Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Doris Soliz

La caída de Glas está programada

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Muy pocos tienen respuestas a estas tres preguntas: ¿Cuál es el modelo ideológico, político y económico de Lenín Moreno? Fuera del primer anillo que lo rodea, en el que están muy pocos colaboradores, raros son aquellos que saben hacia dónde realmente irá Ecuador en sus manos. Lo único que cercanos suyos transmiten, como certezas, es que Moreno está tranquilo, se ha hecho un poco más pensante y está dichoso de ser tan popular, según dicen las encuestadoras que ahora trabajan para él.

Moreno está contento porque lo primero, en su agenda, era legitimar su Presidencia y generar un ambiente diferente en el país. Son cosas hechas. El resto vendrá, como vendrá la proforma presupuestaria o el plan económico. Pero el resto tiene tiempos, requiere circunstancias y, sobre todo, está supeditado a un protagonista de excepción: el vicepresidente. La convicción que ronda en el gobierno es que él tiene que salir. Y cuanto antes mejor.

Jorge Glas –que no quería ser candidato y cedió, para su desgracia, ante la imposición de Rafael Correa– se convirtió, en esta transición, en el gran divisor de aguas. La guerra que hay en Alianza País, a propósito suyo, no solo concierne su destino personal: en su destino político se juega el futuro inmediato del gobierno de Moreno.

Glas, por la designación que recibió, por el encargo que le hizo Correa, por el cargo que ocupa, encarna –muy a pesar de lo que realmente él es– muchos símbolos para la militancia dura y, al parecer, en decrecimiento del correísmo: la continuidad del proyecto autoritario, la lealtad a Correa, la garantía del statu quo, la impunidad tras diez años de administración opaca. Glas terminó así ostentando el papel de guardián del templo que le disputa Gabriela Rivadeneira.

Quizá por eso pensó que podía  parar la ola que se le vino encima con protección política. La buscó y obtuvo durante más de un año que Correa, la Fiscalía y la Contraloría eludieron el caso Odebrecht. Sin Correa, le tocó agregar una fuerte dosis de cinismo en la Asamblea, que usó para auto-exculparse. Sumó el padrinazgo del aparato político que el Consejo de Administración de la Asamblea, CAL, tradujo evitando que fuera llamado a juicio político. Las cabezas del correísmo también volaron a socorrerlo: Correa, Doris Soliz, Gabriela Rivadeneira, Marcela Aguiñaga…

No obstante, en el oficialismo se sabe que su suerte está echada y que el desenlace es un problema de semanas. Primero, porque esta vez su causa no se juega solamente en la fiscalía ecuatoriana: la información viene de Brasil. Segundo, porque con los días el aparato ha ido haciendo conciencia de que Moreno es el Presidente: el efecto Correa se diluye. Tercero, porque aquellos que nada robaron durante estos diez años, no sienten arrebato alguno por defender a aquellos dedicados a hacer negocios. Glas es –muy a pesar de lo que piense y diga– la línea divisoria entre lo que era Correa –corrupción incluida– y lo que quiere ser Moreno (aunque nadie sepa a ciencia cierta lo que quiere).

La ruptura política de Moreno con Glas no se dará, entonces, en el terreno que quieren los correístas duros: esos supuestos principios y programa político del cual habla Gabriela Rivadeneira con la pasión de una cheerleader con incontinencia verbal. Es inquietante verla recitar, como colegiala, el credo que aprendió de memoria como hizo hoy en Teleamazonas. Su sentido político queda en entredicho cuando se le ve trazar líneas rojas al Presidente de la República y presidente de su partido. Rivadeneira cree que la realidad política se juega en jornadas de catecismo ideológico, programadas para poner en cintura a Moreno. Pues bien: la ruptura Moreno-Glas no se dará en ese terreno. Se dará en el tema de la corrupción. Y así será promocionada por el gobierno. La opinión verá allanamientos de envergadura y acciones de la Fiscalía o de la Contraloría que tornarán insostenible la situación de Glas. Tomilav Topic acaba de producir una: confesó que por cortesía regaló $5,7 millones al tío de Glas. Y Glas volvió a su línea de defensa que, ahora, cuando la plata regalada a su tío ya suma $18,7 millones, luce inconcebible: él no sabía. Él no conocía. El Vicepresidente no explica, y no podrá explicar, por qué ya suman dos empresas que tomaron altos riesgos y delinquieron… solo por regalar plata a su tío.

Ante estas circunstancias, muchos en Alianza País han dejado de creer que la lealtad política incluye defender a JG (como aparece en el teléfono de su tío). O hacer equipo con Marcela Aguiñaga (a quien le endosan, por ejemplo, creerse dueña de la nómina de Corporación Nacional de Electricidad, CNEL). En el fondo, la guerra que se está librando en Alianza País se explica por un arreglo de cuentas que estuvo pendiente durante todo el gobierno de Correa: los ideólogos (muchos de los cuales rodean hoy a Moreno) contra aquellos que usan la política para hacer negocios. Y que los ideólogos perciben no solamente como negociantes sino como corruptos.

Ese arreglo de cuentas se verá –eso se dice– en la lista de casas allanadas y de funcionarios detenidos. Esta es una etapa prevista en el gobierno de Moreno que no responde, hay que subrayarlo, a las tres preguntas iniciales. Pero es una etapa que dividirá, en forma irremediable, su gobierno de la era de Rafael Correa. Y eso está previsto.

Foto: Ecuavisa

TAME: los Apes la quebraron y ahora le reclaman

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Fernando Cordero y Doris Soliz participaron y alentaron el viernes 21 de julio a un grupo de al menos 28 personas a tomarse un avión de TAME. Lo hicieron bajo la excusa de que se trataba de una forma de “control social” para que la aerolínea trate bien a sus clientes y los lleve en ese mismo avión hasta Cuenca. 

Los dos funcionarios, el primero Superintendente de Ordenamiento Territorial, Uso y Gestión de Suelo y la segunda asambleísta de Alianza País, habían tratado de volar a Cuenca pero no pudieron porque el piloto se desvió a Guayaquil por problemas de visibilidad en la pista de Cuenca. En un segundo intento ocurrió algo parecido y, finalmente, regresaron a Quito donde la empresa ofreció compensarles con un pasaje gratis en otro avión.  Cordero y Solís se negaron a abandonar la aeronave asegurando no lo harían hasta que TAME los lleve en ese mismo avión hasta Cuenca. Mientras tanto, se quejaron del servicio de la aerolínea colocando mensajes en sus cuentas Twitter. Esas quejas provocaron la salida del gerente de la empresa, Christian González sin que se sepa oficialmente si se le pidió la renuncia o si él la presentó por iniciativa propia. Jorge Wated, gerente de las empresas públicas, dice que presentó la renuncia mientras que los empleados de TAME sostienen que se la pidieron. Ahora los empleados de la aerolínea están indignados y dicen que la empresa no es un ministerio para que se tomen decisiones a partir de quejas de dirigentes del partido de Gobierno. Cerca de las 16:15 de ayer 25 de julio trascendió que el directorio de TAME, del cual Wated es Presidente, ratificó a Christian González en el cargo de gerente. ¿En qué queda la autoridad de Wated entonces?

El berrinche de Cordero y Soliz  que actuaron como si supieran cuándo y cómo debe aterrizar un avión, significó que TAME no pudiera disponer de su avión para la ruta Quito-Esmeraldas-Cali, con las consecuentes pérdidas que eso significa, incluidas las potenciales multas de la aeronáutica colombiana por su incumplimiento.

La toma del avión al que en redes sociales se refieren incluso como un secuestro, no solo que viola las normas de seguridad aeronáutica sino que alteró la operación de TAME, ocasionando más pérdidas de las que ya tiene la empresa y que, básicamente, se deben a que se la ha manejado con criterio político e ideológico. Cordero y S

Lo insólito de lo hecho por Cordero y Soliz es que su concepto de “control social” para proteger a los pasajeros de TAME se contradice con las responsabilidades que tienen y tuvieron como miembros de excepción del gobierno que quebró a esa empresa por haberla manejado políticamente. TAME es una empresa que está al borde de la bancarrota porque durante años las decisiones que se tomaron en su administración obedecieron a compromisos políticos basados en la ideología, como las rutas a Buenos Aires, Sao Paulo y La Habana y no en su rentabilidad, así como también en los caprichos del ex presidente Rafael Correa que obligaba a la aerolínea a prestar sus aviones para que sus invitados viajen con él a destinos como Rusia, China o Cuba.

Cordero y Soliz conocen a la perfección que por su precaria situación económica TAME ha tenido que suspender, en los últimos 24 meses, las rutas Guayaquil-Cuenca, Latacunga-Coca, Quito-Tena, Quito-Macas, Quito-Tulcán, Guayaquil-Cuenca y Guayaquil-Esmeraldas. Además, las rutas internacionales como Sao Paolo, Buenos Aires, Fort Lauderdale, La Habana y Nueva York también han tenido que suspenderse por falta de capital de operación y porque algunas de esas rutas no eran rentables sino que fueron mantenidas a pérdida y por mucho tiempo por compromisos políticos.

De 17 aviones que TAME tenía a finales del 2015 ahora solo tiene 14,  de los cuales apenas nueve están operativos porque uno se accidentó en Cuenca y los cuatro restantes están en mantenimiento. TAME no tiene dinero siquiera para los repuestos, por lo que es probable que la suspensión de algunas rutas y los problemas en el cumplimiento de horarios sean cada vez peores. La situación es tan crítica que gente que conoce su contabilidad calcula que las pérdidas podrían llegar a los 50 millones anuales durante los últimos cinco años. Las cifras, en todo caso, no son claras: en el 2016 las autoridades dijeron que la empresa llevaba un acumulado de pérdidas de 58 millones hasta entonces.  Sin embargo Jorge Wated, gerente de las empresas públicas, sostiene en una entrevista del 24 de julio del 2017 que la situación ha mejorado y que si bien hace dos años se perdieron 50 millones, el año pasado solamente hubo pérdidas de 28 millones.  Este año ya no habrá pérdidas, sostiene. Sea cual fuere la verdad, los números no son nada buenos.

Cordero y Soliz, además, saben perfectamente que lo que la revolución ciudadana hizo con TAME porque no hace mucho, recién el 17 de mayo del 2017, se declaró desierto el concurso que el gobierno había abierto para ver si había algún inversionista interesado en adquirir la mayoría de acciones de la empresa a cambio de un aporte de 60 millones. Nadie en el mundo quiso ese hueso.

¿Con qué cara Cordero y Soliz deciden ahora embanderarse del “control social” para proteger a los usuarios del mal servicio de TAME si ellos fueron partícipes de su destrucción? ¿Alguna vez hicieron, o dijeron algo, sobre la forma en que se abrían rutas que no eran rentables o sobre el uso indiscriminado de aviones para el uso de los charters presidenciales? ¿Algo sobre la inmensa nómina de la empresa que la hacía insostenible?

Fernando Cordero y Doris Soliz aseguran que se mantuvieron dentro del avión como una forma de defensa de los derechos de las personas que estaban en él. ¿Pensaron en su seguridad? ¿Se creen con derecho a decidir cuándo y cómo deben aterrizar los aviones? Los expertos sostuvieron en el debate que se se desató en redes sociales luego del incidente que, si bien es cierto que LAN sí pudo aterrizar en Cuenca como lo hizo notar Cordero, eso se debe a que los aviones de esa aerolínea tienen la tecnología para hacerlo con una visibilidad menor que los aviones de TAME.  Los aviones de LAN, dijeron, tienen herramientas que les permite acercarse mucho más a la pista antes de hacer el aterrizaje y que los de TAME, por el contrario, no. El lunes 24 de julio, los tripulantes de las aerolínea confirmaron que la decisión del piloto fue la correcta porque se apegó a los protocolos pensando en la seguridad de los pasajeros.

Cordero y Soliz solo confirman la actitud de mayordomo de hacienda que tienen algunos funcionarios  públicos que han asumido que los bienes del Estado son propiedad de Alianza País. Más o menos igual que Rafael Correa cuando usaba discrecionalmente el avión presidencial o la canciller María Fernanda Espinosa que viajó a Nicaragua a participar, asimismo en uno de los aviones presidenciales, en el aniversario de la Revolución Sandinista. Cordero no se queda atrás en el tema del uso de los aviones presidenciales como si fueran jets privados. En septiembre del 2010, cuando era presidente de la Asamblea, utilizó el avión presidencial para viajar con su esposa y un nieto suyo hasta Canadá, donde una comitiva de legisladores iba a participar en una ceremonia del Inti Raymi de la colonia ecuatoriana en Toronto. Ahí utilizó el avión junto a a la también asambleísta Linda Machuca.

En cualquier lugar del mundo, las personas que inmovilizaron ilegalmente al avión de TAME hubieran pagado su decisión frente a la justicia y los dos funcionarios hubieran tenido que responder no solo por ese delito sino por haber sido dos empleados del Estado que no cumplieron con su responsabilidad. Quizá hubieran sido incluidos en la lista de personas que no pueden abordar, nunca más, un avión de pasajeros.

Mentalidades como las de Cordero y Soliz son las que explican que en el Ecuador el abuso de poder y el uso irregular de los bienes públicos siempre, o casi siempre, terminan engrosando las estadísticas de la impunidad.

Texto que circula en redes sociales y en el que una usuaria hace un relato y opina sobre el incidente.

 

 

Los viudos del correísmo son patéticos

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El síndrome de la viudez no solo existe y produce un estado doloroso de ausencia, de vacío y de permanente anestesia emocional. Puede explicar las reacciones que han tenido algunos dirigentes de Alianza País, fanáticos defensores de Rafael Correa. No solo las explica: subraya el grado cero de reflexión y pensamiento político en que dejó sumidos a su partido, sus dirigentes y sus bases el ex presidente.

Basta con leer las declaraciones o los tuits de Marcela Aguiñaga, Gabriela Rivadeneira, Doris Soliz, Pabel Muñoz… para entender lo que políticamente significa para ellos el vacío que dejó Correa. Meses antes del 24 de Mayo, Correa y los suyos hicieron creer que la transición era una mero formalismo. A Moreno le quedaba la mesa servida. No solo en el campo económico. Tenía a su disposición organismos de control, equipo de gobierno, troles, medios gubernamentales, el partido, las cortes y un programa de gobierno. Y un antecesor, su líder, subido sobre un monumento histórico, labrado por él mismo, y digno de ser mostrado como ejemplo. Moreno solo tenía que ganar, lograr mayoría en la Asamblea para que todo siguiera igual. Esto es lo que colige de un tuit como este que posteó Virgilio Hernández en julio, en plena crisis entre Correa y Moreno:

Ningún cambio, ningún mea culpa, ninguna rectificación, ningún corrupto a la vista: Moreno pateó esa lógica desde antes de la campaña porque se percató de que si no lo hacía le era imposible ganar. Aún con el apoyo fraudulento del CNE. Pero el aparato, obnubilado por Correa, amamantado por sus ficciones, sus frases asesinas, sus lemas, sus supuestas genialidades conceptuales y económicas, creyó que el 51% de Moreno confirmaba que el modelo correísta debía continuar. Tal cual. Con ligeros retoques de estilo de Moreno; es decir, con cachos y conferencias de motivación.

No procesaron políticamente nada porque Correa hizo creer que sus votos duros (un 30% entonces) era mayor a los votos de Moreno (21%). En matemáticas, indudablemente es así. Pero no políticamente. Su curva era descendente y mostraba que su momento había pasado. Sin embargo, el aparato se quedó extasiado con el 51%: olvidó las circunstancias cuestionables de ese triunfo. Ignoró la manipulación de las cifras que forjó una economía irreal. Desconoció el hartazgo del “estilo Correa” que, lejos de perfilar su personalidad, se convirtió en la marca de las prácticas institucionales y de su gobierno. Desdeñó el ambiente de la opinión encabritada contra la corrupción y el cinismo encarnados por Jorge Glas y otros funcionarios de Alianza País.

Moreno, por convicción o por necesidad –para el caso es lo mismo– entendió que debía procesar esos cambios. Que de ello dependía su legitimidad y la posibilidad de asumir una transición del correísmo. No su continuidad, como el aparato y Correa pretendían. Y pretenden. En otras palabras, si Moreno hubiera sucumbido a las imposiciones y pedidos del correísmo, su nivel de popularidad no estaría bordeando el 70%: estaría por debajo del 30% que el aparato le entregó cuando proclamó su candidatura.

Los dirigentes correístas, rehenes de su propia ideologización e ensimismamiento, lejos de administrar la realidad que Moreno tiene ante sí, hacen política como cheerleaders: repiten lugares comunes, estereotipos, frases hechas, lemas pronunciados por el líder. Se dicen devastados porque las diferencias entre Correa y Moreno se hicieron públicas. Se dicen que esto podía ser diferente si solo tuvieran canales para ventilar sus desacuerdos. Aguiñaga incluso amenazó con irse (seguramente del grupo parlamentario y del partido) si el gobierno dialoga (cogobierna dijo ella) con los Bucaram. Una amenaza vacua de la cual sonríen los asesores de Moreno.

La lectura de los correístas busca volver simplón lo que es, en realidad, complejo. Lo que quieren es que Moreno pliegue a la lógica autoritaria que tan buenos resultados les dio. Por eso critican sus aperturas, sus llamados al diálogo, sus encuentros con los opositores o con los dueños de los medios. Hay que ver las acotaciones que escriben Doris Soliz o Gabriela Rivadeneira, por ejemplo, sobre el particular, para entender que son apóstoles inconmovibles de la matriz autoritaria y que la reclaman con alma de cheerleaders.

Lo grave, para la política, no es que estos dirigentes critiquen a Moreno. Ese es su problema y el de Moreno. Lo grave para la democracia es que crean que la política es el arte de imponer, a la fuerza si es necesario, como lo hace Maduro en Venezuela, el modelo que en Ecuador perdió vigencia durante el mandato del propio Correa: por eso su candidato no pudo ser Jorge Glas. Lo grave para la política es que sigan abrazando la lógica ovejuna; denominación cuyo copyright puede reclamar el nuevo presidente.

Que Alianza País, versión Rafael Correa, ni siquiera ahora haga política y que haya dejado el partido en manos de una vieja colegiala con alma de cheerleader, muestra que el gran salto político que el correísmo dice haber dado en el país es otra de sus grandes ficciones. Esos dirigentes rehusan procesar el nuevo momento político del Ecuador que Moreno trata de aprehender, por ahora en forma casi simbólica. Pero también eso es de una enorme importancia.

Cheerleaders en vez de políticos: ese correísmo sigue siendo patético.

Moreno, ¿leal con el país o con el patrón?

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Esto apenas empieza para Lenín Moreno. Quedan meses para analizar su estrategia, su discurso, sus propuestas, su presentación escénica y, más importante, su fidelidad o distanciamiento con los ortodoxos del correísmo. Empezando por su jerarca mayor, Rafael Correa, y siguiendo con los guardianes del templo leninista como Doris Soliz o Fander Falconí.

Pero ya empezó. En la Convención Nacional de Alianza País, el ex vicepresidente efectuó un repliegue táctico evidente: ante Correa, ya no tendió la mano a los adversarios ni habló de tolerancia o respeto al criterio ajeno. Ya no invitó a volver a aquellos que se han ido (por culpa del gigante que tenía al lado). Ya no reventó los globos de la retórica oficialista sobre el empleo, el turismo, la industria…

Esta vez habló de lealtad porque Correa lo llevó a ese terreno. Lo que parecía decir a miles de delegados de su movimiento, estaba directamente dirigido a él. A Moreno. Le dijo, sin mirarlo, que no va a permitir que él se aparte o tome distancia del Gobierno. Que debe seguir en la misma dirección y con Alianza País. Que tiene 38% de votos duros (no dijo según qué encuesta porque esa encuesta no existe) y que apoyando sobre el mismo acelerador basta para ganar en la primera vuelta. Que no debe oír los cantos de sirenas que, desde los movimientos sociales o desde la sociedad, exigen cambios. En minutos, antes miles de personas congregadas en el estadio del Aucas, fabricó un corral para Moreno. Y de yapa, el candidato oficialista recibió el plan de gobierno para que sepa qué hacer y en qué sectores. Un programa para ampliar la revolución…

Esto apenas empieza para Moreno y nadie sabe, a ciencia cierta, si forjará un liderazgo propio o aceptará que lo manden desde Bélgica. Pero hasta ahora ha producido algunas señales que conviene leer, porque seguramente las pensó largamente antes de incluirlas en su repertorio: llegó al país el 27 de septiembre con la mano tendida. El sábado 1 de octubre, efectuó un repliegue forzado. A la convención fue con camisa blanca; Correa, Glas, Soliz, Falconi…, y todo el aparato vistieron el verde flex.

Su discurso volvió a ser descosido. Pero aún así genera una marcada diferencia con el aparato correísta. Moreno mantiene ese estilo coloquial, hecho de frases sueltas y salpicado de los chistes de bajo vuelo propios de un motivador. No ganará un concurso de oratoria, pero con ese estilo produce un quiebre manifiesto con Correa, Glas, Soliz, Falconi, Rivadeneira… ministros, funcionarios, militantes y troles. Con todo el aparato de propaganda ocupado en fabricar mentiras y sofismas.

Hay que repasar el video de lo que ocurrió en el estadio Aucas, para calibrar la diferencia. Correa, Glas y Soliz ya parecen muñecos hablantes. Sus discursos lucen programados y plenos de lugares comunes, lemas y cifras discutibles. Todos recitan, a toda hora. No parece importarles circunstancias, tampoco interlocutores. Correa dice lo mismo en la sabatina, ante los supuestos revolucionarios del planeta, en una conferencia magistral, en una rueda de prensa… Glas se atraganta con lo mismo. Soliz habla, sin vergüenza, de los impresentables troles como su ejército de guerreros. Habla de soldados. Habla de guerra. No oculta su admiración por dictadores como Castro, miserables personas como Maduro o corruptas como Cristina Fernández. Habla de memoria. Condena el individualismo capitalista como si en su gobierno no tuviera precisamente individuos que se han enriquecido en estos diez años. Falconí habla de un futuro feliz de esa forma tan suya que trae a la memoria al camarada Pol Pot y a sus tenebrosos jémeres rojos.

Todos recitan. Como poseídos. La economía real dejó de interesarles desde hace tiempo. Ocultan las triquiñuelas que hacen en el Banco Central para disfrazar la quiebra económica, la deuda impagable, la política de saqueo en el IESS. No oyen las exigencias de rectificación y cambio que les envía la sociedad. Desde hace tiempo consideran desleal a quien no repite su retahíla.

Moreno no lo hace. Titubea es cierto, pero no repite la homilía oficial. Y al no hacerlo crea una expectativa en la campaña electoral que interesa a todos los demócratas: ¿hará campaña de propuestas en vez del sermón predecible del correísmo? ¿Hará propuestas en vez de imitar a Rivadeneira, Soliz, Glas, que imitan a Correa? ¿Generará algo de pensamiento político en vez de la recitación que incluye “década ganada”, “el pasado no volverá”, “Plan Cóndor”, “Unidos somos más”, “Vamos por más” “Modelo exitoso en el mundo”, “Ecuador ya cambió”…?

Moreno no necesita solamente ganar a Lasso, Moncayo, Viteri… Si logra ganar, tiene que gobernar. No le basta con ganar incluso en la primera vuelta: los factores de la realidad en el país –empezando por la economía– imponen que el próximo gobierno tramite amplios acuerdos para saldar la factura que deja el correísmo. Pues bien: Correa, obnubilado por fabricarse un monumento histórico que lo muestre como un coloso, arrastró a todo el movimiento hacia un discurso épico vaciado de realidad.

Por eso es capital, para el país que deja Rafael Correa, que Moreno –como los otros candidatos– pongan los hechos y la realidad por delante de las consignas. Y eso empieza por la forma en que enfocarán la campaña. Ojalá la cantaleta revolucionaria de Correa –absurda, falaz, hueca, dañina– se vaya con él.
Ojalá la renuencia de Moreno de recitar esa homilía fantasiosa sea una señal de que está pensando serenamente el panorama que deja quien se cree dueño del país y su futuro. También su dueño. Hay que ver porque, como ya se dijo, nadie sabe a ciencia cierta quién es verdaderamente Lenín Moreno.
Foto: El Ciudadano

Lenin Moreno propone al correísmo una pequeña liposucción

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Lenin Moreno prosigue su partida de ajedrez en el interior de Alianza País. Lo demuestra la carta que, con fecha 30 de marzo envió desde Ginebra a Doris Soliz, secretaria Ejecutiva de Alianza País. El pretexto es comentar el “avance de las conferencias ideológicas” que las directivas de Alianza País examinaron, el 31 de marzo, con Rafael Correa en Quito.

¿Dónde está el juego? Alianza País tiene en Moreno un cuadro con buenas cifras en los sondeos. Mejores que las de Correa quien, en privado, no lo traga. Soliz y una parte del aparato tampoco lo ven con buenos ojos. Moreno quiere la candidatura y sabe que una parte del aparato lo apoya. Pero sabe también que ese movimiento, como está, es impotable electoralmente. Quiere cambios (la mayoría de forma como se verá) para, eventualmente, conducir una campaña en la que pueda incluir dos elementos clave para él: continuismo y renovación.

El juego es este: Moreno estira la cuerda midiendo las palabras para no romperla. El aparato –correísta en alto grado– finge no necesitarlo pero, por ahora, le es indispensable. Moreno finge estar lejos, pero no se pierde la movida de una silla en Alianza País. El aparato correísta no lo quiere pero lo mantiene en Ginebra y pide sus comentarios sobre el derrotero a seguir, las orientaciones que marcarán la acción del próximo gobierno…

La carta de Moreno responde a ese statu quo que irá cambiando conforme avancen la crisis económica, el desgaste político de Correa, las definiciones dentro de Alianza País y el calendario electoral. De esos factores dependerán los términos de negociación –o ruptura– de Alianza País con Moreno. Y los acuerdos –o desavenencias– entre él y Correa.

En la nueva carta, Moreno ni cita ni alude una sola vez al gigante de América, como bautizó al Presidente. Se mueve con sagacidad milimétrica en tres terrenos: el militante de Alianza País, el posible actor principal de una batalla futura y el renovador que quiere someter el correísmo a una liposucción. Solo eso.

El militante habla de la ventaja que representa para Alianza País “partir de un país transformado por la revolución”. País con “escuelas, hospitales, carreteras, energía limpia” y una enorme autoestima. Esto es central “para la continuidad y permanencia de la revolución ciudadana”. En la carta da por sentado que el “Estado ha instalado una estructura sobre la cual corresponde actuar al sector privado”.

El posible actor principal reclama “una visión nacional sobre los grandes desafíos estructurales y soluciones integrales” sobre empleo, salud, educación, sector fiscal. Quiere que sepan las necesidades sentidas en cada cantón, cada parroquia y provincia. También de los actores sociales y políticos: mujeres, pueblos y nacionalidades, personas con discapacidad, jóvenes, campesinos, amas de casa, médicos, servidores públicos… Quiere que el movimiento conozca y comprenda sus demandas y les ofrezca respuestas. Quiere, en definitiva, “una carta de navegación, una mirada y comprensión nacional de lo que el país requiere (…)”. Moreno pide evaluar las elecciones seccionales de 2014. ¿Por qué perdieron las grandes ciudades, dónde se consolidaron, qué fallas hubo al escoger los candidatos? Pregunta lo que debe ser Alianza País. ¿Superar la lógica de partido? ¿Verse como un movimiento que abarque las fuerzas progresistas del país? El posible actor es, en realidad, un precandidato que pide lo que se necesita en una campaña: datos, cifras, lista de necesidades hasta por parroquia y definiciones.

El renovador reclama una visión autocrítica e ideas innovadoras. Este punto lo muestra profundamente conforme y leal a la esencia misma del correísmo. Algunos de sus partidarios dirán que es táctico, pues sostienen que él quiere inaugurar la era postcorreísta. En la carta, sin embargo, no sugiere siquiera un cambio en la estructura jurídico-institucional. No hay crítica alguna al autoritarismo. Por supuesto, habla de una “ciudadanía corresponsable, actora y deliberante”. Pero se entiende que es frente a ese poder autócrata, envolvente y mistificador del cual fue vicepresidente durante seis años.

Moreno habla de cambios. Pero tras casi diez años de un poder concentrado, persecuciones, organismos de la inquisición activos y un ejército de trols, sus propuestas se antojan cosméticas. Habla de una cruzada de formación política “que no debe ser entendida de ninguna forma como adoctrinamiento”… Él piensa más en una “entrega de elementos de análisis e información para que los ciudadanos actúen de manera consciente e informada”. No se pregunta cómo harán los ciudadanos frente a un Estado concentrador e instituciones que ocultan información o la camuflan y un aparato de desinformación como el que armó y usa Correa. De todo ello, no dice una palabra.

Moreno habla de que “el poder popular solo se construye y se consolida con una sociedad informada, educada, responsable y consciente”. Pues no. El poder popular, ahora se sabe por experiencia, es lo que han querido hacer durante diez años y por eso han buscado convertir la sociedad en masa militante, adoctrinada, odiadora y dependiente del Estado administrado por el correísmo.

Para el ex vicepresidente no es excluyente la visión del Estado metido en todo y el de una sociedad con mayor protagonismo. Pues sí. Le basta con mirar lo que pasa en el país. Y estar en Ginebra debería facilitarle la tarea. En ese marco, inquieta leerlo cuando dice que no han logrado “llevar elementos inspiradores suficientes para cambiar el Yo interior de nuestro pueblo”. Poner la carga del cambio en el “Yo interior” suena bien en las iglesias. En la vida pública es un pésimo augurio. Más aún cuando sugiere “llevar la revolución a cada ciudadano”. Y hacerlo con solidaridad, corresponsabilidad, alegría y amabilidad. Da escalofrío.

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Por lo demás (acuerdo nacional por el empleo y la producción; evaluar las políticas de la Amazonia…) no hay nada nuevo. En sus propuestas no asoma autocrítica alguna por el modelo económico del gobierno al que sirvió y al cual sigue atado precisamente por sus responsabilidades en la pérdida de empleo, recesión, déficit comercial… etc.

Moreno juega ajedrez dentro de Alianza País. Su carta muestra, no obstante, que tampoco él tiene la nueva guía de navegación del correísmo sin Correa. A lo sumo les propone una liposucción. No el extreme makeover con que algunos partidarios suyos lo promueven.

Foto: Presidencia de la República.

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