Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Guillaume Long

Presidente: ¿todos los que actuaron como delincuentes serán premiados?

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Presidente,

Usted no padeció los diez años de correísmo. En su posición de vicepresidente de Correa, durante seis años y cuatro meses, se construyó un andén paralelo, mantuvo silencio y, luego, desde Ginebra, observó la tarea infame de la Revolución Ciudadana.

La sociedad no es para usted la víctima del modelo autoritario de su partido. Los militantes son para usted ex funcionarios de Correa o funcionarios suyos. Nada más. No son los actores o promotores de ese ambiente tiránico, de esa arrogancia asfixiante, de esa superioridad opresiva, de ese cinismo impúdico e impune que, a lo largo de los años les otorgó, con sobradas razones, el estatus de verdaderos vomitivos.

Usted estuvo allí, en palco de honor. No sabe lo que es haberlos visto regodearse en el poder, usar y despilfarrar el dinero público, perseguir, dar lecciones de ética y moral, robar o socapar a los que roban, humillar… Diez años en los cuales ustedes fueron los dueños de las instituciones, de los medios, de los fiscales, de los jueces, del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Contencioso Electoral, de la Asamblea, de las superintendencias… del país. Diez años, largos años, durante los cuales fueron gerentes propietarios de la palabra, de la esfera pública, de la verdad. Años de troles, de insultos, de inquisidores abyectos, de miseria humana con poder.

Para usted, presidente, la sociedad no es víctima de ese modelo: solo es el instrumento para legitimar su poder; sobre todo en sus propias filas. Usted no entiende –quizá por eso– que algunas cosas de su gobierno –que recién empieza– causen repugnancia. No solo riñen con la idea de cambio que usted propuso. Muestran que para usted la verdad y la justicia están sujetas a transacciones. Las que usted necesita para renegociar lealtades entre los suyos. Esto deja sin piso a la sociedad, invitada –otra vez– a observar cómo el Ejecutivo transa. Cómo comercia con aquellos valores que dice querer restablecer en la esfera pública.

¿Hubo desafueros? Usted dice que sí. ¿Quién contribuyó a darles forma legal? Alexis Mera. Él es responsable de todo aquello que pareció legal y que, en realidad, fue arbitrario. Mera es lo más parecido a un delincuente jurídico: violaciones abiertas a la Constitución, atentados a los DD.HH., declaratorias de emergencia, gestiones secretas en Brasil en el caso Oderebecht… ¿Cuántos abusos del Ejecutivo no contaron con su interpretación antojadiza del marco jurídico? Y sin embargo, usted lo premia –veamos si esa rueda de  molino se tragan los republicanos– designándolo como su embajador en Washington. ¿Cuál es, Presidente, el mensaje para la sociedad?

¿Cuál es en el caso de Guillaume Long? ¿Premia usted su mamertismo al nombrarlo embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra? ¿Acaso su defensa lacerante, a nombre de todo el país, de las dictaduras cubana y venezolana? ¿Su trabajo indigno, al lado de su Canciller, en Ginebra para defender los atentados a los DD.HH. en el gobierno de Correa? El caso de Long es, en su gobierno, una alerta. Porque él ni siquiera tiene capital político. Nada obligaba a premiarlo. A menos que él represente la forma de ver, de su Canciller y suya, la realidad internacional. Solo esa posibilidad causa pavor y es imposible no tenerla en cuenta cuando se juntan las posiciones que ha tomado su gobierno sobre el dictador Maduro.

¿También va usted, Presidente, a premiar a Carlos Ochoa con una embajada, como se oye en su entorno? ¿Terminará haciendo creer a la nación que todos aquellos que actuaron como delincuentes en el gobierno de Correa se harán acreedores a embajadas y otras canonjías? ¿Esa es la pedagogía política de su gobierno? Amigos suyos dirán que es exagerado hablar de delitos y delincuentes. Pero ahí están los hechos, Presidente. Patricio Rivera, miembro de su equipo económico, sostiene hoy, por lo que usted anunció, exactamente lo contrario de lo que dijo durante el gobierno anterior. Si hubo falsificación o adulteración de documentos públicos –y eso ocurrió con las cifras de la economía–, él y otros funcionarios que se prestaron para ello, con Correa a la cabeza, cometieron un delito estipulado en el artículo 328 del Código Orgánico Integral Penal. Dilma Roussef, ex presidenta de Brasil, fue acusada y destituida, precisamente, por alterar cifras fiscales. ¿Sirve el ejemplo para vislumbrar la pedagogía que, también en este punto, se está creando en su gobierno? El mensaje vuelve a ser claro: aquellos que ayer engañaron al país, hoy pueden seguir siendo altos funcionarios.

Todo esto puede ser conveniente para usted y la renegociación que hace de lealtades en su partido. Pero es terriblemente nocivo –y ultrajante– en la relación que usted establece con la sociedad. No se sabe dónde están las líneas rojas en la definición de valores democráticos y éticos. Ni en qué las basa usted. Parece que es lo mismo respetar las cifras y ofrecerlas al país que adulterarlas y esconderlas. Parece que es lo mismo ser un defensor de la democracia y los DD.HH. que desconocerlos y aplaudir a sus violadores.

No haber vivido los abusos del correísmo, puede nutrir esta ilusión de cambio en el cual es factible que una cosa sea igual a su contrario. Quizá por eso, en vez de agradecer a Fernando Villavicencio por sus investigaciones, piden brazaletes electrónicos para monitorearlo porque debe ser lo mismo denunciar a los corruptos que serlo.
Usted, al margen todo, parece inaugurar una nueva moda: la ambivalencia de valores. Es penoso tras diez años en los cuales su predecesor trató de cambiar hasta el significado de las palabras. Con usted, por ahora, todo parece ser más simple: lo uno es lo otro y todo lo contrario.

Atentamente,

Foto: Presidencia de la República

Guillaume Long embajador en Ginebra: ¡qué macabro!

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El 13 de julio del 2016 el Ecuador se cubría de indignidad cuando, ese día, concluía el proceso de expulsión de 125 ciudadanos cubanos que fueron devueltos al país del que huían por motivos políticos y humanitarios. Un año más tarde, exactamente el 13 de julio del 2017, el recientemente posesionado gobierno de Lenín Moreno decidió premiar, nombrando como embajador ante la Organización de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, a quien fue el responsable diplomático de aquella inhumana e ilegal expulsión: Guillaume Long.

Que este nombramiento se haya formalizado cuando se cumple el primer aniversario de una de las peores violaciones colectivas de derechos humanos cometidas por el Estado ecuatoriano, parece una broma macabra. O de alguien que quiere burlarse de la imagen internacional del Ecuador. Ese nombramiento no es, en todo caso, un hecho cualquiera: la misión del Ecuador ante la ONU en Ginebra es la encargada de representar al país ante el sistema universal de derechos humanos. Es ahí donde están los organismos de la ONU que tratan los temas de defensa de los derechos ciudadanos; entre ellos el de la libre movilidad y el asilo político. Enviar a Long a Ginebra es algo así como enviar a Orlando Pérez a representar al Ecuador ante un organismo internacional de defensa de los derechos de las mujeres.

Se trata, sin duda, de un gesto impresentable del gobierno. Long se encargó de justificar y defender aquella infamia hace un año. “Hay que seguir desmontando todo este aparataje que de alguna manera es parte del bloqueo a Cuba”, dijo entonces adhiriéndose al discurso de uno de los gobiernos más represivos del mundo -Cuba-, y negando la posibilidad de que esas personas hubieran estado buscando asilo político. Para alguien con ideología mamerta, es imposible imaginar que esas personas pudieran aspirar a vivir en un lugar distinto a donde se impone la utopía comunista. Y si los hay, los tratan como son gusanos traidores . “El gobierno no puede estar participando de esta migración ilegal, a través de la trata de personas, o estar involucrado en  tráfico de personas proporcionando aviones”, sostuvo asimismo en un desborde de cinismo. Long mutó en trata de personas la desesperación de un grupo de cubanos que salieron de su país porque ahí ya no querían vivir. 

Long es responsable, como canciller que fue, de que se haya violado la obligación jurídica internacional que tiene el Ecuador de respetar el principio de non-refoulement, que indica que no pueden devolverse a refugiados al lugar donde sus vidas o libertades se encuentran amenazadas. También es responsable de no haber cumplido con los principios básicos del debido proceso y permitir a los a solicitantes de refugio que sus casos sean justa y debidamente considerados.

El proceso en contra de los cubanos debe ser uno de los mejores ejemplos de violación al debido proceso y Long legitimó internacionalmente aquello. Desde el 7 de julio del 2016, un día después de las detenciones, hubo una serie de audiencias de deportación en las cuales los detenidos tuvieron pocos minutos para presentar su defensa. Abogados defensores de los cubanos aseguraron, entonces, no haber podido hablar con sus defendidos con anterioridad a las audiencias e informaron que algunos cubanos arrestados habían presentado solicitudes de refugio, mientras otros ya tenían estatus migratorio legal o habían solicitado refugio durante la audiencia.

Long fue una figura clave en ese arreglo al que el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa llegó con Raúl Castro. Pocos días antes había venido al Ecuador el canciller cubano para pedir que el Ecuador cierre sus puertas a los cubanos que utilizaban este país como parte de la ruta para llegar hasta los EEUU.

¿Como entender que un gobierno que quiere diferenciarse de su antecesor, precisamente en temas vergonzantes como el del manejo de los medios públicos o el de la tolerancia frente al disenso, premie a Long con una embajada que tiene, además, conexión con temas de derechos humanos? Lo más lógico, si la idea es darle una Embajada dentro del actual proceso de renegociación de lealtades en que está imbuido el correísmo, era enviarlo a Cuba de cuyo régimen ha sido tan entusiasta defensor y panegirista. Imposible olvidar el polémico mensaje que puso en su cuenta de Twitter cuando murió Fidel Castro: “El mundo llora a un gigante”.  También pudo haber sido nombrado como embajador en Venezuela, donde hay otro gobierno por el que Long siente profunda simpatía y adhesión.

Lenín Moreno parece que no ha entendido la dimensión que tienen las relaciones internacionales para la dignidad de un país. El vergonzoso apoyo al régimen represivo y dictatorial de Nicolás Maduro que mantuvo Rafael Correa sigue más o menos intacto. La canciller, María Fernanda Espinosa, repite los argumentos de los más recalcitrantes sectores del madurismo y dice que lo que más le preocupa a ella es la violencia de la oposición mientras el número de protestantes muertos supera los 90. A esa infamia se suma, ahora, el premio a Long.

Correa es el perfecto mamerto latinoamericano

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Rafael Correa siente que el tiempo con poder, ese tiempo de boato monárquico e impunidad total, se escurre irremediablemente entre sus dedos. Le quedan 11 días y es inocultable que macera, como diría Borges, la nostalgia del presente: suspira, se le va la mirada, brega con él, pecho adentro, para evitar que le quiebre la voz cuando evoca que hizo el último gabinete itinerante, el 122, y que esta sabatina, en Jaramijó, es la penúltima, la 522.

Correa sabe que el 24 de Mayo es el fin del reinado. Un anomalía sin duda para él que ha venido trabajando, en forma incansable y sistemática, su entrada en la historia. Con H. No hay sábado que no sume conscientemente páginas, discursos, canciones, videos, viajes, proezas, encuentros, estadísticas, anécdotas a la biografía de ese ser épico –él– del cual habla en tercera persona.
Es dramático ver cómo, sin recato alguno, se pone en escena en videos en los cuales gente sencilla y beneficiada con alguna obra hecha con dinero de los contribuyentes, le agradecen, le dicen cuánto lo admiran, lo ponen en un altar. Es aparatoso ver cada sábado funcionarios del Estado –tipo Gabriela Rivadeneira y Guillaume Long– disfrazados de cheerleaders sumisos y vasallos del jefe. No hay duda: Correa se ama y convirtió el poder en empresa de narcisismo patológico. Ahora se ha hecho un museo y, con grandilocuencia artificiosa, se dice el líder de una leyenda.

Nada ha dejado al azar. Lo hizo entender este sábado al explicar por qué hizo el último viaje, como Presidente, a Cuba. Era la mejor forma –dijo– de terminar estos diez años. Y, claro, si se tratara de un curso de maternal sería hermoso poder creer las maravillas que cuenta sobre Cuba. Dice que Raúl Castro, jefe de la represión interna cuando su hermano reinaba como emperador absoluto, es un ser afable, cariñoso, solidario. Habla de los revolucionarios que lucharon contra Batista, pero nada dice de la dictadura que hay en Cuba desde 1959. Visita la cárcel donde estuvieron los revolucionarios, pero nada dice de los fusilados por los castristas y de sus cárceles.  Y a medida que habla, Correa se pinta solo como el perfecto mamerto latinoamericano. Un caudillo autoritario que no es comunista, pero a quien le resulta cómodo decirse de izquierda y enemigo del imperio: así se otorga un diploma para pasar por demócrata, concentrar todos los poderes, declarar superado a Montesquieu, convertir la salud y la educación en coartada para poder violar los derechos civiles y políticos de aquellos que no piensan como el partido y eternizarse en el poder.

Si ese modelo no hubiera hecho su tiempo, si esas dictaduras no hubieran sido económicamente un fracaso y políticamente una aberración, Correa podría seguir contando a los niños del Ecuador la fábula del buen Fidel y la ternura infinita del Che Guevara. Pero si Correa va a Cuba no es solo para decir que ese es el modelo político de su predilección. Es para decir que él se apoyó –como lo dijo hoy en la sabatina– en los hombros de lo gigantes. ¿De quiénes? Los nombró: Bolívar, Alfaro, José Marti, el Che Guevara, los corruptos Kitchner y Chávez y, por supuesto, Fidel Castro. Y apoyarse en ellos significa hacer parte del club. Es su forma de decirse prócer, gigante de los Andes… un héroe épico y fuera de serie.

Y mientras está en eso, escribiendo con los ojos abiertos su propia biografía en las grandes páginas de la historia, cuenta que en Cuba lo aman. Lo aman tanto que después de ir a almorzar en el Centro Histórico de la Habana, se regó el cuento de que él, Rafael Correa, estaba por ahí y espontáneamente miles de personas salieron a aclamarlo. Como si en la Cuba de Castro esos gestos políticos pudieran ser espontáneos. Como si ese régimen no tuviera todo calculado: incluso que Raúl Castro lo despida en el aeropuerto.

Pero eso es Correa: un narciso que se da cuerda. Que tiene ahí, al lado, a Guillaume Long para decirle que sí, que la dictadura cubana le ama, porque él ha defendido a esa dictadura que convirtió esa isla en cárcel desde hace 58 años. Una dictadura que le otorga un honoris causa, el 14 en la lista, por los servicios prestados a la lucha antiimperialista. Y Correa juega a creer que no es por eso que le dieron ese diploma que recibió con una charla magistral que, según el video que proyectó, fue una sabatina más.

04:10 duró ese penúltimo enlace dedicado a hablar de él y a derramar odio, porque Correa no sabe hacer política de otra forma. 04:10 en las cuales se entendió que su modelo político –el cubano– tuvo una talanquera enorme: la prensa. Correa aún hoy no entiende por qué su verdad no es la verdad de todo el mundo. ¡Eso seguramente hubiera facilitado –y tanto– su biografía! Tener propagandistas como los de los medios oficiales –que ahora convirtió en héroes– es su sueño no cumplido. Por eso cuando dice “gente informada” se entiende “gente adoctrinada”. Por eso dice que la prensa no-dependiente-de-él es el mayor peligro que hay para la democracia como él la entiende.

Correa tiene la razón: hoy, sábado 13 de Mayo, quedó claro que él es el perfecto mamerto latinoamericano.  Tiene razón de decir que, ante esa nostalgia evidente que lo embarga por las dictaduras integrales, él no pudo, en estos diez años, imponer su verdad como única. Tiene razón de odiar a los medios que no pudo controlar y que para él son los causantes de que la mitad del Ecuador no votara por su candidato. Se entiende que entrar así a la historia, que lo obsesiona, al lado de caudillos y dictadores, es menos glamuroso de lo que pensó.

Foto: Presidencia de la República. 

El oprobio correísta se exhibe en Ginebra

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Autoritarismo a cambio de mejorar algunos índices sociales: ese es, en la visión de Rafael Correa, el canje propuesto a la sociedad ecuatoriana. Y ese es el mensaje implícito que su gobierno quiso promocionar estos días –otra vez, y otra vez sin éxito– ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra. Citada a evaluar el estado de los Derechos Humanos, la delegación del gobierno, dirigida por el canciller Guillaume Long, volvió a hablar de inversión pública en salud, educación, “pobreza multidimensional”, empleo, vivienda, “soberanía alimentaria”, electricidad… También habló de adelantos que, a sus ojos, el gobierno ha consignado en leyes sobre niños y adolescentes, adultos mayores, mujeres, minorías sexuales, presos, medio ambiente, inserción laboral… E incluso habló de la atencion presupuestaria dada a los “sectores agropecuario, manufactura, agroindustria, servicios, turismo comunitario y artesanal”.

Vea aquí  documento de presentación del gobierno en Ginebra

El modelo diseñado por Correa está ahí retratado. Un Estado todopoderoso, concentrador de todos los poder, dispensador de servicios y dádivas, que domina la sociedad, transgrede sus derechos civiles y políticos en aras de expandir algunos derechos sociales y políticos. Pero que tampoco responde por esa gestión, por su eficiencia y transparencia en la ejecución de esos presupuestos. El Estado que vuelve a emerger en Ginebra, habla de algunas de las cosas que hizo con la lluvia de petrodólares en políticas sociales y obra pública y cuyos balances reales siguen pendientes. Ese Estado sufre del síndrome de negligencia unilateral: ignora el marco institucional con dominio absoluto del Ejecutivo. Ignora la sociedad, su rol, sus derechos. Los ataques sistemáticos a los derechos humanos. La persecución de ciudadanos. El manejo de jueces. El daño que hizo al país y a los medios con su ley de comunicación… Ignora las tropelías que han dado material para un denso y dramático libro (Democracia: Derechos humanos e instituciones en Ecuador) que los demócratas deberían leer. Lenín Moreno y su equipo deberían leerlo y compararlo con el informe disparatado que presentó la delagacion oficial en Ginebra durante este Tercer Ciclo del Examen Periódico Universal que Naciones Unidas hace en Derechos Humanos.

Ese ejercicio bastaría para resumir la década correísta. Ahí está retrado el modelo que recibirá Lenín Moreno el 24 de Mayo. Ahí se condensa lo que significó firmar un cheque en blanco, durante tantas elecciones, a un hombre –aupado por gran parte de la izquierda del país– cuya deficiencia democrática y su glotonería por el poder absoluto es hoy observada por los organismos internacionales y decenas de Estados.

Lea aquí las intervenciones los estados

La presentación del correísmo en Ginebra no sorprende. Sus representantes ya han interiorizado esa deficiencia democrática tras un metalenguaje tecno-dirigista. Su informe también los retrata. Debería servir a los demócratas para evaluar las consecuencias que acarreó el canje ritualizado en las urnas. Porque los ciudadanos toleraron la implantación de un modelo que, so pretexto de pavimentar de nuevo las carreteras o ensancharlas, arrasó la democracia endeble que había y dio pie al autoritarismo que hoy se padece. Ese gobierno hace un ejercicio tan absurdo en el mayor escenario que tiene el mundo sobre Derechos Humanos que, en su defensa, suma hasta la plata que destinó (en realidad fue la sociedad), para el terremoto del 16 de abril del año pasado…

Ese informe hecho por Long y esa delegación es un ejercicio escandaloso. Y para los ciudadanos es una lección. Este gobierno no cree que la sociedad y los ciudadanos tienen derechos civiles y políticos. Por eso habla del presupuesto para responder por centenares de transgresiones a los Derechos Humanos cuya lista ocuparía algunos libros: atropellos contra comunidades indígenas. Uso excesivo de la fuerza en protestas callejeras. Dependencia de la Judicatura del Ejecutivo e injerencia de ese Ejecutivo en el poder judicial. Tratamiento diferenciado en los pedidos de consulta popular y obstaculización evidente en las propuestas de la oposición. Restricción a la libertad de asociación y disolución de organizaciones de la sociedad civil. Deterioro evidente de la libertad de expresión y hostigamiento y persecución a los medios independientes. Detenciones arbitrarias. Disposiciones en el Código Penal que menoscaban la libertad de expresión. Uso indebido de Fuerzas Armadas para “apoyar en la Seguridad Integral del Estado”. Uso abusivo del Estado de excepción”, apenas hay protestas sociales, lo cual permite al gobierno suspender los derechos constitucionales de los ciudadadanos. Uso de la Secretaría Nacional de Inteligencia (SENAIN), para espiar ciudadanos y políticos. Vulneración del derecho a la privacidad. Información de carácter público secuestrada bajo el argumento de que es reservada o confidencial. Imposibilidad para las parejas homoparentales de reconocer a sus hijos comunes. Eliminación del derecho de negociación colectiva en el sector público. Eliminación del aporte del Estado al fondo de jubilación del IESS. Concesión de un millón de hectáreas cuya posesión es ancestral para actividades de megaminería metálica. Prohibición y penalización del aborto en caso de violación o violencia sexual y cuando el feto es inviable. Acoso judicial y policial contra activistas de todas estas causas…

Correa y su equipo niegan estos hechos. Para ellos, los derechos humanos se reducen a los derechos sociales y económicos. Su concepción del ser humano se limita a una persona que (supuestamente) come bien, tiene salud, estudia y trabaja. Todo esto bajo la férula del Estado, dirigido por ellos. Los otros derechos son materia prima para las quejas de los sufridores. Por desgracia para ellos, hay convenciones firmadas y organismos internacionales que entienden que los Derechos Humanos son integrales y no se pueden resumir en cierra la boca porque tienes carreteras…

Foto: Ecuavisa

Horacio Sevilla, el escándalo contra Israel

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Nada ha dicho la Cancillería sobre el escandalo provocado por Horacio Sevilla, embajador ante la ONU, el 29 de noviembre. Ese día, él participó en un acto en la ONU por el día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, que esa organización estableció desde 1977.

Sevilla comparó en su discurso sionimo y nazismo. Lo hizo citando una frase que Fidel Castro pronunció en 1979 ante los países no alineados: “Repudiamos con todos nuestras fuerzas la persecución y el genocidio que en su tiempo desató el nazismo contra el pueblo hebreo. Pero no puedo recordar nada más parecido en nuestra historia contemporánea que el desalojo, persecución y genocidio que hoy realizan el imperialismo y el sionismo contra el pueblo palestino”.

El gobierno israelí protestó enérgicamente por este discurso “plagado de inexactitudes y deformaciones históricas”. No entiende cómo Horacio Sevilla pudo comparar el trato dado a los palestinos por los gobiernos de Israel con el genocidio provocado por el régimen nazi, que causó la muerte de seis millones de judíos. “Citar un discurso de Fidel Castro de 1979 dijo el Centro Wiesenthal repleto de lo que comúnmente se reconoce como antisemitismo por asociación es escandaloso”. Ese Centro pidió la expulsión de Sevilla.

La Cancillería no ha dicho nada porque quizá ese discurso salió de Quito. Citar a Castro, desempolvar un discurso de 1979 (de hace 36 años) retrata de cuerpo entero al correísmo y a Guillaume Long. La causa palestina fue una bandera de la izquierda jurásica que llegó a apoyar la tesis de que el Estado de Israel debía ser borrado del mapa del Medio Oriente. Long, por ser también francés, debiera saber que en esos mismos años hubo líderes, como François Mitterrand, que plantearon el reconocimiento de un Estado palestino y su convivencia pacífica con el Estado de Israel.
En este diferendo ha habido posiciones extremas de lado y lado. Líderes árabes que militan por la desaparición de Israel. Líderes israelíes que han adoptado políticas abiertamente condenables. En este caso se recuerda a Ariel Sharon: algunas de sus acciones en Cisjordania o en Gaza, o en la región (como ocurrió en 1982, en Sabra y Shatila en Beirut Oeste) sacudieron la conciencia universal.

Una cosa es esa y otra el genocidio nazi. Solo la extrema derecha, tipo Frente Nacional, de la familia Le Pen en el otro país de Guillaume Long, se atreve a trivializar la monstruosidad nazi. Y la comparación escrita o leída por Horacio Sevilla, hace parte de ese mecanismo perverso para convertir al pueblo judío en equivalente de lo que hicieron sus asesinos. Ante esa empresa de destrucción y muerte (fría, calculada, organizada y sistemática de un pueblo) emprendida por el régimen hitleriano, solo cabe respeto y recogimiento. Desde entonces, la tarea universal para todos los demócratas no es trivializar ese genocidio: es mantener viva la memoria y alerta cada fibra de lo que nos hace humanos para que aquello nunca se repita.

Horacio Sevilla no hace honor a la representación que ostenta del país en las Naciones Unidas. Él debe una excusa a Israel, a su gobierno, a su pueblo también presente en Ecuador. La debe el gobierno ecuatoriano en cuyo nombre habló en la ONU. La causa palestina no se defiende trastocando la memoria, asimilando víctimas y victimarios, convirtiendo a Israel en el equivalente de lo que hicieron los nazis.

Guillaume Long, jefe directo de Sevilla y leal militante de la mamertería jurásica, volvió a atentar contra los intereses del país.

Foto: Horacio Sevilla/Ecuavisa

Guillaume Long, eres una estafa intelectual y política

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¿Hay en este momento un mayor mentiroso que tú, Guillaume Long, canciller del Ecuador? Esto pusiste a decir al pueblo ecuatoriano en el boletín que hiciste sobre la muerte del dictador cubano: “El Gobierno y el pueblo de Ecuador se suman al profundo dolor y al homenaje del pueblo cubano a Fidel Castro, gigante latinoamericano y universal, arquitecto de la Patria Grande e incansable luchador por la justicia, la independencia y la soberanía de los pueblos del Sur”.

Tú hablas del “inmenso legado” que deja Castro. Sí, es inmensa la estela de miseria en que hundió a ese país desde hace 60 años. Tú no te bajas, al parecer, de los carros oficiales en Cuba. Si lo hicieras no recitarías esas frases manidas, esos lugares comunes, ese discurso mamerto que te sirve para justificar que un individuo haya sido amo y dueño, a punta de cárcel y muertos, de Cuba durante 60 años. Y que le haya pasado la antorcha a su hermano.

Tú pudieras, al menos, echar un ojo al documental “Con Silvio Rodríguez en los barrios de La Habana”, para ver “la transformación radical de las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas de Cuba”. En ese documental, hecho por alguien cercano al régimen, hubieras visto la miseria de los barrios de La Habana. Miseria crasa. Nube de personas que, además de torear la miseria cada día, no esperan nada de la vida. Nada para ellos, su entorno, su país.

Yoani Sánchez –a quien seguramente no has leído– tiene en sus crónicas pedazos de la vida cotidiana de esos millones de personas. En una de ellas al oír a Raúl Castro decir que al día siguiente habría leche, ella recuerda que su abuela decía que en su niñez tomaba café con leche. Al día siguiente no hubo leche, pero esa anécdota muestra la diferencia entre la realidad de la dictadura y la bazofia prefabricada que tu repites y que te permite hablar de la “emancipación del pueblo cubano”. ¿No has visto el documental de Silvio Rodríguez? ¿No has leído a Yoani Sánchez? ¿Acaso sabes cómo llaman los habaneros a la refrigeradora? Le dicen el coco. Por una razón tan dramática como literal: adentro solo hay agua.

En tu comunicado, a nombre del pueblo ecuatoriano, perpetúas los mitos pérfidos que murieron en tu otro país entre los años setenta y ochenta. Tú haces decir a los ecuatorianos que “Cuba ha ofrecido durante décadas una generosa y sostenida ayuda internacional en las áreas de salud, educación y cultura, en pleno respeto a la soberanía de los países receptores”. No, el castrismo no ayuda: extorsiona a sus ciudadanos enviándolos al exterior para quedarse con buena parte de su salario. Y engaña a los gobiernos que ayuda (con su total complicidad) haciendo creer a la opinión mundial que, por ejemplo, sus médicos están bien preparados. Te bastaría con visitar un Centro de Salud aquí para medir el alcance de tus falacias: los doctores ecuatorianos te podrían contar las argucias y artimañas de los médicos cubanos para disimular sus atrasos y eludir las decisiones cruciales. Las dejan en manos de los doctores locales de los cuales son, en casos, sus jefes.

¿Profundo dolor por la muerte de un dictador sanguinario? Tu caso perfila una verdadera estafa intelectual y política, Guillaume Long. Tú naciste en París. No puedes ignorar que en esa ciudad, en junio de 1979 (¡hace 37 años!) dos eminentes intelectuales (Jean Paul Sartre, de izquierda, y Raymond Aron, liberal de derecha), visitaron al entonces presidente Valéry Giscard D’Estaing para pedirle que Francia rescatara a los seres humanos que escapaban de Vietnam comunista. Los boat people.

Sartre y Aron situaron el derecho a la vida y los derechos humanos por encima de las ideologías. Ese gesto, que los honra a los dos, fue un preludio para lo que vino a partir de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín. Desde esos años la humanidad sabe que son intolerables los dictadores de derecha (como Videla y Pinochet) como los de esa izquierda jurásica que tu defiendes: Castro o Xi Jinping. Tú ignoras los torturados, encarcelados, desaparecidos y perseguidos por Castro. Deben valer a tus ojos mucho menos que los torturados, encarcelados, desaparecidos y perseguidos por Pinochet. Para ti no son personas.

Gracias a Europa, donde naciste, gracias a esos países que resistieron a Hitler pero también resistieron ante la dictadura de la URSS, los demócratas sabemos que hay que desconfiar de las revoluciones y abrazar todas las disidencias. En ese contexto, tu hemiplejia política no es ingenuidad: eres un mamerto contumaz. Defensor de los dictadores que, guarecidos tras ese discurso que hay en tu comunicado, se eternizan en el poder, roban, violentan los derechos humanos, pisotean la democracia, llenan la cárcel de opositores y gobiernan en la más total opacidad.

La infinita tristeza y el desconsuelo por la muerte de Castro, solo concierne, como lo habrás entendido, a aquellos, como tú, que creen normal que un individuo esté 60 años en el poder y perfile la vida de los ciudadanos de acuerdo a sus deseos, trastornos y delirios. A los demócratas solo nos cabe constatar que hay un dictador sanguinario menos.

Foto: La Hora

La Contraloría hace un informe-tongo para exculpar a Moreno

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La Contraloría de Carlos Pólit quiere absolver a Lenín Moreno. En un informe sobre el uso del un millón 600 mil dólares que el candidato a la Presidencia recibió de fondos públicos y utilizó durante su estadía en Ginebra, le entregó un certificado de buena conducta. Si había algo espinoso y maloliente para la candidatura de Moreno eran las dudas, los cuestionamientos, los silencios, las evasivas y las sombras que rodean a esos fondos. Pero en las 21 páginas del informe, firmado por la funcionaria Miriam Cañar, la Contraloría extendió a Moreno una suerte de salvoconducto  que podrá exhibir cada vez que se le pregunte sobre el tema.

Hay que reconocer que el certificado ha funcionado: los medios de comunicación han publicado ya un resumen que básicamente dice que Lenín Moreno no ha incurrido en ninguna irregularidad y que ha actuado de forma correcta. Pero si ese informe es leído detenidamente y no se reproducen sus conclusiones sin beneficio de inventario, el resultado puede ser otro: es un cúmulo de más dudas e interrogantes que arrojan más sombras sobre el tema. Tantas que resulta difícil no pensar que tras ese informe hubo un acuerdo político entre Carlos Pólit, que aspira a ser reelegido por cinco años más en la Contraloría, y el Ejecutivo de cuya voluntad depende que se concrete su aspiración. 

Leer aquí el PDF completo del informe de Contraloría

Estas son algunas de las sombras y dudas que deja el documento.

1.- Según la Contraloría Lenín Moreno se radicó en Ginebra porque hubo un “Letter of Appointment”, o carta de nombramiento, del secretario general de las Naciones Unidas, Ba Ki Moon, que “estableció como lugar de trabajo la ciudad de Ginebra, Suiza”.  La afirmación parecería ser una contundente respuesta a quienes se han preguntado las razones por las cuales Moreno se radicó en una de las ciudades más caras del mundo para ejercer un cargo honorario que no tiene ni oficina ni sueldo. Pero ¿dónde está la “Letter of Appointment” que cita la Contraloría para ver si en efecto dice eso?  En el documento de la Contraloría ese carta no aparece ni siquiera como anexo. Esto genera dudas porque no existe registro alguno de que los Enviados Especiales de las Naciones Unidas hayan recibido un nombramiento que establezca específicamente su lugar de trabajo. ¿Cómo es que la “Letter of Appointment” fija un lugar de trabajo sin proveer una oficina y un sueldo para ejercerlo?

Resulta difícil creer a la Contraloría porque, desde que se generaron los cuestionamientos a la sede del trabajo de Moreno, aquellos que defendieron esa versión, el presidente Correa entre ellos, jamás mencionaron la supuesta carta del Secretarío General. Cuando el propio Moreno justificó haberse radicado en esa ciudad dijo que lo hizo porque ahí están los organismos más importantes de derechos humanos. Nunca mencionó la carta del Secretario General. “Ginebra es una ciudad cara, posiblemente la más cara del mundo -dijo en octubre pasado- . ¿Que por qué la escogimos? Pues porque es la capital de los derechos humanos del mundo, ahí están las 40 organizaciones de derechos humanos. Si se quiere hacer un buen trabajo hay que ir al sitio donde se debe tratar con todos ellos, es por eso que el trabajo fue extraordinario”.  Según el canciller Guillaume Long, Lenín Moreno se estableció en Ginebra “porque es la capital de los derechos humanos, es donde operan las Naciones Unidas y además es donde opera el sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas. Hay más de cuarenta agencias de las Naciones Unidas en Ginebra”.

Sin duda, la única forma de aclarar este punto es mostrar la “Letter of Appointment” del Secretario General. La Contraloría tiene la obligación legal y moral de hacerlo. Lo mismo Moreno.

2.- Las dudas sobre la “Letter of Appointment” no se limitan al tema de la supuesta asignación de la ciudad sede del trabajo. Según la Contraloría, en ese carta del secretario general de la ONU, se establece que los viajes que el Enviado Especial haga en misión serán pagados por ese organismo. “En los términos del nombramiento, entre otros, se estableció como lugar de trabajo la ciudad de Ginebra, Suiza; la remuneración se fijó en el valor de un dólar por año; y, el pago de viajes cuando el Enviado los realice en representación de la ONU, de acuerdo con las regulaciones y disposiciones internas de la Organización“, asegura la Contraloría que dice la carta del Secretario General. Sin embargo, y curiosamente en las cuentas hechas por la Contraloría, se dice que de un millón 600 mil dólares que recibió Moreno, 200 mil se destinaron a viajes. En el cuadro que se incluye en el informe se sostiene que para el rubro movilizaciones se destinaron 320 mil dólares, de los cuales 120 mil fueron para gastos “generales” y 200 mil para “movilizaciones”. ¿Acaso la ONU no pagaba los viajes?  Eso no es todo, la señora Cañar no menciona absolutamente nada sobre qué viajes hizo Moreno ni qué justificativos presentó. 320 mil dólares no son pelo de cochino.

Hacer clic aquí para ver el PDF del cuadro de El Universo

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Cuadro tomado de diario El Universo

3.-  No hay información detallada de gastos.   Apenas hay datos generales por rubros pero no hay ningún detalle sobre el manejo de las cuentas. Para justificar esta opacidad la autora del informe cita el testimonio de un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores que dice: “… si bien el Enviado Especial no está sujeto a una declaración de los fondos asignados, por tratarse de un aporte voluntario no reembolsable del Estado Ecuatoriano, podrá presentar anualmente, y al final de su gestión, un informe de gastos y/o un informe de la empresa de auditoría contratada para tal efecto. Para tal fin, se mantendrán en archivo todos los documentos de respaldo originales resultantes de la gestión de la Oficina del Enviado Especial…”. A renglón seguido sostiene, además, que el artículo 100 de la Carta de las Naciones Unidas manifiesta lo siguiente: “… los documentos que se generen en las Oficinas de los Enviados Especiales de su Secretaría General, será de propiedad exclusiva de la Organización”. Es decir, el organismo de control sugiere que los documentos generados por Moreno son propiedad del Secretario General y que no hay cómo mostrarlos.  ¿Los dueños de los fondos no tienen derecho a ver cómo se gastaron?

4.- ¿Cuál artículo 100? Como se ha visto, el informe de Contraloría dice que el artículo 100 de la Carta de las Naciones Unidades establece que “…los documentos que se generen en las Oficinas de los Enviados Especiales de su Secretaría General, será de propiedad exclusiva de la Organización…”. Sin embargo, si se examina la Carta de las Naciones Unidas resulta que el artículo 100 habla sobre la independencia que el Secretario deberá tener en relación a cualquier gobierno del mundo. O la Contraloría miente o tiene una Carta de las Naciones Unidades que solo ellos conocen.

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6.- La Contraloría no hace ningún análisis legal sobre la maniobra jurídica del presidente Correa. Él dictó un decreto para que se diga que el Estado puede transferir fondos públicos a una persona que no es funcionario del Estado sino a “representantes, delegados, comisionado o enviado especiales”. Sorprende que la Contraloría no haya tenido ni un asomo de curiosidad pues esa reforma se realizó, oh coincidencia, dos días antes de que Moreno haga la solicitud para el desembolso. La Contraloría da por sentado que por llevar el membrete oficial de Decreto, la reforma firmada por Correa es un instrumento  legal y constitucional. No le pareció extraño que un decreto contradiga la Ley de Servicio Civil así ese decreto sea firmado por la Santísima Trinidad.  La Ley de Servicio Civil establece que quien trabaja para el Estado debe tener nombramiento. De lo contrario, esa entrega de dinero entra en la categoría de peculado.

Esta tramoya jurídica fue diseñada para legalizar el caso personal de Moreno. La secuencia cronológica detallada en el informe es curiosa: la reforma se hizo el 21 de mayo, el 23 Moreno hace el pedido de la transferencia, el 5 de junio el Consejo Sectorial lo aprueba y el 6 de junio se hace la transferencia. ¿Esta celeridad existe para pagos o desembolsos que se hacen regularmente en la administración pública? Es evidente que la reforma legal es ad hoc, concebida y llevada a la práctica pensando en una persona: Lenín Moreno. 

Leer aquí El decreto que mantiene a Moreno en Ginebra huele maluco

7.-  ¿Qué proyectos hizo Lenín Moreno para Ba Ki Moon que, según la Contraloría, costaron 500 mil dólares. ¿Dónde están los informes? ¿De qué tratan? ¿Qué dicen? Quizá la respuesta está en el dudoso supuesto de que todos los documentos que se generan en la oficina del Enviado Especial pertenecen al Secretario General de la ONU. Pero ese argumento choca con el hecho de que debe haber rendición de cuentas sobre los gastos de dineros públicos.

8.- Si se observa el cuadro de los gastos aparecen otros datos que llaman la atención. Por ejemplo lo que se gastó en vivienda y oficina. Ahí se ve que en residencia se gastaban 15 mil dólares al mes y en oficina 10 mil. Si se cree en el video que sacó el propio Moreno y en el que dice que vive y trabaja en el mismo departamento entonces resulta que el alquiler valía 25 mil al mes. En ese video el ahora candidato presidencial pone énfasis en el hecho de que vive y trabaja en el mismo lugar sugiriendo que lo hace por austeridad.  Se trata, si el dato que aparece en el cuadro es verídico, de un arriendo groseramente alto. ¿No es acaso el candidato de la revolución ciudadana que se jacta de estar con los pobres?

El informe de Contraloría pretende limpiar el expediente de Moreno en su carrera para alcanzar la Presidencia. Pretende librarlo de la cruz que podría significar para él responder por esos fondos en caso de que los electores lo elijan. Pero, como se ve, este informe no resuelve nada y mas bien puede convertirse en una arma contra este gobierno y su candidato.

El delirio de ser un gigante mundial tiene jodido al Presidente

en La Info por

Superávit de autoestima: de eso parece sufrir el Presidente. El deseo de mostrar su superioridad, su ansia de ser visto como un ser excepcional, su afán de tallarse un lugar en la historia son cada vez más ostensibles. Quizá este es el rasgo que mejor caracteriza ahora sus sabatinas.

Cual narciso, Correa vive absorto en la contemplación de sí, de sus palabras, de la década que ha pasado en el poder, de los mitos que ha creado, de la leyenda que quisiera que cuenten los libros de historia. Correa es prisionero de sí mismo.

Nunca como hoy, 26 de noviembre, en Catamayo, Correa había hilvanado tantos hechos con un único objetivo: mostrar a su audiencia que él es un personaje de talla mundial. Por supuesto, no hablaba de él. Hablaba de Ecuador. Hablaba de la revolución ciudadana convertida, a sus ojos, en referente mundial. Hablaba de él, pero mirándose en el espejo.

Todo empezó con una reflexión sobre la muerte de Fidel Castro. Hizo un panegírico que, si no se supiera lo que hizo ese señor en el poder, Correa lo haría pasar por un santo. De hecho eso dijo del hermano, Raúl, “un hombre tan bueno y tan bondadoso que es difícil imaginárselo”. No difícil, imposible.

De Fidel dijo que fue un extraordinario latinoamericano, un líder mundial, un inspirador de procesos liberadores… Correa habla del dictador cubano aludiendo a la historia. Pero lo hace con la típica mirada de los mamertos: no habla de la represión. De los muertos de Fidel y Raúl Castro. De los juicios trucados. De esos miles de personas arrancadas de sus calabozos por intervención de sus amigos (García Márquez) o François Mitterrand (Armando Valladares, por ejemplo). No habla de la persecución contra los homosexuales y de esa isla convertida en cárcel. Una cárcel de donde decenas de miles de personas han tratado de huir incluso arriesgando su vida en altamar.
Correa habla de la historia, pero es evidente que no le interesan las víctimas. Ni las cita. Cual converso de última hora, porque en Lovaina era considerado de extrema derecha, él solo compró el discurso antiimperialista con el cual Castro sedujo a los mamertos de América Latina. Habla del mito –que él nutre– pero lo vacía del contenido real que dice que Castro fue un dictador, un satélite de la URSS durante la guerra fría y un pésimo administrador que sumió a los cubanos en la miseria y a Cuba en la penuria. Correa solo conjuga el discurso hemipléjico que le permite decir que Castro no fue Pinochet, como si entre déspotas y tiranos sanguinarios (los dos lo fueron), los demócratas pudieran escoger.

Ese dictador fue su amigo. Lo dice como si fuera cierto, como si Castro, ese megalómano absolutista, hubiera podido considerarlo su par. Decirse su amigo sin duda le hace creer que eso descresta a los que lo oyen. Sin duda, habla como si no supiera que jamás un solo ecuatoriano, de los millones que han dejado el país, lo hizo para ir a Cuba. Ese delirio en cambio sí da puntos frente a sumisos irredimibles como Gabriela Rivadeneira o Guillaume Long. No solo fue amigo de Castro. También agrega entre sus amigos a Hugo Chávez, –otro inmenso latinoamericano, dice–; héroe sin duda por haber arruinado al país con mayores reservas de petróleo en el mundo. Dinosaurios, dictadores, ineficientes y corruptos: qué grandes amigos tiene el Presidente.

Su autoestima lució fuera de control: enumeró los eventos que se han producido en Ecuador, en los últimos meses, para probar que su talla es de porte mundial. Vino a visitarme, así lo dijo, el secretario General de la OPEP. Por supuesto dijo que esto era impensable antes, en la era de la partidocracia. Se burló de que eso nunca hubiera podido ocurrir con Lucio Gutiérrez. Esto ocurre, dijo, porque hoy, con la revolución ciudadana, Ecuador es respetado en el mundo. Tanto lo es que, si se le cree, Mohammed Barkindo atravesó medio mundo para venir a verlo a él, Rafael Correa.

No dijo que el Secretario General de la OPEP estuvo primero en Venezuela. Etapa fundamental de su visita. Y que si vino a Ecuador no es porque la revolución ciudadana lo inspire sino porque la OPEP, tras años de sofreoferta, tiene un grave problema: los países industrializados tienen reservas por más de 3.000 millones de barriles. Barkindo está negociando, con los catorce países miembros, congelar la producción por la incapacidad que tienen de incrementar los precios. No vino, entonces, desde el otro extremo del mundo a ver a Correa. Se pegó un salto desde Caracas, absolutamente diplomático, antes de la reunión cumbre que tendrá la OPEP en Viena este 30 de noviembre.

Otra señal de la importancia de Correa en el mundo: el Papa empezó su primera visita a su continente en Ecuador. Eso no es gratuito y el mensaje que quiso transmitir –dijo el Presidente– fue claro. No tenía nada que agregar, pues a buenos entendedores con pocas palabras basta. Pero sumó otros tres eventos de alcance mundial: la cumbre de la CELAC, Habitat III y la visita del Presidente chino.

¿Qué decir? Las cumbres regionales se hacen en forma rotativa. Habitat III fue decidida hace 20 años por la ONU. ¡20 años! La visita del Presidente chino sí es un evento. Ocurrió el 17 de noviembre, en la gira que lo llevó a Perú, a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, y a Chile. Que haya parado en Quito no muestra el interés de la China en Ecuador sino el grado de dependencia económica que ha pactado el correísmo con el gobierno dictatorial chino. Correa se vanagloria de esto y, en un actitud de falsa ingenuidad, declara que todo ese apoyo financiero es totalmente desinteresado…

Ávido de probar que es un ser excepcional, Correa se regodeó en la sabatina diciendo que antes el presidente de Ecuador mandaba una carta a los poderosos del mundo para invitarlos a Ecuador y ellos se preguntaban dónde queda ese país. Hoy vienen apenas él escribe. Lo dice como si no hubiera un mar de informaciones en Internet que ponen coto o contextos a sus exageraciones. O a sus mentiras.

No vienen solamente a verlo. Son sus amigos personales…

Foto: Presidencia de la República 

La China de Xi es la más retrógrada y represiva desde Mao

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La izquierda ecuatoriana, al igual que toda la izquierda latinoamericana, siente una verdadera fascinación con la China. Esta fascinación no solo se expresa en el entusiasmo de ciertos gobiernos por el acceso a los inmensos fondos chinos que permiten mantener en funcionamientos los costosos aparatos estatales a cambio de recursos naturales. Hay, además, una profunda empatía ideológica que hace que a los ojos del perfecto izquierdista latinoamericano la China sea un referente político.

El canciller Guillaume Long, es uno de estos entusiastas. Una de las ventadas de trabajar con China, ha dicho con ocasión de la visita del presidente Xi Jinping al Ecuador, es que “no existe condicionamiento político”.

Lo que Long es que no dice, claro, es que en el caso ecuatoriano no hay condicionamiento político porque para la China no necesita establecer condiciones políticas. La China, básicamente, requiere recursos naturales y también prestamistas para colocar las inmensas reservas de dólares que ha acumulado luego de tantos años de superávits comerciales y, para eso, nada mejor que países como el Ecuador de Correa, la Venezuela de Maduro y la Argentina de los Kirchner. Todos tienen aparatos burocráticos gigantes y programas sociales clientelares que no podrían financiarse sin las inversiones chinas. No en vano el Ecuador tiene una deuda de 8 mil 395 mil millones de dólares. Una deuda que tendrá que ir pagando con cuotas petroleras hasta el año 2026, algo sin precedente en la historia del país.

Esta fascinación además es se explica fácilmente. La China representa políticamente lo que tanto gusta a la izquierda latinoamericana, especialmente cuando ha llegado al poder: censura a los medios de comunicación, capitalismo de Estado, libertades condicionadas a los intereses del partido de Gobierno, gobierno sin división de poderes, voracidad por los recursos naturales en perjuicio del medio ambiente, justicia al servicio del partido en el poder, unas fuerzas armadas leales al partido y absoluta opacidad en la información pública.

Según un reciente artículo de James Fallows, uno de los periodistas occidentales que más conoce la China, ese país  bajo el mando del reciente visitante Xi Jinping experimenta el mayor retroceso de libertades políticas y de mayor oscurantismo político posible desde la masacre en la plaza de Tiananmen, en 1989.

Este retroceso de la China, por la que los soldados de la revolución ciuadana lanzan tanto suspiros, se expresa en seis aspectos, según el especialista.

1.- Comunicaciones.- El internet en China que siempre ha estado censurado y al que solo se accede a través de ciertos filtros, está ahora mucho más restringido y aislado del resto del mundo. Las empresas chinas de internet (Baidu que es un buscador como Google o WeChat que hace las funciones de Twitter) están siendo ahora más censuradas que nunca. Los sistemas de proveedores privados de internet, que eran tolerados hace diez años, están ahora en manos del Estado. Cada día se hace más difícil para el ciudadano chino encontrar VPN’s clandestinas que le permitan comunicarse con el mundo de manera clandestina.

Los medios impresos o de radio y TV han sido siempre controlados por el gobierno. Pero desde hace diez años los pocos espacios de crítica, que eran considerados como saludables válvulas de escape, han desaparecido. Cada semana o dos, la prensa china anuncia advertencias, cada vez más explícitas, hechas por el presidente Xi Jinping y sus colegas, que el disenso no está permitido y que los intereses del partido están por encima de cualquier visión individual. Este año, además, el gobierno de Jinping prohibió a los medios con accionistas extranjeros que publiquen contenido dentro del país sin la aprobación del Partido Comunista. Incluso, el gobierno chino eliminó varias publicaciones, entre esas la revista Caixin y un diario radicado en Guangzhou, que por años había alcanzado la maestría en el arte de escabullir información al control estatal. En febrero, el diario inglés The Guardian publicó una impresionante nota sobre los jóvenes periodistas chinos que se han dado cuenta de que no tiene sentido reportar sobre los desafíos de la sociedad y han abandonado el oficio.

2.- Represión a la sociedad civil.- Durante la era comunista, el estado chino suprimió cualquier organización social que no sea el Partido Comunista. Sin embargo, con el tiempo permitió que ciertas expresiones religiosas y organizaciones no estatales funcionen bajo la vigilancia del Partido Comunistas. En los últimos cinco años, sin embargo, los controles sobre estos grupos se han intensificado a tal punto que casi todas las iglesias han sido destruidas a los largo de todo el país como parte de los planes de desarrollo urbano. Muchos de los defensores públicos y abogados que defienden temas de interés públicos están ahora presos. Lo mismo ocurre con feministas prominentes y defensores del medio ambiente. La portada del 21 de abril del The New York Review of Books destacaba un artículo escrito por Orville Schell, de la Asia Society, que ha escrito sobre China desde los años 60 del siglo pasado. El título del artículo era “El nuevo terror en China”. Fallows cuenta que el autor que le confesó que “en toda mi vida jamás imaginé que China regresaría a las raíces maoistas” y que “me temo que eso está ocurriendo ahora”.

3.- Extra territorialidad.- La represión ahora en China es peor porque las autoridades chinas la quieren reproducir por fuera de sus fronteras. Los países siempre han tratado de utilizar sus músculos económicos para conseguir sus objetivos políticos o ideológicos. En el caso chino, el ejemplo más obvio son sus sanciones económicas a Noruega (sobre todo su boicot al salmón) por la insolencia de haberle concedido, hace seis años, el premio Nobel de la Paz al escritor, aún prisionero, Liu Xiabo. Recientemente el gobierno chino ha encarcelado o acosado a los parientes de los activistas y disidentes que han abandonado el país y ha presionado a compañías extranjeras y organizaciones para imponer los estándares de censura china en otros países. Hace dos años, se descubrió que la empresa estadounidense LinkedIn había censurado contenido crítico al gobierno chino en el internet, a pesar de que esos textos habían sido escritos y destinado a ser leídos solo por personas fuera del territorio chino. El acuerdo fue una condición para que LinkedIn pueda operar en China.

4.- Reforma fallida.- Una de las partes más destacadas del programa de Xi Jinping desde que asumió el poder en noviembre del 2012 ha sido su campaña anticorrupción, que ha sido promocionada como un preludio de la limpieza de cualquier forma de capitalismo clientelar. Durante todas las décadas del boom chino, el gobierno ha ejercido lo que se llama la “corrupción eficiente”, también evidente en Japón y Corea durante los años de la post guerra. La campaña de Xi Jinping ha conducido a que miles de burócratas hayan sido despedidos e incluso condenados a la pena de muerte, lo que ha sido bien visto por la sociedad china que mira con hastío la creciente inequidad económica. Sin embargo, esta campaña también ha servido para que Xi Jinping se haya desecho de muchos enemigos políticos en el aparato estatal acusándolos muchas veces injustamente. Los pasos hacia una sociedad con más libertades políticas y de comercio parece que se están estancando. “La China está experimentando el más importante retroceso político desde la masacre en Tiananmen”, ha escrito este año Carl Minzner, un experto en derecho chino que da clases en la Universidad de Fordham.

5.- Anti extranjerismo.- En abril, el gobierno chino divulgó un instructivo en video que hubiera sido considerado como propaganda cruda si hubiera salido de una oficina de comunicación de un ministerio en plena Segunda Guerra Mundial. Se llamaba “Amor peligroso” y en él se advertía a las jóvenes chicas chinas de no enamorarse de estudiantes o profesores extranjeros. “¿Qué tal si ese guapo estudiante es un espía?”, decía el video. Ese mismo mes, Te-Ping Chen del Wall Street Journal reportó que en los colegios públicos se estaba introduciendo un juego llamado “Agarra al espía”, diseñado a ayudar a los niños a estar “alertas” de la presencia de subversivos entre sus amigos.

El gobierno chino está también obligando a las empresas y a las personas a comprar software hecho en la China y ha comenzado a prohibir la venta de software hecho en EE.UU. Hace pocos meses, el gobierno chino bloqueó el servicio de iTunes de Apple para películas y aplicaciones. Poco después, reportó que por primera vez sus ingresos globales declinaron en un 13%, en parte debido a la baja de las ventas de China. El motivo por el cual el gobierno chino atacó a Apple parece ser más político que comercial. Un análisis hecho por la publicación Variety reveló que el aumento de la popularidad de los videos y películas en iPhones y otros aparatos Apple se estaban convirtiendo en puertas de entrada para imágenes del extranjero.

6.- Lo militar.- Este es quizá el más publicitado cambio en China, un país que tiene más de una docena de fronteras con otros países y está conectada hacia el Este y hacia el Mar del Sur de China con otros doce países más. Al momento tiene disputas territoriales con muchos de esos países, todas en las fronteras marítimas por culpa de la reciente política china de “construcción de islas” que consisten en construir islas en zonas fronterizas bajo disputa para reclamar soberanía y explotar recursos naturales en las zonas adyacentes. En julio, un tribunal en La Haya sentenció a favor de las Filipinas y en contra de China en una disputa sobre los recientes reclamos chinos en el Mar del Sur de China. Esta estratégica de construir islas tiene aterrorizado a los muchos países de la región que ceden ante cualquier presión del gobierno chino.

La China de Xin Jinping es, entonces, un perfecto modelo político para quienes creen, como es el caso de los gobiernos del socialismo del siglo, en el control estatal a la sociedad. Las libertades son cosa que están muy por debajo del interés del partido.  Como es el caso ecuatoriano, claro.

 

Ecuador en el club de los asesinos

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Política exterior ecuatoriana: el canciller se reviste de teatral dignidad en Nueva York y el presidente se arrastra por el fango en Margarita. Mientras Guillaume Long abandona el salón principal de Naciones Unidas para expresar su rechazo al presidente de Brasil, Michel Temer, Rafael Correa se reúne con Robert Mugabe en la cumbre de No alineados para expresar su apoyo al de Venezuela, Nicolás Maduro. Junto a Correa y Mugabe, se solidarizan con Maduro los presidentes de Cuba, Nicaragua, Bolivia… Junto con Long se paran y se van los cancilleres de Venezuela, Nicaragua, Bolivia… Al verlos salir, los demás se preguntan: ¿quiénes son? Y se responden: los amigos de Mugabe. Punto para Temer.

Mugabe, de 92 años, es uno de los dictadores más sanguinarios del mundo. Gobierna Zimbabue desde 1980, año del que probablemente procede la información más actualizada de que dispone Rafael Correa con respecto al mundo y a la vida. Por eso sigue creyendo que Piero es la vanguardia musical del continente, que ser de izquierda es ser leninista y que Mugabe es un líder de la descolonización africana. Lo fue, en efecto. Pero en el intermedio (en estos 36 años que Correa se perdió), Mugabe mandó a asesinar a todos los líderes de la oposición en su país, cometió un genocidio contra 20 mil personas de la etnia Ndebele y quebró la economía de Zimbabue hasta el extremo de disparar la inflación al 14’000.000% mientras gasta, cada año, de 500 mil dólares para arriba en sus fiestas de cumpleaños.

Los presidentes del mundo que todavía se reúnen con Mugabe son un selecto club. Este año, en Margarita, estuvieron los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán… Correa no ha tenido ningún empacho en sumar al Ecuador a ese grupito, cuyas propuestas en los foros internacionales, especialmente en aquellos sobre derechos humanos, se sitúan vergonzosamente a contracorriente del planeta.

Ecuador es el país que apoya al delirante y criminal gobierno de Corea del Norte. En las Naciones Unidas se opuso a que los crímenes de lesa humanidad cometidos por ese gobierno (asesinatos en masa, reclusión en campos de la muerte, violaciones, abortos forzados, tortura, esclavismo…) fueran remitidos a la Corte Penal Internacional. 111 países votaron a favor. Con Ecuador votaron en contra Cuba, Bolivia, Venezuela, Siria, Rusia, Bielorrusia y China. Los amigos de Mugabe.

Ecuador es el país que no quiere que se investiguen los crímenes de lesa humanidad cometidos en Siria. En el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se opuso a enviar una comisión independiente para investigar las matanzas masivas de población civil de las que se acusaba al ejército del presidente Bashar al-Ásad: 4 mil manifestantes asesinados. 33 países votaron a favor; 4 en contra: Rusia, China, Cuba y Ecuador. Los amigos de Mugabe.

Ecuador es el país que niega su protección a los defensores de derechos humanos. En el Consejo de Derechos Humanos de la ONU se opuso a una resolución propuesta por Noruega en la que se impone a los estados miembros una serie de obligaciones y de buenas prácticas en esta materia: garantías, acceso a la información, libertad de asociación… Ecuador, en cambio, apoyó una serie de enmiendas a la propuesta noruega, enmiendas en las cuales ni siquiera se reconocía la legitimidad del término “defensores de los derechos humanos” y se desechaba la necesidad de protección contra la intimidación y las represalias. Esas enmiendas que tanto entusiasmaron a Ecuador (aunque al final se echó para atrás) fueron presentadas por Rusia, China, Cuba… Los amigos de Mugabe.

asesinos, putin

Ecuador es el país que pretende subordinar los derechos humanos a los valores culturales. Ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas suscribió una propuesta de resolución según la cual la universalidad de esos derechos resulta supeditada a lo que llama “valores tradicionales de la humanidad”. Una pretensión absurda si se considera que algunas de las prácticas más ofensivas contra la dignidad humana provienen, precisamente, de “valores tradicionales”. El matrimonio forzado, por ejemplo; o la mutilación genital femenina; o la violación dentro del matrimonio; o la violencia familiar, sobre la cual el presidente Rafael Correa dice que las feministas exageran. Por supuesto, el proyecto de resolución no fue aprobado. Por escandaloso: porque pretendía atacar el corazón del concepto de los derechos humanos. La idea fue de Rusia y la suscribieron, entre otros países, Ecuador, China, Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Siria… Los amigos de Mugabe.

asesinos, corea del norte

Ecuador es el país que devolvió 150 refugiados cubanos a la dictadura de la que huían y le echó la culpa (Guillaume Long lo acaba de hacer nuevamente en las Naciones Unidas) a Estados Unidos. Es el país donde los presos reciben descargas eléctricas y los policías que se las aplican se extrañan de que alguien se queje, porque para ellos es un procedimiento absolutamente normal. Es el país donde el uso progresivo de la fuerza, a la hora de sofocar protestas, empieza por lanzar la Policía montada contra los manifestantes. Donde las libertades de expresión y asociación están sujetas al permiso del Estado

El Ecuador de Rafael Correa es un país que, por primera vez en su historia (y esto no ocurrió ni siquiera en tiempos de dictadura militar) está casado con las peores causas del planeta y busca en ellas la justificación (cultural, histórica, metafísica) para sus propios atropellos y desvaríos. El Ecuador de Rafael Correa, amigo de Mugabe, es un miembro selecto del club de los indeseables.

Ilustraciones: Amnistía Internacional. De arriba abajo: Robert Mugabe, Vladimir Putin y Kim Jong Un.

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