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Correa se va de Ecuador

Los dilemas de Moreno tras el viaje de Correa

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Marguerite Yourcenar, en Memorias de Adriano, hace decir al emperador romano, refiriéndose a Trajano, su antecesor: “Lo esencial es que un hombre que llegó al poder haya probado luego que merecía ejercerlo”.
La grandeza de alma ha sido ajena a Rafael Correa durante su década en la Presidencia. El ejercicio del poder no ensanchó en absoluto los límites de su destino personal. Ni el éxito político puso de relieve sus virtudes: mas bien engrosó sus carencias, reveló sus sombras, traslució sus vicios. Así gobernó. Y así se va. Con cientos de policías y militares protegiendo su salida del país.

El viaje de Correa a Bélgica, 48 días después del cambio de gobierno, plantea interrogantes y escenarios inéditos. He aquí cuatro:

  1. Si Moreno asienta su poder, lo hará en detrimento de Correa: el momento político no se mide por tuits enardecidos ni número de likes en las cuentas sociales. La sociología política es implacable: Moreno ganó con 51% de votos y ahora tiene cerca de 70% de popularidad. El nuevo presidente puede pensar que es gracias a su labor si cerca de 50% de la ciudadanía –y hasta más– lo ven con buenos ojos. Y que si es más popular es porque ha hecho y dicho exactamente lo contrario de lo que dijo e hizo Correa.
    Esto crea un hecho político innegable que se puede resumir de esta forma: Moreno brinda, Correa paga. Si a él va bien es porque Correa se hunde en la opinión nacional.
    Moreno ha logrado este estado de gracia con gestos, en su mayoría, simbólicos. Pero eso tiene fecha de caducidad, pues, gracias a ese capital político, tiene que encarar los problemas de fondo. Aún así, las cifras de los sondeos marcan una tendencia para Moreno: entre más se diferencie de Correa, más capital político acumula.
  2. Moreno tiene que mostrar trofeos de caza: El presidente tiene que administrar una herencia de diez años. Virar esa página no se hace solamente con tuits, discursos y videos de reuniones con algunos dignatarios de la oposición. Moreno sabe que en la Revolución Ciudadana hubo autoritarismo, excesos, atentados a los DD.HH., concentración de poder, corrupción desenfrenada… Y que si quiere marcar diferencias de fondo tiene que, de alguna manera, viabilizar el arreglo de algunas de esas cuentas. No lo hará –y el país lo sabe– en la dimensión que los acontecimientos y los damnificados lo reclaman. Pero algo tiene que hacer. En este campo, el tiempo no es su mejor aliado y la ausencia de resultados trabaja en su contra. Con Correa fuera, esa tarea vuelve a su agenda de prioridades.
  3. ¿Jorge Glas dará razón a Velasco Ibarra? El Vicepresidente encarna, en este momento, la transición entre el gobierno de Correa y el de Moreno. Cabeza de los sectores donde se llevaron a cabo los mayores atracos al país, su situación política no es envidiable: es el personaje más cuestionado del gobierno de Moreno y, por ende, sobre él están enfocados todos los reflectores. Moreno lo ha dejado prácticamente sin atribuciones y lo ha puesto a prudente distancia. Nada ha hecho para acelerar su renuncia, pero nada hace tampoco para protegerlo políticamente.
    Glas ha dicho que no renunciará. No solo eso: en la Vicepresidencia ha conformado el mayor bunker correísta, con funcionarios que se quedaron sin trabajo y troles que hacen una labor pública contraria a la línea fijada por Moreno. Políticamente hace proselitismo para granjearse apoyos populares y, en los hechos, se ha convertido en la cabeza de la resistencia correísta a los cambios, así sean simbólicos, de Moreno. Esto significa que, por la naturaleza de sus acciones, Glas se puede convertir en el principal opositor a Moreno dentro del gobierno. Una suerte de “conspirador a sueldo”, según la célebre frase de Velasco Ibarra. Este es el punto más neurálgico para el nuevo Presidente porque objetivamente Glas es un peso muerto en el gobierno. En ese sentido, el Vicepresidente se vuelve el referente del estado real de los factores de poder en la nueva administración. Su eventual destitución requiere un cambio de fuerzas en la Asamblea, en los organismos de control y también en las cortes que obedecieron a dedo a Rafael Correa. Tal y como están las cosas, el dilema para Moreno no es si Glas se va o se queda: es cuándo se va y de qué forma sale.
  4. Correa, ¿el nuevo jefe de la oposición?: esta es una hipótesis que muchos ciudadanos expresan en redes sociales. Poco convencidos de que pudiera haber reales contradicciones entre Moreno y el ex presidente, prefieren pensar que su distanciamiento es un mero tongo. Nada está escrito sobre piedra en este momento. La hipótesis de un arreglo interno en Alianza País es seductora: limitaría el juego político a las filas del correísmo-morenismo. Halaría la alfombra bajo los pies de Guillermo Lasso y demás opositores. Mantendría la dicotomía del policía bueno y el policía malo que tan bien funcionó para Correa y para Moreno. Extendería la hegemonía política, con sus matices, durante años… un ejemplo de esto podría ser el peronismo.
    Esta hipótesis necesita una finura estratégica de un maquiavelismo supremo y protagonistas disciplinados y dispuestos a que laven y planchen con ellos. ¿Correa, extraviado en confines tan míticos como monárquicos, calza en este perfil? Para que esta hipótesis tome cuerpo requiere que Moreno fracase en el campo económico y que su gobierno no tenga viabilidad social y política. Sin conocer los derroteros definitivos en los campos económico y político de su gobierno, y su verdadero gabinete, es imposible evaluar esta posibilidad.
    No obstante, Moreno sabe que no puede repetir las políticas económicas de Correa porque ya no tiene el músculo financiero para hacerlo. Y tampoco es favorable a un ajuste, como los efectuados en el pasado. La sociedad, tras diez años de correísmo, no luce deseosa de correr tras los extremos. Su gestión tiene que ser centrista si él quiere seguir siendo popular. En esas circunstancias, es complejo vislumbrar el escenario del tongo. Lo que parece más evidente es que el poder se lo disputan dos facciones que algún rato compartieron un programa y que podrían acordar si de por medio no hubiera diez años de poder, un río de escándalos, secretos y cadáveres en los armarios y un pelotón de nuevos ricos pugnando por esconder bajo las alfombras mugre y dólares mal habidos.              Foto: Extraída de un video del diario El Universo 
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