Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Elecciones 2017 Ecuador

El fraude son ellos

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

No es solamente adulterar los votos para ajustar las cifras a las encuestas pagadas. El fraude a la verdad, el ofertismo crudo, la campaña sucia, el uso descarado de autos con burócratas incluidos en manifestaciones electorales, así como recursos públicos y tiempo remunerado; las sabatinas y las inauguraciones proselitistas: ese es el fraude. Cuentas de entidades públicas usadas sin recato legal, peor ético, para difundir las consignas de la campaña correísta. Resultado de espíritus fraudulentos, de mentes tramposas, de la aristocracia de la inmoralidad (dicho por el abolengo que les precede) que conduce el gobierno.

Ganar a toda costa, a cualquier precio, fue la orden. Y en consecuencia se ha desplegado una furibunda arremetida de miedos y promesas. “Viejito” lagrimea Moreno desde su invalidez motriz, “te vamos a dar pensión sin costo”. Y habrá muchos viejitos de los perjudicados por pensiones pagadas en papeles devaluados, o de los jubilados que ven agotar su tiempo en espera que les paguen porque la plata se les acabó, que creerán nuevamente en la perversa mentira. Creerán ingenuamente que esa promesa, dicha por alguien que transita en una silla de ruedas, debe ser cierta. “Subiremos el bono de pobres” ofrece Moreno. Triplicarlo. Les ofrece a los nuevos pobres que arrojan diez años de abundancia faraónica. Empleo promete luego de diez años del gobierno de su mentor que retrocedió a 2007 en el porcentaje de desempleados. Combatir la corrupción ofrece, sentado junto a los que le permitieron, consintieron y quién sabe si compartieron las coimas.

El fraude está en sus mentes. Que lo hagan en las urnas es solo un detalle más. La década fraudulenta de la propaganda insultante y cínica, de funcionarios orgánicos y periodistas militantes amenaza con extenderse aún luego de que el zar sabatino se mande a cambiar al goce de su nueva casa, o así pierdan las elecciones. El fraude funcionó con una comisión semi clandestina que premió al lacayo palaciego con la designación de Fiscal y al sinuoso Contralor con su reelección. Fraude a la independencia, a la justicia, a la investigación judicial, a la sanción.

El fraude está en sus cifras. Manoseadas, opacas, falsarias. Deuda que oculta la insolvencia. Más créditos usureros para cubrir los anteriores. Dispendio patológico para el engaño de la recuperación económica. El país luce atrapado en varias trampas creadas por la ineptitud, por el populismo, por el mesianismo de un economista preocupado más en ganar elecciones que en reducir la pobreza y crear condiciones para el crecimiento sostenido y sostenible.

El fraude está en sus silencios o en sus monólogos impunes. Moreno huye de la prensa independiente, huye del debate que no sea en las condiciones para que su mediocridad quede encubierta. Debatir no solo porque es lo que exige una democracia y la transparencia, no solo porque hay un mandato constitucional que lo obliga, sino por una condición ética básica de quien aspira a enfrentar un escenario económico similar al de 1999. Debatir con su oponente es un imperativo. Huir de hacerlo, de confrontar proyectos, cifras, intenciones es otro fraude a la credibilidad de los electores que deciden sobre lo que dice suelto de lengua en la tarima, sin escrutinio alguno.

Solamente así, fraudulentos, son capaces de expulsar a una mujer venezolana, esposa de un preso político, bajo la presunción de intento de participar en proselitismo electoral mientras exhiben, con desparpajo, a sus mercenarios extranjeros y cantantes haciendo campaña contra la oposición.

Frente a esta arremetida desesperada que construye realidades paralelas, que desconstruye la historia, que desmonta honras labradas en años de trabajo honesto, que exacerba el morbo de la fanaticada, hay que sostener la verdad, responder con la moral, defender los valores que intentan arrasar los Recos Nuevos; fauna de la revolución, goebbelianos de Los Ríos con sus redivivas estrategias totalitarias.

Diego Ordóñez es abogado y político 

La Izquierda Democrática se suicida en directo

en La Info por

Ni por Lenín Moreno ni por Guillermo Lasso sino todo lo contrario. La izquierda Democrática acaba de cometer una proeza política: tras diez años de correísmo, anuncia que “El país se enfrenta a dos modelos sobre los que debe decidir en la segunda vuelta electoral”.

En la resolución del Consejo Ejecutivo Nacional la Izquierda Democrática describe los dos modelos. Este es el que representa Lenín Moreno: “Por un lado un candidato que representa a un gobierno que ha concentrado el poder y ha irrespetado a todos y a todo, que desconoce la valía de las organizaciones sociales y de la libertad de expresión y que ante las evidencias de corrupción generalizada no ha movido un dedo por esclarecerlas y sancionar a los responsables”.

Este es el modelo que, a sus ojos, representa Guillermo Lasso: “Por el otro, un modelo conservador a ultranza, que ignora la solidaridad como consustancial con la justicia y la lucha contra la inequidad. No es viable un enfoque que concede al mercado la supremacía, cuyas distorsiones afectan a los más pobres y necesitados y que pueden provocar estallidos sociales de imprevisibles consecuencias”.

¿Los dirigentes de Izquierda Democrática viven en Ecuador? Hay que ver la cantidad de guantes quirúrgicos que toman para describir el régimen que tiene secuestrada la democracia y a los ciudadanos desde hace diez años. Y hay que ver con qué osadía lo ponen en pie de igualdad con un cuento chino que le endosan a Lasso. ¿El líder de CREO es conservador? Cierto. Curuchupa incluso. Pero, ¿cuándo ha ejercido el poder? ¿En qué bola de cristal están leyendo las políticas que Lasso implementaría y que “pueden provocar estallidos sociales de imprevisibles consecuencias”. La mecánica usada por los dirigentes de la Izquierda Democrática para que la opinión avale su gigantesca rueda de molino sigue el patrón de los mitómanos: una inclinación patológica a fabular y luego convertir ese invento en realidad.

¿Acaso que son equivalentes las prácticas concretas, con víctimas concretas del correísmo y las suposiciones prejuiciosas de dirigentes que hacen política como si la leyeran en las tasas de café? ¿Acaso que el problema del Ecuador, en este momento, se llama Guillermo Lasso? ¿Acaso que aquellos que voten por él se compran su visión, su programa? ¿Acaso no se trata de recuperar la democracia? ¿Acaso alguien está dispuesto a firmar un cheque en blanco a Lasso para que haga lo que le dé la gana, en la forma que le dé la gana? ¿Acaso no es eso precisamente lo que se pretende enterrar tras haberlo ensayado y repetido con Rafael Correa?

De gana la Izquierda Democrática hace hablar de ella. De gana hace recordar que fue el ex presidente Borja quien impulsó la candidatura de Rafael Correa. De gana pone en evidencia a esos viejos dirigentes suyos que durante diez años guardaron silencio. De gana hace pensar que, efectivamente, hubo un acuerdo con este gobierno para que pudiera reinscribirse, el 18 de agosto de 2016, en el Consejo Nacional Electoral.

El comunicado del Consejo Ejecutivo Nacional es una pieza de ficción y mistificación políticas. Basta examinar este otro párrafo: “Es evidente, también, que en las dos candidaturas están presentes elementos que tienen y han tenido acciones repudiables en el ejercicio de funciones públicas, que hacen imposible confiar en las ejecutorias limpias que se necesitan en las actuales e inmediatas circunstancias.”

Inútil decir que la Izquierda Democrática se compra el curso de calumnias que vende este rato el gobierno al país. ¿De qué acusan a Lasso? ¿Por qué no lo hacen directamente? Porque si esas acusaciones veladas tienen asidero, y son tan graves como para equipararlas con la corrupción que ha habido bajo este gobierno, Lasso no merece pedir el voto para Presidente. ¿Acciones repudiables? No, acciones criminales ha habido bajo este gobierno. ¿Cuáles son las de Lasso?

La Izquierda Democrática, el partido que aupó con propuestas decentes y provocadoras Paco Moncayo, no merece tener dirigentes como estos que se lavan las manos de esta manera. Dejar libertad de conciencia a sus electores para votar es un sinsentido político. La sociedad está ante un sistema probado, autoritario y concentrador de poder, y la posibilidad de retornar a la democracia y al juego institucional. Ese es el dilema, no la falacia de dos males absolutos que señala la Izquierda Democrática. Hacer creer que no se tiene que defender los derechos básicos ahora es una irresponsabilidad histórica que contradice el credo en el cual dice inspirarse ese partido. ¿No lo hará ahora pero sí luego? ¿En cuántos meses? ¿En cuántos años? Si los ciudadanos aquilatan el lavado de manos de Wilma Andrade y sus amigos, esto significará la muerte prematura de un partido que hace la apuesta más cicatera que hay en política: pretender fortalecerse sobre las cenizas del próximo gobierno.

La Izquierda Democrática ni siquiera cree en el aprendizaje que los ciudadanos han extraido del correísmo. Porque, por último, si resultara elegido Lasso y pretendiera imponer el catecismo que dice la ID en su resolución, pues los ciudadanos volverían a estar en las calles y lo harían retroceder. Pero, por ahora, el mal absoluto no es Lasso; es el correísmo y la década perdida para la democracia ecuatoriana. Es ante ese reto que Izquierda Democrática da la espalda al país.

Foto: Wilma Andrade, presidenta de Izquierda Democrática

¿Y ahora qué hará la izquierda?

en La Info por

¿Votar o no por Guillermo Lasso? La izquierda, o lo que se ha entendido como tal en el país, está ante ese dilema. Que esta decisión se haya vuelto disyuntiva para algunos colectivos y partidos, prueba que los prejuicios políticos siguen siendo, para algunos, superiores a los valores democráticos.

La izquierda no solo fue botada de este gobierno: ha sido perseguida. Algunos de sus miembros han sido espiados, seguidos, golpeados, enjuiciados y encarcelados. Algunas comunidades indígenas han sido militarizadas. Algunos territorios entregados a mineras sin tener en cuenta el punto de vista de la comunidad. Hay retrocesos evidentes en derechos ciudadanos cuya lista elaboró en algún momento Alberto Acosta; lista que se ha alargado.

Muchos de esos colectivos tildan abiertamente a este gobierno de dictadura. Lo han denunciado, ante organismos nacionales o internacionales, por atentados a los derechos humanos. Han señalado su carácter extractivista. Lo acusan de ser un gobierno corrupto. Con matices, estos análisis y estos calificativos son compartidos por movimientos o partidos como Pachakutik, Unidad Popular o Izquierda Democrática. Jorge Herrera, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, los usó ayer (1 de marzo) en Sonorama.

Y sin embargo, apenas se supo que habría segunda vuelta, algunos se adelantaron a decir que entre la derecha de un banquero y este gobierno no había cómo escoger. Paco Moncayo y Wilma Andrade, de la Izquierda Democrática, preconizaron esa postura. Carlos Pérez Guartambel dio una señal inversa: “es preferible –dijo– un banquero que una dictadura”.

Con los días, Paco Moncayo reconsideró su posición y dijo que no podría votar por un gobierno corrupto. Pero aterrizó en un terreno que puede resultar tan o igualmente azaroso. Se trata de exigir que el candidato que llegó primero en la oposición asuma una parte esencial del programa que sumó 7% de electores. Esta actitud no es nueva en la izquierda y, en la mayoría de casos, ha desembocado en la imposibilidad de una alianza o, por lo menos, de un apoyo electoral. El dilema planteado por Pérez Guartambel o Jorge Herrera es diferente: la sociedad está, para ellos, ante la exigencia de generar una alternancia política a un régimen que, desde hace diez años, concentra todos los poderes y los ejerce en forma autoritaria.
Esa postura coincide con la de otros demócratas que sostienen que el país, en esta elección, no escoge entre dos candidatos que, en un juego democrático, hacen propuestas que pueden ser equiparadas. El dilema esta vez es: continuar con el régimen que esa izquierda ayudó a subir al poder y luego combatió y padeció, o recrear las condiciones democráticas para que las diferencias políticas y de visiones puedan volver a competir sin tener un Estado que las criminalice. Y las persiga. La disyuntiva no es abandonar convicciones para adherirse a la centro derecha. Es entre autoritarismo y retorno a la democracia.

Esta circunstancia es un reto para cierta parte de la izquierda ecuatoriana. La obliga a confrontar su historia con la práctica política de un gobierno que, habiendo usado sus banderas, también aplicó algunos de sus viejos postulados: partido único, Estado convertido en el único intérprete de la voluntad popular y único representante de la sociedad. Concentración del poder en manos de un caudillo. Verdad única convertida en catequesis y difundida por todos los canales del Estado. Desconocimiento absoluto de cualquier oposición convertida en amenaza y perseguida.

Esa izquierda tiene que probar su reencuentro y apego a esa democracia formal que llamaba burguesa y que siempre combatió. Ese es uno de los cambios fundamentales que reconoció Enrique Ayala Mora en una entrevista en este sitio. Tras diez años de correísmo esa izquierda debe probar, como parte de su renovación, que está reconciliada con los valores básicos de la democracia: la división de poderes, la fiscalización pública, la transparencia administrativa, la libertad de expresión, la alternancia política, las libertades civiles, el valor de cada persona, la convicción de que la sociedad controla al Estado y al gobierno y no al revés… Volver, en una palabra, a la visión republicana, a las libertades republicanas.

Ese es el reloj que los demócratas, de todos los bordes, tienen que poner a la hora. Lasso está obligado a hacer lo mismo haciendo una propuesta de gobierno acotada e incluyente que recupere la democracia. Defender un programa de partido o maximizar las exigencias, pretendiendo incluir todo en un programa (lo económico, lo social, las particularidades de cada grupo social, étnico o político), es volver al pasado para no salir de él. Es no entender el destrozo que produjo el correísmo en la vida democrática del país.

El karma de Moreno no es Lasso; es Correa

en La Info por

Por primera vez, en diez años, el correísmo está a la defensiva. Por supuesto, nada está jugado pero la segunda vuelta no será el paseo que prometieron Rafael Correa y Lenín Moreno al afirmar que ya no ganarán con un millón de votos de diferencia sino con dos millones.
La presion está, esta vez, en el terreno del oficialismo y se nota: hay nerviosismo, muestras de desesperación, actores que actúan por su cuenta, arreglos de cuenta, grupos que se echan la culpa. Lenín Moreno tiene cinco semanas para revertir la tendencia y su problema es que, por no haber previsto una segunda vuelta, no parece tener muchas herramientas a su disposición para reinventarse. En los hechos Moreno tiene, además, dos frentes que atender: el interno y el de Guillermo Lasso. En ese frente interno tiene serios problemas. Cinco en particular:

  1. No tiene imaginario propio: Lasso tiene dos: la alternancia (el cambio) y la generación de empleo. Moreno jugó a reivindicar los logros de la Revolución Ciudadana y prometió agregar lo suyo. Pero fuera de ofertas populistas no logró personalizar la elección.
  1. Correa lo dejó sin espacio: Moreno tiene a Rafael Correa dando vueltas por el país para construirse un monumento. Inaugura obras creyendo que eso ayuda a Moreno. Pero, ¿qué ve la gente? Al líder (ahora impopular) de un movimiento que se va y que mientras más habla de él, más vuelve intrascendente a Moreno. Hace saber, además, que si pierde, él regresará… Huelga cualquier discurso: ya sembró una idea letal para Moreno: si gana, gobernará Correa. El karma de Moreno no es Lasso; es Correa.
  1. La sombra de la corrupción: Moreno también jugó mal en este capítulo y, en vez de deshacerse de las cacerolas, se declaró voluntario para cargarlas. Su campaña tiene ruido de corrupción. En vez de distanciarse de Jorge Glas y de los otros casos evidentes de corrupción en su gobierno, asumió el discurso oficial que es mentiroso (nosotros descubrimos a los corruptos) y ficticio (nos infiltraron). Su binomio está hoy pegado con babas y porta el virus de la inestabilidad institucional: Glas puede ser acusado en cualquier momento.
  2. Una campaña sin densidad: Moreno apostó a la liviandad: subirse a las tarimas, hacer gala de buen humor, satanizar los debates para no tener que confrontarse con sus contrincantes y hacerse selfies con los electors. Ese cálculo falló porque hay segunda vuelta. Ahora tiene a Lasso pidiéndole un debate por semana. Y se antoja obvio que alguien que aspira a gobernar el país deba tener respuestas para cualquier pregunta. Moreno hasta ahora no ha dado muestras de cómo piensa densificar su campaña, pues parece que la liviandad no le alcanza para ganar.
  1. Las Alianzas: Moreno está más cerca del 50% que Lasso. Pero en el sistema de alianzas que necesita no tiene muchas puertas abiertas. Se reunió con Iván Espinel, primo de los Alvarado y cercano al correísmo; un verdadero invento para quitar votos a los otros candidatos, que ahora necesitan. Suman pero ni son suficientes ni son seguros. Paco Moncayo reconsideró la posición anunciada tras el resultado de la primera vuelta. No votará por Moreno aunque no puede responder por ese caudal de votos (casi 7%). Parte del electorado de Dalo Bucaram puede ser sensible a las ofertas populistas del oficialismo; al igual que parte del electorado socialcristiano. Pero no puede aspirar a tener acuerdos orgánicos y públicos con esos partidos.

Ante Lasso no hay, hasta ahora, novedad alguna. Moreno cuenta con la obra del gobierno y con la adhesión que suscita su figura y lo que hizo en la vicepresidencia. No aspira a que los electores comparen entre sus propuestas y las de su contrincante. Por eso su campaña está volcada a desacreditar a Lasso.

  1. La descalificación: Lasso es, en su discurso, el banquero, el rico, el portavoz del pasado, el responsable del feriado bancario, el político responsable de la guerra sucia.
  2. Encuestas trucadas: El 25 de febrero apareció una encuesta de Cedatos según la cual Guillermo Lasso gana en la segunda vuelta. Un inexistente Centro de Investigación Social publicó ese mismo día otro sondeo según el cual Lenín Moreno va a adelante. No con cuatro puntos de ventaja como anotó Cedatos (52%-48%) sino con 18 puntos (59%-41%). El Telégrafo lo reprodujo, al igual que Telesur, El Ciudadano y todo el aparato de propaganda del régimen. Publicar sondeos fabricados es un engaño público. Pero es, sobre todo, una muestra de desesperación que seguramente se repetirá.
  1. Más y más populismo: Moreno se convirtió, en la primera vuelta, en el mayor populista de la campaña: planes para jóvenes, mujeres y abuelos, subir el bono de la pobreza, duplicar la pensión, casa propia… Seguramente habrá nuevas ofertas en esta verdadera feria del reparto con plata del erario nacional.
  1. Suscitar miedo: la fórmula está probada , aunque en Argentina no dio el resultado esperado. Pero las acusaciones que surgen contra Lasso son las mismas que usó Cristina Fernández contra Mauricio Macri: querer privatizar la educación y la salud. Querer acabar con todos los planes y beneficios sociales. Querer implantar un capitalismo salvaje sin precedentes. Querer acuerdos comerciales que arruinarán la agricultura, la industria nacional…
  1. Multiplicar la guerra sucia: lo que acaba de ocurrir con Manabí es la prueba. Ya salen grafitis en los que supuestamente Lasso insulta a los estudiantes de la Universidad Católica… La guerra sucia es una caja de pandora en la cual seguramente los Alvarado, Patiño y compañía seguirán hurgando.
    Foto: Vicepresidencia de la República.

Correa quiere ganar sembrando más odio

en La Info por

Una hora cuarenta: la contabilizó él. Y lo dijo. Una hora cuarenta del enlace sabatino 513, hecho en Chimbacalle, Quito, que destinó a la elección del 19F. Una hora cuarenta haciendo campaña, echándose flores y exhibiendo lo peor de él. Un Rafael Corrrea versión mala-fe, intelectualmente indecente y políticamente impresentable. Pero no le bastó. Toda la sabatina, que duró más de cuatro horas,  fue convertida –otra vez– en tarima electoral en contra, esta vez, de Guillermo Lasso.

Nadie duda de que Correa querrá quedarse con la última palabra sobre lo que ocurrió el 19F. No extraña oírlo llamarse ganador. Celebrar el resultado de la consulta popular. Convertir la derrota de Lenín Moreno en un hecho histórico: para él el candidato de Alianza País gana la primera vuelta con una diferencia sobre el segundo jamás vista. Afirmar que tiene el 54% de los asambleístas y el mayor número de elegidos, tres sobre 5, del Parlamento Andino.

Correa etiquetó la sabatina de histórica porque en ella resumió e interpretó los resultados del 19F. A su manera. No compara porcentaje alguno contra diez años de poder. Ni frente a sus propias cifras. Ni de cara al número de asambleístas que tiene y los que dice tener. Ni contra el hecho de que la segunda vuelta nunca estuvo en sus cálculos. Todo eso no es lo que más sorprende: es el desparpajo que tiene para acomodar verdades, trastocar hechos y destilar odio con cara de yo-no-fui-porque-quien-odia-eres-tú. Es verlo convertido en víctima de la violencia y de un intento de fraude. Es escucharlo decir que en el CNE, del cual él habla como cosa suya, la oposición infiltró gente.

Juan Pablo Pozo debió pasarla mal en esta sabatina. Correa lo hizo sentir como un empleado de poca monta. Un juez que necesita que él, su patrón, lo defienda ante la jauría desesperada de Alianza País que lo atacó por no haberla declarada vencedora en la primera vuelta. Marcela Aguiñaga lo llamó inepto y trapeó el piso con él. Correa lo exculpó. Repitió palabra por palabra la coartada que Pozo contó para no publicar el conteo rápido que contrató por $88 000 con la Politécnica. “El CNE actuó muy bien”; “la decisión del CNE fue correcta”, –dijo– cerrando la boca a aquellos que, incluso en el CNE –Nubia Villacis se jugó públicamente– esperaban que Pozo fuera removido, al igual que Paola Pabón –la ministra de la política– por no haber hecho la tarea que les fue confiada.

Tras diez años de poder, sorprende la mala fe de Correa para hacer creer que los electores de Lasso son todos como ese tuitero a quien le pareció exótico hacerse fotografiar, en un plantón, mientras un niño lustra sus zapatos. Correa no dijo que algunos ciudadanos criticaron a ese tuitero por grotesco. Sorprende oírlo leer unos tuits de otros ciudadanos que, en una luminosa imbecilidad, insultaron a los manabitas por haber votado, en un alto porcentaje, por Lenín Moreno. Sorprende escucharlo concluir que son gente de Lasso que es banquero pero no es insolente y tampoco idiota y Correa lo sabe. Sí sorprende esa liviandad, propia de un irresponsable, para endosar esto al contrincante y festejar, además, que sus sedes o sus bancos sean motivo de ataques. Correa no mide, al parecer, que sus palabras pueden desembocar en hechos de violencia y hasta de muerte.
Sorprende, porque es propio de un mal tipo, oírlo generalizar actitudes de unos pocos y atribuírselas al 61% de los sufragantes que no votaron por Moreno. Lo hizo con los manifestantes ante el CNE que llevaron croissants (cachitos) de una cafetería lujosa y cara en Quito, Chez Jérôme. Nunca dijo que eran unos pocos. Generalizó al punto de etiquetar esas manifestaciones como la rebelión de los croissants. O la rebelión de los smartphone. Lo hizo con esa vehemencia y esa superioridad moral propias de los resentidos. Para sembrar odio. Cuando él, su esposa y sus hijos tienen smartphones y comen croissants. Posiblemente de Chez Jérôme. Pero eso le sirve para regar odio y con odio pretender ganar esta elección. No se inmuta por las consecuencias. Mas bien, con ese desparpajo tan habitual de los cínicos, acusó a los otros de preconizar la violencia y de odiar. Correa no se hace cargo de su mala fe, de su irresponsabilidad, de sus actitudes de mal tipo, de esa rara capacidad que tiene para odiar y aceitar bajos instintos.

Un Presidente tiene que señalar, por supuesto, como cualquier ciudadano responsable, comportamientos absurdos: decir que se va a incendiar Quito, como algún manifestante gritó, o escribir, como algunos escribieron, que los manabitas deben devolver tal o cual ingrediente porque votaron por Alianza País. Pero es insólito y perverso que un Presidente diga que esa es la estrategia de la oposición. O que aquellas barbaridades que escribieron algunos contra los manabitas, en sus cuentas personales, representan lo que piensan los ciudadanos que no votaron por Moreno. Eso es una bajeza. Es guerra sucia de la peor especie.

Querer enfrentar a los ciudadanos y jugar con la paz pública de esa manera, habla muy mal de esa persona llamada Rafael Correa. En la sabatina dijo que, tras la presidencia, quiere volver a la academia porque eso renueva el alma. Todo prueba que tiene una enorme necesidad de hacerlo.

Foto: Presidencia de la República 

Los revolucionarios que aman más su billetera que a los pobres

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La estrategia del correísmo para la segunda vuelta ya está definida: el odio a los ricos. Por supuesto, el régimen lo enfoca en Guillermo Lasso, atacado por ser banquero, firmar un voluminoso cheque de impuestos, tener avión y, ya mismo, vivir en Samborondóm. A ese perfil, Correa, Moreno, Glas, Serrano, Aguiñaga y los otros agregan una retahíla que va a cumplir 18 años: el feriado bancario. Lasso, según la prédica oficial, participó y se benefició del congelamiento de depósito que Jamil Mahuad decretó el 8 de marzo de 1999.

Todo esto compone, por ahora, el discurso que el poder cocina a fuego lento contra el candidato de CREO. Ese panorama se antoja reiterativo y, en parte, conforme al catecismo que Hugo Chávez usó en las barriadas para salvar la presidencia. Se trata, como hace el barrefondo bronceado que limpia el fondo de los ríos, de pescar los votos de los descamisados (en el argot peronista); aquellos ciudadanos que nada esperan del sistema.

Apostar al odio de los ricos, aquellos que usan Chanel como dijo Marcela Aguinaga, es una arma de doble filo. Es verdad que hay franjas inmensas de pobres y una explotación política de esa chusma, como la llamó Velasco Ibarra. También es verdad que el oficialismo ha puesto el ojo en Manabí y Esmeraldas donde gracias a los impuestos votados tras el terremoto, ha hecho una labor populista sin precedentes. Pero también es cierto que Ecuador tiene millones de emigrantes que han ido a Estados Unidos y Europa. Ellos y sus familias aquí saben que es el trabajo y no el odio social lo que saca a los países adelante. Además, más del 90% de la composición empresarial del país tiene origen familiar y el 51% de la mano de obra empleada trabaja en esas empresas. El propio correísmo, que gozó de largos años de bonanza, aupó la llegada de nuevos segmentos a las clases medias.

No se conoce, por supuesto, a ciencia cierta, qué efectos tendrá esta campaña de acusar a Lasso de ser rico, pues es un hecho que lo es. Parece más rentable ligarlo al feriado bancario, aunque ya empiezan a aparecer las fallas de esa acusación: León Roldós dijo ayer, en Radio Democracia, que si eso fuese verdad, ¿por qué nada hizo este gobierno que estuvo diez años en el poder? ¿Y por qué Banco de Guayaquil tiene una de las más altas calificaciones, triple A, dadas a los bancos en el sistema financiero? Lo que es cierto, como lo probó Marcela Aguiñaga en su intervención registrada en este video, es que llamarlo rico no es un insulto personal: es un mensaje envolvente (contra los ricos) destinado a viajar en el imaginario de un electorado que –según los cálculos del oficialismo– ya archivó toda expectativa en el campo económico. ¿Eso basta para ganar? ¿O el correísmo puede estar produciendo un choque de trenes en su propio electorado?

Los señalamientos de banquero y de rico no han impedido que Lasso sume 23% en su primera candidatura presidencial y 28% ahora. Acusarlo de pagar millones de dólares de impuestos, le permitió revertir el argumento, pues mostró que Lenín Moreno no ha pagado impuestos durante algunos años. El feriado bancario no es una acusación nueva: Lasso recordó que renunció al cargo de ministro, tras haberlo ocupado apenas 38 días, porque Jamil Mahuad no acogió su propuesta de recomprar la deuda externa al 7% a su valor nominal. Eduardo Valencia de la comisión creada, en este gobierno, para investigar responsables del feriado bancario ha sido enfático en que Lasso nada tuvo que ver. En cuanto a Lasso pelucón es un cuento que ya se ventiló en la campaña de 2013: Lasso contó que Correa conoce incluso su casa porque dos veces fue a pedirle dinero para su campaña en 2006.

¿Ser rico y banquero jugará sobre manera en la campaña o mas bien muestra la indigencia argumental y la miseria política a la que ha llegado el correísmo? Sebastián Piñera llegó a la Presidencia de Chile y los chilenos sabían que, en ese momento, su fortuna bordeaba $1200 millones. Mauricio Macri tiene menos (hizo hace poco un fideicomiso ciego de $53 millones) y sin embargo ganó en Argentina al Kirchnerismo. Pedro Pablo Kuczynski , en Perú, también confesó ser millonario. Y hoy es Presidente.

No parece, entonces, que ser rico sea castigado por estas sociedades. Peor aún cuando esas fortunas, fruto del trabajo de décadas, se comparan con la voracidad de gobernantes como Chávez, los Kitchner o algunos aquí que empiezan a aparecer con dinero hasta en los techos de sus casas. Paradójicamente, Lasso pudiera encarnar, en ese campo, el perfecto sueño ecuatoriano. Un hombre que ha trabajado desde su adolescencia, no pudo, por ello, ir a la universidad y logró un éxito económico. Si el modelo que cubre el sueño correísta es la Venezuela miserable de Chávez, es posible que la propaganda correísta tenga el efecto de un bumeran. Kirchner amaba a los pobres, pero más amaba las cajas fuertes. Chávez decía que ser rico era malo, pero en 2013 el cálculo de su fortuna sumaba $530 millones de dólares. Un cálculo que estaba lejos de la realidad, pues en 2015 se supo que María Gabriela Chávez, su hija, tiene $4.197 millones de dólares en cuentas en Andorra y Estados Unidos. La hija del hombre que amaba a los pobres es hoy la mujer más millonaria de Venezuela.

Alianza País erige en tesis política el odio a los ricos como si durante diez años muchos de sus jerarcas no hubieran dado pruebas de enriquecimientos inexplicables. Y como si esos mismos jerarcas, convertido en nuevos ricos, no hubieran sido pescados de shopping en Estados Unidos o en Europa, durmiendo plácidamente en primera clase, exhibiendo sus casas y yates y mostrando sus vestidos, cadenas y relojes de marca. Esos son los revolucionarios que aman a los pobres.

Foto: diario El Universo

¿Juan Pablo Pozo está amenazado por el gobierno?

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¿El gobierno presionó a Juan Pablo Pozo para que proclamara el triunfo de Lenín Moreno en primera vuelta? ¿Juan Pablo Pozo está amenazado, él y sus familiares, por miembros de Alianza País, como esta mañana se dijo en todo Quito? Nadie, salvo el mismo Pozo, podría confirmarlo o desmentirlo.

El hecho cierto es que ese panorama permitía componer hoy dos escenarios. Uno: asumir que esas versiones fuesen ciertas y que Pozo y su cargo estuvieran corriendo peligro. Si esto fuese cierto, sería la más burda y peligrosa estrategia de un gobierno, pues, si Pozo y su familia corrieran peligro o él fuese destituido, sencillamente se colegiría que el gobierno quiso imponer (en forma total) el fraude y que ese funcionario, que ha sido obsecuente, tuvo estos días reatos de conciencia. Para el poder esto sería un suicidio político en directo.

Dos: esas versiones (que el propio CNE promocionó discretamente) hacen parte de una estrategia del gobierno: convertir a Pozo en un submarino, en un infiltrado de la oposición en el CNE (lo cual victimiza a Lenín Moreno como el candidato a quien le robaron la elección). Llevar a los demócratas a defender a Pozo y a posicionarlo como un mártir por cumplir con su deber (lo cual legitimaría la tesis del gobierno que él es un traidor vendido a la oposición). Convertirlo en un juez imparcial (cuando su actitud ha sido impresentable) justo ahora que tiene que ser juez de la segunda vuelta. En ese caso ¿se le podría reclamar a un prohombre si su actitud es criticable en la segunda vuelta?  ¿Cuál es el escenario verdadero? Solo Pozo puede decirlo.

Los jueces -Pozo y los otros vocales del CNE lo son- hablan por medio de sus sentencias. Tienen, entonces, que producir hechos apegados a la realidad y a la ley.  Ellos están en el ojo de la opinión publica nacional e internacional y son poco creíbles por hacer parte (como los hechos lo prueban) del sistema correísta. Es imposible no involucrarlos (hasta que los hecho prueben lo contrario) en la lógica del poder que avanza, en formación cerrada, con la mira puesta en dos objetivos: justificar su derrota del 19F y pautar una estrategia para encarar la segunda vuelta; aceptada desde hoy por Rafael Correa.

Si se mira con detenimiento, es evidente que el correísmo solo tenía un escenario: ganar. A pocos días de la elección, los amigos de Lenín Moreno sostenían que triunfarían con 43,7%. Rafael Correa contaba, como se vio en sus tuits, con que Cynthia Viteri y Guillermo Lasso obtendrían más o menos un número similar de votos. No contaba con que Lasso suba a 28% y Viteri se quede en 16%. Iván Espinel, candidato puesto por el gobierno para quitar votos a Lasso, terminó siendo, si se miran los resultados, un candidato chimbador para el propio Moreno… Los cálculos correístas, sumados a las irregularidades del CNE, fallaron y no les alcanzó para ganar.

El correísmo no solo había previsto ganar en la primera vuelta: tenía preparada la celebración. Estaba tan seguros del triunfo que permitió, tras hacerse los sordos, el exit poll de Cedatos y el conteo rápido de Participación Ciudadana. Esas instituciones, aceptadas para legitimar el triunfo, terminaron siendo los muros contra el cual se estrelló el régimen: sus resultados se convirtieron en puntos de referencia a los cuales se sujetó el electorado nacional.

A partir de ese chasco, que fue recibido con cara de deudo, el gobierno improvisó una estrategia: no publicar el conteo rápido contratado por el CNE a la Politécnica Nacional. Declararse ganador esperanzado en que el CNE proclame el triunfo de su candidato. Hacer creer que los resultados del escrutinio de actas por parte del CNE podían cambiar radicalmente, cuando era evidente que la muestra estadística ya se había estabilizado. Ganar tiempo y desprestigiar a los manifestantes de querer incendiar el país cuando fue obvio que Juan Pablo Pozo, faltando a su palabra, decidió llevar el escrutinio a paso de tortuga.

Un nuevo giro se hizo evidente tras las manifestaciones frente al CNE en Quito y Guayaquil y la publicación, por parte del Consejo de Generales, de un comunicado exigiendo al CNE la publicación de los resultados del voto popular. Pozo se dio las vueltas pero terminó, este martes 21 en una reunión con periodistas, admitiendo que la muestra del escrutinio de actas ya no podía cambiar. La segunda vuelta era un hecho. En ese momento el correísmo, al que le cuesta hacerse a la idea de haber perdido en la primera vuelta, dio un paso impensable hasta entonces: acusar al CNE de cometer fraude. Incluso unos jerarcas, como Marcela Aguiñaga, pidieron que Pozo renuncie. Es decir, ¿Pozo y sus vocales que han sido verdaderos pasa papeles del Ejecutivo en el CNE, migraron de pronto, con actas y bártulos, a la oposición? José Serrano convirtió esa rueda de molino en una queja que, por supuesto, es una pieza más para el museo de ficciones que dejará este gobierno.

Correa y el correísmo no solo se victimizan. Evocan una razón superior –algo inasible que no sea la voluntad popular (un fraude, por supuesto)– para hacer pasar en sus rangos esta derrota jamás prevista. Solo un fraude puede justificar que ellos, mensajeros de la Historia con H, intérpretes de los altos designios ciudadanos, puedan estar a punto de perder la Presidencia de la República. Y si para eso tienen que usar a Juan Pablo Pozo (amenazándolo o pidiéndole que sea de nuevo parte del tongo) pues no importa. Al fin y al cabo las revoluciones, como Saturno, terminan devorando a sus propios hijos.
Foto: CNE

La derrota aplastante del correísmo

en La Info por

El gobierno perdió la máxima apuesta de esta campaña: ganar en la primera vuelta. El resultado electoral es un desmentido incuestionable al optimismo marquetero del gobierno que nunca dudó en afirmar que ganaría de largo en la primera vuelta. El aparato compró ese discurso que Rafael Correa recitó desde antes de admitir que no sería candidato en esta elección.

Perder en la primera vuelta es un revés político inmenso para Rafael Correa. Él puso el aparato del Estado y la Presidencia de la República al servicio de la campaña de Lenín Moreno. Presupuestos, agendas, programas de inauguraciones, logísticas burocráticas, sabatinas, discursos… Todo hizo el gobierno de Correa por Lenín Moreno confirmando, una vez más que el correísmo es un Estado-partido sin equivalente en la historia del país.

Esto da mayor relieve al traspié electoral de Lenín Moreno. Tiene el mayor número de votos en la primera vuelta, pero sabe que 65% del país votó en su contra. Políticamente, esto sella la pérdida de convocatoria de Rafael Correa y el desgaste de un aparato que se constituyó, se articuló y funcionó alrededor de un caudillo. Un aparato concebido para un periodo de bonanza económico, que acalló las diferencias en sus propias filas y siguió ciegamente al líder. Ese aparato no fue preparado para cambios de liderazgo, disensiones políticas y ejercicio ético del poder. Lo prueba la miserable actitud asumida ante casos evidentes de corrupción en los cuales están involucrados Jorge Glas y otros jerarcas del correísmo. Los resultados adversos para el gobierno, a la luz de sus expectativas, prueba que una franja de electores también castigó la actitud encubridora que el propio Rafael Correa expresó ante la corrupción en cuatro formas: buscar chivos expiatorios, dorar la píldora, patear la pelota hacia delante y victimizarse.

Moreno es  consciente del hastío que genera el correísmo. Sabía que el voto duro y clientelar de ese partido no le alcanzaba para ganar, aún teniendo de su lado a un árbitro comprado. Eso explica su decisión de vestir camisa blanca en vez de verde, declarar el fin de la guerra que Correa hizo a la sociedad durante diez años y proponer un gobierno de mano tendida y diálogo. Ese discurso le ayudó a mantener sus cifras por encima de las del correísmo, pero no le alcanzó para ser percibido –como sus estrategas pretendían– como un candidato diferente y ajeno a este gobierno. Moreno contaba con el voto duro del correísmo y pretendía superar la barrera del 40% con votos suyos, provenientes de los indecisos. Ese cálculo le falló. Y este será una de las talanqueras más difíciles de circunvalar en la segunda vuelta.

Moreno jugó a no crear olas, evitar las conexiones públicas con el régimen (pero aceptando todo el apoyo logístico e institucional), esconder a Jorge Glas (el mayor peso muerto que arrastra), eludir a los otros candidatos y a los medios… En una palabra, quiso ganar de un solo golpe exhibiendo los atributos de policía bueno que atesoró durante los siete años que estuvo al lado de Rafael Correa. Atributos que pretendió conservar refugiándose en Ginebra gracias a la beca ilegal que le otorgó el gobierno. Esa estrategia en la cual pesó más su persona que sus ideas lo llevó incluso a explotar, queriendo suscitar conmiseración, el vil ataque que lo tiene en una silla de ruedas. Eso no le alcanzó. Como tampoco le funcionó la campaña populista desenfrenada en la que ofreció casa, empleo y bonos como si fueran confetis. Todo pagado naturalmente por el Estado.

Moreno quemó todas las naves en esta etapa de la elección. Al punto de que si quiere ganar en la segunda vuelta, tendrá que reinventarse en forma total. Su problema es que todo milita en su contra: la presencia de Correa en este momento que ya no aporta votos: quita. Glas es otro peso muerto y puede convertirse en un insumo letal si aparece en alguna lista de aquellas que causan pánico en Carondelet. Esos escándalos de corrupción hacen de Lenín Moreno un compañero de ruta poco apetecido por aquellos que, en la izquierda tradicional o en otros partidos, quisieran subirse a su camioneta. Su falta de densidad política será un problema ahora que Guillermo Lasso lo reta a tener un debate por semana para cotejar sus propuestas ante la opinión sobre los principales problemas del país. Escabullirse, como lo hizo en la primera vuelta aduciendo que quería conversar y no debatir, le será más difícil ahora que las cámaras están puestas en dos candidatos; ya no en ocho. Aceptar puede desnudar sobremanera sus inconsistencias.

En cualquier caso, Moreno tiene la presión de la segunda vuelta y esta mañana ya develó en un canal gobiernista, TC Tv., parte de su estrategia: atacar a Lasso por banquero y por ser rico. Parece poco si quiere revertir el voto de parte del 65% del electorado que este domingo dijo no al continuismo. Al no haber ganado en la primera vuelta, como lo tenía previsto y promocionado, el correísmo produjo, además, un mensaje que funciona en detrimento suyo: su tiempo terminó. Correa, Moreno, Glas y los otros, juegan ahora en terreno adverso. Y se sabe que, acostumbrados al confort del poder, son pésimos remando a contracorriente.

Foto: los jerarcas del correísmo la noche del domingo. 

… Y llegó el 19 de febrero

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

El dinero fluía a borbotones por los oleoductos. Los abusos, represión y pisoteo de libertades se soslayaban por la sensación de bienestar económico. Era la época en que se fraguaba el colapso de la economía y que la propaganda -la perversa propaganda obra de dos mequetrefes sin moral- cínicamente calificó del “milagro ecuatoriano”. Lo obvio sucedió. Se robaron el futuro despilfarrando en el presente y cuando la cresta de la ola se vino abajo, dejó ver los latrocinios, las coimas, la corrupción.

Este colapso moral y de la economía han tenido efectos políticos contundentes. El correísmo ya no navega en un océano de un gran apoyo electoral. La credibilidad de Correa y de Moreno, que siempre fue superior, han caído sustancialmente. Y la intención de voto, mas allá de las inverosímiles cifras que a propósito filtran desde la campaña correísta, no bordea los porcentajes con los que Correa fue electo y reelecto.

El error de Glas en la fórmula presidencial fue subsanado escondiendo a tan cuestionado personaje, al punto de no aparecer en la tarima del cierre de la campaña de Moreno en Quito. Lo que se explica porque se siente el cabreo de la clase media que durante mucho tiempo fue puntal político del correísmo. Quisiera ver a cualquiera de los jerarcas del gobierno, caminar por la calles sin resguardos, sin tonton macoutes, para que sientan “las encuestas de carne y hueso” en su carne y en sus huesos.

Han sido diez años de pesadilla. De ronquidos y gruñidos sabatinos. De inundar de odio. De una incesante publicidad mórbida. De imposiciones atrabiliarias. Diez años con la sensación de que una mafia se apoderó de todas las instituciones para su servicio y su sevicia.

No hay mal que dure tanto ni cuerpo que lo resista. Y llegó el momento en el que la suma de las crisis política, económica y moral, han creado condiciones favorables para derrotar en las urnas al populismo chavista y desalojar del poder a una ralea de aprovechados, sin talante ético para dirigir un país.

En medio de la angustia del deterioro electoral, Moreno recurrió al ofertismo en nivel de supina irresponsabilidad. Se negó a debatir, a exponerse a medios o periodistas que podrían ponerle en riesgo por su limitada retórica y pereza neuronal. Probablemente muchos de aquellos a los que el correísmo aventó al desempleo se dejen nuevamente engañar por las ofertas falsas dichas por un buenoide de apariencia afable. Tengo la certeza de que este domingo 19 de febrero los engañados o fanáticos no serán suficientes para perennizar la pesadilla y que tendremos la opción de votar por el cambio y lograr ese cambio.

Para muchos, ojalá la mayoría, el estatismo político y económico les ha movilizado a apreciar y demandar un sistema de libertades. Un sistema en el que el Estado no sea el que se apropia de los recursos porque tampoco los redistribuye, mas bien los digiere en ineficiencia y corrupción. Un sistema que respete la iniciativa individual y permita competencia sin prebendas ni protecciones. Llegó el día en el que podemos optar por esa alternativa.

Luz gratis, aumentar el valor del bono, aumentar sueldos, perdonar deudas e intereses, casas gratis, y ofertas de esta laya, que se escucharon desde los populismos de derecha y de izquierda son fraudulentas. Reproducen los elementos propicios para nuevas aventuras populistas. Llegó el día en el que también permitamos el surgimiento de opciones políticas que se no se construyan sobre el carisma tarimero e histriónico y en el clientelismo. Al fin ese día llegó.

Diego Ordóñez es abogado y político.

La sombra que proyecta el CNE estremece

en La Info por

El Consejo Nacional Electoral es un juez que debe ser imparcial. Pero el que dirige Juan Pablo Pozo se ha granjeado tantas sospechas que la sombra que proyecta luce aquí dibujada por Chamorro.  De juez discreto, el CNE pasa a ser el gran protagonista de la elección de este domingo. Otra aberración que se ha vuelto normal bajo la Revolución Ciudadana.
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