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Caso Odebrecht

Correa: ¿por qué no dice la verdad al país?

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El millón de dólares que aparece entregado por Odebrecht a Alecksey Mosquera será recordado como una pieza del peor cinismo de Rafael Correa. He aquí un Presidente convertido en abogado de ciudadano que alguna vez fue ministro suyo.

¿Por qué lo defiende contra viento y marea? ¿Mosquera no tiene cómo hacerlo? ¿No puede decir al país por qué motivo recibió esa plata? ¿Por qué usa Correa todo el aparato propagandístico del Estado para convertir una coima en regalo o en remuneración de una asesoría inexistente? ¿Por qué usa el aparato del Estado para interferir en un proceso judicial iniciado por la Fiscalía General de la Nación? ¿Por qué lo que pudiera ser un mecanismo –uno más de corrupción de Odebrecht–; es decir, que un ex funcionario reciba plata por un servicio largos meses después de haber dejado el poder, lo convierte en un atentado al sentido común? ¿Acaso los corruptos no se ingenian precisamente procedimientos para que sus fechorías no sean rastreadas?

¿Por qué Correa, hablando de Mosquera, ancla entre sus seguidores la idea de que va a ser muy difícil detectar una ilegalidad, cuando ese no es su trabajo y, además, Odebrecht ya dijo que ese millón tiene que ver son servicios prestados sobre Toachi Pilatón: El diario O Globo lo refiere así: pagamento de US$ 1 milhão para funcionário do Ministério de Energia do Equador relativo à obra da Hidrelétrica de Toachi Pilatón.

¿Por qué Correa se inventa una historia que ni siquiera el ex ministro ha salido a contar? ¿Por qué dice que él tiene “una visión totalmente distinta de ese depósito” y no la da? ¿Cuál es esa visión totalmente distinta, Presidente? No la dice pero sí se sirve de esa coartada para fingir no decirla porque quiere permitir que “actúe la Justicia”? ¿Acaso no fue usted quien amenazó a la Fiscalía por un presunto error al interpretar, según usted, la versión del abogado de Odebrecht que vinculó a Alecksey Mosquera con el caso de Toachi Pilatón? ¿No fue usted quien llamó al Fiscal a sancionar a los que cometieron ese supuesto error? ¿No fue usted quien dijo que si el Fiscal no corrige hará que sus asambleístas se ocupen de él? ¿Por qué sabe usted que lo que hizo la Fiscalía es un “error garrafal”? Ah, porque usted revisó todo lo que dijo Tacla, el abogado. ¿Y cómo sabe usted lo que tiene o deja de tener la Fiscalía en esta investigación? ¿Por qué está metido usted en las carpetas de los investigadores de la Fiscalía? ¿Eso es lo que usted entiende por “permitir que la justicia actúe”?

Nunca se habrá visto un Presidente de la República que, ante un caso de coima a un ex funcionario –así reconocido por la empresa coimadora– dedica tanto tiempo, tanta pasión y tanto capital político, para defender a un ciudadano cuya cuenta bancaria creció de un golpe de un millón de dólares. Un presidente que parece haberse graduado de abogado en olla a presión ante la Tremenda Corte. Un presidente que dice a sus conciudadanos que no hay ilícito, que si lo hay será imposible de probar, que no hay cohecho, que ese pago fue “un acuerdo entre privados”, que no es lógico que Mosquera haya recibido esa plata por algún servicio a esa empresa cuando fue funcionario… ¿Por qué está usted confundiendo las pistas de este caso ante la opinión? ¿Qué defiende usted al jugarse a fondo por Mosquera? Usted, por simple deporte, amenaza a la Fiscalía y la obliga a desdecirse?  Usted, aupado en un supuesto sentido común,  está bendiciendo lo que podría revelarse como un mecanismo de Odebrecht para pagar favores sin dejar rastros evidentes. ¿Por qué Presidente? ¿Por qué, en vez de jugar a ocultar la bolita, no dice la verdad al país?

Normalmente un Presidente busca que los culpables de corrupción paguen por sus actos. Eso es lo normal. En la Revolución Ciudadana, Rafael Correa se juega, con todo el poder del Estado, para proteger y defender a un ciudadano que es grande, se puede defender solo y debe explicar cómo y por qué llegó un millón de dólares a sus bolsillos.

Correa, a 22 días de irse, da lecciones de un cinismo atroz. Y nutre todas las dudas sobre su aparente desinterés en la defensa ciega de un ex funcionario suyo que recibió un millón de dólares de una de las empresas más corruptoras del mundo.

Sabatina: vean cómo Correa miente con desparpajo

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Amenazar con sanciones a la Fiscalía, negar tozudamente que dijo algo que se puede probar que sí dijo y elaborar una graciosa tesis sobre lo que es la coima, son tres cosas que Rafael Correa hizo en los últimos diez minutos de su más reciente sabatina. Tres cosas que no prueban sino algo: el Presidente está enredándose cada vez más en el tema de Odebrecht y eso lo está poniendo muy nervioso.

La amenaza

Correa amenazó a la Fiscalía con sanciones a sus funcionarios porque, según él, ese organismo puso en un boletín de prensa una mentira que que luego recogieron algunos medios. La mentira, según Correa, es que Rodrigo Tacla, un ex abogado de Odebrecht, ha dicho que el ex ministro de Energía, Alecksey Mosquera recibió el millón de dólares de Odebrecht por su ayuda para que la empresa brasileña construya la hidroeléctrica Toachi-Pilatón. Correa sostuvo que él y sus asesores han revisado toda la declaración de Tacla y que, en ningún momento, consta que el depósito que recibió Mosquera haya tenido relación con el Toachi-Pilatón. Esa es una mentira por la que, dijo, los fiscales deberán ser sancionados. “Aquí va a haber sanciones, con todo respeto, a los fiscales que indujeron al fiscal general al terrible error. Y si no se sanciona ya tendrá que actuar la Asamblea, porque no se puede tratar  estas cosas así”, amenazó Correa asumiendo el papel de gerente propietario del Estado.

La amenaza de Correa es insólita. Ya se sabe que él, en contra de todos los principios democráticos, controla esa institución y que ese control ha sido clave durante sus diez años de gobierno. Pero de ahí a ser tan obvio y explícito sobre ese tema a estas alturas del partido, precisamente cuando aparecen señales sobre una aparente investigación al tema Odebrecht, es de una torpeza singular. ¿Cómo se le ocurre amenazar con sanciones a la Fiscalía si él o su gobierno podrían ser sujetos de investigación en el caso? O Correa no es lo suficientemente listo para quedarse callado y fingir que no es el mandamás de la Fiscalía a través de amenazas, o está lamentándose que ha perdido influencia en ese organismo.  Resulta muy extraño, además, que Correa haya tenido acceso a documentos de la Fiscalía que deberían ser parte de las investigaciones. No solo eso: cuando Correa dijo que la Fiscalía mintió en el boletín sobre Tacla también dejó abierta la posibilidad de que esa afirmación del ex abogado de Odebrecht se haya producido en una declaración “verbal”, que no se incluyó en la declaración escrita. 

Si Correa se refirió a este tema es porque durante la semana habían sido muy comentadas las publicaciones de la prensa basadas en el boletín de la Fiscalía. “Fue un invento de la Fiscalía”, dijo y aseguró al menos tres veces que él es el único que dice la verdad.

La mentira

Luego estuvo, en la sabatina, la negación de algo que dijo una semana antes. Según Correa, él jamás dijo que lo que ocurrió entre Alecksey Mosquera y Odebrecht había sido “un acuerdo entre privados”, como se comentó mucho en redes sociales y en medios digitales como 4Pelagatos. Correa se refería a la declaración que él hizo durante el conversatorio que mantiene los martes con la prensa en Guayaquil y donde, en efecto, dijo que el tema del depósito era “un acuerdo entre privados”.  Durante ese encuentro con periodistas en Guayaquil fue la primera vez que salió a defender a Mosquera y ahí lanzó la tesis de que el peor error de su ex ministro fue no haber declarado el depósito para pagar impuestos. “Si el hubiera facturado eso que recibió de Odebrecht no habría ilícito”, dijo Correa y se mostró indignado por la forma en que las redes sociales se habían burlado de él por haber dicho lo del acuerdo entre privados. “Estúpido no soy”, dijo en algún momento dejando en evidencia que le afectaron los comentarios aparecidos en redes sociales. Pero basta con revisar el video del conversatorio para comprobar que, en efecto, sí dijo aquello. En la sabatina del 29 de abril no solo lo negó. Insultó a ciudadanos por, supuestamente, haber tergiversado sus palabras. O tiene mala memoria el Presidente. O miente con desparpajo. 

4Pelagatos incluye aquí las evidencias de la mentira de Correa. Primero está el momento en que niega haber dicho lo del “acuerdo entre privados” y luego el conversatorio en que lo dijo. 

 

La teoría fraudulenta

Correa volvió a insistir en su idea de que no pudo haber coima porque Mosquera ya no era funcionario. Eso no es coima, insiste Correa. Él cree que puede tratarse de pagos por servicios profesionales o asesorías pero en ningún caso coima porque, insistió como cuatro veces, en que Mosquera ya no era funcionario y el contrato con Odebrecht ya había sido firmado tres años atrás. “¿Cómo puede haber coima si no era funcionario? No configura cohecho”. E insistió varias veces en los detalles de las fechas. Para Correa, el depósito se realizó tres años luego de firmado el contrato. “Cuando recibe este depósito no era funcionario público, por eso le están procesando por lavado de activos”.

Correa asume que una coima es lo mismo que el cohecho. Lo cierto es que si se revisa el Código Penal Integral ecuatoriano no está mencionada la coima aunque sí el cohecho. En efecto, el cohecho es un delito tipificado que solo aplica a los funcionarios en funciones, pero Correa olvida que según la Contraloría “los sujetos de la responsabilidad administrativa son los servidores y ex-servidores públicos”. Es decir, Alecksey Mosquera pudo haber dejado de ser funcionario pero sigue siendo responsable de lo que hizo cuando lo fue.  

Correa se enfrascó intensamente durante largos minutos en el tema de la coima y acusó de “cobardes” a varias personas que en redes sociales se habían referido al tema . Incluso preguntó, sin éxito, si entre los presentes en su sabatina había un abogado que le diga si puede haber coima con el ex funcionario.

Correa parece ignorar que la coima según el diccionario de la Real Academía de la Lengua es un americanismo que significa soborno. Y soborno, a su vez, tiene dos significados en ese diccionario: dádiva con que se soborna y “cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo o complacer a otra persona”. Es decir, Correa cree que coima es un término jurídico cuando realmente no lo es. Según la acepción de la Real Academia, si Odebrecht entregó dinero tres años más tarde a alguien a cambio de un favor, perfectamente pudo haber estado coimando, en este caso, a Mosquera.

Es evidente que el tema de Odebrecht, por más intentos que hace Correa de aparentar que no lo afecta, es algo que lo tiene enredado. Por eso, comete tantas tonterías como en esta sabatina que fue realizada en Quito.

Correa tiene depresión posparto de Moreno

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  1. El ciudadano según Correa: la visión que Rafael Correa de la política es la de un domesticador de perros: el animal hace algo, si algo le dan. ¿Por qué perdió las elecciones en Galápagos? Porque los funcionarios querían un aumento y el gobierno les otorgó 40% de lo que querían. ¿Por qué perdió en parte de los funcionarios en Quito? Porque les quitaron el bono del almuerzo, del transporte o el parqueadero. Ningún otro tema puede explicar que hayan votado “por los neoliberales”. En su mundo, los ciudadanos solo votan porque les dan algo. No por valores; tampoco por convicciones.
  2. Correa tiene depresión posparto de Moreno: en este antepenúltimo enlace –según dijo–, el 520 hecho en Quito, Correa mostró cuánto extrañará el cargo, su fastuosidad, sus decenas de guardaespaldas, sus aires monárquicos, las sabatinas… Para apreciarlo, basta con verlo como lo que es: un paciente de sicología proyectiva que, sonámbulo, atribuye a otros lo que le atañe: dice que los sufridores lo extrañarán. Dice que se deprimirán. Puso la canción de Marco Antonio Soliz, “No hay nada más difícil que vivir sin Ti” y la cantó con empeño de desengañado. Incluso se llamó “papito Correa”. Hay que agradecer su sinceridad.
  3. Correa es un gran maestro en pantomimas: verlo hablando del terremoto y sus consecuencias en Manabí y Esmeraldas es un espectáculo. En un segundo apaga el rostro, deja caer las cejas, achica los ojos, arruga el entrecejo, baja el tono. Su voz tiende a quebrarse. Su tono oscila y él busca que sus inflexiones de voz y sus énfasis (que subrayan subtextos previamente estudiados) remuevan los sentimientos. Conmueve verlo al borde de las lágrimas, recogido, alicaído… Un segundo después está de nuevo instalado en el sarcasmo. Ecuador tiene en Correa un actor, un gran farsante.
  4. Un elefante blanco es algo con un enorme potencial: ¿Y el aeropuerto de Tena, totalmente subutilizado? La respuesta la dio en esta sabatina. Lo hizo como si ensayara otra pieza de cinismo: echó la culpa a otros. TAME dejó de volar porque no había pasajeros. No es su responsabilidad porque el desarrollo local es obligación de las autoridades provinciales. Luego soltó esta perla: ese aeropuerto fue un ofrecimiento de Lucio Gutiérrez que su gobierno cumplió para que la gente no pierda la fe en la administración. Y esta otra: se gastaron $40 millones. Y se preguntó: ¿qué son $40 millones en una inversión pública de $80 000 millones? Nada. Además, no es elefante blanco. Ese aeropuerto –dijo– tiene “una gran utilidad potencial”. Así quedó re-definido lo que es un elefante blanco.
  5. La prueba de que Correa es honesto: el 15 de mayo inaugurará el museo de Carondelet donde están los regalos que recibieron –él y su esposa– durante estos diez años. Entregar los regalos es un gesto digno de ser saludado. El problema de Correa es que borra con una mano, lo que hace con la otra. Ahora resulta que por entregar esos regalos que suman ($2,3 millones), hay que dar por sentado que él y su gobierno son gente de una ética acrisolada. Si se piensa que por un servicio, el ex ministro Mosquera recibió un millón de dólares, es dable concluir que sale baratísimo a Correa pretender comprar, por $2,3 millones, un salvoconducto de moral para él y su gobierno. Huelga decir que, en este tema, Correa empuja el corcho lejos  tan lejos que quiere hacer creer anda sobregirado…  Pobre hombre. La impresión que causa es que la corrupción le preocupa tanto que quiere esconderse, y esconder a su gobierno, tras enormes ruedas de molino cada vez más difíciles de tragar.
  6. ¿Qué es la honestidad para Correa?: si el presidente cree que Cristina Fernández, la familia de Chávez, Lula da Silva… son honestos, toca hacerse una pregunta: ¿qué entiende por honestidad? Es evidente que la lista de Odebrecht le preocupa y, en ese sentido, está empeñado en desprestigiar a Marcelo Odebrecht quien hizo una acuerdo con la Justicia a cambio de transparentar los mecanismos de corrupción y las personas involucradas. Lo llama empresario corrupto (lo es), pero con ello pretende, desde hace tiempo, minar lo que teme que ese empresario revele a la fiscalía de Brasil o a la justicia de Estados Unidos sobre los corruptos del correísmo. Correa no solo desprestigia a Odebrecht. Hace lo mismo con Fernando Villavicencio y la Comisión Nacional Anticorrupción. Y hace esfuerzos inauditos, aunque se antojen pírricos, por defender a los nuevos ricos que lo rodean. No solo dice que no robaron sino que no dejaron robar. Olvida que en el camino ha habido ambulancias, chalecos, comecheques, gente con veleros que antes no tenían ni para pagar la pensión en los colegios, dinero en los tumbados, empresas en paraísos fiscales, es funcionarios suyos que huyeron del país… A Correa le pasa como al artista Christo: entre más oculta, más revela.
  7. La nueva coartada de Correa y Jalkh: a propósito de la inauguración de una unidad del Complejo Judicial del Sur de Quito, Correa y Gustavo Jalkh, presidente de la Judicatura, inventaron un nuevo sofisma verbal. Ahora todo se juega entre el argumento y la opinión. Argumentar es expresar un razonamiento lógico y racionalmente armado. Con pruebas. Opinar es cualquier cosa. Lo que hacen aquellos que les critican es opinar. Hablar paja. Ellos argumentan. Lo dicen como si fueran los miembros de la Real Academia de la Lengua. O guardianes de la ética pública. El problema de los dos es que el dicho les fluye, pero el hecho no les ayuda: Correa habló de la época en que los políticos tenían injerencia en la Justicia (uno emblemático de su gobierno es Chucky Seven) mientras que ahora -dice- solo hay meritocracia: es tan falso que Baltasar Garzón, traído por ellos, denunció irregularidades hasta en la conformación de la Corte Nacional de Justicia. Correa habla de cuando los ciudadanos se quejaban de indefensión ante la justicia y de impunidad para los poderosos. Esa es precisamente la queja ante su Justicia, de la cual la jueza Karen Matamoros se volvió un ícono.
  8. Pobre Lenín Moreno: Correa dijo en este enlace, que duró cuatro horas, que asiste a reuniones en las cuales se da lineamientos (una forma de decir lo deben hacer) en la Asamblea y en el gobierno de Moreno. Él anunció que José Serrano será el presidente de la Asamblea y que al taller donde se analizaron los resultados de la elección (lo dijo para desmentir que se tratara de una reunión del buró de Alianza País) estuvo el nuevo Fiscal General de la Nación. Es la forma para él de decir que un fiscal puede estar en reuniones de ese tipo y que, por lo mismo, espera que el gobierno de Moreno obedezca a la gran máxima del gatopardismo: que todo cambie, para que todo siga igual.
    Foto: Presidencia de la República

La mentira de Correa sobre Mosquera no duró ni 48 horas

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No pasaron ni 48 horas para que la versión que Rafael Correa hizo sobre la forma en que su ex ministro de Energía, Alexksey Mosquera, recibió un millón de dólares de Odebrecht quedara expuesta públicamente como mentira. Según Correa, Mosquera recibió ese dinero legítimamente porque ya no era funcionario y no fue bajo ningún caso a cambio de servicios prestados para la firma del contrato para la construcción de la hidroeléctrica Toachi-Pilatón.

Sin embargo, documentos de la Fiscalía a los que tuvo acceso El Comercio el martes 25 de abril, es decir el día cuando Correa hizo su declaración, indican que el pago fue precisamente para “agilitar trámites relacionados con la hidroeléctrica Toachi-Pilatón”.

Los documentos de la Fiscalía se basan en la declaración hecha desde España por Rodrigo Tacla, ex abogado de Odebrecht en el Ecuador, quien narró en 19 páginas cómo y para qué se hizo el pago a favor de Mosquera y Marcelo Endara, un socio de Mosquera quien también se halla detenido. Tacla fue quien afirma, en su delación, que el pago fue por las gestiones para conseguir el contrato para Toachi-Pilatón.

“Alexksey (Mosquera) recibe ese pago en el 2011. Ya no tenía nada que ver con el Toachi-Pilatón y no era funcionario público. ¿Dónde está el problema? Que no declaró ese millón de dólares. Hay defraudación tributaria y posible lavado de activos. Lastimosamente la noticia ha salido patas arriba y (dicen) que coimas, sobornos (fueron) para el contrato Toachi-Pilatón”, dijo Correa el martes 25 de abril en Guayaquil durante su conversatorio con medios de comunicación. Ahí incluso sostuvo que ese pago era parte de un acuerdo entre privados que no tiene nada que ver con el Gobierno y que la prueba de la inocencia de Mosquera es que, para la fecha en que recibió el dinero, Odebrecht había sido expulsada del Ecuador.

Pero las mentiras tienen patas cortas y no han pasado siquiera dos días para que la versión de Correa haya quedado completamente pulverizada.

Los documentos a los que tuvo acceso el periodista Javier Ortega de El Comercio revelan que el depósito fue cuidadosamente arreglado por Odebrecht.  Mosquera lo coordinó todo con un representante de Banca Privada de Andorra, BPA, y activó desde Uruguay una cuenta para recibir el depósito. En los arreglos también participó, desde España, Luiz Eduardo Rocha, alto ejecutivo de Odebrecht quien se halla preso desde marzo del 2016 por estar involucrado en el caso Lava Jato, que enlodó a políticos del Brasil y funcionarios de la petrolera brasileña. Rocha es uno de los 77 directivos que entregaron información a cambio de penas menores en este caso.

El pago a favor de Mosquera se hizo desde una empresa panameña llamada Klienfield, de propiedad de Odebrecht, hacia la cuenta Tokyo Traders, una empresa creada por el banco de Andorra y que figura a nombre de Marcelo Endara, el socio de Mosquera. De ese cuenta se transfirieron 920 mil dólares hacia Percy Trading que, aparentemente, dicen los documentos, pertenecen a Mosquera.  Ese dinero fue utilizado en maquinaria comprada en EEUU y China y luego vendida en Ecuador a una empresa en Quito en la que Mosquera aparece como su gerente general desde el 2012.

La información de la Fiscalía demuestra algo que resultaba bastante obvio tras las declaraciones de Correa: que es perfectamente posible que Mosquera haya recibido un pago por servicios prestados luego de firmado el contrato y cuando ya no ocupaba el cargo de Ministro. 

Correa, durante el conversatorio en Guayaquil, llamó la atención de una periodista de Ecuador TV que le preguntó su opinión sobre la coima a favor de Mosquera.   “Con todo cariño”, le dijo a la reportera en tono dulce pero aleccionador, “ustedes son un medio serio, hay que usar con precisión los términos. Se ha hablado de coima: no hay coima, no hay soborno porque no es funcionario público. Alexksey Mosquera fue ministro desde julio del 20o7 hasta julio del 2009”.  En el alegato que Correa hizo a favor de Mosquera, dijo que  “el contrato de Toachi-Pilatón salió en diciembre del 2007” y que “Odebrecht lo ganó en justa lid”. Además, aseguró que todo el proceso contractual había sido arreglado por la administración anterior del Consejo Provincial de Pichincha. 

¿Es posible que Correa no haya conocido de esta delación del ex abogado de Odebrecht hecha en España? Resulta muy difícil creer, aunque no es imposible, que Correa no haya tenido noticia de esta delación tomando en cuenta que fue hecha el 17 de febrero del 2017, es decir hace más de dos meses. Si Correa sabía de esta información, entonces ¿cómo es que sale a hacer una defensa tan burda y pueril de Alexksey Mosquera?  Hay una posibilidad: que haya sido para evitar que Mosquera entregue más información que pueda involucrar a su gobierno.

Resulta, además, muy llamativo que a Mosquera y a su socio Endara se los haya detenido únicamente luego de que la noticia apareció en los medios brasileños y replicada en Ecuador especialmente en medios digitales y redes sociales. ¿Si  ya existía desde febrero esa delación de Tacla por qué no se los detuvo para investigaciones mucho antes? Ha pasado más de dos meses desde que el ex abogado hizo su delación que se halla en un documento de 19 páginas que tiene la Fiscalía, según la información de El Comercio. ¿Qué pasaba si la noticia no salía en los medios brasileños? Difícil saberlo en un país como el Ecuador donde no hay certezas ni de la independencia de la Fiscalía ni de la administración de justicia.

Por ahora, lo que queda en claro es que para defender a Mosquera el Presidente fue capaz de articular una explicación que tarde o temprano iba a ser desbaratada por las evidencias.  Decir que lo único malo en lo hecho por Mosquera era no haber declarado impuestos resultaba, sin duda, un insulto a la razón y a la ética.

En la fotografía de la Presidencia de la República aparecen Rafael Correa y Alexsey Mosquera durante la colocación de la primera piedra del proyecto Coca Codo Sinclair en abril del 2008. También aparece Jorge Glas, aún con pelo, y un embajador argentino. 

Si a Correa lo sorprenden robando podría decir que estaba cuidando

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Es perfectamente posible imaginar a Rafael Correa detenido por la policía saliendo por la ventana de una casa que no es la suya, con un lote de joyas en sus manos, diciendo a sus captores que no estaba robando sino que entró para regar las plantas del vecino y, como vio que había unos objetos brillantes tirados en una caja fuerte, pensó que lo mejor era sacarlos a la calle para preguntar a los transeúntes si les pertenecía o no. Y claro, también hay como imaginarlo diciendo que eso no es delito.

Si resulta perfectamente posible imaginar a Rafael Correa diciendo que sacaba las joyas para buscar a sus dueños es porque ha demostrado que es capaz de darle la vuelta al significado de las palabras para que éstas se adapten a lo que le conviene. Lo hizo en el conversatorio que sostiene los martes en Guayaquil con los medios de comunicación cuando habló sobre la detención de su ex ministro de Energía Alexksey Mosquera para investigarlo por haber recibido un millón de dólares por parte de Odebrecht.

Correa aseguró que lo único irregular que puede haber habido en la recepción de Mosquera de un millón de dólares es evasión de impuestos. Sí, en el argumento de Correa en esta transacción, a la que calificó como acuerdo entre privados, apenas hay defraudación tributaria y quizá lavado de activos por la simple razón de que ese dinero lo recibió luego de haber sido Ministro y mucho después de que se firmó el contrato con Odebrecht para el Toachi-Pilatón. En otras palabras no hay nada malo en que lo hayan entrega esa suma de dinero porque lo que  recibió fue cuando ya no era ministro.

¿No es posible, según el raciocinio de alguien que se supone tiene el coeficiente de inteligencia necesario para ser Presidente, que el pago pudo haber recibido Mosquera luego de cumplido algún supuesto servicio a favor de Odebrecht? Hay declaraciones cínicas, otras que son muy cínicas y esta hecha por Correa en Guayaquil.

Pero que Correa pretenda hacer creer a la opinión pública que no se reciben pagos luego de haber hecho un favor o un servicio, sino únicamente antes, no es lo más escandaloso de las declaraciones del conversatorio. ¿Cómo es posible que al Presidente ni siquiera le parezca extraño o que al menos se sorprenda de que alguien que fue su funcionario haya recibido un millón de dólares de una empresa que contrató con el Estado? ¿No le parece nadita extraño que el pago que recibió su ex Ministro haya sido precisamente de la empresa que está hasta el pescuezo en un escándalo de corrupción de escala mundial? ¿No le dice nada la palabra Odebrecht? ¿No se le suena?

“Hay que usar con precisión los términos” le dijo a la periodista del canal del Gobierno que le preguntó, con mucho cuidado y tino, sobre el tema. “Se ha hablado de coima, no hay coima, no hay soborno porque no es funcionario público. Alexksey Mosquera fue ministro desde julio del 20o7 hasta julio del 2009. El ha recibido ese pago de Odebrecht en febrero del 2011. En principio tendría todo el derecho para hacerlo, como consultar privado, etc. El problema es que no lo declaró . Hay defraudación tributaria y probable lavado de activos”, dijo sin despenairse y alternando lo que decía con esa risita nerviosa que lo acompaña a sus declaraciones públicas.

Con argumentos así, entonces, es perfectamente posible y legítimamente verosímil imaginarse a Correa con las manos llenas de joyas asegurando, con tranquilidad pasmosa, que las sacó de la casa del vecino para verificar quién es el dueño.

Correa ya había abordado meses antes el tema de Odebrecht de tal forma que si aparecen denuncias en su contra o de sus funcionarios éstas deberían perder fuerza y legitimidad. Entre esas cosas había dicho, por ejemplo, que el escándalo Odebrecht es un complot de la banca y de la derecha internacional para desestabilizar gobiernos progresistas y que, si aparecen las denuncias. no hay que olvidar que son hechas por un empresario corrupto. O que tras el tema hay un plan concebido para afectar exclusivamente a su gobierno pues, según él, el escándalo Odebrecht sospechosamente se circunscribe a su período presidencial y no alcanza a la partidocracia, esa sí corrupta y corruptora.

Pero Correa nunca había dicho, hasta ahora, cosas de la envergadura como las que afirmó sobre Mosquera en este conversatorio. Asegurar que no se puede hablar de coima ni de soborno porque Mosquera ya no era Ministro cuando recibió la transacción, es como tratar de inventarse un nuevo concepto de honradez y de ética de un minuto al otro.

Resulta insólito y escandaloso que para Correa un ex ministro suyo no sea responsable de lo que hizo durante su administración y que por el hecho de que ya no estaba en el cargo no debe responder por un depósito de un millón de dólares que le hizo una empresa que firmó contratos con él. Sí él mismo había dicho al inicio del conversatorio que Odebrecht es una empresa corrupta y corruptura (lo mismo siempre dijo de la Chevron) ¿cómo es que no le llama la atención que un ex ministro suyo haya recibido tanto dinero precisamente de ella? Pero no solo es insólito que no le llame la atención todo eso o que no pida explicaciones siquiera a los involucrados, no. Lo más insólito es que haya dicho que la transacción entre Mosquera y Odebrecht es tan solo un “acuerdo entre privados”, cuyo único defecto es que no haya producido pago de impuestos. Parecería que dentro de poco, Correa podría decir que la corrupción es buena si cuando se cometen actos de corrupción se pagan impuestos.

“Esto habla muy bien del gobierno. Resulta que es un depósito cuando Alexksey Mosquera ya no era ministro, dos años después de entregado el contrato Toachi-Pilatón y que demuestra que el gobierno ha actuado siempre en función del bien común (…) No es coima, no es soborno porque Alexksei Mosquera ya no era funcionario público. Es un acuerdo entre privados y el principal problema, la acusación es por eso, es que puede haber defraudación tributaria porque no se declaró ese millón de dólares”, sostuvo. Y más adelante soltó algo aún más grosso: “si yo como Alexksey Mosquera trabajo como consultor eléctrico, cobro un millón de dólares, facturo y deposito donde me de la gana en el mundo no pasaba absolutamente nada. El problema es que no lo haya declarado”.

Correa, esta vez, no solo vuelve a curarse en salud cuando dice que estas denuncias no deben tener credibilidad porque las hace un corrupto como Marcelo Odebrecht, sino que también inventa un nuevo concepto sobre honradez y responsabilidad pública. Si a él la Chevron o la propia Odebrecht le paga un millón o más de dólares cuando ya esté viviendo en Bruselas no habrá nada de malo ni que merezca ser investigado si es que, al menos, ha pagado impuestos. Todo es cosa de esperar a salir del cargo y pagar impuestos.

Otra cosa que llama la atención luego de la declaración de Correa es que ésta haya coincidido plenamente con el contenido de un tuit escrito en la cuenta de la Fiscalía el 23 de abril. En ese mensaje, la Fiscalía en franco e impúdico tono de descargo a favor del Gobierno y de Mosquera también decía que, ojo, Mosquera había recibido el pago luego de ser funcionario. Como si eso fuera relevante para una Fiscalía. Resulta extraño, sino al menos curioso, que la posición de Correa durante el conversatorio haya sido tan alineada con aquella de la Fiscalía. Basta ver los comentarios y respuestas que mereció este tuit de la Fiscalía para entender lo que esa afirmación supone.

Alexksey Mosquera puede estar tranquilo. Si fue sorprendido recibiendo un millón de dólares de Odebrecht podría llegar a decir, tranquilamente, que le prestó su cuenta bancaria a los brasileños porque éstos habían olvidado el número de la suya. Y si es así no hay que sorprenderse que Correa jure por lo más santo que eso es verdad.

John Oliver tiene material para darse gusto

en Columnistas/Las Ideas por

Hace dos años, el comediante inglés John Oliver dedicó una breve sección de su programa “Last Week Tonight” para burlarse de Rafael Correa, lo que, como no podía ser de otra manera, generó la correspondiente reacción por parte del Presidente y también del entonces secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, quien, indignado por las burlas contra su jefe, tuiteó: “Para los wannabe cualquier payaso gringo es digno de aplaudir. Allá ellos con su aculturación, acá escribe un ecuatoriano hasta la médula!”. (¡Cómo vamos a extrañar la altura, la inteligente ironía de Alvarado!). Por entonces, Oliver se mofó de que Correa, siendo Presidente, tuviera actitudes como romper diarios, invitar a un payaso a eventos oficiales o emprender una guerra contra tuiteros anónimos. Se entiende que esos comportamientos (que en Ecuador nos han llegado a parecer normales) hayan sido un material jugoso para un programa cómico muy popular en países con democracias más avanzadas. Pero al lado de todo lo que ha pasado en las últimas semanas, ¡son huevadas!

¿Qué diría Oliver, por ejemplo, al escuchar al Fiscal General de la Nación (ex abogado personal del Presidente y ex ministro de este gobierno) informar, con sonrisa de hornado, que su avance en el caso Odebrecht es que él ya sabe quién es el corruptor? ¿O al enterarse de que la Fiscalía devolvió a Brasil documentación sobre el mismo caso aduciendo que no la puede traducir del portugués? También merecería un comentario en un programa como “Last Week Tonight” el hecho de que el Secretario Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación haya tuiteado una encuesta muy favorable al Gobierno supuestamente realizada por una prestigiosa universidad de EE.UU., y que cuando se supo que se trataba de una encuesta falsa, el individuo, en una actitud muy académica, digna de semejante cargo, ¡se limitó a borrar el tuit! Dado que el programa de Oliver también investiga, bien podría seguir la pista de esa empresa tan misteriosa, salida de la nada, que, según el mismo Secretario de Educación Superior, va a invertir 3.000 millones de dólares para fabricar autos eléctricos en Urcuquí.

Si estuviera siguiendo la campaña electoral, Oliver podría darse gusto contándole al mundo que en Ecuador el candidato oficialista considera demagógica la propuesta de crear un millón de puestos de empleo en cuatro años y que él, en cambio, ofrece 250.000 por año. O que el mismo candidato, miembro y representante del gobierno que manejó el país en los últimos diez años (ocho de ellos con una bonanza extraordinaria) se haya preguntado a sí mismo en un reciente debate cómo puede haber desempleo en un país tan rico como Ecuador.

El tema corrupción, dada la avalancha de denuncias que se han conocido en los últimos días, puede resultar abrumador para una audiencia extranjera (¡ya lo es para los ecuatorianos!), pero el ingenioso Oliver bien podría referirse por lo menos a esos alias tan sofisticados, como Capaya o Vidrio VP, que los presuntos corruptos usan en Ecuador para esconder sus fechorías. O al hecho de que el Presidente diga que un ex ministro (que, ahora que está prófugo, ha hecho graves denuncias contra altos funcionarios) estuvo infiltrado en su gobierno, ¡pese a que formó parte del mismo durante nueve años!

Dos años después de haberse burlado de Correa, Oliver se sorprendería al saber que el payaso que apareció en la sabatina actualmente es candidato a la Asamblea por un partido cercano al de gobierno y que en contra del entonces secretario de Comunicación (actual ministro de Turismo), que se refirió a él como “cualquier payaso gringo”, se presentó una denuncia porque habría caído a golpes a un ciudadano.

Francamente, con tanto material sorprende que Oliver no haya dedicado una edición entera de su programa a Ecuador. Tal vez es porque a nivel mundial (pese a que según el Gobierno el Ecuador se ha convertido en los últimos diez años en el ombligo del mundo) hay temas más relevantes, como la llegada de Donald Trump, tan parecido a Correa en muchas de sus actitudes, a la presidencia de EE.UU. O porque en las actuales circunstancias, probablemente el Presidente ya no respondería con tuits que pretenden ser graciosos, como lo hizo la primera vez, sino llamando a Oliver enfermo, o drogadicto o pagado por los Isaías. Y a nadie le gusta que le digan así. O simplemente porque este fin de ciclo ha resultado ser tan patético que para un cómico talentoso como Oliver casi no tiene mérito hacer chiste de eso. El gobierno saliente, sin que haga falta un comediante que lo ponga en evidencia, ha dado motivos de sobra para reír. O, si se piensa en las consecuencias de sus actos, para llorar.

El código deontológico de Correa es un chicle

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¿Carlos Pareja Yannuzzelli es un delincuente? Probablemente. Lo tiene que decidir la justicia. ¿Jorge Glas es un corrupto? Probablemente. Eso también lo tendría que demostrar la justicia. Para Rafael Correa las cosas son más sencillas. Pareja Yannuzzelli huyó; luego es un delincuente. Ningún juez de la justicia correísta investiga a Glas; luego es un ser probo, maravilloso, íntegro. En estas cosas de la Justicia, el Presidente es una autoridad. No solo acusa a Pareja Yannuzelli y exculpa a Glas: pide a los electores que le crean. Como si pudiera creer a los políticos con los ojos abiertos. Como si la esfera pública fuera una iglesia en la cual, en vez de pruebas, basta con actos de fe.

Hecho ese ejercicio, el Presidente pasa a otra etapa en la cual también es igualmente una autoridad: el periodismo. Se lanza contra los periodistas y medios que entrevistaron a Pareja Yannuzzelli en Miami. Y decreta que un prófugo (que puede ser o no un delincuente) no debe ser entrevistado. Pues bien: Julian Assange es prófugo, está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres y ha dado tantas entrevistas que es imposible reseñarlas una a una. Otro ejemplo más extremo: Osama Bin Laden, el enemigo número uno para el Occidente durante largos años fue entrevistado por medios tan serios como CNN, ABC, Time, The Independent… Incluso semanas antes de que se produjera el ataque que acabó con su vida.

Correa dice que un delincuente no puede ser entrevistado. Y que si lo es, debe ser para que se auto inculpe. Da espanto oírlo decir tantos despropósitos. Y tantas mentiras. Dijo, por ejemplo, que los periodistas no preguntaron a Pareja Yannuzelli por sus actos corruptos en Petroecuador. ¿Cómo lo sabe si esas entrevistas no salieron al aire? ¿Cómo lo sabe si el material de Tania Tinoco fue robado y la versión que circuló en las redes no fue editada por ella? ¿Cómo lo sabe si el material de Expreso no fue publicado? ¿No valen los intentos que hace Janet Hinostroza, en una parte de la entrevista que circuló, para que el prófugo diga de qué pide perdón a la sociedad ecuatoriana?

Por supuesto que el entrevistado hala la cobija para su lado. Siempre lo hace. ¿Acaso Correa no lo hace cuando alguien le tiende un micrófono? Pero en el buen periodismo (que Correa persigue) se practica la duda metódica, se sabe que ninguna fuente es objetiva, se entiende que las versiones no son verdades unívocas y que la verdad periodística se arma, en muchos casos, como un rompecabezas: pieza por pieza.

En el caso de las mafias (y en este gobierno hay mafias), la historia enseña que son los mafiosos los que delatan a los otros mafiosos. Entrevistar a un sospechoso o a un delincuente hace parte de la tarea periodística. Y juzgar si el producto que sale debe ser publicado es parte del proceso periodístico y ético de cada redacción. No del poder. Si Expreso juzgó que no debía publicar la entrevista que hicieron dos de sus editores, es su derecho. Pero pretender, como hace Correa, que las razones deontológicas que Expreso esgrimió coinciden con supuestos códigos éticos suyos, es como para desternillarse de la risa. Y es una coartada incalificable erigir las razones de Expreso para dar clases de moral a Teleamazonas y a Ecuavisa. Lo que quería Correa -y logró- es que esas entrevistas no salgan al aire. Ahora Correa se cuelga de las razones deontológicas de Expreso para encubrir la censura previa que ejerció; la censura política.

Correa se ampara, además, en la no difusión de esas entrevistas para endosar a los periodistas que las hicieron acusaciones que los televidentes jamás podrán contrastar. Decir que hicieron las mismas preguntas, buscando las mismas respuestas. Decir que no escrutaron al prófugo. Decir que prestaron el micrófono para que echen basura sobre gente honesta (y honesto es Jorge Glas porque él lo dice; como antes lo era Pareja Yannuzzelli porque él lo decía…). Decir que el entrevistado no exhibió ninguna prueba. Decir que esto es un montaje al cual se prestaron esos periodistas. Decir que trataron a Pareja Yannuzzelli como un patriota…

Pareja Yannuzelli es delincuente, mintió y armó este show en Miami con periodistas que se prestaron para ello: eso dice Correa aprovechándose de que los televidentes no han podido ver esas entrevistas en su totalidad. No obstante, su gobierno se da la pena de “desmentir” las pocas cosas concretas que dice su ex ministro en el escaso material que circula: entrevistan a Wilson Pastor por skype para que niegue que la OPEP previno al gobierno sobre una supuesta pérdida de 4 dólares por barril; mecanismo que hace parte -dice Pareja Yannuzzelli- del esquema corrupto en Petroecuador. Wilson Pastor, que hace parte del combo cuestionado, dice que no es verdad. Y como lo dice Wilson Pastor por skype desde Viena, pues queda desmentido Pareja Yannuzzelli.

¡Qué sofisticado es Correa para demostrar que miente su exministro que ahora llama delincuente y payaso! ¡Y qué decente es para regar veneno con ventilador sobre cuatro periodistas mientras censura, con todo el peso del gobierno, entrevistas que los electores no verán! Y, por ende, nunca podrán saber si esos periodistas hicieron bien su trabajo.

Rodas conduce a Quito hacia una crisis política

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Mauricio Rodas encontró la manera de eludir sus responsabilidades políticas: entregarse a la justicia. Él quiere estar ahí donde está Mauro Terán. Lo que sea es mejor que responder al Concejo, cosa que no volverá a hacer. De la oscuridad que envuelve su administración hablará, a partir de ahora, “exclusivamente ante las autoridades competentes como corresponde”, ha dicho: las de la  función judicial. Una teatral extravagancia pues nadie lo ha acusado de nada todavía.

El alcalde identifica mal a su “autoridad competente”: es el Concejo, no la Fiscalía. Es al Concejo al que debe rendir cuentas. Es ahí donde situaciones como la creada por su confesa informalidad encuentran los canales adecuados para resolverse: en el terreno de la política y sin poner en riesgo las instituciones. Con el dramático gesto de saltar en brazos de la justicia, Rodas reniega de esa posibilidad y cierra las puertas a una solución política del conflicto que vive el Municipio. Las cierra oficialmente, porque en la práctica siempre las tuvo así. Es sintomático que el bloque de concejales de PAIS decidiera trasladar a la Fiscalía las cuestiones que no pudo absolver en el Concejo. Porque Rodas mantiene la discusión política bloqueada y no deja otra vía que la judicial a quienes le piden asumir las consecuencias de sus actuaciones públicas. Es una enorme irresponsabilidad: la política llevada a los juzgados vuelve irreconciliables las diferencias, inquieta a las instituciones y puede desembocar fácilmente en una crisis. Hacia allá cabalga Mauricio Rodas a galope tendido y en caballo desbocado: hacia la crisis política.

Él parece ignorar por completo la gravedad de lo que ha admitido. Por eso lo sorprenden o finge que lo sorprenden las consecuencias. Cuando habló por primera vez sobre aquello de las “conversaciones informales” con Odebrecht lo hizo con una naturalidad cercana a la inconsciencia. Parecía creer sinceramente que era una respuesta válida a la pregunta de cómo negoció con la constructora brasileña. Con la misma candidez habló de su viaje a Washington en la última sesión ordinaria del Concejo y lo pintó como un viaje informal, como si eso fuera un mérito: de carácter oficial pero costeado por él mismo, con un funcionario que se une a la comitiva porque andaba por allá de vacaciones y un alcalde que regresa sin un solo papel que mostrar a la ciudad. Rodas cree que la informalidad en lo público no sólo es posible, es normal; no sólo es normal, es deseable. ¡Hasta llegó a decir en una entrevista que fue informal por delicadeza!

Están las “conversaciones informales” con Odebrecht. Luego se conocería de la relación informal con el operador político Mauro Terán. Y de las delegaciones también informales que éste desempeñaba. Este medio reveló cómo Terán creó un esquema informal de reparto de espacios de poder entre los concejales, uno que desinstitucionaliza la política de territorio. Y si el formato correísta de las alianzas público-privadas le cuadra tan bien a la actual administración es, precisamente, porque permite saltarse una serie de formalidades contempladas por otros sistemas de contratación. La suma de detalles conduce inevitablemente a preguntarse si la informalidad no funciona como un esquema general para ciertas cosas, algo así como el andarivel por el que circula un área específica de la gestión de la Alcaldía. Cosa grave porque informalidad significa ausencia de controles. Si la ciudad ha llegado a este punto, con el fantasma de la crisis política planeando en el horizonte, se debe en primer lugar a ese velo de opacidad con que Mauricio Rodas ha rodeado la administración municipal.

Y en segundo lugar a su manejo político, que consiste en eludir precisamente la política. Con respecto al Concejo, que es el órgano máximo de la ciudad, no tiene otra que aquella desarrollada por su operador Mauro Terán y que consistía, básicamente, en reunirse con los concejales de uno en uno y a puerta cerrada. Informalmente, se entiende. Por lo demás, siempre careció de agenda legislativa porque siempre careció de un proyecto concreto de ciudad. Ciertamente no pasará Rodas a la historia por sus ordenanzas. Ni siquiera se ha preocupado por tramitar un estatuto autonómico, que la ley permite a los distritos metropolitanos y cuya adopción emanciparía al Municipio capitalino del centralismo y las rigideces del COOTAD. Simplemente porque su carrera política es una huida desenfrenada de la política.

Esta situación se volvió insostenible. Cuando las primeras sospechas de corrupción en el Municipio empezaron a tomar cuerpo a propósito de la Solución Vial Guayasamín, a mediados del año pasado, estaba visto que el tema de la opacidad se convertiría en un problema político mayúsculo para la ciudad. Un problema que él ha sabido afrontar a su manera: eludiéndolo. Confrontado por el Concejo, responde con su tradicional manejo informal de los documentos y la información pública: contratos que no aparecen o se publican a medias, datos que no se entregan, papeles que faltan… Respuestas que no se dan. Si se le pide cuentas detalladas sobre las actuaciones de Mauro Terán, por ejemplo, él responde que cumplió “delegaciones puntuales” y da por satisfecha la pregunta. Con esto y una tonelada de retórica elabora sus informes como quien construye una realidad paralela. Una realidad paralela en la que resulta lícito imaginar a Mauricio Rodas en el Departamento de Estado en Washington, desvirtuando con energía las acusaciones sin fundamento que están afectando la imagen de la ciudad y dejando impresionado a todo el mundo. Y volviendo como un héroe, portador de un logro monumental para los quiteños.

Rodas ha convertido el acto político de informar ante el Concejo en un mero trámite administrativo que él cree sin consecuencias de ningún tipo. No importa el contenido del informe ni la recepción que merezca. Importa el simple cumplimiento de la formalidad, ahí sí. Miren por dónde le sale lo formal. ¿La ley exige al alcalde informar a los concejales cuando éstos se lo requieren? Pues bueno, ahí tienen su informe. Lo que pase después con él, si resulta desvirtuado o desmentido, si los concejales lo consideran insuficiente, si se demuestra que el informe, en realidad, nada informa, eso ya no es asunto suyo. Él lo presenta y punto. Es lo que le manda la ley. Trámite cumplido. Lleva tres de esos informes al hilo: el de Odebrecht, el de Mauro Terán, el de su viaje a Washington. Cinco si se cuentan los que ofreció sobre la Solución Guayasamín y los Quitocables inmediatamente antes de que estallaran los escándalos de corrupción. En ninguno de ellos entregó la información que se le había pedido. Tras cada informe, el Concejo se desgañitó discutiendo por entre cuatro y ocho horas, exigiéndole respuestas, confrontándolo con evidencias que ponían en duda lo que había dicho, haciéndole caer en cuenta de sus errores jurídicos, administrativos o políticos, demostrándole que mintió pura y simplemente… Y, al término del debate, como si todo lo dicho fuera viento, Mauricio Rodas vuelve a tomar la palabra para dejar sentado que el informe ha sido entregado y celebrar su propia presencia en el Concejo como una demostración irrebatible de su “ab-so-lu-ta-tran-pa-ren-cia”.

Cuenta con una ventaja a su favor: pasa por opositor al gobierno. Por eso el silencio sobre los aspectos más incómodos de su gestión: nadie quiere hacerle el juego al correísmo. Los diarios de la ciudad, acaso también porque el Municipio es un excelente proveedor de ingresos publicitarios y otro tipo de contratos que se agradecen en épocas de vacas flacas, simplemente miran para otro lado. ¡Rodas es capaz de hablar de informalidad con Odebrecht en pleno escándalo continental de la constructora brasileña y no hay un medio de comunicación, uno sólo excepto éste, que lo considere escandaloso! Ninguno que plantee siquiera una lectura política de lo que ocurre en el Concejo.

Así, con la complicidad de una sociedad dispuesta a tolerar en la oposición lo que condena en el correísmo, Mauricio Rodas está conduciendo a la ciudad hacia una crisis política sin precedentes en su historia reciente. Nunca el Municipio de Quito, al menos desde el retorno a la democracia, había estado en el centro de tanta suspicacia y tanta sospecha, motivadas por su propia opacidad y su propia informalidad en el manejo de los asuntos públicos. Mauricio Rodas ha ocultado información a los quiteños: sobre los procesos de contratación de las megaobras; sobre sus negociaciones con Odebrecht. Les ha mentido deliberadamente (varios concejales de oposición se lo demostraron) sobre la naturaleza de sus relaciones con Mauro Terán. Ha eludido sus responsabilidades, ha incumplido sus obligaciones políticas como alcalde y se ha refugiado en su retórica barata. Ahora, finalmente, con gesto teatral, opta por el salto al vacío: cierra toda negociación política y se pone en manos de los jueces. Él es el único responsable de lo que ocurra con la ciudad a partir de este momento.

Mera contrató abogados en Brasil y se quedó calladito

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El viaje de Alexis Mera al Brasil trajo dudas por la escasísima información que dio el gobierno. Su declaración al regreso, afirmando que no había recibido ninguna revelación sobre los ecuatorianos involucrados en el tema de Odebrecht, produjo aún más interrogantes. Pero la reciente noticia de que contrató un estudio jurídico de Sao Paolo convierte al tema en un saco de incertidumbres. Y  las incertidumbres, en casos como éstos, ocasionan las peores sospechas.

Mera, según la periodista Monica Bergano de Band News y del diario Folha de Sao Paulo, fue hasta el Ministerio Público Federal de ese país acompañado de abogados de la firma TozziniFreire: fue a pedir que se le entreguen los nombres de los ecuatorianos que estarían en la lista de personas que recibieron coimas a cambio de facilitar contratos a la empresa. Es decir, que para que los ecuatorianos se enteren de las gestiones que hacen altos funcionarios, como Mera, en el exterior tienen que esperar a las publicaciones que se hacen en otros países.

La noticia produce inevitablemente un interrogante: ¿qué razones tiene Mera para no informar al país sobre la contratación de uno de los estudios jurídicos más conocidos de Sao Paulo y que, además, ha tenido clientes relacionados con el caso Lava Jato, que es parte del escándalo de Odebrecht?

Mera viajó a Brasil la semana anterior por encargo del presidente Correa y a su regreso, el 27 de enero, señaló que en Brasil hay 77 funcionarios que han solicitado acogerse a la figura de cooperación eficaz (delación) y que, a cambio de una posible reducción de la pena, están contando casos y dando los nombres de los involucrados. Una información de perogrullo. Afirmó, además, que no se le facilitaron los nombres; lo cual era obvio que ocurriera.

En cambio, la noticia sobre la contratación del estudio jurídico es un dato más que aumenta la opacidad con que el gobierno y su administración de Justicia han actuado en el caso Odebrecht. Mientras que en casi todos los países donde Odebrecht confesó haber entregado coimas ya hay detenidos y procesados, aquí no existe absolutamente nada. Además, resulta sorprendente que el Ecuador no haya acordado con la empresa, como en el caso de República Dominicana o Panamá, el pago de cierto monto de dinero para resarcir los daños que la corrupción de la empresa hubiere causado al país.

Desde que se supo de la decisión de Odebrecht de confesar todos sus crímenes en Brasil y en otros países, ni el gobierno ni la Fiscalía han dicho nada sobre si se ha pensado presentar una demanda o querella en contra de la empresa constructora. ¿Por qué? Ese hecho tiene una explicación: mientras en Colombia, Panamá, Perú y otros países, ha habido cambio de gobierno, aquí el gobierno incriminado en la delación voluntaria de Odebrecht (habló del período 2007-2016) es el mismo que supuestamente dice querer esclarecer los sobornos entregados por esa empresa. De ahí las dudas. Por eso cuando se presentan noticias como esta que dio la periodista Bergano, es inevitable que surja, entre tantas interrogantes, por ejemplo esta: ¿Mera y ese estudio pueden estar negociando con Odebrecht la no presentación de una querella a cambio, por ejemplo, de silencio?

Un par de abogados consultados por 4Pelagatos no descartaron que la decisión de contratar una oficina de abogados en el Brasil puede responder también a la necesidad de “radicar casillero judicial”; es decir, tener la posibilidad recibir la información del juicio antes que la prensa. La periodista Monica Bergano también informó que Odebrecht ya envió una carta a las autoridades ecuatorianas en la cual dice que va a colaborar en el esclarecimiento de los hechos. Ninguna institución oficial ha informado nada sobre esa supuesta carta.

Si Mera contrató un estudio jurídico en el Brasil, como dice la versión de la periodista Bergano, lo normal hubiera sido que lo informe al país, pues es de suponer que esa contratación se hace con dineros públicos. Es imposible que esto no sume a la opacidad con que maneja el gobierno este tema.

Foto El Telégrafo

Acuerdo obliga a Odebrecht a descifrar sus archivos secretos

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Motivos para arruinarle el sueño a quienes recibieron coimas de Odebrecht o estuvieron involucrados en el tema siguen reventando aquí y allá.  Ahora resulta que, de acuerdo a publicaciones en el Brasil, se sabe que existe un compromiso de esa empresa constructora con la justicia del Brasil para entregar todas las claves y contraseñas para acceder a un sistema de comunicación ultra secreto que está en un servidor en Suiza y que tiene absolutamente todo los datos sobre el escándalo.

Es decir, tarde o temprano la justicia del Brasil tendrá acceso a algo así como una sofisticadísima caja fuerte digital donde reposan hasta los últimos detalles del operativo de corrupción de Odebrecht en el Brasil y en los países donde entregó coimas a cambio de contratos. Como el Ecuador, por ejemplo.

Estadao

La información la reveló el diario Estadao de Brasil y la reproduce la revista Veja. Según la nota el voluminoso acuerdo de colaboración entre la justicia brasileña y la empresa constructora incluye una cláusula según la cual Odebrecht se compromete a entregar todas las seguridades para acceder al servidor donde están las órdenes de pago a los políticos, las cuentas secretas en las empresas offshore, los pedidos de coimas de funcionarios públicos, las planillas de balance del flujo financiero y otras pruebas cometidas en Brasil y fuera. Se trata, en resumen, de una inmensa caja de pandora en la que se podría decidir el futuro de decenas o cientos de políticos y funcionarios brasileños y de todo el continente. Entre esos, obviamente, el Ecuador.

Aquí se puede leer todo el acuerdo entre Odebrecht y la justicia del Brasil (en portugués)

Odebrecht se ha comprometido, dice el acuerdo que cita Estadao, a entregar todos los accesos a este servidor donde está el registro de un sistema de comunicación llamado Drousys, que es una especie de intranet que utilizaban los funcionarios de la empresa que estaban encargados del “departamento de coimas” de Odebrecht. Estos archivos, dice Estadao, hacen parte de las pruebas que Odebrecht promete entregar para homologar con la declaración que harán en unas semanas 77 ejecutivos de la empresa. Este sistema de comunicación interno y encriptado, sin acceso a terceros, era una garantía de comunicación segura y secreta para la empresa, dice Estadao.

El acuerdo dice, además, que la empresa debe entregar a las autoridades los registros detallados de todos los ilícitos con los nombres de las personas involucradas, inclusive de los operadores políticos, directores y funcionarios de otras empresas involucradas.

El FBI de los EEUU sostiene que sin la ayuda de Odebrecht,  decodificar y acceder a este servidor ubicado en Suiza tomaría 103 años. La entrega de las claves es una de las 22 cosas a las que Odebrecht se ha comprometido en el documento de 26 páginas.

Mientras más elementos hacen pensar que tarde o temprano se sabrá con exactitud todos los nombres de las personas que se beneficiaron de la corrupción de Odebrecht, los esfuerzos que hacen o dicen hacer los funcionarios ecuatorianos para tener los datos parecen no tener mayor éxito.  El asesor jurídico de la Presidencia, Alexis Mera, fue a Brasil para conseguir más datos y regresó un par de días más tarde admitiendo que no obtuvo nada. ¿Buscan donde no es o más que buscar tratan de tapar? Mientras tanto el tiempo corre…

 

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