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Corrupción en Ecuador

La pesadilla de los Odebrechtleaks comienza para el gobierno

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Este va a ser un fin de semana largo y tortuoso para Rafael Correa y Lenín Moreno. Si Carlos Pareja Yanuzzelli, prófugo por estar procesado en el caso de corrupción en Petroecuador, con sus #Capayaleaks habían acorralado al alto gobierno con sus apariciones en videos-pastillas en los que lanza acusaciones e insinuaciones de casos de corrupción, ahora el frente de ataque se abre con los #Odebrechtleaks. El primero se publicó hoy viernes 10, en la cuenta de Twitter @odebrechtleaks. Pero se anuncian más hasta el domingo.

En este primer video aparecen las fotos de Rafael Correa y su hermano Fabricio cuya voz se escucha claramente. Se trata de un relato, grabado a Fabricio Correa, en el que cuenta cómo su hermano Rafael recibió dinero de la constructora brasileña. “Desde que mi ñaño fue ministro se hizo pana de los manes. Ellos nos ayudaron en la campaña y el que llevaba la relación era yo que soy contratista de ellos desde el año 96”. Enseguida explica cómo se produce una oferta de coima de $15 millones a cambio de arreglar algunos contratos que estaban vigentes desde el gobierno anterior. También se habla de una coima recibida, supuestamente, por el ex diputado socialcristiano Simón Bustamante durante gobiernos anteriores.

Este video, que tiene un minutos 52 segundos, termina con el anuncio de que el próximo odebrechtleak aparecerá el sábado 11 de febrero. En la Presidencia se hallaban preparados para este anuncio. En su cuenta de Twitter se había colocado, unas horas antes, un mensaje que decía: “la bomba mediática mentirosa sobre #Odebrecht, desarmada”. En una entrevista que Rafael Correa dio en Durán, donde se hallaba, aparece anticipándose al hecho. Que prueben que nos dieron plata para la campaña, dice el mandatario. Y hace una revelación con una información que tiene cerca de diez años. Según él, Antonio Ricaurte, el guagua alcalde, lo despidió cuando él, como ministro de Finanzas fue a Brasil a reunirse con Lula da Silva. Y, sorpresa, Ricaurte lo recibió en Brasil. Viajó, según Correa, en un avión de Odebrecht… ¿Por qué nada ha dicho el Presidente sobre el particular? Correa dice haber sido muy cuidadoso con esas cosas. 

En realidad, desde el 21 de diciembre pasado cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos reveló que Odebrecht, una constructora brasileña, pagó $33,5 millones a funcionarios del Gobierno de Ecuador entre 2007 y 2016 para obtener contratos de obras públicas, el Presidente ha negado que su gobierno esté involucrado.

Lo ha dicho desde que explotó el escándalo Correa. Entonces exhibieron, como prueba, el hecho que esa empresa había sido expulsado en 2007 y cerraron filas alrededor de una estrategia política: la acusación hace parte de un complot internacional contra el gobierno pues se produce en plena campaña electoral (el gobierno soslayó el hecho que esta revelación concernía doce países en Latinoamérica y en África). Dos piezas aparecieron enseguida en esa estrategia: decir que Odebrecht hizo el contrato mayor con la Alcaldía de Quito y desafiar al Departamento de Justicia a que revelara los nombres. Una forma evidente de patear el balón para el campo vecino y comprar tiempo ante una opinión perpleja.

Ante el avance palpable de las investigaciones en los países vecinos, el gobierno matizó su desafío al departamento de Justicia de Estados Unidos o ante la fiscalía brasileña que también conoce los pormenores del caso: dijo que no estaban dispuestos a aceptar, “sin pruebas” lo que confiesen los funcionarios de Odebrecht que colaboran con la justicia en esos dos países. De esa manera quiso poner en tela de duda la palabra de los delatores acusados de poder decir cualquier cosa con tal de obtener rebaja de penas. Incomprensible argumento. También quiso sembrar la idea en los electores de que su gobierno era perseguido pues el periodo aludido (2007-2016) coincidía con el de su gobierno. Era claro que Correa quería involucrar otros gobiernos con dos claras intenciones: mostrar que en los otros gobiernos (León Febres-Cordero, Sixto Durán-Ballén, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa y Alfredo Palacio) hubo corruptos y ganar tiempo para evitar que la lista de corruptos de su gobierno salga a la luz pública.

En esas dos direcciones ha trabajado el gobierno. Por eso dio total credibilidad a una lista que apareció del año 1987 con nombres de políticos socialcristianos, Heinz Moeller y Jaime Nebot, en particular. Y envió a su secretario jurídico, Alexis Mera, a Brasil supuestamente a buscar información: en realidad fue a contratar abogados cuya misión no ha sido esclarecida oficialmente. Por supuesto no es encontrar la lista que, como era de esperarse, incluye funcionarios de este gobierno. El Fiscal General de la Nación, Galo Chiriboga, acompaña la estrategia del gobierno que es ganar tiempo por lo menos hasta que se realicen las elecciones del 19 de febrero. De hecho, esa fue la propuesta que hizo Rafael Correa a los ciudadanos en el enlace ciudadano del sábado 4 de febrero.

Ganar tiempo y negar cualquier vinculación: este fin de semana se verá si esa estrategia resiste ante las revelaciones prometidas por los Odebrechleaks, cuyos autores se desconocen.

Guerra de compadres: Capaya da sopa y seco a Correa

en La Info por
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Rafael Correa perdió la guerra que emprendió con el prófugo. No es poca cosa: el Presidente es master en descalificaciones y estrella de un aparato de propaganda dedicado a asesinar, simbólicamente en la esfera pública, a los adversarios del gobierno. Por eso este mano a mano, entre compadres que hasta hace unas semanas se llenaban de mutuos elogios, ilustra la decadencia que ronda al correísmo.

Correa tenía las de ganar por tener –ante un prófugo y presunto delincuente– el sartén por el mango. De ahí su decisión, visible a leguas, desde que Carlos Pareja Yannuezzelli dejó el país, de usarlo como punching ball. Lo elevó incluso a jefe de la mafia en Petroecuador pretendiendo que las sospechas y las acusaciones de corrupción llegaran hasta su nivel. No más arriba. En ese esfuerzo por convertirlo en ícono de la corrupción, Correa no se ahorró epítetos y los fue subiendo de tono: traidor, ladrón, delincuente, lacayo, infiltrado, psicópata… En los hechos, suscitó una guerra en la que quiso quedarse con el rol de político impoluto, de gran líder traicionado. Ese cálculo le falló.

Correa subestimó a Pareja Yannuzzelli. Pensó hacer de él un chivo expiatorio pasivo y la reacción de su ex ministro lo sorprendió primero; lo superó después. Capaya actuó según el código de las organizaciones mafiosas. Se dirigió a Correa como subalterno arrepentido que pide protección y clemencia al patrón, al padrino. Lo hizo públicamente porque los canales tradicionales se han cerrado. Es un hombre en desgracia. En sus primeras intervenciones se fue contra Jorge Glas; una salida en la cual se pueden leer tres mensajes: 1. A ti te respeto como líder, no te toco y recurro ante ti. 2. Te recuerdo que nada hice sin que Jorge Glas estuviera de acuerdo. Y Glas es el segundo, tu hombre de confianza en estas elecciones. 3. Te pido que tu brazo armado –Alexis Mera y Fiscal Galo Chiriboga– no me liquiden. Sobreentendido, tú intervienes y yo, que puedo hablar, también puedo callar.

Pareja Yannuzzelli hizo este intento en público (para que funcione como arma de disuasión) y lo hizo teatralmente: su aparición al lado de un experto en polígrafo hizo parte de su puesta en escena. Nadie sensato le atribuirá un valor científico a esa prueba, pero ante la opinión la usó como un gaje de credibilidad. Correa no midió el riesgo ni entendió el alcance que aquello podía tener y se refugió en lo que siempre ha hecho: poner su peso político en la balanza y tratar de hundir a Capaya bajo arrobas de insultos, tuits, declaraciones… y amenazas.

Pareja Yannuzzelli entendió que Correa no lo protegería y que, por el contrario, lo había elegido como el espantapájaros que necesitan él, su binomio y la revolución ciudadana en víspera de una elección presidencial. Entonces, empujó su estrategia un poco más lejos para dejar sin piso al aparato de propaganda, experto en mentir, confundir las pistas, cambiar la biografía de personas y cometer los peores asesinatos simbólicos de los que se tenga memoria en la República. En vez de hacer una sola intervención, que hubiera podido ser desbaratada con un cadena nacional, multiplicó los videos y neutralizó la posibilidad de Correa de responderle pico a pico. Desubicó al Presidente que, al desconocer el contenido de los videos, se dedicó a decir generalidades. En ese punto, el prófugo tomó la delantera, encaramado en la audiencia creciente que encontraron sus videos.

Pasada esa etapa, Pareja Yannuzzelli cambió de estrategia: entendió que el patrón no solo no lo iba a proteger sino que iba a jugarse a fondo por Jorge Glas y que, lejos de parar al brazo armado que lo quiere preso en Ecuador, iba a hacer causa común con el Fiscal y los otros que, a sus ojos, son tan o más culpables que él. Lo entendió cuando Correa publicó cartas o mensajes privados que le envió. Otro error, pues mostró que el Presidente se carteó con un prófugo y hasta lo protegió. Desde ese momento, la iniciativa cambió de campo y Correa quedó condenado a defenderse. No solo él. También su ministro Rivera tuvo que explicar el destino que tuvo el dinero proveniente de la cesión del campo petrolero Auca. Ese cambio en la relación de fuerzas se reflejó en la cuenta de Twitter del Presidente: dejó de ocuparse de Capaya.

Pareja Yannuzzelli, en cambio, aceleró el paso en el mejor estilo de una aplanadora: inició una nueva etapa de videos en los cuales no solo pone contra la pared a Correa sino a personajes clave de su administración: el fiscal Galo Chiriboga y el contralor Carlos Polit. Los reta a los dos a someterse a un polígrafo para que respondan si han recibido o no maletines llenos de billetes en el Swiss Hotel. Lanza el mismo reto a tres asesores de Polit y da sus nombres (Pablo Celi, Luis Miño y Luis Noboa) para que digan si cobraban a los contratistas de la refinería de Esmeraldas para sacar informes favorables. Cita de la misma manera a Flor María Guerrero, auditora de sectores estratégicos, en la Contraloría… No son generalidades. Y esas personas quedan conminadas a explicarse.

Así, Pareja Yannuzzelli -un prófugo y presuntamente un delincuente- no solo ha puesto a Correa y a los suyos a la defensiva. En esta guerra de compadres, tiene la iniciativa y el factor sorpresa de su lado. Correa perdió esa guerra y ahora luce con las líneas de defensa totalmente desarticuladas…

¿Saben quién es el empleado modelo? Yo sí sé…

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Galo Chiriboga es el empleado modelo, el empleado del mes: su devoción, su entrega a la causa y a su chequera son alabadas por todos los revolucionarios. Chamorro, respetuoso de la realidad, reconoce el hecho. Y lo consigna.
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Señor Moreno, ¿no le avergüenza su silencio?

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Señor Lenín Moreno,

Es inverosímil la capacidad que tiene usted para evadir los temas cruciales del momento. Es inaudito que usted, que aspira a la primera magistratura y que sigue encabezando las encuestas, eluda muchos casos sensibles que involucran a funcionarios de su gobierno. Es aterrador que usted no quiera esclarecer cuál es el papel real que ha jugado Jorge Glas en los casos de corrupción en los cuales es citado.

Usted debería decir al país qué lo llevó, a pesar de las dudas que usted mismo había expresado, a aceptar que él fuera su binomio. Usted debería decir por qué hace suyo, desde ahora, el problema de un hombre que aparece en los casos chuecos que el Fiscal General, lejos de aclarar, oculta. Debería decir por qué ni pide ni da explicaciones. ¿Le bastan las razones públicas, que son más bien actos propagandísticos, que esgrime el gobierno? ¿Es esa la forma como gobernaría si los electores decidieran votar mayoritariamente por usted?

Usted guarda silencio y eso no le otorga estatus de inocente. Desde ahora usted mete las manos al fuego por Glas y otros funcionarios sospechosos de malos manejos. Desde ahora está aceptando que cargos como el de Presidente sirvan para generar fuegos de artificio en vez de transparencia; hojarascas discursivas en vez de verdaderos procesos judiciales. ¿Lo que hace Rafael Correa ilustra la idea que usted tiene de lo que hará en caso de ser elegido Presidente? ¿Dirá usted si es elegido –para justificar su capacidad para rehuir la realidad– que usted no sabía, que traicionaron su confianza, que todos le mintieron?

Usted no solo camufla con su silencio lo que pasa. Está aceptando que el aparato del Estado se movilice para encubrir a los corruptos de su gobierno, no para castigarlos. Usted, haciendo coro con el Presidente, no ha dudado en desprestigiar a los denunciantes para así no tener que responder por el fondo de lo que señalan. Usted, como hace el gobierno, se ha escudado tras el discurso embustero de que esos descalificados (todos aquellos que denuncian algo) no aportan pruebas concluyentes. ¿Se las exigió usted a Galo Chiriboga? ¿No es su deber hacerlo? ¿Ha censurado la actitud de Chiriboga que hace de él una autoridad inoperante, inservible para la cosa pública pero hacendoso y cómplice de los delitos que enmascara en vez de investigar?

¿Piensa usted llegar a la Presidencia arrastrando ese arrume de cacerolas nauseabundas? ¿Piensa que evitar estos temas lo convierten en un ser ajeno a las prácticas mafiosas en que incurre su gobierno? ¿Piensa usted que esquivar estos temas lo dejan inmune cuando, en realidad, dan una idea espeluznante de su sentido ético y de las responsabilidades que conlleva, desde el momento de ser candidato, el ejercicio de la Presidencia de la República.

¿Preguntó usted a qué fue a Brasil Alexis Mera, hombre del Ejecutivo, cuando son precisamente funcionarios del poder Ejecutivo los que están siendo investigados? ¿Le parece lícito que Correa use todo el poder del Estado para protegerse y proteger a funcionarios presuntamente involucrados en actos de corrupción?

¿Por qué acepta que Correa patee el balón para adelante –con la esperanza de que usted gane en la primera vuelta– para esclarecer después lo que es, desde hace tiempo, motivo de investigación? ¿Es lícito que usted vaya a la elección con una persona que es –esto es un hecho– (por lo menos) el responsable político de la corrupción que se produjo en Petroecuador?

¿Qué hará usted en caso de que sus amigos aparezcan en las listas de Odebrecht, que en algún momento saldrán? ¿Mirar para otro lado como lo está haciendo? ¿Repetir, como lo hace el Presidente, que esto es un burdo ataque del imperio, de unos banqueros nada confiables de los años 90 en contubernio con la prensa corrupta? ¿Usar el aparato del Estado –como lo hace ahora su gobierno– para dorar la píldora al país mientras compra desesperadamente tiempo?

Su silencio es cómplice, señor candidato. Su silencio habla mal de usted. Su silencio es un mal presagio. Su silencio tiene explicaciones, claro, pero todas caen bajo la sospecha de que usted encubre verdades dolorosas para su partido, hasta ver qué le dicen los electores. Y no hay nada peor que un político que se esconde tras piruetas oportunistas para no encarar la realidad.

Y los Isaías probaron el poder del Señor

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La lectura de Chamorro sobre el panorama político que incluye la lista de Odebrecht, Capaya, los hermanos Isaías, las elecciones del 19 de febrero, el voto oculto…

 

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El código deontológico de Correa es un chicle

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¿Carlos Pareja Yannuzzelli es un delincuente? Probablemente. Lo tiene que decidir la justicia. ¿Jorge Glas es un corrupto? Probablemente. Eso también lo tendría que demostrar la justicia. Para Rafael Correa las cosas son más sencillas. Pareja Yannuzzelli huyó; luego es un delincuente. Ningún juez de la justicia correísta investiga a Glas; luego es un ser probo, maravilloso, íntegro. En estas cosas de la Justicia, el Presidente es una autoridad. No solo acusa a Pareja Yannuzelli y exculpa a Glas: pide a los electores que le crean. Como si pudiera creer a los políticos con los ojos abiertos. Como si la esfera pública fuera una iglesia en la cual, en vez de pruebas, basta con actos de fe.

Hecho ese ejercicio, el Presidente pasa a otra etapa en la cual también es igualmente una autoridad: el periodismo. Se lanza contra los periodistas y medios que entrevistaron a Pareja Yannuzzelli en Miami. Y decreta que un prófugo (que puede ser o no un delincuente) no debe ser entrevistado. Pues bien: Julian Assange es prófugo, está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres y ha dado tantas entrevistas que es imposible reseñarlas una a una. Otro ejemplo más extremo: Osama Bin Laden, el enemigo número uno para el Occidente durante largos años fue entrevistado por medios tan serios como CNN, ABC, Time, The Independent… Incluso semanas antes de que se produjera el ataque que acabó con su vida.

Correa dice que un delincuente no puede ser entrevistado. Y que si lo es, debe ser para que se auto inculpe. Da espanto oírlo decir tantos despropósitos. Y tantas mentiras. Dijo, por ejemplo, que los periodistas no preguntaron a Pareja Yannuzelli por sus actos corruptos en Petroecuador. ¿Cómo lo sabe si esas entrevistas no salieron al aire? ¿Cómo lo sabe si el material de Tania Tinoco fue robado y la versión que circuló en las redes no fue editada por ella? ¿Cómo lo sabe si el material de Expreso no fue publicado? ¿No valen los intentos que hace Janet Hinostroza, en una parte de la entrevista que circuló, para que el prófugo diga de qué pide perdón a la sociedad ecuatoriana?

Por supuesto que el entrevistado hala la cobija para su lado. Siempre lo hace. ¿Acaso Correa no lo hace cuando alguien le tiende un micrófono? Pero en el buen periodismo (que Correa persigue) se practica la duda metódica, se sabe que ninguna fuente es objetiva, se entiende que las versiones no son verdades unívocas y que la verdad periodística se arma, en muchos casos, como un rompecabezas: pieza por pieza.

En el caso de las mafias (y en este gobierno hay mafias), la historia enseña que son los mafiosos los que delatan a los otros mafiosos. Entrevistar a un sospechoso o a un delincuente hace parte de la tarea periodística. Y juzgar si el producto que sale debe ser publicado es parte del proceso periodístico y ético de cada redacción. No del poder. Si Expreso juzgó que no debía publicar la entrevista que hicieron dos de sus editores, es su derecho. Pero pretender, como hace Correa, que las razones deontológicas que Expreso esgrimió coinciden con supuestos códigos éticos suyos, es como para desternillarse de la risa. Y es una coartada incalificable erigir las razones de Expreso para dar clases de moral a Teleamazonas y a Ecuavisa. Lo que quería Correa -y logró- es que esas entrevistas no salgan al aire. Ahora Correa se cuelga de las razones deontológicas de Expreso para encubrir la censura previa que ejerció; la censura política.

Correa se ampara, además, en la no difusión de esas entrevistas para endosar a los periodistas que las hicieron acusaciones que los televidentes jamás podrán contrastar. Decir que hicieron las mismas preguntas, buscando las mismas respuestas. Decir que no escrutaron al prófugo. Decir que prestaron el micrófono para que echen basura sobre gente honesta (y honesto es Jorge Glas porque él lo dice; como antes lo era Pareja Yannuzzelli porque él lo decía…). Decir que el entrevistado no exhibió ninguna prueba. Decir que esto es un montaje al cual se prestaron esos periodistas. Decir que trataron a Pareja Yannuzzelli como un patriota…

Pareja Yannuzelli es delincuente, mintió y armó este show en Miami con periodistas que se prestaron para ello: eso dice Correa aprovechándose de que los televidentes no han podido ver esas entrevistas en su totalidad. No obstante, su gobierno se da la pena de “desmentir” las pocas cosas concretas que dice su ex ministro en el escaso material que circula: entrevistan a Wilson Pastor por skype para que niegue que la OPEP previno al gobierno sobre una supuesta pérdida de 4 dólares por barril; mecanismo que hace parte -dice Pareja Yannuzzelli- del esquema corrupto en Petroecuador. Wilson Pastor, que hace parte del combo cuestionado, dice que no es verdad. Y como lo dice Wilson Pastor por skype desde Viena, pues queda desmentido Pareja Yannuzzelli.

¡Qué sofisticado es Correa para demostrar que miente su exministro que ahora llama delincuente y payaso! ¡Y qué decente es para regar veneno con ventilador sobre cuatro periodistas mientras censura, con todo el peso del gobierno, entrevistas que los electores no verán! Y, por ende, nunca podrán saber si esos periodistas hicieron bien su trabajo.

¿Saben por qué aquí nada se sabe de Odebrecht? ¿Saben? Yo sí sé…

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¿Por qué en Perú, Colombia, Panamá… hay información sobre los sobornos de Odebrecht y aquí no? ¿Por qué en los países donde estaba Odebrecht hay personas detenidas y acuerdos judiciales para que digan todo lo que saben y aquí no? ¿Por qué otros gobiernos han hecho acuerdos con Odebrecht, o puesto querella judicial, para que esa empresa indemnice a sus países por sus actos dolosos y aquí no?  ¿Por qué el fiscal Galo Chiriboga en vez de producir resultados pide a los ciudadanos que comprendan que el caso es reservado, que no quiere encubrir a nadie pero que la información que se le solicita en vez de ayudar, entorpecería? ¿Por qué el Fiscal, en vez de oír a sus mandantes, los ciudadanos, imita al Ejecutivo –y compite con él– en una carrera desenfrenada para producir golpes mediáticos, fuegos de artificio y cortinas de humo?

Hay ingenuidad en la opinión al esperar que este Fiscal imite lo que hacen sus pares en otros países. Hay ingenuidad en creer que el problema de este Fiscal es su ritmo de trabajo, una lentitud pasmosa. Hay ingenuidad en pretender que este Fiscal (con más voluntad o mayor cadencia) hará hoy lo que no ha hecho desde julio de 2011: transparentar los delitos de este gobierno, investigarlos y llevarlos ante los jueces (controlados por Gustavo Jalkh).

¿Saben cuál es el problema de Galo Chiriboga? ¿Saben? Yo sí sé: Galo Chiriboga es parte de este gobierno. Un familiar, cercano o lejano, qué importa, un pana del presidente. Su abogado. Un hombre del cual se sabía, meses antes de que se realizara el concurso, cuando todavía era embajador en España, que él sería el nuevo fiscal de la nación. Un Fiscal en pleno auge del correísmo.

Galo Chiriboga ha sido parte de un modelo político basado en la opacidad. Un modelo que no solo ha destruido los mecanismos de fiscalización sino que ha criminalizado el derecho de los ciudadanos de saber, de conocer, de acceder a la información genuina. Chiriboga ama el toreo y esa pasión, donde hacer el quite y adornarse para arrancar aplausos hace parte del espectáculo, la ha puesto al servicio de uno de los cargos esenciales en la democracia. Otro de esos cargos es la Contraloría donde otro maestro del disimulo, Carlos Polit, aspira a eternizarse en el poder. Entre los dos han construido un verdadero teatro de sombras para echarse mutuamente la culpa de no fiscalizar al gobierno.

¿Saben por qué Galo Chiriboga trabaja para enterrar el caso Odebrecht? ¿Saben? Yo sí sé: porque Galo Chiriboga es parte esencial del correísmo. Y los corruptos de los sobornos de Odebrecht son correístas. De la cúpula correísta. Por eso no puede investigar. Por eso nada se sabe en Ecuador, como en Venezuela, de este caso. En Colombia la corrupción de Odebrecht (que se conoce) ocurrió en la administración de Álvaro Uribe. Ahora gobierna Juan Manuel Santos. Él tiene interés en que se sepa la verdad. En Panamá la corrupción de Odebrecht (que se conoce) ocurrió en el gobierno de Ricardo Martinelli. Ahora gobierna Juan Carlos Varela. Él tiene interés en que se sepa la verdad. En Perú la corrupción de Odebrecht tiene relación con los gobiernos de Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala. Ahora gobierna Pedro Pablo Kuczynski. Él tiene interés en que se sepa la verdad. Lo mismo se puede decir de República Dominicana y Argentina. Hubo cambios de gobierno y, por interés político o por lo que sea, esos nuevos gobiernos quieren que esa ropa asquerosa se lave en público.

En Ecuador el lapso que figura en la revelación que hizo el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el 21 de diciembre pasado, va de 2007 a 2016. Pues bien: el gobierno involucrado es el de Rafael Correa. Es posible que esta empresa también haya sobornado altos funcionarios en otros gobiernos y eso se sabrá. Pero este escándalo corresponde al gobierno de Rafael Correa cuyo fiscal estrella, para administrar la opacidad, se llama Galo Chiriboga. Es imposible, en esas circunstancias, que este gobierno pueda investigarse: es protagonista del hecho y juez del mismo. Eso explica con creces por qué en Ecuador (y en Venezuela) el escándalo Odebrecht no ha producido consecuencias.

Eso explica por qué los ciudadanos tienen derecho a pensar que todo lo que hace el aparato del Estado (Ejecutivo, Fiscalía, maquinaria de propaganda…) está destinado a tapar, a engañar, a confundir. ¿Quién puede creer que Alexis Mera contrató un bufete de abogados en Brasil para tratar de saber la verdad para contársela al país, cuando ni siquiera dijo al país que iba a Brasil a contratar ese bufete de abogados? ¿Quién puede creer que Rafael Correa quiera saber la verdad y contársela al país cuando ha buscado chivos expiatorios para decir que no fue en su gobierno sino en el de los otros? ¿Quién puede creer que el Fiscal General esté investigando este caso cuando, en vez de hurgar entre los que contrataron las obras de Odebrecht aquí como lo están haciendo sus pares en otros países, se esconde tras una hojarasca de declaraciones y acuerdos que producirán resultados cuando los responsables de la corrupción hayan desaparecido?

¿Saben por qué todo esto ocurre? ¿Saben? Yo sí sé: porque el gobierno involucrado es el de Rafael Correa, familiar, cercano o lejano, qué importa, del Fiscal General y porque los dos (como toda la franja de corruptos del correísmo) tienen que ganar las elecciones para mitigar, en un futuro cercano, los efectos políticos y judiciales de estas fechorías.

Foto: Fiscalía General de la Nación 

Elección 2017: los candidatos de los capos

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Que hay agua bajo los puentes y que corre y corre…  no hay duda alguna. Chamorro gráfica las otras elecciones que están en curso ante la vista y paciencia de muchos ciudadanos.
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La corrupción excusa al corrupto

en Columnistas/Las Ideas por
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El pedófilo culpa al niño de extraer su perversión. El violador acusa a la mujer de faldas cortas que provoca la agresión. El asesino en serie culpa a los juegos de video que estimulan su maldad. El ladrón de dinero público acusa al contratista malo de tentar sus manos limpias y su corazón ardiente.

No es culpable el que comete la agresión, el latrocinio, el atentado. Es culpable el otro, el tercero, el de fuera. En su obsesión por negarse a enfrentar la responsabilidad, en su afán de pasar por pulcro cuando nada en estiércol, la torcedura moral del robo se hace más sombría por la torcedura mental de negarlo o taparlo fraguando una realidad exculpatoria.

Allá en una refinería sobrepreciada, al inaugurar la corrupta repotenciación, se hicieron actos de reconocimiento y apología al patriotismo de los corruptos. Alguno ha sido confinado, acusado para silenciarlo. El más rechoncho, anticipado, se fugó. Y para evitar que la investigación suba de grado, allí surge la corrupta propaganda para hacer lo que el pedófilo, lo que el violador, lo que el asesino: señalar como culpable al abogado, al que armaba las sociedades.

Ese es, grita los sábados, el capo de todos los capos. ¿Quién? El Abogado, pues. ¿El autorizó los contratos? No. ¿Él pagó la coima? No. Será un cómplice coadyuvante como máximo, supongo. Pero hace falta mucha mente prostituida para concebir una excusa tan cínica. No es culpable el ministro, el gerente u otro de los funcionarios designados por quien controla todos los resortes del poder. Es culpable el abogado que, en coincidencia, resulta ser de esos personajes que como la mosca (no importa ideología o circunstancia) encuentra la boñiga donde pararse.

Esa es la misma lógica del fiscal que, con rostro risueño de quien debió estar dormido luego de opíparo almuerzo de carnes y vinos, nos recordó la rastrera obsecuencia con la afirmación: “ya sabemos que el culpable es Oderbrecht”. Ya no hace falta ubicar los nombres del o los cajeros. Ya no hace falta investigar a quién los cajeros entregaron las coimas. Ya no hace falta saber cuánto más se embolsicaron los bolsillos ardientes. Ya no hace falta, por que el culpable es el “otro”.

No puedo dejar de pensar que debe haber mucha influencia parental en la estructura ética, en los conceptos morales de quienes tienen el poder total en sus manos. O es probable que tanto poder, tanto dinero, les torció el alma, así como partes del físico. Me inclino por lo primero.

Para tapar la corrupción vale usar otro acto de corrupción. Primero se roban y luego lo encubren con armas publicitarias impúdicas. Lo íntegro habría sido, para espantar sospechas, para moralizar, para preservar el nombre y la honra, que se publique toda la información, venga de donde venga para que salten los responsables. Y si por eso se pierde una elección, bueno, que así sea. Salvo que haya culpas que tapar. Las dudas aparecen y se vuelven certezas sobre este intento de desviar el foco de la investigación hacia terceros: es para impedir llegar a otros responsables, más poderosos.

No van a poder tapar el sol con un dedo. O impedir que fluya la información del Departamento de Justicia. Ya ha aparecido literatura diplomática que eventualmente implican a la hermana. El exceso de poder les volvió descuidados en proteger los rastros. La certeza de impunidad les hizo confiados en que esto quedaría sepultado por la connivencia de funcionarios de control y fiscales alineados. Queda la esperanza de que se incremente el número de electores que saben que la corrupción corroe la credibilidad de los candidatos gobiernistas, así como la de su tutor; lo que permitirá cambios políticos que nos lleven a la mayor campaña moralizadora de las que podamos tener memoria para refundir a quienes se levantaron de la modestia económica a punta de coima y corrupción. Para sepultarlos políticamente y para que así no tengan el valor de amenazar con su retorno.

El correísmo pierde la aureola de santurrón

en La Info por
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Tras la corrupción en la refinería de Esmeraldas ahora llega el caso de Odebrecht: 33,5 millones de dólares pagados en sobornos a funcionarios del gobierno de la revolución ciudadana. Y antes del descubrimiento parcial de la corrupción en la refinería –porque debe superar mil millones de dólares– ya había una letanía de otros casos de corrupción.

Odebrecht no es solo sobornos: son 58 millones que recibió esa empresa, según había publicado en 2015 la revista Veja, sin justificación. Son sobre facturaciones en obras como la de Carrizal-Chone. Hay un sistema corrupto que involucra algunos proyectos y, por ende, muchos funcionarios correístas. Este gobierno debe responder por la corrupción denunciada que tuvo lugar desde 2007 hasta ahora. Es decir, durante la revolución ciudadana.

Fernando Cordero lo dijo a este pelagato en 2012, cuando era presidente de la Asamblea Nacional: lo peor que podía pasar a Alianza País era eternizarse en el poder. Al hacerlo corría el peligro –decía él– de hundirse en la corrupción. Cordero tuvo razón, pero siguió en ese gobierno hasta marzo de este año… Si estaba inquieto era porque sabía lo que estaba ocurriendo, pero también se calló.

Era obvio que la corrupción se enquistara en este gobierno. Los mecanismos que creó solo podían producir discrecionalidad e impunidad. Este gobierno acabó con la Comisión Anticorrupción y creó remedos de ella, manejados por funcionarios afines. Este gobierno acabó con la fiscalización en la Asamblea bajo la premisa de que esos procesos eran shows mediáticos. Este gobierno nombró un contralor que maneja políticamente sus informes y glosa de vez en cuando funcionarios de segundo rango que, tontamente, prestan sus nombres para firmar contratos y balances. Este gobierno puso a un fiscal que, como en el caso de la refinería y Odebrecht, actúa presionada por los acontecimientos y genera la sospecha de que busca más desparecer evidencias que esclarecer hechos. Este gobierno, en fin, abrumó a la opinión de discursos tranquilizadores (para ciudadanos narcotizados) en los cuales se declaraban seres impolutos de manos limpios y corazones ardientes.

El correísmo no solo creó un sistema apto para la corrupción. No solo protegió y hasta homenajeó a algunos protagonistas como Pedro Delgado. Hizo algo mejor: se dedicó a criminalizar y desprestigiar a instituciones y personas que hacen esas denuncias: los miembros de comisiones creadas por el propio presidente han sido perseguidos. Al igual que los periodistas del gran hermano. O Fernando Villavicencio.

Y mientras tanto, nadie en el partido de gobierno se sorprende de esos compañeros nuevos ricos que pululan, migran hacia los barrios o zonas exclusivas, se retratan en revistas exclusivas o se exhiben en sus cuentas personales de shopping en los malls de Estados Unidos… Ninguno se sorprende siquiera ver a los funcionarios que rodean al propio Presidente haciendo declaraciones de renta que muestran cómo ha crecido exponencialmente su patrimonio. Ellos son los de la década ganada. Son los mismos que apenas se descubre un caso de corrupción vociferan que fueron ellos mismos los que lo descubrieron. El hecho cierto es que la corrupción que se conoce ha sido puesta en evidencia por factores externos al gobierno: la prensa, los Panama papers, la confesión del principal de Odebrecht, algún divorcio en curso… El colmo de la desfachatez correísta es ver a Fernando Alvarado (en 2012) diciendo que la prensa comercial hace denuncias de empresas privadas, como Odebrecht, para extorsionarlas y lograr así obtener publicidad. Dice “en mi experiencia”… Pues solo a una mente torcida como es, al parecer, la suya se le puede ocurrir tamaña aberración.

Pedir en estas condiciones que las instituciones de control hagan su trabajo es un despropósito: han hecho parte de ese sistema de sobornos, sobre facturaciones, quiebra de empresas (prácticamente todas las incautadas), traslape de cuentas… Han hecho parte de esta empresa de disimulación y robo en la que el Estado ha perdido miles de millones de dólares. El correísmo todavía es dueño de sus secretos. No obstante, ya perdió la aureola de santurrón que se había fabricado: ahora se sabe que es un gobierno que aupó, toleró y socapó el mayor atraco de fondos públicos que ha tenido este país en su historia republicana.

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