indirectos. Mientras los cerrojos están bajo su control todo es impenetrable. Pero una vez abierto un eslabón es probable que muchos otros se sumen. Para ello se requiere de control social y especialidades múltiples que den racionalidad a la investigación.

Naciones Unidas ha ofrecido cooperación eficaz en otros países. Ecuador puede seguir esa ruta con varias condiciones. La formulación de la demanda de cooperación debe estar abierta a un acuerdo general de la nación. El Estado debe asumir su representación sustentado en un acuerdo. En caso contrario la demanda comprendida solo como asesoría para formular políticas públicas nominales puede convertirse en un engaño de poca monta. Y es de esperar que Naciones Unidas no pueda prestarse a aquello. No sólo porque conoce de la actual situación de Ecuador y de todos los países afectados por la ola de corrupción. Y, conociendo, su obligación es actuar para que no se perpetre un engaño. Naciones Unidas no solo debe sujetarse a la demanda del país sino a su obligación central que consiste en velar por la aplicación de todos los tratados internacionales en los países signatarios.

Luis Verdesoto es académico

El Fiscal calza en el guión correísta sobre Odebrecht

en La Info por

Si durante los últimos días alguien dejó de pensar, aunque sea por unos segundos, en el fiasco institucional que es el Estado ecuatoriano, el fiscal Carlos Baca Mancheno se encargó de recordárselo hoy jueves 16 de junio. Esto ocurrió en un salón de la Asamblea, donde se presentó para comparecer ante la Comisión de Fiscalización e informar sobre las investigaciones que la Fiscalía adelanta en el caso Odebrecht. Durante algo más de tres horas, Baca Mancheno dejó en evidencia que cuando la institucionalidad elige como Fiscal a alguien que es militante del partido en el poder y que es un declarado cachiporra del caudillo que lo puso en ese cargo, es porque esa institucionalidad está pervertida.

El Fiscal no aportó absolutamente nada para solventar las dudas que rodean la investigación sobre Odebrecht. Su comparecencia pareció, más bien, parte de la estrategia  que el partido y el caudillo que lo nombraron diseñaron para evitar ser salpicados por el escabroso escándalo.

Básicamente, Baca justificó todas las sospechas que existen alrededor de la actuación de la Fiscalía en la investigación del caso Odebrecht.  El funcionario no quiso dar los detalles que algunos asambleístas le solicitaron amparándose, como se temía, en que no puede poner en riesgo la investigación. Su estrategia giró alrededor de estas cinco coartadas:

1.- Las razones del silencio

Según Baca Mancheno, las investigaciones deben hacerse en gran sigilo y absoluta confidencialidad. Qué noticia! Por eso, dijo, no ha habido noticias extraordinarias ni grandes operativos judiciales. Esto se debe, dijo, a que la Fiscalía actúa según el marco de cooperación que mantiene con la Justicia brasileña y porque hace las cosas de forma responsable y no pensando en el espectáculo. “La información que ha recibido la Fiscalía tiene que ser verificada y sometida a procedimientos internacionales”. Para explicar el riesgo que sconlleva que los implicados huyan, utilizó una metáfora: la de las 10 palomas en un cordel. Cuando se dispara a una, las otras nueve se escapan volando. Una metáfora vacua que no le alcanza para explicar lo ocurrido en otros países. ¿Por qué en el Perú hay dos ex presidentes procesados y en República Dominicana hay muchos enjuiciados incluso antes de que terminara el sigilo legal del 1 de junio impuesto por la Justicia brasileña? Baca, con este razonamiento, se alineó con la muletilla que Alianza País ha usado para justificar que, en los 10 años de correísmo, la Asamblea no fiscalizó un sol acto polémico del correísmo: no hay que hacer show. Baca, para decir lo mismo, usó el eufemismo de no hacer “actividades estrafalarias”.

2.- El portal de legalidad

A Baca Mancheno le gusta el concepto de “portal de legalidad”. Habló varias veces de él para explicar su tesis de que toda la corrupción articulada por la empresa brasileña se hizo en el marco de una aparente legalidad que hacía imposible que se detecten las irregularidades. “Ante los ojos de la sociedad y los funcionarios de control todo era legal. Todo parecía legal. Los funcionarios públicos que ejercían la función de control no podían darse cuenta de lo que ocurría bajo esa epidermis”, dijo el Fiscal en lo que más pareció una defensa de aquellos que, durante años, jamás se percataron de que Odebrecht estaba corrompiendo a funcionarios públicos. Para Baca “la clave de este proceso está en que en tras una apariencia de legalidad se ocultaba una red que manipulaba contratos, escondía sobornos de empresas privadas y ocultaba todo a los órganos de control”.

Curiosa esta tesis: un Fiscal que asegura que el crimen que investiga no podía ser detectado porque parecía legal, más parece deseoso de justificar a quienes fueron incapaces de advertir la irregularidad, que de querer cumplir con su obligación de investigarla. Bajo esta lógica puede resultar muy cómodo para alguien, como el vicepresidente Jorge Glas o algún ex Ministro que negoció con la constructora brasileña, decir que no podían ver que algo irregular se estaba cocinando tras la firma de esos contratos.

3.- El delator es el héroe

Carlos Baca Mancheno durante su intervención también trató de posicionar la idea de que en el caso de Odebrecht nada se hubiera sabido si no hubiera habido un delator: los ejecutivos de la constructora brasileña. “¿Este portal de legalidad cuándo se rompe?” se preguntó Baca e inmediatamente se contestó: “se rompe el momento de la delación”. Solo cuando una de las partes habla se puede descubrir el delito: esa es la lógica del Fiscal. Baca no parece saber (o pretende no saber) que Odebrecht decidió confesar sus delitos cuando vio que la Justicia brasileña había descubierto la pista de su sistema corruptor. De no haber sido porque en el Brasil hubo una administración de Justicia independiente que decidió investigar el caso Lava Jato, Odebrecht jamás hubiera decidido contarlo todo. Y si lo hizo fue para negociar condenas más benignas.

En el relato de Baca Mancheno no se menciona, tampoco, que la Comisión Cívica Anticorrupción denunció el sobreprecio que cobró Odebrecht en la presa Manduriacu, sin que hubiera delación de esa empresa. Tampoco dijo que, sin delación alguna, Fernando Villavicencio y Martha Roldós publicaron pruebas de la corrupción de Odebrecht en la construcción de un acueducto en la Refinería del Pacífico.

4.- El delator no es confiable

En el esquema del Fiscal el delator es el héroe capaz de descubrir lo que nadie más hubiera podido hacer. Pero hay un detalle: ese delator tiene la capacidad de añadir, quitar o modificar la verdad para afectar o beneficiar a alguien. “El delator puede decir cualquier cosa y el Fiscal no puede tragarse esa rueda de molino”: en este punto, Baca parece adherir totalmente a la tesis que el mentor de su ascenso a la Fiscalía, Rafael Correa, reiteró cuando era Presidente. Esa es la misma tesis que el vicepresidente Jorge Glas lanzó en la entrevista con Diego Oquendo cuando dijo haber evitado que Odebrecht cobrara 400 millones más. Según Correa y Glas, Odebrecht tiene razones de sobra para vengarse y por eso no sería raro que los involucre en la trama de corrupción. Con un fiscal que articula este razonamiento sobre los motivos que tiene un delator, no sería de extrañar que los acusados en este caso, si llega a haber, afirmen ser víctimas inocentes de una retaliación.

5.- Los paraísos fiscales son todo

Si hay corrupción, dijo el Fiscal, es porque existen paraísos fiscales que facilitan el flujo ilegal de capitales. Navegando entre un lirismo chato y un mar de obviedades, definió un paraiso fiscal como  “el portal de blanqueo” y exculpó a Galo Chiriboga: con esos sistemas -dijo- es imposible que una autoridad detecte movimientos ilegales de dinero. “Es inaudito, dijo, que el 3% del Producto Interno Bruto del Ecuador se haya fugado a paraísos fiscales”. Después, como cualquier militante de Alianza País, destacó que en las últimas elecciones se aprobó una  pregunta para que los funcionarios públicos no puedan tener inversiones en paraísos fiscales. En este punto hizo pensar a Rafael Correa cuando en alguna de sus sabatinas llegó a decir que la corrupción se explica por el estímulo que significa que existan sistemas donde se puede mantener capitales sin pagar impuestos. Alineado es alineado.

En conclusión, Baca Mancheno nada nuevo dijo sobre Odebrech. Lo único destacable lo concierne: respondiendo a un asambleísta de oposición que le preguntó si es cierto que el contralor Carlos Pólit presentó una acusación penal en su contra, dijo que no. Y agregó que Pólit tendrá que documentar esa declaración si no quiere que él lo demande por injuria.

Si se hace un desglose de toda la presentación de Baca Mancheno, al final lo que se obtiene es un excelente guión, para que los acusados que podrían haber por este caso, lo usen en su defensa. Lo que ocurrió hoy en la Asamblea fue un show que, consensuado o no, calza al milímetro con la estrategia de Alianza País frente al tema de Odebrecht.

Foto Teleamazonas

Contraloría: la madre de todas las batallas

en La Info por

La Contraloría General del Estado parece que se ha convertido en la piedra filosofal de la supervivencia política en el Ecuador. Aquel que se quede con ella tendrá vida eterna y el que la pierda morirá tragado por los escándalos y sus rivales. Esto explica que durante todo el miércoles 7 de junio se haya producido una brutal pugna por el control de esa institución, cuyo último capítulo fue la llegada hasta ese organismo de un equipo de la Fiscalía, sin que se sepa exactamente para qué.

Esta lucha por el control de la Contraloría saltó a la luz a propósito de un video, que circula en redes sociales, en el que se ve a Pablo Celi, subcontralor por varios años, resistiéndose a firmar una acción de personal, supuestamente firmada por el contralor Carlos Pólit quien se halla en los EEUU, para destituirlo del cargo. En el video se ve a Celi, indignado y hasta cierto punto violento, negándose a firmar su cesación del cargo.

El video, grabado el viernes 2 de junio, se convirtió por algunas horas en todo un hit en redes sociales. Solo cuando habían pasado unas horas desde su aparición empezaron a conocerse algunas piezas que permitieron vislumbrar, mal que bien, la historia que hay detrás. Se supo, por ejemplo, que el contralor Carlos Pólit había llegado ese miércoles 7 hasta donde el cónsul del Ecuador en Miami para hacer una declaración juramentada. En ese documento, que también circuló en redes, el contralor asegura que la cancelación de Celi la dejó firmada el 25 de mayo del 2017, poco antes de haber firmado, asimismo, la designación de Sabett Chamoun Villacrés como nueva subcontralora, a cargo de la Contraloría mientras él esté en Miami.

Según la declaración juramentada hecha ante el consulado en Miami, Pólit habría destituido a Celi y nombrado a Chamoun un día antes de su salida del país; el 26 de mayo. Pólit dice en ese juramento que él dispuso que la cesación de Celi y el nombramiento de Chaumon entrenen en vigencia el 2 de junio, día en que se hizo el video de Celi.

Más entrada la tarde, fotografías enviadas desde el interior de la Contraloría mostraban a Chamoun sentada en el despacho del Contralor. Un audio que circuló en Whastsapp también aseguraba que ella había asumido el cargo legalmente y que Celi se aferraba al mismo. Tanto la fotografía como el audio eran claras señales de que había un movimiento de ciertos grupos en ell interior del organismo de control para legitimar la voluntad de Pólit y evitar que Celi se quede como contralor encargado. Celi, por su lado, dio declaraciones a diario Expreso y dijo que se mantenía frente a la Contraloría tras este episodio. Igualmente acusó en la Fiscalía a los funcionarios que aparecen en la grabación “por secuestro” pues, según dijo, lo querían “obligar a renunciar”.

Cerca de las 16:00, un fiscal, Juan Carlos Zúñiga, llegó a la Contraloría e informó que el operativo obedecía a que en allí ocurrió un delito flagrante, sin especificar de qué se trataba ni qué personas involucraba. Pasadas las 18:00, de este miércoles 7, todo parecía aclararse: Celi estaba siendo apoyado por el gobierno de Lenín Moreno mientras que Chamoun era apoyada por Pólit desde Miami. La periodista Maria Grazzia Acosta de Teleamazonas puso en su cuenta de Twitter que la ministra de Justicia, Rosana Alvarado, había dicho que “hay un Contralor Subrogante al que no se puede desconocer y es Celi”. De hecho, se supo que Celi luego del altercado que fue grabado, en el ya célebre video, se trasladó hasta la Presidencia de la República donde recibió el apoyo del gobierno. La visita de Celi a Carondelet fue incluso registrada por un canal de televisión. ¿Qué otros sectores apoyan a Pólit y Chamoun? No se sabe aún a ciencia cierta.

Al final de la tarde, además, se oficializó la decisión de la mayoría gobiernista de llamar a juicio político al contralor Carlos Pólit. En otras palabras, cualquier posible influencia de Pólit en la Contraloría o cualquier intento suyo por imponer su voluntad en ese organismo terminará tan pronto como la Asamblea lo destituya.

La declaración juramentada de Pólit en Miami, así como el video, abrieron en todo caso interrogantes pero, a la vez, muchas pistas para entender lo que realmente estaba ocurriendo. Es evidente que el contralor Pólit no quiere que Celi se quede al frente de la Contraloría y prefiere para eso a alguien de su confianza, como Sabett Chamoun. Si lo que asegura Pólit en su declaración juramentada es verdad, quiere decir que cuando salió del país ya necesitaba que alguien de su estricta confianza quede al frente de la institución y por eso destituyó a Celi y nombró a Chamoun.

Pero hay más interrogantes que certezas. ¿Cuándo firmó sus acciones de personal Pólit sabía que pocos días más tarde explotaría el escándalo por Odebrecht en el que él está involucrado y por el que sus casas fueron allanadas? ¿Si Pólit destituyó a Celi y nombró a Chamoun el 25 de mayo con una disposición para que esas acciones de personal entren en vigencia el 2 de junio quiere decir que el país no tuvo Contralor desde el 25 de mayo hasta el 2 de junio? ¿Celi se hizo cargo de la Contraloría ilegalmente durante 7 días? ¿Y si el Contralor no ha sido destituido, puede Celi (destituido a su vez por él) principalizarse?

Lo único evidente, hasta ahora, es que desde el viernes 2 de junio se desencadenó una intensa lucha por consolidar el manejo de la Contraloría. No es difícil imaginar las razones: en un país donde se ha producido una grave crisis política por el estallido de varios escándalos de corrupción, principalmente el relacionado con las coimas de Odebrecht, la información que reposa en ese organismo es vital. Casi como un kit de supervivencia para una crisis de credibilidad y legitimidad.

Momentos en que un equipo de la Fiscalía llegó a la Contraloría

En medio de todo el jaleo del miércoles 7, corrió también la versión de que la decisión de Pólit se había producido porque Celi no había querido firmar un informe con responsabilidad penal en contra del fiscal Carlos Baca Mancheno. Ese informe estaría relacionado por su trabajo al frente de la comisión que investigó, por encargo del ex presidente Rafael Correa, la sublevación policial del 30 de septiembre del 2010. Pólit había dicho poco después de que se allanaron sus casas en el Ecuador que Carlos Baca Mancheno había ordenado esas acciones como una represalia por ese informe. Lo cierto es que hasta ahora ese informe que Pólit menciona no ha circulado públicamente.

Hay que recordar también que sobre Pólit y Celi ya recaían denuncias que nunca fueron investigadas. En uno de los capítulos de los llamados Capayaleaks, Carlos Pareja Yannuzzelli, prófugo de la justicia por el caso de la refinería de Esmeraldas, dijo que Carlos Pólit había recibido maletines con dinero en efectivo en su suit del Swisshotel. Además aseguró que Celi cobraba por cada informe positivo que redactaba para contratistas como Odebrecht. La denuncia de Pareja nunca fue investigada por las autoridades pero ayer fue recordada por muchos usuarios de redes sociales.

La lucha por el control de la Contraloría parece ser, en todo caso, el resultado de la desesperación que dos o más grupos tienen por tener bajo su control la información que hay en ese organismo. Una información que a todas luces es clave para la supervivencia de unos y el descenso a los infiernos de otros.

Odebrecht presenta… Ecuadorians gansters

en Caricaturas/El Humor por

La lista se titula este capítulo especialmente concebido por Chamorro. Odebrecht contrató, como actor estelar, al Vicepresidente de la República. Actor secundario: el nuevo fiscal. Un extra desabrido e impotable aparece en este capítulo: el impresentable Carlos Ochoa (ahora hecho el moralista)… No se pierdan la serie: habrá sorpresas y nuevos actores.
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Correa: ¿por qué no dice la verdad al país?

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El millón de dólares que aparece entregado por Odebrecht a Alecksey Mosquera será recordado como una pieza del peor cinismo de Rafael Correa. He aquí un Presidente convertido en abogado de ciudadano que alguna vez fue ministro suyo.

¿Por qué lo defiende contra viento y marea? ¿Mosquera no tiene cómo hacerlo? ¿No puede decir al país por qué motivo recibió esa plata? ¿Por qué usa Correa todo el aparato propagandístico del Estado para convertir una coima en regalo o en remuneración de una asesoría inexistente? ¿Por qué usa el aparato del Estado para interferir en un proceso judicial iniciado por la Fiscalía General de la Nación? ¿Por qué lo que pudiera ser un mecanismo –uno más de corrupción de Odebrecht–; es decir, que un ex funcionario reciba plata por un servicio largos meses después de haber dejado el poder, lo convierte en un atentado al sentido común? ¿Acaso los corruptos no se ingenian precisamente procedimientos para que sus fechorías no sean rastreadas?

¿Por qué Correa, hablando de Mosquera, ancla entre sus seguidores la idea de que va a ser muy difícil detectar una ilegalidad, cuando ese no es su trabajo y, además, Odebrecht ya dijo que ese millón tiene que ver son servicios prestados sobre Toachi Pilatón: El diario O Globo lo refiere así: pagamento de US$ 1 milhão para funcionário do Ministério de Energia do Equador relativo à obra da Hidrelétrica de Toachi Pilatón.

¿Por qué Correa se inventa una historia que ni siquiera el ex ministro ha salido a contar? ¿Por qué dice que él tiene “una visión totalmente distinta de ese depósito” y no la da? ¿Cuál es esa visión totalmente distinta, Presidente? No la dice pero sí se sirve de esa coartada para fingir no decirla porque quiere permitir que “actúe la Justicia”? ¿Acaso no fue usted quien amenazó a la Fiscalía por un presunto error al interpretar, según usted, la versión del abogado de Odebrecht que vinculó a Alecksey Mosquera con el caso de Toachi Pilatón? ¿No fue usted quien llamó al Fiscal a sancionar a los que cometieron ese supuesto error? ¿No fue usted quien dijo que si el Fiscal no corrige hará que sus asambleístas se ocupen de él? ¿Por qué sabe usted que lo que hizo la Fiscalía es un “error garrafal”? Ah, porque usted revisó todo lo que dijo Tacla, el abogado. ¿Y cómo sabe usted lo que tiene o deja de tener la Fiscalía en esta investigación? ¿Por qué está metido usted en las carpetas de los investigadores de la Fiscalía? ¿Eso es lo que usted entiende por “permitir que la justicia actúe”?

Nunca se habrá visto un Presidente de la República que, ante un caso de coima a un ex funcionario –así reconocido por la empresa coimadora– dedica tanto tiempo, tanta pasión y tanto capital político, para defender a un ciudadano cuya cuenta bancaria creció de un golpe de un millón de dólares. Un presidente que parece haberse graduado de abogado en olla a presión ante la Tremenda Corte. Un presidente que dice a sus conciudadanos que no hay ilícito, que si lo hay será imposible de probar, que no hay cohecho, que ese pago fue “un acuerdo entre privados”, que no es lógico que Mosquera haya recibido esa plata por algún servicio a esa empresa cuando fue funcionario… ¿Por qué está usted confundiendo las pistas de este caso ante la opinión? ¿Qué defiende usted al jugarse a fondo por Mosquera? Usted, por simple deporte, amenaza a la Fiscalía y la obliga a desdecirse?  Usted, aupado en un supuesto sentido común,  está bendiciendo lo que podría revelarse como un mecanismo de Odebrecht para pagar favores sin dejar rastros evidentes. ¿Por qué Presidente? ¿Por qué, en vez de jugar a ocultar la bolita, no dice la verdad al país?

Normalmente un Presidente busca que los culpables de corrupción paguen por sus actos. Eso es lo normal. En la Revolución Ciudadana, Rafael Correa se juega, con todo el poder del Estado, para proteger y defender a un ciudadano que es grande, se puede defender solo y debe explicar cómo y por qué llegó un millón de dólares a sus bolsillos.

Correa, a 22 días de irse, da lecciones de un cinismo atroz. Y nutre todas las dudas sobre su aparente desinterés en la defensa ciega de un ex funcionario suyo que recibió un millón de dólares de una de las empresas más corruptoras del mundo.

Sabatina: vean cómo Correa miente con desparpajo

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Amenazar con sanciones a la Fiscalía, negar tozudamente que dijo algo que se puede probar que sí dijo y elaborar una graciosa tesis sobre lo que es la coima, son tres cosas que Rafael Correa hizo en los últimos diez minutos de su más reciente sabatina. Tres cosas que no prueban sino algo: el Presidente está enredándose cada vez más en el tema de Odebrecht y eso lo está poniendo muy nervioso.

La amenaza

Correa amenazó a la Fiscalía con sanciones a sus funcionarios porque, según él, ese organismo puso en un boletín de prensa una mentira que que luego recogieron algunos medios. La mentira, según Correa, es que Rodrigo Tacla, un ex abogado de Odebrecht, ha dicho que el ex ministro de Energía, Alecksey Mosquera recibió el millón de dólares de Odebrecht por su ayuda para que la empresa brasileña construya la hidroeléctrica Toachi-Pilatón. Correa sostuvo que él y sus asesores han revisado toda la declaración de Tacla y que, en ningún momento, consta que el depósito que recibió Mosquera haya tenido relación con el Toachi-Pilatón. Esa es una mentira por la que, dijo, los fiscales deberán ser sancionados. “Aquí va a haber sanciones, con todo respeto, a los fiscales que indujeron al fiscal general al terrible error. Y si no se sanciona ya tendrá que actuar la Asamblea, porque no se puede tratar  estas cosas así”, amenazó Correa asumiendo el papel de gerente propietario del Estado.

La amenaza de Correa es insólita. Ya se sabe que él, en contra de todos los principios democráticos, controla esa institución y que ese control ha sido clave durante sus diez años de gobierno. Pero de ahí a ser tan obvio y explícito sobre ese tema a estas alturas del partido, precisamente cuando aparecen señales sobre una aparente investigación al tema Odebrecht, es de una torpeza singular. ¿Cómo se le ocurre amenazar con sanciones a la Fiscalía si él o su gobierno podrían ser sujetos de investigación en el caso? O Correa no es lo suficientemente listo para quedarse callado y fingir que no es el mandamás de la Fiscalía a través de amenazas, o está lamentándose que ha perdido influencia en ese organismo.  Resulta muy extraño, además, que Correa haya tenido acceso a documentos de la Fiscalía que deberían ser parte de las investigaciones. No solo eso: cuando Correa dijo que la Fiscalía mintió en el boletín sobre Tacla también dejó abierta la posibilidad de que esa afirmación del ex abogado de Odebrecht se haya producido en una declaración “verbal”, que no se incluyó en la declaración escrita. 

Si Correa se refirió a este tema es porque durante la semana habían sido muy comentadas las publicaciones de la prensa basadas en el boletín de la Fiscalía. “Fue un invento de la Fiscalía”, dijo y aseguró al menos tres veces que él es el único que dice la verdad.

La mentira

Luego estuvo, en la sabatina, la negación de algo que dijo una semana antes. Según Correa, él jamás dijo que lo que ocurrió entre Alecksey Mosquera y Odebrecht había sido “un acuerdo entre privados”, como se comentó mucho en redes sociales y en medios digitales como 4Pelagatos. Correa se refería a la declaración que él hizo durante el conversatorio que mantiene los martes con la prensa en Guayaquil y donde, en efecto, dijo que el tema del depósito era “un acuerdo entre privados”.  Durante ese encuentro con periodistas en Guayaquil fue la primera vez que salió a defender a Mosquera y ahí lanzó la tesis de que el peor error de su ex ministro fue no haber declarado el depósito para pagar impuestos. “Si el hubiera facturado eso que recibió de Odebrecht no habría ilícito”, dijo Correa y se mostró indignado por la forma en que las redes sociales se habían burlado de él por haber dicho lo del acuerdo entre privados. “Estúpido no soy”, dijo en algún momento dejando en evidencia que le afectaron los comentarios aparecidos en redes sociales. Pero basta con revisar el video del conversatorio para comprobar que, en efecto, sí dijo aquello. En la sabatina del 29 de abril no solo lo negó. Insultó a ciudadanos por, supuestamente, haber tergiversado sus palabras. O tiene mala memoria el Presidente. O miente con desparpajo. 

4Pelagatos incluye aquí las evidencias de la mentira de Correa. Primero está el momento en que niega haber dicho lo del “acuerdo entre privados” y luego el conversatorio en que lo dijo. 

 

La teoría fraudulenta

Correa volvió a insistir en su idea de que no pudo haber coima porque Mosquera ya no era funcionario. Eso no es coima, insiste Correa. Él cree que puede tratarse de pagos por servicios profesionales o asesorías pero en ningún caso coima porque, insistió como cuatro veces, en que Mosquera ya no era funcionario y el contrato con Odebrecht ya había sido firmado tres años atrás. “¿Cómo puede haber coima si no era funcionario? No configura cohecho”. E insistió varias veces en los detalles de las fechas. Para Correa, el depósito se realizó tres años luego de firmado el contrato. “Cuando recibe este depósito no era funcionario público, por eso le están procesando por lavado de activos”.

Correa asume que una coima es lo mismo que el cohecho. Lo cierto es que si se revisa el Código Penal Integral ecuatoriano no está mencionada la coima aunque sí el cohecho. En efecto, el cohecho es un delito tipificado que solo aplica a los funcionarios en funciones, pero Correa olvida que según la Contraloría “los sujetos de la responsabilidad administrativa son los servidores y ex-servidores públicos”. Es decir, Alecksey Mosquera pudo haber dejado de ser funcionario pero sigue siendo responsable de lo que hizo cuando lo fue.  

Correa se enfrascó intensamente durante largos minutos en el tema de la coima y acusó de “cobardes” a varias personas que en redes sociales se habían referido al tema . Incluso preguntó, sin éxito, si entre los presentes en su sabatina había un abogado que le diga si puede haber coima con el ex funcionario.

Correa parece ignorar que la coima según el diccionario de la Real Academía de la Lengua es un americanismo que significa soborno. Y soborno, a su vez, tiene dos significados en ese diccionario: dádiva con que se soborna y “cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo o complacer a otra persona”. Es decir, Correa cree que coima es un término jurídico cuando realmente no lo es. Según la acepción de la Real Academia, si Odebrecht entregó dinero tres años más tarde a alguien a cambio de un favor, perfectamente pudo haber estado coimando, en este caso, a Mosquera.

Es evidente que el tema de Odebrecht, por más intentos que hace Correa de aparentar que no lo afecta, es algo que lo tiene enredado. Por eso, comete tantas tonterías como en esta sabatina que fue realizada en Quito.

Correa tiene depresión posparto de Moreno

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  1. El ciudadano según Correa: la visión que Rafael Correa de la política es la de un domesticador de perros: el animal hace algo, si algo le dan. ¿Por qué perdió las elecciones en Galápagos? Porque los funcionarios querían un aumento y el gobierno les otorgó 40% de lo que querían. ¿Por qué perdió en parte de los funcionarios en Quito? Porque les quitaron el bono del almuerzo, del transporte o el parqueadero. Ningún otro tema puede explicar que hayan votado “por los neoliberales”. En su mundo, los ciudadanos solo votan porque les dan algo. No por valores; tampoco por convicciones.
  2. Correa tiene depresión posparto de Moreno: en este antepenúltimo enlace –según dijo–, el 520 hecho en Quito, Correa mostró cuánto extrañará el cargo, su fastuosidad, sus decenas de guardaespaldas, sus aires monárquicos, las sabatinas… Para apreciarlo, basta con verlo como lo que es: un paciente de sicología proyectiva que, sonámbulo, atribuye a otros lo que le atañe: dice que los sufridores lo extrañarán. Dice que se deprimirán. Puso la canción de Marco Antonio Soliz, “No hay nada más difícil que vivir sin Ti” y la cantó con empeño de desengañado. Incluso se llamó “papito Correa”. Hay que agradecer su sinceridad.
  3. Correa es un gran maestro en pantomimas: verlo hablando del terremoto y sus consecuencias en Manabí y Esmeraldas es un espectáculo. En un segundo apaga el rostro, deja caer las cejas, achica los ojos, arruga el entrecejo, baja el tono. Su voz tiende a quebrarse. Su tono oscila y él busca que sus inflexiones de voz y sus énfasis (que subrayan subtextos previamente estudiados) remuevan los sentimientos. Conmueve verlo al borde de las lágrimas, recogido, alicaído… Un segundo después está de nuevo instalado en el sarcasmo. Ecuador tiene en Correa un actor, un gran farsante.
  4. Un elefante blanco es algo con un enorme potencial: ¿Y el aeropuerto de Tena, totalmente subutilizado? La respuesta la dio en esta sabatina. Lo hizo como si ensayara otra pieza de cinismo: echó la culpa a otros. TAME dejó de volar porque no había pasajeros. No es su responsabilidad porque el desarrollo local es obligación de las autoridades provinciales. Luego soltó esta perla: ese aeropuerto fue un ofrecimiento de Lucio Gutiérrez que su gobierno cumplió para que la gente no pierda la fe en la administración. Y esta otra: se gastaron $40 millones. Y se preguntó: ¿qué son $40 millones en una inversión pública de $80 000 millones? Nada. Además, no es elefante blanco. Ese aeropuerto –dijo– tiene “una gran utilidad potencial”. Así quedó re-definido lo que es un elefante blanco.
  5. La prueba de que Correa es honesto: el 15 de mayo inaugurará el museo de Carondelet donde están los regalos que recibieron –él y su esposa– durante estos diez años. Entregar los regalos es un gesto digno de ser saludado. El problema de Correa es que borra con una mano, lo que hace con la otra. Ahora resulta que por entregar esos regalos que suman ($2,3 millones), hay que dar por sentado que él y su gobierno son gente de una ética acrisolada. Si se piensa que por un servicio, el ex ministro Mosquera recibió un millón de dólares, es dable concluir que sale baratísimo a Correa pretender comprar, por $2,3 millones, un salvoconducto de moral para él y su gobierno. Huelga decir que, en este tema, Correa empuja el corcho lejos  tan lejos que quiere hacer creer anda sobregirado…  Pobre hombre. La impresión que causa es que la corrupción le preocupa tanto que quiere esconderse, y esconder a su gobierno, tras enormes ruedas de molino cada vez más difíciles de tragar.
  6. ¿Qué es la honestidad para Correa?: si el presidente cree que Cristina Fernández, la familia de Chávez, Lula da Silva… son honestos, toca hacerse una pregunta: ¿qué entiende por honestidad? Es evidente que la lista de Odebrecht le preocupa y, en ese sentido, está empeñado en desprestigiar a Marcelo Odebrecht quien hizo una acuerdo con la Justicia a cambio de transparentar los mecanismos de corrupción y las personas involucradas. Lo llama empresario corrupto (lo es), pero con ello pretende, desde hace tiempo, minar lo que teme que ese empresario revele a la fiscalía de Brasil o a la justicia de Estados Unidos sobre los corruptos del correísmo. Correa no solo desprestigia a Odebrecht. Hace lo mismo con Fernando Villavicencio y la Comisión Nacional Anticorrupción. Y hace esfuerzos inauditos, aunque se antojen pírricos, por defender a los nuevos ricos que lo rodean. No solo dice que no robaron sino que no dejaron robar. Olvida que en el camino ha habido ambulancias, chalecos, comecheques, gente con veleros que antes no tenían ni para pagar la pensión en los colegios, dinero en los tumbados, empresas en paraísos fiscales, es funcionarios suyos que huyeron del país… A Correa le pasa como al artista Christo: entre más oculta, más revela.
  7. La nueva coartada de Correa y Jalkh: a propósito de la inauguración de una unidad del Complejo Judicial del Sur de Quito, Correa y Gustavo Jalkh, presidente de la Judicatura, inventaron un nuevo sofisma verbal. Ahora todo se juega entre el argumento y la opinión. Argumentar es expresar un razonamiento lógico y racionalmente armado. Con pruebas. Opinar es cualquier cosa. Lo que hacen aquellos que les critican es opinar. Hablar paja. Ellos argumentan. Lo dicen como si fueran los miembros de la Real Academia de la Lengua. O guardianes de la ética pública. El problema de los dos es que el dicho les fluye, pero el hecho no les ayuda: Correa habló de la época en que los políticos tenían injerencia en la Justicia (uno emblemático de su gobierno es Chucky Seven) mientras que ahora -dice- solo hay meritocracia: es tan falso que Baltasar Garzón, traído por ellos, denunció irregularidades hasta en la conformación de la Corte Nacional de Justicia. Correa habla de cuando los ciudadanos se quejaban de indefensión ante la justicia y de impunidad para los poderosos. Esa es precisamente la queja ante su Justicia, de la cual la jueza Karen Matamoros se volvió un ícono.
  8. Pobre Lenín Moreno: Correa dijo en este enlace, que duró cuatro horas, que asiste a reuniones en las cuales se da lineamientos (una forma de decir lo deben hacer) en la Asamblea y en el gobierno de Moreno. Él anunció que José Serrano será el presidente de la Asamblea y que al taller donde se analizaron los resultados de la elección (lo dijo para desmentir que se tratara de una reunión del buró de Alianza País) estuvo el nuevo Fiscal General de la Nación. Es la forma para él de decir que un fiscal puede estar en reuniones de ese tipo y que, por lo mismo, espera que el gobierno de Moreno obedezca a la gran máxima del gatopardismo: que todo cambie, para que todo siga igual.
    Foto: Presidencia de la República

La mentira de Correa sobre Mosquera no duró ni 48 horas

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No pasaron ni 48 horas para que la versión que Rafael Correa hizo sobre la forma en que su ex ministro de Energía, Alexksey Mosquera, recibió un millón de dólares de Odebrecht quedara expuesta públicamente como mentira. Según Correa, Mosquera recibió ese dinero legítimamente porque ya no era funcionario y no fue bajo ningún caso a cambio de servicios prestados para la firma del contrato para la construcción de la hidroeléctrica Toachi-Pilatón.

Sin embargo, documentos de la Fiscalía a los que tuvo acceso El Comercio el martes 25 de abril, es decir el día cuando Correa hizo su declaración, indican que el pago fue precisamente para “agilitar trámites relacionados con la hidroeléctrica Toachi-Pilatón”.

Los documentos de la Fiscalía se basan en la declaración hecha desde España por Rodrigo Tacla, ex abogado de Odebrecht en el Ecuador, quien narró en 19 páginas cómo y para qué se hizo el pago a favor de Mosquera y Marcelo Endara, un socio de Mosquera quien también se halla detenido. Tacla fue quien afirma, en su delación, que el pago fue por las gestiones para conseguir el contrato para Toachi-Pilatón.

“Alexksey (Mosquera) recibe ese pago en el 2011. Ya no tenía nada que ver con el Toachi-Pilatón y no era funcionario público. ¿Dónde está el problema? Que no declaró ese millón de dólares. Hay defraudación tributaria y posible lavado de activos. Lastimosamente la noticia ha salido patas arriba y (dicen) que coimas, sobornos (fueron) para el contrato Toachi-Pilatón”, dijo Correa el martes 25 de abril en Guayaquil durante su conversatorio con medios de comunicación. Ahí incluso sostuvo que ese pago era parte de un acuerdo entre privados que no tiene nada que ver con el Gobierno y que la prueba de la inocencia de Mosquera es que, para la fecha en que recibió el dinero, Odebrecht había sido expulsada del Ecuador.

Pero las mentiras tienen patas cortas y no han pasado siquiera dos días para que la versión de Correa haya quedado completamente pulverizada.

Los documentos a los que tuvo acceso el periodista Javier Ortega de El Comercio revelan que el depósito fue cuidadosamente arreglado por Odebrecht.  Mosquera lo coordinó todo con un representante de Banca Privada de Andorra, BPA, y activó desde Uruguay una cuenta para recibir el depósito. En los arreglos también participó, desde España, Luiz Eduardo Rocha, alto ejecutivo de Odebrecht quien se halla preso desde marzo del 2016 por estar involucrado en el caso Lava Jato, que enlodó a políticos del Brasil y funcionarios de la petrolera brasileña. Rocha es uno de los 77 directivos que entregaron información a cambio de penas menores en este caso.

El pago a favor de Mosquera se hizo desde una empresa panameña llamada Klienfield, de propiedad de Odebrecht, hacia la cuenta Tokyo Traders, una empresa creada por el banco de Andorra y que figura a nombre de Marcelo Endara, el socio de Mosquera. De ese cuenta se transfirieron 920 mil dólares hacia Percy Trading que, aparentemente, dicen los documentos, pertenecen a Mosquera.  Ese dinero fue utilizado en maquinaria comprada en EEUU y China y luego vendida en Ecuador a una empresa en Quito en la que Mosquera aparece como su gerente general desde el 2012.

La información de la Fiscalía demuestra algo que resultaba bastante obvio tras las declaraciones de Correa: que es perfectamente posible que Mosquera haya recibido un pago por servicios prestados luego de firmado el contrato y cuando ya no ocupaba el cargo de Ministro. 

Correa, durante el conversatorio en Guayaquil, llamó la atención de una periodista de Ecuador TV que le preguntó su opinión sobre la coima a favor de Mosquera.   “Con todo cariño”, le dijo a la reportera en tono dulce pero aleccionador, “ustedes son un medio serio, hay que usar con precisión los términos. Se ha hablado de coima: no hay coima, no hay soborno porque no es funcionario público. Alexksey Mosquera fue ministro desde julio del 20o7 hasta julio del 2009”.  En el alegato que Correa hizo a favor de Mosquera, dijo que  “el contrato de Toachi-Pilatón salió en diciembre del 2007” y que “Odebrecht lo ganó en justa lid”. Además, aseguró que todo el proceso contractual había sido arreglado por la administración anterior del Consejo Provincial de Pichincha. 

¿Es posible que Correa no haya conocido de esta delación del ex abogado de Odebrecht hecha en España? Resulta muy difícil creer, aunque no es imposible, que Correa no haya tenido noticia de esta delación tomando en cuenta que fue hecha el 17 de febrero del 2017, es decir hace más de dos meses. Si Correa sabía de esta información, entonces ¿cómo es que sale a hacer una defensa tan burda y pueril de Alexksey Mosquera?  Hay una posibilidad: que haya sido para evitar que Mosquera entregue más información que pueda involucrar a su gobierno.

Resulta, además, muy llamativo que a Mosquera y a su socio Endara se los haya detenido únicamente luego de que la noticia apareció en los medios brasileños y replicada en Ecuador especialmente en medios digitales y redes sociales. ¿Si  ya existía desde febrero esa delación de Tacla por qué no se los detuvo para investigaciones mucho antes? Ha pasado más de dos meses desde que el ex abogado hizo su delación que se halla en un documento de 19 páginas que tiene la Fiscalía, según la información de El Comercio. ¿Qué pasaba si la noticia no salía en los medios brasileños? Difícil saberlo en un país como el Ecuador donde no hay certezas ni de la independencia de la Fiscalía ni de la administración de justicia.

Por ahora, lo que queda en claro es que para defender a Mosquera el Presidente fue capaz de articular una explicación que tarde o temprano iba a ser desbaratada por las evidencias.  Decir que lo único malo en lo hecho por Mosquera era no haber declarado impuestos resultaba, sin duda, un insulto a la razón y a la ética.

En la fotografía de la Presidencia de la República aparecen Rafael Correa y Alexsey Mosquera durante la colocación de la primera piedra del proyecto Coca Codo Sinclair en abril del 2008. También aparece Jorge Glas, aún con pelo, y un embajador argentino. 

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