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Fraude electoral en Ecuador

El CNE elige con TRAMPA-rencia

en Columnistas/La Info/Las Ideas por

A propósito de las elecciones del pasado 2 de abril, uno de los mensajes que en redes sociales más me llamó la atención fue “CNE ELIGE CON TRAMPArencia”. La frase recoge con genialidad el sentimiento de fraude que agobia a la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas, dejando sentado en ese lema que el tramposo es el CNE.

El caso es que –a estas alturas– ya no importa lo que el CNE haga o diga. Puede haber abierto urnas, recontar votos, publicar declaraciones (mutiladas y descontextualizadas) de delegados de la Alianza CREO-SUMA afirmando que el proceso estuvo bien, lograr apoyos de observadores internacionales, hacer campañas de imagen, o, lo que fuere, que el Ecuador no les cree y está convencido de que los cinco del CNE hicieron trampa a favor del oficialismo. Se lo han ganado con sus actos a lo largo de todo el proceso.

Por ejemplo, el CNE hizo, en primera y en segunda vuelta, todos los esfuerzos para impedir que las organizaciones políticas tuvieran acceso material a las Actas de Escrutinio levantadas por las juntas receptoras del voto. Empezó negándose a expedir los tres ejemplares que la Ley manda y dispuso imprimir solamente dos. Coincidentemente, el que nunca existió, fue aquel que debía ser publicado en el lugar donde funcionó la junta receptora del voto y que daba lugar a ser fotografiado para mayor control.

Las Audiencias Públicas de Escrutinio en cada una de las provincias era otro momento en que las organizaciones políticas podían tener acceso al Acta, por mandato del Código de la Democracia. En ellas debían revisarse acta por acta con presencia de los delegados partidarios. El CNE diseñó audiencias orientadas a impedir la actuación de éstas: todo lo contrario al Derecho Electoral. En Pichincha por ejemplo, ese 2 de abril, se instalaron en Audiencia a las 21h00. La suspendieron por falta de Actas y la reinstalaron a las 01h00 del lunes 3. Procesaron 7073 Actas en cuatro horas y media y la clausuraron a las 05h30 de ese mismo día. Es decir, en promedio tuvieron 2 segundos y medio para examinar cada Acta y sin descanso.
Mientras para el CNE era imperativo volar, para los partidos era necesario ir despacio. Ellos tuvieron solo un terminal para revisar las actas en versión digital –nunca las físicas– de tal manera que ni siquiera alcanzaban a ubicar un acta, cuando la Junta ya determinaba que estaba aprobada y pasaba a otra: indefensión total.

De esa manera, desde que las Actas de Escrutinio salieron de las juntas receptoras del voto, los partidos nunca más pudieron volver a palparlas físicamente. Todo era virtual y tenían la “obligación” de presumir que las imágenes correspondían a las verdaderas; presunción un tanto difícil con el CNE de Pozo y AP.

Esa misma velocidad aplicó Pozo para dar “resultados oficiales”, sin tenerlos. Para ello violó la Constitución y las leyes electorales. Su apuro era dejar sentado que Lenín Moreno era el presidente electo. Así el 2 de abril, dio “resultados oficiales” tomando los datos del escaneo (provisionales), antes de que se instalen las Audiencias Públicas de Escrutinio en las provincias, y antes de las reclamaciones y recursos a que había lugar. Lo hizo al proclamar a Lenín Moreno Presidente electo, el 4 de abril, en cadena nacional, cuando insólitamente dijo que con el 99,65% del procesamiento, Moreno tenía más votación y por tanto felicitó al pueblo ecuatoriano por haber “… elegido legal y legítimamente a su presidente y vicepresidente”. Esto antes de que concluya el conteo, antes de que se instale la Audiencia Nacional de Escrutinio y antes de que se interpongan los recursos.

El nivel de arbitrariedad y desvergüenza del CNE descritas en los hechos anteriores, es posible solamente en la unanimidad que Alianza País persigue en los organismos colegiados. Controlados y sumisos/as todos/as, no hay una sola voz que acate la ley y ponga límites al poder abusivo.

Este año tienen que renovarse nueve miembros del Consejo Nacional Electoral, cuatro principales y cinco suplentes. ¿Vamos a permitir que se lo vuelvan a tomar?

Solanda Goyes es abogada y activista social 

Pozo cuenta votos frente a su espejo

en La Info por

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se mira y actúa ante un espejo. Eso hizo ayer en el Coliseo Ruminahui donde sus funcionarios contaron votos ante ellos mismos… y los delegados oficialistas. Juan Pablo Pozo, vanidoso y servil juez del correísmo, nunca se planteó realmente su responsabilidad de entregar al país un presidente que gozara de plena legitimidad.  Le basta con que Correa le aplauda y Alianza País le agradezca. Por eso declaró irreversible el resultado cuando el conteo de votos había alcanzado 94%. Por eso legitimó a Lenín Moreno sin tener en cuenta que el proceso electoral, del cual él es supuestamente el máximo garante, por ser el presidente del CNE, incluye la posibilidad de impugnar por parte de los contendores.

Fausto Camacho y Solanda Goyes, entre otros, han mostrado sistemáticamente, en sus cuentas sociales, el volumen de irregularidades que cometió el CNE desde bien antes de que comience este proceso electoral. Ha habido foros sobre el fraude. Ana Mercedes Díaz también lo denunció. Es abrumador ver hasta qué punto Pozo y los miembros de su consejo adecuaron todos los mecanismos para ser funcionales a la voluntad del partido que los puso en esos cargos. Es impresionante ver cómo se condujo con los observadores internacionales. Sacó del escenario a la Unión Europea pues la invitó en la modalidad conducida cuando sabe que no envía misiones de observación en ese modo. Los europeos sí analizan concienzudamente los factores de la elección y no como los de Unasur que nada ven o los de la OEA que hacen turismo diplomático. Pozo hizo, además, un programa costosísimo con muchos de esos observadores en la Mitad del Mundo: video mapping, carpas, luces, estaciones de comida y bebida, música… Un espectáculo privado y familiar que muestra la independencia que tienen ciertas misiones de observación con respecto al organismo que vienen a observar…

Que haya habido apagón informático, que la tendencia y los resultados hayan cambiado cuando volvió el sistema, que haya habido un conteo rápido chimbo y mentiroso, que Pozo haya violado principios básicos de la ley para anunciar los resultados, que haya prevaricado, que se haya instalado en un hotel quiteño con técnicos suyos y salas privadas donde solo él y un puñado podían entrar, que haya entregado la comunicación de la segunda vuelta al gobierno, que el CNE haya contrato ex funcionarios de esa institución para hablar bien del CNE y negar el fraude… muestra que este organismo correísta no se preocupa en lo más mínimo por cumplir la ley.

Pozo es un tan todopoderoso como obsecuente en el CNE. Fanático de los actos sociales, ama ser maestro de ceremonias en mesas bien servidas, con mantel largo y, todas las veces que puede, sobrepoblación de cámaras. Habitado por una ambición desmesurada, tiene los ojos más grandes que el estómago: es un vanidoso impenitente. Un ser convencido de que tiene un futuro político radioso que encarará tras un tiempo pasado en el exterior, en algún organismo internacional. Para eso ha trabajado su imagen con una obstinación que conjuga impecablemente con el verbo parecer. Por algo se hizo amigo de algunos de los gurúes del mercadeo político que vinieron a Quito, el año pasado, a la Cumbre Mundial de Comunicación Política.

Con Pozo el correísmo juntó el hambre con las ganas de comer. Por razones parecidas, aparentan ser transparentes y cumplir con la ley. En ese contexto, se explica el reconteo de 3 865 paquetes de votos en el Coliseo Ruminahui. Podían ser más o menos, nada de esto se hizo con el acuerdo de la oposición. A Pozo no le interesa que el presidente que salga de la elección del 2 de abril sea realmente legítimo. Su interlocutor no es Guillermo Lasso y medio país de electores que votó por él: Pozo actúa ante él mismo y ante su patrón, Rafael Correa. Prisionero del croquis de narciso irremediable que se fabricó, Pozo es funcional a un gobierno que no dialoga con la realidad: monta ficciones para autojustificarse. Por eso es capaz de movilizar cien militares, 700 funcionarios alrededor de 250 mesas en un rito que solo sirve para que Correa crea –y diga a sus fanáticos– que ya hubo reconteo de votos. Y que si CREO no estuvo, pues eso prueba que ellos tenían la razón.

El hecho cierto es que ayer Pozo no resolvió ningún problema: Lasso y sus electores siguen creyendo que la elección fue fraudulenta. Moreno sigue padeciendo de ilegitimidad. Pozo se mira en un espejo. Y Correa gira en el círculo vicioso de siempre.

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