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Correa renuncia a lo sagrado por legitimar a Moreno

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¿Qué darías a cambio de que la gente finalmente se convenza y acepte que Lenín Moreno ganó legalmente las elecciones? Pues Rafael Correa ha anunciado que, por eso, daría a cambio algo que para él es sagrado: una sabatina.

En efecto, Correa demostró durante su enlace 519 que está tan desesperado por darle legitimidad a la victoria que el Consejo Nacional Electoral le otorgó a Lenín Moreno y Jorge Glas, que anunció que el sábado 22 no habrá enlace porque ese día y a esa hora habrá una concentración, organizada por su gobierno, en la avenida de la Shyris, en Quito, para demostrar que sí hay gente que cree en que las elecciones fueron transparentes y honestas.

En anuncio lo hizo desde Santa Elena y ocurrió en medio de un nuevo intento que hizo por darle legitimidad a los resultados del CNE y quitársela a los movimientos que han protestado porque creen que la autoridad electoral no ha actuado de forma transparente.

El esfuerzo parece sin duda significativo. Correa no solo que en al menos dos ocasiones ha dicho que las sabatinas son sagradas, sino que nunca o casi nunca ha suspendido una y, cuando lo ha hecho, ha dejado encargado al vicepresidente Jorge Glas de esa tarea. Pues bien, el sábado 22 él y Glas estarán con banderas del Ecuador animando a quienes se concentren para respaldar a Moreno y al CNE. Así de preocupado luce Correa y el Gobierno por dejar a Lenín Moreno en el poder con legitimidad y capital político.

La sabatina 519 fue una suerte de repetición de la anterior, que se hizo en Palenque, provincia de Los Ríos, pero con ciertos matices. Esta vez Correa se cuidó mucho, pero con muy poco éxito, de no lanzar tanto odio e inquina como la vez pasada, pues fue evidente que alguien le hizo caer en cuenta el mal que le hizo a su imagen el haber desparramado tanta vileza y pobreza humana.  Esta ocasión Correa trató de bajarle el tono a su discurso de odio social y racial, aunque es claro y notorio que eso le resulta imposible. En más de una ocasión se dejó arrastrar por su propia humanidad y, tal como en el enlace anterior, denigró, humilló e insultó. Lo hizo nuevamente con Ecuavisa a la que calificó de organización mafiosa, con Cedatos a la que tildó de fraudulenta, con Ruth Hidalgo de Participación Ciudadana a quien otra vez le deseó que vaya a la cárcel y con Guillermo Lasso a quien, entre otras cosas, le dijo ricachón engreído que quiere comprar la Presidencia.

Pero hubo una diferencia básica entre el discurso del enlace 519 y del 518.  Esta vez Correa ya no centró tanto en la supuesta victoria de Lenín Moreno, sino más bien en el hecho de que ese día hubo canales de televisión que basaron su cobertura de los resultados con el exit poll de Cedatos que daba como ganador a Guillermo Lasso. Le dio tanta importante a eso que en dos ocasiones preguntó: “¿saben lo que pasó el 2 de abril? Ese día Ecuavisa proclamó como presidente electo a Guillermo Lasso sobre la base de una consulta fraudulenta”.  Fue como si en su subconsciente se le hubiera borrado que ese día también competía su correligionario Lenín Moreno. “Lo que pasó ese día fue gravísmo”, dijo en otro momento. “Lo que paso el domingo 2 de abril, no puede repetirse en la historia patria, no puede crear un estado de opinión, donde mandan los presentadores vendidos de Ecuavisa, y no el pueblo ecuatoriano, tenemos que cortar de raíz esto, una vez que se aclare todo lo que han enturbiado. Es impresionante el poder de cierta prensa”, dijo asismismo volviendo a invisibilizar a Moreno. “Aquí compañeros manda la mayoría, no el billete de un banquero caprichoso. Hasta hoy no han demostrado fraude. Es gravísimo lo que pasó el 2 de abril, Cedatos tendrá que responder a la ley, los malos perdedores no pasaran”, insistió.

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Luego repasó lo que había dicho el sábado anterior para afirmar, otra vez, que el CNE había actuado transparentemente.  Repetitivo y cansón volvió una  vez más sobre el tema de los observadores extranjeros, sobre el reconocimiento de la OEA, sobre los datos que arrojaron varias encuestas hechas por firmas que han trabajado con el Gobierno…  Y nuevamente dijo que no hubo apagón informático y que lo que ocurrió es que alguien de la derecha banquera pagó a un hacker en EEUU, para tumbar la página de los resultados y poder decir así que hubo fraude.  Son las “elecciones más transparentes como lo ha reconocido el mundo entero”, agregó en un arrebato de inocultable exageración.  Era tan evidente y dramático su desespero por  convencer a la audiencia de que las elecciones habían sido legítimas que dijo esto: “Yo le he ordenado a las Fuerzas Armadas; yo le he ordenado a la Policía Nacional, que si han visto alguna irregularidad, lo denuncien, se los ordeno; todavía los estoy esperando, de hecho se registró una irregularidad contra nosotros, por si acaso, en El Oro, y pronto lo sabrá el país”.

Correa parece no darse cuenta de que con este tipo de intervenciones, lo que está haciendo es dejar en evidencia que defiende al Consejo Nacional Electoral porque él lo ha manejado y porque él se siente responsable del trabajo que esa institución ha hecho.  Curioso y contradictorio intento el de Correa de darle credibilidad a un organismo que solo podría tenerla si es que tuviera independencia, es decir si no dependiera de su omnímoda voluntad.

Si hubo otro matiz que hizo a este nuevo intento por legitimar al CNE algo diferente al anterior, fue su alusión a la Semana Santa y a Eloy Alfaro. A pesar de que cada vez que habla de ese tema dice que no lo hace por compararse ni con Jesús ni con Alfaro, el tono y el contenido de lo que dijo fue bastante elocuente. Correa no puede dejar de pensar en sí mismo cuando habla de Jesús y Alfaro. Siempre traza un paralelismo de la forma y las circunstancias en que ellos murieron con sus circunstancias políticas personales.

Pues esta vez Correa, una vez más, dijo que Jesús y él han sido víctimas de los poderosos, de los poderes fácticos y de los medios de comunicación que entonces como ahora inducen a las masas a cambiar de parecer frente a sus líderes.

“De la historia sagrada podemos sacar muchas para la historia universal, para la historia en general, para la historia pagana, para la historia política. ¿Cómo entra un domingo de ramos con palmas y aclamaciones y cinco días después esa gente lo crucifican y liberan al delincuente de Barrabás? ¿Sí se acuerdan de eso o no? ¿Cambiaron de gusto? !No¡ Fueron inducidos por los medios de comunicación de ese entonces, por los gamonales de ese entonces, por los sumos sacerdotes. (…) Esos cambios de humor de las masas no son casualidad, son inducidos por los poderes fácticos, por los medios de comunicación de ahora y de aquel entonces que eran las grandes autoridades religiosas…. Tampoco olvidar la gente que estaba con Jesús: la gente sencilla, la gente pecadora, los pescadores, María Magdalena, las mujeres, los débiles, quiénes estaban contra ese Jesús (je je, risita nerviosa) los opulentos, los fuertes, los que se acostumbraban a dominar, los poderes fácticos, los desubicados de esos que no se pierden un solo enlace, que toman nota de todo lo que digo, en sus editoriales que nadie lee, ni ellos mismo, para decir que Correa se cree Jesús”, dijo Correa muy al inicio de su enlace.

Su referencia a Eloy Alfaro fue casi idéntica aunque casi al final de su show. “Un siglo después, la oligarquía, la banca y la partidocracia siguen siendo iguales. Cualquier parecido nunca será casualidad, es un orgullo saber que los mismos enemigos e iguales”, sostuvo.

Correa ya está en la ronda de despedida. Si bien sus alusiones a Jesús y a Alfaro no son nuevas, ayer tuvieron un tono de desesperado llamado a que no lo olviden y que lo coloquen en la galería de los mártires, ya sean religiosos o políticos. A fin de cuentas, para él, son la misma cosa.

Correa quiere imponer a Moreno a punta de odio

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Rafael Correa llegó a su enlace 518 con una urgencia por cumplir: legitimar los resultados del Consejo Nacional Electoral, que dieron como vencedor a Lenín Moreno, y deslegitimar las protestas sociales que se han desatado porque un buen segmento de la población no cree en ellos.

La desesperada necesidad de Correa por cumplir con ese objetivo fue evidente y se explica en que ni él ni sus compañeros están seguros de la legitimidad de la victoria de Moreno y en que en el Gobierno están muy preocupados por las protestas.

Para cumplir con la primera parte de su cometido; es decir para legitimar y dar credibilidad a los resultados, Correa hizo básicamente lo siguiente: exhibir los reconocimientos internacionales al triunfo de Moreno, descalificar las denuncias que la oposición ha hecho sobre un posible fraude electoral y, sobre todo, atacar y amenazar con brutal violencia a al menos tres actores que fueron visibles en las elecciones y cuyos trabajos ese día sembraron las dudas sobre las cifras del CNE. Estos tres actores: son la prensa, la encuestadora Cedatos y la organización Participación Ciudadana, que hizo un conteo rápido que dio un empate técnico entre Moreno y Guillermo Lasso.

Para la segunda parte de su propósito; es decir para deslegitimar las protestas y a los protestantes, Correa lanzó lo que, con seguridad, ha sido el discurso de odio social más violento y agresivo, lanzado desde el Estado, de la historia del Ecuador. Será muy difícil, para cualquier historiador, encontrar en el pasado a un mandatario o funcionario que haya sido capaz de articular un discurso tan cargado de rencor social, e incluso racial, en contra de los grupos que se han volcado a las protestas, como éste que lanzó Correa desde la población montuvia de Palenque, en la provincia del Guayas.

Pero vamos por partes. Primero estuvo el desesperado intento por imponer credibilidad en los resultados del CNE, organismo del que incluso parecía ser su titular por la vehemencia y convicción con que lo defendió. 

Correa atacó con furia desbordada todo aquello que el 2 de abril pudo haber puesto en tela de duda a los resultados del organismo electoral. Y para eso no ahorró calificativos ni insultos. Y ahí cayó Cedatos. Aunque no justificó ni se refirió al violento operativo de allanamiento en contra de esa empresa encuestadora,  a Correa le quedó corto el vocabulario para tratar de echar por tierra el prestigio de esa empresa. La trató de deshonesta, corrupta y hasta mafiosa por haber hecho un exit poll, o encuesta a boca de urna, en la que Lasso aparecía ganador de las elecciones.  Correa dijo que Cedatos había cometido un crimen a la fe pública por mentir con sus resultados y sostuvo que esa empresa se había complotado con la prensa y con la banca para fraguar un fraude y que, por eso, deberá rendir cuentas ante la justicia. Parecía que todo el odio del mundo se hubiese juntado en su humanidad.

Ese no fue el único ataque ni el único lanzado con brutal inquina. Correa lanzó otro igual de violento y agresivo en contra de Participación Ciudadana, la organización que hizo un conteo rápido que daba un empate técnico entre los dos candidatos. A la directora de Participación Ciudadana, Ruth Hidalgo, llegó a responsabilizarla de cualquier desgracia que se pueda producir en las jornadas de protesta. Lo que ocurra en las calles es responsabilidad de ella, dijo, e incluso mencionó que ya había habido un muerto a consecuencia de las protestas.

Colérico, al punto que le temblaban los labios y se le escurría el sudor por la cara sin que se lo enjuague, Correa aseguró que Participación Ciudadana debía haber dicho el día de las elecciones que Lenín Moreno las había ganado ya que, según él, el argumento de esa organización, que había habido un empate técnico, no era admisible puesto que la diferencia estaba por encima del margen de error.  “Ruth Hidalgo permitió todo lo que está ocurriendo en la calle. Sobre ella recaerá toda responsabilidad civil, penal y de cualquier índole”, dijo con el rostro desencajado.

Era evidente, en ese momento, que los resultados que Participación Ciudadana anunció tenían trastornado de furia a Correa. Para cualquier observador independiente, que un Presidente haga una defensa así de destemplada de los resultados oficiales y, al mismo tiempo, formule un ataque tan emocional a quienes tienen otras cifras, puede generar inmensas sospechosas. ¿Si tan confiado está en la transparencia y legitimidad de los resultados anunciados por el CNE e a qué venía tanta diatriba, insultos y amenazas?

En ese contexto arremetió con la misma inquina contra los medios de comunicación y los periodistas. Como “cloacas con antenas” calificó a los canales de televisión que basaron su cubrimiento de los resultados de las elecciones con la encuesta a boca de urna de Cedatos y que no usaron las que daban el triunfo a Lenín Moreno. Y dentro de ese ataque, quizá Ecuavisa fue la que llevó la peor parte.  “Ecuavisa es deshonesta”, es un canal “comercial que se basa en una encuesta deshonesta”, sostuvo casi gritando y afirmó que, como otros canales, entre esos Teleamazonas y Canal Uno, recibieron dinero de la derecha para proclamar como presidente electo a alguien que no había ganado en las urnas. Según Correa, Ecuavisa y periodistas suyos como Alfonso Espinosa de los Monteros, Estéfani Espín y Alfredo Pinargote son deshonestos y se inventaron fuentes. De “sinvergüenza” tildó a Alfonso Espinosa de los Monteros y lo acusó de estar involucrado en política. En una abismal demostración de sed de venganza dijo que a Espinosa de los Monteros debe ser sancionado con la ley y que si no hay ley para ese caso para eso habrá que crearla.

Todos: banca, prensa, Cedatos y Participación Ciudadana se habían complotado para evitar que Lenín Moreno gane y eso debe ser sancionado por la historia y por la ley, según Correa.

La violencia y la intensidad con la que insultó a Ecuavisa y a sus periodistas parecía llevar también una amenaza implícita. Ecuavisa deberá “responder ante la historia y seguramente ante la justicia” exclamó en lo que parecía ser una orden a sus jueces para que le impongan a esa empresa alguna sanción. ¿Quitarle la concesión? ¿Imponerle una multa descomunal? De las muchas veces que se ha visto a Correa despotricar e insultar a la prensa, en muy pocas ocasiones se lo había notado con tanta agresividad. Lucía descompuesto y poseído por una violencia que lo dominaba por dentro.  “A defender la institucionalidad”, llegó a decir como si los medios de comunicación hubieran atentado contra las instituciones.

Pero en su evidente desesperación por dar credibilidad a los datos del CNE, Correa no se limitó a atacar y criminalizar a Cedatos, Participación Ciudadana y a los medios que no basaron su trabajo con el exit poll del Gobierno. También insistió mucho con el tema de las felicitaciones que Lenín Moreno ha recibido de presidentes y líderes internacionales. Especial mención hizo al mensaje enviado por el secretario general de la OEA, Luis Almagro y por el presidente argentino Mauricio Macri. En esa línea, insistió en que no había cómo dudar de los resultados si tantos observadores internacionales han garantizado la transparencia de las elecciones. Sudoroso e hiper ventilado, Correa evidenciaba que estaba desesperado por convencer, o quizá hasta convencerse a sí mismo, de que los resultados eran legítimos y de que no ha habido fraude. 

Incluso le dedicó tiempo al tema de la misión electoral de la Unión Europea a la que se le impidió venir a monitorear las elecciones. Para justificar la inasistencia de esa misión, echó mano de argumentos patrioteros. Para Correa, era inadmisible que esa misión trabaje en el Ecuador por un tema de reciprocidad. Si Ecuador no observa las elecciones en Europa, los europeos no tienen derecho a observar las elecciones en Ecuador, argumentó para luego volver al tema de los periodistas y decir, sin mencionar nombres, que los que habían dicho que esa es la única misión que hace una observación integral y fiable de un proceso electoral están entregados a sus “patrones europeos”.

Mientras Correa arremetía contra los medios por haber publicado una exit poll que no coincidía con los datos del CNE, cientos de usuarios en redes sociales posteaban en sus cuentas referencias a las veces que los medios del Gobierno han publicado encuestas a boca de urna con datos que resultaron errados.

Correa también dijo que no había habido un “apagón” informático en el CNE, como ha dicho la campaña de Lasso. Según él, lo único que ocurrió fue que la página web donde se veían los resultados se cayó por un complot de la derecha y la banca que usó a hackers desde EEUU. No presentó pruebas, claro. Además dijo que el llamado archivo plano del CNE nunca registró que Lasso hubiera estado en algún momento ganando y desafió a la prensa a que publique eso en las primeras planas.

Una vez terminado su destemplado esfuerzo por legitimar los resultados del CNE vino su esfuerzo, igual de exasperado y violento como el primero, por quitarle legitimidad a las protestas. Para ello, Correa hizo lo más básico: sostener que una persona que pertenece a la clase media pudiente que, según él, es la que ha salido a las calles, no tiene credenciales para protestar y exigir derechos. La tesis expuesta por Correa fue que los ricos, al contrario de los pobres, son personas de malos sentimientos y sin sentido de país. No conocen el Ecuador, no envían a sus hijos a colegios públicos, no van a hospitales públicos, nunca han estado en Palenque y conocen como la palma de sus manos Miami, ciudad en la que dijo nunca ha estado. “Eso no lo va a entender la oligarquía, no conoce un hospital público, no conoce una escuela pública, no conoce Palenque, no conoce Mocache, no conoce Los Ríos, conoce Bayside en Miami Beach, por eso seguirán siendo derrotados. Perdónenme si me equivoqué porque yo no conozco Miami, no sé si Bayside queda en Miami Beach”.

Correa sostuvo que si en algo fracasó durante su mandato fue no haber logrado cambiar la mentalidad de los hijos de la oligarquía ecuatoriana. “En 10 años debí cambiar la mentalidad de los hijos de la oligarquía pero es una lástima, no lo hice”, sostuvo y advirtió que él va a señalar a los adversarios del pueblo, de la revolución ciudadana. “No aceptan su derrota porque en su club todo el mundo nos odia y creen que el país empieza y termina en sus clubes de lujo, en sus barrios de lujo, en sus colegios de lujo, en sus universidades politiqueras de lujo. Que entiendan que aquí está el Ecuador profundo, las grandes mayorías, el pueblo ecuatoriano que siempre ha estado con la revolución ciudadana, que siempre hemos sido más, muchísimos más compañeros”.

Su afán por insultar y denigrar a quienes protestan no quedó ahí e incluso aludió a ese término cargado de racismo de las “coloraditas” que se le oponen. “Hasta con rezos, por ahí hay esas peluconas arrodilladas invocando al Señor para ver si hace el milagrito de inventarle unos cuantos votos. Así no se gana en democracia, se gana en las urnas, en las urnas venció el pueblo ecuatoriano, venció la revolución ciudadana” exclamó para luego asimismo en tono exaltado agregar que “yo ya me voy, qué bueno que venga Lenín. Él tiene otro estilo, pero aquí los pájaros disparan contra las escopetas, resulta que nosotros somos los que dividimos al país, cuando nosotros incluso podríamos reclamar la primera vuelta porque estamos seguros (de) que nos falló el control electoral y que ganamos en una sola vuelta, pero dijimos vamos a la segunda vuelta, cuando perdimos ciertas alcaldías el 2014, las perdimos”.

Para dar fuerza a su brutal alegato contra las clase media que ha salido a protestar desde el 2 de abril, Correa proyectó un video que circuló un día antes de la segunda vuelta en el que se ve a un grupo de partidarios de CREO golpear a un anciano indigente que viste con con el verdeflex de Alianza País. Aunque es difícil y casi imposible creer en la veracidad del video, pues salta a la vista que se trata de una burda y mal hecha dramatización, la línea argumental del mismo le dio para vomitar más odio y revancha social. “Miremos un video donde los corifeos de la derecha, Martín Pallares, dijeron que era forjado, no es forjado. De hecho veamos si congelamos la imagen y alguien puede identificar al protagonista. Un ‘aniñadito’ de CREO, porque esto es delito de odio incluso, como rompiendo el silencio electoral el sábado anterior a las elecciones dos camionetas sin placas de CREO están haciendo campaña, un mayor discapacitado con un bastón, delante de niños, les dice aquí no van a sacar ningún voto, se baja este ‘peluconcito’ con su prepotencia. Esa es la mentalidad de nuestra élite”, dijo casi respirar.

El tema del estadio Atahualpa donde poco antes de las elecciones miles de personas afectas al gobierno y aparentemente invitadas por éste abuchearon y agredieron a Guillermo Lasso no podía faltar en el menú de insultos. “Se dan cuenta esto es contra lo que hemos tenido que luchar durante estos diez años, lo que dice ese joven burgués, retrata de cuerpo entero nuestra burguesía. No estoy exagerando, no es solo la burguesía ecuatoriana, es la latinoamericana, lo peor que tiene América Latina son sus élites”. Además sostuvo que “por enésima vez, la peluconería quiteña, los de luto, como ya no tienen sus corridas de toros, como ya no tienen violencia, van a generar violencia política en los estadios, tergiversando un espectáculo deportivo, familiar. Recuerden todo lo que hemos tenido que aguantar”.

Correa, ventajosamente, es un mentiroso que hace muy mal su trabajo. Cuando miente deja ciertos cabos sueltos que permiten saber qué pasa por su mente. En el tema del Estadio dejó en evidencia que lo que más lo molesta es que le griten !Fuera Correa Fuera¡ Por eso hizo tanto énfasis en su afirmación de que en algún otro partido de la Selección, en el que su hijo había estado presente, la gente gritó !Fuera Correa Fuera¡ Eso, para él, es inaceptable y con su versión de este episodio quedó muy en claro que lo que ocurrió en el Atahualpa fue un inmenso operativo pagado por el Estado para que nadie gritara en su contra.

La sabatina desde Palenque fue la demostración de que Correa tuvo que invertir todo el odio del que es capaz para imponer en la opinión la legitimidad de Lenín Moreno. Eso solo tiene una explicación: se llama inseguridad en esa legitimidad.

Correa prefiere anunciarlo él: la lista Odebrecht sale la próxima semana

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Los filáticos del fútbol dicen que un buen defensa es quien sabe adelantarse a la jugada. La idea es que el jugador llega a la pelota antes que el delantero y así evita que le emboquen un gol a su equipo.

Pues adelantarse a la jugada es lo que Rafael Correa intentó hacer en su enlace número 516 realizado en Salitre, provincia del Guayas. Lo hizo en dos temas que, se vio, lo tienen aterrado: la lista de Odebrecht y las elecciones del 2 de abril.

Sobre Odebrecht dijo que la semana que arranca este lunes 20 de marzo habrá una filtración de información sobre la lista de los funcionarios ecuatorianos que están involucrados en el escándalo de coimas de esa constructora brasileña. “La próxima semana preparan filtrar la lista Odebrecht”, dijo Correa quien, al parecer, está tratando de esbozar un plan para neutralizar el efecto de la noticia. Ese plan consiste en, primero, echarle la culpa del embrollo a otros. En este caso, según Correa existe un complot entre la agencia de inteligencia de los EE.UU., CIA, la familia Isaías que está radicada en La Florida, la derecha y los prófugos Carlos Pareja y Pedro Delgado. Ellos están atrás de esta filtración, dijo y agrego que Karen Holligan, una ecuatoriana activista política que vive en Miami, es “la nueva directora” de ese organismo y quien coordina la filtración.

La otra pata del plan de defensa que aparentemente prepara el Gobierno consiste en decir, como en efecto lo hizo Correa, que la información no es confiable porque se trata de una filtración hecha antes de que los organismos competentes de Brasil o los EEUU hayan hecho las investigaciones del caso. Para afirmar esto echó mano de unas declaraciones recientes de la congresista de los EEUU, Ileana Ros-Lehtinen quien pidió la información a los EEUU pero que dijo que le habían negado el pedido pues las investigaciones aún están en curso. Pero Correa dio otra pista de cómo podría ser su defensa en el caso de que, en efecto, aparezca la lista en los días venideros: decir que el Ecuador pidió a la empresa los nombres pero que ésta condicionó su entrega a factores inaceptables, como el comprometerse a no enjuiciar a funcionarios de la constructora o no embargar sus bienes. Para darle verosimilitud a lo que estaba diciendo puso una diapositiva donde aparecían las supuestas condiciones de Odebrecht. ¿Quien se las dio en caso de ser ciertas? Sería extraño que se las haya dado el fiscal Galo Chiriboga que debería observar cierta independencia en el caso.

Fue tan evidente que el tema de la lista de Odebrecht lo tenía preocupado que al despedirse de la sabatina volvió a hablar del tema. “A estar preparados”, dijo lacónicamente y despidiéndose.

Pero para llegar al tema de Odebrecht, Correa primero preparó el terreno para hacerlo. Y para eso habló del tema electoral porque claro, para él, la filtración de la lista tiene por objetivo perjudicar al binomio gobiernista de Lenin Moreno y Jorge Glas. El Presidente, al hablar de las elecciones, insistió en algo que ya había dicho en una sabatina anterior: que la oposición no va a aceptar las resultados porque pretende hacer fraude. Es decir, Correa quiere adelantarse a la jugada de un posible fraude aunque todo apunta a que éste estaría siendo fraguado por él y los suyos. ¿Si no cómo explicar esta afirmación? Resulta obvio que cada vez que dice que la oposición no va a aceptar los resultados, que según él serán ampliamente favorables para Lenin Moreno, está preparando a la opinión pública frente a una eventual protesta de la oposición ante un fraude.

Correa aseguró que las encuestadoras serias, es decir las afiliadas al Gobierno como Perfiles de Opinión o Santiago Pérez que se equivocaron de crin a cola en la primera vuelta, aseguran que Lenin Moreno y Jorge Glas tienen una amplísima ventaja. De hasta el 16%, dijo. En cambio, a la encuesta de Cedatos, que hace poco dijo que había un empate técnico entre los dos candidatos, la calificó de fraudulenta. “Cuando Cedatos le ponga 50 a Lasso y 49 a nosotros, 50,5 a Lasso, 49,5 a nosotros, réstenle unos 10 puntos a Lasso y auméntennos 10 puntos a nosotros, y esa será la encuesta verdadera, ellos lo saben, porque Polibio Córdova dueño de Cedatos si sabe estadística, lo que pasa es que se vende al mejor postor, al que lo contrate y ellos tienen las verdaderas encuestas que coinciden con las otras encuestas donde nos muestran de 13 a 15 puntos de ventaja, hasta 16 nos da una encuesta sobre votos totales, lo que significa 16, 18 puntos de ventaja sobre votos válidos”, sostuvo.

Correa dijo esto sobre las elecciones del 2 de abril en medio de una persistente quejadera sobre una campaña sucia que, dijo, lleva adelante la candidatura de Guillermo Lasso. “Ya nos trajeron esta semana a la señora, ¿cómo se llama la señora? ¿La coloradita venezolana?, Lilian Tintori, insultando al país, descaradamente diciendo que viene por el cambio, a hacer proselitismo con Guillermo Lasso, tenían planificado dos días de campaña, eso es recontra ilegal, pero además un insulto a la soberanía de un país”, aseguró el Presidente quien además del racista y misógino comentario sobre Tintori hizo una hipócrita defensa de la decisión del gobierno de inadmitirla en territorio ecuatoriano. Correa, cuyo gobierno ha traído a decenas de extranjeros para que opinen de política interna alabándolo,  dijo que una venezolana no puede intervenir en política ecuatoriana.

En sus ataques a Tintori, Correa dijo que pretendía ser una “princesa” que pretende mandar como en su “hacienda bananera”. Sin embargo, no dijo nada sobre los otros extranjeros que han venido estos días al Ecuador para hacer campaña por Lenin Moreno y a quienes no se les impide permanecer en el Ecuador, como fue el caso de ex candidato presidencial chileno Franco Parisi. “Si viene a meterse en política en el mismo avión la regresamos, vamos a ser más eficientes, nos demoramos ahora unas horas, la próxima vez le ofrecemos más eficiencia y en el mismo avión la regresamos, aquí se respeta la ley y la soberanía del país”, lanzó en tono envalentonado.

Correa, en todo caso, no conoce decencia ni coherencia. Así como habló pestes de Tintori que vino a hacer lo mismo que han hecho sus invitados extranjeros, Correa invirtió una buena porción del enlace en denostar a los Tratados de Libre Comercio asegurando que acaban con el agro. Era evidente que estaba haciendo campaña en contra de Lasso, especialmente por estar en Salitre una zona de campesinos pobres que podrían pensar que un Tratado de Libre Comercio los puede afectar. Lo que no mencionó, sin embargo, es que fue él quien más empujó para que se firme el Tratado de Libre Comercio con Europa. ¿Más caretuco que eso?

En general, Correa no estuvo ni tan vehemente ni tan agresivo como suele estar en otras sabatinas. Esta vez no mencionó ni una sola vez a Jorge Glas, aunque entre los asistentes estaba su madre Norma Delgado junto a la de Glas, Norma Espinel.  Era visible que el tema de la lista de Odebrecht lo tenía preocupado. Tanto así que al despedirse no pudo evitar volver a mencionarlo.

A Correa le importa un carajo el éxito de las elecciones

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Esta vez la idea central no era hacer campaña electoral aunque sí se la hizo y mucho. Esta vez el objetivo de la sabatina fue algo que, a más de ilegal como hacer campaña, resulta perverso e irresponsable: tratar de posicionar, en la opinión pública, la idea de que el 2 abril la oposición no aceptará una derrota electoral y que alegará que el gobierno hizo fraude.

En otras palabras, el presidente Rafael Correa dejó en claro con su enlace 514 desde La Unión en Esmeraldas que su objetivo es convencer a la gente que ya se sabe que Lenín Moreno va a ganar el 2 de abril y que, cualquier denuncia de fraude que se presente en contra, es una estrategia de la oposición para desconocer la derrota. Así, si en efecto la oposición sostiene que hubo fraude, quedaría neutralizada antes de que se produzca. Así de sencillo.

¿Tiene Correa alguna evidencia para afirmar tan paladinamente que la oposición no va a aceptar la derrota y que Lenín Moreno va a ganar? Según Correa, la prueba irrefutable de este siniestro plan es la encuesta de Cedatos que pone a Lasso con cuatro puntos por encima de Moreno. Claro, en la lógica del Presidente, una encuesta que no pone a su candidato como ganador debe ser falsa y es prueba suficiente para sostener que la oposición quiere, desde ahora, convencer a la opinión que Lasso va a ganar. Así la denuncia de fraude tendrá credibilidad. “Hay que estar preparados porque ya están alistando -esto en comunicación se llama el encuadre- para otro fraude porque saben los resultados que van a tener el próximo 2 de abril” dijo Correa. Y agregó: “la encuestadora Cedatos es una de las principales cómplices para el presunto fraude. Cedatos hace dos resultados, el verdadero y el que publica. Sacó que Lasso está ganando con uno o dos puntos, si eso saca tienen que bajarle 10 puntos a Lasso y aumentarnos 10 puntos a nosotros y ahí tendrán el resultado verdadero”.

Según el Presidente, la oposición no va a aceptar el triunfo de Moreno y tiene listo todo un plan para desconocerla. “La oposición está preparando el encuadre para no aceptar los próximos resultados, tal como lo hicieron el pasado 19 de febrero, para amortiguar la derrota se inventaron esto del fraude. La oposición no ha presentado ningún informe oficial ni pruebas de fraude al CNE. No se presentó una sola denuncia de fraude, ya que no tienen ninguna prueba”.

Correa con su afirmación podría provocar una inseguridad colectiva alrededor del proceso electoral y eso, a su vez, podría desencadenar reacciones impredecibles. Incluso circunstancias en las que el proceso se vuelva vulnerable. Como Presidente, Correa está obligado a dar seguridades y a procurar que cualquier duda sea solventada, pero no es de estadista sembrar incertidumbre alrededor de uno de los momentos fundamentales de la vida democrática: las elecciones.

¿Tiene Correa alguna otra prueba para sostener una afirmación tan grave como la que hizo? Al menos dos más: que en la primera vuelta la candidatura de Lasso ya se quejó de fraude y que en la historia ecuatoriana la derecha ya ha hecho lo mismo varias veces. Por ejemplo cuando la derecha intentó convencer a la gente de que el triunfo de Jaime Roldós sobre Sixto Durán-Ballén había sido fraudulento. “Es importante reflexionar sobre la historia del fraude pues preparan otra igual “, soltó Correa quien no tuvo empacho en utilizar la figura de Roldós a quien sacó en un video de inicios de los años 80 del siglo pasado.

Pero el sujeto de marras fue más lejos. Según él, no se trata únicamente de que la oposición va a desconocer el triunfo de Moreno. Sostuvo asimismo que si Moreno no ganó en la primera vuelta, con el porcentaje que ya le hubiera permitido ser presidente electo, es porque la oposición hizo fraude el 19F. Es decir, hay segunda vuelta porque hubo fraude. Para afirmar esto, Correa no tuvo empacho en afirmar que Moreno obtuvo el 46% de los votos y que el resultado oficial de 39.3% es producto de una trampa que se logró gracias a que CREO tiene más recursos que la candidatura de Lenín Moreno. “El binomio AP obtuvo 46%, mientras que el de CREO consiguió 24%. Si hubo fraude fue contra nosotros porque no tuvimos control en todas las mesas. CREO lo tuvo porque tiene cualquier cantidad de billete. Esta gente ya no sabe cómo torturar las cifras. En todo caso en buena hora, para ir a una segunda vuelta y ganarles con mayoría contundente, para que sepan que aquí mandamos la mayoría”, afirmó. Con esta declaración, Correa no solo que sembró dudas sobre lo que podría ocurrir el 2 de abril sino que pretendió quitar legitimidad a lo que pasó el 19F. ¿Puede un mandatario socavar más la confianza de la gente en un proceso electoral? Difícil.

A esas alturas del enlace, el objetivo de Correa era, evidentemente, desatar todas las incertidumbres posibles sobre el proceso. Decir que Moreno tuvo el 46% sin la más mínima prueba o evidencia no hace más que eso. Es más, en su esfuerzo por sembrar dudas alrededor de lo que ocurrirá el 2 de abril no tuvo empacho de contradecirse de una forma alarmante. Luego de haberse quejado de que fue la candidatura de Gobierno la que sufrió un fraude, él mismo dijo que quejarse de fraude es una vergüenza. “El fraude ha sido y siempre será el argumento de los perdedores, que vergüenza”, expresó.

Toda la argumentación sobre la maniobra que, dijo, hará la oposición cuando se sepa que Moreno ganó se sustentó, además, en su inveterado discurso de revancha y odio social. Nuevamente sacó el tema de la Rebelión de los Smartphones que surgió de una fotografía a la que ya lleva refiriéndosse una semana y en la que se va a un grupo de jóvenes manifestándose frente al CNE  con smartphones en la mano. Y otra vez habló de los croissants del chef francés Jérôme. Como si él y los suyos no tuvieran smartphones y como si no se supiera que él y los suyos son asiduos comensales de Chez Jérôme.

“Los pelucones protestando, con su smartphone. Esta imagen debe recorrer el mundo, la prepotencia frente a un humilde trabajador. La rebelión de los smartphones revela lo que está en juego: un país de castas o un país para todos”, dijo y luego agregó: “!qué rebeldes protestando en pleno centro de Quito con un mesero que les sirve pan francés!”.

A Correa le gusta fijar ciertas imágenes en la gente y las repite hasta el cansancio para deslegitimar a las clases medias que no lo quieren. Entonces recurre a ciertos emblemas de consumo de clase media. Alguna vez fue la Nutella, otra los viajes a Miami y ahora los smartphones y el pan francés. ¿No ha visto el video de Crudo Ecuador que lo desnuda en su más profunda ridiculez?

También volvió con su retórica de las latas de atunes que pocos días antes había desarrollado en Chone aunque esta vez hizo una pequeña modificación. Ya no hay que tirarlas de vuelta sino aceptarlas y votar nomás por el gobierno. “Si vienen otra vez con sus latas de atún, recíbanlas nomás y si pueden me guardan una, al igual que las fundas de arroz o las camisetas, reciban nomás, pero saben por quién votar en las urnas”.

El enlace, en definitiva, fue un llamado desesperado a no confiar en las elecciones del 2 de abril. Pero también fue lo que han sido las últimas sabatinas: una descarada forma de hacer campaña con fondos públicos y un esfuerzo gigantesco por construir su imagen de héroe nacional. Correa no tiene decencia, no la conoce siquiera. A él, sus responsabilidades éticas y legales como Jefe de Estado no le interesan. Lo único que le interesa a Correa es ejercer el poder. Como sea.

Una sabatina para devaluar a Lasso y ensalzar al caudillo

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Debe haber sido el acto de campaña electoral y de culto a la personalidad más costoso de cuántos se han hecho hasta la fecha. No solo la transmisión vía satélite durante algo más de tres horas y media desde Barcelona debe haber costado mucho dinero del erario público, sino todo el operativo que incluía los viajes y la estadía de burócratas en Europa, el equipo de seguridad y el alquiler del teatro donde se hizo la sabatina… Entre tantas otras cosas más que se necesita para hacer una sabatina, como dios manda, pero a 9 492 mil  kilómetros del Ecuador.

Lo cierto es que el enlace ciudadano realizado en Barcelona (aparte del impúdico gasto en las fatuidades de Correa) fue sobre todo un espectáculo preparado y concebido para transmitir un mensaje electoral y, de paso, para exacerbar una vez más y con mayor fuerza el culto a la personalidad de Rafael Correa.

¿Cuál fue el mensaje proselitista que tanto debe haber costado los ecuatorianos? En enlace no fue, como podría creerse, un tradicional acto de campaña electoral para ponderar y promocionar las virtudes del candidato oficial Lenín Moreno. No. La sabatina estuvo diseñada, primero y antes que nada, como un espectáculo para perjudicar la candidatura de Guillermo Lasso. Para ello, Correa, apenas si nombró una o dos veces a Lasso porque no era necesario.  Lo que Correa hizo fue dedicar gran parte de su intervención a hablar pestes de los banqueros. Y  qué mejor escenario para hablar mal de los banqueros que en una concentración de migrantes ecuatorianos.

Pues fue precisamente a los banqueros, como Lasso, a quienes Correa  responsabilizó una y otra vez de ser los causantes de los grandes males de la nación y en especial de la crisis de 1999 y del feriado bancario. La sabatina, hecha ante un auditorio lleno de migrantes, sirvió para insistir en el emocional relato oficial según el cual el fenómeno migratorio se debió a que a la perversidad de los banqueros que se apropiaron de la plata de los ecuatorianos.  Es más, en algunos de los videos que retransmitieron desde Barcelona, Correa aparecía asegurando que una de las causas por las que el país ha podido salir del crisis, al contrario de lo ocurrido en 1999, es que los banqueros no están en el poder “sino el pueblo ecuatoriano”.

Correa abordó el tema de los banqueros casi al principio del espectáculo al que había invitado a varias personalidades de la política catalana, entre ellos a la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, quien estuvo sentada en primera fila junto al canciller Guillaume Long. Para hacerlo, Correa primero recordó que se estaba recordando un aniversario más del asesinado de Eloy Alfaro con quien, de paso y como lo había hecho hace algunos años, se comparó. Según Correa, los grandes saqueadores del Estado no han sido servidores públicos sino los banqueros quienes son, además, los “sepultureros” que se robaron el dinero de los ecuatorianos durante el feriado bancario. ¿Adivinen quién se robó la plata?, preguntó en algún momento Correa para luego dar a entender que son precisamente esos mismos banqueros que mataron a Alfaro y que ahora lo critican a él los que están tratando de llegar al poder. ¿Había una forma más evidente de hablar de Lasso sin necesidad de mencionarlo?

Como para Correa era insostenible hablar tanto de los banqueros corruptos sin mencionar, aunque sea de paso, a los escándalos de la refinería de Esmeraldas y de Odebrecht, cuando lo hizo dijo que esos son temas que los banqueros están tratando de aprovechar políticamente. “Que no me vengan los sepultureros de la patria a hablarme de honestidad. Que tengan sangre en la cara”, gritó todo alterado en un algún momento de la sabatina y dejando en evidencia que mencionar el tema de los escándalos de corrupción que han golpeado a su gobierno era un trago amargo que inevitablemente tenía que tomar.

En ese contexto Correa insistió en dos argumentos que ha repetido hasta el cansancio en sus últimas intervenciones: que en el escándalo de sobreprecios de la refinería de Esmeraldas los responsables fueron los socialcristianos que, según él, el gobierno los descubrió y que en el tema de Odebrecht existe una conspiración internacional para perjudicar únicamente a su gobierno.

Según Correa, en el tema de la refinería de Esmeraldas el gobierno descubrió los actos de corrupción pero también encontró que los responsables eran parte de una red que tenía 30 años de antigüedad. El cabecilla de esa red, dijo, era Charly Pareja y su primero Carlos Pareja Yannuzzelli fue solo “un funcionario que nos infiltraron” y al que se “le dañó el corazón”. Era un testaferro de Charly Pareja dijo Correa quien poco antes había dicho que ese caso ya fue resuelto.

En el tema de Odebrecht, en cambio, Correa sugirió una vez más que tras eso hay una conspiración internacional. “Lo único que tenemos es la declaración de un empresario mafioso”, aseguró y luego repitió algo que ha dicho en sus últimas presentaciones: que resulta demasiado extraño que la investigación del Departamento de Justicia de los EEUU se limite al período de su gobierno. “Estamos viejos para creer en esas coincidencias”, dijo y acusó a la prensa de haber minimizado la circulación de una lista de personas supuestamente relacionadas con el tema de Odebrecht en los años 80. “La prensa tachó nombres autocensurándose”, dijo y luego agregó que “si éramos nosotros (eso) salía en primeras páginas”, ignorando o pretendiendo ignorar que si la prensa tachó los nombres es precisamente porque la Ley de Comunicación, que él la impulsó, impide hacerlo.

Al final de la sabatina volvió al tema de los banqueros. “El gobierno de Mahuad era de banqueros y ahí estaba el metiche de Lasso”, sostuvo sin mencionar claro está, en que alguna vez él fue hasta la casa de ese “metiche” para pedirle dinero para su campaña electoral. ¿Honestidad intelectual? Eso no es para Correa.

El otro eje de la sabatina fue la exaltación de Correa como el gran presidente de la historia del Ecuador. Para esto no hubo empacho en dedicar horas en la retransmisión de videos en los que aparecía Correa dando conferencias y recibiendo doctorados honoris causa o presidiendo reuniones internacionales. ¿Nadie se condolió del costo del satélite para pasar desde Barcelona videos de una semana de anejos y cuya importancia era más que dudosa? Tampoco hubo empacho en dedicar mucho tiempo a entrevistas a migrantes que lo único que hacían era hablar maravillas de Correa.  Definitivamente, el recato en el gasto público no es, precisamente, un valor que acompañe a los funcionarios de la revolución ciudadana.

En esta sabatina fue claro que la idea de ir construyendo un lugar casi sagrado en la historia para Correa está tomando fuerza conforme se acerca el momento de entrega del poder. Si siempre hubo culto a la personalidad, lo que ocurrió en este enlace fue notable.

En resumen, la sabatina fue un inmenso y costoso acto proselitista donde hubo un solo héroe: Rafael Correa y muchos villanos: los banqueros que en esta ocasión fueron una intelequia para referirse a Lasso sin siquiera mencionarlo.

Si el viaje de Correa a Europa fue un invento para hacer campaña con los migrantes y hablar mal de los banqueros para así perjudicar a Guillermo Lasso sonría, son sus impuestos trabajando por usted.

Correa no quiso quedarse atrás del ‘yo sí sé’ de Galo Chiriboga

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¿Saben quiénes no recibieron coimas de Odebrecht? ¿Saben quienes no son corruptos? Ustedes no saben pero yo sí sé. Los corruptos son todos, menos nosotros los honestos.

Aunque no con las mismas palabras pero sí con ese mismo razonamiento, el presidente Rafael Correa confirmó en su enlace 507 en Cuenca que la celebérrima declaración de Galo Chiriboga, sobre las investigaciones en el caso Odebrecht, no es únicamente una desafortunada frase del Fiscal, sino una especie de coartada o mantra que el correísmo ha desarrollado para defenderse de las evidencias de la corrupción que aparecen como hongos tras la lluvia. Algo así como un si ustedes llegan a saber algo que no es lo que yo sé, entonces todo es falso y montado.

Según Correa, los que recibieron las coimas de Odebrecht están ya identificados: es cualquiera que no es  parte de su gobierno. Y si se llegara a decir que alguien de su gobierno está en las listas de quienes recibieron coimas de la empresa brasileña, entonces todo es una mentira y un montaje que hace parte de una conspiración nacional e internacional. Una conspiración en la que se han confabulado los intereses geopolíticos de los EEUU  y la agenda de la familia Isaías en Miami.

La poca corrupción que existe en el Ecuador, sostuvo Correa desde Cuenca, se produce únicamente porque es imposible de detectar, porque hay funcionarios que no han sido nombrados en su gobierno y porque existen paraísos fiscales en los que se puede ocultar el resultado de los robos. “Hemos sido muy cuidadosos. Tenemos el sistema de compras públicas más moderno de la región”, aseguró Correa para quien es imposible pensar que la corrupción se produce sobre todo en países que, como el Ecuador, carecen de un sistema de pesos y contrapesos que garanticen una fiscalización correcta y que no permitan el abuso de poder de los funcionarios.

En la lógica de Correa, como se vio en la sabatina, los casos de corrupción de los que se habla estos días en el país es una conspiración que los sufridores han montado porque no se cumplió su pronóstico de que la economía iba a colapsar antes de que el 2016 acabara. “Como no colapsó la economía entonces ahora viene el cuento de la corrupción”, dijo sin empacho alguno Correa muy al inicio de su sabatina, en la que si hubo alguna sorpresa fue únicamente la reaparición de dos emblemas del correísmo que habían desaparecido del radar y que estuvieron entre los espectadores: Fernando “Corcho” Cordero y Carlos Marx Carrasco.

En efecto, en la mente del Presidente el tema de corrupción es un invento creado por quienes están frustrados porque la economía del país no colapsó. ¿Algún esfuerzo por pedir información internacional sobre las revelaciones hechas por la propia constructora brasileña? No. ¿Algún anuncio de que hará algo parecido al gobierno del Perú que está tratando incluso que Odebrecht colabore devolviendo las ganancias ilegítimas y entregando más datos sobre los coimas? Tampoco. A Correa lo único que le interesa es preparar el terreno por si acaso alguien llega a señalarle a él o alguien de su gobierno como beneficiario de las coimas de Odebrecht o de la corrupción en general.

En ese esfuerzo, si el fiscal Galo Chiriboga creó la obra maestra de la historia del cinismo criollo el jueves con su inolvidable “¿saben qué sabemos del caso Odebrecht?”, Correa no pudo quedarse atrás y lanzó la afirmación de que si había algún cabecilla de toda la corrupción tenía que ser un socialcristiano y que fue Dios que ayudó en encontrarlo. “Como diosito es de la 35, resulta que el principal corrupto resultó ser un socialcristiano”, dijo refiriéndose a Charly Pareja quien, según el Presidente, logró corromper a mucha gente que ha trabajado en Petroecuador pero que, claro está, no fue nombrada durante su Gobierno. La corrupción es, en la cabeza de Correa, una creación diabólica concebida por unas fuerzas oscuras que quieren perjudicarlo. Nada que valiera, en todo caso, una auténtica investigación internacional.

Correa es, empero, un mentiroso compulsivo. Por un lado sostiene que su gobierno está empeñado en capturar y castigar a todos los implicados en la corrupción de Petroecuador, pero por otro no dice nada sobre la afirmación del gobierno peruano en el sentido de que no ha recibido un solo pedido oficial del gobierno ecuatoriano para capturar a Carlos Pareja Yanuzzelli, el arquitecto de los sobreprecios en los trabajos de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. En efecto, en la sabatina no hubo una sola alusión al contundente y engorroso “el Ministerio del Interior de Ecuador no me mandó un oficio a mí, pero yo sí a él diciéndole queremos apoyar en esto, pero para poder detener a las personas se necesita una orden de captura internacional. No la había en ese momento”, del ministro peruano Carlos Basombrío.

El tema de Odebrecht es, para el Presidente, algo con lo que “hay que tener mucho cuidado”. Pero no por lo serio y verosímil que puedan resultar las denuncias sino por que ahí existe una conspiración ya que resulta demasiado extraño que una congresista republicana de La Florida haya pedido a la Fiscal de los EEUU los nombres de los posibles coimados del Ecuador y no de los otros 10 países mencionados en la lista. “Huele feo y no hay que dejarse sorprender”, dijo refiriéndose al pedido de la congresista Ileana Ros-Lehtinen a la fiscal Loretta Lynch.

Según el Presidente, si esta legisladora estadounidense hace el pedido es únicamente porque los Isaías financiaron su campaña. “Resulta que esta señora es congresista republicana de Florida, sus campañas fueron financiadas por los Isaías. Como les dije hace algunos días, algo tan sagrado como la lucha contra la corrupción se politiza y se trata de utilizar geopolíticamente y electoralmente. Por ahí van los tiros”. Lo que no menciona, obviamente Correa, es que si Ros-Lehtimen hace el pedido sobre el caso ecuatoriano exclusivamente es porque el Ecuador es el único país de los once mencionados en la lista de Odebrecht que no ha pedido la colaboración del Departamento de Justicia de los EEUU o de la propia Odebrecht.

El Presidente, además, teje cualquier argumento para convencer a quienes lo escuchan de que es absurdo pensar en que sea cierto que Odebrecht sobornó a funcionarios de su gobierno. Esa empresa, dijo, “no necesitaba pagar para ganar un contrato, lo ganó por concurso. ¿Ustedes han escuchado un reclamo de los que perdieron? Nunca, porque eran concursos abiertos, transparentes. Pero la mala costumbre de coimar es una práctica. ¿Cómo se detecta?”. Cuando dijo esto, llegó a parecer que trataba de defender a la constructora brasileña.

Fue en el contexto de su tesis de que si hay culpables de corrupción jamás serán funcionarios de su gobierno que se refirió, aparentemente, a la detención de Mauro Terán, asesor del alcalde Mauricio Rodas, la noche del viernes. “Ya están avanzando las investigaciones” dijo y agregó que en esas investigaciones se han encontrado cuentas bancarias donde hay funcionarios, que no son del gobierno central obviamente, que han incrementado sus depósito de 200 mil dólares a cerca de 2 millones. “Pronto lo sabrán no son del gobierno nacional”, dijo todo satisfecho como anticipando algo que vendrá. Solo le faltó levantar las cejas como lo hizo el fiscal Chiriboga cuando lanzó su afirmación de que investigaciones avanzan porque él ya sabe que el que ofrecía las coimas es Odebrecht.

El que vio y escuchó la sabatina 507 seguramente va a quedarse con la impresión de que lo más siente Correa cuando habla del tema es miedo.  Y ahí también se parece a su fiscal y ex abogado personal Galo Chiriboga.

Caso Odebrecht: la reacción inteligente y la reacción bruta

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Había dos formas de reaccionar frente a las revelaciones sobre la corrupción de Odebrecht en el informe del Departamento de Justicia de los EEUU. Una era con inteligencia, honestidad y responsabilidad; la otra sin lo uno ni lo otro. La primera fórmula es la del gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski; la segunda es la que Rafael Correa exhibió en su más reciente sabatina.

El gobierno peruano, en efecto, asume que en las denuncias sobre las coimas de Odebrecht existe un problema real que tiene que ser procesado y, de ser posible, solucionado. Por eso no solo que ha iniciado una investigación para dar con los nombres de los funcionarios corruptos sino que exigirá a la empresa que pague por lo que ha perjudicado al Estado peruano a través de sus actos de corrupción. En esa dirección ya ha iniciado una negociación con la empresa para que devuelva las ganancias ilícitas obtenidas con los sobornos entregados a funcionarios. De no encontrar una respuesta favorable, el gobierno peruano no descarta ir a los tribunales para exigir a Odebrecht que devuelva al Perú esas ganancias ilícitas. En resumen, el gobierno de Kuczynsky frente a la denuncia reacciona no solo dándole crédito e importancia sino en función de la responsabilidad que tiene y busca que el Estado recupere lo que Odebrecht se embolsicó deshonestamente.

Muy distinta es la reacción que Correa mostró sobre el tema en el enlace que se hizo desde Salinas. Por un lado, el Presidente ecuatoriano trata de desconocer la realidad y negar los hechos buscando por todos los medios afirmar que si hay beneficiados de las coimas hay que buscarlos por cualquier lado que no sea en su Gobierno. Es tan burdo en ese intento que cuando trata de echar todo el bulto del escándalo al alcalde Mauricio Rodas lo único que hace es caer en la contradicción de dar crédito a la denuncia. ¿El informe es bueno para sembrar dudas sobre Rodas pero falso cuando las dudas son sobre su gobierno o funcionarios? “El Gobierno no tiene contratos vigentes con Odebrecht, ya todos los contratos han terminado o están en fase de cierre. Solo hay un contrato en vigencia que es el del Metro de Quito, que es con el Municipio, y de eso no dice nada la prensa. Y solo ese contrato es prácticamente el mismo monto que todos los contratos que ha tenido el Gobierno con Odebrecht”. Correa quiere pasarse de listo, pues no repara que el informe del escándalo habla sobre hechos ocurridos en el Ecuador entre el 2007 y el 2016; es decir, cuando había contratos con el Gobierno.

Correa llegó a sugerir, en esa misma sabatina, la alucinante tesis de que tras el informe del Departamento de Justicia de los EEUU se esconde la intención de perjudicar y desestabilizar al gobierno ecuatoriano y sus opciones electorales para este año. “Ya sabemos más o menos por dónde van los tiros. Mañana dicen ‘es Correa, es (el vicepresidente Jorge) Glas’ y hasta que demostremos que es mentira se nos pasó el 19 de febrero, y eso es lo que buscan: enturbiar las elecciones (generales, previstas para esa fecha)”. Y agregó en lo que parece una reacción en el estilo de Nicolás Maduro: “Cuidado que no es la primera vez que el Departamento de Justicia hace estas investigaciones, pero no en función de la justicia sino en función de los intereses geopolíticos de Washington”.

Correa pretende hacer creer algo absurdo: que los EEUU decidieron fabricar un caso que involucra a 12 países y por el cual cobra miles de millones de dólares a Odebrecht, con el único propósito de afectar electoralmente a su movimiento. Hay que imaginar a los funcionarios del Departamento de Justicia inventándose uno de los casos más sonados de corrupción de la historia de ese país con el exclusivo fin de afectar a Lenín Moreno y Jorge Glas. Como si en el la posibilidad de que ese binomio llegue al poder se jugara la existencia misma de Washington. ¿A alguien se le ocurre una insensatez mayor?

En esta teoría de la conspiración, Correa también incluye a Carlos ‘Charly’ Pareja Cordero, a quien acusó de ser la cabeza del escándalo de corrupción en el caso de Petroecuador. Según Correa, Pareja Cordero también está tras las acusaciones en el tema de Odebrecth pues es abogado de esa empresa. Es decir, el Departamento de Justicia de los EEUU habría incluso coordinado con ‘Charly’ Pareja la fabricación del caso Odebrecht para perjudicar a su gobierno.

El contraste entre la reacción de Kuczynski y Correa es inmenso. El primero no rehuye ni niega al problema y más bien piensa que Odebrecht debe resarcir a su país por haber actuado corruptamente. El segundo, en cambio, patalea en un sospechoso estado de negación. Correa no se contenta siquiera con negar tercamente cualquier posibilidad de corrupción durante su gobierno sino que llega a elaborar fantásticas y alucinantes teorías que no hacen sino ponerlo en ridículo al punto de fabricar una caricatura de sí mismo. Eso despierta sospechas tan grandes como el patetismo con el que intenta defenderse.

Foto Presidencia de la República

El señor presidente sufre de panic attacks

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Rafael Correa está sufriendo algo parecido a un panic attack o ataque de pánico, del que hablan los psicólogos. Está, literalmente, muerto de miedo. Es el terror a perder el poder que durante los últimos diez años le ha permitido vengarse de sus más íntimas y profundas frustraciones y que, sobre todo, le ha permitido construir una verdad que está a punto de desmoronarse con el fin de su reinado.

Por eso, el sábado durante el enlace 499 desde Cayambe, Correa dedicó una buena porción de su tiempo a hablar, escudado en su poder exangüe, a temas que presiente lo perseguirán y lo destruirán. Había que verlo ahí, aterido de frío en la tarima montada en San Isidro del Cajas, con apenas unas setenta personas traída desde las comunas vecinas, con un staff de asesores de medio pelo y animándose únicamente cuando se veía a sí mismo cantando en un video ora con José Luis Perales, ora con un rapero de Cartagena, ora con el mashi-bufón que lo acompaña cada sábado.

Uno de esos temas fue el de la Refinería del Pacífico que intuye, como intuye el zarpazo el animal que siente la vecindad de su depredador, será la prolongación de la pesadilla que ahora no le permite dormir: las obras de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. Durante al cinco minutos, y con la importancia que un sacerdote le da a su primera homilía, el presidente saliente justificó lo que cuesta esa inversión. Armado de gráficos y cuadros iba explicando uno por uno los gastos. Esto es caro no como dicen algunos, no como piensan muchos… Esto cuesta tanto porque es muy costoso, porque no es fácil, porque hay que hacer estudios… La idea era, evidentemente, convencer a la audiencia de que las cifras de miles y miles de millones son plenamente justificadas y advertir, dicho sea de paso, que a nadie se le ocurra decir en el futuro que hubo sobreprecios como aquellos que ahora tienen a su vicepresidente Jorge Glas y ahora candidato a la Vicepresidencia en el abismo que conocen los que tarde o temprano deciden huir. “Es extremadamente caro”, dijo sin poder ocultar en su rostro la evidencia del terror y buscando, como siempre, la ayuda de uno de sus asesores para que diga lo que él quiere escuchar. “La construcción se nos desfasó un poco. Todos saben lo que hemos enfrentado. Es el movimiento de tierra más grande de la historia del país”, lanzó Correa y Bismarck Andrade, gerente del proyecto y asesor del sábado, le precisó que se habían movido 40 millones de metros cúbicos de tierra. “¿Cuántas canchas de fútbol es eso?”, le preguntó inmediatamente Correa a Andrade buscando una imagen más terrenal para encontrarse con su asesor respondiéndole serio y grave que eso representa “una gran cantidad de canchas de fútbol”.  Correa insistía entonces en que los 1 500 millones de dólares que se han gastado en el proyecto de Refinería no solo han invertido en el movimiento de tierras sino en una serie de obras que benefician a la comunidad. “Que Manabí esté atento para que nadie les robe este proyecto”, agregó sabiendo que en el futuro necesitará a alguien que salga a defender la magna obra de su gobierno que, a pesar de que estuvo diez años en el poder, ha sido incapaz de realizar.

Era tan evidente que la justificación de los gastos hechos en El Aromo brotaba de una necesidad desesperada por tratar de desarmar una bomba de tiempo que ya está activada, que incluso insistió en sus caricaturescos desafíos a golpes al asambleísta Andrés Páez. “Páez usted es un cobarde al que le tiemblan las piernitas”, dijo Correa en lo que más parecía ser una confesión de que es a él a quien en verdad le tiemblan las piernitas.

El miedo de Correa huele al miedo que tienen los demagogos que saben que están por quedarse sin la tarima del poder que les ha permitido construir una verdad en la que hay que creer por emoción y por decreto y nunca por demostración, refutación o verificación. No, Correa es de los que dice mentiras como verdades inobjetable cuando lanza cosas como “no hay país en el mundo que se haya desarrollado sin industria petroquímica” (¿acaso Suiza no lo hizo?) o que “estamos construyendo el sistema de riego más importante de la historia: el Sistema de Riego Tabacundo” cuando en verdad ese es un proyecto se inició en el 2002 mucho antes que de que llegara al poder.

El Correa del enlace 499 fue la demostración práctica del demagogo brillantemente retratado por el ensayista e historiador mexicano Enrique Krauze, en un artículo aparecido apenas un día más tarde en El País de España. Ahí, Krauze al hablar del riesgo que significa Donald Trump para la democracia mundial, dice que el sustrato psicológico habitual del demagogo es triple: megalomanía, paranoia y narcisismo. Y Correa hizo la pedagogía impecable de lo dicho por Krauze en su texto. Megalomanía cuando se retrató varias veces como representante del pueblo (“báñate de pueblo Rafael me dijo Chávez”) o como cuando al hablar de su puntualidad y apego a la eficiencia aseguró que incluso al Papa (“que me quiere mucho”) él le ha recordado que sus citas no pueden durar más de veinte minutos. Paranoia cuando aseguró, como todo sábado, que la prensa corrupta quiere destruir todo su legado y que si la semana anterior apareció un informe negativo sobre la justicia en el Ecuador es porque se trata de un estudio hecho por “¿adivinen por quién?” (finge dar un segundo para que la audiencia de indígenas adivine): el DE-PAR-TA-MEN-TO-DE-ES-TA-DO. Y narcisismo cuando hizo que el aparato logístico que lo acompaña cada sábado hiciera que todo el país lo viera cantando con José Luis Perales y bailando perreo con unos músicos de Cartagena, o cuando dijo que el “Ecuador es un modelo planetario” en el combate contra los paraísos fiscales.

Megalómano, paranoico y narcisista. La santa trinidad del demagogo, según Krauze, se expresó durante el enlace 499 de la mano de Correa, un ejercicio al que nuevamente el presidente lo calificó como “deber sagrado” y el que predijo que el próximo gobierno tendrá que mantenerlo porque, claro, lo sagrado no puede ser interrumpido.

Correa hizo una exhibición perfecta del demagogo que no puede, además, dejar de insultar porque de eso depende que la sociedad se divida en buenos (los que lo siguen) y malos (los que lo critican). En esa dirección es que llegó su ataque brutal a la periodista Tania Tinoco por haber dicho en Twitter (la obsesión del demagogo de marras) que lo publicado en La Estrella de Panamá merecía un comentario del vicepresidente Jorge Glas.   “¿Qué tiene en la cabeza? ¿Un zapato? Inaugure la ética y la inteligencia porque tampoco es muy inteligente esta señora”, escupió Correa, casi fuera de sí, al hablar sobre la publicación de una columna en La Estrella de Panamá en la que se menciona la posible existencia, en ese país, de un informe sobre corrupción de Glas y que su asesor jurídico habría querido evitar que se publique. “Porquería, basura, prensa amarillista”, exclamaba al citar a diario El Expreso que, según el, no había cumplido con la obligación, otra vez según él, de calificar como “pasquín” y no de diario como había hecho al hablar de La Estrella. Les doy una semana para que demuestren que todo lo que dice ese diario es verdadero. Les doy una semana para que demuestren que Alexis Mera estuvo en Panamá y no en Birmania “esos destinos exóticos a los que les gusta ir”.

Correa representó exactamente lo que Krauze esboza como el alma de la demagogia: “de la combinación de las tres (magalomanía, narcisismo y paranoia) el demagogo arma su monótono mensaje: solo YO os haré grandes y enfrentaré a los enemigos, solo YO sé cómo instaurar un orden nuevo y grandioso sobre las ruinas que los enemigos dejaron. La historia comienza o recomienza conmigo. El borrón y cuenta nueva es otro rasgo distintivo del demagogo”.

Al final Correa sugirió que el contenido de su enlace 500 será precisamente el de demostrar que los mentirosos perversos están empeñados en destruirlo con datos como los aparecidos sobre Glas en Panamá. Claro, para entonces habrá que entenderlo porque su miedo es el miedo del demagogo que está despidiéndose.

El señor presidente sufre de panic attacks y eso se nota.

De la mano de Correa, el cinismo llega a lo más alto

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Si la Real Academia define a cinismo como la “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”, entonces en en enlace número 496 en el barrio La Tola, de Quito, hubo mucho de eso.

Afirmar, sin empacho ni rubor, que el escándalo de corrupción en la refinería de Esmeraldas fue descubierto por el Gobierno es, a todas luces, un acto de brutal “desvergüenza en el mentir”. Y eso es lo que hizo Rafael Correa.  No habían pasado ni diez minutos de iniciado el enlace y Correa ya estaba afirmando que todo el caso de corrupción en el que están involucrados Carlos Pareja Yannuzzelli y Álex Bravo, entre otros funcionarios y contratistas de Petroecuador, fue descubierto por su gobierno, específicamente por la asesoría jurídica de la Presidencia. 

Para desconocer que fue Fernando Villavicencio, el periodista y probablemente el ecuatoriano más perseguido y denostado por el Gobierno, quien denunció todo el caso mucho antes de que el Gobierno haga o diga algo se requiere de un alto nivel de desvergüenza.  “La red de corrupción en la Refinería de Esmeraldas fue investigada y descubierta por nosotros mismos”, dijo Correa encendiendo toda una ola de chistes y comentarios indignados en redes sociales mientras que la cuenta de Twitter de Fernando Villavicencio se llenaba de menciones de usuarios perfectamente conscientes de que, al menos diez meses antes de que las autoridades reaccionaran, el periodista de Focus Ecuador había investigado y sacado a la luz las inmundicias cometidas en la refinería. Inmundicias que, dicho sea de paso, se hicieron gracias a 18 decretos de emergencia, firmadas por el mismísimo Correa.

Lea aquí Refinería de Esmeraldas, la nueva cueva de Alí Babá

Pero si cinismo es desvergüenza en el mentir, esta afirmación de Correa no fue la única que se ajusta a la definición de la Real Academia.  Hablando sobre el mismo asunto, el presidente dijo que Carlos Pareja Yanuzelli logró salir del país porque ni él ni el gobierno podían arrestarlo. “Hay que seguir el debido proceso, yo no puede meter preso a nadie”, dijo orondo Correa desatando una nueva ola de chistes y comentarios de usuarios de redes sociales que no podían dar crédito a lo que escuchaban.  ¿Acaso Correa no ha ordenado meter preso a gente que al paso de su caravana le hicieron una mala seña? ¿No lo hizo con un menor de edad que le dedicó un yucazo?  ¿No fue Correa quien, con sus destemplados pedidos, hizo que jueces obsecuentes ordenaran la detención de Fernando Villavicencio y Kléver Jiménez?  ¿Como es posible que quien indujo a los jueces a meter a la cárcel por más de seis meses a inocentes como el coronel César Carrión y Fidel Araujo sin ninguna prueba de que habían participado en un inexistente intento de golpe de Estado ahora se proclame defensor del debido proceso?

Correa piensa que la gente no recuerda que a pocos días luego del terremoto del 16 de abril amenazó en Muisne con meter preso a quien gritara.  Cinismo mayúsculo si se considera que, como se visto, hasta la presente no hay orden de prisión para Pareja.

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Estos dos actos de cinismo monumental se produjeron en el corto período que Correa le dedicó al tema de la corrupción, porque para chistes y chascarrillos hubo al menos cinco veces más de tiempo. “Macho alfa, macho alfa, ji ji ji i ji”, dijo al menos tres o cuatro veces aludiendo con su risita de falsete todo lo que se ha dicho sobre sus declaraciones misóginas y machistas de las últimas semanas. 

Sobre el tema de la corrupción, Correa sostuvo que se trata de un problema que existe en todos los países del mundo. “incluso en la China donde hay pena de muerte para los corruptos” aseguró como quien busca donde aliviarse.

“Cuidado con las verdades a medias. Detrás de los actos de corrupción en el sector público, donde hemos tenido traiciones, hay un sector privado que también es corrupto”, alertó ignorando que en el caso de la refinería de Esmeraldas las empresas privadas hicieron negociados gracias a los nexos que tenían con los funcionarios encargados del reacondicionamiento de la refinería. “No conozco país en el que se haya logrado erradicar la corrupción”, dijo como para justificarlo todo.  Mal de muchos, consuelo de tontos.

Si estas dos obras de cinismo tuvieron que ver con el tema de la corrupción hubo otra igualmente monumental que tuvo relación con la conferencia mundial Habitat III, que se realiza en Quito. La demostración de lo bien que está el Ecuador, dijo, es que apenas a seis meses de un terrible sismo el Ecuador está organizando, exitosamente según él, un acontecimiento como ese. Correa no solo que pretendía pasar por alto el hecho en Quito no hubo daños grandes sino que en su declaración ignoraba a los miles de ecuatorianos que actualmente viven en carpas, albergues y covachas luego de haber perdido sus casas. Cinismo acompañado de insensibilidad, sin duda. ¿No podía haber hecho al menos una alusión a los sin techo en Manabí y Esmeraldas y no convertir al tema del sismo en una plataforma únicamente válida para la campaña electoral? Hay veces que el cinismo aparece de la mano de la falta de humanidad, y este fue un caso.

“Macho alfa, macho alfa, ji ji ji i ji”, volvía y volvía a decir, unas veces tapándose la cara como para demostrar que se divertía sinceramente con las críticas que le han hecho por sus vergonzosas declaraciones.

El enlace, en todo caso, fue un pretexto para seguir haciendo campaña electoral a favor de los cuadros de Alianza País, como ha ocurrido en los anteriores. Esta vez el más beneficiado fue el ministro del Interior, José Serrano quien será cabeza en lista de candidatos nacionales a la Asamblea. Para esto se organizó un mini show, con la entrega de decenas de patrulleros para la Policía, al que se lo aceitó con un discurso sobre cómo ha mejorado la seguridad en Quito. “Quito tiene la distinción de ser la única capital de América Latina de estar entre las 190 capitales más seguras del mundo”, dijo Serrano quien solo una semana antes había sido silbado en Ibarra cuando participaba, accidentadamente, en la Cacería del Zorro. ¿No será que Quito siempre estuvo entre esas diez capitales? es la pregunta que surge luego de la afirmación que hizo Serrano sin respaldarse en ninguna evidencia estadística.

Para Jorge Glas también hubo show.  Se exhibió un largo y sofisticado video en el que se veía a Glas, compañero de papeleta con Lenin Moreno, dando un discurso en Guayaquil en el que sacaba lustre a las obras de la revolución ciudadana en esa ciudad. Y como para que nadie de los suyos pierda el entusiasmo por la candidatura de Moreno y Glas, Correa dijo que se las encuestas (no mostró ninguna) que el binomio gobiernista tiene todo para ganar en primera vuelta.

“Macho alfa, macho alfa, ji ji ji ji ji”, volvía a interrumpir en su intento por darle algo de gracia a la aburrida sabatina contando, eso sí, en las sonoras e histriónicas carcajadas que lanzaban sus ministros y funcionarios que cada sábado ejercen de adoradores del caudillo..

Correa sabe que está de partida y por eso varias veces recurrió a la idea de que la historia lo juzgará. Alguna vez se dirá que hemos manejado bien la crisis, que hemos sido justos y que hemos respetado los derechos humanos, sugirió.  No sería raro que ese sea el guión que utilizará en la entrevista que el domingo 16 de octubre dará a Andrés Carrión en Teleamazonas.

“Macho alfa, macho alfa, ji ji ji ji ji”.

Sicólogos y médicos tienen una deuda: explicar a Correa

en La Info por
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Algún día los historiadores, los sicólogos, los biógrafos o lo médicos tendrán que explicarle al país cuáles son los desórdenes emocionales y los traumas sicológicos que sufre Rafael Correa y que han hecho que el tema de su honra y de su vanidad hayan terminado convirtiéndose en un problema de Estado. Un problema tan importante como para que, como se vio en el enlace 491, haya llegado a convertirse en un peligro para el equilibrio institucional del país.

Es tan grosera la importancia que Correa le ha dado a su honra y a su imagen que, si antes las sabatinas se justificaban bajo la figura de una supuesta rendición de cuentas, lo de ayer fue un mero ejercicio de reparación de honor y vanidad lesionados.

Casi toda la primera mitad de la sabatina fue, en efecto, la argumentación de por qué la honra herida del Presidente por oficiales de las FFAA debe ser castigada y reparada. Importa tanto ese honor y esa vanidad que, quien escuchó desprevenido el enlace 491, podría pensar que la supervivencia de la república y la democracia depende exclusivamente de eso.

Prácticamente toda la primera mitad del enlace estuvo dedicado a demostrar que el capitán Edwin Ortega, cuyo caso ha disparado todo un conflicto civil militar, ofendió al Presidente en la carta que éste que le respondió. “Lo que está en juego es el honor del Presidente”, dijo en algún momento Correa, con esos ojos inyectados que casi siempre aparecen acompañados de ese gestito en el que la parte inferior de mandíbula se adelanta a la superior y que recuerda tanto a los cavernícolas de película de bajo presupuesto. Fue tanto el ahínco con el que salió a hablar de por qué su honra debía ser defendida, que incluso pidió adelantar el segmento aquel en el que ataca a la prensa para demostrar cómo los medios, en especial diario El Universo, han tratado de invisibilizar los terribles ataques que ha sufrido su honra. Como, por ejemplo, el caso de esa pelucona que hace ya muchos años en Riobamba le hizo una mala seña y que, minutos antes en su carro y conversando con su empleada, le había dicho “longo hijo de puta”. “Qué pena que no tenga El Universo para romperlo”, agregó como sacerdote bíblico que se lamenta de no tener a mano un cordero para sacrificar y calmar la ira de los dioses. “Vayan a darle yuca a los hermanos Pérez (propietarios de El Universo)”, vociferó dejando en claro que él nunca fue capaz de comprender para ser estadista hay que entender y, sobre todo aceptar, que una cosa es la honra de un ciudadano cualquiera y otra la de un funcionario público que debe estar dispuesto a tolerar lo que sus mandantes tengan a bien decirle.

Todo este preámbulo, enfocado a la nota de El Universo que lo que hacía era recopilar los casos de supuestas ofensas a la majestad presidencial, sirvió para desembocar en una larga y emocional exposición sobre el caso del capitán Edwin Ortega.

Básicamente lo que hizo Correa fue leer la carta de Ortega para tratar de convencer a la audiencia que ahí se lo había insultado y que por eso merece se expulsado de las FFAA. A parte claro, de insistir en que finalmente ha logrado establecer que su comandancia de las FFAA no es únicamente política, como establece la Constitución, sino además castrense como interpretó la entusiasta partidaria de Alianza País, la jueza Vanessa Wolf

Lo que Correa hizo fue, en resumen, leer segmentos de la carta de Ortega que habían sido resaltadas en amarillo. Entonces leía, por ejemplo, la parte en que Ortega le decía que había perjudicado a las FFAA por haberles quitado los liceos militares o las agregadurías militares y acto seguido gruñía con un “!y eso no es insultarme claro¡”.   Estaba, o al menos lucía, furioso e indignado. Con el belfo hinchado, porque así se le pone cuando quiere mostrar que está furioso, dijo que no se puede permitir que se insulte al Presidente porque eso significaría que mañana un joven podrá insultar a su padre o a su profesor. Es evidente que Correa, al igual que pretende ser jefe supremo de cualquier espacio de poder institucional, también asume que representa a todos los padres y a todos los maestros del mundo.

Lo curioso de lo que hizo Correa en su enlace es que leía una carta que básicamente era un listado de las cosas que Ortega pensaba que habían perjudicado a la institución en la trabaja. Como insultar a los militares en las sabatinas, por ejemplo, cosa que ocurre con frecuencia desde hace algunos meses.

Para convencer a la gente que lo escuchaba (claro como la carta de insultante no tiene nada) decía que Ortega se parece al periodista Diego Oquendo que, “todo modosito”, insulta solapado en adulos y palabras dulces. Y claro, para eso también trató de imitar a Oquendo y así ridiculizarlo. Todo un estadista se entiende.

Lea aquí la carta que Correa envió a los militares y la contestación de Ortega

Seguramente como era evidente que la carta no era insultante, Correa la calificó como panfleto. Y una vez en esa categoría, el Presidente se dedicó a observar su contenido. “Es de los panfletos más retardatarios que he visto en las últimas décadas en América”, dijo esa vez si siquiera azorarse con afirmación tan ridícula. ¿Qué tiene de retardatario lo que le dice Ortega? ¿Qué ha leído Correa en las últimas décadas para que esa carta le parezca “lo más retardatario que he leído en las últimas décadas en América?

Correa, claro, también insistió largamente en que su comandancia de las FFAA no solo es política sino militar. Citó a varios países donde, sostuvo, el Presidente es el Jefe Supremo de las FFAA. No supo o no quiso, sin embargo, referirse a la diferencia que hay entre la comandancia que ejerce un civil y el de un militar. Para Correa, los reglamentos que rigen la vida entre militares, por ejemplo, deben ser inconstitucionales porque no incluyen al Presidente como sujeto.

La segunda parte de la sabatina tuvo básicamente como centro la defensa de su modelo económico. Y para eso lo que hizo es repetir lo que ha hecho en las anteriores: descalificar a quienes lo critican y a las tesis que no están alineadas con las suyas. Y para eso lo mejor es tildar de neoliberal a cualquiera que esté en contra de su forma de manejar la economía. Y claro, como no tiene contradictores como tuvo en el debate aquel con Mauricio Pozo y Alberto Dahik en el que tan mal le fue, se explayó todo sonreído y socarrón.

Fue en este intento por defender su modelo que se registró la verdadera joya de la sabatina. Correa, ya pasado la mitad de su largo monólogo, tomó una entrevista que un diario que no nombró pero que evidentemente era El Comercio, le había hecho a Michael Reid, uno de los editores de The Economist. Claro, cuando Reid criticaba el gasto público en el Ecuador o el modelo proteccionista de la revolución ciudadana, The Economist era neoliberal y estaba errado, pero cuando Reid sostiene que prefiere no usar la palabra crisis para hablar del Ecuador entonces la luz le volvía a los ojos y decía, más o menos “!ya ven que vamos bien¡”. El punto cómico fue cuando dijo que los opositores como Cynthia Viteri debían leer a Reid para que vean cuán equivocados estaban. Ellos claro, no él.

La de ayer fue una sabatina notable, en todo caso. Correa volvió a mostrar ese brío de insultador callejero y esa energía del pandillero que hace reír a sus compañeros burlándose e insultando a los de la pandilla enemiga.   Fue, sin duda, el mejor de los Correas. El más sincero. El más bellaco.

Ahora queda solo que los psicólogos, los historiadores y los médicos paguen su deuda con el país y expliquen las razones por las que ése es el mejor y el más auténtico de los Correas.

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