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Consejo Nacional Electoral

Correa renuncia a lo sagrado por legitimar a Moreno

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¿Qué darías a cambio de que la gente finalmente se convenza y acepte que Lenín Moreno ganó legalmente las elecciones? Pues Rafael Correa ha anunciado que, por eso, daría a cambio algo que para él es sagrado: una sabatina.

En efecto, Correa demostró durante su enlace 519 que está tan desesperado por darle legitimidad a la victoria que el Consejo Nacional Electoral le otorgó a Lenín Moreno y Jorge Glas, que anunció que el sábado 22 no habrá enlace porque ese día y a esa hora habrá una concentración, organizada por su gobierno, en la avenida de la Shyris, en Quito, para demostrar que sí hay gente que cree en que las elecciones fueron transparentes y honestas.

En anuncio lo hizo desde Santa Elena y ocurrió en medio de un nuevo intento que hizo por darle legitimidad a los resultados del CNE y quitársela a los movimientos que han protestado porque creen que la autoridad electoral no ha actuado de forma transparente.

El esfuerzo parece sin duda significativo. Correa no solo que en al menos dos ocasiones ha dicho que las sabatinas son sagradas, sino que nunca o casi nunca ha suspendido una y, cuando lo ha hecho, ha dejado encargado al vicepresidente Jorge Glas de esa tarea. Pues bien, el sábado 22 él y Glas estarán con banderas del Ecuador animando a quienes se concentren para respaldar a Moreno y al CNE. Así de preocupado luce Correa y el Gobierno por dejar a Lenín Moreno en el poder con legitimidad y capital político.

La sabatina 519 fue una suerte de repetición de la anterior, que se hizo en Palenque, provincia de Los Ríos, pero con ciertos matices. Esta vez Correa se cuidó mucho, pero con muy poco éxito, de no lanzar tanto odio e inquina como la vez pasada, pues fue evidente que alguien le hizo caer en cuenta el mal que le hizo a su imagen el haber desparramado tanta vileza y pobreza humana.  Esta ocasión Correa trató de bajarle el tono a su discurso de odio social y racial, aunque es claro y notorio que eso le resulta imposible. En más de una ocasión se dejó arrastrar por su propia humanidad y, tal como en el enlace anterior, denigró, humilló e insultó. Lo hizo nuevamente con Ecuavisa a la que calificó de organización mafiosa, con Cedatos a la que tildó de fraudulenta, con Ruth Hidalgo de Participación Ciudadana a quien otra vez le deseó que vaya a la cárcel y con Guillermo Lasso a quien, entre otras cosas, le dijo ricachón engreído que quiere comprar la Presidencia.

Pero hubo una diferencia básica entre el discurso del enlace 519 y del 518.  Esta vez Correa ya no centró tanto en la supuesta victoria de Lenín Moreno, sino más bien en el hecho de que ese día hubo canales de televisión que basaron su cobertura de los resultados con el exit poll de Cedatos que daba como ganador a Guillermo Lasso. Le dio tanta importante a eso que en dos ocasiones preguntó: “¿saben lo que pasó el 2 de abril? Ese día Ecuavisa proclamó como presidente electo a Guillermo Lasso sobre la base de una consulta fraudulenta”.  Fue como si en su subconsciente se le hubiera borrado que ese día también competía su correligionario Lenín Moreno. “Lo que pasó ese día fue gravísmo”, dijo en otro momento. “Lo que paso el domingo 2 de abril, no puede repetirse en la historia patria, no puede crear un estado de opinión, donde mandan los presentadores vendidos de Ecuavisa, y no el pueblo ecuatoriano, tenemos que cortar de raíz esto, una vez que se aclare todo lo que han enturbiado. Es impresionante el poder de cierta prensa”, dijo asismismo volviendo a invisibilizar a Moreno. “Aquí compañeros manda la mayoría, no el billete de un banquero caprichoso. Hasta hoy no han demostrado fraude. Es gravísimo lo que pasó el 2 de abril, Cedatos tendrá que responder a la ley, los malos perdedores no pasaran”, insistió.

Lea aquí Correa quiere imponer a Moreno a punta de odio

Luego repasó lo que había dicho el sábado anterior para afirmar, otra vez, que el CNE había actuado transparentemente.  Repetitivo y cansón volvió una  vez más sobre el tema de los observadores extranjeros, sobre el reconocimiento de la OEA, sobre los datos que arrojaron varias encuestas hechas por firmas que han trabajado con el Gobierno…  Y nuevamente dijo que no hubo apagón informático y que lo que ocurrió es que alguien de la derecha banquera pagó a un hacker en EEUU, para tumbar la página de los resultados y poder decir así que hubo fraude.  Son las “elecciones más transparentes como lo ha reconocido el mundo entero”, agregó en un arrebato de inocultable exageración.  Era tan evidente y dramático su desespero por  convencer a la audiencia de que las elecciones habían sido legítimas que dijo esto: “Yo le he ordenado a las Fuerzas Armadas; yo le he ordenado a la Policía Nacional, que si han visto alguna irregularidad, lo denuncien, se los ordeno; todavía los estoy esperando, de hecho se registró una irregularidad contra nosotros, por si acaso, en El Oro, y pronto lo sabrá el país”.

Correa parece no darse cuenta de que con este tipo de intervenciones, lo que está haciendo es dejar en evidencia que defiende al Consejo Nacional Electoral porque él lo ha manejado y porque él se siente responsable del trabajo que esa institución ha hecho.  Curioso y contradictorio intento el de Correa de darle credibilidad a un organismo que solo podría tenerla si es que tuviera independencia, es decir si no dependiera de su omnímoda voluntad.

Si hubo otro matiz que hizo a este nuevo intento por legitimar al CNE algo diferente al anterior, fue su alusión a la Semana Santa y a Eloy Alfaro. A pesar de que cada vez que habla de ese tema dice que no lo hace por compararse ni con Jesús ni con Alfaro, el tono y el contenido de lo que dijo fue bastante elocuente. Correa no puede dejar de pensar en sí mismo cuando habla de Jesús y Alfaro. Siempre traza un paralelismo de la forma y las circunstancias en que ellos murieron con sus circunstancias políticas personales.

Pues esta vez Correa, una vez más, dijo que Jesús y él han sido víctimas de los poderosos, de los poderes fácticos y de los medios de comunicación que entonces como ahora inducen a las masas a cambiar de parecer frente a sus líderes.

“De la historia sagrada podemos sacar muchas para la historia universal, para la historia en general, para la historia pagana, para la historia política. ¿Cómo entra un domingo de ramos con palmas y aclamaciones y cinco días después esa gente lo crucifican y liberan al delincuente de Barrabás? ¿Sí se acuerdan de eso o no? ¿Cambiaron de gusto? !No¡ Fueron inducidos por los medios de comunicación de ese entonces, por los gamonales de ese entonces, por los sumos sacerdotes. (…) Esos cambios de humor de las masas no son casualidad, son inducidos por los poderes fácticos, por los medios de comunicación de ahora y de aquel entonces que eran las grandes autoridades religiosas…. Tampoco olvidar la gente que estaba con Jesús: la gente sencilla, la gente pecadora, los pescadores, María Magdalena, las mujeres, los débiles, quiénes estaban contra ese Jesús (je je, risita nerviosa) los opulentos, los fuertes, los que se acostumbraban a dominar, los poderes fácticos, los desubicados de esos que no se pierden un solo enlace, que toman nota de todo lo que digo, en sus editoriales que nadie lee, ni ellos mismo, para decir que Correa se cree Jesús”, dijo Correa muy al inicio de su enlace.

Su referencia a Eloy Alfaro fue casi idéntica aunque casi al final de su show. “Un siglo después, la oligarquía, la banca y la partidocracia siguen siendo iguales. Cualquier parecido nunca será casualidad, es un orgullo saber que los mismos enemigos e iguales”, sostuvo.

Correa ya está en la ronda de despedida. Si bien sus alusiones a Jesús y a Alfaro no son nuevas, ayer tuvieron un tono de desesperado llamado a que no lo olviden y que lo coloquen en la galería de los mártires, ya sean religiosos o políticos. A fin de cuentas, para él, son la misma cosa.

El CNE no la invitó, porque la Unión Europea no se hubiera tragado el cuento

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Cuando alguien invita formalmente y por escrito a un diabético a un concurso para ver quién come más algodón de azúcar es porque sabe que no va a aceptar. Quizá para lo único que pueda servir la invitación es para que conste en alguna parte. Esto es lo que hizo el Consejo Nacional Electoral con la misión de observación electoral de la Unión Europea: la invitó para venga a hacer algo que no hace. Es decir, la invitó porque sabía que no iba a aceptar las condiciones del CNE.

La confirmación de este oscuro antecedente del reciente proceso electoral lo hizo el CNE de una forma muy graciosa. En un intento por refutar a los periodistas que han dicho que el CNE no permitió que vengan los europeos, ese organismo envió a este pelagato, vía Twitter, la carta en la que se ve que esa misión no aceptó dicha invitación. Pero, ¡oh sorpresa!, en la carta en que la UE no acepta venir a observar la segunda vuelta electoral y que el CNE exhibe como prueba irrefutable de su buen comportamiento, los europeos dicen que no aceptaron venir porque se les invitaba a hacer una observación en “modalidad conducida”. Se prueba que la invitación estaba pensada para que no sea aceptada por un simple motivo: la doctrina y los principios de esa misión les impide hacer trabajos que no sean absolutamente independientes.

Hacer clic aquí para leer la carta de la UE

“En respuesta a su solicitud, le informamos que la Unión Europea no participa en misiones de observación electoral en modalidad conducida por lo que no participará como observadora en la segunda vuelta electoral en Ecuador”,  responde Vincent Ringenberg, representante de la delegación de la UE, al presidente del CNE. Como se ve en la carta, Juan Pablo Pozo envió la invitación el 6 de marzo del 2017. Eso prueba otras dos cosas adicionales: la “invitación” concernía la segunda vuelta y fue hecha faltando apenas días. Un problema insuperable para una misión que, por el tamaño de su operación, necesita mucho más tiempo para sus preparativos.

El documento que el CNE mostró como una prueba de que sí había invitado a la UE se convirtió en un auténtico bumerán en su propia cuenta de Twitter. “En modalidad conducida’, quiere decir manipulada por el partido de gobierno o sea ustedes”, fue lo que posteó la primera persona al tuit del CNE. “Quisieron imponer a la Unión Europa una modalidad conducida a su misión observadora, y encima publican la carta de rechazo???? Jajajaja”, escribía otra usuaria mientras otro decía que “es q hasta para tapar sus errores son bestias. Ahora ya todos entendemos xq no vino la UE como sí sucedió en Perú”.

Los usuarios de tuiter no son tontos. Muchos entendieron que la invitación de Pozo era una mañosería para que el equipo europeo no venga al Ecuador. Y tienen razón. Según el manual de la misión europea, que es público, se menciona entre las condiciones para hacer una misión que “se garantice a los observadores de la UE un acceso sin impedimentos a todas las fases del proceso electoral y se les proporcione oportunamente libre acceso a la información electoral”. Es evidente que el CNE y el Gobierno, del cual depende, no quisieron que la misión europea venga. El presidente Rafael Correa lo dijo expresamente apelando a supuestos principios de reciprocidad: si los europeos no nos dejan observar sus elecciones entonces no podemos admitirles en el Ecuador.

Si la invitación hubiera sido en modalidad independiente, lo que claramente se incluye en el Código de la Democracia, la misión europea seguramente hubiera hecho observaciones que hubieran comprometido la versión oficial de transparencia que dizque ha mantenido el CNE. Basta echar un vistazo al manual que tiene esa misión para entender las razones por las cuales Juan Pablo Pozo hizo lo debido para impedir que viniera. Para comenzar, en sus observaciones finales hubiera dicho que la autoridad electoral ecuatoriana no es independiente y que no garantiza credibilidad. En el manual se establece que hay una serie de preguntas que los observadores deben tener en mente antes de redactar las observaciones: “¿Está la independencia de la autoridad electoral y de sus miembros suficientemente garantizada por ley y en la práctica? En el caso de una autoridad electoral independiente y no partidaria: ¿Refleja la composición de la autoridad electoral un equilibrio de intereses no partidarios? ¿Existe confianza pública en la capacidad de la autoridad electoral para actuar de manera no partidaria e independiente?”.

Resulta bastante fácil imaginar qué hubiera dicho esa misión en su informe final tomando en cuenta que los cinco miembros del CNE son notoriamente partidarios del partido de Gobierno y que su presidente, Juan Pablo Pozo, ha hecho público su empatía con el presidente Rafael Correa. Incluso se ha vanagloriado de su amistad poniendo fotos en las que se le ve a él y su familia posando junto al Presidente en redes sociales.

La misión europea hubiera examinado el manejo de los medios de comunicación estatales. La UE dice en su manual que sus enviados deben observar qué “tanto los medios de comunicación del Estado como los financiados con fondos públicos tienen la responsabilidad de ser equitativos e imparciales durante el período de la campaña electoral”. ¿Qué hubieran dicho sobre el manejo abiertamente proselitista a favor de Moreno de El Telégrafo y de los canales incautados? ¿Qué hubieran dicho sobre el contenido publicado en la agencia Andes o en El Ciudadano? Es bastante obvio que las conclusiones a las que hubieran llegado la misión europea iban a ser, por decir lo menos, vergonzosas para las autoridades ecuatorianas. En el 2008, cuando el correísmo aún no había consolidado su monopolio mediático, vino esa misión para observar el referéndum para aprobar la Constitución de Montecristi. Ahí dijo sobre El Telégrafo: “rompió el principio de cobertura imparcial proporcionando la mayor parte de su espacio a la opción en pro del ‘Sí’ (o contra el ‘No’) tanto en su sección informativa como en sus páginas de opinión”.

Otro tema de observación hubiera sido el padrón electoral. La misión siempre examina si el padrón electoral, ya sea físico o digital, está bien hecho, si no existen problemas con los empadronas en el exterior o si no hay exceso de empadronados que no votan. El manual es muy claro en este tema y dice que la misión “debe reunirse con partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y otras partes interesadas para analizar si tienen alguna preocupación con respecto al proceso de inscripción de votantes y para determinar si hay confianza pública en la exactitud y el carácter incluyente del censo electoral”. En la campaña se habló de decenas de miles de muertos y extranjeros no inscritos que estaban acreditados para votar.

El gobierno hubiera quedado muy mal parado en el tema del abuso del Estado, ya sea de sus bienes o de sus funcionarios, durante la campaña. El manual dice al respecto: “Los candidato en el poder no deben aprovecharse de sus cargos para hacer campaña. Los funcionarios del Estado deben participar en actividades de campaña solamente a título personal, durante su tiempo libre, fuera de horas de trabajo y no deben vestir uniforme o usar vehículos oficiales”. ¿Se imaginan a estos observadores frente al caso de Rafael Correa haciendo campaña incluso con su caravana de carros de la Presidencia o presenciando cómo cientos de carros sin placa del Estado participaron en los actos proselitistas de Lenín Moreno? ?Se imaginan esa delegación examinando la contratación oscura del conteo rápido del CNE a la Empresa Pública de la Escuela Politécnica Nacional, que fue presentada como si hubiera sido hecha por la Politécnica Nacional?

Si hubiera venido la misión europea hubiera prestado oídos a Ana Mercedes Díaz, la ex directora del CNE de Venezuela que trató de denunciar problemas con el software que usó el CNE. Ella terminó refugiándose en la Embajada de los EEUU porque, según ella, la iban a detener. La misión europea hubiera examinado dicho software y si no se lo permitían hubiera señalado aquello en su informe.

Sin duda, la misión hubiera dicho algo sobre el tema de la tercera copia de las actas que no se extendieron aunque la ley lo exige, como sostuvo el experto Fausto Camacho. Además, hubiera incluido en sus observaciones que el presidente del CNE no estaba facultado legalmente a proclamar resultados sin audiencia pública, como en efecto lo hizo. Una misión observadora con esos parámetros y esa forma de trabajar era imposible en el esquema de elecciones que se trazó el CNE y el gobierno del cual depende. Resulta muy comprensible que la única modalidad de observación que admita es la de acompañamiento. El gobierno tiene la iniciativa, las delegaciones hacen turismo, no observan nada y si algo tienen que anotar lo hacen discretamente y en sobre cerrado.

El operativo, por demás engañoso, para que no venga la misión europea y para aceptar otras pero bajo la modalidad de acompañamiento es un elemento más que impide que la autoridad electoral y el gobierno hayan construido credibilidad y legitimidad. Al Ecuador vinieron misiones de observación que únicamente acompañaron a la autoridad electoral. Las misiones de Unasur, de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y de la Asociación Mundial de Organismos Electorales (AWEB). Ninguna de ellas revisaba de forma íntegra el proceso. Peor aún, algunas de estas, sobre todo la de Unasur, no garantiza ninguna imparcialidad pues se trata de una organización que ha sido manejada por los gobiernos de la región cercanos al correísmo. A tal punto es evidente el sesgo de la misión de Unasur que, durante el simulacro del 19 de marzo, el presidente del CNE respondió ásperamente a los cuestionamientos del delegado de CREO y sus observadores aplaudieron con visible entusiasmo.

En un proceso electoral concebido en total opacidad no cabía una misión independiente. La invitación hecha por parte del presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, además de haber sido enviada a última hora, fue tramposa. Pero se agradece su gesto de enviar esa carta a este pelagato. Es lo más transparente que ha hecho ese organismo.

Omar Simon: el quita manchas del CNE

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En la batalla por la legitimización de los resultados electorales del 2 de abril ha habido un protagonista de excepción: Omar Simon.  Desde el momento mismo en que se cerraron las urnas y comenzó la discusión sobre la transparencia y legitimidad de los resultados, Simon empezó a aparecer en los medios de comunicación ya sea independientes o en los que son manejados por el correísmo con un objetivo: echar por tierra cualquier duda sobre los resultados publicados por la autoridad electoral, el CNE.

Para legitimar los resultados y el triunfo del correísmo, su argumento central ha sido desprestigiar, incluso con referencias peyorativas, a cualquier persona o institución que pueda haber sembrado dudas sobre los resultados. Quizá el objetivo principal de su batalla es Ruth Hidalgo, directora de Participación Ciudadana, organización en la cual él trabajó entre el 2001 y el 2008 y quien le ganó la dirección de la misma en el 2007.  

En una de sus  recientes apariciones, Omar Simon se refirió en tono despectivo sobre Ruth Hidalgo llamándola “esa señora” y responsabilizándola por la agitación social desatada luego de las elecciones. Algo muy parecido a lo que el presidente Rafael Correa dijo sobre los medios de comunicación que basaron su trabajo en las encuestas de Cedatos. 

El ataque de Simon a Hidalgo se produjo en el programa de Carlos Rabascal, en Ecuador TV, donde Simon insistió en su tesis de que Hidalgo debió haber anunciado el triunfo de Lenin Moreno luego del conteo rápido de Participación Ciudadana que arrojó como resultado un empate técnico. Simon sostuvo en ese programa que Participación Ciudadana no fue transparente y que no quiso informar sobre lo que, según él, realmente sucedió: que Lenín Moreno había ganado con el 1,6% en ese conteo rápido. “No sé qué hace ahí en esa organización… De quemar llantas, de armar el caos, de eso estamos hablando”, dijo Simon a Rabascal en una entrevista que tuvo como curioso colofón a un Simon levantando los pulgares para celebrar con su entrevistador que todo les había salido muy bien.

Lo insólito de la cruzada de Simon es que se ha convertido en el más entregado y fiel soldado de la lucha para legitimar los resultados del CNE en calidad de experto electoral cuando es, en realidad, un funcionario de la Presidencia de la República. Simon se presenta en programas independientes, como Hora 25 de Teleamazonas, como ex presidente del Consejo Nacional Electoral y en otros como el de Rabascal como ex presidente de ese organismo y ex director de Participación Ciudadana. Pero Simon es, ante todo, un empleado del Gobierno que, desde que dejó de ser secretario de la Presidencia, ha tenido como encargo ser el operador del presidente Correa ente el CNE. Incluso, seguramente para mayor comodidad en ese propósito, tiene una oficina ubicada a pocas cuadras del organismo electoral.

Simon se la ha apañado para presentarse siempre como un observador técnico que basa sus opiniones en su experiencia como ex autoridad del CNE. Habla siempre desde la experiencia y siempre tiene información de primera mano. Sin embargo, nunca es presentado, ni él aclara tampoco, lo que realmente es: un operador del presidente Correa y su enviado en el mundo de los mortales para repetir entre ellos su discurso destinado a desprestigiar a quienes hayan lanzado cualquier señal o dato que impida creer de forma absoluta en el trabajo del CNE.

Simon tiene una experiencia profesional que lo convertía en el mejor alfil posible de la estrategia electoral de Correa y Alianza País. Fue presidente del Consejo Nacional Electoral luego de haber trabajado en Participación Ciudadana, lo que lo hacía en un insider de esos dos organismos. Como su conducta al frente de ese organismo fue perfectamente alineada con los deseos e intereses de Correa, fue luego nombrado como secretario del Presidente, lo que le permitió intimar más con el alto gobierno y ganarse la confianza de todos.

Simon no fue un secretario común y corriente, fue casi un portavoz de Correa y a menudo se lo escuchaba en medios  de comunicación haciendo ardorosas defensas del Presidente. También le gustaba postear fotos en sus redes sociales en los que él aparecía con los perros del Presidente. Nunca se alejó del tema electoral. Junto con su esposa Tatiana Larrea consolidaron el CIEES, una organización que hace estudios políticos y que, según se sabe, proveyeron de encuestas al Gobierno. Hasta septiembre del 2016 fue secretario personal de Correa. A partir de entonces lo reemplazó Cristian Castillo y él se convirtió en el experto, asesor y operador electoral del Presidente.

Lo que ocurre en el caso de Simon solo se explica cuando se entiende que el Ecuador es un país donde la función electoral es una dependencia más del gobierno central, porque la separación de poderes simplemente no existe. Por eso, hay sectores de la población que simplemente no confían ni van a confiar nunca en las decisiones del CNE. Se trata de un fenómeno que servirá, seguramente, para que la población tome conciencia de que lo mismo ocurre con otros poderes del Estado que, se supone, están para generar una dinámica de contrapeso y de control. Cuando el nuevo Fiscal quiera ejercer su autoridad, generará las mismas dudas; lo mismo ocurrirá con el Contralor o con la Corte Constitucional. En un país como el Ecuador no es extraño que un asesor del Presidente de la República tenga que aparentar ser observador independiente para hacer de abogado y porrista y, prácticamente, de Presidente del Consejo Nacional Electoral.

En un sistema institucionalizado donde los distintos poderes tienen sus atribuciones y responsabilidades perfectamente limitadas, la figura de Omar Simon sería una anomalía. No solo eso: resulta anormal que un empleado de confianza del Presidente de la República se dedique a lavar la imagen de la autoridad electoral y a defender a capa y espada los resultados que ésta proclamó. Anormal también que ataque en forma atroz a personas decentes, como Ruth Hidalgo, para pretender imponer las decisiones de un juez parcializado como el CNE. Anormal que haga todo este trabajo sucio con sueldo que se financia con las contribuciones de todos los ecuatorianos, incluida la propia Ruth Hidalgo. Lo normal en un sistema democrático sería que Simon actué como representante de Alianza País ante el CNE. Pero nunca que, en su calidad de Consejero de Gobierno, como consta en el rol de la Presidencia, aparezca en medios como un ex presidente del CNE y experto en temas electorales. Y peor que celebre con periodistas del gobierno, como los de Ecuador TV, lo bien que le fue en entrevistas pactadas.

El CNE, parido en las tinieblas, solo puede generar dudas

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El Ecuador está pagando las consecuencias de los monstruos creados por la novelería política con la que el correísmo se instaló en el poder hace ya casi 10 años.

La conmoción social que está generando el Consejo Nacional Electoral, CNE, y su conducta, son ejemplos de lo que significa crear una institucionalidad partidista que, tarde o temprano, pierde legitimidad.  Si ahora la sociedad está movilizada y expuesta a hechos de violencia, porque existen dudas sobre la transparencia y la certeza en el sufragio electoral, es porque el organismo encargado de ese tema no fue concebido como un órgano independiente. Y porque sin independencia en política, no hay credibilidad.

El CNE está conformado por cinco vocales que han sido incondicionales al gobierno, lo cual es obvio porque fueron nombrados por el Consejo de Participación, un organismo que, en virtud de la Constitución de Montecristi, integra simpatizantes del Ejecutivo en todos los organismos de control y fiscalización del país.  En este CNE ya no existe ese principio de observancia mutua que había antes de Montecristi, donde los distintos partidos se vigilaban unos a otros con delegados de algunos de ellos.

Esta deformación institucional inevitablemente termina en comportamientos no institucionales. Obvio, si no hay independencia y existe impunidad garantizada, el cumplimiento de la ley es apenas un detalle que puede ser obviado. El caso del CNE de Juan Pablo Pozo es un ejemplo de ello.  En la primera y en la segunda vuelta, el CNE no ha cumplido con la ley electoral ni con su misión de garantizar  transparencia e imparcialidad.

Uno de esos incumplimientos es el que tiene que ver con el artículo 127.  Al menos dos expertos han hecho estas observaciones insistentemente: Fausto Camacho, del observatorio electoral y Ana Mercedes Días, ex directora del CNE de Venezuela. Ella, horas antes de la primera vuelta, se refugió en la Embajada de los EE.UU. porque la querían detener por sus denuncias sobre un supuesto fraude. El artículo 127 dice que en los recintos se deben redactar tres actas. Una de ellas se debe entregar a la Junta Provincial Electoral. Ese paso, según Camacho y Díaz, no se cumplió y las actas fueron directamente -sin pasar por la Junta Provincial- a los escáners desde donde se transmite la información al CNE. Es decir, se evita uno de los pasos medulares, fijados por la ley, que garantizan la transparencia del proceso: la audiencia pública de la Junta Provincial. “Eso es un escáner, no una audiencia pública”, sostiene Camacho.

Otra violación a la ley es la que tiene que ver con el rol de portavoz de los resultados preliminares que ha asumido Juan Pablo Pozo. Según Fausto Camacho, la ley establece que los datos preliminares solo pueden ser publicados en procedimientos tecnológicos y no en anuncios públicos como los que ha hecho Pozo tanto en la primera como en la segunda vuelta.

La desconfianza en el CNE, por tanto, no solo se origina en perversiones institucionales sino en las actuaciones de sus autoridades. Entre esas estuvo la negativa a aceptar a la misión de observación electoral de la Unión Europea. Se trata de una misión, quizá la única, que hace un auténtico monitoreo de todo el proceso electoral, desde la campaña hasta la idoneidad y seguridad del software que se utiliza. ¿Qué argumento se dio para no aceptar esa observación? Quizá el más deleznable y vergonzoso que se pueda imaginar. La vocal Nubia Villacís lo explicó alguna vez: como no hay reciprocidad, porque el Ecuador no puede observar las elecciones en Europa, acá no son bienvenidos los observadores europeos. “En el caso de Europa, la  Unión Europa no invita a América Latina o al CNE para hacer observación electoral”, dijo la vocal.  El mismo argumento absurdo fue sostenido por el presidente Correa.  “Un senador español que se encuentra en nuestro país, en una forma muy descortés ha dicho que es una torpeza no haber aceptado una misión de observación de la Unión Europea. Me pregunto cuántas veces la Unión Europea ha aceptado en sus elecciones la presencia de observadores latinoamericanos”. Y agregó  que “es una pena que algunos no logren superar todavía su mentalidad colonialista”.

Sin la misión de la Unión Europea todo el trabajo cayó en las misiones de la Organización de Estados Americanos y Unasur. En ambos, casos se trata de misiones de acompañamiento que visitan los recintos, pero no hacen auténtica observación. Con esos antecedentes y los resultados es inevitable y perfectamente legítimo preguntarse si la decisión de no admitir al equipo europeo fue parte de una clara y premeditada intención de no permitir que el proceso sea examinado. Otro golpe a la credibilidad.

Otra prueba de la falta de cumplimiento legal es la forma en que el CNE se hizo de la vista gorda ante el desfachatado y grosero abuso de los recursos del Estado en la campaña a favor de Lenín Moreno. Para muestra un botón: el día de la presentación de la candidatura de Moreno en el Estadio del Aucas, el 2 de febrero, todos los canales administrados por el Gobierno transmitieron el acto durante casi dos horas. Esto fue, evidentemente, una violación de la ley electoral y de todo sentido de ética pública.
Lo mismo puede decirse del uso de los canales incautados que emitieron sin ninguna restricción material, no solo a favor de Moreno sino expresamente diseñado para perjudicar a Lasso. El abuso de las páginas del diario oficial El Telégrafo para promocionar a Moreno y dañar a Lasso es otro ejemplo de cómo el CNE no cumplió ni remotamente con su trabajo. Es evidente que con un comportamiento así y con un origen institucional completamente distorsionado, la población no puede tener confianza en el trabajo del CNE.

El Ecuador atraviesa momentos críticos. La falta de credibilidad del CNE tiene a importantes sectores de la sociedad al borde de la confrontación y la violencia. Pero no solo es eso: el propio Lenín Moreno, en caso de asumir el poder, lo hará con una legitimidad lesionada gravemente que lo condenará a ejercer un liderazgo viciado y débil.

Tres videos que están despertando indignación

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Esta campaña electoral no es una campaña normal. Si fuera normal habría dos sectores compitiendo para acceder el poder y el Estado regularía y pondría límites para que nadie viole leyes y reglamentos electorales.

Pero en esta campaña electoral es el Estado el que participa en la carrera. Medios de comunicación manejados por el Gobierno, empleados públicos que tienen que hacer campaña (muchas veces obligados), carros de ministerios o subsecretarias que van y vienen haciendo proselitismo, call centers de organismos estatales que hacen llamadas para ofrecer créditos, servicios de salud que sirven de escaparate proselitista… Es, en definitiva, todo el Estado puesto al servicio de la candidatura de Lenín Moreno. Se trata de una campaña electoral completamente desnaturalizada porque una de las candidaturas, en este caso la del Gobierno, utiliza fondos que pertenecen a todos los ciudadanos.

Esta campaña es, además, una campaña anormal por un hecho muy sencillo: no hay organismo de control que impida al Estado hacer proselitismo. Esto ocurre por algo muy simple: el organismo de control, en este caso el Consejo Nacional Electoral, es manejado por el mismo Gobierno; es decir por administradores del Estado. En pocas palabras: no solo que el Estado interviene en la campaña sino que no hay nadie que impida que lo haga.

Pero cuando no hay control institucional, no todo está perdido. Queda, al menos, el control de la opinión pública y para eso, en las actuales circunstancias, no hay nada que actúe con mayor eficiencia y velocidad que las redes sociales. Es, precisamente, en las redes sociales donde las personas están compartiendo videos y fotografías en las que se denuncian los abusos del Estado. Estos días, en que se ha hablado del efecto que está produciendo en las preferencias electorales el apoyo de las instituciones públicas y la falta de control al proselitismo engañoso, ha sido la gente, en las redes sociales, la que ha exhibido esos abusos. Los mensajes que circulan, en especial ciertos videos y fotografías, se han convertido en una de las pocas herramientas que la sociedad tiene para resistirse a la normalización de lo anormal: en este caso una campaña donde el Estado es una de las partes haciendo campaña.

En estos últimos días de campaña al menos tres videos se han convertido en aútenticos éxitos porque provocan sorpresa e indignación. Si no hay institucionalidad que reaccione, al menos hay capacidad de sorpresa e indignación de la gente. Uno de esos videos fue hecho por el equipo de periodistas de Ecotel, un canal de televisión de Loja que fue clausurado por el gobierno y que ahora funciona en internet. En él se ve cómo el Estado, a través del manejo de la educación pública, logró en Loja que estudiantes de colegio asistan sesiones donde se proyectan películas que tienen que ver con el feriado bancario: es una clara alusión al candidato de oposición Guillermo Lasso.

Hay otro video en el que se evidencia cómo los activistas que hacen campaña por Moreno dicen claramente que lo único que se pide a cambio para para acceder a a los programas sociales que ofrece el candidato es el voto. Es decir, si quieres casa tienes que votar por Moreno porque esos programas no son para todos.

En el tercer video se observa a una activista de la campaña de Lenín Moreno recoger inscripciones para programas de viviendas populares, mujeres embarazadas, jóvenes emprendedores y personas mayores bajo la condición de que el aspirante vote por Moreno. “Si gana Lenín usted va con este certificado”, dice y por eso exigen una inscripción con número de cédula y número de teléfono. Tres muestras, de muchas que circulan, de manipulación y engaño que justifican por qué la gente que comparte estas imágenes está indignada.

Los generales advierten al CNE que lo están observando

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El gobierno y el CNE están haciendo todo lo posible por incendiar al país. Es tal el nivel de agitación social y política que han creado al no dar los resultados y suscitar graves sospechas de fraude, que el El Consejo de Generales Ecuatorianos emitió un comunicado al país. En él, los militares llaman al CNE a “velar por el respeto estricto de la voluntad de nuestros mandantes, expresada en las urnas, ya que es deber sagrado de las instituciones nacionales, no desconocer la voluntad ciudadana”.

Los militares van más lejos: advierten al CNE que “observará (…) que la voluntad del pueblo, la cual ha sido pronunciada, se garantice al cien por ciento”. Y le exige “un ágil y transparente escrutinio electoral”. Es evidente que los militares están preocupados por la actitud de Juan Pablo Pozo y el CNE, en general, que puede derivar (de hecho están derivando) en manifestaciones, disturbios y actos de violencia. Por eso relacionan el “ágil y transparente escrutinio electoral” con la “convivencia pacífica y democrática” que “evite hechos que vayan en desmedro de la integridad fisica de nuestros compariotas”.

Es obvio que este comunicado está dirigido al gobierno nacional, puesto que todo el mundo sabe que el CNE es una dependencia controlada políticamente por el correísmo.  Su contenido pone al gobierno y a su brazo electoral, el CNE, ante dos imperativos: cumplir la Constitución y la ley y evitar la violencia entre ecuatorianos. En claro, los militares endosan la responsabilidad al CNE de lo que pueda pasar en el país si persevera en su acitud. Y, de paso, toman posición, por adelantado, ante el poder político: no socapan su pretensión de desconocer la voluntad ciudadana. En claro, la institución militar no se prestará al juego político que, poniendo en riesgo la paz ciudadana, pretende sentar a un Presidente en Carondelet escondiendo y estirando las estadísticas electorales.

Los militares en este comunicado caminan en puntillas en este terreno minado de la política en el cual no son -y no pretender ser- tutores. Su texto se apega a su deber constitucional y por eso señalan que el CNE está incumpliendo el suyo y ellos, que tienen las armas, prefieren prevenir antes que curar. De hecho, recuerdan que son independientes y no toman partido.

Este comunicado no debe hacer gracia alguna en el Ministerio de Defensa y en la Presidencia de la República. No obstante, constituye una antena a tierra para el Ejecutivo y los miembros del CNE. Los militares coinciden con la ciudadanía que sin otra alternativa se ha lanzado a la calle a defender la transparencia del escrutinio y la integridad de los resultados electorales. La pelota está en la cancha de Rafael Correa y Juan Pablo Pozo.

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Milicos

Correa y el CNE juegan a incendiar el país

en La Info por
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Juan Pablo Pozo va camino de ser considerado un delincuente: está cometiendo un delito contra la fe pública. ¿Acaso no dijo que presentaría resultados en la noche del domingo? ¿Acaso no dijo que había modernizado de tal forma el Consejo Nacional Electoral que estos retrasos, que se prolongarán durante tres días más, eran cosas del pasado?

Juan Pablo Pozo (como antaño Omar Simon) nunca inspiró confianza. Él es un devoto correísta, como Simon, y está en ese cargo por sus méritos partidistas (como Simon), no por su lealtad al cargo que lo obliga a ser imparcial e íntegro. El acuerdo con Telconet, empresa de un amigo de Jorge Glas, puso en alerta a muchos sobre la posibilidad de un fraude. El padrón electoral, no solo no depurado sino abultado, nutrió las peores sospechas. La actualización de la normativa electoral, en la cual el CNE eludió normas superiores de obligatorio cumplimiento, convencieron hasta los más reticentes de que este gobierno no estaba dispuesto a aceptar la voluntad de los electores.

Comenzada la soirée electoral, este domingo, el CNE sorprendió: el conteo de actas iba tan rápido que se llegó a pensar que estaba compitiendo con Participación Ciudadana que, a esa hora, sufría el bloqueo… del CNE. Sus voluntarios empezaron a ser sacados de los recintos, sus carnés retirados, impedidos de transmitir el acta para que Ruth Hidalgo y los suyos pudieran efectuar el conteo rápido. Pensando mal y con Juan Pablo Pozo y sus patrones no hay cómo evitarlo, la estrategia correísta tomaba pleno sentido: el poder tenía empresas, como la de Santiago Pérez, destinadas a dar cifras de exit poll. Él se apuró a anclar una cifras que favorecían y de largo a Lenín Moreno. Rafael Correa la retuiteó y anotó: ¡Otro triunfo contundente del pueblo ecuatoriano! El holding mediático más grande del país, el del gobierno, se hizo eco del triunfo anunciado. Y los jerarcas correístas salieron a la tribuna de la Shyris. La verdad oficial se instalaba al lado del exit poll de Cedatos; la única empresa que mostraba otra cifra. Su principal, Ángel Polibio Córdova, no solo la sostenía en Ecuavisa sino que la desdoblaba mostrando lo que había pasado en las provincias. Muy profesionalmente.

Tarde, pasadas las nueve de la noche, Ruth Hidalgo mostraba su conteo rápido y sostenía, cotejando sus cifras, que con esos resultados había segunda vuelta. A partir de esos dos cifras (la de Cedatos y la de Participación Ciudadana -que no estaban lejos de coincidir- imprevistos como los que ocurrieron en Venezuela en circunstancias similares empezaron a ocurrir: se cayó la página de Participacion Ciudadana. Se cayó la página del CNE. Y el conteo de actas, que había empezado como caballo desbocado, tuvo inexplicables paradas de tortuga. No se movía y cuando lo hacía curiosamente Lenín Moreno se acercaba al umbral del 40% y Guillermo Lasso, el candidato segundo, bajaba… Inexorablemente.

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Resultado del Conteo Rápido de Participación Ciudadana

Tarde en la noche, Pozo explicó que no habría más información sino hasta este lunes. Y no explicó los retrasos que hoy se mantienen y se prolongarán durante tres días. El correísmo se da así tiempo para tratar de construir una ficción: hacer creer que las actas que faltan por escrutar pueden cambiar porcentualmente la muestra. Lenín Moreno se apuntó en ese capítulo y no ha cesado de hacer creer que en dos días su derrota en esta primera vuelta puede mutar en triunfo.

Ganar tiempo es una necesidad para Rafael Correa que, si se mira su actitud y sus tuits, es evidente que sabe que habrá segunda vuelta. El régimen aún no sabe cómo hacer digerible esta derrota en sus electores y, peor, no tiene estrategia para encarar la segunda vuelta. Ganar tiempo le permite tener claro todo el panorama electoral del domingo para perfilar algún triunfo: el número de asambleístas, por ejemplo. El dilema de Correa y los suyos es que las actuales cifras comparadas con las de su patrimonio político traducen un fiasco electoral sin nombre, que no sabe aún cómo administrar.

Pensar que Correa se paga una revuelta social (y eso habrá si el CNE no admite la realidad) es un escenario posible pero nada ideal para un hombre que está a tres meses de irse a Europa. Los veedores internacionales deben estar tan perplejos como los electores, de la cantidad de triquiñuelas, intentos de fraude que circulan en las redes, caídas del sistema, bloqueo de la información, sistema detenido y cambios casi imperceptibles que empujan el porcentaje de Moreno hacia el 40%… El fraude es visible, es latente.

El correísmo juega con el fuego. Y Juan Pablo Pozo con la posibilidad de ser acusado formalmente por delincuente. Formalmente porque en la calle, ahí frente a su oficina, miles de personas ya saben que él ni es juez ni es imparcial. Es una pieza en el aparato tramposo de un partido que no atina a entender que 65% de los electores votaron en su contra. Y aspira a sentar tramposamente a su candidato en Carondelet como si esos millones de electores fueran pendejos consumados.

Foto: miles de personas manifiestan ante la sede del CNE en Quito

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