Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Cynthia Viteri

La oposición está desactivada por los señores feudales

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La pregunta, quizá la más importante, tras la década correísta es: ¿cuánto maduraron la sociedad civil y la sociedad política? Esta campaña es terreno ideal para buscar respuestas. Primero, la sociedad política; la oposición en particular: es víctima de la peor enfermedad que corroe la política nacional: el síndrome de los señores feudales. Esto se evidenció en la primera vuelta en la cual se multiplicaron, otra vez, las candidaturas, como antaño, haciendo creer que el país es tan diferente que requiere ocho opciones electorales. Y esto tras diez años de correísmo que deja una agenda urgente y acotada para los demócratas: recuperar, en primera instancia, los valores republicanos y democráticos.

Esta segunda vuelta encuentra a gran parte de la oposición unida alrededor de esa urgencia. Ese acuerdo mínimo, sin embargo, lo impuso parte de la sociedad civil harta de autoritarismo y corrupción. Lo impuso a Jaime Nebot y Cynthia Viteri tras haber sido calificados de chimbadores. Eso se les dijo en las redes sociales tras el anuncio de la candidatura de Viteri. Se les dijo antes incluso, tras el esfuerzo insólito de Nebot por ignorar a Guillermo Lasso (entonces primera opción en la oposición) y montar, en Cuenca, la ficción de un acuerdo con Paúl Carrasco y Mauricio Rodas. En ese capítulo también Lasso tuvo una enorme responsabilidad al haber exorcizado en público las heridas de su rivalidad con Nebot en la campaña presidencial de 2013.

La realidad de la oposición, por fuera de Lasso y Nebot, es políticamente desoladora. Lucio Gutiérrez en coma electoral, la Izquierda Democrática con un espasmo de resurrección/suicidio de última hora, el movimiento indígena más dividido que nunca, la izquierda que se fue del gobierno debilitada y sin programa común de renovación… En diez años y fuera de Lasso, que trabajó su candidatura durante siete años, esas oposiciones no trataron de capitalizar políticamente el anti-correísmo. Y tampoco maduraron.

Esta realidad se nota con acuidad en esta segunda vuelta. En el centro-derecha Nebot y Viteri han pedido a sus seguidores que voten por Lasso. Punto. Ni un gesto ni un acto más en su favor. Acostumbrado a reinar en Guayaquil, Nebot supeditó una reunión con Lasso a que éste se hiciera cargo de los epítetos que en Creo o fuera de ese partido les endilgaron a él y a Cynthia Viteri. Nebot, para camuflar su encono personal, antepuso el honor herido. Viejo truco de un viejo cánon de un viejo político hundido en la vieja política. Basta ver en sus cuentas de redes sociales o en las de Viteri, las acusaciones que ella prodigó a Lasso en la primera vuelta para medir la inconsistencia de la actitud de Nebot. En el fondo, él, como Rodrigo Borja y otros políticos en el país, son rehenes de una tesis: si no soy yo (o un candidato a quien controlo) no es nadie. En algún momento, algún historiador pondrá fechas y hechos alrededor de la actitud del socialcristianismo que desde que dejó el poder, se ha dedicado a boicotear proyectos de modernización, lograr contratos colectivos o imponer sus condiciones a todos los gobiernos.

Esa historia se repite y ahora Nebot y Viteri se lavan las manos. Como es obvio, endosan desde ahora la responsabilidad de una posible derrota de Lasso. Ellos, por fuera de la declaración que hicieron, se limitan a aconsejarlo y a esclarecer que su partido, si él ganara, no hará parte de su gobierno. Incluso la manifestación gigantesca, anunciada para el 8 de marzo por Nebot, fue suspendida. Conclusión: no harán nada por el destino del programa democrático para volver a la democracia.

Nebot  no tiene, por supuesto, el copyright de esta actitud. Mauricio Rodas luce escondido en sus cuarteles de invierno, esquivando la marea (una de sus especialidades) mientras maniobra para que Alianza País no vire la mayoría en el concejo e inicie en serio la fiscalización de sus proyectos. También hay que ver lo que hicieron algunos de los viejos dirigentes de la Izquierda Democrática. Prefirieron fracturar las filas del partido recién inscrito que hacerse cargo de la realidad electoral que encaran los demócratas en el país. Lo hacen por odio a Andrés Páez; por prurito ideólogico y porque creen que eso es lo que mejor conviene al futuro de su partido. Cumplen así (pero, claro, mistificando su discurso ante la opinión pública) con el código de los señores feudales que atraviesa la política nacional y que el correísmo, lejos de acabar, encumbró: si no es uno de los nuestros, nadie… Y quien vaya, que se rompa el cuello porque sobre sus cenizas nosotros floreceremos.

Ejemplo de última hora: Ramiro Aguilar. Tras la derrota de Abdalá Bucaram, con quien hizo binomio, cree que su trabajo es criticar lo que él cree que es la visión de los quiteños. Gran descubrimiento hace Aguilar: hay visiones plurales en el país. Lo cual es una confesión no pedida de que esta campaña le ha permitido conocer al país. Critica a los periodistas y eso es irrelevante para aquellos que consideran que este oficio, cuando no se hace para servir a un partido o a un candidato, es muy cercano a lo que Febres Cordero llamó sociólogo vago. Aguilar pronostica la derrota de Lasso. ¿Y? Parece que tener o no la razón es su dilema en esta segunda vuelta, lo cual es irrelevante. Pero es muy revelador de la manera como políticos de su perfil encaran su responsabilidad.

Es tan curioso lo que ocurre en esta oposición de centro y centro derecha que León Roldós ya dijo que aquellos que meten el hombro por la alternancia en el país son las fuerzas de izquierda. Y parece encomiable, efectivamente, que los representantes de sectores pobres y marginados entiendan y se jueguen por un candidatura que, al margen de su identidad política, se ha comprometido, si gana, a restituir los valores republicanos y la democracia en el país.

Mañana: ¿maduró el correísmo?

Cynthia Viteri dobla la dosis de populismo

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Cynthia como ama de casa, Cynthia como mamá, Cynthia como chica millenium, Cynthia como activista, Cynthia como justiciera, Cynthia como modelo con corte estilo pixie… Cynthia Viteri es, entre todos los presidenciables, la más plástica. Su paso por la televisión le otorga facilidades escénicas que a veces satura con poses melodramáticas y énfasis oratorios ampulosos. Es evidente que ella quiere sacar partido por ser la única candidata mujer. De hecho, algunos de sus videos se cierran con “Búscame en la papeleta, soy la única mujer”.

Su campaña tuvo, como dice el adagio popular, un arranque de caballo y parada de burro. Se pensó que ella iba a ser la presidenciable de La Unidad que lanzó, en febrero de 2015, Jaime Nebot, en Cuenca, con Mauricio Rodas, alcalde de Quito, y Paúl Carrasco, prefecto de Azuay; Unidad a la cual se unió Ramiro González, en enero de 2016.
Nebot, preocupado de que Lasso se convierta en el nuevo líder de la centro derecha en el país, calculó mal y su estrategia fracasó. Cynthia Viteri volvió a empezar desde cero en octubre pasado, esta vez como candidata del Partido Social Cristiano y el movimiento Madera de Guerrero, que son lo mismo. Ser y parecer autónoma de Nebot siempre ha sido un reto para ella. Una misión compleja si se piensa que el alcalde tiene en Guayaquil una popularidad que bordea el 75% y parte de sus expectativas estriba en que ese electorado vote por ella.

Viteri llegó a la campaña como la tercera con más posibilidades de ganar, después de Lenín Moreno y Guillermo Lasso. Sus asesores optaron entonces por la estrategia de “quítate tú que me ponga yo”. Se dedicó a atacar al candidato de CREO yendo incluso a afirmar que el plan de gobierno de Lasso genera desempleo. Tanto estiró esa cuerda que le valió duros apelativos en las redes, entre los cuales el más frecuente fue el de candidata chimbadora. Lucía evidente que era tercera y se sentía tercera a pesar de haber escogido a Mauricio Pozo, un economista respetado con más prestigio y contactos influyentes que votos.

La nueva estretagia llegó de mano de Market, la encuestadora de Blasco Peñaherrera. Es la única empresa, de una decena que han dado a conocer sus sondeos, que afirma que la candidata socialcristiana comparte el segundo puesto o incluso supera a Guillermo Lasso. Esto cambió el sentido de su campaña. Viteri ahora alude irónicamente de vez en cuando a Lasso pero dejó de ser su contrincante principal. La estrategia, desde finales de noviembre, es afirmar que el binomio Viteri-Pozo es segundo y su contrincante mayor es el gobierno y el binomio oficialista.

Viteri aceleró el paso: hizo promesas susceptibles de mover los imaginarios hacia su candidatura. Eso explica sus propuestas con abierto perfume populista: subsidiar energía eléctrica hasta 110 kwts. en la Sierra y 130 en la Costa. Regalar iPads. Construir cien mil casas en Manabí con crédito de 20 años, cero entrada, cuota mensual de $100 dólares a 120 dólares y la mitad de los intereses pagados por el Estado… En su respuesta a 4Pelagatos, que criticó esta forma de populismo, Viteri-Pozo dicen que la electricidad ofrecida a las familias más pobres solo suma 0,8% del presupuesto. ¿A partir de qué porcentaje hay populismo? A los agricultores ofrece precios de sustentación. A los afiliados al seguro social reconocer la deuda de 11.000 millones. A los afectados de enfermedades catastróficas, devolver dos mil millones que debe el correísmo. A los municipios y gobiernos locales, respetar sus asignaciones. A los obreros, subir los salarios. Devolver el impuesto de la plusvalía a quienes lo hayan pagado…

Viteri evita decir la verdad a los electores sobre el estado real de la economía que recibiría en caso de ser elegida Presidenta. Y esa es una tarea para todos los presidenciables. Sí dice que este gobierno ha despilfarrado $23 mil millones de dólares. Sí dice que reestructurá la deuda y revisará los convenios firmados. Sí dice que pedirá cuentas y descubrirá quién es Alí Babá.

También dice que reducirá impuestos, tramitología para las empresas y que hará una sola reforma tributaria en su gobierno. Pero en forma casi imperceptible agrega bonos y obligaciones a un Estado obeso, atiborrado de deudas, falto de recursos e incapaz de cumplir sus compromisos. En vez de decir la verdad a los electores, Cynthia Viteri prefiere imitar la actitud del correísmo durante esta década: canjear votos (para ella) por plata ajena (la de todos). También se parece al candidato oficialista cuando hace, ante las cámaras, un resumen de su programa: “cambiaremos la enfermedad por salud; el desempleo por empleo; el desamparo por la protección, la tristeza por la alegría”. #CambioPositivo es su lema. Mauricio Pozo cede ante todos los arranques populistas socialcristianos pero, más al tanto de la economía falsa que exhibe el correísmo, es más sobrio cuando habla de dolarización, acuerdos comerciales, empleo, inversión, industria, emprendimientos…

Cynthia Viteri anima la campaña pero busca la Presidencia haciendo promesas que la economía –y no su voluntad– ni tolera ni perdona.

Próximo artículo: la estrategia de Guillermo Lasso.
Artículo anterior:
http://4pelagatos.com/2017/01/05/correa-ato-de-pies-y-manos-a-lenin-moreno/

Viteri-Pozo responden a 4Pelagatos

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Cynthia Viteri, candidata a la Presidencia, y Mauricio Pozo, candidato a la vicepresidencia, respondieron al pelagato José Hernández, quien escribió “Cynthia Viteri va por más… populismo“. Este es su texto completo: 

“El día 19 de los corrientes se publicó el artículo de su autoría titulado “Cynthia Viteri va por más…populismo”, el mismo que busca demostrar lo anotado en el título. Al respecto, es para nosotros importante conociendo su prestigio como periodista, hacerle conocer nuestros comentarios sobre el particular.

Jamás vamos a ofrecer en la campaña electoral decisiones que no vamos a poder cumplir. Por un lado porque estaríamos descendiendo al campo de la demagogia que tanto hemos criticado y, por otro, arriesgaríamos nuestro bien ganado prestigio al pretender triunfar en las elecciones presidenciales a cualquier costo. Preferimos no ser los triunfadores pero no deteriorar nuestra imagen pública.

Los subsidios por concepto no son ni buenos ni malos. Son perjudiciales aquellos subsidios que no son temporales, no están presupuestados y no están focalizados. Todos los países tienen subsidios, desde los más capitalistas (Estados Unidos subsidia el trigo) hasta los más socialistas. Por lo tanto, el ofrecer subvenciones no es demagógico, lo sería si la oferta no está debidamente cuantificada, no cumple con los requisitos anotados de lo que sería un “buen subsidio” o, simplemente no se puede cumplir.

En este sentido, cabe en este caso comentarle que la gente pobre del país representa cerca del 23% de la población, esto es, alrededor de 4 millones de personas, representando efectivamente alrededor de 1 millón de hogares. El valor de este subsidio en el Presupuesto del Estado ha variado todos los años, pero en aquellos de mayor impacto éste representó cerca de USD 250 millones, pues se debe recordar que venía aplicándose la llamada “tarifa de la dignidad”. Esta cifra es aproximadamente el 0.8% del Presupuesto, cifra menor casi en el 50% al costo del edificio denominado “Plataforma Financiera” del ciudad de Quito.

Así mismo, cerca del 40% del gasto de inversión del presupuesto del Estado, equivalente a cerca de USD 4.000 millones, es delegable a corto plazo al sector privado, lo que solo por esa vía cubriría la reducción de impuestos y estos subsidios focalizados. Es más, aprovechamos para comentarle que el subsidio al gas que hasta octubre de este año representó apenas USD 125 millones tampoco será eliminado, pues por un lado es un valor no significativo y, por otro, defendemos el principio de libertad de elección de las personas para que ellas decidan con que energía cocinar (electricidad, cocinas de inducción, leña, etc.). Lo que anotamos es simplemente para demostrar que es perfectamente factible y no se trata de ninguna oferta demagógica y sin sustento.En el caso de Mauricio Pozo puede observar su coherencia y sindéresis leyendo lo que sostuvo sobre el tema de los subsidios en sus columnas de opinión el Diario Hoy de las siguientes fechas:23/02/2006, 05/05/2008, 31/07/2008, 07/01/2011 y12/02/2012.

La mejora salarial no puede ser analizada sin observar lo que aplicará el programa económico. El desempleo y subempleo de cualquier país responde básicamente a 2 factores: costos de producción excesivos y una demanda insuficiente. Se pueden tener costos de producción adecuados pero si no hay compradores, el empleo no mejora. Estamos recogiendo lo mejor de las vertientes Keynesianas y Neoclásicas de la teoría económica. Por un lado, estamos reduciendo el costo de producción de las empresas mediante reducciones impositivas, de energía eléctrica, entre otros costos, para de esta forma dejar el espacio para poder subir técnicamente los salarios. Y, al mismo tiempo, estamos promoviendo la demanda con mayor participación privada e inversión extranjera proveniente de un programa económico creíble que genere confianza. Por lo tanto, estas acciones van precisamente en la dirección de corregir esa perversa relación donde 4 de cada 10 personas tienen un trabajo formal.

Estimado José, formamos un equipo de trabajo, Cynthia Viteri tiene conocidos antecedentes y experiencia en temas legales, políticos y legislativos así como Mauricio Pozo registra sus credenciales en temas técnicos en el área económica y financiera tanto en el sector privado como en el sector público como Ministro de Economía y Finanzas. Por lo tanto, Lo que anunciamos es un trabajo conjunto, donde nunca ofreceremos nada al país que comprometa nuestra seriedad y la responsabilidad con que deben tratarse los temas nacionales.

Apreciaremos que esta misiva sea también ofrecida a sus lectores”.

Atentamente,
Cynthia Viteri, Candidata a la Presidencia de la República
Mauricio Pozo, Candidato a la Vicepresidencia de la República

Foto: El Telégrafo

Cynthia Viteri va por más… populismo

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Tras diez años de derroche y de engorde con las finanzas públicas de la base mayor del correísmo, se pensó que los políticos de la oposición iban a hacer dieta de populismo. Error: Cynthia Viteri quiere más. Va por más. Ahora propone subir salarios y crear un subsidio a un millón de hogares que consumen 110 kilovatios de energía eléctrica al mes en la Sierra y 130 kilovatios en la Costa y Galápagos. Un subsidio que, si encuentra viada, llegará para quedarse y sumará –dice ella– de $200 millones a $250 millones. Otro subsidio que habrá que agregar al desbarajuste que deja el gran economista.

A Viteri no le bastan los 10 años de derroche. De irracionalidad económica. De presupuestos desfasados. De destrucción de toda forma de ahorro. De empeño del oro de la reserva. De subsidios y bonos. De entrega de campos petroleros. De deuda que supera el límite constitucional. De emisión de bonos a la tasa más cara del mundo. De cuentas secretas y manejos chuecos para disimular operaciones para cogerse plata de fondos de salud, del Banco Central…

Ella quiere subir los salarios de los que trabajan (aquellos que no tienen un “trabajo adecuado” son más) y otro subsidio. ¿Cuáles son las cuentas de las facturas que heredará la candidata socialcristiana si fuera elegida presidenta? Ella no lo debe saber. Pero Mauricio Pozo sí. Él es (era) su principal activo porque de economía sí sabe y ya lo demostró: fue lo mejor que tuvo el gobierno de Lucio Gutiérrez. Por eso cuando lo anunció como su compañero de fórmula, muchos pensaron que Pozo iba a enriquecer la campaña presidencial con ese tono de sensatez que lo caracteriza. Muchos creyeron que él sería una voz sobria y racional que ayudaría a que el electorado tome conciencia de que tras la bonanza desperdiciada, en un alto porcentaje por el correísmo, es imperioso poner la economía en orden para generar el mayor requisito que requieren todos los actores del aparato financiero y productivo: confianza.

La urgencia política de Cynthia Viteri diluyó a Pozo. A ella le sobran los detalles técnicos. Y actúa –lo ha venido haciendo en todos los foros– como si todo se pudiera resolver con una declaración política. Atrapada en las mentiras de los sondeos, que hasta Jaime Nebot promociona y que dicen que va segunda después de Lenín Moreno, ella vuelve a la receta más irresponsable de la política nacional: el populismo. Acaricia el hombro de los electores prometiéndoles subsidios que luego hará pagar a toda la nación. Es lo que ha hecho Rafael Correa en estos diez años y que Mauricio Pozo ha denunciado en forma consistente y técnica.

Viteri podrá decir que el consumo de energía es una medida que favorece a los más pobres. Es la excusa eterna de los populistas. Tras diez años de correísmo, se antoja que los candidatos a la presidencia deben decir a los electores cuál es la factura que piensan recibir, cómo la piensan procesar, cómo lo harán sin afectar más el aparato productivo y cómo piensan repartir los costos que conlleva la recuperación del país. Obviamente se requiere evitar la ruptura del tejido social y proteger a los más pobres: pero dentro de un plan que acabe con esta ola de infantilización en la cual instaló el correísmo al país. La sociedad en su conjunto debe saber los esfuerzos a los cuales está invitada, los canjes que se hagan y si hay medidas compensatorias (que debe haberlas para los más pobres) deben ser temporales y negociadas responsablemente con los beneficiados.
Lo que hace Viteri es aupar la mentalidad del asistido que tiende la mano y espera todo del Estado. Esto concierne también al empresariado: algunos grupos monopólicos se vieron favorecidos durante el correísmo. Volver al mercado (controlado por el Estado) requerirá replantear algunas reglas. Por eso, la inversión y la producción no volverá solamente bajando algunos impuestos. Luce inaudito, en este contexto, proponer mejores salarios cuando solo 4 personas de cada 10 están trabajando en el sector formal de la economía. Salir del Estado concentrador implica generar oportunidades para todos, empezando por aquellos ciudadanos que no tienen ni trabajo ni seguridad social.

Cynthia Viteri está lejos de ser la única candidata que aúpa el populismo en esta campaña. Pero su caso es singular por tener a su lado el economista más ortodoxo –y atacado como tal– en estos diez años por Rafael Correa. Ella engrosa el pelotón de políticos que creen que por fuera de las dádivas es imposible relacionarse con los electores. Ella sigue proponiendo subsidios a pesar de que el correísmo deja facturas que pagarán hasta las próximas generaciones.

Foto: Vistazo

2017: ¿hay binomios que chimban al país?

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Ocho binomios se inscribieron para la Presidencia de la República: el número todavía es amplio si se juzga el tamaño del Ecuador y el reducido margen que tiene cualquier gobierno para maniobrar. No hay espacio para ocho programas presidenciales. A esta condicion estructural del país y de su economía, se suma una situación coyuntural que milita aún más en contra de esta dispersión: la década correísta. Esa circunstancia impone una disyuntiva que la política no puede eludir: continuar con la llamada revolución ciudadana o salir de ella. Continuar es el reto para el binomio Lenin Moreno-Jorge Glas. Los otros binomios se han dado por misión (en teoría) salir de ella.

Y salir de la revolución ciudadana es, de por sí, un programa para algunos gobiernos. ¿Requiere el país siete binomios para ejecutar el mismo programa? Algunos dirán que ese es el drama del sistema electoral que obliga a los partidos, para no desaparecer, a presentarse en las elecciones y a tener candidatos electos. Eso explicaría por qué hay binomios presidenciales que no pueden soñar con Carondelet ni por casualidad, pero que usan la locomotora presidencial para aupar sus listas de asambleístas.

La proliferación de etiquetas partidistas no solo contamina la campaña electoral: algunos binomios, torciéndole el cuello a la lógica y al sentido común, inventan diferencias abismales con sus contrincantes para justificar su presencia. ¿Qué separa a Patricio Zuquilanda, de Sociedad Patriótica, de Cynthia Viteri o de Guillermo Lasso? ¿Qué diferencias programáticas o de visión política sustentan esa candidatura? ¿Todo se reduce a la necesidad para los hermanos Gutiérrez de tener algunos diputados y seguir así activos políticamente?
¿Qué posibilidades tienen Iván Espinel o Dalo Bucaram? Si tras diez años de correísmo prima la lógica del continuismo versus el más opcionado (o la más opcionada) de la oposición, ¿cómo coligen esos binomios que tienen condiciones para ser los más votados por el electorado? Si se empuja el corcho un poco más lejos, se llega a otro tipo de inconsistencias: ¿Hay espacio en esta elección para un programa de partido? ¿Acaso la urgencia para los electores que no están con el gobierno no es salir del correísmo limitando los costos?

Ese dilema (salir o continuar con el correísmo) muestra en forma fehaciente que la próxima elección no se realiza en una situación de normalidad democrática. Es iluso, entonces, el juego de algunos binomios dedicados a fabricar diferencias con sus contrincantes en vez de enfocarse en la urgencia visible para todos: el estado en el cual deja el correísmo al país. ¿Puede haber otro programa para los candidatos que no sea decir qué harán ante esa herencia de la “década ganada”?

¿Hay algo más urgente e imprescindible que volver a la democracia, a la división de poderes, a autoridades de control independientes, a jueces y fiscales dignos de su cargo, a la libertad de expresión? ¿Hay algo más apremiante que desmontar el correísmo? ¿Lo van a hacer? ¿Cómo? ¿Qué harán con ese bodrio de Constitución parido en Montecristi? ¿Qué harán con ese esperpento llamado quinto poder?

¿Qué harán con el gasto público? ¿Con este Estado-monstruo creado por la revolución ciudadana? ¿Con esa nube de militantes que Alianza País metió al Estado? ¿Con la deuda gigantesca a la China? ¿Con el presupuesto del Estado amputado de parte de los ingresos petroleros ya hipotecados? ¿Con la catarata de subsidios que sirvió a este gobierno a cebar parte de su base social? ¿Cómo van a generar empleo con leyes que penalizan la inversión y convierten al empleador en enemigo de sus trabajadores y en objeto de persecución por parte del Estado? ¿Qué harán con el IESS y todos aquellos jubilados, maestros… a quienes el gobierno confiscó fondos? ¿Qué harán con los perseguidos por este gobierno (encarcelados, expatriados, enjuiciados, multados, acosados…)? ¿Qué harán con los medios que el gobierno hizo suyos y con la Ley de Comunicación?

¿Hay espacio para siete binomios (por fuera del oficialista) ante un programa de gobierno acuciante que impone la realidad que deja el correísmo? Y ese programa incluye preguntas de fondo que ningún candidato quiere tratar pero que los ciudadanos deben saber. Por ejemplo: ¿cuál es el monto de la factura de esta década ganada (para los correístas) que el país tendrá que pagar? Y sobre todo, ¿cómo la piensan repartir para proteger a los más débiles? Ni siquiera Lenín Moreno puede eludir la herencia que deja el gobierno del cual hace parte.

Ocho binomios inscritos solo muestran que tras una década de correísmo, la sociedad política no maduró. Sigue barajando falacias. Como si el país fuera tan diverso. Como si un modelo autoritario no dominara todas las instituciones y concentrara todos los poderes. Como si tras esta fiesta de derroche y corrupción correísta, el país no tuviera que pagar la factura. Como si hubiera tiempo y espacio para inventar diferencias con el único fin de justificar su presencia en la arena electoral…

Foto: La Hora 

Correa: no empujen, Lenín ya es presidente

en Caricaturas/El Humor por

Para qué encuestas si hay sabatinas: el Presidente ya dijo que su sucesor es el hombre en quien menos confianza tiene: Lenín Moreno. Y Chamorro muestra que lo que se dice en las sabatinas es ley… hasta que la realidad pruebe lo contrario.
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Lasso también adhiere a la política del lagrimeo

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Guillermo Lasso está al día en teorías de mercadeo político. Ahora dice –como dice Lenín Moreno, como dice Cynthia Viteri, como dice Jaime Nebot, como dice Mauricio Rodas– que él se ocupa de la gente. De doña Marujita o de don Juanchito. De aquellos que le hablan de sus necesidades. Y que los políticos, bueno… que los políticos se ocupen de los políticos. De otras cosas. De las cosas que solo interesan a los analistas políticos. A los vagos, hubiera dicho León Febres Cordero.

Lasso también entró en esa onda que consiste en lagrimear sobre los padres sin trabajo, las madres solteras, los pequeños industriales en ruinas, los jóvenes ecuatorianos que no pueden estudiar lo que quieren, las mujeres que se levantan al alba y que van a su trabajo con el viento en contra… En esa onda aparecen Marujas o Juanchitos que en los mercados, La Bahía de Guayaquil, un puesto artesanal en Otavalo, una tienda en Los Ríos le piden que no hablen de política, que no hablen con los políticos. Que hable de cómo tendrían que vender más ponchos o más abarrotes. Y él, como los otros candidatos, debe creer que eso es lo que debe decir en campaña para generar un nexo emocional con los electores. Y al hacerlo, milita por convertir la esfera pública en un concurso sensiblero en el cual, ellos, los políticos, se dedican a estremecer el alma nacional con las anécdotas de lo que les dice la gente en sus recorridos por el país.

Los candidatos, en esa nueva moda erigida en religión por los estrategas políticos, pretenden no ser políticos. Mutan en bienhechores que pugnan por hacer el bien y compiten para ver quién se conduele con mayor intensidad de la suerte de los más pobres. Este discurso, tan compartido en este momento, está diciendo que la vida cotidiana de los ciudadanos –más cruda, más dura para los más pobres– no hace parte del universo de la política. Y que los pobres –por tener que llenar la olla cada día– no merecen siquiera frotarse, así sea tangencialmente, con los discursos y debates que tienen que ver con los otros temas de lo público. Con que puedan vender más ponchos basta.

La nueva moda de la política –otro invento de los estrategas políticos para ganar votos– está convirtiendo la política en concurso de lagrimeo. En torneo de anécdotas en el cual los políticos, que hablan desde un estatus etéreo, bregan por mostrar sus dotes humanitarias. Y lo hacen firmemente convencidos de que los otros, ciudadanos y periodistas, no saben lo mal que lo pasa la gente; en particular los más pobres.

– A usted le interesa la política, no los problemas de la gente, dijo Cynthia Viteri a Alfredo Pinoargote cuando le preguntó cómo haría para lograr gobernabilidad en un supuesto gobierno suyo. Lasso evadió largo tiempo hablar de la unidad con fuerzas políticas este miércoles en Radio Democracia. Y en vez de respuestas concretas buscó las lianas más largas por donde treparse a otro espacio donde la unidad que hizo con Rodas y Paúl Carrasco dio paso a la unidad con la familia ecuatoriana, los padres sin trabajo, las madres solteras, los pequeños industriales en ruinas… ¿Acaso hablar de con quién se junta, eventualmente de la contextura ética de con quién se junta y para qué, no es tan importante como hablar de los problemas básicos?

En consecuencia, el país real en un momento tan álgido como este y tan especial como una campaña electoral, solo debe ocuparse de cómo comer y vender más ponchos. El resto lo resolverán los políticos cuando, ganadas o perdidas las elecciones, los otros problemas los avasallen. Escenario soñado para Lenín Moreno que ya está ofreciendo más subsidios (pensiones para todos los abuelos) sin tener que hablar de la inviabilidad del modelo que él representa y que deja deuda, despilfarro, inflación de funcionarios, petróleo empeñado, un aparato industrial semiparalizado, millones (sí millones) de desempleados, vacías las cajas del erario nacional… Escenario soñado restringido a las cosas básicas que lo facultan a no tener que hablar del modelo autoritario que está armado, funciona, es imposible de desmontar legalmente y ha convertido las libertades en productos de lujo.

Es obvio –¿quién diría lo contrario?– que hay que hablar de los problemas básicos de los ciudadanos. Eso es hacer política, no filantropía. Pero el arte de la política consiste en tener una nación (o buena parte de ella) mirando más allá de sus nichos privados. Por no hacerlo, Correa se erigió en el alma más caritativa que ha tenido el país (con fondos públicos). El éxito del correísmo fue precisamente poner en práctica lo que ahora pretenden hacer los candidatos presidenciales: hablar de lo básico (tuvo los fondos para operar y crear redes clientelares) mientras los ciudadanos le firmaban una chequera en blanco para que él resolviera los demás problemas. Lo hizo. Incluso le dieron permiso para meter las manos en la Justicia. Lo hizo con creces. Así el país desertó de lo público y se dedicó a consumir y muchas elites empresariales a hacer negocios. Gracias a ese canje, el académico Correa terminó siendo un populista autoritario y rabioso.

La nueva onda de mercadeo político reduce al ciudadano a ese modelo asistencialista que centra el debate en saber cuán mal están los pobres. ¡Es obvio que están muy mal!. La urgencia no es saberlo sino resolverlo. Por eso el postcorreísmo, si hay postcorreísmo, está condenado a mirar en todas las direcciones para volver a la democracia y concertar fórmulas para producir, atraer inversión y luchar contra la pobreza en el contexto que deja el correísmo al país: catástrofe ética, económica, institucional y política.
No es le momento, entonces, de reducir la política a temas de supervivencia sino de dotarla de su sentido más genuino y más ético: “la disposición a obrar en una sociedad utilizando el poder público organizado para lograr objetivos provechosos para todos”. Es hora de sacar la política de los concursos de lagrimeo.

Cynthia Viteri se zafa de Ramiro González

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¿Y ahora con quién se irá Ramiro González? Una evaluación hecha en el equipo político de Cynthia Viteri, candidata presidencial socialcristiana, concluyó que el ex entusiasta correísta, devenido en opositor en los últimos 18 meses desde que dejó el gobierno, resta más de lo que suma.

González apareció el 19 de enero pasado durante un acto en Cuenca, como integrante de la llamada Unidad que nació formalmente el 19 de enero de 2015  impulsada por tres autoridades locales: Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil; Mauricio Rodas, alcalde de Quito; y Paúl Carrasco, prefecto del Azuay. A esa alianza llegaron otros políticos como Carlos Falquez, Leonardo Viteri, Antonio Posso, Vicente Taiano o el ex correísta César Rodríguez. César Montúfar se unió el 1 de agosto pasado.

La decisión socialcristiana, que Cynthia Viteri hará pública el lunes próximo, estuvo precedida por el proceso de evaporación que sufrió La Unidad. González y Montúfar se enfrentaron por saber quién lideraría la lista nacional para asambleístas. Rodas y Carrasco arrastraron los pies hasta concluir una alianza con Guillermo Lasso. En definitiva, La Unidad se licuó y Cynthia Viteri seguía, en los hechos, aliada a González quien ha sido ampliamente criticado en redes sociales por sus dotes camaleónicas y sus servicios al correísmo.

Esto creó un problema puertas adentro. Los socialcristianos hicieron sumas y restas y concluyeron que es más lo que González resta a la candidatura de Viteri que lo que aporta. Algunos argumentos pesaron en ese balance: él es, en el imaginario de la oposición, uno de los cuadros más visibles y estables del correísmo (siete años en su gobierno). Su presencia es incompatible con Viteri por haber sido un declarado partidario de limitar el libre comercio y haber adherido a tesis de un estatismo absorbente. La opinión no cree que con González al lado sea posible fiscalizar al gobierno saliente; labor que incluye al IESS que él administró con graves acusaciones de corrupción formuladas por el propio gobierno.
Resumen socialcristiano: González es un lastre y con él, el crecimiento de la candidatura de Cynthia Viteri está seriamente comprometido. Una fuente cercana a Viteri dijo a 4Pelagatos que calcularon el aporte de González y oscilaba entre 1,5 y el 2 % del total del electorado nacional. También dijo que en La Unidad su presencia fue valorada por la cantidad y la calidad de información que aportó sobre el panorama electoral. El ex director del IESS se ganó cierto respeto y credibilidad por su capacidad de análisis. Pero “eso no alcanza”, dijo la fuente, pues el costo, que también fue evaluado, resultó ser mayor.

Viteri dio, este martes 25, el primer paso para deshacerse de González. “La Unidad como tal –dijo– ya no existe”. No sacó conclusiones, pero son evidentes: todo lo que se dijo y se firmó, queda insubsistente. Eso incluye la decisión de que González lidere la lista de asambleístas nacionales. Lo mismo ocurre con los compromisos establecidos con César Montúfar calificado, por cercanos a Viteri, como “conflictivo y ambicioso”.

Ahora Viteri es candidata por su partido. Y 4Pelagatos supo que le han dado libertad para conducir su campaña y forjar las alianzas que considere. Esta decisión, de confirmarse en los hechos, implicaría que Nebot reconoce haberse equivocado garrafalmente al lanzar la iniciativa de La Unidad, gráficamente sintetizada en la fanesca que él compartió con Rodas y Carrasco en abril del 2015. Embarcó al socialcristianismo y a Cynthia Viteri en una estrategia política que resulta, 20 meses después, un total descalabro. La candidatura de Viteri -si eso es lo que buscaba- ha perdido un tiempo valioso y arranca con traspiés políticos cuyo costo pagará Cynthia Viteri. No él, su jefe y mentor.

Foto: El Telégrafo

El berrinche populista de Cynthia Viteri

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¿Vieron la bronca que planteó Rafael Correa a Andrés Carrión? ¿Vieron a Cynthia Viteri emprenderla contra Alfredo Pinoargote? No había una buena esfera pública antes del correísmo, pero diez años después es peor.

Los tres debates entre Hillary Clinton y Donald Trump, moderados por periodistas, mostraron que la relación entre políticos y periodistas puede ser sensata: basta con que cada uno haga su trabajo. Nadie vio a Hillary Clinton en el último debate cuestionar a Chris Wallace de la cadena Fox News, reputada conservadora y pro Trump. Tampoco se vio en el primer debate a Trump agredir a Lester Holt, de la cadena NBC, considerado como un demócrata. Los periodistas fueron incisivos, buscaron respuestas precisas, pusieron a los entrevistados en aprietos, y éstos jugaron el juego. El público se quedó, como debe ser, con la última palabra.

Aquí el correísmo ha enseñado que el periodismo, como oficio independiente del poder, no existe. Los periodistas son sus empleados. O son los empleados de la oposición. Es imposible analizar, criticar, diseccionar discursos o actitudes, evaluar políticas, plantear debates, investigar al poder y fiscalizarlo sin ser la marioneta de alguien. Sicario de tinta, dice el Presidente criminalizando lo que García Márquez llamó “el mejor oficio del mundo”.

Entre el poder y la sociedad, el correísmo autoritario no concibe mediaciones ni mediadores. Hay buenos y malos. Patriotas y vendepatrias. Más grave es comprobar que los ciudadanos han comprado ese discurso y lo aplican en la esfera pública. Por eso las redes son un ecosistema viscoso. Partidarios y adversarios no analizan lo que se escribe. Interpretan. Leen más con el deseo que con ojos de filólogos. Una noticia es una adhesión al protagonista. Una crítica es un favor que se hace al adversario del criticado.

Decir que Rafael Correa, por ser el Presidente, no puede andar curando tuits ajenos… no es una afirmación de sentido común: es una bravata de la sucia oposición. Decir que Lasso es el político que con mayor profesionalismo conduce la campaña, no es un hecho: es una loa posiblemente pagada. Decir que Paco Moncayo arrastra en su coalición fuerzas que no creen en la democracia, tampoco es un hecho: es la prueba de que quien lo escribe es un apóstol de la derecha. Decir que Fernando Villavicencio fue quien sacó a flote la corrupción en Petroecuador no es un hecho; es hacerse cargo de lo que ha hecho, hace y hará el ex sindicalista.

La realidad que se expresa en hechos, el sentido común, la lógica… Nada de todo ello existe, salvo esta pasión obsesiva por tener la razón, por destruir al otro, por arrancarlo de cuajo del espacio social convertido en coliseo romano. Diez años de correísmo nutrieron la esperanza de que la oposición superara esta pedagogía letal aceitada por el Presidente y macabramente copiada por personajes como José Bolívar Castillo en Loja. La entrevista de Cynthia Viteri prueba lo contrario. Y su caso es el ejemplo más reciente; lejos de ser el único.

Hay que ver la entrevista de Ecuavisa. Viteri se hace daño por intentar zafarse de su estatus de política y, por puro afán populista, pretende que la política es una cosa y otra las necesidades de los más desfavorecidos. ¿Imaginan a Hillary Clinton o Trump eludiendo las preguntas porque, a su parecer, hay otros temas más importantes? Fue lo que hizo la candidata a la Presidencia de La Unidad con Alfredo Pinoargote. Como Correa, cazó una bronca con el periodista porque supuestamente sus preguntas, sobre la futura gobernabilidad del país ante el entramado jurídico que deja el correísmo, nada tienen que ver con esos millones de mujeres que se levantan “para ver cómo pagan sus cuentas a fin de mes, la renta, la comida, la pensión de sus hijos…”. Mujeres que suben cuestas, con el viento en contra… Y Viteri, en vez de responder, se refugia en esos terrenos pantanosos de la lírica barata donde es maestra Gabriela Rivadeneira.

https://youtu.be/6wnQS8zrUFU

Todo esto para decir al periodista que lo que a él le gusta es hablar de política (¿de qué se debe hablar con ella?) porque no le interesa la suerte de los más pobres, de las madres desempleadas… como si los periodistas tuvieran que compartir las necesidades electorales de los políticos. Y remató queriendo deslegitimarlo ante su audiencia: su corazón -le dijo- se inclina hacia otro candidato.

Si la campaña revela a los candidatos, Viteri mostró que, frente a los medios, tiende a pensar lo mismo que Correa. Su caso no es único y explica por qué muchos políticos ya no quieren derogar la Ley de Comunicación. Siguen creyendo que un buen periodista, es un militante más de su causa.

Ramiro González, el ancla multiple de Cynthia Viteri

en La Info por

A Cynthia Viteri le pasa con Ramiro González algo similar a lo que ocurre a Lenín Moreno con Rafael Correa: cualquier buen estratega les recomendaría que les manden de viaje con pasaje de retorno para cuando haya concluido la elección. Son anclas. Múltiples e irremediables.

Ramiro González estuvo en Hora 25 de Teleamazonas y pasó buena parte del tiempo defendiéndose de la lista de irregularidades que se cometieron en el IESS bajo su administración. Richard Espinosa y el propio Presidente se han encargado de colgarle los sambenitos que lo adornan.

Resultado: González tiene un enorme problema de credibilidad. No puede negar que construyó su partido durante su paso por el IESS. Usando esa institución. Estuvo en el IESS y en el Ministerio de Industrias y de la productividad hasta abril de 2015, cuando dejó el gobierno. Durante esos siete años de colaboración, él y su partido asumieron plenamente las actitudes y las políticas del correísmo. Su llegada a La Unidad fue vista como una maniobra evidente para lavar su imagen y comprar inmunidad. Ahora él habla del renunciamiento que hizo para no ser candidato a la Presidencia. El hecho cierto es que convertirse en asambleísta de la República, como cabeza de lista para los asambleístas nacionales de La Unidad, se antoja, en su caso, un excelente negocio.

González no parece entender su situación. No parece creer que su palabra está bajo sospecha y que no puede ser considerado, en ningún libreto, como representante genuino de fuerzas que han resistido al correísmo durante diez años. Resulta aparatoso verlo –como se vio este domingo 23– elevar el tono, zarandear carpetas, citar a la Fiscalía, golpear sobre la mesa, atragantarse, sofocarse, señalar con el dedo, hurgar entre sus papeles… Todo esto mientras afirma, en forma sentenciosa y con esa solemnidad teatral tan absolutamente predecible, que él es ético, que él es bueno, que es una infamia pensar lo contrario.

Ahora no solo está su situación personal: están sus posiciones políticas pues si Cynthia Viteri ha insistido, con vehemencia, en la Asamblea y por fuera de ella, sobre las características de este régimen y de su líder, González aprovecha los micrófonos, como hizo en Hora 25, para decir que la lucha no es contra nadie. O bueno sí, contra la crisis. Se va por las ramas más altas que lo llevan a la agroindustria o a cualquier otro destino. Menos a Carondelet. Y cuando Mae Montaño le pregunta, con calma y esa fina maldad que el televidente agradece, por qué esas propuestas no las hizo o ejecutó en el gobierno, González no responde sino que contraataca: habrá que ver –dice– lo que pasó con los CDR y lo que hicieron ciertos banqueros en la crisis bancaria. No dice que Guillermo Lasso los usó. O los mal usó. No es explícito y tiene la obligación de serlo. Crea una pequeña tormenta de polvo, justo la necesaria para sembrar una duda, y se retira frotándose las manos. González es un maestro en las técnicas de disimulo.

El aliado de Cynthia Viteri –no la nombró– no quiere oír hablar del pasado. No hay en su visión el mínimo asomo de lo que ha vivido el país en estos diez años en los cuales él fue protagonista oficialista. Y Miguel Carvajal de Alianza País se lo hizo notar con una tranquilidad inusual en el correísmo, que se agradece. González no se da por aludido. Actúa como si no tuviera responsabilidad alguna en el montaje y perfeccionamiento de esta maquinaria autoritaria. Él se cree opositor y habla como si hubiera estado en el andén de enfrente cuando el populismo, que ahora señala y el hiperpresidencialismo que ahora dice que hay que desmontar, se reforzaban con su concurso.

Hay algo más grave: González juega a convertir esta campaña en un amplio juego de ofertas electorales como si Ecuador viviera una situación políticamente normal. Como si estos diez años de populismo autoritario no impusieran a los demócratas una agenda  hondamente compleja, urgente y común a todas las fuerzas políticas que aspiran a responsabilidades: desmontar el correísmo. Fiscalizar el régimen. Enfrentar las cifras trucadas de la economía. Hacer un pacto por el empleo y la inversión. Consolidar las cifras reales de la deuda interna y externa y reestructurarlas. Definir lo que el país hará con este Estado obeso. Implantar la plena libertad de expresión. Ampliar la democracia reconociendo libertades a las minorías… En fin, concertar el pago de la factura inmensa que deja esta década correísta.

González tiene que hablar de su calidad ética y de cualquier otra cosa porque ni siquiera puede inspirarse en la actitud coherente que ha mantenido Cynthia Viteri sobre el correísmo. Ahora huye de su pasado más reciente. Y hay piezas excepcionales, como este video, que lo prueban.

Foto: El Telégrafo

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