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Eduardo Mangas

¿Espinosa es rueda suelta o megáfono de Moreno?

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El gobierno de Lenín Moreno encierra muchos enigmas. Hay uno, paradigmático, que ilustra, a la perfección, todas las ambivalencias, dudas, malentendidos que suscita el sucesor de Rafael Correa. Se trata de María Fernanda Espinosa, la Canciller. La mujer cercana a Moreno desde Ginebra. Muy cercana. Tanto que ella comparte gabinete con su esposo, Eduardo Mangas, un nicaragüense que hizo parte del gobierno del nuevo Somoza instalado en Managua: de Daniel Ortega quien, a su vez, tiene a su esposa en la Vicepresidencia.

Mangas es Secretario General de la Presidencia. Y, además del trabajo en la administración, es el hombre que se ocupa de las relaciones con Alianza País. Un hombre bisagra que, al parecer, tiene un pie en cada campo y una esposa que, con independencia y soberanía, manda en la política exterior. Independiente porque si se cree en la palabra de personas próximas al Presidente, Moreno está en desacuerdo con el manejo exterior y tiene profundas divergencias con Espinosa sobre la tiranía en Venezuela. Por ahí empieza el caso paradigmático de la Canciller y, por supuesto, de la incoherencia del gobierno de Moreno. A menos que todo sea muy coherente. En cuyo caso, cabe hablar de ambivalencias y doble discurso.

Vamos a ver. La señora Espinosa estuvo cerca de Moreno en Ginebra. No se trata de proximidad geográfica por haber sido, en ese período, Embajadora Permanente ante la ONU en esa ciudad. Fue cercana porque ella hizo parte, desde antes que Moreno regresara, de su equipo político. Y en este momento, Espinosa no solo es Canciller: sigue siendo parte del primer anillo que tiene el Presidente. Si se suma, porque hay que hacerlo, a su esposo, se puede hablar de una pareja que tiene influencia sobre Moreno.

En esa circunstancia, ¿cómo se entiende que si Moreno tiene discrepancias con la forma como Espinosa dirige la política exterior, no se lo haya comunicado? Personas próximas a Moreno sostienen que el Presidente no ha entrado al capítulo de política exterior. Ese detalle, unido a su extensa agenda, son mostrados como pruebas suficientes para que Espinosa esté lanzando odas a Ortega, apoyando la tiranía de Venezuela, asumiendo como legal la Constituyente fraudulenta de Maduro, repitiendo principios absolutamente aplicables a una democracia, no a una dictadura; criticando a Mercosur por haber expulsado a Venezuela… En definitiva, dejando al Ecuador en un asilamiento casi absoluto como lo prueba la Declaración de Lima hecha ayer (8 de agosto) por los cancilleres de doce países de América latina.

Y si Moreno no tiene tiempo de ocuparse por ahora de la política exterior; en el caso no consentido de que eso fuese verdad, ¿a ninguno de los miembros del buró político, a ninguno de los dirigentes de Alianza País que supuestamente apoyan la ruptura en que anda empeñado Moreno, le importa la posición disparatada de la Canciller? ¿Acaso no hay una incongruencia que clama entre la mano tendida puertas adentro de Moreno y el apoyo al tirano de Venezuela que dice de los opositores sentencias como esta: “terminarán algunos en una celda y otros en un siquiátrico, pero que hay que poner orden”?

La reunión, la semana pasada, de Moreno con el candidato a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, quien en su gira se abstuvo de condenar a Maduro, hace pensar que la Canciller no es una rueda suelta. Y que mas bien hay ceguera ideológica o francos secretos inconfesables de miembros de este gobierno con los mafiosos liderados por Maduro y Diosdado Cabello. Si no es así, Moreno tendría que dejar sin piso esta política exterior que causa vergüenza y que, fuera de La Paz y Managua, ya no encuentra eco en gobierno alguno de la región. Que El Vaticano haya sido más frontal con la dictadura de Maduro, da la medida de la insensatez con que se manejan las relaciones exteriores en este gobierno.

Moreno es el único que puede dirimir si Espinosa es una rueda suelta o si es megáfono de su gobierno en política exterior. De paso, podría decir qué papel juega su Canciller, en política interna, cuando se obstina, como lo hizo en esta entrevista de Telesur, en ignorar las razones de Moreno y prima las del ex presidente. Desde el minuto 18, se puede oír su explicación de por qué hay deuda en Ecuador y recitar las falacias que construyó Correa. No las causas que explicó Moreno. También defiende a Glas, desconociendo las razones que, finalmente, condujeron a Moreno a retirarle las funciones. Es aleccionador verla criticando implícitamente a Moreno dizque por ventilar las contradicciones fuera del partido. Como si Moreno fuera en Carondelet un militante de AP y no el Presidente de todos los ecuatorianos. Todo esto lo dice la Canciller con gran soberanía…

Si un miembro del equipo de confianza de Moreno se maneja con tanto desparpajo en cuestiones internas y externas, no puede sino sumar preguntas a los enigmas que hay en e gobierno de Moreno. Empezando por dos: ¿quién es el presidente para María Fernanda Espinosa? ¿Responde por lo que dice y hace ante alguien en este gobierno?

Ma. Fernanda Espinosa: la fogosa defensora de tiranos

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¿Por qué María Fernanda Espinosa salva, cada vez que se antoja el tema, la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela?

¿Por qué está en Nicaragua visitando, cual turista política, a Daniel Ortega, el Nuevo Somoza de ese país?

En Quito, en las filas de Lenín Moreno, se dan las más curiosas explicaciones de lo que hace la señora Espinosa, a nombre de todos los ecuatorianos, en la Cancillería. ¿Qué hace ella, canciller de la República, en la celebración del 38 aniversario de una revolución que desembocó en la dictadura de Ortega y de su esposa?

En Quito se dice que hay divergencias en Alianza País, que Espinosa goza de la confianza de Moreno pero no de entero acuerdo sobre la línea que impulsa en la Cancillería… Pero el hecho cierto es que la Canciller –y con ella la política exterior del Ecuador– está alineada con las dictaduras del continente. A condición, por supuesto, de que se digan de izquierda. Lo de Espinosa no parece concurso de circunstancias: ella es jurásica y administra un mamertismo similar al de Guillaume Long y al de su marido, Eduardo Mangas, ex sandinista y ex colaborador de Ortega y hoy Secretario General de la Presidencia en Ecuador. De lo contrario, no defendería al asesino Nicolás Maduro. De lo contrario no habría pronunciado un discurso vergonzoso en Nicaragua (totalmente edulcorado en los boletines de la Cancillería), en el cual miente en forma despiadada sobre la tiranía que vive Nicaragua.

¿Cómo puede decir la señora Espinosa que Ortega es la continuación de lo que hizo el Frente Sandinista desde 1979, hace 38 años, sacando del poder al dictador Somoza, cuando él hoy reemplaza a Somoza con creces?

¿Cómo puede convertir en ejemplo de participación política de las mujeres a Rosario Murillo, la esposa de Ortega, cuando ella es, precisamente, el peor ejemplo de nepotismo al haberse convertido en vicepresidenta de su marido?

¿Cómo puede decir que el dictador de Nicaragua rompió el círculo de la injusticia; cómo puede decir al tirano de Managua que “ha sabido conducir a su pueblo hacia el bienestar y la justicia social”, cuando se sabe que, bajo su gobierno, ese país es el segundo más pobre de esa zona?

¿Cómo puede incluir a Ortega entre los defensores de los principios del progresismo cuando para ganar la tercera presidencia consecutiva (de las cuatro que ha ocupado), y a pesar de ser el dueño de todos los poderes, recurrió a triquiñuelas judiciales para quedar como único candidato en la papeleta?

¿Cómo puede invocar a los nicaragüenses a que el pasado no regrese cuando Ortega ha superado, en todos los campos, al pasado macabro de Somoza? ¿Hasta cuándo esta señora mantendrá, en el discurso de la Cancillería, las falacias que estos regímenes han inventado para ocultar la realidad?

Si la canciller no conoce la desvergüenza con la que roba la dinastía-Ortega, desde que regresó al poder en 2007, podría preguntar a su marido: dueños de tierras, del emporio distribuidor de petróleo, del sector eléctrico, de cuatro canales de TV. (los otros son del dueño de El Comercio de Quito), de radios, de sitios Web… Eduardo Mangas le podría explicar, además, lo que fue La Piñata: el reparto entre los comandantes de la revolución, que ella tanto alaba, de fincas, casas, fortunas, cuentas bancarias, autos… antes de ceder el poder en 1990.

Es inaudito oír a la canciller del Ecuador hacer una oda de un régimen tiránico que solo puede habitar, como lo ha hecho entender Sergio Ramírez, escritor y ex vicepresidente de Ortega al inicio de la revolución sandinista, en las páginas más aciagas de las dictaduras latinoamericanas. Es inaudito que ella haya evitado citar en su discurso, en el cual habló de los poetas de Nicaragua, a Ernesto Cardenal. Un ícono de ese país que fue sandinista y que hoy, viejo de 92 años y reducido a una silla de ruedas, sigue siendo perseguido por el compañero Daniel Ortega, como dice la canciller del Ecuador. La supuesta poeta erótica da paso a la política mamerta y cínica que no tiene miramiento alguno por esos seres humanos triturados por las maquinarias dictatoriales que ella tanto defiende.

Cardenal: “Soy un perseguido político de Ortega y su mujer”

El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, quien enfrenta una multa de 800 mil dólares impuesta por la justicia de Nicaragua, se declara un "perseguido político" y califica de "dictadura" el gobierno del comandante Ortega y su esposa Rosario Murillo.

Geplaatst door Confidencial op woensdag 15 februari 2017

 

Esa es la política exterior del Ecuador, en manos de María Fernanda Espinosa. Y mientras el Presidente dice que se acercará a Estados Unidos, su canciller echa vivas, en los micrófonos que se le ofrecen, a los nuevos dictadores del continente (¡pero son de izquierda!), a la ALBA y a los revolucionarios trasnochados de todo pelambre. Este es el cambio, en el mejor estilo gatopardista, en política exterior.

La estrategia de los estrategas de Lenin Moreno

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Lenin Moreno es el mejor candidato del correísmo para la elección presidencial. También es el mejor candidato de la oposición que anima Gustavo Larrea. Y para otras. Es decir, el ex vicepresidente sirve para lo uno y para lo otro. Inverosímil, pero cierto. O es demasiado bueno para ser verdad. O es una bomba de tiempo.

Se sabe que Lenin Moreno está en Ginebra. Que su cargo, su estadía y la de su familia son pagados por el Estado ecuatoriano. Que el Presidente y también Larrea lo visitaron. Que mantiene un silencio políticamente administrado. Que vendrá a mediados de este año. Que está ante un montón de escenarios sobre los que tiene que actuar con el tino y la frialdad de un maestro de ajedrez. Ah, también se sabe que ahora sí quiere ser Presidente.

correa y moreno

Lenin Moreno es el político que más intenciones de voto tiene según los sondeos. Y conserva algunas ventajas complementarias, a pesar de haber sido, durante seis años, vicepresidente de Rafael Correa.

  1. Un candidato sobre el cual Correa perdió control: el Presidente cree que su herencia es un buen patrimonio para quien pretenda sucederlo en Alianza País. No solo pretende escoger el candidato a presidente sino también a vicepresidente. Ese escenario lejos de ser un regalo para Moreno es una carga. Su capital político, de cara a las próximas elecciones, es hoy superior al de Correa. Su futuro político ya no depende de cuán cerca está de este gobierno y de su balance sino a qué distancia se pondrá de los dos. Eso explica la decisión que ha tomado: si salta a la tarima, él escogerá la persona que lo acompañará ante los electores. Glas y Serrano no están en su lista.
    ¿Esto lo distanció de Correa? Sí, dice un amigo de Moreno. La prueba es, según él, que el Presidente dejó de nombrarlo como el mejor candidato y dio protagonismo a Jorge Glas. En Alianza País causó incluso sorpresa la intervención de Glas en el noveno aniversario de gobierno que fue celebrado en Guayaquil. No estaba previsto, dice un dirigente oficialista. Puertas adentro se sabe que una parte del aparato no quiere a Moreno. Y él ahora sabe que perdería puntos si ese aparato lo ungiera como su candidato.
  1. Ancla de amigos y ex amigos de Correa: Gustavo Larrea acertó cuando anunció que Lenin Moreno será candidato por fuera de Alianza País. Pero, claro, ese tipo de aciertos en política bien valen un preámbulo. Moreno no puede echarse encima al aparato correísta. En política, como en otros menesteres, los arreglos de cuentas siempre dejan muertos de lado y lado. El entorno más cercano de Moreno es consciente de que a él no le conviene ser el representante de un aparato cansado y vetusto que terminará esta década en el poder con una funesta reputación. Granjearse el sambenito de traidor tampoco quiere. Su estrategia podría incluir un eje presentable dentro y fuera de Alianza País. Presentarse, por ejemplo, como un amigo de la producción y el empleo y un demócrata que pone fin a la era de guerras que encarna Correa. En Alianza País hay grupos que trabajan en esa dirección. Se han dado como consigna asegurar la continuidad de la tendencia y conectarla con los movimientos y partidos que hablan con Gustavo Larrea. El sueño de algunos es devolver el reloj a la época en que Pachakutik, movimientos sociales, socialdemócratas y otras fuerzas empujaron la candidatura de Rafael Correa.
    Esto es viable sobre el papel pero hay conciencia en políticos cercanos a Moreno de que no será sencillo juntar ex correístas arrepentidos y correístas anti sistema, cuando el punto central de la propuesta de Moreno estará anclado en el desarrollo económico. Algunos no imaginan a Moreno implementando, por ejemplo, planes elaborados por Fander Falconi. Y él es uno de los que trabajan en Alianza País su candidatura, al igual que Ricardo Patiño.
    ¿Cómo moverá el ex vicepresidente fichas tan disímiles sobre el mismo tablero? Apostando, dice un amigo suyo, a la sabiduría china: al tiempo. Moreno puede esperar hasta junio. Existe la convicción de que su campaña puede ser corta y de que el tablero político no variará en forma dramática, pues no hay espacio para outsiders. Esta será una elección de caras conocidas. De gente con experiencia.
    Existe la convicción, en fin, de que la situación económica y el desgaste político obligarán a todas las fuerzas a ser extremadamente pragmáticas. Eso incluye a Correa: si Moreno es la tabla de salvación, tendrá que admitir que imponga condiciones que ni él ni el aparato están dispuestos a discutir en este momento.
  1. Lenin no es de nadie; Lenin es de todos: la dinámica que prevalece entre los interesados en que Moreno asuma la candidatura conduce al mismo punto: para ganar no puede ser un candidato partidista. La idea que se ventila es que se ponga en un hipotético centro. Corrientes y tendencias que ahora quieren hacer cama aparte confluirán hacia él. Hay operadores políticos, en algunas tiendas, que están moviendo fichas. Gustavo Larrea es uno. Eduardo Mangas completa en Alianza País el trabajo de Patiño. En Pachakutik ya se oyen voces que preconizan que Moreno es la salida… “Hay una dinámica que si cuaja –dice un amigo del ex vicepresidente– pondrá a muchos de fuerzas contrapuestas con Lenin, frente a Lasso”.
    Nada está jugado en ese escenario. El libreto depende del estado de la economía, la guerra interna en Alianza País, la lucidez o la tozudez de Correa, el peso que dé la opinión a la participación de Moreno en el gobierno de Correa, la salud de Lenin Moreno… Lo único cierto es que el año electoral será uno con Moreno y otro, totalmente diferente, sin él… Eventualidad que sus amigos descartan.
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