Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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¿Cómo un cretino así puede ser el político más exitoso de la historia?

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De entre las todas las imágenes que pudo haber escogido para sellar su última sabatina, escogió la de él rompiendo un diario. No fue espontáneo ni una mera coincidencia: Rafael Correa tuvo que haberse asegurado, antes de llegar al parque de los Samanes, de que iba a tener un ejemplar de diario La Hora a la mano para romperlo por la mitad en los minutos finales de su su show de los sábados. Fue, sin duda, un gesto planificado que terminó, voluntariamente o no, convirtiéndose en la imagen que la historia recogerá como su despedida del poder. Una imagen que, a la postre, lo define como ser humano y como político.

La imagen de Rafael Correa rompiendo un diario simboliza, sin embargo, la del fracaso que él siente por no haber conseguido la que seguramente ha sido su máxima aspiración durante estos diez años de poder: eliminar de tajo cualquier forma de prensa que no opere bajo su control y voluntad y, además, no haber podido convencer totalmente a la opinión pública de que el periodismo es el principal obstáculo del bien común .

Pero no fue únicamente su decisión de aparecer rompiendo el diario lo que evidencia que Correa deja la Presidencia con la frustración de no haber logrado secuestrar por completo la opinión pública. Fue la arquitectura misma de todo el enlace 523 lo que dejó al descubierto el fracaso de Correa frente al disenso. En esencia, está última sabatina estuvo concebida y dirigida para transmitir, a quienes heredarán de él el poder, el mensaje de que el encargo más importante que les deja es liquidar todo rezago de prensa independiente que pudo habérsele escapado. En en un momento del enlace, incluso, se dirigió a José Serrano, el nuevo presidente de la Asamblea, y le encomendó que impida que en los próximos años se cambie la Ley de Comunicación, como pretende la oposición y “la prensa mercenaria”: un concepto que repitió al menos tres veces duranrte el enlace.

“Ojalá la próxima legislatura no caiga en la trampa. No se deje poner las prioridades y la agenda legislativa por parte de una empresa mafiosa que se representa a ella misma y sus intereses. Recuerden nuestros asambleístas que son representantes de ustedes, del pueblo ecuatoriano y no de lo que diga la prensa mercenaria”, dijo Correa y criticó a los medios y los sectores que han salido a hablar sobre la necesidad de derogar dicha ley que fue, durante sus últimos años de gobierno, el pilar de su proyecto autoritario. “Estoy observando en los últimas días toda esa campaña mediática para bajarse la Ley de Comunicación. Pareciera ser que es el principal problema del país. Lean los titulares. No hay problemas de violencia contra las mujeres, coparentalidad, pensiones alimenticias, no es problema la seguridad…”, agregó en otra parte de su intervención. Fue tan evidente el hecho de que quiso dedicar la última sabatina a desahogar su frustración con la prensa, que lo más destacado de ella fue un video en el que se recogía los casos en los que, según Correa y su equipo, el periodismo había mentido a la sociedad con el afán de indisponerla en contra de su gobierno y de promover la protesta social.

Calificó a los periodistas que publicaron esas supuestas mentiras como “periodistas de rocola”, porque según él “tocan música cuando reciben una moneda”. Además aseguró con todo el convencimiento del caso que la prensa ha sido su “más grande adversario”.  Correa no economizó tiempo ni retórica en este propósito: sostuvo que la prensa “mercantilista” ha sembrado odio en la sociedad ecuatoriana y que la ha engañado publicando y callando lo que le da la gana. “Atentos los próximo cuatro años: no creerle nada a esa prensa mercenaria”, exclamó y dijo que en ningún lugar del “planeta” ha ocurrido algo que, según él, ha ocurrido en el Ecuador: que el presidente ganador de unas elecciones sea proclamado por un canal de televisión, Ecuavisa, y no por la autoridad electoral. “Los medios mercenarios tienen que entender que proveen un derecho (la información) y no una mercancía. Han querido dañar el corazón de la gente”, dijo.

Correa, como buen demagogo autoritario que es, sabe que su discurso en contra de la prensa le ayudó, desde los inicios de su mandato, a construir la figura de un enemigo externo para conseguir adhesiones populares y desviar responsabilidades, pues el guión oficial es miren hacia allá, ellos son la amenaza, ellos son el verdadero el peligro.

Correa, al igual que otros como él entre los que está Donald Trump, tiene como némesis a la verdad. Él sabe que insultando a la prensa abre una nueva línea de ataque en contra de los hechos que, en realidad, son sus verdaderos enemigos. Lo que Correa ha tratado de hacer durante estos diez años es confundir al público fabricando la coartada de que la prensa es  “mercenaria” y “enemiga del pueblo” para que no crea en las verdades que son incómodas al poder. Deslegitimar a la prensa libre e independiente es una forma de evitar que la sociedad le de crédito a los hechos que el poder no quiere que sean vistos.

Correa puede ser muy transparente en presentaciones como éstas porque no hay nadie ni nada que que limite lo que dice. Por eso, durante el enlace 523, Correa no pudo evitar que en su ataque al periodismo haya dejado al descubierto un aspecto fundamental de su personalidad: su incapacidad de aceptar que el pueblo puede expresar su descontento espontáneamente y sin el estímulo de algún oscuro interés.  Correa está convencido de que si la sociedad se pronuncia en su contra es porque está siendo engañada por alguien perverso y jamás porque existan razones auténticas y verdaderas para hacerlo. Si la gente salió a protestar en el 2015 en contra del Impuesto a la Herencia fue por culpa de los periodistas, si los policías se sublevaron el 30S fue por culpa de los periodistas, si los agricultores se opusieron al censo agropecuario fue por culpa de los periodistas, si los médicos salieron a protestar fue por culpa de los periodistas, si en en 1912 una turba asesinó a Eloy Alfaro fue por culpa de los periodistas…  Así cualquier cosa que se diga en su contra será… culpa de los periodistas.

En el pensamiento de Correa, primitivo y controlador, no existe expresión social que pueda ser autónoma. Únicamente aquellas expresiones populares que se producen bajo el estímulo del Estado (controlado por él claro) son legítimas y válidas. Cuando las masas se pronuncian sin su consentimiento es porque los perversos periodistas las han empujado. “Los violentos son inducidos y azuzados por la prensa. !Cuántos brotes de violencia se han producido por información publicada para hacerle daño al gobierno¡”, exclamó.

Si algo se puede decir a favor de las sabatinas, que durante 10 años fueron la institución pública creada para lanzar odio, descalificación y atropellos, es que la historiadores del futuro podrán encontrar en ellas al verdadero espíritu de quien ha dominado la escena política durante buena parte del siglo XXI.  A pesar de que el enlace 523 fue uno de los más cortos de los últimos años, con un poco menos de tres horas de duración, Correa ofreció una estupenda muestra de sus  particularidades sicológicas y emocionales: tenaz, intenso, obsesivo, vanidoso a más no poder, autoritario, cobardón porque desafía a golpes a sus adversario desde un espacio en el que sabe que está protegido, ignorante pero a la vez sabido, manipulador, mentiroso, hombre de poco mundo y estupendo comunicador. 

Correa en cada sabatina se jacta de tener una autoridad moral que le permite despreciar a todos los que no están con él y lanzar mensajes cargados de moralejas parroquianas cada cinco minutos. Así ha sido durante 523 sábados.

Esta vez, además, dejó patente que los 10 años de gobierno, no le han enseñado nada sobre lo que es el Estado y la función pública.  En una declaración insólita y no menos lamentable expuso lo que, según él, es el cambio que su gobierno le ha significado al Ecuador. Dijo: “hemos transformado la patria. No podemos caer en falsas modestias. Antes de la revolución ciudadana nada de esto existía. Antes no había el parque los Samanes, antes no había enlaces, el Museo de Carondelet estaba cerrado, el cambio de guardia tampoco no existía. Antes había salvataje bancario y congelación de cuentas”.

Lo que las 523 sabatinas dejan, a más de toda su perversidad y distorsión institucional, es la fascinante interrogante sobre cómo un personaje capaz de articular reflexiones tan pobres y cretinas como aquella según la cual el cambio tras estos 10 años se expresa en que antes no había sabatinas y ahora sí hay sabatinas, pudo haberse convertido en el político más exitoso de la historia de la política ecuatoriana moderna. Una interrogante que los historiadores del futuro deben empezar a desentrañar desde ya.

Glas necesitaba una prueba de vida y le dieron la sabatina

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Jorge Glas necesitaba urgente un resucitador y le dieron el enlace 521 para ver si con eso vuelve a tener vida o al menos logra aparentar tenerla.

Desde que el CNE atribuyó la victoria de las elecciones a Lenín Moreno y a él, Jorge Glas casi no había aparecido y es evidente que el equipo del futuro presidente no lo ha tomado en cuenta para casi nada. Glas ha estado casi ausente de las reuniones que Moreno y su equipo asesor han tenido con actores políticos, sociales y empresariales. Casi no se lo ha mencionado y de lo que se sabe ha sido marginado por ciertos círculos cercanos a Moreno.  De hecho, desde antes de las elecciones el aparato de campaña de Alianza País había mantenido a Glas a la sombra, porque era evidente que su presencia no era conveniente por la cantidad de señalamientos de corrupción que habían en su contra.

Hasta que se produjo el Enlace 521 ayer sábado 6 de mayo en Guayaquil.   Glas intervino en lugar de Rafael Correa, quien se abstuvo de dar el enlace aunque ya se encontraba en el país a su regreso de Cuba donde estuvo de visita para recibir su doctorado honoris causa número 15 y algunas condecoraciones del gobierno comunista de Raúl Castro.

El objetivo del enlace no pudo ser más obvio: darle una tribuna al actual y futuro Vicepresidente para que su nombre no se borre completamente del mapa.  El enlace fue algo más o menos parecido a esas pruebas de vida que muestran los secuestradores para probar que el secuestrado no ha muerto.  Glas está vivo y no se olviden de él, parecía ser el mensaje que se quiso lanzar desde el colegio Cristóbal Colón donde se escenificó la sabatina.  ¿Quién decidió que sea así?  Es evidente suponer que quienes se sienten perjudicados por el evidente desplazamiento de Glas, en estos días previos a la entronización del nuevo gobierno.

La línea argumental del enlace fue simple y clara: presentar a Glas como el héroe del trabajo de reconstrucción de la zona afectada por el terremoto del 16 de abril del 2016 y darle la oportunidad de defenderse de las acusaciones de corrupción que se han hecho en su contra. Para lo primero, se empleó casi la mitad de las prácticamente cuatro horas que duró el enlace para hacer un repaso de su trabajo en Manabí y Esmeraldas. Para lo segundo, Glas salió a decir que hay una conspiración internacional y nacional que quiero perjudicarlo y que en los próximos meses lo acusará nuevamente de actos de corrupción.

Al principio Glas no lucía cómodo, al menos en la primera mitad del enlace. Dedicó al menos 15 minutos en mencionar a quienes estaban presentes y confesó, en al menos dos ocasiones, que como no había hecho enlaces en tanto tiempo había olvidado su formato y mecánica. Contó que alguna vez, durante su juventud de Boy Scout, Rafael Correa lo había castigado por haberse portado mal y lo sacó de una clase de scouts. Lo hizo por mi bien, aclaró.

Luego ordenó que se pase un video en el que se hacía un repaso de los 37 enlaces que él había protagonizado. El video, fue visible, se lo había preparado precisamente para ensalzar su figura y recordar, quién sabe a quién, lo importante que había sido en el gobierno de Rafael Correa y la confianza que había merecido de él. “Son 37 enlaces en los que el compañero Vicepresidente enseñó pero que sobre todo aprendió”, dijo en tono lírico la voz femenina que aparece en todos los videos que la Secom prepara para estos espectáculos sabatinos. Pero ni eso parecía animar al Vicepresidente y, en algún momento, dijo que extrañaba mucho Guayaquil. “En una de estas regreso”, señaló como suspirando y sin poder ocultar su poco entusiasmo de estar dirigiendo el espectáculo.

El enlace se convirtió en un cansino y repetitivo resumen del trabajo de Glas en la reconstrucción de Manabí y Esmeradas. Videos iban y venían, los testimonios de niños, ancianos y mujeres sobre cómo había trabajado para sacar de la agonía a la zona afectada se multiplicaban y las cifras sobre el éxito del operativo de reconstrucción aparecían una y otra vez en la pantalla. Glas fue el artífice de la recontrucción de dos provincias que fueron clave en el triunfo electoral de Moreno, parecía ser el mensaje, casi desesperado, de todo ese tramo del enlace que fue largo y aburrido. Era tan evidente el afán por exprimir al máximo todo al tema del terremoto y la reconstrucción que el equipo que produce los enlaces tenía listo el diseño de un logo que decía “Reconstruyo Ecuador”.

“Cerca de 50 000 empleos se han generado en Manabí y Esmeraldas durante el proceso de reconstrucción. Después del terremoto hicimos una promesa: dejar mejor que antes a Manabí y Esmeraldas. Tenemos que conseguir que el mundo no hable del terremoto de Ecuador sino de Ecuador después del terremoto”, señaló en algún momento el Vicepresidente.

Pero si en todo este tramo Glas lució incómodo y apagado, en la segunda parte del show pareció cobrar algo de vida. Fue recién a partir de la primera hora y media de la sabatina que Glas le puso más asunto a su actuación y eso ocurrió porque empezó a hablar sobre corrupción y de Odebrecht. “Pónganme atención en este punto”, pidió.

Glas, en este segmento, hizo más o menos lo mismo que el presidente Rafael Correa ha hecho ya algunas veces: anticiparse a una posible denuncia o escándalo, y decir que existe un complot internacional y nacional que busca perjudicarlo y sacarlo de la política.

“Hay agencias extranjeras que conspiran y sé que seré objetivo de eso”, dijo Glas ya enérgico y con cierto vigor luego de haber dicho que si algún ex ministro, refiriéndose a  Alecksey Mosquera, había recibido algún coima o propina de Odebrecht se lo castigará con todo el peso de la ley. Claro, en esta línea, también dijo otra cosa que Correa ha mencionado muchas veces: ojo que Odebrecht es una empresa corrupta y no podemos darle crédito a lo que digan sus funcionarios.  Pero en este punto Glas hizo algo adicional a solo anticiparse a un supuesto escándalo: se retrató a si mismo como una suerte de héroe que fue capaz de sacar, casi a patadas, a Marcelo Odebrecht, la estrella del escándalo, de su oficina. “Lo boté de mi oficina casi a empujones. !Se me larga de mi oficina le dije¡”, exclamó todo heroico Glas.

El Vicepresidente necesitaba una tribuna y un espacio para sacarse de encima todo lo que se ha dicho de él en los últimos meses y sobre lo cual ninguno de sus compañeros, con la excepción de Rafael Correa, ha salido a defenderlo con fuerza y convencimiento. “Como dicen que todo es culpa mía. Atropellan un perro en la esquina, es culpa de Glas. Llueve mucho en Quito, es culpa de Glas. Hay inundaciones, es culpa de Glas. A un policía lo encuentran con dinero escondido en el piso, que ha sido de mi seguridad, así lo haya sido, qué tengo que ver. A mí me han virado como bolsillo de payaso y estoy contento de que sigan revisando e investigando porque no tengo nada que esconder”, dijo.

Glas, en este esfuerzo por espantar cualquier duda sobre su honorabilidad, mencionó incluso un tema que siempre ha sido muy complicado para él y al que en muy raras ocasiones se ha referido: el de su papá condenado a 20 años de prisión por violar y dejar embarazada a una menor de edad. Ese fue un tema muy duro para mi familia, dijo pero jamás hice nada para beneficiarlo agregó.  Ese fue, quizá, el gesto emocional y dramático con el que quiso dar un giro más personal a su defensa.

Durante el enlace Glas casi no mencionó a Lenín Moreno y cuando lo hizo fue brevemente. En algún momento hizo una referencia a su plan de viviendas y en otro dijo que Moreno será quien decida si habrá o no más enlaces sabatinas. Sin embargo, hubo un pasaje de su intervención en el que aseguró algo muy llamativo: nunca traicionaré a Lenín Moreno como se anda diciendo por ahí, acotó Glas dándole visibilidad a un comentario que corre a soto voce en ciertos círculos políticos. A lo largo de toda su presentación habló más de Rafael Correa que de Lenín Moreno. ¿Está más cómodo con Correa que con Moreno? Parecería que sí.

El enlace llegó a parecer parte de la campaña electoral. Como si ésta aún no hubiera acabado. En esa línea atacó a Guillermo Lasso y le retó a un debate. Sobre cualquier tema, dijo. ”Lo emplazo públicamente a un debate no solamente de estos temas (la lucha contra la corrupción), usted tendrá que exponer la compra de CDR (certificados de depósitos reprogramables), sus empresas en paraísos fiscales, tendrá que decir si evadió y eludió impuestos”, exclamó Glas mientras los asistentes gritaban “enlaces, enlaces, enlaces”, evidentemente promovidos por el equipo productor del show.

En resumen, el enlace 521, quizá el penúltimo, fue lo más parecido a una prueba de vida de Jorge Glas.  Está vivo y queremos que se note, parecía ser el mensaje.

Sabatina: vean cómo Correa miente con desparpajo

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Amenazar con sanciones a la Fiscalía, negar tozudamente que dijo algo que se puede probar que sí dijo y elaborar una graciosa tesis sobre lo que es la coima, son tres cosas que Rafael Correa hizo en los últimos diez minutos de su más reciente sabatina. Tres cosas que no prueban sino algo: el Presidente está enredándose cada vez más en el tema de Odebrecht y eso lo está poniendo muy nervioso.

La amenaza

Correa amenazó a la Fiscalía con sanciones a sus funcionarios porque, según él, ese organismo puso en un boletín de prensa una mentira que que luego recogieron algunos medios. La mentira, según Correa, es que Rodrigo Tacla, un ex abogado de Odebrecht, ha dicho que el ex ministro de Energía, Alecksey Mosquera recibió el millón de dólares de Odebrecht por su ayuda para que la empresa brasileña construya la hidroeléctrica Toachi-Pilatón. Correa sostuvo que él y sus asesores han revisado toda la declaración de Tacla y que, en ningún momento, consta que el depósito que recibió Mosquera haya tenido relación con el Toachi-Pilatón. Esa es una mentira por la que, dijo, los fiscales deberán ser sancionados. “Aquí va a haber sanciones, con todo respeto, a los fiscales que indujeron al fiscal general al terrible error. Y si no se sanciona ya tendrá que actuar la Asamblea, porque no se puede tratar  estas cosas así”, amenazó Correa asumiendo el papel de gerente propietario del Estado.

La amenaza de Correa es insólita. Ya se sabe que él, en contra de todos los principios democráticos, controla esa institución y que ese control ha sido clave durante sus diez años de gobierno. Pero de ahí a ser tan obvio y explícito sobre ese tema a estas alturas del partido, precisamente cuando aparecen señales sobre una aparente investigación al tema Odebrecht, es de una torpeza singular. ¿Cómo se le ocurre amenazar con sanciones a la Fiscalía si él o su gobierno podrían ser sujetos de investigación en el caso? O Correa no es lo suficientemente listo para quedarse callado y fingir que no es el mandamás de la Fiscalía a través de amenazas, o está lamentándose que ha perdido influencia en ese organismo.  Resulta muy extraño, además, que Correa haya tenido acceso a documentos de la Fiscalía que deberían ser parte de las investigaciones. No solo eso: cuando Correa dijo que la Fiscalía mintió en el boletín sobre Tacla también dejó abierta la posibilidad de que esa afirmación del ex abogado de Odebrecht se haya producido en una declaración “verbal”, que no se incluyó en la declaración escrita. 

Si Correa se refirió a este tema es porque durante la semana habían sido muy comentadas las publicaciones de la prensa basadas en el boletín de la Fiscalía. “Fue un invento de la Fiscalía”, dijo y aseguró al menos tres veces que él es el único que dice la verdad.

La mentira

Luego estuvo, en la sabatina, la negación de algo que dijo una semana antes. Según Correa, él jamás dijo que lo que ocurrió entre Alecksey Mosquera y Odebrecht había sido “un acuerdo entre privados”, como se comentó mucho en redes sociales y en medios digitales como 4Pelagatos. Correa se refería a la declaración que él hizo durante el conversatorio que mantiene los martes con la prensa en Guayaquil y donde, en efecto, dijo que el tema del depósito era “un acuerdo entre privados”.  Durante ese encuentro con periodistas en Guayaquil fue la primera vez que salió a defender a Mosquera y ahí lanzó la tesis de que el peor error de su ex ministro fue no haber declarado el depósito para pagar impuestos. “Si el hubiera facturado eso que recibió de Odebrecht no habría ilícito”, dijo Correa y se mostró indignado por la forma en que las redes sociales se habían burlado de él por haber dicho lo del acuerdo entre privados. “Estúpido no soy”, dijo en algún momento dejando en evidencia que le afectaron los comentarios aparecidos en redes sociales. Pero basta con revisar el video del conversatorio para comprobar que, en efecto, sí dijo aquello. En la sabatina del 29 de abril no solo lo negó. Insultó a ciudadanos por, supuestamente, haber tergiversado sus palabras. O tiene mala memoria el Presidente. O miente con desparpajo. 

4Pelagatos incluye aquí las evidencias de la mentira de Correa. Primero está el momento en que niega haber dicho lo del “acuerdo entre privados” y luego el conversatorio en que lo dijo. 

 

La teoría fraudulenta

Correa volvió a insistir en su idea de que no pudo haber coima porque Mosquera ya no era funcionario. Eso no es coima, insiste Correa. Él cree que puede tratarse de pagos por servicios profesionales o asesorías pero en ningún caso coima porque, insistió como cuatro veces, en que Mosquera ya no era funcionario y el contrato con Odebrecht ya había sido firmado tres años atrás. “¿Cómo puede haber coima si no era funcionario? No configura cohecho”. E insistió varias veces en los detalles de las fechas. Para Correa, el depósito se realizó tres años luego de firmado el contrato. “Cuando recibe este depósito no era funcionario público, por eso le están procesando por lavado de activos”.

Correa asume que una coima es lo mismo que el cohecho. Lo cierto es que si se revisa el Código Penal Integral ecuatoriano no está mencionada la coima aunque sí el cohecho. En efecto, el cohecho es un delito tipificado que solo aplica a los funcionarios en funciones, pero Correa olvida que según la Contraloría “los sujetos de la responsabilidad administrativa son los servidores y ex-servidores públicos”. Es decir, Alecksey Mosquera pudo haber dejado de ser funcionario pero sigue siendo responsable de lo que hizo cuando lo fue.  

Correa se enfrascó intensamente durante largos minutos en el tema de la coima y acusó de “cobardes” a varias personas que en redes sociales se habían referido al tema . Incluso preguntó, sin éxito, si entre los presentes en su sabatina había un abogado que le diga si puede haber coima con el ex funcionario.

Correa parece ignorar que la coima según el diccionario de la Real Academía de la Lengua es un americanismo que significa soborno. Y soborno, a su vez, tiene dos significados en ese diccionario: dádiva con que se soborna y “cosa que mueve, impele o excita el ánimo para inclinarlo o complacer a otra persona”. Es decir, Correa cree que coima es un término jurídico cuando realmente no lo es. Según la acepción de la Real Academia, si Odebrecht entregó dinero tres años más tarde a alguien a cambio de un favor, perfectamente pudo haber estado coimando, en este caso, a Mosquera.

Es evidente que el tema de Odebrecht, por más intentos que hace Correa de aparentar que no lo afecta, es algo que lo tiene enredado. Por eso, comete tantas tonterías como en esta sabatina que fue realizada en Quito.

Correa renuncia a lo sagrado por legitimar a Moreno

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¿Qué darías a cambio de que la gente finalmente se convenza y acepte que Lenín Moreno ganó legalmente las elecciones? Pues Rafael Correa ha anunciado que, por eso, daría a cambio algo que para él es sagrado: una sabatina.

En efecto, Correa demostró durante su enlace 519 que está tan desesperado por darle legitimidad a la victoria que el Consejo Nacional Electoral le otorgó a Lenín Moreno y Jorge Glas, que anunció que el sábado 22 no habrá enlace porque ese día y a esa hora habrá una concentración, organizada por su gobierno, en la avenida de la Shyris, en Quito, para demostrar que sí hay gente que cree en que las elecciones fueron transparentes y honestas.

En anuncio lo hizo desde Santa Elena y ocurrió en medio de un nuevo intento que hizo por darle legitimidad a los resultados del CNE y quitársela a los movimientos que han protestado porque creen que la autoridad electoral no ha actuado de forma transparente.

El esfuerzo parece sin duda significativo. Correa no solo que en al menos dos ocasiones ha dicho que las sabatinas son sagradas, sino que nunca o casi nunca ha suspendido una y, cuando lo ha hecho, ha dejado encargado al vicepresidente Jorge Glas de esa tarea. Pues bien, el sábado 22 él y Glas estarán con banderas del Ecuador animando a quienes se concentren para respaldar a Moreno y al CNE. Así de preocupado luce Correa y el Gobierno por dejar a Lenín Moreno en el poder con legitimidad y capital político.

La sabatina 519 fue una suerte de repetición de la anterior, que se hizo en Palenque, provincia de Los Ríos, pero con ciertos matices. Esta vez Correa se cuidó mucho, pero con muy poco éxito, de no lanzar tanto odio e inquina como la vez pasada, pues fue evidente que alguien le hizo caer en cuenta el mal que le hizo a su imagen el haber desparramado tanta vileza y pobreza humana.  Esta ocasión Correa trató de bajarle el tono a su discurso de odio social y racial, aunque es claro y notorio que eso le resulta imposible. En más de una ocasión se dejó arrastrar por su propia humanidad y, tal como en el enlace anterior, denigró, humilló e insultó. Lo hizo nuevamente con Ecuavisa a la que calificó de organización mafiosa, con Cedatos a la que tildó de fraudulenta, con Ruth Hidalgo de Participación Ciudadana a quien otra vez le deseó que vaya a la cárcel y con Guillermo Lasso a quien, entre otras cosas, le dijo ricachón engreído que quiere comprar la Presidencia.

Pero hubo una diferencia básica entre el discurso del enlace 519 y del 518.  Esta vez Correa ya no centró tanto en la supuesta victoria de Lenín Moreno, sino más bien en el hecho de que ese día hubo canales de televisión que basaron su cobertura de los resultados con el exit poll de Cedatos que daba como ganador a Guillermo Lasso. Le dio tanta importante a eso que en dos ocasiones preguntó: “¿saben lo que pasó el 2 de abril? Ese día Ecuavisa proclamó como presidente electo a Guillermo Lasso sobre la base de una consulta fraudulenta”.  Fue como si en su subconsciente se le hubiera borrado que ese día también competía su correligionario Lenín Moreno. “Lo que pasó ese día fue gravísmo”, dijo en otro momento. “Lo que paso el domingo 2 de abril, no puede repetirse en la historia patria, no puede crear un estado de opinión, donde mandan los presentadores vendidos de Ecuavisa, y no el pueblo ecuatoriano, tenemos que cortar de raíz esto, una vez que se aclare todo lo que han enturbiado. Es impresionante el poder de cierta prensa”, dijo asismismo volviendo a invisibilizar a Moreno. “Aquí compañeros manda la mayoría, no el billete de un banquero caprichoso. Hasta hoy no han demostrado fraude. Es gravísimo lo que pasó el 2 de abril, Cedatos tendrá que responder a la ley, los malos perdedores no pasaran”, insistió.

Lea aquí Correa quiere imponer a Moreno a punta de odio

Luego repasó lo que había dicho el sábado anterior para afirmar, otra vez, que el CNE había actuado transparentemente.  Repetitivo y cansón volvió una  vez más sobre el tema de los observadores extranjeros, sobre el reconocimiento de la OEA, sobre los datos que arrojaron varias encuestas hechas por firmas que han trabajado con el Gobierno…  Y nuevamente dijo que no hubo apagón informático y que lo que ocurrió es que alguien de la derecha banquera pagó a un hacker en EEUU, para tumbar la página de los resultados y poder decir así que hubo fraude.  Son las “elecciones más transparentes como lo ha reconocido el mundo entero”, agregó en un arrebato de inocultable exageración.  Era tan evidente y dramático su desespero por  convencer a la audiencia de que las elecciones habían sido legítimas que dijo esto: “Yo le he ordenado a las Fuerzas Armadas; yo le he ordenado a la Policía Nacional, que si han visto alguna irregularidad, lo denuncien, se los ordeno; todavía los estoy esperando, de hecho se registró una irregularidad contra nosotros, por si acaso, en El Oro, y pronto lo sabrá el país”.

Correa parece no darse cuenta de que con este tipo de intervenciones, lo que está haciendo es dejar en evidencia que defiende al Consejo Nacional Electoral porque él lo ha manejado y porque él se siente responsable del trabajo que esa institución ha hecho.  Curioso y contradictorio intento el de Correa de darle credibilidad a un organismo que solo podría tenerla si es que tuviera independencia, es decir si no dependiera de su omnímoda voluntad.

Si hubo otro matiz que hizo a este nuevo intento por legitimar al CNE algo diferente al anterior, fue su alusión a la Semana Santa y a Eloy Alfaro. A pesar de que cada vez que habla de ese tema dice que no lo hace por compararse ni con Jesús ni con Alfaro, el tono y el contenido de lo que dijo fue bastante elocuente. Correa no puede dejar de pensar en sí mismo cuando habla de Jesús y Alfaro. Siempre traza un paralelismo de la forma y las circunstancias en que ellos murieron con sus circunstancias políticas personales.

Pues esta vez Correa, una vez más, dijo que Jesús y él han sido víctimas de los poderosos, de los poderes fácticos y de los medios de comunicación que entonces como ahora inducen a las masas a cambiar de parecer frente a sus líderes.

“De la historia sagrada podemos sacar muchas para la historia universal, para la historia en general, para la historia pagana, para la historia política. ¿Cómo entra un domingo de ramos con palmas y aclamaciones y cinco días después esa gente lo crucifican y liberan al delincuente de Barrabás? ¿Sí se acuerdan de eso o no? ¿Cambiaron de gusto? !No¡ Fueron inducidos por los medios de comunicación de ese entonces, por los gamonales de ese entonces, por los sumos sacerdotes. (…) Esos cambios de humor de las masas no son casualidad, son inducidos por los poderes fácticos, por los medios de comunicación de ahora y de aquel entonces que eran las grandes autoridades religiosas…. Tampoco olvidar la gente que estaba con Jesús: la gente sencilla, la gente pecadora, los pescadores, María Magdalena, las mujeres, los débiles, quiénes estaban contra ese Jesús (je je, risita nerviosa) los opulentos, los fuertes, los que se acostumbraban a dominar, los poderes fácticos, los desubicados de esos que no se pierden un solo enlace, que toman nota de todo lo que digo, en sus editoriales que nadie lee, ni ellos mismo, para decir que Correa se cree Jesús”, dijo Correa muy al inicio de su enlace.

Su referencia a Eloy Alfaro fue casi idéntica aunque casi al final de su show. “Un siglo después, la oligarquía, la banca y la partidocracia siguen siendo iguales. Cualquier parecido nunca será casualidad, es un orgullo saber que los mismos enemigos e iguales”, sostuvo.

Correa ya está en la ronda de despedida. Si bien sus alusiones a Jesús y a Alfaro no son nuevas, ayer tuvieron un tono de desesperado llamado a que no lo olviden y que lo coloquen en la galería de los mártires, ya sean religiosos o políticos. A fin de cuentas, para él, son la misma cosa.

Correa quiere imponer a Moreno a punta de odio

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Rafael Correa llegó a su enlace 518 con una urgencia por cumplir: legitimar los resultados del Consejo Nacional Electoral, que dieron como vencedor a Lenín Moreno, y deslegitimar las protestas sociales que se han desatado porque un buen segmento de la población no cree en ellos.

La desesperada necesidad de Correa por cumplir con ese objetivo fue evidente y se explica en que ni él ni sus compañeros están seguros de la legitimidad de la victoria de Moreno y en que en el Gobierno están muy preocupados por las protestas.

Para cumplir con la primera parte de su cometido; es decir para legitimar y dar credibilidad a los resultados, Correa hizo básicamente lo siguiente: exhibir los reconocimientos internacionales al triunfo de Moreno, descalificar las denuncias que la oposición ha hecho sobre un posible fraude electoral y, sobre todo, atacar y amenazar con brutal violencia a al menos tres actores que fueron visibles en las elecciones y cuyos trabajos ese día sembraron las dudas sobre las cifras del CNE. Estos tres actores: son la prensa, la encuestadora Cedatos y la organización Participación Ciudadana, que hizo un conteo rápido que dio un empate técnico entre Moreno y Guillermo Lasso.

Para la segunda parte de su propósito; es decir para deslegitimar las protestas y a los protestantes, Correa lanzó lo que, con seguridad, ha sido el discurso de odio social más violento y agresivo, lanzado desde el Estado, de la historia del Ecuador. Será muy difícil, para cualquier historiador, encontrar en el pasado a un mandatario o funcionario que haya sido capaz de articular un discurso tan cargado de rencor social, e incluso racial, en contra de los grupos que se han volcado a las protestas, como éste que lanzó Correa desde la población montuvia de Palenque, en la provincia del Guayas.

Pero vamos por partes. Primero estuvo el desesperado intento por imponer credibilidad en los resultados del CNE, organismo del que incluso parecía ser su titular por la vehemencia y convicción con que lo defendió. 

Correa atacó con furia desbordada todo aquello que el 2 de abril pudo haber puesto en tela de duda a los resultados del organismo electoral. Y para eso no ahorró calificativos ni insultos. Y ahí cayó Cedatos. Aunque no justificó ni se refirió al violento operativo de allanamiento en contra de esa empresa encuestadora,  a Correa le quedó corto el vocabulario para tratar de echar por tierra el prestigio de esa empresa. La trató de deshonesta, corrupta y hasta mafiosa por haber hecho un exit poll, o encuesta a boca de urna, en la que Lasso aparecía ganador de las elecciones.  Correa dijo que Cedatos había cometido un crimen a la fe pública por mentir con sus resultados y sostuvo que esa empresa se había complotado con la prensa y con la banca para fraguar un fraude y que, por eso, deberá rendir cuentas ante la justicia. Parecía que todo el odio del mundo se hubiese juntado en su humanidad.

Ese no fue el único ataque ni el único lanzado con brutal inquina. Correa lanzó otro igual de violento y agresivo en contra de Participación Ciudadana, la organización que hizo un conteo rápido que daba un empate técnico entre los dos candidatos. A la directora de Participación Ciudadana, Ruth Hidalgo, llegó a responsabilizarla de cualquier desgracia que se pueda producir en las jornadas de protesta. Lo que ocurra en las calles es responsabilidad de ella, dijo, e incluso mencionó que ya había habido un muerto a consecuencia de las protestas.

Colérico, al punto que le temblaban los labios y se le escurría el sudor por la cara sin que se lo enjuague, Correa aseguró que Participación Ciudadana debía haber dicho el día de las elecciones que Lenín Moreno las había ganado ya que, según él, el argumento de esa organización, que había habido un empate técnico, no era admisible puesto que la diferencia estaba por encima del margen de error.  “Ruth Hidalgo permitió todo lo que está ocurriendo en la calle. Sobre ella recaerá toda responsabilidad civil, penal y de cualquier índole”, dijo con el rostro desencajado.

Era evidente, en ese momento, que los resultados que Participación Ciudadana anunció tenían trastornado de furia a Correa. Para cualquier observador independiente, que un Presidente haga una defensa así de destemplada de los resultados oficiales y, al mismo tiempo, formule un ataque tan emocional a quienes tienen otras cifras, puede generar inmensas sospechosas. ¿Si tan confiado está en la transparencia y legitimidad de los resultados anunciados por el CNE e a qué venía tanta diatriba, insultos y amenazas?

En ese contexto arremetió con la misma inquina contra los medios de comunicación y los periodistas. Como “cloacas con antenas” calificó a los canales de televisión que basaron su cubrimiento de los resultados de las elecciones con la encuesta a boca de urna de Cedatos y que no usaron las que daban el triunfo a Lenín Moreno. Y dentro de ese ataque, quizá Ecuavisa fue la que llevó la peor parte.  “Ecuavisa es deshonesta”, es un canal “comercial que se basa en una encuesta deshonesta”, sostuvo casi gritando y afirmó que, como otros canales, entre esos Teleamazonas y Canal Uno, recibieron dinero de la derecha para proclamar como presidente electo a alguien que no había ganado en las urnas. Según Correa, Ecuavisa y periodistas suyos como Alfonso Espinosa de los Monteros, Estéfani Espín y Alfredo Pinargote son deshonestos y se inventaron fuentes. De “sinvergüenza” tildó a Alfonso Espinosa de los Monteros y lo acusó de estar involucrado en política. En una abismal demostración de sed de venganza dijo que a Espinosa de los Monteros debe ser sancionado con la ley y que si no hay ley para ese caso para eso habrá que crearla.

Todos: banca, prensa, Cedatos y Participación Ciudadana se habían complotado para evitar que Lenín Moreno gane y eso debe ser sancionado por la historia y por la ley, según Correa.

La violencia y la intensidad con la que insultó a Ecuavisa y a sus periodistas parecía llevar también una amenaza implícita. Ecuavisa deberá “responder ante la historia y seguramente ante la justicia” exclamó en lo que parecía ser una orden a sus jueces para que le impongan a esa empresa alguna sanción. ¿Quitarle la concesión? ¿Imponerle una multa descomunal? De las muchas veces que se ha visto a Correa despotricar e insultar a la prensa, en muy pocas ocasiones se lo había notado con tanta agresividad. Lucía descompuesto y poseído por una violencia que lo dominaba por dentro.  “A defender la institucionalidad”, llegó a decir como si los medios de comunicación hubieran atentado contra las instituciones.

Pero en su evidente desesperación por dar credibilidad a los datos del CNE, Correa no se limitó a atacar y criminalizar a Cedatos, Participación Ciudadana y a los medios que no basaron su trabajo con el exit poll del Gobierno. También insistió mucho con el tema de las felicitaciones que Lenín Moreno ha recibido de presidentes y líderes internacionales. Especial mención hizo al mensaje enviado por el secretario general de la OEA, Luis Almagro y por el presidente argentino Mauricio Macri. En esa línea, insistió en que no había cómo dudar de los resultados si tantos observadores internacionales han garantizado la transparencia de las elecciones. Sudoroso e hiper ventilado, Correa evidenciaba que estaba desesperado por convencer, o quizá hasta convencerse a sí mismo, de que los resultados eran legítimos y de que no ha habido fraude. 

Incluso le dedicó tiempo al tema de la misión electoral de la Unión Europea a la que se le impidió venir a monitorear las elecciones. Para justificar la inasistencia de esa misión, echó mano de argumentos patrioteros. Para Correa, era inadmisible que esa misión trabaje en el Ecuador por un tema de reciprocidad. Si Ecuador no observa las elecciones en Europa, los europeos no tienen derecho a observar las elecciones en Ecuador, argumentó para luego volver al tema de los periodistas y decir, sin mencionar nombres, que los que habían dicho que esa es la única misión que hace una observación integral y fiable de un proceso electoral están entregados a sus “patrones europeos”.

Mientras Correa arremetía contra los medios por haber publicado una exit poll que no coincidía con los datos del CNE, cientos de usuarios en redes sociales posteaban en sus cuentas referencias a las veces que los medios del Gobierno han publicado encuestas a boca de urna con datos que resultaron errados.

Correa también dijo que no había habido un “apagón” informático en el CNE, como ha dicho la campaña de Lasso. Según él, lo único que ocurrió fue que la página web donde se veían los resultados se cayó por un complot de la derecha y la banca que usó a hackers desde EEUU. No presentó pruebas, claro. Además dijo que el llamado archivo plano del CNE nunca registró que Lasso hubiera estado en algún momento ganando y desafió a la prensa a que publique eso en las primeras planas.

Una vez terminado su destemplado esfuerzo por legitimar los resultados del CNE vino su esfuerzo, igual de exasperado y violento como el primero, por quitarle legitimidad a las protestas. Para ello, Correa hizo lo más básico: sostener que una persona que pertenece a la clase media pudiente que, según él, es la que ha salido a las calles, no tiene credenciales para protestar y exigir derechos. La tesis expuesta por Correa fue que los ricos, al contrario de los pobres, son personas de malos sentimientos y sin sentido de país. No conocen el Ecuador, no envían a sus hijos a colegios públicos, no van a hospitales públicos, nunca han estado en Palenque y conocen como la palma de sus manos Miami, ciudad en la que dijo nunca ha estado. “Eso no lo va a entender la oligarquía, no conoce un hospital público, no conoce una escuela pública, no conoce Palenque, no conoce Mocache, no conoce Los Ríos, conoce Bayside en Miami Beach, por eso seguirán siendo derrotados. Perdónenme si me equivoqué porque yo no conozco Miami, no sé si Bayside queda en Miami Beach”.

Correa sostuvo que si en algo fracasó durante su mandato fue no haber logrado cambiar la mentalidad de los hijos de la oligarquía ecuatoriana. “En 10 años debí cambiar la mentalidad de los hijos de la oligarquía pero es una lástima, no lo hice”, sostuvo y advirtió que él va a señalar a los adversarios del pueblo, de la revolución ciudadana. “No aceptan su derrota porque en su club todo el mundo nos odia y creen que el país empieza y termina en sus clubes de lujo, en sus barrios de lujo, en sus colegios de lujo, en sus universidades politiqueras de lujo. Que entiendan que aquí está el Ecuador profundo, las grandes mayorías, el pueblo ecuatoriano que siempre ha estado con la revolución ciudadana, que siempre hemos sido más, muchísimos más compañeros”.

Su afán por insultar y denigrar a quienes protestan no quedó ahí e incluso aludió a ese término cargado de racismo de las “coloraditas” que se le oponen. “Hasta con rezos, por ahí hay esas peluconas arrodilladas invocando al Señor para ver si hace el milagrito de inventarle unos cuantos votos. Así no se gana en democracia, se gana en las urnas, en las urnas venció el pueblo ecuatoriano, venció la revolución ciudadana” exclamó para luego asimismo en tono exaltado agregar que “yo ya me voy, qué bueno que venga Lenín. Él tiene otro estilo, pero aquí los pájaros disparan contra las escopetas, resulta que nosotros somos los que dividimos al país, cuando nosotros incluso podríamos reclamar la primera vuelta porque estamos seguros (de) que nos falló el control electoral y que ganamos en una sola vuelta, pero dijimos vamos a la segunda vuelta, cuando perdimos ciertas alcaldías el 2014, las perdimos”.

Para dar fuerza a su brutal alegato contra las clase media que ha salido a protestar desde el 2 de abril, Correa proyectó un video que circuló un día antes de la segunda vuelta en el que se ve a un grupo de partidarios de CREO golpear a un anciano indigente que viste con con el verdeflex de Alianza País. Aunque es difícil y casi imposible creer en la veracidad del video, pues salta a la vista que se trata de una burda y mal hecha dramatización, la línea argumental del mismo le dio para vomitar más odio y revancha social. “Miremos un video donde los corifeos de la derecha, Martín Pallares, dijeron que era forjado, no es forjado. De hecho veamos si congelamos la imagen y alguien puede identificar al protagonista. Un ‘aniñadito’ de CREO, porque esto es delito de odio incluso, como rompiendo el silencio electoral el sábado anterior a las elecciones dos camionetas sin placas de CREO están haciendo campaña, un mayor discapacitado con un bastón, delante de niños, les dice aquí no van a sacar ningún voto, se baja este ‘peluconcito’ con su prepotencia. Esa es la mentalidad de nuestra élite”, dijo casi respirar.

El tema del estadio Atahualpa donde poco antes de las elecciones miles de personas afectas al gobierno y aparentemente invitadas por éste abuchearon y agredieron a Guillermo Lasso no podía faltar en el menú de insultos. “Se dan cuenta esto es contra lo que hemos tenido que luchar durante estos diez años, lo que dice ese joven burgués, retrata de cuerpo entero nuestra burguesía. No estoy exagerando, no es solo la burguesía ecuatoriana, es la latinoamericana, lo peor que tiene América Latina son sus élites”. Además sostuvo que “por enésima vez, la peluconería quiteña, los de luto, como ya no tienen sus corridas de toros, como ya no tienen violencia, van a generar violencia política en los estadios, tergiversando un espectáculo deportivo, familiar. Recuerden todo lo que hemos tenido que aguantar”.

Correa, ventajosamente, es un mentiroso que hace muy mal su trabajo. Cuando miente deja ciertos cabos sueltos que permiten saber qué pasa por su mente. En el tema del Estadio dejó en evidencia que lo que más lo molesta es que le griten !Fuera Correa Fuera¡ Por eso hizo tanto énfasis en su afirmación de que en algún otro partido de la Selección, en el que su hijo había estado presente, la gente gritó !Fuera Correa Fuera¡ Eso, para él, es inaceptable y con su versión de este episodio quedó muy en claro que lo que ocurrió en el Atahualpa fue un inmenso operativo pagado por el Estado para que nadie gritara en su contra.

La sabatina desde Palenque fue la demostración de que Correa tuvo que invertir todo el odio del que es capaz para imponer en la opinión la legitimidad de Lenín Moreno. Eso solo tiene una explicación: se llama inseguridad en esa legitimidad.

Correa prefiere anunciarlo él: la lista Odebrecht sale la próxima semana

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Los filáticos del fútbol dicen que un buen defensa es quien sabe adelantarse a la jugada. La idea es que el jugador llega a la pelota antes que el delantero y así evita que le emboquen un gol a su equipo.

Pues adelantarse a la jugada es lo que Rafael Correa intentó hacer en su enlace número 516 realizado en Salitre, provincia del Guayas. Lo hizo en dos temas que, se vio, lo tienen aterrado: la lista de Odebrecht y las elecciones del 2 de abril.

Sobre Odebrecht dijo que la semana que arranca este lunes 20 de marzo habrá una filtración de información sobre la lista de los funcionarios ecuatorianos que están involucrados en el escándalo de coimas de esa constructora brasileña. “La próxima semana preparan filtrar la lista Odebrecht”, dijo Correa quien, al parecer, está tratando de esbozar un plan para neutralizar el efecto de la noticia. Ese plan consiste en, primero, echarle la culpa del embrollo a otros. En este caso, según Correa existe un complot entre la agencia de inteligencia de los EE.UU., CIA, la familia Isaías que está radicada en La Florida, la derecha y los prófugos Carlos Pareja y Pedro Delgado. Ellos están atrás de esta filtración, dijo y agrego que Karen Holligan, una ecuatoriana activista política que vive en Miami, es “la nueva directora” de ese organismo y quien coordina la filtración.

La otra pata del plan de defensa que aparentemente prepara el Gobierno consiste en decir, como en efecto lo hizo Correa, que la información no es confiable porque se trata de una filtración hecha antes de que los organismos competentes de Brasil o los EEUU hayan hecho las investigaciones del caso. Para afirmar esto echó mano de unas declaraciones recientes de la congresista de los EEUU, Ileana Ros-Lehtinen quien pidió la información a los EEUU pero que dijo que le habían negado el pedido pues las investigaciones aún están en curso. Pero Correa dio otra pista de cómo podría ser su defensa en el caso de que, en efecto, aparezca la lista en los días venideros: decir que el Ecuador pidió a la empresa los nombres pero que ésta condicionó su entrega a factores inaceptables, como el comprometerse a no enjuiciar a funcionarios de la constructora o no embargar sus bienes. Para darle verosimilitud a lo que estaba diciendo puso una diapositiva donde aparecían las supuestas condiciones de Odebrecht. ¿Quien se las dio en caso de ser ciertas? Sería extraño que se las haya dado el fiscal Galo Chiriboga que debería observar cierta independencia en el caso.

Fue tan evidente que el tema de la lista de Odebrecht lo tenía preocupado que al despedirse de la sabatina volvió a hablar del tema. “A estar preparados”, dijo lacónicamente y despidiéndose.

Pero para llegar al tema de Odebrecht, Correa primero preparó el terreno para hacerlo. Y para eso habló del tema electoral porque claro, para él, la filtración de la lista tiene por objetivo perjudicar al binomio gobiernista de Lenin Moreno y Jorge Glas. El Presidente, al hablar de las elecciones, insistió en algo que ya había dicho en una sabatina anterior: que la oposición no va a aceptar las resultados porque pretende hacer fraude. Es decir, Correa quiere adelantarse a la jugada de un posible fraude aunque todo apunta a que éste estaría siendo fraguado por él y los suyos. ¿Si no cómo explicar esta afirmación? Resulta obvio que cada vez que dice que la oposición no va a aceptar los resultados, que según él serán ampliamente favorables para Lenin Moreno, está preparando a la opinión pública frente a una eventual protesta de la oposición ante un fraude.

Correa aseguró que las encuestadoras serias, es decir las afiliadas al Gobierno como Perfiles de Opinión o Santiago Pérez que se equivocaron de crin a cola en la primera vuelta, aseguran que Lenin Moreno y Jorge Glas tienen una amplísima ventaja. De hasta el 16%, dijo. En cambio, a la encuesta de Cedatos, que hace poco dijo que había un empate técnico entre los dos candidatos, la calificó de fraudulenta. “Cuando Cedatos le ponga 50 a Lasso y 49 a nosotros, 50,5 a Lasso, 49,5 a nosotros, réstenle unos 10 puntos a Lasso y auméntennos 10 puntos a nosotros, y esa será la encuesta verdadera, ellos lo saben, porque Polibio Córdova dueño de Cedatos si sabe estadística, lo que pasa es que se vende al mejor postor, al que lo contrate y ellos tienen las verdaderas encuestas que coinciden con las otras encuestas donde nos muestran de 13 a 15 puntos de ventaja, hasta 16 nos da una encuesta sobre votos totales, lo que significa 16, 18 puntos de ventaja sobre votos válidos”, sostuvo.

Correa dijo esto sobre las elecciones del 2 de abril en medio de una persistente quejadera sobre una campaña sucia que, dijo, lleva adelante la candidatura de Guillermo Lasso. “Ya nos trajeron esta semana a la señora, ¿cómo se llama la señora? ¿La coloradita venezolana?, Lilian Tintori, insultando al país, descaradamente diciendo que viene por el cambio, a hacer proselitismo con Guillermo Lasso, tenían planificado dos días de campaña, eso es recontra ilegal, pero además un insulto a la soberanía de un país”, aseguró el Presidente quien además del racista y misógino comentario sobre Tintori hizo una hipócrita defensa de la decisión del gobierno de inadmitirla en territorio ecuatoriano. Correa, cuyo gobierno ha traído a decenas de extranjeros para que opinen de política interna alabándolo,  dijo que una venezolana no puede intervenir en política ecuatoriana.

En sus ataques a Tintori, Correa dijo que pretendía ser una “princesa” que pretende mandar como en su “hacienda bananera”. Sin embargo, no dijo nada sobre los otros extranjeros que han venido estos días al Ecuador para hacer campaña por Lenin Moreno y a quienes no se les impide permanecer en el Ecuador, como fue el caso de ex candidato presidencial chileno Franco Parisi. “Si viene a meterse en política en el mismo avión la regresamos, vamos a ser más eficientes, nos demoramos ahora unas horas, la próxima vez le ofrecemos más eficiencia y en el mismo avión la regresamos, aquí se respeta la ley y la soberanía del país”, lanzó en tono envalentonado.

Correa, en todo caso, no conoce decencia ni coherencia. Así como habló pestes de Tintori que vino a hacer lo mismo que han hecho sus invitados extranjeros, Correa invirtió una buena porción del enlace en denostar a los Tratados de Libre Comercio asegurando que acaban con el agro. Era evidente que estaba haciendo campaña en contra de Lasso, especialmente por estar en Salitre una zona de campesinos pobres que podrían pensar que un Tratado de Libre Comercio los puede afectar. Lo que no mencionó, sin embargo, es que fue él quien más empujó para que se firme el Tratado de Libre Comercio con Europa. ¿Más caretuco que eso?

En general, Correa no estuvo ni tan vehemente ni tan agresivo como suele estar en otras sabatinas. Esta vez no mencionó ni una sola vez a Jorge Glas, aunque entre los asistentes estaba su madre Norma Delgado junto a la de Glas, Norma Espinel.  Era visible que el tema de la lista de Odebrecht lo tenía preocupado. Tanto así que al despedirse no pudo evitar volver a mencionarlo.

A Correa le importa un carajo el éxito de las elecciones

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Esta vez la idea central no era hacer campaña electoral aunque sí se la hizo y mucho. Esta vez el objetivo de la sabatina fue algo que, a más de ilegal como hacer campaña, resulta perverso e irresponsable: tratar de posicionar, en la opinión pública, la idea de que el 2 abril la oposición no aceptará una derrota electoral y que alegará que el gobierno hizo fraude.

En otras palabras, el presidente Rafael Correa dejó en claro con su enlace 514 desde La Unión en Esmeraldas que su objetivo es convencer a la gente que ya se sabe que Lenín Moreno va a ganar el 2 de abril y que, cualquier denuncia de fraude que se presente en contra, es una estrategia de la oposición para desconocer la derrota. Así, si en efecto la oposición sostiene que hubo fraude, quedaría neutralizada antes de que se produzca. Así de sencillo.

¿Tiene Correa alguna evidencia para afirmar tan paladinamente que la oposición no va a aceptar la derrota y que Lenín Moreno va a ganar? Según Correa, la prueba irrefutable de este siniestro plan es la encuesta de Cedatos que pone a Lasso con cuatro puntos por encima de Moreno. Claro, en la lógica del Presidente, una encuesta que no pone a su candidato como ganador debe ser falsa y es prueba suficiente para sostener que la oposición quiere, desde ahora, convencer a la opinión que Lasso va a ganar. Así la denuncia de fraude tendrá credibilidad. “Hay que estar preparados porque ya están alistando -esto en comunicación se llama el encuadre- para otro fraude porque saben los resultados que van a tener el próximo 2 de abril” dijo Correa. Y agregó: “la encuestadora Cedatos es una de las principales cómplices para el presunto fraude. Cedatos hace dos resultados, el verdadero y el que publica. Sacó que Lasso está ganando con uno o dos puntos, si eso saca tienen que bajarle 10 puntos a Lasso y aumentarnos 10 puntos a nosotros y ahí tendrán el resultado verdadero”.

Según el Presidente, la oposición no va a aceptar el triunfo de Moreno y tiene listo todo un plan para desconocerla. “La oposición está preparando el encuadre para no aceptar los próximos resultados, tal como lo hicieron el pasado 19 de febrero, para amortiguar la derrota se inventaron esto del fraude. La oposición no ha presentado ningún informe oficial ni pruebas de fraude al CNE. No se presentó una sola denuncia de fraude, ya que no tienen ninguna prueba”.

Correa con su afirmación podría provocar una inseguridad colectiva alrededor del proceso electoral y eso, a su vez, podría desencadenar reacciones impredecibles. Incluso circunstancias en las que el proceso se vuelva vulnerable. Como Presidente, Correa está obligado a dar seguridades y a procurar que cualquier duda sea solventada, pero no es de estadista sembrar incertidumbre alrededor de uno de los momentos fundamentales de la vida democrática: las elecciones.

¿Tiene Correa alguna otra prueba para sostener una afirmación tan grave como la que hizo? Al menos dos más: que en la primera vuelta la candidatura de Lasso ya se quejó de fraude y que en la historia ecuatoriana la derecha ya ha hecho lo mismo varias veces. Por ejemplo cuando la derecha intentó convencer a la gente de que el triunfo de Jaime Roldós sobre Sixto Durán-Ballén había sido fraudulento. “Es importante reflexionar sobre la historia del fraude pues preparan otra igual “, soltó Correa quien no tuvo empacho en utilizar la figura de Roldós a quien sacó en un video de inicios de los años 80 del siglo pasado.

Pero el sujeto de marras fue más lejos. Según él, no se trata únicamente de que la oposición va a desconocer el triunfo de Moreno. Sostuvo asimismo que si Moreno no ganó en la primera vuelta, con el porcentaje que ya le hubiera permitido ser presidente electo, es porque la oposición hizo fraude el 19F. Es decir, hay segunda vuelta porque hubo fraude. Para afirmar esto, Correa no tuvo empacho en afirmar que Moreno obtuvo el 46% de los votos y que el resultado oficial de 39.3% es producto de una trampa que se logró gracias a que CREO tiene más recursos que la candidatura de Lenín Moreno. “El binomio AP obtuvo 46%, mientras que el de CREO consiguió 24%. Si hubo fraude fue contra nosotros porque no tuvimos control en todas las mesas. CREO lo tuvo porque tiene cualquier cantidad de billete. Esta gente ya no sabe cómo torturar las cifras. En todo caso en buena hora, para ir a una segunda vuelta y ganarles con mayoría contundente, para que sepan que aquí mandamos la mayoría”, afirmó. Con esta declaración, Correa no solo que sembró dudas sobre lo que podría ocurrir el 2 de abril sino que pretendió quitar legitimidad a lo que pasó el 19F. ¿Puede un mandatario socavar más la confianza de la gente en un proceso electoral? Difícil.

A esas alturas del enlace, el objetivo de Correa era, evidentemente, desatar todas las incertidumbres posibles sobre el proceso. Decir que Moreno tuvo el 46% sin la más mínima prueba o evidencia no hace más que eso. Es más, en su esfuerzo por sembrar dudas alrededor de lo que ocurrirá el 2 de abril no tuvo empacho de contradecirse de una forma alarmante. Luego de haberse quejado de que fue la candidatura de Gobierno la que sufrió un fraude, él mismo dijo que quejarse de fraude es una vergüenza. “El fraude ha sido y siempre será el argumento de los perdedores, que vergüenza”, expresó.

Toda la argumentación sobre la maniobra que, dijo, hará la oposición cuando se sepa que Moreno ganó se sustentó, además, en su inveterado discurso de revancha y odio social. Nuevamente sacó el tema de la Rebelión de los Smartphones que surgió de una fotografía a la que ya lleva refiriéndosse una semana y en la que se va a un grupo de jóvenes manifestándose frente al CNE  con smartphones en la mano. Y otra vez habló de los croissants del chef francés Jérôme. Como si él y los suyos no tuvieran smartphones y como si no se supiera que él y los suyos son asiduos comensales de Chez Jérôme.

“Los pelucones protestando, con su smartphone. Esta imagen debe recorrer el mundo, la prepotencia frente a un humilde trabajador. La rebelión de los smartphones revela lo que está en juego: un país de castas o un país para todos”, dijo y luego agregó: “!qué rebeldes protestando en pleno centro de Quito con un mesero que les sirve pan francés!”.

A Correa le gusta fijar ciertas imágenes en la gente y las repite hasta el cansancio para deslegitimar a las clases medias que no lo quieren. Entonces recurre a ciertos emblemas de consumo de clase media. Alguna vez fue la Nutella, otra los viajes a Miami y ahora los smartphones y el pan francés. ¿No ha visto el video de Crudo Ecuador que lo desnuda en su más profunda ridiculez?

También volvió con su retórica de las latas de atunes que pocos días antes había desarrollado en Chone aunque esta vez hizo una pequeña modificación. Ya no hay que tirarlas de vuelta sino aceptarlas y votar nomás por el gobierno. “Si vienen otra vez con sus latas de atún, recíbanlas nomás y si pueden me guardan una, al igual que las fundas de arroz o las camisetas, reciban nomás, pero saben por quién votar en las urnas”.

El enlace, en definitiva, fue un llamado desesperado a no confiar en las elecciones del 2 de abril. Pero también fue lo que han sido las últimas sabatinas: una descarada forma de hacer campaña con fondos públicos y un esfuerzo gigantesco por construir su imagen de héroe nacional. Correa no tiene decencia, no la conoce siquiera. A él, sus responsabilidades éticas y legales como Jefe de Estado no le interesan. Lo único que le interesa a Correa es ejercer el poder. Como sea.

Una sabatina para devaluar a Lasso y ensalzar al caudillo

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Debe haber sido el acto de campaña electoral y de culto a la personalidad más costoso de cuántos se han hecho hasta la fecha. No solo la transmisión vía satélite durante algo más de tres horas y media desde Barcelona debe haber costado mucho dinero del erario público, sino todo el operativo que incluía los viajes y la estadía de burócratas en Europa, el equipo de seguridad y el alquiler del teatro donde se hizo la sabatina… Entre tantas otras cosas más que se necesita para hacer una sabatina, como dios manda, pero a 9 492 mil  kilómetros del Ecuador.

Lo cierto es que el enlace ciudadano realizado en Barcelona (aparte del impúdico gasto en las fatuidades de Correa) fue sobre todo un espectáculo preparado y concebido para transmitir un mensaje electoral y, de paso, para exacerbar una vez más y con mayor fuerza el culto a la personalidad de Rafael Correa.

¿Cuál fue el mensaje proselitista que tanto debe haber costado los ecuatorianos? En enlace no fue, como podría creerse, un tradicional acto de campaña electoral para ponderar y promocionar las virtudes del candidato oficial Lenín Moreno. No. La sabatina estuvo diseñada, primero y antes que nada, como un espectáculo para perjudicar la candidatura de Guillermo Lasso. Para ello, Correa, apenas si nombró una o dos veces a Lasso porque no era necesario.  Lo que Correa hizo fue dedicar gran parte de su intervención a hablar pestes de los banqueros. Y  qué mejor escenario para hablar mal de los banqueros que en una concentración de migrantes ecuatorianos.

Pues fue precisamente a los banqueros, como Lasso, a quienes Correa  responsabilizó una y otra vez de ser los causantes de los grandes males de la nación y en especial de la crisis de 1999 y del feriado bancario. La sabatina, hecha ante un auditorio lleno de migrantes, sirvió para insistir en el emocional relato oficial según el cual el fenómeno migratorio se debió a que a la perversidad de los banqueros que se apropiaron de la plata de los ecuatorianos.  Es más, en algunos de los videos que retransmitieron desde Barcelona, Correa aparecía asegurando que una de las causas por las que el país ha podido salir del crisis, al contrario de lo ocurrido en 1999, es que los banqueros no están en el poder “sino el pueblo ecuatoriano”.

Correa abordó el tema de los banqueros casi al principio del espectáculo al que había invitado a varias personalidades de la política catalana, entre ellos a la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, quien estuvo sentada en primera fila junto al canciller Guillaume Long. Para hacerlo, Correa primero recordó que se estaba recordando un aniversario más del asesinado de Eloy Alfaro con quien, de paso y como lo había hecho hace algunos años, se comparó. Según Correa, los grandes saqueadores del Estado no han sido servidores públicos sino los banqueros quienes son, además, los “sepultureros” que se robaron el dinero de los ecuatorianos durante el feriado bancario. ¿Adivinen quién se robó la plata?, preguntó en algún momento Correa para luego dar a entender que son precisamente esos mismos banqueros que mataron a Alfaro y que ahora lo critican a él los que están tratando de llegar al poder. ¿Había una forma más evidente de hablar de Lasso sin necesidad de mencionarlo?

Como para Correa era insostenible hablar tanto de los banqueros corruptos sin mencionar, aunque sea de paso, a los escándalos de la refinería de Esmeraldas y de Odebrecht, cuando lo hizo dijo que esos son temas que los banqueros están tratando de aprovechar políticamente. “Que no me vengan los sepultureros de la patria a hablarme de honestidad. Que tengan sangre en la cara”, gritó todo alterado en un algún momento de la sabatina y dejando en evidencia que mencionar el tema de los escándalos de corrupción que han golpeado a su gobierno era un trago amargo que inevitablemente tenía que tomar.

En ese contexto Correa insistió en dos argumentos que ha repetido hasta el cansancio en sus últimas intervenciones: que en el escándalo de sobreprecios de la refinería de Esmeraldas los responsables fueron los socialcristianos que, según él, el gobierno los descubrió y que en el tema de Odebrecht existe una conspiración internacional para perjudicar únicamente a su gobierno.

Según Correa, en el tema de la refinería de Esmeraldas el gobierno descubrió los actos de corrupción pero también encontró que los responsables eran parte de una red que tenía 30 años de antigüedad. El cabecilla de esa red, dijo, era Charly Pareja y su primero Carlos Pareja Yannuzzelli fue solo “un funcionario que nos infiltraron” y al que se “le dañó el corazón”. Era un testaferro de Charly Pareja dijo Correa quien poco antes había dicho que ese caso ya fue resuelto.

En el tema de Odebrecht, en cambio, Correa sugirió una vez más que tras eso hay una conspiración internacional. “Lo único que tenemos es la declaración de un empresario mafioso”, aseguró y luego repitió algo que ha dicho en sus últimas presentaciones: que resulta demasiado extraño que la investigación del Departamento de Justicia de los EEUU se limite al período de su gobierno. “Estamos viejos para creer en esas coincidencias”, dijo y acusó a la prensa de haber minimizado la circulación de una lista de personas supuestamente relacionadas con el tema de Odebrecht en los años 80. “La prensa tachó nombres autocensurándose”, dijo y luego agregó que “si éramos nosotros (eso) salía en primeras páginas”, ignorando o pretendiendo ignorar que si la prensa tachó los nombres es precisamente porque la Ley de Comunicación, que él la impulsó, impide hacerlo.

Al final de la sabatina volvió al tema de los banqueros. “El gobierno de Mahuad era de banqueros y ahí estaba el metiche de Lasso”, sostuvo sin mencionar claro está, en que alguna vez él fue hasta la casa de ese “metiche” para pedirle dinero para su campaña electoral. ¿Honestidad intelectual? Eso no es para Correa.

El otro eje de la sabatina fue la exaltación de Correa como el gran presidente de la historia del Ecuador. Para esto no hubo empacho en dedicar horas en la retransmisión de videos en los que aparecía Correa dando conferencias y recibiendo doctorados honoris causa o presidiendo reuniones internacionales. ¿Nadie se condolió del costo del satélite para pasar desde Barcelona videos de una semana de anejos y cuya importancia era más que dudosa? Tampoco hubo empacho en dedicar mucho tiempo a entrevistas a migrantes que lo único que hacían era hablar maravillas de Correa.  Definitivamente, el recato en el gasto público no es, precisamente, un valor que acompañe a los funcionarios de la revolución ciudadana.

En esta sabatina fue claro que la idea de ir construyendo un lugar casi sagrado en la historia para Correa está tomando fuerza conforme se acerca el momento de entrega del poder. Si siempre hubo culto a la personalidad, lo que ocurrió en este enlace fue notable.

En resumen, la sabatina fue un inmenso y costoso acto proselitista donde hubo un solo héroe: Rafael Correa y muchos villanos: los banqueros que en esta ocasión fueron una intelequia para referirse a Lasso sin siquiera mencionarlo.

Si el viaje de Correa a Europa fue un invento para hacer campaña con los migrantes y hablar mal de los banqueros para así perjudicar a Guillermo Lasso sonría, son sus impuestos trabajando por usted.

Correa no quiso quedarse atrás del ‘yo sí sé’ de Galo Chiriboga

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¿Saben quiénes no recibieron coimas de Odebrecht? ¿Saben quienes no son corruptos? Ustedes no saben pero yo sí sé. Los corruptos son todos, menos nosotros los honestos.

Aunque no con las mismas palabras pero sí con ese mismo razonamiento, el presidente Rafael Correa confirmó en su enlace 507 en Cuenca que la celebérrima declaración de Galo Chiriboga, sobre las investigaciones en el caso Odebrecht, no es únicamente una desafortunada frase del Fiscal, sino una especie de coartada o mantra que el correísmo ha desarrollado para defenderse de las evidencias de la corrupción que aparecen como hongos tras la lluvia. Algo así como un si ustedes llegan a saber algo que no es lo que yo sé, entonces todo es falso y montado.

Según Correa, los que recibieron las coimas de Odebrecht están ya identificados: es cualquiera que no es  parte de su gobierno. Y si se llegara a decir que alguien de su gobierno está en las listas de quienes recibieron coimas de la empresa brasileña, entonces todo es una mentira y un montaje que hace parte de una conspiración nacional e internacional. Una conspiración en la que se han confabulado los intereses geopolíticos de los EEUU  y la agenda de la familia Isaías en Miami.

La poca corrupción que existe en el Ecuador, sostuvo Correa desde Cuenca, se produce únicamente porque es imposible de detectar, porque hay funcionarios que no han sido nombrados en su gobierno y porque existen paraísos fiscales en los que se puede ocultar el resultado de los robos. “Hemos sido muy cuidadosos. Tenemos el sistema de compras públicas más moderno de la región”, aseguró Correa para quien es imposible pensar que la corrupción se produce sobre todo en países que, como el Ecuador, carecen de un sistema de pesos y contrapesos que garanticen una fiscalización correcta y que no permitan el abuso de poder de los funcionarios.

En la lógica de Correa, como se vio en la sabatina, los casos de corrupción de los que se habla estos días en el país es una conspiración que los sufridores han montado porque no se cumplió su pronóstico de que la economía iba a colapsar antes de que el 2016 acabara. “Como no colapsó la economía entonces ahora viene el cuento de la corrupción”, dijo sin empacho alguno Correa muy al inicio de su sabatina, en la que si hubo alguna sorpresa fue únicamente la reaparición de dos emblemas del correísmo que habían desaparecido del radar y que estuvieron entre los espectadores: Fernando “Corcho” Cordero y Carlos Marx Carrasco.

En efecto, en la mente del Presidente el tema de corrupción es un invento creado por quienes están frustrados porque la economía del país no colapsó. ¿Algún esfuerzo por pedir información internacional sobre las revelaciones hechas por la propia constructora brasileña? No. ¿Algún anuncio de que hará algo parecido al gobierno del Perú que está tratando incluso que Odebrecht colabore devolviendo las ganancias ilegítimas y entregando más datos sobre los coimas? Tampoco. A Correa lo único que le interesa es preparar el terreno por si acaso alguien llega a señalarle a él o alguien de su gobierno como beneficiario de las coimas de Odebrecht o de la corrupción en general.

En ese esfuerzo, si el fiscal Galo Chiriboga creó la obra maestra de la historia del cinismo criollo el jueves con su inolvidable “¿saben qué sabemos del caso Odebrecht?”, Correa no pudo quedarse atrás y lanzó la afirmación de que si había algún cabecilla de toda la corrupción tenía que ser un socialcristiano y que fue Dios que ayudó en encontrarlo. “Como diosito es de la 35, resulta que el principal corrupto resultó ser un socialcristiano”, dijo refiriéndose a Charly Pareja quien, según el Presidente, logró corromper a mucha gente que ha trabajado en Petroecuador pero que, claro está, no fue nombrada durante su Gobierno. La corrupción es, en la cabeza de Correa, una creación diabólica concebida por unas fuerzas oscuras que quieren perjudicarlo. Nada que valiera, en todo caso, una auténtica investigación internacional.

Correa es, empero, un mentiroso compulsivo. Por un lado sostiene que su gobierno está empeñado en capturar y castigar a todos los implicados en la corrupción de Petroecuador, pero por otro no dice nada sobre la afirmación del gobierno peruano en el sentido de que no ha recibido un solo pedido oficial del gobierno ecuatoriano para capturar a Carlos Pareja Yanuzzelli, el arquitecto de los sobreprecios en los trabajos de repotenciación de la refinería de Esmeraldas. En efecto, en la sabatina no hubo una sola alusión al contundente y engorroso “el Ministerio del Interior de Ecuador no me mandó un oficio a mí, pero yo sí a él diciéndole queremos apoyar en esto, pero para poder detener a las personas se necesita una orden de captura internacional. No la había en ese momento”, del ministro peruano Carlos Basombrío.

El tema de Odebrecht es, para el Presidente, algo con lo que “hay que tener mucho cuidado”. Pero no por lo serio y verosímil que puedan resultar las denuncias sino por que ahí existe una conspiración ya que resulta demasiado extraño que una congresista republicana de La Florida haya pedido a la Fiscal de los EEUU los nombres de los posibles coimados del Ecuador y no de los otros 10 países mencionados en la lista. “Huele feo y no hay que dejarse sorprender”, dijo refiriéndose al pedido de la congresista Ileana Ros-Lehtinen a la fiscal Loretta Lynch.

Según el Presidente, si esta legisladora estadounidense hace el pedido es únicamente porque los Isaías financiaron su campaña. “Resulta que esta señora es congresista republicana de Florida, sus campañas fueron financiadas por los Isaías. Como les dije hace algunos días, algo tan sagrado como la lucha contra la corrupción se politiza y se trata de utilizar geopolíticamente y electoralmente. Por ahí van los tiros”. Lo que no menciona, obviamente Correa, es que si Ros-Lehtimen hace el pedido sobre el caso ecuatoriano exclusivamente es porque el Ecuador es el único país de los once mencionados en la lista de Odebrecht que no ha pedido la colaboración del Departamento de Justicia de los EEUU o de la propia Odebrecht.

El Presidente, además, teje cualquier argumento para convencer a quienes lo escuchan de que es absurdo pensar en que sea cierto que Odebrecht sobornó a funcionarios de su gobierno. Esa empresa, dijo, “no necesitaba pagar para ganar un contrato, lo ganó por concurso. ¿Ustedes han escuchado un reclamo de los que perdieron? Nunca, porque eran concursos abiertos, transparentes. Pero la mala costumbre de coimar es una práctica. ¿Cómo se detecta?”. Cuando dijo esto, llegó a parecer que trataba de defender a la constructora brasileña.

Fue en el contexto de su tesis de que si hay culpables de corrupción jamás serán funcionarios de su gobierno que se refirió, aparentemente, a la detención de Mauro Terán, asesor del alcalde Mauricio Rodas, la noche del viernes. “Ya están avanzando las investigaciones” dijo y agregó que en esas investigaciones se han encontrado cuentas bancarias donde hay funcionarios, que no son del gobierno central obviamente, que han incrementado sus depósito de 200 mil dólares a cerca de 2 millones. “Pronto lo sabrán no son del gobierno nacional”, dijo todo satisfecho como anticipando algo que vendrá. Solo le faltó levantar las cejas como lo hizo el fiscal Chiriboga cuando lanzó su afirmación de que investigaciones avanzan porque él ya sabe que el que ofrecía las coimas es Odebrecht.

El que vio y escuchó la sabatina 507 seguramente va a quedarse con la impresión de que lo más siente Correa cuando habla del tema es miedo.  Y ahí también se parece a su fiscal y ex abogado personal Galo Chiriboga.

Caso Odebrecht: la reacción inteligente y la reacción bruta

en La Info por

Había dos formas de reaccionar frente a las revelaciones sobre la corrupción de Odebrecht en el informe del Departamento de Justicia de los EEUU. Una era con inteligencia, honestidad y responsabilidad; la otra sin lo uno ni lo otro. La primera fórmula es la del gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski; la segunda es la que Rafael Correa exhibió en su más reciente sabatina.

El gobierno peruano, en efecto, asume que en las denuncias sobre las coimas de Odebrecht existe un problema real que tiene que ser procesado y, de ser posible, solucionado. Por eso no solo que ha iniciado una investigación para dar con los nombres de los funcionarios corruptos sino que exigirá a la empresa que pague por lo que ha perjudicado al Estado peruano a través de sus actos de corrupción. En esa dirección ya ha iniciado una negociación con la empresa para que devuelva las ganancias ilícitas obtenidas con los sobornos entregados a funcionarios. De no encontrar una respuesta favorable, el gobierno peruano no descarta ir a los tribunales para exigir a Odebrecht que devuelva al Perú esas ganancias ilícitas. En resumen, el gobierno de Kuczynsky frente a la denuncia reacciona no solo dándole crédito e importancia sino en función de la responsabilidad que tiene y busca que el Estado recupere lo que Odebrecht se embolsicó deshonestamente.

Muy distinta es la reacción que Correa mostró sobre el tema en el enlace que se hizo desde Salinas. Por un lado, el Presidente ecuatoriano trata de desconocer la realidad y negar los hechos buscando por todos los medios afirmar que si hay beneficiados de las coimas hay que buscarlos por cualquier lado que no sea en su Gobierno. Es tan burdo en ese intento que cuando trata de echar todo el bulto del escándalo al alcalde Mauricio Rodas lo único que hace es caer en la contradicción de dar crédito a la denuncia. ¿El informe es bueno para sembrar dudas sobre Rodas pero falso cuando las dudas son sobre su gobierno o funcionarios? “El Gobierno no tiene contratos vigentes con Odebrecht, ya todos los contratos han terminado o están en fase de cierre. Solo hay un contrato en vigencia que es el del Metro de Quito, que es con el Municipio, y de eso no dice nada la prensa. Y solo ese contrato es prácticamente el mismo monto que todos los contratos que ha tenido el Gobierno con Odebrecht”. Correa quiere pasarse de listo, pues no repara que el informe del escándalo habla sobre hechos ocurridos en el Ecuador entre el 2007 y el 2016; es decir, cuando había contratos con el Gobierno.

Correa llegó a sugerir, en esa misma sabatina, la alucinante tesis de que tras el informe del Departamento de Justicia de los EEUU se esconde la intención de perjudicar y desestabilizar al gobierno ecuatoriano y sus opciones electorales para este año. “Ya sabemos más o menos por dónde van los tiros. Mañana dicen ‘es Correa, es (el vicepresidente Jorge) Glas’ y hasta que demostremos que es mentira se nos pasó el 19 de febrero, y eso es lo que buscan: enturbiar las elecciones (generales, previstas para esa fecha)”. Y agregó en lo que parece una reacción en el estilo de Nicolás Maduro: “Cuidado que no es la primera vez que el Departamento de Justicia hace estas investigaciones, pero no en función de la justicia sino en función de los intereses geopolíticos de Washington”.

Correa pretende hacer creer algo absurdo: que los EEUU decidieron fabricar un caso que involucra a 12 países y por el cual cobra miles de millones de dólares a Odebrecht, con el único propósito de afectar electoralmente a su movimiento. Hay que imaginar a los funcionarios del Departamento de Justicia inventándose uno de los casos más sonados de corrupción de la historia de ese país con el exclusivo fin de afectar a Lenín Moreno y Jorge Glas. Como si en el la posibilidad de que ese binomio llegue al poder se jugara la existencia misma de Washington. ¿A alguien se le ocurre una insensatez mayor?

En esta teoría de la conspiración, Correa también incluye a Carlos ‘Charly’ Pareja Cordero, a quien acusó de ser la cabeza del escándalo de corrupción en el caso de Petroecuador. Según Correa, Pareja Cordero también está tras las acusaciones en el tema de Odebrecth pues es abogado de esa empresa. Es decir, el Departamento de Justicia de los EEUU habría incluso coordinado con ‘Charly’ Pareja la fabricación del caso Odebrecht para perjudicar a su gobierno.

El contraste entre la reacción de Kuczynski y Correa es inmenso. El primero no rehuye ni niega al problema y más bien piensa que Odebrecht debe resarcir a su país por haber actuado corruptamente. El segundo, en cambio, patalea en un sospechoso estado de negación. Correa no se contenta siquiera con negar tercamente cualquier posibilidad de corrupción durante su gobierno sino que llega a elaborar fantásticas y alucinantes teorías que no hacen sino ponerlo en ridículo al punto de fabricar una caricatura de sí mismo. Eso despierta sospechas tan grandes como el patetismo con el que intenta defenderse.

Foto Presidencia de la República

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