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Diez años de correísmo

Moreno no podrá continuar con el correísmo

en La Info por

Claro, puede sonar a verdad de perogrullo pero en diez años los contextos económico, político y social han sufrido drásticos cambios en el país. Esto hace más dramáticos los retos de Lenín Moreno porque no tiene las condiciones que nutrieron el correísmo y porque las actuales circunstancias no le permiten seguir la senda que Correa le ha marcado estas semanas. En claro, Moreno no puede continuar con el correísmo y está obligado a reinventarse políticamente y, si quiere sobrevivir en el gobierno, a transparentar las cifras reales de las cuentas nacionales. Estos cinco factores (hay muchos otros) pesan definitivamente en el giro que él y sus amigos dicen querer dar.

  1. ¿Del hastío autoritario a la democracia imperfecta?

2006: el país político tenía serios problemas de representación: cansancio, extrema fragmentación y partidos que más eran cascarones vacíos. La sociedad estaba cansada de inestabilidad política y sus organizaciones tradicionales (sindicatos, indígenas, colectivos) habían perdido peso en la ciudadanía. El vacío era evidente. Correa capitalizó el momento. La sociedad organizada lo apoyó y muchos de sus dirigentes pasaron al gobierno. Su aparente indefinición política, lo ayudó a convertirse en imán multicolor.
2017: Lenín Moreno recibe un país ahíto de autoritarismo y abusos de un Presidente que se autonombró jefe de todos los poderes. Tiene que ganar la confianza de aquellos que estuvieron con Correa y que él usó, botó y persiguió. En vez de usarla, tiene que devolverle el poder a una sociedad deseosa de retomar su independencia frente al poder político. Moreno remará a contracorriente y si entiende el momento político tiene que jugarse por volver a instalar la democracia en el país.

2. ¿De las vacas gordas al pago de la factura?

2007: Correa encontró fondos de ahorro y estabilización, un país con bajo endeudamiento y, durante ocho años, su gobierno se benefició de la mayor bonanza económica (petrodólares) de toda la historia de la República. Esta realidad, que ha querido negar, le permitió hacer obra pública y aceitar redes de clientelas que aseguraron el éxito en otras 13 elecciones. Correa administró la bonanza económica.
2017: Lenín Moreno no hereda ahorros y las deudas se acumulan al punto de que uno de sus retos es esclarecer, ante el país y la militancia de Alianza País, el estado real de las cuentas nacionales. Moreno, posiblemente muy a pesar suyo, tendrá que ser ortodoxo en este campo, renegociar las deudas, volver a los organismos multilaterales y proteger la dolarización. Tendrá que administrar el tiempo de las vacas flacas y volver al pragmatismo económico.

  1. ¿Del socialismo del siglo XXI a la reinvención política?

2007: Correa llegó cuando la tendencia política del Socialismo del Siglo XXI, con mayores o menores matices, estaba en pleno apogeo. Hugo Chávez, un hombre protegido y manipulado por los Castro, iba por el mundo regalando dólares del erario venezolano. Lula da Silva lucía indestructible en Brasil; al igual que los Kitchner en Argentina o Evo Morales en Bolivia. Daniel Ortega llegaba al poder en ese año… Ese entorno internacional puso un gran paraguas bajo el cual guarecerse, que pesó e incidió en la geopolítica regional.
2017: Moreno declaró fenecido el Socialismo del Siglo XXI. Más que un referente, Venezuela es el perfecto espejo que sirve, a él y a su partido, como exorcismo importado. No tiene internacional política alguna en la cual adscribirse. Moreno parece obligado a marcar otra etapa en el campo nacional y a privilegiar el pragmatismo en las relaciones internacionales del Ecuador.

  1. ¿De la sociedad cooptada a la independencia ciudadana?

2007: la expectativa de la sociedad permitió a Alianza País gozar de un popularidad inmensa. No solo pudo hacer una constitución a la medida de sus aspiraciones sino que neutralizó cualquier oposición y facultó a Correa a sacar enemigos de la chistera. Empresarios, banqueros, periodistas… Correa pudo así contrarrestar voces discordantes puertas adentro, adoctrinar a la sociedad, criminalizar la disidencia, convertir la política en un acto de fe y volver la esfera pública una cloaca administrada por su ejército virtual: los troles. Su predominio político estuvo asegurado por la institucionalidad absolutista derivada de la Constitución de Montecristi, entes serviles como el CNE y la Fiscalía y el uso indiscriminado de todo el Estado al servicio suyo y de su partido.
2017: Moreno, aunque tiene los mismos resortes institucionales a su favor, no tiene espacio político para utilizarlos. Gran parte de la sociedad está ávida de que se acabe este absolutismo con ribetes fascistas. Tras perder el miedo, muchos colectivos han vuelto a organizarse y a defender sus agendas. La sociedad volvió a la calle. Si Moreno decide hacer cambios democráticos, encontrará más aliados en la sociedad que en ciertas franjas de Alianza País que, con Rafael Correa, defenderán el statu quo.

  1. ¿De la polarización al acuerdo?

2007: Correa es un pacman. La política la ve como un campo de conflagraciones en el cual solo puede haber un vencedor: él. El otro debe ser eliminado. Esto lo llevó a concentrar poder y doblegar al resto, incluidos sus aliados. Correa dividió el país en dos, con él como el jefe de una enorme mayoría de buenos contra una ínfima cantidad de malos y vendepatrias. A partir de esa polarización nutrió todas las dinámicas de exclusión hasta convertir al poder en un absolutismo dinástico, impune y castigador. Un manicomio.
2017: Moreno dice que pondrá fin a la guerra que Correa libró contra la sociedad. El país que recibe está dividido electoralmente en partes casi iguales a las cuales ha dicho que será el presidente de todos. No se ve como el portador de la verdad absoluta. De hecho no cree que hay una sola verdad y ha prometido ser el presidente del diálogo. Si efectivamente produce cambios en esa vía, Ecuador dejará de ser un manicomio y se volverá el país en que las partes entienden que la herencia de Correa les obliga a dialogar y a concertar. Ese es el mayor reto de Moreno y estará vigente desde el 24 de Mayo.

El majestuoso se quedará esperando

en Columnistas/Las Ideas por

La crisis económica, los rotundos errores cometidos, el dogmatismo ideológico, el aroma de corrupción, el desempleo, el despilfarro son algunos de los tantos temas que provocan urgencia de debate y correctivos. La gente, aquella que sufre en su presente y en su futuro el drama diario del experimento fallido, en angustia clama porque alguien haga algo. Y de hecho muchos hacen algo. Políticos, economistas, periodistas, comentaristas, tuiteros, activistas, critican, proponen, arguyen, sugieren y protestan.

Todo ese torrente de expresiones pidiendo, exigiendo, sugiriendo cambios en la conducta política, en las políticas económicas, en el trato a los ciudadanos, se estrella contra el muro incólume, inamovible de la más supina y detestable arrogancia y desprecio de quien ejerce la presidencia y de una sarta de batracios ventrudos que le acolitan, inflados de poder, inflados de soberbia.

Al final (o al inicio) de las ideologías, de las creencias, de la realidad objetiva que se crea por las acciones, se encuentran individuos con su personalidad, con sus valores, con sus traumas e inseguridades que inciden significativamente en la ética del ejercicio del poder, en cualquier espacio que se lo pueda ejercer. Sucede dentro de las familias en las que padres carentes, frustrados, remordidos las convierten en infierno de violencia. Sucede dentro de las empresas en las que supervisores, jefes, gerentes acomplejados usan su entorno para descargar sus taras. En todos los espacios de interacción humana, sus participantes tienen la opción de mostrar respeto, de permitir el diálogo, de soportar la crítica, de tolerar las malas formas; o, de humillar, o de pisotear para resarcir las carencias que la niñez infeliz haya producido.

La historia se cruza mucho con personajes característicos. De retorcidas personalidades que gozan con el pulgar abajo esperando que sus súbditos imploren piedad. Pidan perdón. Se humillen.  Lo que resulta chocante es que subsistan reencarnaciones de Duvalier o de otro tipo de dictadores o de arquetipos de liderazgos políticos similares. No obstante que las diferencias sociales, de rango, de jerarquía, se sostienen en las sociedades, que son inevitables o son funcionales, el fortalecimiento de las democracias ha conducido a un aplanamiento de esas diferencias y a una relación horizontal con la autoridad, por la garantía de los derechos de libre pensamiento, de libre expresión y la obligación de rendición de cuentas de quienes ejercen alguna forma de poder.

Pero, en estos diez años de correísmo la relación entre mandantes y mandatario se ha verticalizado. La estructura legal y el ilegítimo control sobre la administración de justicia ha restituido al ciudadano a un nivel inferior en relación con el gobernante. Como la relación entre el peón y el mayordomo. Sin alzar a ver, sin derecho a protestar. La más inmoral relación de embudo. El ancho para el que controla el poder, el angosto para el ciudadano.

Regularmente, sea en el show sabatino o en las innumerables cadenas (que han resultado además en jugoso negocio para publicistas) el presidente se ha tomado el privilegio de insultar, de ametrallar las honras. Se han forjado falsedades para atribuir responsabilidades perniciosas. Se han usado documentos privados o revestidos de sigilo para difamar. No ha habido misericordia. No ha habido límite ético para apabullar opositores. Cárcel incluida y altas indemnizaciones.

Los ofendidos no hemos gozado ni siquiera del derecho a réplica o a desvirtuar las mentiras y los avezados que han atinado a defenderse caen con la certeza que un juez militante concederá la razón al presidente.

Esta es una relación desequilibrada. Si ofrece un puñetazo, espera la cerviz encorvada. Si espeta una ofensa, espera el silencio. Si propala una mentira espera la resignación. Tal cual esos retorcidos abusadores que sienten el triunfo aun cuando el contendor está amarrado, amenazado y no puede asestar la respuesta que el agresor merece, porque se rodea de protección. Así, creo que he definido al cobarde, cierto?

Mucha entereza hace falta para que alguien que quiere defender su honra, no la busque en juzgados parcializados o que, sin resquemor de conciencia, no entienda que es legítima la defensa proporcional. Que si insulta, aguante el insulto. Que si agrede tenga el valor de aceptar la consecuencia. No como el azotador que reduce al castigado atado a una estaca.

La amiga de Correa, la kirschnerista Hebe de Bonafini, que ha sido acusada de corruptelas dentro de las Abuelas de la Plaza de Mayo, ha dicho a Macri que es un “cagón”, un “hijo de puta”, un “dictador”. Le ha insultado por deporte, sin provocación o mención del presidente argentino, quien preserva su honra con la indiferencia. O tal vez será porque no requiere de reafirmaciones judiciales que soporten su seguridad e integridad personales.

En la línea de comportamiento que lo ha identificado, tan majestuoso, Correa seguramente espera que los que no somos fieles de su iglesia, coreemos un miseri nobis. Que siga esperando. No hay mal que dure cien años.

Diego Ordóñez es político

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