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Enfrentamiento Correa y Moreno

Glas cae y Moreno prueba ser un animal político de sangre fría

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Lenín Moreno retiró las funciones a su Vicepresidente: es la respuesta al parte de guerra de ayer en la cual Jorge Glas rompió con su gobierno. De esta manera, se consagra la fractura entre las dos vertientes del oficialismo: Correa, Glas y sus seguidores por un lado, y, por otro, lo que puede pasar a llamarse el morenismo.

La noticia no es nueva para aquellos que, desde antes de posesión de Lenín Moreno, anunciaron que la pugna era irreversible. Correa, desde antes de 24 de Mayo, se esmeró en separar el estilo de Moreno (sus formas cordiales) de las políticas de fondo. Con ello entendía que Moreno debía someterse al partido (a él), asumir sin chistar el balance del correísmo y seguir la ruta trazada por él y que le entregó impresa en tres libros.
Pocos días después de dejar el cargo, tras amplios y vanos muñequeos internos, Correa hizo públicas sus críticas a Moreno y lo acusó de estar siguiendo los discursos de la oposición. En su cuenta de twitter consignó su decepción y luego la verbalizó palanqueándose entrevistas en los medios gubernamentales. En su despedida, el 10 de julio, tras 47 días tratando de entrometerse en todo, llamó a los suyos a cuidar la mal llamada Revolución Ciudadana. No de la oposición… de Lenín Moreno.

Pues bien: tan solo 23 días después de haberse instalado en Bélgica, autorizó a Glas a hacer pública la carta en la cual rompió políticamente con el gobierno de Moreno. Y hoy amaneció llamando a sus asambleístas, a su partido a oponerse a la destitución de Glas y a la traición de Moreno que ha señalado en abundantes tuits.

Correa situó así la guerra con Moreno en, por lo menos, tres frentes: el Ejecutivo, la Asamblea y Alianza País. Los ajedrecistas hablan de partidas simultáneas. De eso se trata. Y por eso hay que mirar en esas tres direcciones sin entreverar las movidas para entenderlas, pues cada campo tiene protagonistas y lógicas específicas. Por ejemplo: el mensaje de anoche de Moreno a la militancia de su partido, tras la carta de Glas, fue leído por algunos como una capitulación. Pues no lo era: Moreno plantó el escenario como presidente de Alianza País ante su gente, antes de responder en forma fulminante a Glas: retirarle todas las funciones.

Durante 70 días, ha habido, en forma pública, dos estrategias en juego. La de Correa y Glas ha sido sumamente predecible. Y sus movidas revelan que sin el aparato propaganda ni son genios ni son creativos. Son linealmente reactivos. Correa es rehén de la victimización. Es lo único que conoce. Pero para simular un destino histórico, habla del “libreto de Brasil”. Eso suena bien y hasta podrá ser entendido por una parte de los militantes. Pero para la opinión pública es tan etéreo como hablar de Champollion y la gramática egipcia. Correa no sale, aún a 9.527 kilómetros de distancia de Quito, de su ensimismamiento. Con cinismo llama “a los que amamos al país, la democracia, los derechos humanos”… para que opongan al gobierno de Moreno.

La estrategia de Moreno, en cambio, es mucho más sofisticada, subterránea y compartimentada. En su equipo se mueven estrategas y operadores que cooperan en unos puntos y se oponen vehementemente en otros. Gustavo Larrea trabaja sin sacar la cabeza. La estrategia, ganadora por ahora, habla de Lenín Moreno como un animal político de sangre fría. Un atributo que Maquiavelo recomienda a los líderes. Moreno es un hombre de una paciencia china y de una astucia también maquiavélica que parece haber domesticado en esas largas horas que, como decía Rilke, ha pasado en la múltiple compañía de sí mismo.

Moreno se volvió inasible para Correa. Sin inmutarse, marcó los tiempos para distanciarse de él. Y mientras Correa, ya como ex, sacudía sus demonios de odio y guerra por el país, Moreno hábilmente tendió las manos. Es evidente que leyó el momento político del país al rehusar ser leal a un modelo totalmente superado. Siguiendo a Maquiavelo, Moreno entendió que para gobernar no podía ser condescendiente con su antecesor. Su sobrevivencia y legitimidad dependían de su alianza con la mayoría del país; una mayoría harta de autoritarismo.

Maquiávelico fue Moreno con el aparato de la administración correísta. A unos los llevó al gobierno. A otros les prometió embajadas. El mensaje para todos fue que un nuevo presidente estaba al mando. Ya no Correa. Dividió las aguas sutilmente. Maquiávelico fue pedir al equipo económico que se quede, que saque a la luz las cifras que escondieron, que hagan los consolidados de la deuda prohibidos bajo Correa… Y logró que lo hicieran.

Glas era un caso perdido. Moreno lo sabía desde la primera vez que se opuso a que lo acompañara en la papeleta presidencial. Glas era un polvorín insalvable con Correa por razones diametralmente opuestas: mientras la caída de Glas puede salpicar al ex presidente, su supervivencia en el gobierno iba a salpicar a Moreno. La estrategia de Correa consistía en salvarlo. La de Moreno, en esperar su salida sin intervenir en ella. Aparentemente. Como aconseja Maquiavelo.

Ese juego ya se cerró: Correa que sabía que el resultado le sería adverso, se adelantó: convirtió a Glas en ícono de una ruptura supuestamente ideológica con Moreno. Esa maniobra no le será útil: Glas encarna ante la opinión lo peor del correísmo y puede incluso arrastrarlo en su caída. Además, la defensa de Glas es tan postiza que difícilmente encontrará apóstoles para cargarlo en andas.

La partida de Glas, obliga a mirar lo que ocurre en Alianza País. Lenín Moreno necesita el partido. Su intervención de anoche ante sus militantes perseguía, precisamente, cortocircuitar la disyuntiva esgrimida por Correa: o el partido sigue su línea y condena lo que hace Moreno o él se sale del partido para formar otro. Moreno quiso evitar una posible desbandada.

La guerra por el control de AP es más difusa. Correa puede decir que piensa volver pero esa amenaza está supeditada a que no resulte directamente relacionado con alguna investigación y prefiera quedarse en Bélgica en vez de exponerse en Quito. También él requiere el partido para convertirse en el mayor opositor de Moreno, eventualmente negociar su futuro y pesar en las elecciones seccionales de 2019. Esa maquinaria ha probado sus bondades. Pero también en ese campo, Moreno tiene algunas ventajas. Es el presidente de AP y, en este momento, él administra los nuevos factores de poder. La misma reflexión cabe en el campo de la Asamblea en la cual Correa dice, y con razón, que trabajan los operadores de Moreno. Es pronto para saber cuánto incidirá en la Asamblea la caída política de Glas. Pero los políticos, políticos son: en ese punto, la posibilidad de sumar parece estar, de nuevo, en el campo de Moreno. Correa promete revocatoria del mandato para asambleístas vendidos… Pero aún no se sabe de cuántas divisiones dispondrá.

No hay jaque mate pero los tableros de ajedrez dicen que Moreno va ganando en las tres partidas políticas con Rafael Correa… Moreno lo está logrando porque no sabía que era imposible.

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