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145 mil dólares pagó el CNE para sondear obviedades

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Una institución pública que es incapaz de construir confianza y legitimidad institucional tiene que pagar, tarde o temprano, mucho dinero para tratar de construirla a través de campañas de comunicación o publicidad.

Esto es lo que le ocurrió al Consejo Nacional Electoral presidido por Juan Pablo Pozo: pagó un total de 145 mil dólares (127 mil 900 dólares más IVA) para hacer una serie de sondeos de opinión pública que pretenden establecer cuánta confianza tiene la gente en su trabajo. Algo que no hubiera sido necesario si hubiera sido una institución que, por su conformación de origen y conducta, hubiera construido credibilidad en la sociedad.

En enero del 2017 el CNE decidió contratar a la empresa Perfiles de Opinión, representada por Paulina Recalde, para que haga una serie de encuestas que rayan en lo absurdo porque lo que se pretende saber son cosas de sentido común. Tan sentido común como ¿qué se espera del trabajo de una autoridad electoral? Como si no fuera obvio y lógico que cualquier sociedad que vive en un sistema democrático no esperara otra cosa de una autoridad electoral que transparencia e imparcialidad: dos cosas que son imposibles que la gente sienta frente a un CNE por el simple hecho de que sus cinco miembros pertenecen al mismo partido de gobierno y jamás dieron muestra de imparcialidad frente al proceso electoral.

Propuesta técnica hecha por Perfiles de Opinión PDF

El contrato con Perfiles de Opinión, empresa que ha tenido relaciones incestuosas durante años con el  correísmo, fue firmado a partir de una resolución tomada por el CNE el 25 de enero del 2017. Ahí se dijo que era necesario contratar  “sondeos de opinión a fin de generar estrategias comunicaciones y las acciones a tomar de acuerdo a los planes operativos del Consejo Nacional Electoral”.  Es decir, eufemismos burocráticos aparte, para generar confianza que institucionalmente el CNE no estaba en capacidad de ofrecer.

Perfiles

La decisión se respaldó en un estudio hecho por la Dirección Nacional de Comunicacional Institucional del CNE en el que, en seis páginas de jerigonza burocráticas que parece salida de la Unión Soviética, se determina que la institución necesita “indicadores de seguimiento de opinión pública para generar insumos de cumplimiento de metas del plan estratégico”. En ese mismo plan se establece que “el seguimiento de la opinión pública deberá medir el porcentaje de credibilidad institucional del CNE, porcentaje de percepción ciudadana de transparencia de los procesos electorales, nivel de satisfacción de los ciudadanos y ciudadanas con respecto a los servicios del CNE, nivel de uso de servicios en línea por parte de la ciudadana, porcentajes de posicionamiento institucional del CNE, entre otros”.

En otras palabras, los 147 mil dólares que el CNE se ha comprometido en desembolsar a Perfiles de Opinión tienen como objetivo trazar una política de propaganda y persuasión para convencer a la gente de que se hace un trabajo honesto, transparente e imparcial.

En lenguaje de burocratismo soviético se dice, en el estudio de Dirección Nacional de Comunicacional Institucional del CNE, que “con esta contratación se espera alcanzar una muestra representativa de la ciudadana considerando las áreas geográficas (Quito, Guayaquil, Cuenca, Manta, Puyo, Resto Sierra, Resto Cosa, Resto Amazonía) con el propósito de realizar un balance institucional desde el ámbito comunicacional, y de esta manera contar con los insumos cuantitativos y cualitativos para que la Coordinación General de Comunicación y las Direcciones Nacionales que la conforman, generen las estrategias y acciones comunicaciones para mejorar la difusión de los mensajes externos, acogiendo la opinión ciudadana”.

Perfiles 2

La contratación de Perfiles de Opinión, además, fue hecha de forma directa y sin concurso. A dedo. “Se invita a Perfopis Perfiles de Opinión” a que presente su oferta técnica y económica para la “contratación de sondeos de opinión a fin de generar estrategias comunicacionales y las acciones a tomar de acuerdo a los plantes operativos del Consejo Nacional Electoral”.

El desembolso de los casi 128 mil dólares es apenas una pequeña evidencia del costo que significa al país tener instituciones que, por su falta de legitimidad democrática, no son capaces de generar confianza ni credibilidad.  Por eso, necesitan de estudios y campañas publicitarias para tratar de vender a la gente la idea de que son instituciones creíbles e imparciales.

El costo, sin embargo, no solo es económico. Una sociedad que no se siente segura de la conducta de sus instituciones es una sociedad que en cualquier momento puede dar rienda suelta a su desaprobación y molestia.  Juan Pablo Pozo y los otros cuatro miembros del CNE no dieron muestras de imparcialidad cuando permitieron que la candidatura de Gobierno tenga las más grandes y groseras ventajas durante la campaña, como el libre uso de los bienes del Estado o la presencia casi exclusiva y permanente en los medios de comunicación administradas por el Gobierno. Son casi 128 mil dólares que se destinaron a un objetivo que, en una democracia normal, no hubiera sido necesario desembolsar. Si quieren celeste, que les cueste.

Tres pescadores hunden aún más a Juan Pablo Pozo

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Durante diez años el correísmo se ha especializado en recurrir a la propaganda como fuente de legitimidad. Para los publicistas y las agencias de publicidad, que a más de forjar inmensas fortunas han manejado el Estado durante los últimos 10 años, la legitimidad democrática no se la construye sobre la base de instituciones independientes sino a través de imágenes y mensajes emotivos. 

Esta lógica ha sido puesta ahora al servicio del presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo. Para sacarlo del bache de credibilidad en el que se halla sumergido, el CNE, donde nada se hace sin la aprobación del mismo Pozo, ha puesto en circulación un video en el que tres humildes pescadores de la provincia de El Oro aparecen santificando a Pozo y su trabajo al frente del CNE. Los tres pescadores, que no tuvieron nada que ver con la transparencia del escrutinio, salen en lancha dando fe de que el trabajo en el escrutinio fue transparente y confiable. ¡Cómo saben estos humildes pescadores de procesos electorales!

El primer pescador en aparecer en el video se llama Julio Yorela y es presidente de la Caleta Pesquera de Bajo Alto. “Juan Pablo Pozo ha demostrado delante de nosotros una gran legalidad”, dice en tono solemne mientras la lancha avanza y los otros dos personajes están a sus espaldas. “Hemos sido testigos de la transparencia y la participación de las organizaciones políticas  del proceso electoral de la primera y segunda vuelta de las elecciones generales 2017″, dice luego Fulton Jaén, presidente de la Comuna Bajo Alto. Por último aparece Fabricio Carriel, presidente de la Red de Pescadores de El Oro. “Doctor Juan Pablo Pozo siga adelante con ese liderazgo, que usted acaba de inscribir un hito en la historia de la democracia de la República del Ecuador”.

Los tres protagonistas del video recitan unas líneas que, evidentemente, memorizaron o alguien les hizo leer mientras eran filmados en la lancha. Los tres lo hacen de forma solemne y casi mecánica, como si estuvieran dando un discurso de incorporación a una academia de la lengua o algo por estilo. Todos intervienen en una forma en que cualquier vestigio de naturalidad o espontaneidad queda anulada.

El video, que lleva el sello del Consejo Nacional Electoral, es la invención de alguna agencia de relaciones públicas o de algún asesor de imagen para rescatar del abismo de credibilidad en el que está Juan Pablo Pozo. Quienes lo produjeron e idearon, lo hacen con la misma mentalidad con la que durante todos estos años se ha mantenido inflada la imagen de decenas de funcionarios y organismos estatales. Se escogió a tres hombres humildes, y no de clase media, porque en el relato correísta solo los pobres pueden legitimar la política.

Uno de ellos lleva un smartphone en la mano que cumple la doble tarea de aparentar ser la cámara que filma la escena y ser una suerte de símbolo del progreso y superación de la #décadaganada. El recurso raya en lo ridículo. ¿Cómo le demostró Pozo a Julio Yoreda la legalidad con la que actuó “delante de nosotros” como dice? ¿De qué transparencia y participación de las organizaciones políticas del proceso electoral habla Fulton Jaén? 

Es inverosímil que a alguien se le haya ocurrido que tres pescadores puedan aparecer ante la opinión pública como autoridades de un tema en el que hay poquísimos expertos en el Ecuador.   Quien tuvo esa idea, definitivamente, le hizo flaco favor a Pozo.  El video es ostensiblemente postizo, falso y muy poco convincente. La gente se da cuenta fácilmente que tres pescadores no tienen por qué entender cómo funciona un proceso tan complicado como el electoral y que lo que ellos dicen sobre ese tema no es convincente.  Se trata, sin duda, de un recurso fallido para sacar a Pozo del bache. Por el contrario, lo vuelve a hundir y más profundo.

Pozo también puso de su parte en este fallido operativo de rescate. Como el video fue puesto en redes por el CNE de la provincia de El Oro, Juan Pablo Pozo escribió en su cuenta de Twitter un mensaje pretendiendo aparecer como si él no hubiera sabido nada del tema. “Gracias queridos amigos, por sus mensajes de apoyo y afecto”, dijo Pozo en Twitter en tono de político en campaña.

El video no solo hace quedar mal a Pozo por ser postizo y forzado. También confirma que quienes idearon el sistema político vigente en el Ecuador, donde la independencia de poderes es una ficción, son víctimas de su propio invento. Hoy nadie cree en el CNE y su Presidente. Mañana nadie creerá en la Fiscalía en el Fiscal. Y así.

Correa renuncia a lo sagrado por legitimar a Moreno

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¿Qué darías a cambio de que la gente finalmente se convenza y acepte que Lenín Moreno ganó legalmente las elecciones? Pues Rafael Correa ha anunciado que, por eso, daría a cambio algo que para él es sagrado: una sabatina.

En efecto, Correa demostró durante su enlace 519 que está tan desesperado por darle legitimidad a la victoria que el Consejo Nacional Electoral le otorgó a Lenín Moreno y Jorge Glas, que anunció que el sábado 22 no habrá enlace porque ese día y a esa hora habrá una concentración, organizada por su gobierno, en la avenida de la Shyris, en Quito, para demostrar que sí hay gente que cree en que las elecciones fueron transparentes y honestas.

En anuncio lo hizo desde Santa Elena y ocurrió en medio de un nuevo intento que hizo por darle legitimidad a los resultados del CNE y quitársela a los movimientos que han protestado porque creen que la autoridad electoral no ha actuado de forma transparente.

El esfuerzo parece sin duda significativo. Correa no solo que en al menos dos ocasiones ha dicho que las sabatinas son sagradas, sino que nunca o casi nunca ha suspendido una y, cuando lo ha hecho, ha dejado encargado al vicepresidente Jorge Glas de esa tarea. Pues bien, el sábado 22 él y Glas estarán con banderas del Ecuador animando a quienes se concentren para respaldar a Moreno y al CNE. Así de preocupado luce Correa y el Gobierno por dejar a Lenín Moreno en el poder con legitimidad y capital político.

La sabatina 519 fue una suerte de repetición de la anterior, que se hizo en Palenque, provincia de Los Ríos, pero con ciertos matices. Esta vez Correa se cuidó mucho, pero con muy poco éxito, de no lanzar tanto odio e inquina como la vez pasada, pues fue evidente que alguien le hizo caer en cuenta el mal que le hizo a su imagen el haber desparramado tanta vileza y pobreza humana.  Esta ocasión Correa trató de bajarle el tono a su discurso de odio social y racial, aunque es claro y notorio que eso le resulta imposible. En más de una ocasión se dejó arrastrar por su propia humanidad y, tal como en el enlace anterior, denigró, humilló e insultó. Lo hizo nuevamente con Ecuavisa a la que calificó de organización mafiosa, con Cedatos a la que tildó de fraudulenta, con Ruth Hidalgo de Participación Ciudadana a quien otra vez le deseó que vaya a la cárcel y con Guillermo Lasso a quien, entre otras cosas, le dijo ricachón engreído que quiere comprar la Presidencia.

Pero hubo una diferencia básica entre el discurso del enlace 519 y del 518.  Esta vez Correa ya no centró tanto en la supuesta victoria de Lenín Moreno, sino más bien en el hecho de que ese día hubo canales de televisión que basaron su cobertura de los resultados con el exit poll de Cedatos que daba como ganador a Guillermo Lasso. Le dio tanta importante a eso que en dos ocasiones preguntó: “¿saben lo que pasó el 2 de abril? Ese día Ecuavisa proclamó como presidente electo a Guillermo Lasso sobre la base de una consulta fraudulenta”.  Fue como si en su subconsciente se le hubiera borrado que ese día también competía su correligionario Lenín Moreno. “Lo que pasó ese día fue gravísmo”, dijo en otro momento. “Lo que paso el domingo 2 de abril, no puede repetirse en la historia patria, no puede crear un estado de opinión, donde mandan los presentadores vendidos de Ecuavisa, y no el pueblo ecuatoriano, tenemos que cortar de raíz esto, una vez que se aclare todo lo que han enturbiado. Es impresionante el poder de cierta prensa”, dijo asismismo volviendo a invisibilizar a Moreno. “Aquí compañeros manda la mayoría, no el billete de un banquero caprichoso. Hasta hoy no han demostrado fraude. Es gravísimo lo que pasó el 2 de abril, Cedatos tendrá que responder a la ley, los malos perdedores no pasaran”, insistió.

Lea aquí Correa quiere imponer a Moreno a punta de odio

Luego repasó lo que había dicho el sábado anterior para afirmar, otra vez, que el CNE había actuado transparentemente.  Repetitivo y cansón volvió una  vez más sobre el tema de los observadores extranjeros, sobre el reconocimiento de la OEA, sobre los datos que arrojaron varias encuestas hechas por firmas que han trabajado con el Gobierno…  Y nuevamente dijo que no hubo apagón informático y que lo que ocurrió es que alguien de la derecha banquera pagó a un hacker en EEUU, para tumbar la página de los resultados y poder decir así que hubo fraude.  Son las “elecciones más transparentes como lo ha reconocido el mundo entero”, agregó en un arrebato de inocultable exageración.  Era tan evidente y dramático su desespero por  convencer a la audiencia de que las elecciones habían sido legítimas que dijo esto: “Yo le he ordenado a las Fuerzas Armadas; yo le he ordenado a la Policía Nacional, que si han visto alguna irregularidad, lo denuncien, se los ordeno; todavía los estoy esperando, de hecho se registró una irregularidad contra nosotros, por si acaso, en El Oro, y pronto lo sabrá el país”.

Correa parece no darse cuenta de que con este tipo de intervenciones, lo que está haciendo es dejar en evidencia que defiende al Consejo Nacional Electoral porque él lo ha manejado y porque él se siente responsable del trabajo que esa institución ha hecho.  Curioso y contradictorio intento el de Correa de darle credibilidad a un organismo que solo podría tenerla si es que tuviera independencia, es decir si no dependiera de su omnímoda voluntad.

Si hubo otro matiz que hizo a este nuevo intento por legitimar al CNE algo diferente al anterior, fue su alusión a la Semana Santa y a Eloy Alfaro. A pesar de que cada vez que habla de ese tema dice que no lo hace por compararse ni con Jesús ni con Alfaro, el tono y el contenido de lo que dijo fue bastante elocuente. Correa no puede dejar de pensar en sí mismo cuando habla de Jesús y Alfaro. Siempre traza un paralelismo de la forma y las circunstancias en que ellos murieron con sus circunstancias políticas personales.

Pues esta vez Correa, una vez más, dijo que Jesús y él han sido víctimas de los poderosos, de los poderes fácticos y de los medios de comunicación que entonces como ahora inducen a las masas a cambiar de parecer frente a sus líderes.

“De la historia sagrada podemos sacar muchas para la historia universal, para la historia en general, para la historia pagana, para la historia política. ¿Cómo entra un domingo de ramos con palmas y aclamaciones y cinco días después esa gente lo crucifican y liberan al delincuente de Barrabás? ¿Sí se acuerdan de eso o no? ¿Cambiaron de gusto? !No¡ Fueron inducidos por los medios de comunicación de ese entonces, por los gamonales de ese entonces, por los sumos sacerdotes. (…) Esos cambios de humor de las masas no son casualidad, son inducidos por los poderes fácticos, por los medios de comunicación de ahora y de aquel entonces que eran las grandes autoridades religiosas…. Tampoco olvidar la gente que estaba con Jesús: la gente sencilla, la gente pecadora, los pescadores, María Magdalena, las mujeres, los débiles, quiénes estaban contra ese Jesús (je je, risita nerviosa) los opulentos, los fuertes, los que se acostumbraban a dominar, los poderes fácticos, los desubicados de esos que no se pierden un solo enlace, que toman nota de todo lo que digo, en sus editoriales que nadie lee, ni ellos mismo, para decir que Correa se cree Jesús”, dijo Correa muy al inicio de su enlace.

Su referencia a Eloy Alfaro fue casi idéntica aunque casi al final de su show. “Un siglo después, la oligarquía, la banca y la partidocracia siguen siendo iguales. Cualquier parecido nunca será casualidad, es un orgullo saber que los mismos enemigos e iguales”, sostuvo.

Correa ya está en la ronda de despedida. Si bien sus alusiones a Jesús y a Alfaro no son nuevas, ayer tuvieron un tono de desesperado llamado a que no lo olviden y que lo coloquen en la galería de los mártires, ya sean religiosos o políticos. A fin de cuentas, para él, son la misma cosa.

El CNE no la invitó, porque la Unión Europea no se hubiera tragado el cuento

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Cuando alguien invita formalmente y por escrito a un diabético a un concurso para ver quién come más algodón de azúcar es porque sabe que no va a aceptar. Quizá para lo único que pueda servir la invitación es para que conste en alguna parte. Esto es lo que hizo el Consejo Nacional Electoral con la misión de observación electoral de la Unión Europea: la invitó para venga a hacer algo que no hace. Es decir, la invitó porque sabía que no iba a aceptar las condiciones del CNE.

La confirmación de este oscuro antecedente del reciente proceso electoral lo hizo el CNE de una forma muy graciosa. En un intento por refutar a los periodistas que han dicho que el CNE no permitió que vengan los europeos, ese organismo envió a este pelagato, vía Twitter, la carta en la que se ve que esa misión no aceptó dicha invitación. Pero, ¡oh sorpresa!, en la carta en que la UE no acepta venir a observar la segunda vuelta electoral y que el CNE exhibe como prueba irrefutable de su buen comportamiento, los europeos dicen que no aceptaron venir porque se les invitaba a hacer una observación en “modalidad conducida”. Se prueba que la invitación estaba pensada para que no sea aceptada por un simple motivo: la doctrina y los principios de esa misión les impide hacer trabajos que no sean absolutamente independientes.

Hacer clic aquí para leer la carta de la UE

“En respuesta a su solicitud, le informamos que la Unión Europea no participa en misiones de observación electoral en modalidad conducida por lo que no participará como observadora en la segunda vuelta electoral en Ecuador”,  responde Vincent Ringenberg, representante de la delegación de la UE, al presidente del CNE. Como se ve en la carta, Juan Pablo Pozo envió la invitación el 6 de marzo del 2017. Eso prueba otras dos cosas adicionales: la “invitación” concernía la segunda vuelta y fue hecha faltando apenas días. Un problema insuperable para una misión que, por el tamaño de su operación, necesita mucho más tiempo para sus preparativos.

El documento que el CNE mostró como una prueba de que sí había invitado a la UE se convirtió en un auténtico bumerán en su propia cuenta de Twitter. “En modalidad conducida’, quiere decir manipulada por el partido de gobierno o sea ustedes”, fue lo que posteó la primera persona al tuit del CNE. “Quisieron imponer a la Unión Europa una modalidad conducida a su misión observadora, y encima publican la carta de rechazo???? Jajajaja”, escribía otra usuaria mientras otro decía que “es q hasta para tapar sus errores son bestias. Ahora ya todos entendemos xq no vino la UE como sí sucedió en Perú”.

Los usuarios de tuiter no son tontos. Muchos entendieron que la invitación de Pozo era una mañosería para que el equipo europeo no venga al Ecuador. Y tienen razón. Según el manual de la misión europea, que es público, se menciona entre las condiciones para hacer una misión que “se garantice a los observadores de la UE un acceso sin impedimentos a todas las fases del proceso electoral y se les proporcione oportunamente libre acceso a la información electoral”. Es evidente que el CNE y el Gobierno, del cual depende, no quisieron que la misión europea venga. El presidente Rafael Correa lo dijo expresamente apelando a supuestos principios de reciprocidad: si los europeos no nos dejan observar sus elecciones entonces no podemos admitirles en el Ecuador.

Si la invitación hubiera sido en modalidad independiente, lo que claramente se incluye en el Código de la Democracia, la misión europea seguramente hubiera hecho observaciones que hubieran comprometido la versión oficial de transparencia que dizque ha mantenido el CNE. Basta echar un vistazo al manual que tiene esa misión para entender las razones por las cuales Juan Pablo Pozo hizo lo debido para impedir que viniera. Para comenzar, en sus observaciones finales hubiera dicho que la autoridad electoral ecuatoriana no es independiente y que no garantiza credibilidad. En el manual se establece que hay una serie de preguntas que los observadores deben tener en mente antes de redactar las observaciones: “¿Está la independencia de la autoridad electoral y de sus miembros suficientemente garantizada por ley y en la práctica? En el caso de una autoridad electoral independiente y no partidaria: ¿Refleja la composición de la autoridad electoral un equilibrio de intereses no partidarios? ¿Existe confianza pública en la capacidad de la autoridad electoral para actuar de manera no partidaria e independiente?”.

Resulta bastante fácil imaginar qué hubiera dicho esa misión en su informe final tomando en cuenta que los cinco miembros del CNE son notoriamente partidarios del partido de Gobierno y que su presidente, Juan Pablo Pozo, ha hecho público su empatía con el presidente Rafael Correa. Incluso se ha vanagloriado de su amistad poniendo fotos en las que se le ve a él y su familia posando junto al Presidente en redes sociales.

La misión europea hubiera examinado el manejo de los medios de comunicación estatales. La UE dice en su manual que sus enviados deben observar qué “tanto los medios de comunicación del Estado como los financiados con fondos públicos tienen la responsabilidad de ser equitativos e imparciales durante el período de la campaña electoral”. ¿Qué hubieran dicho sobre el manejo abiertamente proselitista a favor de Moreno de El Telégrafo y de los canales incautados? ¿Qué hubieran dicho sobre el contenido publicado en la agencia Andes o en El Ciudadano? Es bastante obvio que las conclusiones a las que hubieran llegado la misión europea iban a ser, por decir lo menos, vergonzosas para las autoridades ecuatorianas. En el 2008, cuando el correísmo aún no había consolidado su monopolio mediático, vino esa misión para observar el referéndum para aprobar la Constitución de Montecristi. Ahí dijo sobre El Telégrafo: “rompió el principio de cobertura imparcial proporcionando la mayor parte de su espacio a la opción en pro del ‘Sí’ (o contra el ‘No’) tanto en su sección informativa como en sus páginas de opinión”.

Otro tema de observación hubiera sido el padrón electoral. La misión siempre examina si el padrón electoral, ya sea físico o digital, está bien hecho, si no existen problemas con los empadronas en el exterior o si no hay exceso de empadronados que no votan. El manual es muy claro en este tema y dice que la misión “debe reunirse con partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y otras partes interesadas para analizar si tienen alguna preocupación con respecto al proceso de inscripción de votantes y para determinar si hay confianza pública en la exactitud y el carácter incluyente del censo electoral”. En la campaña se habló de decenas de miles de muertos y extranjeros no inscritos que estaban acreditados para votar.

El gobierno hubiera quedado muy mal parado en el tema del abuso del Estado, ya sea de sus bienes o de sus funcionarios, durante la campaña. El manual dice al respecto: “Los candidato en el poder no deben aprovecharse de sus cargos para hacer campaña. Los funcionarios del Estado deben participar en actividades de campaña solamente a título personal, durante su tiempo libre, fuera de horas de trabajo y no deben vestir uniforme o usar vehículos oficiales”. ¿Se imaginan a estos observadores frente al caso de Rafael Correa haciendo campaña incluso con su caravana de carros de la Presidencia o presenciando cómo cientos de carros sin placa del Estado participaron en los actos proselitistas de Lenín Moreno? ?Se imaginan esa delegación examinando la contratación oscura del conteo rápido del CNE a la Empresa Pública de la Escuela Politécnica Nacional, que fue presentada como si hubiera sido hecha por la Politécnica Nacional?

Si hubiera venido la misión europea hubiera prestado oídos a Ana Mercedes Díaz, la ex directora del CNE de Venezuela que trató de denunciar problemas con el software que usó el CNE. Ella terminó refugiándose en la Embajada de los EEUU porque, según ella, la iban a detener. La misión europea hubiera examinado dicho software y si no se lo permitían hubiera señalado aquello en su informe.

Sin duda, la misión hubiera dicho algo sobre el tema de la tercera copia de las actas que no se extendieron aunque la ley lo exige, como sostuvo el experto Fausto Camacho. Además, hubiera incluido en sus observaciones que el presidente del CNE no estaba facultado legalmente a proclamar resultados sin audiencia pública, como en efecto lo hizo. Una misión observadora con esos parámetros y esa forma de trabajar era imposible en el esquema de elecciones que se trazó el CNE y el gobierno del cual depende. Resulta muy comprensible que la única modalidad de observación que admita es la de acompañamiento. El gobierno tiene la iniciativa, las delegaciones hacen turismo, no observan nada y si algo tienen que anotar lo hacen discretamente y en sobre cerrado.

El operativo, por demás engañoso, para que no venga la misión europea y para aceptar otras pero bajo la modalidad de acompañamiento es un elemento más que impide que la autoridad electoral y el gobierno hayan construido credibilidad y legitimidad. Al Ecuador vinieron misiones de observación que únicamente acompañaron a la autoridad electoral. Las misiones de Unasur, de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y de la Asociación Mundial de Organismos Electorales (AWEB). Ninguna de ellas revisaba de forma íntegra el proceso. Peor aún, algunas de estas, sobre todo la de Unasur, no garantiza ninguna imparcialidad pues se trata de una organización que ha sido manejada por los gobiernos de la región cercanos al correísmo. A tal punto es evidente el sesgo de la misión de Unasur que, durante el simulacro del 19 de marzo, el presidente del CNE respondió ásperamente a los cuestionamientos del delegado de CREO y sus observadores aplaudieron con visible entusiasmo.

En un proceso electoral concebido en total opacidad no cabía una misión independiente. La invitación hecha por parte del presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, además de haber sido enviada a última hora, fue tramposa. Pero se agradece su gesto de enviar esa carta a este pelagato. Es lo más transparente que ha hecho ese organismo.

Omar Simon: el quita manchas del CNE

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En la batalla por la legitimización de los resultados electorales del 2 de abril ha habido un protagonista de excepción: Omar Simon.  Desde el momento mismo en que se cerraron las urnas y comenzó la discusión sobre la transparencia y legitimidad de los resultados, Simon empezó a aparecer en los medios de comunicación ya sea independientes o en los que son manejados por el correísmo con un objetivo: echar por tierra cualquier duda sobre los resultados publicados por la autoridad electoral, el CNE.

Para legitimar los resultados y el triunfo del correísmo, su argumento central ha sido desprestigiar, incluso con referencias peyorativas, a cualquier persona o institución que pueda haber sembrado dudas sobre los resultados. Quizá el objetivo principal de su batalla es Ruth Hidalgo, directora de Participación Ciudadana, organización en la cual él trabajó entre el 2001 y el 2008 y quien le ganó la dirección de la misma en el 2007.  

En una de sus  recientes apariciones, Omar Simon se refirió en tono despectivo sobre Ruth Hidalgo llamándola “esa señora” y responsabilizándola por la agitación social desatada luego de las elecciones. Algo muy parecido a lo que el presidente Rafael Correa dijo sobre los medios de comunicación que basaron su trabajo en las encuestas de Cedatos. 

El ataque de Simon a Hidalgo se produjo en el programa de Carlos Rabascal, en Ecuador TV, donde Simon insistió en su tesis de que Hidalgo debió haber anunciado el triunfo de Lenin Moreno luego del conteo rápido de Participación Ciudadana que arrojó como resultado un empate técnico. Simon sostuvo en ese programa que Participación Ciudadana no fue transparente y que no quiso informar sobre lo que, según él, realmente sucedió: que Lenín Moreno había ganado con el 1,6% en ese conteo rápido. “No sé qué hace ahí en esa organización… De quemar llantas, de armar el caos, de eso estamos hablando”, dijo Simon a Rabascal en una entrevista que tuvo como curioso colofón a un Simon levantando los pulgares para celebrar con su entrevistador que todo les había salido muy bien.

Lo insólito de la cruzada de Simon es que se ha convertido en el más entregado y fiel soldado de la lucha para legitimar los resultados del CNE en calidad de experto electoral cuando es, en realidad, un funcionario de la Presidencia de la República. Simon se presenta en programas independientes, como Hora 25 de Teleamazonas, como ex presidente del Consejo Nacional Electoral y en otros como el de Rabascal como ex presidente de ese organismo y ex director de Participación Ciudadana. Pero Simon es, ante todo, un empleado del Gobierno que, desde que dejó de ser secretario de la Presidencia, ha tenido como encargo ser el operador del presidente Correa ente el CNE. Incluso, seguramente para mayor comodidad en ese propósito, tiene una oficina ubicada a pocas cuadras del organismo electoral.

Simon se la ha apañado para presentarse siempre como un observador técnico que basa sus opiniones en su experiencia como ex autoridad del CNE. Habla siempre desde la experiencia y siempre tiene información de primera mano. Sin embargo, nunca es presentado, ni él aclara tampoco, lo que realmente es: un operador del presidente Correa y su enviado en el mundo de los mortales para repetir entre ellos su discurso destinado a desprestigiar a quienes hayan lanzado cualquier señal o dato que impida creer de forma absoluta en el trabajo del CNE.

Simon tiene una experiencia profesional que lo convertía en el mejor alfil posible de la estrategia electoral de Correa y Alianza País. Fue presidente del Consejo Nacional Electoral luego de haber trabajado en Participación Ciudadana, lo que lo hacía en un insider de esos dos organismos. Como su conducta al frente de ese organismo fue perfectamente alineada con los deseos e intereses de Correa, fue luego nombrado como secretario del Presidente, lo que le permitió intimar más con el alto gobierno y ganarse la confianza de todos.

Simon no fue un secretario común y corriente, fue casi un portavoz de Correa y a menudo se lo escuchaba en medios  de comunicación haciendo ardorosas defensas del Presidente. También le gustaba postear fotos en sus redes sociales en los que él aparecía con los perros del Presidente. Nunca se alejó del tema electoral. Junto con su esposa Tatiana Larrea consolidaron el CIEES, una organización que hace estudios políticos y que, según se sabe, proveyeron de encuestas al Gobierno. Hasta septiembre del 2016 fue secretario personal de Correa. A partir de entonces lo reemplazó Cristian Castillo y él se convirtió en el experto, asesor y operador electoral del Presidente.

Lo que ocurre en el caso de Simon solo se explica cuando se entiende que el Ecuador es un país donde la función electoral es una dependencia más del gobierno central, porque la separación de poderes simplemente no existe. Por eso, hay sectores de la población que simplemente no confían ni van a confiar nunca en las decisiones del CNE. Se trata de un fenómeno que servirá, seguramente, para que la población tome conciencia de que lo mismo ocurre con otros poderes del Estado que, se supone, están para generar una dinámica de contrapeso y de control. Cuando el nuevo Fiscal quiera ejercer su autoridad, generará las mismas dudas; lo mismo ocurrirá con el Contralor o con la Corte Constitucional. En un país como el Ecuador no es extraño que un asesor del Presidente de la República tenga que aparentar ser observador independiente para hacer de abogado y porrista y, prácticamente, de Presidente del Consejo Nacional Electoral.

En un sistema institucionalizado donde los distintos poderes tienen sus atribuciones y responsabilidades perfectamente limitadas, la figura de Omar Simon sería una anomalía. No solo eso: resulta anormal que un empleado de confianza del Presidente de la República se dedique a lavar la imagen de la autoridad electoral y a defender a capa y espada los resultados que ésta proclamó. Anormal también que ataque en forma atroz a personas decentes, como Ruth Hidalgo, para pretender imponer las decisiones de un juez parcializado como el CNE. Anormal que haga todo este trabajo sucio con sueldo que se financia con las contribuciones de todos los ecuatorianos, incluida la propia Ruth Hidalgo. Lo normal en un sistema democrático sería que Simon actué como representante de Alianza País ante el CNE. Pero nunca que, en su calidad de Consejero de Gobierno, como consta en el rol de la Presidencia, aparezca en medios como un ex presidente del CNE y experto en temas electorales. Y peor que celebre con periodistas del gobierno, como los de Ecuador TV, lo bien que le fue en entrevistas pactadas.

Cedatos, otro chivo expiatorio de Correa

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La única explicación posible para entender el allanamiento a las oficinas de Cedatos es que alguien con mucho poder se siente muy inseguro con los resultados de las elecciones que da el gobierno. Si no es así, es muy difícil explicar que se haya montado un vasto y grosero operativo policial para desmontar y destruir  el trabajo de esa empresa, cuya encuesta a boca de urna el 2 de abril es uno de los factores que más dudas despierta sobre la veracidad de los datos con los que el Consejo Nacional Electoral dio como triunfador al gobiernista Lenín Moreno.

El operativo contra Cedatos tuvo de todo lo que se puede incluir en un manual para dictadores, muy al estilo de lo que se ven las noticias provenientes de Venezuela. Para comenzar está la justificación legal que raya en el absurdo. Según la Fiscalía, Cedatos proporcionó “presunta información falsa” en su encuesta de boca de urna el 2 de abril. Según la Fiscalía, esa información de Cedatos sería el motivo por el cual el país se halla en estado de conmoción social. Un argumento espúreo si se piensa que la conmoción se debe, principalmente, a la desconfianza que despierta en la sociedad una autoridad electoral integrada por obsecuentes miembros del correísmo que no han hecho otra cosa durante la campaña que facilitar el trabajo de la candidatura de Gobierno.

Según la Fiscalía, la decisión de hacer el allanamiento se originó en el pedido que la asambleísta Rossana Alvarado hizo para que se examinen los computadores de los ejecutivos de Cedatos, empresa a la que incluso antes de la segunda vuelta acusó de fraguar un fraude. La asambleísta, curiosamente antes de la segunda vuelta, sostuvo cuando presentó la denuncia en la Fiscalía que Cedatos iba a desconocer los resultados y que su trabajo era parte de un fraude planificado por la derecha.

Lea aquí El gobierno embosca a Cedatos

Según la Fiscalía, además, los pagos que el Banco de Guayaquil ha hecho a Cedatos son una prueba de que esa empresa encuestadora ha manipulado la información a favor de Guillermo Lasso, lo que también justifica el operativo. Menudo descubrimiento el de la Fiscalía, pues era de conocimiento público que entre las encuestadoras que contrató CREO, durante la campaña, estaba Cedatos. ¿Y si esos pagos son prueba de una irregularidad no debería entonces hacerse lo mismo con Perfiles de Opinión que ha tenido contratos con la Presidencia de la República? Esta pregunta ha estado rondando en las redes sociales durante todo el día.

El operativo también tuvo otras caras siniestras. Por ejemplo, la llegada, a borde de un carro sin placas, de dos encapuchados que quisieron filmar con una cámara de video a los periodistas que se hallaban junto al edificio donde funciona Cedatos y que, se informó, eran funcionarios del Ministerio de Justicia. ¿Funcionarios públicos encapuchados en una diligencia judicial? Los parecidos con el caso venezolano a esas alturas ya eran más que poderosos.

Los periodistas, evidentemente molestos, lograron acosar con sus cámaras a uno de los encapuchados de tal forma que, finalmente, se fue del lugar con protección policial. Una persona que estaba cerca por poco le saca la capucha y un usuario de redes sociales observó que mientras los periodistas seguían a uno de ellos, el otro logró ingresar campalmente .

Una de las cosas más llamativas del allanamiento a Cedatos fue el operativo mediático paralelo montado por el Gobierno. Desde el inicio, la información fluyó desde las cuentas de redes sociales vinculadas con el Gobierno, entre esas las de Dato Certero que los usuarios de Twitter la identifican con el servicio de inteligencia de la Senain. Dato Certero fue la encargada de dar la noticia e inmediatamente muchos de los medios públicos empezaron a colocar material sobre este tema en sus cuentas. La idea fue posicionar la noticia del operativo concebido supuestamente para castigar a quienes habían atentado a la fe pública. Como si las encuestadoras fueran responsables de la fe pública.

Al trabajo de Dato Certero se unieron los trolls del gobierno que bajo la administración del Troll Center lograron posicionar en Twitter a #CedatosAnteLaJusticia como la primera tendencia durante durante la mañana. La estrategia de salir a defender y justificar el allanamiento fue evidentemente planificado, pues muchas cuentas que no pueden ocultar su origen cercano al Gobierno se adelantaron a los medios de comunicación independientes con información de primera mano.

El operativo mediático en contra de Cedatos, realmente, había comenzado el martes cuando el presidente Rafael Correa había arremetido contra la empresa. En un tuit, Correa promocionó un informe publicado por Dato Certero, en el que se habla exactamente de lo mismo que la Fiscalía acusó a Cedatos para hacer el allanamiento: los pagos del Banco de Guayaquil mediante otra empresa para, supuestamente, manipular los resultados de la segunda vuelta. En realidad, este tema había brotado ya antes de las elecciones del 2 de abril poco después de la primera vuelta cuando Cedatos acertó más que ninguna otra empresa. Correa ya habló pestes de la empresa de Polibio Córdova en marzo. Dato Certero hizo, además, un video en el que se veía a un supuesto técnico de Cedatos presentando cómo la empresa había manipulado los resultados de la primera vuelta. Córdova denunció esta semana que su sistema fue hacheado y que sus datos fueron alterados.

foto tuit

El operativo contra Cedatos es, en definitiva, una maniobra más que constituye un bumerán para el gobierno: lo único que hace es aumentar las sospechas de que el 2 de abril hubo un fraude y que la encuestadora Cedatos es un chivo expiatorio.

Videos y fotografías tomados de las redes sociales

Correa y Pozo: el uno ve hackers y el otro robots

en La Info por

Rafael Correa y Donald Trump tienen muchas cosas en común. Una de ellas es su ignorancia supina sobre lo que es un tema de estado y sobre lo que el estado representa. Por eso lanzan al aire afirmaciones que lo comprometen. Generalmente lo hacen por dar rienda suelta a sus intereses políticos o para calmar sus ataques de vanidad. Además, porque no tienen mayor idea de lo que su cargo representa.

Esto lo demostró Trump hace poco, por ejemplo, cuando dijo que el ex presidente Barak Obama había pinchado su teléfono para espiarlo. Como evidentemente estaba mintiendo no pudo presentar pruebas y sus propios funcionarios lo hicieron quedar como mentiroso cuando dijeron que no había ninguna evidencia de lo que había dicho. Correa ha actuado ahora de forma muy parecida a Trump: ha dicho que unos hackers de los EEUU atacaron la página web del Consejo Nacional Electoral durante las elecciones del 2 de abril.

Lo insólito es que Correa ha hecho una afirmación, a través de sus redes sociales, con la misma seriedad o trascendencia que tendría cualquier persona que postea detalles de una fiesta de cumpleaños o el fin de un noviazgo de verano, es decir con una frivolidad digna de adolescente novelero.

En su declaración, Correa quería desestimar la denuncia hecha por el candidato opositor Guillermo Lasso, según la cual una de las evidencias del fraude fue la caída de la página del CNE en la que se puede ver el desarrollo de los resultados durante algunos minutos. En esos minutos, ha dicho Lasso, los resultados cambiaron misteriosamente y se colocaron, de golpe, a favor de Lenin Moreno. “Pediremos auditoría sobre la ‘caída’ del sistema a las 6:45 P.M del 2 de abril. Se demostrará que no hubo ninguna ‘caída’. Que el sistema de escrutinio continuó con la presencia de los delegados internacionales y de los partidos. Para ello, también pediremos la confesión judicial de los delegados de CREO”, dijo Correa y más adelante agregó que “lo que hubo es la caída durante 18 minutos de la PÁGINA WEB del CNE – no del SISTEMA -, por ataques de hackers desde EEUU, ataques que también sufrieron las web del ECU911 y de Alianza País, fruto de lo que cada vez más claramente es un plan de la derecha para generar caos y no aceptar su contundente derrota”.

Es evidente que Correa escribió esto a la ligera y sin meditar en absoluto sobre la importancia y gravedad de lo que estaba diciendo. Primero se contradice: habla de la caída poniendo en tela de duda que aquello haya ocurrido al entrecomillar la palabra. Luego, en el segundo párrafo habla de la caída como algo cierto. ¿Entonces hubo o no caída?

Pero lo más importante es la acusación que hace. Según Correa fueron hackers desde EEUU los que atacaron la página. El Presidente evidentemente no entiende la gravedad de lo que dice porque no es consciente de la importancia de los temas de Estado de los que habla. Mencionar la posibilidad de que el sistema electoral ecuatoriano o la página donde se informa sobre los resultados fue vulnerado con un ataque desde otro país es terriblemente comprometedor. Con esa afirmación, el Presidente está diciendo que la confiabilidad del sistema electoral ecuatoriano es mínimo y que el país no tiene protegida, como debería, la información de un hecho tan fundamental para la convivencia democrática como las elecciones. Correa, si en verdad está seguro de lo que dice, debería sustentar su afirmación. ¿Cómo sabe que hubo un ataque de hackers? ¿Qué pruebas tiene y dónde están? ¿Cómo sabe que el ataque vino de los EEUU? Es sabido que los hackers generalmente borran cualquier huella de ubicación geográfica para que sea imposible  determinar dónde están. Si Correa no explica cómo es que supo de dónde vinieron los ataques quiere decir dos cosas: o que sus servicios de inteligencia no hacen bien su trabajo o simplemente que dice cualquier cosa. Ambas cosas son, definitivamente, patéticas.

Además, resulta extraño que Correa salga a decir cosas que le correspondían decir al Consejo Nacional Electoral. Correa no se traiciona y aparece como portavoz de un organismo que se supone debería ser independiente pero que, como se ve, no lo es.

Pero no solo eso. Correa sale a dar una declaración completamente seguro de lo que afirma y resulta que el presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, tiene una versión distinta sobre lo que supuestamente ocurrió con la página. Pozo sostiene, como lo dijo en una entrevista a El Comercio, que la página donde se visualizan los resultados se cayó por un exceso de visitas y que la página del sistema de sufragio no sufrió ningún problema. En palabras algo más técnicas, Pozo quiso decir que la caída se debió por denegación de servicio, lo que ocurre cuando hay una gigantesca cantidad de visitas que hace que la página colapse por congestión. ¿Quién está mintiendo? ¿Correa que dice hubo un ataque de hackers o Pozo que sostiene que hubo muchas visitas?

La tesis de denegación de servicio de Juan Pablo Pozo es fácil de comprobar: basta mirar los logs o registros del servidor de la página. Si eso es así, lo único que se prueba es que el CNE no tenía asegurado convenientemente el servicio. Cabe preguntarse aquí cuánto habrá pagado en seguridad digital ese organismo. Normalmente, para que una página tan importante y asegurada como se supone es la CNE caiga por exceso de visitas es porque ha habido un sistema de robots que simulan millones de visitas simultáneas. En todo caso, sería normal que el equipo de Guillermo Lasso tenga acceso a los logs o registros del servidor para ver si es verdad lo que dice Pozo.

Sin embargo, la tesis de Pozo tiene es coja de una pata: en la página del CNE hay una herramienta llamado captcha, que está hecha para comprobar que quien entra a la página no es un robot. Cualquier persona que quiere hacer una consulta debe escribir el captcha que le aparece en un cuadrito.

Pero ni Pozo ni Correa hablan de una de las cosas que más llamó la atención esa noche: que no se haya dejado ver los resultados consolidados. Eso significa, según técnicos consultados por 4Pelagatos, que modificaron el sistema para sacar una funcionalidad que la volvieron a poner más tarde. Estos mismos expertos sostienen que en un momento así de crítico no se hace cambios a lo que llaman “un sistema de producción”.

Lo que sí es indudable, y que ni Correa ni Pozo aclaran, es que un sistema de información de las elecciones de un país no debería caerse y, peor aún, ocultar información como ocurrió.

Cuando Correa dice que el sistema informático del CNE fue víctima de un ataque de hackers desde EEUU es como si el Presidente de un país dijera que el país vecino invadió su territorio porque los soldados estaban dormidos. Correa no explicará ni dará pruebas de lo que dijo porque nunca da explicaciones de las cosas que afirma y nade se lo exigirá porque no hay nadie que lo haga. Lo mismo ocurrirá con Pozo.

Las versiones de Correa y Pozo lo único que hacen es aumentar aún más las sospechas sobre los verdaderos motivos del colapso de la página donde el CNE iba poniendo los resultados. Correa tiene una tesis descabellada y Pozo otra muy poco probable, señal de que ambos necesitan desesperadamente espantar las suspicacias que la sociedad tiene sobre el tema.

El conteo rápido del CNE fue una estafa a la fe pública

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¿Recuerdan el domingo 2 de abril cuando minutos antes de que el CNE diera los resultados de las elecciones apareció un señor para dar los resultados de un conteo rápido hecho por la Escuela Politécnica Nacional?

Pues resulta que la Politécnica no hizo ningún conteo rápido. Peor aún, no hubo siquiera un auténtico conteo rápido como se anunció esa noche. Todo fue una farsa. Tan farsa como las encuestas que se inventaron algunos funcionarios del Gobierno antes de las elecciones, tan farsa como la tesis de Jorge Glas o el título de Pedro Delgado, tan farsa como la mega factoría de carros eléctricos en Yachay, tan farsa la construcción de la refinería del Pacífico. Una inmensa y descarada estafa a la fe pública.

La revelación, que en realidad no era difícil de imaginarse que llegaría por lo extrañas de las circunstancias en la que se produjo el anuncio hecho esa noche en la cadena del CNE, se produjo tras una sorprendente y alarmante confesión de Luis Horna, el matemático de la Politécnica que salió a anunciar un supuesto conteo rápido el domingo, minutos antes de la aparición de Juan Pablo Pozo, presidente del CNE.

Según la revelación de Horna, hecha el miércoles 5 de abril, los datos para el conteo rápido fueron entregados por el propio CNE y no eran actas de escrutinio sino formularios hechos por el organismo electoral en el que había cinco espacios: total de firmas y huellas dactilares, votos blancos, votos nulos, votos para Lenin Moreno y votos para Guillermo Lasso. Esos datos, informó, eran transmitidos a un call center que entregaba los datos no a la Escuela Politécnica Nacional sino a la Empresa Pública de la Politécnica que es un organismo aparte.

En otras palabras, cuando el domingo el CNE dijo en cadena de radio y televisión que iba a anunciar el resultado del conteo rápido de la Politécnica estaba mintiendo. No era, pues, la Politécnica la que había hecho el trabajo sino la Empresa Pública de la Escuela Politécnica que ni siquiera levantó la información sino que la recibió del mismísimo CNE, rompiendo así el principio de independencia que supone tenía que existir un trabajo así.

Es decir, Juan Pablo Pozo como presidente del CNE montó el día de las elecciones una farsa que no es otra cosa sino un atentado a la fe pública que multiplica las dudas sobre la transparencia del organismo que él dirige.

¿Por qué aparece Horna tres días luego de las elecciones para hacer esas declaraciones que dejan como farsante a Pozo y al Consejo Nacional Electoral? La única explicación es que la Escuela Politécnica necesitaba desmarcarse del cometimiento de un evidente delito a la fe pública que estaba siendo mencionado por varios líderes políticos como Andrés Páez, que incluso había advertido sobre un supuesto juicio a ese instituto de educación superior. 4Pelagatos también supo que al interior de la Escuela Politécnica había mucho malestar por todo esto, pues lo que se anunció la noche del 2 abril evidentemente no cuadraba y era un atentado al prestigio de la institución.

La noche del 2 de abril Horna, quien fue el vocero aquella vez, tampoco dio datos técnicos de la muestra ni dijo algo que también se ha revelado luego de tres días: que el supuesto conteo rápido había sido hecho con formularios y no con actas escaneadas. Básicamente que habían hecho cualquier cosa menos un auténtico conteo rápido.

Entre los politécnicos indignados por el golpe a la imagen y prestigio de la Escuela Politécnica está Raúl Córdova, de la Asociación de Profesores de la Escuela Politécnica quien, en radio Sonorama, rechazó que se utilice el nombre de la Politécnica en un engaño colectivo. Algunos otros mostraron asimismo su malestar en redes sociales. Se utilizó el nombre de la Politécnica para darle veracidad a un engaño.

Juan Pablo Pozo y el CNE son responsables del engaño al que se indujo esa noche. La aparición de un conteo rápido en ese momento, hecha supuestamente por la Politécnica y presentado en cadena auspiciada por el CNE, evidentemente estaba destinado a crear un clima de opinión para que cuando aparezcan los datos del organismo electoral la gente no se sorprenda. Fue parte de un montaje de distorsión de la fe pública.

El CNE, parido en las tinieblas, solo puede generar dudas

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El Ecuador está pagando las consecuencias de los monstruos creados por la novelería política con la que el correísmo se instaló en el poder hace ya casi 10 años.

La conmoción social que está generando el Consejo Nacional Electoral, CNE, y su conducta, son ejemplos de lo que significa crear una institucionalidad partidista que, tarde o temprano, pierde legitimidad.  Si ahora la sociedad está movilizada y expuesta a hechos de violencia, porque existen dudas sobre la transparencia y la certeza en el sufragio electoral, es porque el organismo encargado de ese tema no fue concebido como un órgano independiente. Y porque sin independencia en política, no hay credibilidad.

El CNE está conformado por cinco vocales que han sido incondicionales al gobierno, lo cual es obvio porque fueron nombrados por el Consejo de Participación, un organismo que, en virtud de la Constitución de Montecristi, integra simpatizantes del Ejecutivo en todos los organismos de control y fiscalización del país.  En este CNE ya no existe ese principio de observancia mutua que había antes de Montecristi, donde los distintos partidos se vigilaban unos a otros con delegados de algunos de ellos.

Esta deformación institucional inevitablemente termina en comportamientos no institucionales. Obvio, si no hay independencia y existe impunidad garantizada, el cumplimiento de la ley es apenas un detalle que puede ser obviado. El caso del CNE de Juan Pablo Pozo es un ejemplo de ello.  En la primera y en la segunda vuelta, el CNE no ha cumplido con la ley electoral ni con su misión de garantizar  transparencia e imparcialidad.

Uno de esos incumplimientos es el que tiene que ver con el artículo 127.  Al menos dos expertos han hecho estas observaciones insistentemente: Fausto Camacho, del observatorio electoral y Ana Mercedes Días, ex directora del CNE de Venezuela. Ella, horas antes de la primera vuelta, se refugió en la Embajada de los EE.UU. porque la querían detener por sus denuncias sobre un supuesto fraude. El artículo 127 dice que en los recintos se deben redactar tres actas. Una de ellas se debe entregar a la Junta Provincial Electoral. Ese paso, según Camacho y Díaz, no se cumplió y las actas fueron directamente -sin pasar por la Junta Provincial- a los escáners desde donde se transmite la información al CNE. Es decir, se evita uno de los pasos medulares, fijados por la ley, que garantizan la transparencia del proceso: la audiencia pública de la Junta Provincial. “Eso es un escáner, no una audiencia pública”, sostiene Camacho.

Otra violación a la ley es la que tiene que ver con el rol de portavoz de los resultados preliminares que ha asumido Juan Pablo Pozo. Según Fausto Camacho, la ley establece que los datos preliminares solo pueden ser publicados en procedimientos tecnológicos y no en anuncios públicos como los que ha hecho Pozo tanto en la primera como en la segunda vuelta.

La desconfianza en el CNE, por tanto, no solo se origina en perversiones institucionales sino en las actuaciones de sus autoridades. Entre esas estuvo la negativa a aceptar a la misión de observación electoral de la Unión Europea. Se trata de una misión, quizá la única, que hace un auténtico monitoreo de todo el proceso electoral, desde la campaña hasta la idoneidad y seguridad del software que se utiliza. ¿Qué argumento se dio para no aceptar esa observación? Quizá el más deleznable y vergonzoso que se pueda imaginar. La vocal Nubia Villacís lo explicó alguna vez: como no hay reciprocidad, porque el Ecuador no puede observar las elecciones en Europa, acá no son bienvenidos los observadores europeos. “En el caso de Europa, la  Unión Europa no invita a América Latina o al CNE para hacer observación electoral”, dijo la vocal.  El mismo argumento absurdo fue sostenido por el presidente Correa.  “Un senador español que se encuentra en nuestro país, en una forma muy descortés ha dicho que es una torpeza no haber aceptado una misión de observación de la Unión Europea. Me pregunto cuántas veces la Unión Europea ha aceptado en sus elecciones la presencia de observadores latinoamericanos”. Y agregó  que “es una pena que algunos no logren superar todavía su mentalidad colonialista”.

Sin la misión de la Unión Europea todo el trabajo cayó en las misiones de la Organización de Estados Americanos y Unasur. En ambos, casos se trata de misiones de acompañamiento que visitan los recintos, pero no hacen auténtica observación. Con esos antecedentes y los resultados es inevitable y perfectamente legítimo preguntarse si la decisión de no admitir al equipo europeo fue parte de una clara y premeditada intención de no permitir que el proceso sea examinado. Otro golpe a la credibilidad.

Otra prueba de la falta de cumplimiento legal es la forma en que el CNE se hizo de la vista gorda ante el desfachatado y grosero abuso de los recursos del Estado en la campaña a favor de Lenín Moreno. Para muestra un botón: el día de la presentación de la candidatura de Moreno en el Estadio del Aucas, el 2 de febrero, todos los canales administrados por el Gobierno transmitieron el acto durante casi dos horas. Esto fue, evidentemente, una violación de la ley electoral y de todo sentido de ética pública.
Lo mismo puede decirse del uso de los canales incautados que emitieron sin ninguna restricción material, no solo a favor de Moreno sino expresamente diseñado para perjudicar a Lasso. El abuso de las páginas del diario oficial El Telégrafo para promocionar a Moreno y dañar a Lasso es otro ejemplo de cómo el CNE no cumplió ni remotamente con su trabajo. Es evidente que con un comportamiento así y con un origen institucional completamente distorsionado, la población no puede tener confianza en el trabajo del CNE.

El Ecuador atraviesa momentos críticos. La falta de credibilidad del CNE tiene a importantes sectores de la sociedad al borde de la confrontación y la violencia. Pero no solo es eso: el propio Lenín Moreno, en caso de asumir el poder, lo hará con una legitimidad lesionada gravemente que lo condenará a ejercer un liderazgo viciado y débil.

El Banco del Pacífico sí pagó 292 631dólares a la FEF

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Cada día aparecen más piezas que hacen pensar que fue el gobierno el que financió el operativo político en el estadio Atahualpa, el día en que la selección del Ecuador perdió frente a la de Colombia.

A las revelaciones del gerente de Ecuticket, Andrés Venegas, que dijo que había sido una institución pública la que había comprado una importante cantidad de entradas para el partido, se suma una nueva evidencia que suscita más preguntas: un cheque por 292 631,59 dólares emitido por el Banco del Pacífico, entidad financiera administrada por el Gobierno, fue depositado en la cuenta de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. No se trata de un cheque cualquiera: es un cheque de gerencia, lo que podría significar, aunque no necesariamente, que fue el banco el que hizo el pago, no otra institución o un tercero. Si el pago era de otra persona, en todo caso, el banco debería hacer la explicación.

La emisión del cheque, al que 4Pelagatos tuvo acceso gracias a una fuente que pidió la reserva, apuntala la hipótesis de que la iniciativa de comprar entradas para ese partido, que se jugaba pocos días antes de la segunda vuelta, fue tomada luego de conocidos los resultados de la primera vuelta electoral. El cheque fue emitido el 24 de febrero y la primera vuelta fue el 19 de ese mes.

Durante el partido, miles de personas que se hallaban en los graderíos hacían sonar sus vuvuzelas cada vez que alguien empezaba a gritar “Fuera, Correa, Fuera”. El hecho fue observado por miles de aficionados al fútbol que expresaron, en sus cuentas de redes sociales y en otros medios de comunicación, su sorpresa de ver a tanta gente provista de esa suerte de trompeta, que hace un ruido tan ensordecedor que está prohibida en los estadios de muchos países del mundo.

El cheque del Banco del Pacífico abre muchas interrogantes que deberían ser despejadas por la justicia, la Federación Ecuatoriana de Fútbol y el propio Banco del Pacífico. ¿Qué hace ese banco pagando tanta plata a la Federación Ecuatoriana de Fútbol? Según las declaraciones del gerente de Ecutickets y a otras informaciones que circularon la semana pasada, es fácil suponer que fue para la compra de las entradas. Vanegas en su declaración a Radio Redonda aseguró que fueron las entidades públicas que compraron las entradas las que hicieron directamente los depósitos a las cuentas de la Federación Ecuatoriana de Fútbol y no a la empresa en la que trabaja.  Sin embargo  siempre cabe la posibilidad de que haya sido por algún otro concepto.

Audio de Radio Redonda

Solo las entidades involucradas pueden despejar las dudas sobre el financiamiento del operativo en el que hubo además mucha violencia. Pero desde que se produjeron los incidentes en el Atahualpa ninguna lo ha hecho. Ese día luego del partido una turba de personas que aparentemente llegaron con entradas regaladas por el Gobierno intentaron agredir al candidato Guillermo Lasso que vio el partido en uno de los palcos. El Gobierno ha negado que haya estado tras los incidentes y ha acusado de racistas a quienes han dicho que fue extraña e inusual la presencia de personas que, evidentemente, no gozan de condiciones económicas de pagar los abonos en los palcos que cuestan 360 dólares. Incluso, la Secom pasó cadena en la que decía que los afroecuatorianos que estaban con gorras de Lenín Moreno, cerca de Lasso, eran parientes de los jugadores. Afirmación que fue negada poco después por los mismos jugadores.

La aparición del cheque y las declaraciones del gerente de Ecuticket no son las únicas pistas que abonan a la tesis de que tras el operativo en el Atahualpa hubo el financiamiento del gobierno con dineros públicos. Se sabe, por ejemplo, que el Banco de Guayaquil se negó a recibir un depósito de 50 mil dólares en efectivo en una cuenta de la FEF por lo inusual de la transacción. 4Pelagatos recibió una fotografía, de otra fuente, en la que se supuestamente se observa a la persona tratando de hacer el depósito en una sucursal del Banco de Guayaquil en esa ciudad.

Depósito foto
Momento en que un empleado del Banco de Guayaquil se niega a recibir un depósito de 50 mil en efectivo

De probarse que el gobierno dispuso de dineros públicos para la compra de entradas se estaría hablando de peculado; esto significa que la o las personas que dispusieron el pago tendrían que ir presas.

A pesar de todos los indicios y de los incidentes de violencia ocurridos en el estadio, ninguna autoridad ha iniciado una investigación para determinar responsabilidades. Es más, ninguno de los protagonistas de los ataques contra Lasso o contra otras personas, como una periodista de Teleamazonas que fue golpeada, han sido detenidas o, peor aún, investigadas o interrogadas.

En una sociedad más o menos organizada, la Fiscalía ya habría iniciado de oficio las investigaciones para aclarar no solo el posible peculado sino también los actos de violencia. Queda por saber si las autoridades internacionales del fútbol iniciarán un proceso en contra de la Federación Ecuatoriana de Fútbol por todas las sospechas que ha suscitado su participación en este escabroso escándalo.

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