Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Corrupción en Ecuador

¿Asociados por la corrupción?

en Columnistas/Las Ideas por

Volver a escribir sobre la corrupción tiene una alta dosis de aburrimiento. Pero he mirado atónito la comparecencia del Vicepresidente Glas a la Asamblea Nacional. Así es como se falsifican las instituciones. No por la teatralidad, que finalmente es un componente de la política. Por el cinismo, que se pretende convertir en forma de rendición de cuentas. Basta con una década. Ahora se quiere perennizarlo. Y tratarnos a todos los ecuatorianos como tontos.

La corrupción es un fenómeno recurrente. Cambian las dimensiones y la complejidad. Pero soportarla y ampararla con procedimientos como los de hoy en la Asamblea Nacional nos ratifica como altamente capaces de marchar solo en un mismo terreno. Incapaces de otra agenda pública. Pero los temas los pone la realidad. Y la política es reconocer cada vez, otra vez, a la realidad. A las realidades.

Un empresario de la generación Odebrecht declaró hace unos días, repitió en realidad, que la corrupción está inscrita en la naturaleza humana, que donde haya negocios habrá corrupción, que otras empresas siguen utilizando a la corrupción como carta de competitividad, siendo que ellos (los arrepentidos) han perdido este instrumento de competitividad. Obviamente transcribo el sentido.

Inscribir a la corrupción en la naturaleza humana es tremendamente duro. Es casi religioso. Estaría asociada al pecado, genérico que habría dado lugar a la forma humana según el cristianismo. La limitación humana se traduciría en una vocación pecaminosa. Como conclusión de un falso silogismo, solo le faltó invocar de la vocación corrupta de los humanos.

¡Celebro mucho no ser un mal empresario y peor aún un pésimo sacerdote! Por ello trataré de utilizar otros caminos para examinar este fenómeno que siendo humano, es decir que surge de relaciones sociales, es moral, jurídico, administrativo, político, entre otras variables.

Hace décadas, durante la administración de Sixto Durán Ballén, un grupo de profesionales independientes, de clase media, vinculados profesionalmente por la contabilidad, me invitó a escribir en un libro sobre la corrupción en el Ecuador. El tema se había puesto de moda. Los economistas hacían cálculos sobre las dimensiones de la corrupción en la economía. Hacían correlaciones, muchas veces sencillas entre gasto público y corrupción, otros más tradicionales desenterraban las asociaciones entre dimensiones del Estado y corrupción, siendo que a Estado más grande correspondería mayor corrupción (desde una de sus dimensiones una verdad de Perogrullo), varios indagaron la corrupción en el sector privado descubriendo la obviedad de la procreación (los corruptores) y finalmente apareció una legión de ingenuos, cuyos análisis hicieron daño a la sociedad, al sistema político y a la justicia. Hicieron daño porque redujeron la corrupción a la política y a los partidos. Y así dañaron a su movimiento social en nacimiento empujándolo hacia los brazos de los operadores de las crisis. Y entregaron la política al paredón de los populistas entre otras justificaciones como sinónimo de corrupción.

Una preocupación de un poco, quizás demasiado, de largo aliento fue preguntarme acerca de las asociaciones existentes entre relaciones sociales y corrupción. Venía de lecturas sobre la situación de la violencia colombiana, en que insignes investigadores se preguntaban si la violencia era consustancial a las relaciones sociales en esa nación. Antes había trabajado con la idea de resolución de la cuestión nacional en Ecuador y la aparición de una vía revolucionaria violenta o más bien que en Ecuador terminamos los conflictos que pueden tener un surgimiento asociado con la violencia en “revoluciones pasivas”, es decir de acuerdos entre las partes cuya negociación deja irresueltas a las agendas. Por ello consideré lícito preguntarme si podría haber vinculación entre la forma de nuestras relaciones sociales y la corrupción y, a su vez, interrogarme sobre las bases sociales de la corrupción y las situaciones sociales para la corrupción.

Las preguntas siguen allí. A la distancia se puede decir que la corrupción no está asociada a una sola variable ni actor. Las relaciones más formales tienen dimensiones y estrategias complejas de corrupción (que lo diga Odebrecht) comparables pero distintas de las informales, que basadas en aceptar y repetir la transgresión, asumen a la corrupción como una variable adicional. También la corrupción, diferente pero en el fondo la misma, aparece en situaciones de auge –por la disponibilidad de excedente- como de declinación económica –por la escasez de excedente y su disputa-.

Me pregunto por algunas situaciones que pueden asociarse con la corrupción hoy en Ecuador. Obviamente me pregunto o formulo hipótesis sobre aquellas que ahora pueden verse. Pero, supongo, que hay mucho más atrás.

Escuchaba al vicepresidente que respondía a las acusaciones sobre corrupción y respondía con las obras de la revolución ciudadana. Las carreteras y las hidroeléctricas por sobre las nimiedades de los procedimientos transparentes. La revolución ciudadana, fiel a sus antecedentes jurásicos, se asentaría en viejos principios de la moral revolucionaria del socialismo real. Esto es, frente a las necesidades de un proceso revolucionario como el Ecuador en esta década, cualquier medida o acción que afiance ese proceso sería válida, moralmente justa y éticamente aceptable. Así, la realización de una obra social o el financiamiento de una campaña de quienes tienen la razón histórica serían legítimas aunque no fueren legales. Recordemos la distinción tan meticulosamente esgrimida por el presidente Correa en varias oportunidades, que sirve para justificar cualquier cosa.

También pudo ser el caso que, bajo el marco anterior, gastar excesivamente o ilegalmente para conseguir que se hagan obras cuyo resultado político sea la permanencia de la revolución sería moralmente aceptable. De hecho, el despilfarro –forma de corrupción frecuente en la década– fue una práctica que se justificaba en la desigualdad social y la necesidad de resolver urgentemente la inequidad. Se simplificaron procedimientos para poder gastar y ganar elecciones con objetivos inscritos en la revolución ciudadana. Los límites jurídicos se flexibilizaron y las formas de control institucional del gasto se debilitaron, esto al margen de la misma propiedad con que pudo haberse ejercido la contraloría de fondos públicos. Muchas veces la legalidad formal o la certeza técnica quedaron suspendidas en el limbo de su comprensión de la estrategia del ensayo acierto/error. También la apropiación personal de recursos, si finalmente derivaba en acciones revolucionarias.

La pobreza justifica muchas cosas, por ejemplo, oculta muy bien a las malas y anti–técnicas estrategias para tratarla. Pero fundamentalmente justifica a la transgresión a las instituciones. Si se trata de hacer el bien a los pobres, la corrupción se justificaría, sea por la vía del despilfarro, de la acumulación política o del abierto pago de sobreprecios. A su vez, los mecanismos de control social deben subordinarse, en este caso preferentemente, a la visión del Estado, que según la visión revolucionaria como la más ortodoxamente liberal, sería la representación del bien común.

Nuestro caso, el Ecuador de hoy, la corrupción está asociada a la concentración del poder. Pero vamos al inicio de la situación actual. La corrupción era una bola corrida con temor por la amenaza de represalias jurídicas y sanciones políticas. La imagen de perfección suma que transmitió el poder en la última década no dejaba resquicios. La ecuatoriana como la corrupción mundial ha sido sumamente meticulosa e ingeniosa para que se pierdan los rastros. Solo pudo emerger como un acontecimiento ocasional, una casualidad. Pero esa misma característica, una vez abierta la caja, puede llevar a que se revele la red de corrupción, a que las delaciones surjan y a que las consecuencias tengan rutas y límites impensados.

Por ello es que hay una caja de contención visible, el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que además de robarle la soberanía al pueblo debería haber servido como instancia de lucha contra la corrupción. Pero fue el dique de contención del conocimiento público contra la corrupción. La sociedad reaccionó y recuperó prácticas exitosas y creó la Comisión Anticorrupción, de carácter cívico, conformada por notables, que ha sido asechada por el poder que instrumenta a la justicia para ello. Pero ha sobrevivido. Con valor. Pero no reconocido por el régimen, que ha montado otra comisión mixta, presidida y conformada por las partes a las que examinará y decorada por algunos miembros de la sociedad proclives al gobierno.

Los corruptos obviamente saben cómo operan las redes de corrupción. También quienes las amparan o son sus beneficiarios indirectos. Mientras los cerrojos están bajo su control todo es impenetrable. Pero una vez abierto un eslabón es probable que muchos otros se sumen. Para ello se requiere de control social y especialidades múltiples que den racionalidad a la investigación.

Naciones Unidas ha ofrecido cooperación eficaz en otros países. Ecuador puede seguir esa ruta con varias condiciones. La formulación de la demanda de cooperación debe estar abierta a un acuerdo general de la nación. El Estado debe asumir su representación sustentado en un acuerdo. En caso contrario la demanda comprendida solo como asesoría para formular políticas públicas nominales puede convertirse en un engaño de poca monta. Y es de esperar que Naciones Unidas no pueda prestarse a aquello. No sólo porque conoce de la actual situación de Ecuador y de todos los países afectados por la ola de corrupción. Y, conociendo, su obligación es actuar para que no se perpetre un engaño. Naciones Unidas no solo debe sujetarse a la demanda del país sino a su obligación central que consiste en velar por la aplicación de todos los tratados internacionales en los países signatarios.

Luis Verdesoto es académico

Jorge Glas se ríe a carcajadas del país

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Jorge Glas está demostrando, a las radios del país, por qué con un personaje como él hay que leer y llevar consigo muchos documentos para entrevistarlo. Lo mismo deberían hacer los asambleístas que lo van a encarar. Con leer los principales textos y libros de Fernando Villavicencio quizá bastaría. O con verlo en ciertas entrevistas, como esta en Teleamazonas, con Janet Hinostroza. 4Pelagatos también ha resumido sus investigaciones.

Glas es un sabido. Lleva años de entrenamiento. Años marcando la cancha. Años sentándose en la palabra sin soltarla. Años haciéndose un perfil de santo y mezclando en las entrevistas propaganda con anécdotas personales para hacerse pana del entrevistador (muchos caen) y confidente de sus oyentes. Glas lleva años mareando a sus interlocutores. Riéndose de la opinión pública. Paseando un cinismo espeso y cochambroso por el país. Ayer lo volvió a hacer en Radio Visión en Quito, al punto que Diego Oquendo lamentó haber tenido un monólogo en vez de una verdadera entrevista.

Glas está entrenado. Y se prepara. Y arma carpetas de sus interlocutores siguiendo esa vieja tesis de los viejos políticos que pensaban que esa es una forma de desestabilizar al periodista: convertirlo de entrada en opositor para menguar su credibilidad. Vieja treta de político marrullero.

Glas sigue los libretos del impresentable Fernando Alvarado: toma posesión del espacio al cual lo invitan. Se declara víctima del periodismo para convertir la entrevista en eterna réplica. Ataca a todos aquellos que lo han criticado aprovechando que no están presentes y que el periodista que lo invitó no hará de abogado. Extiende títulos y supuestos méritos profesionales para legitimar lo que se apresta a decir. Recita el rosario rodado por el correísmo durante años. Y luego miente con una desfachatez que supera los límites de lo tolerable. Así se da cuerda. Se trepa en el efecto sorpresa que causan sus mentiras y no para. Debe tetanizar estar a su lado y oírlo decir que antes del correísmo no había vías ni aeropuertos. Debe tetanizar oírlo decir, a un metro, que el correísmo libró “una lucha firme y frontal” contra la corrupción durante los diez años de gobierno. Y oírlo poner como ejemplo a Petroecuador. Oírlo decir que si no hubieran emprendido una investigación internacional y si no hubieran encontrado las cuentas de Carlos Pareja Yannuzzelli y Carlos Pareja Cordero nada se sabría. Debe paralizar tanta impudicia.

Eso es Glas: un cínico monumental. Un hombre que niega tener responsabilidades en la corrupción inconmensurable que tuvo lugar en los sectores estratégicos que él presidió. Y que tras haber negado incluso una responsabilidad política, hoy la acepta. Pero lo hace para definir, fiel a ese estilo fascista que tiene el correísmo de resignificar las palabras, lo que entiende por responsabilidad política.

Para él no es responder por el uso que el político hace del poder. Ahora se esconde tras los encargos que le hizo el presidente y nada más. Es decir, repotenciar la Refinería de Esmeraldas significa, desde el punto de vista de la responsabilidad política, que esa refinería funcione. Y como su cinismo es versátil e ilimitado, agrega nuevas definiciones de responsabilidad política: “haber iniciado el cambio de matriz productiva”, “haber cambiado la matriz energética”, “haber hecho ocho hidroeléctricas”, “tener soberanía energética”…
En claro, él se queda con el trofeo político. No responde por los costos de esos proyectos ni por las coimas que hubo. No le importa si la repotenciación de la Refinería de Esmeraldas partió de un presupuesto de $180 millones y terminó costando $2.200 millones. Él nada sabe de esa danza de millones que se dio en sus narices. Nada sabe de las demandas que hicieron Villavicencio y Clever Jiménez, desde el 2010, sobre ese tema. Nada sabe de los informes de la Contraloría que hablan de sobreprecios. Nada sabe de los centenares de contratos hechos a dedo. Nada sabe de la decena de veces que han parado esa refinería –una de las mejores del mundo dice la propaganda correísta– por fallas evidentes tras la repotenciación. Nada sabe de las empresas de papel creadas a partir del “giro específico del negocio” que permitió hacer contrataciones y subcontrataciones con los panas que se enriquecieron a vista de ojo.

Glas no es Mandrake. Lo dice con suficiencia y vehemencia para que se entienda que no podía saber lo que pasaba en esa Refinería. Porque para eso contrataron una auditoría internacional. No dice que está hablando de Worley Parson. No dice que esa multinacional subcontrató aquí la empresa Grupo Azul de Willam Wallace Phillips y Mónica Hernández, que fue funcionaria de Correa. Y no dice que Correa condecoró a Phillips. Esa es la auditoría supuesta que le permite lavarse las manos.
Liquidado este asunto, dice, repite, reitera, insiste en que él es inocente y que no hay prueba alguna contra él. Y como debe creer que habla para una galería de ingenuos dice que sus cuentas están abiertas, que vive de su salario, que su mujer gana $4000, que tiene un apartamento y otro en la playa que ya vendió. No encuentra alma caritativa a su alrededor que le explique que los corruptos tienen testaferros, cuentas codificadas en paraísos fiscales y tantos otros mecanismos bien rodados para robar… Ah, nadie le dice que los grandes corruptos nada firman… Y Glas, para probar su inocencia, dice que no firmó ningún contrato con Odebrecht o cualquier otra empresa. Nadie le recuerda que los políticos corruptos, cuando los pillan o están por pillarlos, gritan que les están dando golpe de Estado. Eso hicieron en Argentina y están haciendo en Brasil. Glas los empezó a imitar. Pero es una casualidad desgraciada: él es inocente.

Glas da cátedra de honestidad con vehemencia. Y dice que él es así: honesto y vehemente. Claro, es vehemente porque encontró la forma de pasearse por radios y canales como 4×4 montaña abajo. Sin obstáculo alguno. Los entrevistadores son muy decentes y, para hablar de su honestidad, no han leído a Fernando Villavicencio.

Foto: Vicepresidencia de la República.

¿Cómo atacamos la impunidad?

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

Los hechos que ya forman parte de la antología de corrupción de la década correísta: “comecheques”, ambulancias, préstamo irregular de COFIEC a Gastón Duzac; Pedro Delgado, exasambleísta Esperanza Galván y otros tantos, a los que se suman los mega casos descubiertos a través de los panama papers y las delaciones de directivos de Odebrecht, ratifican que el entramado institucional levantado en estos diez años tiene como uno de sus objetivos encubrir la corrupción.

Implicados que fueron previamente advertidos para facilitarles la huida; aplicación de tipos penales que merecen penas menores; exigencia de informes previos en casos de peculado y enriquecimiento ilícito; indultos; “incapacidad” (intencionada) de obtener información de Odebrecht; negativa de 74 asambleístas de Alianza País para que Jorge Glass comparezca a la Asamblea Nacional e informe como responsable de los sectores estratégicos en los que la corrupción ha campeado; o, su no vinculación en la indagación fiscal iniciada por ese caso, pese a haber sido nombrado por otros investigados, etc. demuestran que las autoridades se esfuerzan por minimizar y esconder la corrupción. Y si sale a la luz pública es solo porque los casos resultaron insostenibes e indefendibles.

Los principales soportes de ese entramado son un Consejo de Participación Ciudadana propio (seleccionado por el Consejo Nacional Electoral que a su vez es escogido por el primero) y que les permite nombrar autoridades propias: fiscal, contralor, superintendentes, procurador, etc. Un Consejo de la Judicatura propio, que nombra cortes y jueces propios. Una Corte Constitucional propia. Y un Consejo Nacional Electoral propio, que obstruye todo tipo de iniciativa ciudadana y garantiza mayorías parlamentarias. Pero también les han sido útiles la ley de comunicación que oprime a los medios y al periodismo para reducir su capacidad de investigación y denuncia; el COIP, con instituciones que persiguen a los opositores y dificultan el juzgamiento de los corruptos. O los decretos 016 y 739 expedidos para el control de las organizaciones sociales y que ahora pretenden ser elevados a ley. Es decir, ese esquema no solo sirvió a Alianza País para ejercer el poder absoluto, sino también para encubrir sus fechorías. Es ese tejido el que hace sentir a Correa y sus operadores intocables –y en el que se sustentan– que pueden sortear las dificultades que surgirán estos cuatro años y retornar al poder el 2021.

Más del cincuenta por ciento de ecuatorianos y ecuatorianas votamos en contra de ese modelo autoritario y abusivo, eficaz para encubrir la corrupción. No podemos cruzarnos de brazos. Debemos actuar para desmontarlo e impedir que los corruptos nos sigan gobernando. La campaña electoral pasada dio cuenta de que existen acuerdos básicos que deben ser aprovechados para recuperar las instituciones democráticas, vitales para la garantía de derechos pero también para la lucha contra la impunidad.

Rediseñar el sistema de designación de autoridades de control, otorgando a la Asamblea Nacional la potestad de nombrarlas de entre un listado de preseleccionados a cargo de una comisión mixta (legislativa y ciudadana), manteniendo la autopostulación, paridad e impugnación ciudadana. Restituir la independencia de la justicia con mecanismos distintos de configuración de la Corte Constitucional, el Consejo de la Judicatura y la Corte Nacional, son imperativos para atacar la corrupción. Derogar la Ley de Comunicación y expedir una que garantice plenamente el derecho a la comunicación y las libertades de expresión y prensa. Impedir que se convierta en ley el proyecto de Código del sistema de participación ciudadana y control social, así como derogar las enmiendas inconstitucionalmente aprobadas en diciembre de 2015: estos son objetivos impostergables.

Con Moreno o sin Moreno, hay que trazar una ruta para lograrlo.

Solanda Goyes es abogada y activista social 

La corrupción está en plena forma

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Guerra en la Contraloría, cortes que responden al dueño que todavía está en el país, Asamblea con mayoría correísta, Fiscalía que está y no está… Los corruptos, enquistados en el poder, tuvieron horas de angustia pero su futuro luce relativamente estable. En todo caso, el gobierno de Moreno no tiene estrategia y luce sin las herramientas para traducirlos ante una Justicia proba e independiente. Chamorro ve así el momento en ese tema.

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La pesadilla de los Odebrechtleaks comienza para el gobierno

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Este va a ser un fin de semana largo y tortuoso para Rafael Correa y Lenín Moreno. Si Carlos Pareja Yanuzzelli, prófugo por estar procesado en el caso de corrupción en Petroecuador, con sus #Capayaleaks habían acorralado al alto gobierno con sus apariciones en videos-pastillas en los que lanza acusaciones e insinuaciones de casos de corrupción, ahora el frente de ataque se abre con los #Odebrechtleaks. El primero se publicó hoy viernes 10, en la cuenta de Twitter @odebrechtleaks. Pero se anuncian más hasta el domingo.

En este primer video aparecen las fotos de Rafael Correa y su hermano Fabricio cuya voz se escucha claramente. Se trata de un relato, grabado a Fabricio Correa, en el que cuenta cómo su hermano Rafael recibió dinero de la constructora brasileña. “Desde que mi ñaño fue ministro se hizo pana de los manes. Ellos nos ayudaron en la campaña y el que llevaba la relación era yo que soy contratista de ellos desde el año 96”. Enseguida explica cómo se produce una oferta de coima de $15 millones a cambio de arreglar algunos contratos que estaban vigentes desde el gobierno anterior. También se habla de una coima recibida, supuestamente, por el ex diputado socialcristiano Simón Bustamante durante gobiernos anteriores.

Este video, que tiene un minutos 52 segundos, termina con el anuncio de que el próximo odebrechtleak aparecerá el sábado 11 de febrero. En la Presidencia se hallaban preparados para este anuncio. En su cuenta de Twitter se había colocado, unas horas antes, un mensaje que decía: “la bomba mediática mentirosa sobre #Odebrecht, desarmada”. En una entrevista que Rafael Correa dio en Durán, donde se hallaba, aparece anticipándose al hecho. Que prueben que nos dieron plata para la campaña, dice el mandatario. Y hace una revelación con una información que tiene cerca de diez años. Según él, Antonio Ricaurte, el guagua alcalde, lo despidió cuando él, como ministro de Finanzas fue a Brasil a reunirse con Lula da Silva. Y, sorpresa, Ricaurte lo recibió en Brasil. Viajó, según Correa, en un avión de Odebrecht… ¿Por qué nada ha dicho el Presidente sobre el particular? Correa dice haber sido muy cuidadoso con esas cosas. 

En realidad, desde el 21 de diciembre pasado cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos reveló que Odebrecht, una constructora brasileña, pagó $33,5 millones a funcionarios del Gobierno de Ecuador entre 2007 y 2016 para obtener contratos de obras públicas, el Presidente ha negado que su gobierno esté involucrado.

Lo ha dicho desde que explotó el escándalo Correa. Entonces exhibieron, como prueba, el hecho que esa empresa había sido expulsado en 2007 y cerraron filas alrededor de una estrategia política: la acusación hace parte de un complot internacional contra el gobierno pues se produce en plena campaña electoral (el gobierno soslayó el hecho que esta revelación concernía doce países en Latinoamérica y en África). Dos piezas aparecieron enseguida en esa estrategia: decir que Odebrecht hizo el contrato mayor con la Alcaldía de Quito y desafiar al Departamento de Justicia a que revelara los nombres. Una forma evidente de patear el balón para el campo vecino y comprar tiempo ante una opinión perpleja.

Ante el avance palpable de las investigaciones en los países vecinos, el gobierno matizó su desafío al departamento de Justicia de Estados Unidos o ante la fiscalía brasileña que también conoce los pormenores del caso: dijo que no estaban dispuestos a aceptar, “sin pruebas” lo que confiesen los funcionarios de Odebrecht que colaboran con la justicia en esos dos países. De esa manera quiso poner en tela de duda la palabra de los delatores acusados de poder decir cualquier cosa con tal de obtener rebaja de penas. Incomprensible argumento. También quiso sembrar la idea en los electores de que su gobierno era perseguido pues el periodo aludido (2007-2016) coincidía con el de su gobierno. Era claro que Correa quería involucrar otros gobiernos con dos claras intenciones: mostrar que en los otros gobiernos (León Febres-Cordero, Sixto Durán-Ballén, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa y Alfredo Palacio) hubo corruptos y ganar tiempo para evitar que la lista de corruptos de su gobierno salga a la luz pública.

En esas dos direcciones ha trabajado el gobierno. Por eso dio total credibilidad a una lista que apareció del año 1987 con nombres de políticos socialcristianos, Heinz Moeller y Jaime Nebot, en particular. Y envió a su secretario jurídico, Alexis Mera, a Brasil supuestamente a buscar información: en realidad fue a contratar abogados cuya misión no ha sido esclarecida oficialmente. Por supuesto no es encontrar la lista que, como era de esperarse, incluye funcionarios de este gobierno. El Fiscal General de la Nación, Galo Chiriboga, acompaña la estrategia del gobierno que es ganar tiempo por lo menos hasta que se realicen las elecciones del 19 de febrero. De hecho, esa fue la propuesta que hizo Rafael Correa a los ciudadanos en el enlace ciudadano del sábado 4 de febrero.

Ganar tiempo y negar cualquier vinculación: este fin de semana se verá si esa estrategia resiste ante las revelaciones prometidas por los Odebrechleaks, cuyos autores se desconocen.

Guerra de compadres: Capaya da sopa y seco a Correa

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Rafael Correa perdió la guerra que emprendió con el prófugo. No es poca cosa: el Presidente es master en descalificaciones y estrella de un aparato de propaganda dedicado a asesinar, simbólicamente en la esfera pública, a los adversarios del gobierno. Por eso este mano a mano, entre compadres que hasta hace unas semanas se llenaban de mutuos elogios, ilustra la decadencia que ronda al correísmo.

Correa tenía las de ganar por tener –ante un prófugo y presunto delincuente– el sartén por el mango. De ahí su decisión, visible a leguas, desde que Carlos Pareja Yannuezzelli dejó el país, de usarlo como punching ball. Lo elevó incluso a jefe de la mafia en Petroecuador pretendiendo que las sospechas y las acusaciones de corrupción llegaran hasta su nivel. No más arriba. En ese esfuerzo por convertirlo en ícono de la corrupción, Correa no se ahorró epítetos y los fue subiendo de tono: traidor, ladrón, delincuente, lacayo, infiltrado, psicópata… En los hechos, suscitó una guerra en la que quiso quedarse con el rol de político impoluto, de gran líder traicionado. Ese cálculo le falló.

Correa subestimó a Pareja Yannuzzelli. Pensó hacer de él un chivo expiatorio pasivo y la reacción de su ex ministro lo sorprendió primero; lo superó después. Capaya actuó según el código de las organizaciones mafiosas. Se dirigió a Correa como subalterno arrepentido que pide protección y clemencia al patrón, al padrino. Lo hizo públicamente porque los canales tradicionales se han cerrado. Es un hombre en desgracia. En sus primeras intervenciones se fue contra Jorge Glas; una salida en la cual se pueden leer tres mensajes: 1. A ti te respeto como líder, no te toco y recurro ante ti. 2. Te recuerdo que nada hice sin que Jorge Glas estuviera de acuerdo. Y Glas es el segundo, tu hombre de confianza en estas elecciones. 3. Te pido que tu brazo armado –Alexis Mera y Fiscal Galo Chiriboga– no me liquiden. Sobreentendido, tú intervienes y yo, que puedo hablar, también puedo callar.

Pareja Yannuzzelli hizo este intento en público (para que funcione como arma de disuasión) y lo hizo teatralmente: su aparición al lado de un experto en polígrafo hizo parte de su puesta en escena. Nadie sensato le atribuirá un valor científico a esa prueba, pero ante la opinión la usó como un gaje de credibilidad. Correa no midió el riesgo ni entendió el alcance que aquello podía tener y se refugió en lo que siempre ha hecho: poner su peso político en la balanza y tratar de hundir a Capaya bajo arrobas de insultos, tuits, declaraciones… y amenazas.

Pareja Yannuzzelli entendió que Correa no lo protegería y que, por el contrario, lo había elegido como el espantapájaros que necesitan él, su binomio y la revolución ciudadana en víspera de una elección presidencial. Entonces, empujó su estrategia un poco más lejos para dejar sin piso al aparato de propaganda, experto en mentir, confundir las pistas, cambiar la biografía de personas y cometer los peores asesinatos simbólicos de los que se tenga memoria en la República. En vez de hacer una sola intervención, que hubiera podido ser desbaratada con un cadena nacional, multiplicó los videos y neutralizó la posibilidad de Correa de responderle pico a pico. Desubicó al Presidente que, al desconocer el contenido de los videos, se dedicó a decir generalidades. En ese punto, el prófugo tomó la delantera, encaramado en la audiencia creciente que encontraron sus videos.

Pasada esa etapa, Pareja Yannuzzelli cambió de estrategia: entendió que el patrón no solo no lo iba a proteger sino que iba a jugarse a fondo por Jorge Glas y que, lejos de parar al brazo armado que lo quiere preso en Ecuador, iba a hacer causa común con el Fiscal y los otros que, a sus ojos, son tan o más culpables que él. Lo entendió cuando Correa publicó cartas o mensajes privados que le envió. Otro error, pues mostró que el Presidente se carteó con un prófugo y hasta lo protegió. Desde ese momento, la iniciativa cambió de campo y Correa quedó condenado a defenderse. No solo él. También su ministro Rivera tuvo que explicar el destino que tuvo el dinero proveniente de la cesión del campo petrolero Auca. Ese cambio en la relación de fuerzas se reflejó en la cuenta de Twitter del Presidente: dejó de ocuparse de Capaya.

Pareja Yannuzzelli, en cambio, aceleró el paso en el mejor estilo de una aplanadora: inició una nueva etapa de videos en los cuales no solo pone contra la pared a Correa sino a personajes clave de su administración: el fiscal Galo Chiriboga y el contralor Carlos Polit. Los reta a los dos a someterse a un polígrafo para que respondan si han recibido o no maletines llenos de billetes en el Swiss Hotel. Lanza el mismo reto a tres asesores de Polit y da sus nombres (Pablo Celi, Luis Miño y Luis Noboa) para que digan si cobraban a los contratistas de la refinería de Esmeraldas para sacar informes favorables. Cita de la misma manera a Flor María Guerrero, auditora de sectores estratégicos, en la Contraloría… No son generalidades. Y esas personas quedan conminadas a explicarse.

Así, Pareja Yannuzzelli -un prófugo y presuntamente un delincuente- no solo ha puesto a Correa y a los suyos a la defensiva. En esta guerra de compadres, tiene la iniciativa y el factor sorpresa de su lado. Correa perdió esa guerra y ahora luce con las líneas de defensa totalmente desarticuladas…

¿Saben quién es el empleado modelo? Yo sí sé…

en Caricaturas/El Humor/La Info por

Galo Chiriboga es el empleado modelo, el empleado del mes: su devoción, su entrega a la causa y a su chequera son alabadas por todos los revolucionarios. Chamorro, respetuoso de la realidad, reconoce el hecho. Y lo consigna.
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Señor Moreno, ¿no le avergüenza su silencio?

en La Info por

Señor Lenín Moreno,

Es inverosímil la capacidad que tiene usted para evadir los temas cruciales del momento. Es inaudito que usted, que aspira a la primera magistratura y que sigue encabezando las encuestas, eluda muchos casos sensibles que involucran a funcionarios de su gobierno. Es aterrador que usted no quiera esclarecer cuál es el papel real que ha jugado Jorge Glas en los casos de corrupción en los cuales es citado.

Usted debería decir al país qué lo llevó, a pesar de las dudas que usted mismo había expresado, a aceptar que él fuera su binomio. Usted debería decir por qué hace suyo, desde ahora, el problema de un hombre que aparece en los casos chuecos que el Fiscal General, lejos de aclarar, oculta. Debería decir por qué ni pide ni da explicaciones. ¿Le bastan las razones públicas, que son más bien actos propagandísticos, que esgrime el gobierno? ¿Es esa la forma como gobernaría si los electores decidieran votar mayoritariamente por usted?

Usted guarda silencio y eso no le otorga estatus de inocente. Desde ahora usted mete las manos al fuego por Glas y otros funcionarios sospechosos de malos manejos. Desde ahora está aceptando que cargos como el de Presidente sirvan para generar fuegos de artificio en vez de transparencia; hojarascas discursivas en vez de verdaderos procesos judiciales. ¿Lo que hace Rafael Correa ilustra la idea que usted tiene de lo que hará en caso de ser elegido Presidente? ¿Dirá usted si es elegido –para justificar su capacidad para rehuir la realidad– que usted no sabía, que traicionaron su confianza, que todos le mintieron?

Usted no solo camufla con su silencio lo que pasa. Está aceptando que el aparato del Estado se movilice para encubrir a los corruptos de su gobierno, no para castigarlos. Usted, haciendo coro con el Presidente, no ha dudado en desprestigiar a los denunciantes para así no tener que responder por el fondo de lo que señalan. Usted, como hace el gobierno, se ha escudado tras el discurso embustero de que esos descalificados (todos aquellos que denuncian algo) no aportan pruebas concluyentes. ¿Se las exigió usted a Galo Chiriboga? ¿No es su deber hacerlo? ¿Ha censurado la actitud de Chiriboga que hace de él una autoridad inoperante, inservible para la cosa pública pero hacendoso y cómplice de los delitos que enmascara en vez de investigar?

¿Piensa usted llegar a la Presidencia arrastrando ese arrume de cacerolas nauseabundas? ¿Piensa que evitar estos temas lo convierten en un ser ajeno a las prácticas mafiosas en que incurre su gobierno? ¿Piensa usted que esquivar estos temas lo dejan inmune cuando, en realidad, dan una idea espeluznante de su sentido ético y de las responsabilidades que conlleva, desde el momento de ser candidato, el ejercicio de la Presidencia de la República.

¿Preguntó usted a qué fue a Brasil Alexis Mera, hombre del Ejecutivo, cuando son precisamente funcionarios del poder Ejecutivo los que están siendo investigados? ¿Le parece lícito que Correa use todo el poder del Estado para protegerse y proteger a funcionarios presuntamente involucrados en actos de corrupción?

¿Por qué acepta que Correa patee el balón para adelante –con la esperanza de que usted gane en la primera vuelta– para esclarecer después lo que es, desde hace tiempo, motivo de investigación? ¿Es lícito que usted vaya a la elección con una persona que es –esto es un hecho– (por lo menos) el responsable político de la corrupción que se produjo en Petroecuador?

¿Qué hará usted en caso de que sus amigos aparezcan en las listas de Odebrecht, que en algún momento saldrán? ¿Mirar para otro lado como lo está haciendo? ¿Repetir, como lo hace el Presidente, que esto es un burdo ataque del imperio, de unos banqueros nada confiables de los años 90 en contubernio con la prensa corrupta? ¿Usar el aparato del Estado –como lo hace ahora su gobierno– para dorar la píldora al país mientras compra desesperadamente tiempo?

Su silencio es cómplice, señor candidato. Su silencio habla mal de usted. Su silencio es un mal presagio. Su silencio tiene explicaciones, claro, pero todas caen bajo la sospecha de que usted encubre verdades dolorosas para su partido, hasta ver qué le dicen los electores. Y no hay nada peor que un político que se esconde tras piruetas oportunistas para no encarar la realidad.

Y los Isaías probaron el poder del Señor

en Caricaturas/El Humor/La Info por

La lectura de Chamorro sobre el panorama político que incluye la lista de Odebrecht, Capaya, los hermanos Isaías, las elecciones del 19 de febrero, el voto oculto…

 

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El código deontológico de Correa es un chicle

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¿Carlos Pareja Yannuzzelli es un delincuente? Probablemente. Lo tiene que decidir la justicia. ¿Jorge Glas es un corrupto? Probablemente. Eso también lo tendría que demostrar la justicia. Para Rafael Correa las cosas son más sencillas. Pareja Yannuzzelli huyó; luego es un delincuente. Ningún juez de la justicia correísta investiga a Glas; luego es un ser probo, maravilloso, íntegro. En estas cosas de la Justicia, el Presidente es una autoridad. No solo acusa a Pareja Yannuzelli y exculpa a Glas: pide a los electores que le crean. Como si pudiera creer a los políticos con los ojos abiertos. Como si la esfera pública fuera una iglesia en la cual, en vez de pruebas, basta con actos de fe.

Hecho ese ejercicio, el Presidente pasa a otra etapa en la cual también es igualmente una autoridad: el periodismo. Se lanza contra los periodistas y medios que entrevistaron a Pareja Yannuzzelli en Miami. Y decreta que un prófugo (que puede ser o no un delincuente) no debe ser entrevistado. Pues bien: Julian Assange es prófugo, está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres y ha dado tantas entrevistas que es imposible reseñarlas una a una. Otro ejemplo más extremo: Osama Bin Laden, el enemigo número uno para el Occidente durante largos años fue entrevistado por medios tan serios como CNN, ABC, Time, The Independent… Incluso semanas antes de que se produjera el ataque que acabó con su vida.

Correa dice que un delincuente no puede ser entrevistado. Y que si lo es, debe ser para que se auto inculpe. Da espanto oírlo decir tantos despropósitos. Y tantas mentiras. Dijo, por ejemplo, que los periodistas no preguntaron a Pareja Yannuzelli por sus actos corruptos en Petroecuador. ¿Cómo lo sabe si esas entrevistas no salieron al aire? ¿Cómo lo sabe si el material de Tania Tinoco fue robado y la versión que circuló en las redes no fue editada por ella? ¿Cómo lo sabe si el material de Expreso no fue publicado? ¿No valen los intentos que hace Janet Hinostroza, en una parte de la entrevista que circuló, para que el prófugo diga de qué pide perdón a la sociedad ecuatoriana?

Por supuesto que el entrevistado hala la cobija para su lado. Siempre lo hace. ¿Acaso Correa no lo hace cuando alguien le tiende un micrófono? Pero en el buen periodismo (que Correa persigue) se practica la duda metódica, se sabe que ninguna fuente es objetiva, se entiende que las versiones no son verdades unívocas y que la verdad periodística se arma, en muchos casos, como un rompecabezas: pieza por pieza.

En el caso de las mafias (y en este gobierno hay mafias), la historia enseña que son los mafiosos los que delatan a los otros mafiosos. Entrevistar a un sospechoso o a un delincuente hace parte de la tarea periodística. Y juzgar si el producto que sale debe ser publicado es parte del proceso periodístico y ético de cada redacción. No del poder. Si Expreso juzgó que no debía publicar la entrevista que hicieron dos de sus editores, es su derecho. Pero pretender, como hace Correa, que las razones deontológicas que Expreso esgrimió coinciden con supuestos códigos éticos suyos, es como para desternillarse de la risa. Y es una coartada incalificable erigir las razones de Expreso para dar clases de moral a Teleamazonas y a Ecuavisa. Lo que quería Correa -y logró- es que esas entrevistas no salgan al aire. Ahora Correa se cuelga de las razones deontológicas de Expreso para encubrir la censura previa que ejerció; la censura política.

Correa se ampara, además, en la no difusión de esas entrevistas para endosar a los periodistas que las hicieron acusaciones que los televidentes jamás podrán contrastar. Decir que hicieron las mismas preguntas, buscando las mismas respuestas. Decir que no escrutaron al prófugo. Decir que prestaron el micrófono para que echen basura sobre gente honesta (y honesto es Jorge Glas porque él lo dice; como antes lo era Pareja Yannuzzelli porque él lo decía…). Decir que el entrevistado no exhibió ninguna prueba. Decir que esto es un montaje al cual se prestaron esos periodistas. Decir que trataron a Pareja Yannuzzelli como un patriota…

Pareja Yannuzelli es delincuente, mintió y armó este show en Miami con periodistas que se prestaron para ello: eso dice Correa aprovechándose de que los televidentes no han podido ver esas entrevistas en su totalidad. No obstante, su gobierno se da la pena de “desmentir” las pocas cosas concretas que dice su ex ministro en el escaso material que circula: entrevistan a Wilson Pastor por skype para que niegue que la OPEP previno al gobierno sobre una supuesta pérdida de 4 dólares por barril; mecanismo que hace parte -dice Pareja Yannuzzelli- del esquema corrupto en Petroecuador. Wilson Pastor, que hace parte del combo cuestionado, dice que no es verdad. Y como lo dice Wilson Pastor por skype desde Viena, pues queda desmentido Pareja Yannuzzelli.

¡Qué sofisticado es Correa para demostrar que miente su exministro que ahora llama delincuente y payaso! ¡Y qué decente es para regar veneno con ventilador sobre cuatro periodistas mientras censura, con todo el peso del gobierno, entrevistas que los electores no verán! Y, por ende, nunca podrán saber si esos periodistas hicieron bien su trabajo.

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