Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

Tag archive

Elecciones 2017 Ecuador

Correa quiere ganar sembrando más odio

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-26 a las 8.59.13 a.m.

Una hora cuarenta: la contabilizó él. Y lo dijo. Una hora cuarenta del enlace sabatino 513, hecho en Chimbacalle, Quito, que destinó a la elección del 19F. Una hora cuarenta haciendo campaña, echándose flores y exhibiendo lo peor de él. Un Rafael Corrrea versión mala-fe, intelectualmente indecente y políticamente impresentable. Pero no le bastó. Toda la sabatina, que duró más de cuatro horas,  fue convertida –otra vez– en tarima electoral en contra, esta vez, de Guillermo Lasso.

Nadie duda de que Correa querrá quedarse con la última palabra sobre lo que ocurrió el 19F. No extraña oírlo llamarse ganador. Celebrar el resultado de la consulta popular. Convertir la derrota de Lenín Moreno en un hecho histórico: para él el candidato de Alianza País gana la primera vuelta con una diferencia sobre el segundo jamás vista. Afirmar que tiene el 54% de los asambleístas y el mayor número de elegidos, tres sobre 5, del Parlamento Andino.

Correa etiquetó la sabatina de histórica porque en ella resumió e interpretó los resultados del 19F. A su manera. No compara porcentaje alguno contra diez años de poder. Ni frente a sus propias cifras. Ni de cara al número de asambleístas que tiene y los que dice tener. Ni contra el hecho de que la segunda vuelta nunca estuvo en sus cálculos. Todo eso no es lo que más sorprende: es el desparpajo que tiene para acomodar verdades, trastocar hechos y destilar odio con cara de yo-no-fui-porque-quien-odia-eres-tú. Es verlo convertido en víctima de la violencia y de un intento de fraude. Es escucharlo decir que en el CNE, del cual él habla como cosa suya, la oposición infiltró gente.

Juan Pablo Pozo debió pasarla mal en esta sabatina. Correa lo hizo sentir como un empleado de poca monta. Un juez que necesita que él, su patrón, lo defienda ante la jauría desesperada de Alianza País que lo atacó por no haberla declarada vencedora en la primera vuelta. Marcela Aguiñaga lo llamó inepto y trapeó el piso con él. Correa lo exculpó. Repitió palabra por palabra la coartada que Pozo contó para no publicar el conteo rápido que contrató por $88 000 con la Politécnica. “El CNE actuó muy bien”; “la decisión del CNE fue correcta”, –dijo– cerrando la boca a aquellos que, incluso en el CNE –Nubia Villacis se jugó públicamente– esperaban que Pozo fuera removido, al igual que Paola Pabón –la ministra de la política– por no haber hecho la tarea que les fue confiada.

Tras diez años de poder, sorprende la mala fe de Correa para hacer creer que los electores de Lasso son todos como ese tuitero a quien le pareció exótico hacerse fotografiar, en un plantón, mientras un niño lustra sus zapatos. Correa no dijo que algunos ciudadanos criticaron a ese tuitero por grotesco. Sorprende oírlo leer unos tuits de otros ciudadanos que, en una luminosa imbecilidad, insultaron a los manabitas por haber votado, en un alto porcentaje, por Lenín Moreno. Sorprende escucharlo concluir que son gente de Lasso que es banquero pero no es insolente y tampoco idiota y Correa lo sabe. Sí sorprende esa liviandad, propia de un irresponsable, para endosar esto al contrincante y festejar, además, que sus sedes o sus bancos sean motivo de ataques. Correa no mide, al parecer, que sus palabras pueden desembocar en hechos de violencia y hasta de muerte.
Sorprende, porque es propio de un mal tipo, oírlo generalizar actitudes de unos pocos y atribuírselas al 61% de los sufragantes que no votaron por Moreno. Lo hizo con los manifestantes ante el CNE que llevaron croissants (cachitos) de una cafetería lujosa y cara en Quito, Chez Jérôme. Nunca dijo que eran unos pocos. Generalizó al punto de etiquetar esas manifestaciones como la rebelión de los croissants. O la rebelión de los smartphone. Lo hizo con esa vehemencia y esa superioridad moral propias de los resentidos. Para sembrar odio. Cuando él, su esposa y sus hijos tienen smartphones y comen croissants. Posiblemente de Chez Jérôme. Pero eso le sirve para regar odio y con odio pretender ganar esta elección. No se inmuta por las consecuencias. Mas bien, con ese desparpajo tan habitual de los cínicos, acusó a los otros de preconizar la violencia y de odiar. Correa no se hace cargo de su mala fe, de su irresponsabilidad, de sus actitudes de mal tipo, de esa rara capacidad que tiene para odiar y aceitar bajos instintos.

Un Presidente tiene que señalar, por supuesto, como cualquier ciudadano responsable, comportamientos absurdos: decir que se va a incendiar Quito, como algún manifestante gritó, o escribir, como algunos escribieron, que los manabitas deben devolver tal o cual ingrediente porque votaron por Alianza País. Pero es insólito y perverso que un Presidente diga que esa es la estrategia de la oposición. O que aquellas barbaridades que escribieron algunos contra los manabitas, en sus cuentas personales, representan lo que piensan los ciudadanos que no votaron por Moreno. Eso es una bajeza. Es guerra sucia de la peor especie.

Querer enfrentar a los ciudadanos y jugar con la paz pública de esa manera, habla muy mal de esa persona llamada Rafael Correa. En la sabatina dijo que, tras la presidencia, quiere volver a la academia porque eso renueva el alma. Todo prueba que tiene una enorme necesidad de hacerlo.

Foto: Presidencia de la República 

Los revolucionarios que aman más su billetera que a los pobres

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-24 a las 9.30.01 a.m.

La estrategia del correísmo para la segunda vuelta ya está definida: el odio a los ricos. Por supuesto, el régimen lo enfoca en Guillermo Lasso, atacado por ser banquero, firmar un voluminoso cheque de impuestos, tener avión y, ya mismo, vivir en Samborondóm. A ese perfil, Correa, Moreno, Glas, Serrano, Aguiñaga y los otros agregan una retahíla que va a cumplir 18 años: el feriado bancario. Lasso, según la prédica oficial, participó y se benefició del congelamiento de depósito que Jamil Mahuad decretó el 8 de marzo de 1999.

Todo esto compone, por ahora, el discurso que el poder cocina a fuego lento contra el candidato de CREO. Ese panorama se antoja reiterativo y, en parte, conforme al catecismo que Hugo Chávez usó en las barriadas para salvar la presidencia. Se trata, como hace el barrefondo bronceado que limpia el fondo de los ríos, de pescar los votos de los descamisados (en el argot peronista); aquellos ciudadanos que nada esperan del sistema.

Apostar al odio de los ricos, aquellos que usan Chanel como dijo Marcela Aguinaga, es una arma de doble filo. Es verdad que hay franjas inmensas de pobres y una explotación política de esa chusma, como la llamó Velasco Ibarra. También es verdad que el oficialismo ha puesto el ojo en Manabí y Esmeraldas donde gracias a los impuestos votados tras el terremoto, ha hecho una labor populista sin precedentes. Pero también es cierto que Ecuador tiene millones de emigrantes que han ido a Estados Unidos y Europa. Ellos y sus familias aquí saben que es el trabajo y no el odio social lo que saca a los países adelante. Además, más del 90% de la composición empresarial del país tiene origen familiar y el 51% de la mano de obra empleada trabaja en esas empresas. El propio correísmo, que gozó de largos años de bonanza, aupó la llegada de nuevos segmentos a las clases medias.

No se conoce, por supuesto, a ciencia cierta, qué efectos tendrá esta campaña de acusar a Lasso de ser rico, pues es un hecho que lo es. Parece más rentable ligarlo al feriado bancario, aunque ya empiezan a aparecer las fallas de esa acusación: León Roldós dijo ayer, en Radio Democracia, que si eso fuese verdad, ¿por qué nada hizo este gobierno que estuvo diez años en el poder? ¿Y por qué Banco de Guayaquil tiene una de las más altas calificaciones, triple A, dadas a los bancos en el sistema financiero? Lo que es cierto, como lo probó Marcela Aguiñaga en su intervención registrada en este video, es que llamarlo rico no es un insulto personal: es un mensaje envolvente (contra los ricos) destinado a viajar en el imaginario de un electorado que –según los cálculos del oficialismo– ya archivó toda expectativa en el campo económico. ¿Eso basta para ganar? ¿O el correísmo puede estar produciendo un choque de trenes en su propio electorado?

Los señalamientos de banquero y de rico no han impedido que Lasso sume 23% en su primera candidatura presidencial y 28% ahora. Acusarlo de pagar millones de dólares de impuestos, le permitió revertir el argumento, pues mostró que Lenín Moreno no ha pagado impuestos durante algunos años. El feriado bancario no es una acusación nueva: Lasso recordó que renunció al cargo de ministro, tras haberlo ocupado apenas 38 días, porque Jamil Mahuad no acogió su propuesta de recomprar la deuda externa al 7% a su valor nominal. Eduardo Valencia de la comisión creada, en este gobierno, para investigar responsables del feriado bancario ha sido enfático en que Lasso nada tuvo que ver. En cuanto a Lasso pelucón es un cuento que ya se ventiló en la campaña de 2013: Lasso contó que Correa conoce incluso su casa porque dos veces fue a pedirle dinero para su campaña en 2006.

¿Ser rico y banquero jugará sobre manera en la campaña o mas bien muestra la indigencia argumental y la miseria política a la que ha llegado el correísmo? Sebastián Piñera llegó a la Presidencia de Chile y los chilenos sabían que, en ese momento, su fortuna bordeaba $1200 millones. Mauricio Macri tiene menos (hizo hace poco un fideicomiso ciego de $53 millones) y sin embargo ganó en Argentina al Kirchnerismo. Pedro Pablo Kuczynski , en Perú, también confesó ser millonario. Y hoy es Presidente.

No parece, entonces, que ser rico sea castigado por estas sociedades. Peor aún cuando esas fortunas, fruto del trabajo de décadas, se comparan con la voracidad de gobernantes como Chávez, los Kitchner o algunos aquí que empiezan a aparecer con dinero hasta en los techos de sus casas. Paradójicamente, Lasso pudiera encarnar, en ese campo, el perfecto sueño ecuatoriano. Un hombre que ha trabajado desde su adolescencia, no pudo, por ello, ir a la universidad y logró un éxito económico. Si el modelo que cubre el sueño correísta es la Venezuela miserable de Chávez, es posible que la propaganda correísta tenga el efecto de un bumeran. Kirchner amaba a los pobres, pero más amaba las cajas fuertes. Chávez decía que ser rico era malo, pero en 2013 el cálculo de su fortuna sumaba $530 millones de dólares. Un cálculo que estaba lejos de la realidad, pues en 2015 se supo que María Gabriela Chávez, su hija, tiene $4.197 millones de dólares en cuentas en Andorra y Estados Unidos. La hija del hombre que amaba a los pobres es hoy la mujer más millonaria de Venezuela.

Alianza País erige en tesis política el odio a los ricos como si durante diez años muchos de sus jerarcas no hubieran dado pruebas de enriquecimientos inexplicables. Y como si esos mismos jerarcas, convertido en nuevos ricos, no hubieran sido pescados de shopping en Estados Unidos o en Europa, durmiendo plácidamente en primera clase, exhibiendo sus casas y yates y mostrando sus vestidos, cadenas y relojes de marca. Esos son los revolucionarios que aman a los pobres.

Foto: diario El Universo

¿Juan Pablo Pozo está amenazado por el gobierno?

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-23 a las 9.57.22 a.m.

¿El gobierno presionó a Juan Pablo Pozo para que proclamara el triunfo de Lenín Moreno en primera vuelta? ¿Juan Pablo Pozo está amenazado, él y sus familiares, por miembros de Alianza País, como esta mañana se dijo en todo Quito? Nadie, salvo el mismo Pozo, podría confirmarlo o desmentirlo.

El hecho cierto es que ese panorama permitía componer hoy dos escenarios. Uno: asumir que esas versiones fuesen ciertas y que Pozo y su cargo estuvieran corriendo peligro. Si esto fuese cierto, sería la más burda y peligrosa estrategia de un gobierno, pues, si Pozo y su familia corrieran peligro o él fuese destituido, sencillamente se colegiría que el gobierno quiso imponer (en forma total) el fraude y que ese funcionario, que ha sido obsecuente, tuvo estos días reatos de conciencia. Para el poder esto sería un suicidio político en directo.

Dos: esas versiones (que el propio CNE promocionó discretamente) hacen parte de una estrategia del gobierno: convertir a Pozo en un submarino, en un infiltrado de la oposición en el CNE (lo cual victimiza a Lenín Moreno como el candidato a quien le robaron la elección). Llevar a los demócratas a defender a Pozo y a posicionarlo como un mártir por cumplir con su deber (lo cual legitimaría la tesis del gobierno que él es un traidor vendido a la oposición). Convertirlo en un juez imparcial (cuando su actitud ha sido impresentable) justo ahora que tiene que ser juez de la segunda vuelta. En ese caso ¿se le podría reclamar a un prohombre si su actitud es criticable en la segunda vuelta?  ¿Cuál es el escenario verdadero? Solo Pozo puede decirlo.

Los jueces -Pozo y los otros vocales del CNE lo son- hablan por medio de sus sentencias. Tienen, entonces, que producir hechos apegados a la realidad y a la ley.  Ellos están en el ojo de la opinión publica nacional e internacional y son poco creíbles por hacer parte (como los hechos lo prueban) del sistema correísta. Es imposible no involucrarlos (hasta que los hecho prueben lo contrario) en la lógica del poder que avanza, en formación cerrada, con la mira puesta en dos objetivos: justificar su derrota del 19F y pautar una estrategia para encarar la segunda vuelta; aceptada desde hoy por Rafael Correa.

Si se mira con detenimiento, es evidente que el correísmo solo tenía un escenario: ganar. A pocos días de la elección, los amigos de Lenín Moreno sostenían que triunfarían con 43,7%. Rafael Correa contaba, como se vio en sus tuits, con que Cynthia Viteri y Guillermo Lasso obtendrían más o menos un número similar de votos. No contaba con que Lasso suba a 28% y Viteri se quede en 16%. Iván Espinel, candidato puesto por el gobierno para quitar votos a Lasso, terminó siendo, si se miran los resultados, un candidato chimbador para el propio Moreno… Los cálculos correístas, sumados a las irregularidades del CNE, fallaron y no les alcanzó para ganar.

El correísmo no solo había previsto ganar en la primera vuelta: tenía preparada la celebración. Estaba tan seguros del triunfo que permitió, tras hacerse los sordos, el exit poll de Cedatos y el conteo rápido de Participación Ciudadana. Esas instituciones, aceptadas para legitimar el triunfo, terminaron siendo los muros contra el cual se estrelló el régimen: sus resultados se convirtieron en puntos de referencia a los cuales se sujetó el electorado nacional.

A partir de ese chasco, que fue recibido con cara de deudo, el gobierno improvisó una estrategia: no publicar el conteo rápido contratado por el CNE a la Politécnica Nacional. Declararse ganador esperanzado en que el CNE proclame el triunfo de su candidato. Hacer creer que los resultados del escrutinio de actas por parte del CNE podían cambiar radicalmente, cuando era evidente que la muestra estadística ya se había estabilizado. Ganar tiempo y desprestigiar a los manifestantes de querer incendiar el país cuando fue obvio que Juan Pablo Pozo, faltando a su palabra, decidió llevar el escrutinio a paso de tortuga.

Un nuevo giro se hizo evidente tras las manifestaciones frente al CNE en Quito y Guayaquil y la publicación, por parte del Consejo de Generales, de un comunicado exigiendo al CNE la publicación de los resultados del voto popular. Pozo se dio las vueltas pero terminó, este martes 21 en una reunión con periodistas, admitiendo que la muestra del escrutinio de actas ya no podía cambiar. La segunda vuelta era un hecho. En ese momento el correísmo, al que le cuesta hacerse a la idea de haber perdido en la primera vuelta, dio un paso impensable hasta entonces: acusar al CNE de cometer fraude. Incluso unos jerarcas, como Marcela Aguiñaga, pidieron que Pozo renuncie. Es decir, ¿Pozo y sus vocales que han sido verdaderos pasa papeles del Ejecutivo en el CNE, migraron de pronto, con actas y bártulos, a la oposición? José Serrano convirtió esa rueda de molino en una queja que, por supuesto, es una pieza más para el museo de ficciones que dejará este gobierno.

Correa y el correísmo no solo se victimizan. Evocan una razón superior –algo inasible que no sea la voluntad popular (un fraude, por supuesto)– para hacer pasar en sus rangos esta derrota jamás prevista. Solo un fraude puede justificar que ellos, mensajeros de la Historia con H, intérpretes de los altos designios ciudadanos, puedan estar a punto de perder la Presidencia de la República. Y si para eso tienen que usar a Juan Pablo Pozo (amenazándolo o pidiéndole que sea de nuevo parte del tongo) pues no importa. Al fin y al cabo las revoluciones, como Saturno, terminan devorando a sus propios hijos.
Foto: CNE

La derrota aplastante del correísmo

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-20 a las 8.33.42 a.m.

El gobierno perdió la máxima apuesta de esta campaña: ganar en la primera vuelta. El resultado electoral es un desmentido incuestionable al optimismo marquetero del gobierno que nunca dudó en afirmar que ganaría de largo en la primera vuelta. El aparato compró ese discurso que Rafael Correa recitó desde antes de admitir que no sería candidato en esta elección.

Perder en la primera vuelta es un revés político inmenso para Rafael Correa. Él puso el aparato del Estado y la Presidencia de la República al servicio de la campaña de Lenín Moreno. Presupuestos, agendas, programas de inauguraciones, logísticas burocráticas, sabatinas, discursos… Todo hizo el gobierno de Correa por Lenín Moreno confirmando, una vez más que el correísmo es un Estado-partido sin equivalente en la historia del país.

Esto da mayor relieve al traspié electoral de Lenín Moreno. Tiene el mayor número de votos en la primera vuelta, pero sabe que 65% del país votó en su contra. Políticamente, esto sella la pérdida de convocatoria de Rafael Correa y el desgaste de un aparato que se constituyó, se articuló y funcionó alrededor de un caudillo. Un aparato concebido para un periodo de bonanza económico, que acalló las diferencias en sus propias filas y siguió ciegamente al líder. Ese aparato no fue preparado para cambios de liderazgo, disensiones políticas y ejercicio ético del poder. Lo prueba la miserable actitud asumida ante casos evidentes de corrupción en los cuales están involucrados Jorge Glas y otros jerarcas del correísmo. Los resultados adversos para el gobierno, a la luz de sus expectativas, prueba que una franja de electores también castigó la actitud encubridora que el propio Rafael Correa expresó ante la corrupción en cuatro formas: buscar chivos expiatorios, dorar la píldora, patear la pelota hacia delante y victimizarse.

Moreno es  consciente del hastío que genera el correísmo. Sabía que el voto duro y clientelar de ese partido no le alcanzaba para ganar, aún teniendo de su lado a un árbitro comprado. Eso explica su decisión de vestir camisa blanca en vez de verde, declarar el fin de la guerra que Correa hizo a la sociedad durante diez años y proponer un gobierno de mano tendida y diálogo. Ese discurso le ayudó a mantener sus cifras por encima de las del correísmo, pero no le alcanzó para ser percibido –como sus estrategas pretendían– como un candidato diferente y ajeno a este gobierno. Moreno contaba con el voto duro del correísmo y pretendía superar la barrera del 40% con votos suyos, provenientes de los indecisos. Ese cálculo le falló. Y este será una de las talanqueras más difíciles de circunvalar en la segunda vuelta.

Moreno jugó a no crear olas, evitar las conexiones públicas con el régimen (pero aceptando todo el apoyo logístico e institucional), esconder a Jorge Glas (el mayor peso muerto que arrastra), eludir a los otros candidatos y a los medios… En una palabra, quiso ganar de un solo golpe exhibiendo los atributos de policía bueno que atesoró durante los siete años que estuvo al lado de Rafael Correa. Atributos que pretendió conservar refugiándose en Ginebra gracias a la beca ilegal que le otorgó el gobierno. Esa estrategia en la cual pesó más su persona que sus ideas lo llevó incluso a explotar, queriendo suscitar conmiseración, el vil ataque que lo tiene en una silla de ruedas. Eso no le alcanzó. Como tampoco le funcionó la campaña populista desenfrenada en la que ofreció casa, empleo y bonos como si fueran confetis. Todo pagado naturalmente por el Estado.

Moreno quemó todas las naves en esta etapa de la elección. Al punto de que si quiere ganar en la segunda vuelta, tendrá que reinventarse en forma total. Su problema es que todo milita en su contra: la presencia de Correa en este momento que ya no aporta votos: quita. Glas es otro peso muerto y puede convertirse en un insumo letal si aparece en alguna lista de aquellas que causan pánico en Carondelet. Esos escándalos de corrupción hacen de Lenín Moreno un compañero de ruta poco apetecido por aquellos que, en la izquierda tradicional o en otros partidos, quisieran subirse a su camioneta. Su falta de densidad política será un problema ahora que Guillermo Lasso lo reta a tener un debate por semana para cotejar sus propuestas ante la opinión sobre los principales problemas del país. Escabullirse, como lo hizo en la primera vuelta aduciendo que quería conversar y no debatir, le será más difícil ahora que las cámaras están puestas en dos candidatos; ya no en ocho. Aceptar puede desnudar sobremanera sus inconsistencias.

En cualquier caso, Moreno tiene la presión de la segunda vuelta y esta mañana ya develó en un canal gobiernista, TC Tv., parte de su estrategia: atacar a Lasso por banquero y por ser rico. Parece poco si quiere revertir el voto de parte del 65% del electorado que este domingo dijo no al continuismo. Al no haber ganado en la primera vuelta, como lo tenía previsto y promocionado, el correísmo produjo, además, un mensaje que funciona en detrimento suyo: su tiempo terminó. Correa, Moreno, Glas y los otros, juegan ahora en terreno adverso. Y se sabe que, acostumbrados al confort del poder, son pésimos remando a contracorriente.

Foto: los jerarcas del correísmo la noche del domingo. 

… Y llegó el 19 de febrero

en Columnistas/La Info/Las Ideas por
diego-ordonez-ok

El dinero fluía a borbotones por los oleoductos. Los abusos, represión y pisoteo de libertades se soslayaban por la sensación de bienestar económico. Era la época en que se fraguaba el colapso de la economía y que la propaganda -la perversa propaganda obra de dos mequetrefes sin moral- cínicamente calificó del “milagro ecuatoriano”. Lo obvio sucedió. Se robaron el futuro despilfarrando en el presente y cuando la cresta de la ola se vino abajo, dejó ver los latrocinios, las coimas, la corrupción.

Este colapso moral y de la economía han tenido efectos políticos contundentes. El correísmo ya no navega en un océano de un gran apoyo electoral. La credibilidad de Correa y de Moreno, que siempre fue superior, han caído sustancialmente. Y la intención de voto, mas allá de las inverosímiles cifras que a propósito filtran desde la campaña correísta, no bordea los porcentajes con los que Correa fue electo y reelecto.

El error de Glas en la fórmula presidencial fue subsanado escondiendo a tan cuestionado personaje, al punto de no aparecer en la tarima del cierre de la campaña de Moreno en Quito. Lo que se explica porque se siente el cabreo de la clase media que durante mucho tiempo fue puntal político del correísmo. Quisiera ver a cualquiera de los jerarcas del gobierno, caminar por la calles sin resguardos, sin tonton macoutes, para que sientan “las encuestas de carne y hueso” en su carne y en sus huesos.

Han sido diez años de pesadilla. De ronquidos y gruñidos sabatinos. De inundar de odio. De una incesante publicidad mórbida. De imposiciones atrabiliarias. Diez años con la sensación de que una mafia se apoderó de todas las instituciones para su servicio y su sevicia.

No hay mal que dure tanto ni cuerpo que lo resista. Y llegó el momento en el que la suma de las crisis política, económica y moral, han creado condiciones favorables para derrotar en las urnas al populismo chavista y desalojar del poder a una ralea de aprovechados, sin talante ético para dirigir un país.

En medio de la angustia del deterioro electoral, Moreno recurrió al ofertismo en nivel de supina irresponsabilidad. Se negó a debatir, a exponerse a medios o periodistas que podrían ponerle en riesgo por su limitada retórica y pereza neuronal. Probablemente muchos de aquellos a los que el correísmo aventó al desempleo se dejen nuevamente engañar por las ofertas falsas dichas por un buenoide de apariencia afable. Tengo la certeza de que este domingo 19 de febrero los engañados o fanáticos no serán suficientes para perennizar la pesadilla y que tendremos la opción de votar por el cambio y lograr ese cambio.

Para muchos, ojalá la mayoría, el estatismo político y económico les ha movilizado a apreciar y demandar un sistema de libertades. Un sistema en el que el Estado no sea el que se apropia de los recursos porque tampoco los redistribuye, mas bien los digiere en ineficiencia y corrupción. Un sistema que respete la iniciativa individual y permita competencia sin prebendas ni protecciones. Llegó el día en el que podemos optar por esa alternativa.

Luz gratis, aumentar el valor del bono, aumentar sueldos, perdonar deudas e intereses, casas gratis, y ofertas de esta laya, que se escucharon desde los populismos de derecha y de izquierda son fraudulentas. Reproducen los elementos propicios para nuevas aventuras populistas. Llegó el día en el que también permitamos el surgimiento de opciones políticas que se no se construyan sobre el carisma tarimero e histriónico y en el clientelismo. Al fin ese día llegó.

Diego Ordóñez es abogado y político.

La sombra que proyecta el CNE estremece

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-18 a las 11.08.53 a.m.

El Consejo Nacional Electoral es un juez que debe ser imparcial. Pero el que dirige Juan Pablo Pozo se ha granjeado tantas sospechas que la sombra que proyecta luce aquí dibujada por Chamorro.  De juez discreto, el CNE pasa a ser el gran protagonista de la elección de este domingo. Otra aberración que se ha vuelto normal bajo la Revolución Ciudadana.
Sigue leyendo

Juan Pablo Pozo, ¿va a hacer fraude este domingo en el CNE?

en Caricaturas/La Info por
Captura de pantalla 2017-02-18 a las 10.42.57 a.m.

Muchos electores ni sospechan la batalla que se dará este domingo, entre el gobierno y la oposición por los resultados de las elecciones. Esto no es normal porque hay un juez, el Consejo Nacional Electoral (CNE), que debería inspirar confianza a los electores y a los actores políticos. Pero ese organismo, dirigido por Juan Pablo Pozo, lejos de desvanecer las sospechas de fraude que pesan sobre él, se ha dedicado a fortalecerlas.

El CNE es la mejor prueba del fracaso institucional del correísmo. Hace diez años, Rafael Correa y sus amigos juraban que iban a fundar instituciones unánimemente respetadas. Ninguna lo es. Y la máxima autoridad electoral, que antes era controlada por todos los partidos, ahora obedece solo a Alianza País. Es normal, entonces, que proyecte una sombra de fraude que ha llevado a partidos y organizaciones de la sociedad civil a montar un enorme operativo de control. Hay ya expertos, como Ana Mercedes Díaz, ex Directora general del CNE de Venezuela, que afirma, al examinar el diseño de procedimientos pautado para este domingo, que hay un fraude organizado.

Todo ha hecho este organismo, dirigido por un correísta confeso, para anclar esta sospecha en la opinión. Nunca atendió las razones dadas por el Observatorio Ciudadano Electoral (repetidas por su coordinador Fausto Camacho en Teleamazonas), en una carta enviada el 2 de febrero de 2017. En ella mostró cómo el CNE cambió procedimientos fundamentales que afectan la transparencia de las elecciones y la probidad del resultado. Este Observatorio Ciudadano hizo hincapié en el tratamiento del acta de escrutinio de la cual debe haber tres ejemplares. El tercero, que debe ser pegado en el lugar donde funcionó la junta, desapareció en la normativa reciente que sacó el CNE, violando normas superiores.

El CNE nunca respondió el interrogante fundamental: ¿qué pasará con la segunda acta que, en vez de ir de la mesa a la Junta Provincial, sufre un desvío. Este domingo será entregada a un policía que abrirá el sobre para escanearla, rompiendo así la cadena de custodia. Esto viola la ley porque la Junta Provincial Electoral es la única facultada por ley a abrir el sobre y conocer las actas en una audiencia pública de escrutinio. El CNE pensó eludir su responsabilidad diciendo que sí existe la tercera acta. Es un sofisma porque lo que Pozo y sus funcionarios llaman tercera acta es “un resumen de resultados”.

La segunda acta es, en realidad, la que suscita los mayores interrogantes. Se sabe que Telconet transmitirá esas actas al CNE. Telconet es la empresa de Tomislav Topic, amigo de Jorge Glas. Pero más allá de quién transmita, hay graves reparos a los procesos establecidos por el CNE y a sus sistemas informáticos que no podrán ser auditados en forma independiente y completa. No hay auditor alguno, enviado por los actores políticos, que se haya declarado conforme pues hasta en las sesiones de información fueron guiados por técnicos del CNE. Dicho de otra manera, será imposible auditar los servidores involucrados en la transmisión y procesamiento de actas.

Expertos digitales que hablaron con 4Pelagatos insistieron en que no se cumplieron los protocolos que hubieran podido generar total certidumbre sobre la transparencia del proceso. Un ejemplo: no se podrá comparar los hash de las actas al ingresar al sistema y al ser recibidas por el CNE. El código hash es una suerte de huella digital del documento (en este caso el acta). Si su contenido sufre la más mínima modificación (lo cual es posible digitalmente hablando) se genera automáticamente un nuevo hash. Como este, hay muchos ejemplos de irregularidades o vacíos en el diseño de procedimientos del CNE para la elección de este domingo. Juan Pablo Pozo, y el CNE en general, han permanecido sordos a estas alertas y pedidos de cambios, nutriendo las sospechas de que el gobierno vuelve a jugar en la cancha electoral con juez comprado.

Esto explica los innumerables operativos anunciados por los partidos para cuidar el voto, cuya eficiencia (a la luz del entramado tecnológico montado por el CNE y Telconet) no está probada. Cedatos hará un exit poll con 34.000 muestras en 23 provincias que Angel Polibio Córdova, su principal, presentará a las cinco de la tarde en Ecuavisa. El margen de confianza anunciado es del 97%. Participación Ciudadana, dirigida por Ruth Hidalgo, efectuará un conteo rápido sobre binomios presidenciales, asambleístas nacionales y provinciales. Lo presentará a las ocho de la noche y su margen de error –tradicional en esta organización seria de la sociedad civil– es de 1%. Empresas ligadas al gobierno anunciaron que harán exit poll. El CNE dará a conocer, igualmente, un conteo rápido a las ocho de la noche “con un margen de error menor al 1%”.

Aquí el reto del gobierno es que sus cifras coincidan con la de los actores independientes. El CNE y Juan Pablo Pozo endosan la responsabilidad de que así sea. Bastantes méritos han hecho para crear esta nube de sospechas que pesa sobre una jornada electoral que requiere profesionalismo e imparcialidad de su parte y no irregularidades, discrecionalidad, violaciones de la ley y politiquería del más bajo nivel: a eso se han dedicado.

Foto: Agencia Andes

¿ Qué les pasa que lucen tan desesperados?

en La Info por
Captura de pantalla 2017-02-16 a las 6.53.29 p.m.

Lenín Moreno ganará de largo en la primera vuelta: ese es discurso del oficialismo. Los hechos no parecen acompañar ese optimismo propagandístico: Lenín Moreno multiplica su carnaval de ofertas; Jorge Glas ya no es exhibido en la tarima y Rafael Correa redobla medidas y ofrecimientos con claro sello electoralista.

El correísmo da señales inequívocas de ansiedad e incertidumbre. En estos días cruciales para su sobrevivencia cortocircuita los mensajes. La esposa del Presidente no había hecho hablar de ella en diez años. O apenas. De pronto lo hace pero en desmedro suyo y del gobierno al apoyar a un procesado por la violación de un niño de 5 años. René Ramírez, en un claro intento para justificar el elefante blanco de Yachay y la supuesta atracción que ejerce la revolución Ciudadana sobre los inversionistas extranjeros, inventa una farsa de una osadía incomensurable: la llegada de $3 000 millones para construir autos eléctricos en Yachay. El vocero de Tesla desmiente en 4pelagatos ese infundio, que Correa también promocionó.

¿Hace esto un gobierno seguro de que su candidato gana en la primera vuelta? ¿Un Presidente saliente, seguro del triunfo de su sucesor, planifica inauguraciones en educación, salud y vialidad (algunas a medio terminar) y regaña a sus funcionarios por no tener presente “los tiempos políticos”? ¿Se acuerda, tras diez años de gobierno, de subir salarios a 15 000 maestros? ¿Abre hospitales con equipos prestados y un nivel de operatividad que no supera en casos –el del Guasmo Sur– el 60%? ¿Viola el artículo 205 del Código de la Democracia que prohíbe la publicidad con fines electorales? ¿Promete pagar a los proveedores con los que el Estado tiene deudas desde que bajó el precio del petróleo? Un presidente seguro de que su candidato va a barrer en las elecciones, ¿condona costas, gastos, recargos e intereses (como consigna en la Ley que mandó a la Asamblea) para beneficiar a los deudores de BanEcuador (ex Banco Nacional de Fomento) por hasta $20 000? ¿Esto a ocho días de las elecciones?

Ese baratillo de ofrecimientos de última hora compone un cuadro que, si se junta al populismo desenfrenado de Lenín Moreno, habla de un candidato en jaque; no de un candidato al que le sobran votos como afirma el oficialismo. Esto conduce a otra paradoja: Moreno no hace campaña aludiendo al balance de Correa; tampoco recitando el programa de gobierno que le entregó Alianza País  y que él se sentó a evaluar con algunos jerarcas del correísmo. Hace campaña como un desheredado: multiplicando ofertas populistas cuyo monto, para el erario público, no parece preocuparle.

En este ejercicio, el candidato oficialista puede ser etéreo, como lo es en el plan “Toda una vida”. Ese video merece ser visto: es una pieza de colección donde se ve cómo un político pide votos y, al tiempo, mete la mano en los bolsillos de los ciudadanos. Es un plan -dice él- para madres y niños “desde la concepción hasta los primeros mil días del bebé”. Un plan para jóvenes: “se crearán –dice Moreno– miles de plazas de trabajo y daremos créditos (hasta $15 000) a tus emprendimientos”. El bono de desarrollo subirá a $150 “dependiendo de las condiciones de vulnerabilidad de la familia”? El plan no olvida a los abuelos. Se llama “Mis mejores años” y al candidato se le oye decir que duplicará la pensión a $100. Con “casa para todos”, cientos de miles de familias tendrán casa propia “sin costo para los pobres y con mínimas cuotas ($20 mensuales) “para quienes puedan pagar algo”… Ese plan es un pasaje hacia la felicidad total pagada por el Estado. Casa, empleo, bonos… Todo casi gratis. Todo en el mejor estilo de Fredy Ehlers. Los interesados solamente deben inscribirse por Internet y dejar sus datos reales…

En este ejercicio, el candidato oficialista también puede ser pasmosamente concreto. Ejemplos: en Tonsupa, Esmeraldas, prometió, a las personas con discapacidad y a sus familias, vivienda digna “sin pagar un solo centavo”. A las parejas jóvenes ofreció construcción de viviendas. “Daremos vivienda a los jóvenes ecuatorianos con mensualidades desde $ 20 hasta $ 60 sin entrada”. En Milagro dijo, este 10 de febrero, que a partir de mayo subirá la pensión jubilar de los afiliados al seguro social campesino a $100 mensuales…

Lenín Moreno no parece el continuador de un modelo exitoso como pregona el presidente, sino un candidato que para ganar recurre al peor libreto: hacer actos de prestidigitación y mentir sin empacho para embaucar al elector. Así, en los hechos, se ha convertido en el candidato más populista de los ocho aspirantes a la Presidencia. Su ramillete de ofertas y las medidas o leyes que Correa se ha inventado para ayudarle, tienden a probar que no tiene todos los votos que dice el oficialismo. Moreno además pone algunas bombas de tiempo en su propio camino: si llegase a la Presidencia tendrá que pagar las facturas que Correa deja porque construyó, durante la bonanza económica, una clientela electoral que hoy es insostenible mantener. Moreno hace méritos para que ese panorama reviente la economía por completo.
Foto: Presidencia de la República

¿Sabe por qué vota el Mashi por Lenín?

en Caricaturas/El Humor/La Info por
Captura de pantalla 2017-02-13 a las 8.40.01 a.m.

El Mashi no vacila: su decisión está tomada. Chamorro tiene claro por qué el excelentísimo hace campaña, de corazón y con fondos públicos, por Lenín Moreno. En cambio los ciudadanos, alrededor de un 20% al parecer, todavía no saben por quién sufragar el próximo domingo. Y están sometidos a las más disparatadas ofertas…
Sigue leyendo

Binomio Moreno-corrupción

en Columnistas/Las Ideas por
diego-ordonez-ok

Las batalla de tuits y videos entre Capaya y Correa muestra varias facetas de la corrupción. Así como Facundo Cabral definía los distintos tipos de pendejos, la cloaca en la que se ha convertido el Estado y el movimiento político que lo convirtió en su feudo, sirve para identificar las formas en que las personas pueden ser corruptas.

Están los que hacen: son los que tienen la capacidad de vender sus decisiones. Adjudican contratos por su voluntad, con la chequera abierta para sobrepagar precios.
Están los que no hacen: aquellos a los que la ley y la ética obligan a fiscalizar, denunciar, investigar, sancionar y que guardan silencio por complicidad, por miedo o por –y es lo más seguro– una tajada en la mordida corrupta para llevarla a sus bolsillos.
Están los que facilitan: aquellos que legislan para ampliar la discrecionalidad del funcionario público, que declaran en emergencia las obras para justificar la adjudicación a dedo; que persiguen a los que denuncian para espantarlos y dejar a salvo a los que roban.
Están los encubridores: no recogen la denuncia y la procesan sino que usan la publicidad y la mentira para declararse víctima y gritar, desde el lodazal, que el gobierno es pulcro y que los corazones arden aunque es evidente que son sus bolsillos los que queman.
Están los sinvergüenzas: los esféricos diría Cabral porque se les ve por todos los lados que se aferran al cargo sin aceptar ningún nivel de culpa por haber permitido el latrocinio.

La ética revolucionaria es, a estas alturas, fétida y tan limpia como sanitario de gasolinera. Los jerarcas del gobierno, entre prófugos y aspirantes a prófugos, apenas tienen formas para tratar de limpiarse la boñiga que se arrojan levantando el secreto de sus tratos íntimos, o sea, sacando sus trapos sucios al sol. Pareja ha hecho su parte y Correa la suya, dejándose llevar por el hígado, y están haciendo una contribución a la transparencia. Paradoja cínica: por la pelea entre compadres, por versiones de prófugos, la verdad se va conociendo.

Lenín Moreno decidió cobijarse con esa colcha sucia. Fue vicepresidente cuando se han producido estos actos de corrupción. Y su binomio, aquel que nunca tuvo un asomo de pudor cuando se evidenció la copia del Rincón del Vago, ha estado a cargo durante estos años de las áreas del feriado de las coimas: en PetroEcuador y en las obras construidas por Oderbrecht. En esas áreas Glas tuvo el control, la decisión, la supervisión y debería tener la responsabilidad.

En un país de gobernantes decentes, de instituciones decentes, de funcionarios decentes, ya habrían renunciado todos, pidiendo disculpas por haber permitido tanto latrocinio. Por el contrario, por la ética inaugurada hace ya diez años, tenemos funcionarios que retan, que son capaces de sustraerse entrevistas realizadas por periodistas independientes (abrazo a Janet y a Tania, al paso) para editarlas y distorsionarlas; que se inventan conspiraciones. El contra-ataque mediático del correísmo pinta de cuerpo entero su genética moral.

Moreno pretende sustraerse a este mega escándalo. Con el tono trastrabillado ofrece combate a la corrupción. Así como empleo. Y lo hace cuando ha sido su tutor político quien ha sepultado la moral y el empleo. Cree que escondiendo a Glas del escrutinio de la prensa esto se diluirá suponiendo que, una remota reelección les garantizará la impunidad de la que han gozado estos diez años.

Sea lo que fuere que suceda en la elección que se avecina, lo cierto es que quedará escrito en los libros de historia que este gobierno es el más corrupto del que se tiene memoria y que sus funcionarios han sido, más que servidores, usufructuarios en muchas formas: por abusos de poder, por uso libertino del dinero público en despilfarro, viáticos, becas; por embolsicarse el dinero impúdicamente; y por el silencio cómplice e inmoral de tantos de cuya hoja de vida, en algún momento, por vergüenza, deberán eliminar que, de alguna forma, sirvieron al correísmo.

Diego Ordóñez es abogado y político.

Ir Arriba