Por la lucidez, desobediencia, ironía y obstinación

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Guillermo Lasso

El caballero de la noche neosocialista

en Caricaturas/El Humor/La Info por
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Alvarado Films presenta un héroe poco común. Un hombre que abandonó una vida de lujos en Ginebra y llega, en difíciles circunstancias, a luchar contra los malos (que están entre los suyos). Podrá librarnos del mal sin sucumbir en el intento? Robin (Jorge Glas), que esta vez cambia de bando, al igual que la Batichica, nada intentará en su contra? Chamorro estuvo en el lanzamiento de esta película destinada al mayor éxito taquillero de todos los tiempos.

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Una nueva trampa para salvar a Lenín Moreno

en La Info por
Guillermo Lasso

Si la tarea de evitar que exista un debate entre los dos candidatos finalistas a la Presidencia de la República estaba a punto de fracasar por la decisión de Guillermo Lasso de participar en el que organizó la Red de Maestros, entonces había que inventarse algo nuevo para hacer imposible que asista. Exponer a un candidato tan pobre conceptualmente a un debate frente a Guillermo Lasso es un riesgo que no se puede correr.

Por eso alguna mente retorcida, acostumbrada a siniestros menesteres jurídicos como la de Alexis Mera, inventó una trampa que apareció en forma de comunicado. En él, sin empacho ni tapujo, la Red de Maestros condiciona la realización del debate, que ya estaba pactado y organizado, a que ambos candidatos firmen una declaración juramentada ante notario público en la que los candidatos digan que no tuvieron participación directa o indirecta en casos de corrupción y que tampoco se han beneficiado de manera particular en decisión que hayan tomado en el ejercicio de funciones públicas o privadas referidas a tres temas. Primero: el candidato debe jurar que no tiene nada que ver con la salida de su patrimonio a paraíso fiscales y en compañías offshore. Segunda: que no se ha beneficiado ni fue funcionario público o privado durante la crisis financiera de 1999 y Feriado Bancario.Tercera: que no tiene relación con el caso de corrupción de Odebrecht y Petroecuador.

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La fórmula es evidentemente un mecanismo para forzar a Lasso a no asistir al debate. Para esto, el comunicado-condición de la Red de Maestros es una trampa para que Lasso quede expuesto en caso de firmar. Si en ese documento notarizado tiene que decir, por ejemplo, que jura no tener capital en compañías offshore, es evidente que no puede hacerlo. Es conocido, y el mismo Lasso lo ha informado, que tiene un banco en Panamá. Esto podría ser interpretado como “compañía offshore”. En caso de que firme la declaración juramentada para así poder ir al debate, no sería extraño que en poco tiempo la justicia de bolsillo que tiene el Gobierno, con un nuevo fiscal que fue asesor personal de Rafael Correa, abra un expediente en contra de Lasso por atentado a la fe pública.

Si no  va, el correísmo le atacará por incurrir, supuestamente, en uno o más de los tres puntos incluidos en el condicionante que formula la Red de Maestros. En otras palabras, la idea es evitar que haya debate para salvar del desastre a Lenín Moreno y, de paso, hacer de la cancelación del debate un instrumento más de campaña en contra de Lasso. Sin duda se trata de una estratagema que, es obvio, no salió de la mente de los dirigentes de la Red de Maestros sino de alguna oficina de abogados afinados en la fabricación de documentos tramposos.

Es, sin embargo, tan burda y grosera la trampa dentro de su innegable astucia, que difícilmente se puede ocultar sus objetivos. ¿Por qué entre las condiciones no se incluye el jurar no haber recibido dinero del Estado ecuatoriano sin ser funcionario, por ejemplo, para ver si Lenín Moreno, que recibió 1.6 millones de dólares para vivir en Ginebra, firma donde el notario? También podrían haber pedido que se firme un juramento en el que el posible asistente al debate diga que no tiene relación con una fundación que ha recibido dinero de organizaciones públicos sin enseñar su contabilidad y justificar los gastos.

El comunicado, además, es tan burdo que incluye un punto referido a los escándalos de Odebrecht y Petroecuador como para luego afirmar que Lenín Moreno no tuvo nada que ver en esos dos temas. ¿Por qué no pedir que también los vicepresidenciables firmen ese documento, para ver si Jorge Glas lo hace?

Este episodio, sin duda, alcanza niveles insólitos. Se inventaron un debate que estaban seguros que no iba a hacerse porque no les convenía que suceda. Cuando se vio que iba a realizarse porque Lasso, con su decisión de ir, les alteró los planes, se inventaron una nueva ardid para que nuevamente el debate se convierta en algo imposible. Pero no solo es eso: el comunicado de la Red de Maestros eleva otra vez a las declaraciones juramentadas notarizadas a la categoría de institución.  El correísmo está convencido de que una declaración juramentada es un sacramento de pureza. Hace poco el candidato a la Vicepresidencia, Jorge Glas, fue hasta donde un notario en Manabí para decir que no tiene relación con el tema Odebrecht y con esa ceremonia el correísmo pretende que no haya dudas sobre la honorabilidad de Glas. Acá, no existe justicia que establezca culpabilidades o inocencias, ni hechos que confirmen o no la realidad. Las declaraciones juramentadas se han convertido, al igual que los homenajes como el que se hizo para Pedro Delgado, en santos sacramentos en los que los correístas alcanzan la pureza absoluta.

La oposición está desactivada por los señores feudales

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La pregunta, quizá la más importante, tras la década correísta es: ¿cuánto maduraron la sociedad civil y la sociedad política? Esta campaña es terreno ideal para buscar respuestas. Primero, la sociedad política; la oposición en particular: es víctima de la peor enfermedad que corroe la política nacional: el síndrome de los señores feudales. Esto se evidenció en la primera vuelta en la cual se multiplicaron, otra vez, las candidaturas, como antaño, haciendo creer que el país es tan diferente que requiere ocho opciones electorales. Y esto tras diez años de correísmo que deja una agenda urgente y acotada para los demócratas: recuperar, en primera instancia, los valores republicanos y democráticos.

Esta segunda vuelta encuentra a gran parte de la oposición unida alrededor de esa urgencia. Ese acuerdo mínimo, sin embargo, lo impuso parte de la sociedad civil harta de autoritarismo y corrupción. Lo impuso a Jaime Nebot y Cynthia Viteri tras haber sido calificados de chimbadores. Eso se les dijo en las redes sociales tras el anuncio de la candidatura de Viteri. Se les dijo antes incluso, tras el esfuerzo insólito de Nebot por ignorar a Guillermo Lasso (entonces primera opción en la oposición) y montar, en Cuenca, la ficción de un acuerdo con Paúl Carrasco y Mauricio Rodas. En ese capítulo también Lasso tuvo una enorme responsabilidad al haber exorcizado en público las heridas de su rivalidad con Nebot en la campaña presidencial de 2013.

La realidad de la oposición, por fuera de Lasso y Nebot, es políticamente desoladora. Lucio Gutiérrez en coma electoral, la Izquierda Democrática con un espasmo de resurrección/suicidio de última hora, el movimiento indígena más dividido que nunca, la izquierda que se fue del gobierno debilitada y sin programa común de renovación… En diez años y fuera de Lasso, que trabajó su candidatura durante siete años, esas oposiciones no trataron de capitalizar políticamente el anti-correísmo. Y tampoco maduraron.

Esta realidad se nota con acuidad en esta segunda vuelta. En el centro-derecha Nebot y Viteri han pedido a sus seguidores que voten por Lasso. Punto. Ni un gesto ni un acto más en su favor. Acostumbrado a reinar en Guayaquil, Nebot supeditó una reunión con Lasso a que éste se hiciera cargo de los epítetos que en Creo o fuera de ese partido les endilgaron a él y a Cynthia Viteri. Nebot, para camuflar su encono personal, antepuso el honor herido. Viejo truco de un viejo cánon de un viejo político hundido en la vieja política. Basta ver en sus cuentas de redes sociales o en las de Viteri, las acusaciones que ella prodigó a Lasso en la primera vuelta para medir la inconsistencia de la actitud de Nebot. En el fondo, él, como Rodrigo Borja y otros políticos en el país, son rehenes de una tesis: si no soy yo (o un candidato a quien controlo) no es nadie. En algún momento, algún historiador pondrá fechas y hechos alrededor de la actitud del socialcristianismo que desde que dejó el poder, se ha dedicado a boicotear proyectos de modernización, lograr contratos colectivos o imponer sus condiciones a todos los gobiernos.

Esa historia se repite y ahora Nebot y Viteri se lavan las manos. Como es obvio, endosan desde ahora la responsabilidad de una posible derrota de Lasso. Ellos, por fuera de la declaración que hicieron, se limitan a aconsejarlo y a esclarecer que su partido, si él ganara, no hará parte de su gobierno. Incluso la manifestación gigantesca, anunciada para el 8 de marzo por Nebot, fue suspendida. Conclusión: no harán nada por el destino del programa democrático para volver a la democracia.

Nebot  no tiene, por supuesto, el copyright de esta actitud. Mauricio Rodas luce escondido en sus cuarteles de invierno, esquivando la marea (una de sus especialidades) mientras maniobra para que Alianza País no vire la mayoría en el concejo e inicie en serio la fiscalización de sus proyectos. También hay que ver lo que hicieron algunos de los viejos dirigentes de la Izquierda Democrática. Prefirieron fracturar las filas del partido recién inscrito que hacerse cargo de la realidad electoral que encaran los demócratas en el país. Lo hacen por odio a Andrés Páez; por prurito ideólogico y porque creen que eso es lo que mejor conviene al futuro de su partido. Cumplen así (pero, claro, mistificando su discurso ante la opinión pública) con el código de los señores feudales que atraviesa la política nacional y que el correísmo, lejos de acabar, encumbró: si no es uno de los nuestros, nadie… Y quien vaya, que se rompa el cuello porque sobre sus cenizas nosotros floreceremos.

Ejemplo de última hora: Ramiro Aguilar. Tras la derrota de Abdalá Bucaram, con quien hizo binomio, cree que su trabajo es criticar lo que él cree que es la visión de los quiteños. Gran descubrimiento hace Aguilar: hay visiones plurales en el país. Lo cual es una confesión no pedida de que esta campaña le ha permitido conocer al país. Critica a los periodistas y eso es irrelevante para aquellos que consideran que este oficio, cuando no se hace para servir a un partido o a un candidato, es muy cercano a lo que Febres Cordero llamó sociólogo vago. Aguilar pronostica la derrota de Lasso. ¿Y? Parece que tener o no la razón es su dilema en esta segunda vuelta, lo cual es irrelevante. Pero es muy revelador de la manera como políticos de su perfil encaran su responsabilidad.

Es tan curioso lo que ocurre en esta oposición de centro y centro derecha que León Roldós ya dijo que aquellos que meten el hombro por la alternancia en el país son las fuerzas de izquierda. Y parece encomiable, efectivamente, que los representantes de sectores pobres y marginados entiendan y se jueguen por un candidatura que, al margen de su identidad política, se ha comprometido, si gana, a restituir los valores republicanos y la democracia en el país.

Mañana: ¿maduró el correísmo?

Los nuevos ricos hacen un video sucio contra Lasso

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¿Si vieron cómo llaman desde el call center del IESS para hacer campaña a favor de Lenín Moreno? Si les llamaron para decirles que el Biess les aprobó un crédito, o si vieron cómo se inventaron una frase del Papa para simular que El Vaticano apoya la candidatura de Moreno, en realidad no han visto nada. No hasta que hayan visto el videoclip que el equipo de campaña de Lenín Moreno está preparando para sacar en los próximos días en redes y seguramente en algún canal incautado. Ese día lo habrán visto todo. O al menos casi todo de esta campaña sucia.

Se trata de una producción concebida por Vinicio Alvarado, director creativo de la campaña del Gobierno, quien ha contratado a Vértigo Films, una productora de cine donde trabajó, por muchos años, su hija Marcia. Vértigo Films, durante esta #décadaganada, ha sido una de las criaturas más mimadas por el gobierno. No en vano ahí están contratos como el de 700 mil dólares que le dieron por hacer la mini serie, que casi nadie vio, Ciudad Quinde, en la cual se ponderar el trabajo de la Superintendencia de Control y Mercado.

Aquí puede ver la nota de 4Pelagatos sobre Ciudad Quinde

Este video programado, titulado “Ecuatorianos por el cambio vamos” es un nuevo recurso al que recurre el gobierno y la campaña de Lenín Moreno para caricaturizar la candidatura de Lasso como híper privatizadora y de extrema derecha. Se trata de algo parecido a La Feriatta, ese videoclip hecho durante la anterior campaña presidencial en que caricaturizaban a Guillermo Lasso como un banquero que cantaba durante una supuesta celebración del feriado bancario. La idea es, básicamente, fijar un patrón de opinión para que los electores identifiquen a Lasso y a sus partidarios como unos explotadores que no respetan nada ni a nadie; únicamente movidos por el interés por hacer dinero. Es un nuevo intento, de los miles que ha habido durante los últimos diez años, por ahondar los resentimientos sociales con fines electorales.

En el video de marras aparecerá un grupo de jóvenes pelucones que recorre el país en una furgoneta con un logo que dice RECO, casi idéntico al del movimiento CREO de Guillermo Lasso. Estos jóvenes visten ropa fina en colores pasteles y en sus camisas tienen impreso al logo de RECO. Llevan smartphones y no se detienen en el semáforo rojo.  No respetan las normas ni las leyes y que desprecian a los pobres. Cuando un policía intenta detener la furgoneta, ellos lo ignoran, se burlan de él, le lanzan dinero y se van. Esa es la calidad de personas que en esta campaña sucia pretenden endosar a los partidarios de Lasso. El video va acompañado de una canción cuya letra se incluye en este recuadro amarillo.

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En una escena la furgoneta de RECO se estaciona violentamente y por poco atropella a una pareja de jóvenes que caen al suelo. Los chicos de la furgoneta se bajan frente a una valla de la Senescyt en la que se lee: Las becas educativas son nuestro futuro”. Los insolentes burguesitos de la furgoneta de RECO tapan la parte donde dice “son nuestro futuro y aumentan las palabras “solo con créditos…”. Los dos chicos que quedaron en el suelo humillados por los niños ricos de RECO se levantan, uno de ellos con dolor en las manos.

Luego la pareja de jóvenes que fueron atropellados por la furgoneta de RECO entran a un hospital. En la recepción se lee un rótulo grande que dice “Recuerde la atención es gratuita”. Pero justo antes de que la pareja llegue hasta la valla, los jóvenes pelucones de la furgoneta se abalanzan y tapan la palabra “gratuita” y ponen “pagada”. Además colocan un aviso que dice “Consulta: 25 usd. Medicamentos: consulte lista de precios”.

Pero la intención del video hecho por Vértigo no solo es hacer aparecer a los partidarios de Lasso como enemigos de las becas o de la salud gratuita. También lo son de la educación gratis. En la siguiente escena se ve a la furgoneta pasar por una Escuela del Milenio donde hay un cartel que dice que la matrícula, los uniformes, los libros y los desayunos no tienen costo. Pero como los pelucones de la furgoneta son perversos entonces sustituyen la palabra gratuito por “serán cobrados”. Y, como venden libros en una feria, aparecen saliendo del lugar con los bolsillos llenos de billetes.

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El equipo de Vértigo films mientras comía el almuerzo en Sangolquí

Por último, se ve la furgoneta en una carretera viajando hacia el ocaso. Un letrero vial dice “Hacia el paraíso fiscal”. Un ciudadano que la ve pasar regresa a ver una valla con un rótulo en que dice: “Viviendas gratuita para todos”. Alguien con una camiseta del Partido Social Cristiano lo está cambiando. Tapa la palabra “gratuita para todos” y la reemplaza con “a cuotas de $300 mensuales” y pega el logo del Banco de Guayaquil.

¿Cuánto puede costar un video tan elaborado como este? Ese es un dato que resulta irrelevante para quienes están en el equipo de campaña de Lenín Moreno, como Vinicio Alvarado, básicamente por dos motivos: el dinero viene de los recursos del Estado y el Consejo Nacional Electoral no imputará ese gasto como gasto electoral. Así que los 150 mil dólares que podría costar son irrelevantes. La plata, por último, irá a Vértigo Films, buenos amigos de Vinicio y Fernando Alvarado.

La filmación se hizo entre jueves y viernes. El jueves el equipo estuvo en Sangolquí y el viernes en Guayaquil. Un lustrabotas de Sangolquí se mostró feliz de haber sido tomado en cuenta para participar en el rodaje por el equipo “de la 35”, como dijo a los pelagatos.

Este no fue el único trabajo encargado a Vértigo para esta recta final de la campaña. El jueves también tenían previsto hacer una grabación con el candidato Lenín Moreno que estaba hospedado en el Hotel del Parque y cuyas habitaciones cuestan 350 dólares la noche.

En pocas palabras, el video que aparecerá seguramente a partir de este lunes 20 está diseñado para exacerbar los resentimientos sociales; cosa que el correísmo no ha dejado de hacer durante los últimos 10 años. Curiosa estrategia si se toma en cuenta que viene de Vinicio Alvarado que pertenece a la casta de nuevos ricos que creció durante la #décadaganada y que jamás utilizará para sus hijos las escuelas públicas ni los hospitales públicos y, peor aún, la vivienda gratuita que se pondera en su video.

Es un video hecho por nuevos ricos para hablar mal de los niños ricos.

En la foto se ve a la furgoneta que hará la parodia de ser la de CREO

¡Adivina quién es el banquero!

en Caricaturas/El Humor/La Info por
Captura de pantalla 2017-03-18 a las 5.31.46 p.m.

La pela por el título al mayor banquero está pactada. El árbitro, Juan Pablo Pozo, ya explicó las reglas, aunque no admitió la desigualdad que se observa en el ring. El público luce cabreado… Chamorro está presente (reportando para 4Pelagatos).
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Lasso no es Macri, pero evitemos ser Venezuela

en Columnistas/Las Ideas por
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Con las elecciones del 2 de abril a la vuelta de la esquina, es inevitable que ambos bandos electorales busquen analogías en otros países para inspirar esperanza o miedo. La oposición utiliza Venezuela. Tiene sentido. Lo digo como alguien que a lo largo de los últimos diez años aclaró que Correa no es Chávez, pues si bien el keynesianismo es estancador y peligroso -ver Japón en los últimos 30 años, Francia, la burbuja china, Ecuador ya sin boom petrolero, etc- no es no es una doctrina tan virulenta en su destructividad como el marxismo.

Correa no es Chávez en política económica aunque, dados sus vacíos conceptuales sobre temas como valor, estructura capital, etc., haya hecho públicamente guiños al marxismo. Agreguemos dos consideraciones adicionales. La primera es que los keynesianos latinoamericanos suelen ser peores que Keynes que, al menos, recomendaba ahorro para años de vacas flacas.

El keynesiano de ideas tercermundistas/victimistas asume que “pobreza = vacas flacas” y por tanto nunca hay que ahorrar porque las urgencias son siempre ahora. No entiende el rol del ahorro, de la confianza y de los fondos de emergencias. Eso es malo, desde luego. La segunda consideración es que Ecuador cuenta con la dolarización como defensa ante los afanes inflacionistas esenciales en las ideas de Keynes y los keynesianos. Por eso les estorba la dolarización, les impide destruir el dinero (el eufeminismo es “política monetaria”). Eso es muy bueno. Sumando el agravante y el atenuante (nuestra única defensa), de todos modos no hemos sido Venezuela en estos diez años. Pero podríamos serlo.

¿Cómo? Con dinero “propio” (estatal-nacionalista) se volvería a imprimir para sanear cuentas fiscales -pagar sueldos de empleados estatales, proveedores, obras, etc. Ese dinero adicional -es como ponerle agua al vino- no agrega poder adquisitivo a la economía como sostienen el keynesianismo, sino que diluye el valor de cada unidad monetaria. Los salarios y ahorros compran menos. Aparentemente los “precios suben” -y ese efecto, se le llama en textos modernos “inflación”- pero simplemente el dinero bajó/disminuyó de valor. Hay que llevar más dinero para comprar las mismas cosas. Aquí llega a la escena el político demagógico. En sus discursos culpa a los comerciantes e industriales de “subir los precios” y, acto seguido, decreta controles de precios (precios máximos).

El resultado inevitable, dependiendo de la severidad de los controles, es la escasez artificial. Por eso no hay papel higiénico en Venezuela (por explicar esto en una universidad de Quito, sin mencionar al gobierno ecuatoriano, despidieron a la persona que me invitó a dar la conferencia) desde hace años y hoy por hoy ya hay carestía de muchísimas otras cosas.

La situación venezolana es dramática, con 80% de gente de regreso a la pobreza (el mundo entero era pobre hasta hace 300 años), gente buscando comida en los basureros, mujeres regalando a sus hijos en la frontera con Colombia para que puedan sobrevivir y delincuencia nivel Bagdad. El ciclo malas ideas económicas -> intervención estatal -> diagnóstico de la nueva situación con otras malas ideas -> nueva intervención estatal -> etc puede llevar a cualquier país a la situación Venezolana.

Venezuela tenía una producción por habitante del doble de Ecuador antes del chavismo. Hoy el salario promedio está por debajo de 20 dólares en capacidad real de compra. Pero siempre es un asunto de ideas. De diagnosis y prognosis.

Ningún país está exento de las leyes de la realidad. Los controles de precios han causado carestía de insulina para diabéticos en EEUU en los 70’s, desempleo en Francia y España, de pan en Francia pre-revolucionaria (de ahí la legendaria anécdota “Su Majestad, los pobres no encuentran pan”, a lo cual la reina responde “Que coman torta”). Hay 3000 años de evidencias de controles de precios causando carestías.

Toda intervención estatal tiene costos que jamás pagan los gobernantes o las tecnocracias. Regresemos a Ecuador del año 2017. Los detractores de la candidatura de Guillermo Lasso han empezando una conversación social comparándole con Mauricio Macri en Argentina. Esa analogía, en cambio, no se sostiene. Macri ha tenido el desagradable y políticamente desgastante rol de ajustar precios antes suprimidos por controles de precios, agujeros fiscales y subsidios demagógicos de la era Kirchner. En el ideario tercermundista (“otro siempre es el culpable”, “el progreso se alcanza sin renuncias”, “somos países ricos” etc) el bueno es el subsidia y el malo es el que sincera la situación para que un país no siga quebrando. Con esto no quiero sugerir que aplaudo el recetario ni prioridades de Macri. Todo lo contrario. En entornos inflacionistas el gradualismo en ciertas medidas luce más bondadoso pero termina siendo más cruel, pero sobre todo, no hay en el macrismo ninguna vocación liberal de quitar de encima de los empresarios el monstruoso aparataje tributario y regulatorio argentino. De dejarles integrarse libremente al mundo. De eliminar prohibiciones nacional-estatistas para invertir internacionalmente en varios sectores sin testaferros.

El único país libre y capitalista de la historia latinoamericana, la Argentina (1853-1930’s), fue reducido nuevamente al tercer mundo por ideas y políticas marxistas, fascistas y clientelares en diversos grados en las décadas subsiguientes. Macri ciertamente no ha tomado las medidas que llevarían a un país a un despegue vertiginoso hacia el éxito como en Irlanda, Estonia o República Checa. Pero el desastre argentino no es su culpa. Es un cúmulo de malas ideas, malas medidas, populismo fiscal, etc. que los Kirchner empeoraron con especial voracidad.

De ganar Lasso la presidencia en abril, ¿enfrenta un escenario similar? No. Ciertamente hay agujeros fiscales del BCE, el IESS, el gasto corriente, exceso de personal burocrático, deuda multiplicada y otros problemas. Pero estamos dolarizados.

El razonable temor que los ecuatorianos tenemos a los paquetazos (medidas dolorosas de ajuste) viene de los 1980’s, cuando al terminar un boom petrolero, como el que acabamos de vivir, los gobiernos aterrizaron duramente en la realidad post ingresos-sin-impuestos. Pero nuevamente, la dolarización ha impedido falsear demasiado la realidad. Reducir drásticamente aranceles, eliminar el anticipo del impuesto a la renta, devolver el IVA a su nivel de 12%, etc son todas medidas que mejoran el ingreso real y las oportunidades de las familias. Volver más participativas las empresas estatales (evitando las privatizaciones con monopolios para amigotes como hubo en México y Argentina en los 90’s), abrir a competencia sectores monopolizados por el Estado, etc también abaratan la vida. Lasso no es Macri porque piensan distinto -Lasso es muchísimo mejor en nociones de economía abierta y moderna sin recetarios antipopulares del FMI- y Ecuador, en buena medida gracias a la dolarización, no es Argentina.

Juan Fernando Carpio es académico de la Universidad San Francisco. 

Correa y Moreno importan chupamedias que les alaban

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La comparación de la inadmisión de Lilian Tintori al Ecuador con la visita del ex candidato presidencial chileno Franco Parisi hace pensar en los carros de vidrios negros que circulan sin placa: unos tienen derecho a transitar sin ellas porque están en el gobierno y otros deben pagar matrícula, impuestos y trámites para tenerlas porque son simples ciudadanos.

En el caso de la activista venezolana Lilian Tintori ocurre algo así: ella no pudo entrar en el Ecuador porque las autoridades del gobierno dijeron que iba a participar en actos vinculados a la candidatura de la oposición, mientras que el chileno Franco Parisi pudo ingresar tranquilamente porque su agenda estaba perfectamente alineada y coordinada con la de la candidatura gobiernista de Lenín Moreno y Jorge Glas. Mientras para Tintori se aplicó un supuesto principio legal según el cual no podía entrar al Ecuador porque (presumieron) que iba a participar en temas de política interna, el otro tiene todas las garantías y facilidades para permanecer en el país haciendo proselitismo. La diferencia estaba en que Tintori venía a decir cosas que iban a disgustar al correísmo mientras que Parisi llegó a hablar linduras del plan de Moreno y Glas y a alabar el modelo económico del gobierno de Correa.

El caso de Parisi fue grosero. Tuvo una actividad intensa en casi todos los medio de comunicación controlados por el Gobierno. En cada uno de estos medios repetía lo mismo: el Ecuador no se parece a Venezuela (algo que sostiene Tintori) y el plan económico de Guillermo Lasso, muy al contrario del de Lenín Moreno, es inviable y perjudicial para el Ecuador.  Con ese sonsonete estuvo en GamaTV, en Ecuador TV, en Pichincha Universal y en Ecuadorinmediato: todos medios alineados y obsecuentes con el correísmo.

En todas las entrevistas que tuvo, Parisi arrancaba diciendo que el Ecuador no se parece a Venezuela sino más bien a Chile y Uruguay. Parecía mantra. Luego pasaba a comparar las propuestas económicas de Guillermo Lasso y Lenín Moreno.  Había un guión perfectamente ensayado. El caso de la entrevista a GamaTV llegó a niveles caricaturescos. El entrevistador Rommel Garzón tenía listo un cuestionario que consistía, básicamente, en pedirle su opinión sobre alguna de las propuestas de Lasso e inmediatamente sobre una de Moreno. “¿Y la propuesta de Lenín es viable?”, era la pregunta que Garzón tenía lista cuando Parisi acabado de demoler alguna oferta de Lasso. Y, claro está, siempre lo de Lasso es malo y lo de Moreno siempre es bueno. Ocurrió lo mismo en el tema de los impuestos, empleo y política comercial. Cuando se presentó con Carlos Rabascal en Ecuador TV también comenzó su presentación con el mantra que dice que Ecuador se parece más a Uruguay y Chile y luego se dedicó a criticar las ideas económicas partidarias de la liberalización de la economía, como las de Lasso. Con Rabascal, Parisi repitió exactamente lo mismo que dijo con Garzón sobre la propuesta de Lasso de disminuir impuestos: “Una reforma tributaria como la de Lasso, que es antigua y anacrónica, solo llevará al Ecuador al fracaso”.

En Pichincha Universal, la radio de la Prefectura de Pichincha donde manda el lugarteniente de Correa, el prefecto Gustavo Baroja, lo entrevistaron dos entusiastas porristas del correísmo: Kinto Lucas y Washington Yépez. Ahí la novedad fue que estuvo acompañado por su compatriota y ex asesor Patricio Mery Bell, quien ahora opera en Ecuador como troll en redes sociales para la campaña de Moreno. Exactamente la misma cantaleta: esto de Lasso es pésimo, esto de Moreno excelente.

Es evidente que quienes idearon la visita de Parisi pensaron que había que traer a alguien de fuera para atacar dos propuestas de Lasso que, seguramente, preocupan al gobierno: la eliminación de impuestos y las comparaciones con Venezuela. Palabras más, palabras menos, en el tema de los impuestos decía exactamente lo mismo en cada sitio donde fue entrevistado. Sin esos impuestos, decía, el Estado se va desfinanciar y la economía va a tambalear.

Parisi tuvo todas las comodidades y facilidades para predicar a favor del gobierno y la candidatura de Lenín Moreno. Quienes lo invitaron le tenían preparada una agenda impecablemente organizada y burdamente apalancada en el monopolio mediático del Gobierno. Incluso participó en un conversatorio en Ciespal, otro centro del pensamiento correísta, donde otra vez habló a la limón con el troll Mery Bell. No se ha informado quién costeó los pasajes, el hospedaje y los viáticos de este economista y profesor que en Chile también es conocido por haber sido expulsado de una universidad de los EE.UU. por acoso sexual. ¿Lo pagó el gobierno con dinero del público? ¿Lo pagó la campaña de Lenín Moreno y se informó de ese gasto al Consejo Nacional Electoral? Es más probable que en el reino de la opacidad eso no se sabrá.

Lo que se sabe sobre Franco Parisi es que vino a hacer campaña pura y dura a favor del binomio del Gobierno. Y eso, obviamente,  marca la diferencia con el caso de Lilian Tintori.

A Correa le importa un carajo el éxito de las elecciones

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Captura de pantalla 2017-03-05 a las 9.16.11 a.m.

Esta vez la idea central no era hacer campaña electoral aunque sí se la hizo y mucho. Esta vez el objetivo de la sabatina fue algo que, a más de ilegal como hacer campaña, resulta perverso e irresponsable: tratar de posicionar, en la opinión pública, la idea de que el 2 abril la oposición no aceptará una derrota electoral y que alegará que el gobierno hizo fraude.

En otras palabras, el presidente Rafael Correa dejó en claro con su enlace 514 desde La Unión en Esmeraldas que su objetivo es convencer a la gente que ya se sabe que Lenín Moreno va a ganar el 2 de abril y que, cualquier denuncia de fraude que se presente en contra, es una estrategia de la oposición para desconocer la derrota. Así, si en efecto la oposición sostiene que hubo fraude, quedaría neutralizada antes de que se produzca. Así de sencillo.

¿Tiene Correa alguna evidencia para afirmar tan paladinamente que la oposición no va a aceptar la derrota y que Lenín Moreno va a ganar? Según Correa, la prueba irrefutable de este siniestro plan es la encuesta de Cedatos que pone a Lasso con cuatro puntos por encima de Moreno. Claro, en la lógica del Presidente, una encuesta que no pone a su candidato como ganador debe ser falsa y es prueba suficiente para sostener que la oposición quiere, desde ahora, convencer a la opinión que Lasso va a ganar. Así la denuncia de fraude tendrá credibilidad. “Hay que estar preparados porque ya están alistando -esto en comunicación se llama el encuadre- para otro fraude porque saben los resultados que van a tener el próximo 2 de abril” dijo Correa. Y agregó: “la encuestadora Cedatos es una de las principales cómplices para el presunto fraude. Cedatos hace dos resultados, el verdadero y el que publica. Sacó que Lasso está ganando con uno o dos puntos, si eso saca tienen que bajarle 10 puntos a Lasso y aumentarnos 10 puntos a nosotros y ahí tendrán el resultado verdadero”.

Según el Presidente, la oposición no va a aceptar el triunfo de Moreno y tiene listo todo un plan para desconocerla. “La oposición está preparando el encuadre para no aceptar los próximos resultados, tal como lo hicieron el pasado 19 de febrero, para amortiguar la derrota se inventaron esto del fraude. La oposición no ha presentado ningún informe oficial ni pruebas de fraude al CNE. No se presentó una sola denuncia de fraude, ya que no tienen ninguna prueba”.

Correa con su afirmación podría provocar una inseguridad colectiva alrededor del proceso electoral y eso, a su vez, podría desencadenar reacciones impredecibles. Incluso circunstancias en las que el proceso se vuelva vulnerable. Como Presidente, Correa está obligado a dar seguridades y a procurar que cualquier duda sea solventada, pero no es de estadista sembrar incertidumbre alrededor de uno de los momentos fundamentales de la vida democrática: las elecciones.

¿Tiene Correa alguna otra prueba para sostener una afirmación tan grave como la que hizo? Al menos dos más: que en la primera vuelta la candidatura de Lasso ya se quejó de fraude y que en la historia ecuatoriana la derecha ya ha hecho lo mismo varias veces. Por ejemplo cuando la derecha intentó convencer a la gente de que el triunfo de Jaime Roldós sobre Sixto Durán-Ballén había sido fraudulento. “Es importante reflexionar sobre la historia del fraude pues preparan otra igual “, soltó Correa quien no tuvo empacho en utilizar la figura de Roldós a quien sacó en un video de inicios de los años 80 del siglo pasado.

Pero el sujeto de marras fue más lejos. Según él, no se trata únicamente de que la oposición va a desconocer el triunfo de Moreno. Sostuvo asimismo que si Moreno no ganó en la primera vuelta, con el porcentaje que ya le hubiera permitido ser presidente electo, es porque la oposición hizo fraude el 19F. Es decir, hay segunda vuelta porque hubo fraude. Para afirmar esto, Correa no tuvo empacho en afirmar que Moreno obtuvo el 46% de los votos y que el resultado oficial de 39.3% es producto de una trampa que se logró gracias a que CREO tiene más recursos que la candidatura de Lenín Moreno. “El binomio AP obtuvo 46%, mientras que el de CREO consiguió 24%. Si hubo fraude fue contra nosotros porque no tuvimos control en todas las mesas. CREO lo tuvo porque tiene cualquier cantidad de billete. Esta gente ya no sabe cómo torturar las cifras. En todo caso en buena hora, para ir a una segunda vuelta y ganarles con mayoría contundente, para que sepan que aquí mandamos la mayoría”, afirmó. Con esta declaración, Correa no solo que sembró dudas sobre lo que podría ocurrir el 2 de abril sino que pretendió quitar legitimidad a lo que pasó el 19F. ¿Puede un mandatario socavar más la confianza de la gente en un proceso electoral? Difícil.

A esas alturas del enlace, el objetivo de Correa era, evidentemente, desatar todas las incertidumbres posibles sobre el proceso. Decir que Moreno tuvo el 46% sin la más mínima prueba o evidencia no hace más que eso. Es más, en su esfuerzo por sembrar dudas alrededor de lo que ocurrirá el 2 de abril no tuvo empacho de contradecirse de una forma alarmante. Luego de haberse quejado de que fue la candidatura de Gobierno la que sufrió un fraude, él mismo dijo que quejarse de fraude es una vergüenza. “El fraude ha sido y siempre será el argumento de los perdedores, que vergüenza”, expresó.

Toda la argumentación sobre la maniobra que, dijo, hará la oposición cuando se sepa que Moreno ganó se sustentó, además, en su inveterado discurso de revancha y odio social. Nuevamente sacó el tema de la Rebelión de los Smartphones que surgió de una fotografía a la que ya lleva refiriéndosse una semana y en la que se va a un grupo de jóvenes manifestándose frente al CNE  con smartphones en la mano. Y otra vez habló de los croissants del chef francés Jérôme. Como si él y los suyos no tuvieran smartphones y como si no se supiera que él y los suyos son asiduos comensales de Chez Jérôme.

“Los pelucones protestando, con su smartphone. Esta imagen debe recorrer el mundo, la prepotencia frente a un humilde trabajador. La rebelión de los smartphones revela lo que está en juego: un país de castas o un país para todos”, dijo y luego agregó: “!qué rebeldes protestando en pleno centro de Quito con un mesero que les sirve pan francés!”.

A Correa le gusta fijar ciertas imágenes en la gente y las repite hasta el cansancio para deslegitimar a las clases medias que no lo quieren. Entonces recurre a ciertos emblemas de consumo de clase media. Alguna vez fue la Nutella, otra los viajes a Miami y ahora los smartphones y el pan francés. ¿No ha visto el video de Crudo Ecuador que lo desnuda en su más profunda ridiculez?

También volvió con su retórica de las latas de atunes que pocos días antes había desarrollado en Chone aunque esta vez hizo una pequeña modificación. Ya no hay que tirarlas de vuelta sino aceptarlas y votar nomás por el gobierno. “Si vienen otra vez con sus latas de atún, recíbanlas nomás y si pueden me guardan una, al igual que las fundas de arroz o las camisetas, reciban nomás, pero saben por quién votar en las urnas”.

El enlace, en definitiva, fue un llamado desesperado a no confiar en las elecciones del 2 de abril. Pero también fue lo que han sido las últimas sabatinas: una descarada forma de hacer campaña con fondos públicos y un esfuerzo gigantesco por construir su imagen de héroe nacional. Correa no tiene decencia, no la conoce siquiera. A él, sus responsabilidades éticas y legales como Jefe de Estado no le interesan. Lo único que le interesa a Correa es ejercer el poder. Como sea.

¿Y ahora qué hará la izquierda?

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¿Votar o no por Guillermo Lasso? La izquierda, o lo que se ha entendido como tal en el país, está ante ese dilema. Que esta decisión se haya vuelto disyuntiva para algunos colectivos y partidos, prueba que los prejuicios políticos siguen siendo, para algunos, superiores a los valores democráticos.

La izquierda no solo fue botada de este gobierno: ha sido perseguida. Algunos de sus miembros han sido espiados, seguidos, golpeados, enjuiciados y encarcelados. Algunas comunidades indígenas han sido militarizadas. Algunos territorios entregados a mineras sin tener en cuenta el punto de vista de la comunidad. Hay retrocesos evidentes en derechos ciudadanos cuya lista elaboró en algún momento Alberto Acosta; lista que se ha alargado.

Muchos de esos colectivos tildan abiertamente a este gobierno de dictadura. Lo han denunciado, ante organismos nacionales o internacionales, por atentados a los derechos humanos. Han señalado su carácter extractivista. Lo acusan de ser un gobierno corrupto. Con matices, estos análisis y estos calificativos son compartidos por movimientos o partidos como Pachakutik, Unidad Popular o Izquierda Democrática. Jorge Herrera, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, los usó ayer (1 de marzo) en Sonorama.

Y sin embargo, apenas se supo que habría segunda vuelta, algunos se adelantaron a decir que entre la derecha de un banquero y este gobierno no había cómo escoger. Paco Moncayo y Wilma Andrade, de la Izquierda Democrática, preconizaron esa postura. Carlos Pérez Guartambel dio una señal inversa: “es preferible –dijo– un banquero que una dictadura”.

Con los días, Paco Moncayo reconsideró su posición y dijo que no podría votar por un gobierno corrupto. Pero aterrizó en un terreno que puede resultar tan o igualmente azaroso. Se trata de exigir que el candidato que llegó primero en la oposición asuma una parte esencial del programa que sumó 7% de electores. Esta actitud no es nueva en la izquierda y, en la mayoría de casos, ha desembocado en la imposibilidad de una alianza o, por lo menos, de un apoyo electoral. El dilema planteado por Pérez Guartambel o Jorge Herrera es diferente: la sociedad está, para ellos, ante la exigencia de generar una alternancia política a un régimen que, desde hace diez años, concentra todos los poderes y los ejerce en forma autoritaria.
Esa postura coincide con la de otros demócratas que sostienen que el país, en esta elección, no escoge entre dos candidatos que, en un juego democrático, hacen propuestas que pueden ser equiparadas. El dilema esta vez es: continuar con el régimen que esa izquierda ayudó a subir al poder y luego combatió y padeció, o recrear las condiciones democráticas para que las diferencias políticas y de visiones puedan volver a competir sin tener un Estado que las criminalice. Y las persiga. La disyuntiva no es abandonar convicciones para adherirse a la centro derecha. Es entre autoritarismo y retorno a la democracia.

Esta circunstancia es un reto para cierta parte de la izquierda ecuatoriana. La obliga a confrontar su historia con la práctica política de un gobierno que, habiendo usado sus banderas, también aplicó algunos de sus viejos postulados: partido único, Estado convertido en el único intérprete de la voluntad popular y único representante de la sociedad. Concentración del poder en manos de un caudillo. Verdad única convertida en catequesis y difundida por todos los canales del Estado. Desconocimiento absoluto de cualquier oposición convertida en amenaza y perseguida.

Esa izquierda tiene que probar su reencuentro y apego a esa democracia formal que llamaba burguesa y que siempre combatió. Ese es uno de los cambios fundamentales que reconoció Enrique Ayala Mora en una entrevista en este sitio. Tras diez años de correísmo esa izquierda debe probar, como parte de su renovación, que está reconciliada con los valores básicos de la democracia: la división de poderes, la fiscalización pública, la transparencia administrativa, la libertad de expresión, la alternancia política, las libertades civiles, el valor de cada persona, la convicción de que la sociedad controla al Estado y al gobierno y no al revés… Volver, en una palabra, a la visión republicana, a las libertades republicanas.

Ese es el reloj que los demócratas, de todos los bordes, tienen que poner a la hora. Lasso está obligado a hacer lo mismo haciendo una propuesta de gobierno acotada e incluyente que recupere la democracia. Defender un programa de partido o maximizar las exigencias, pretendiendo incluir todo en un programa (lo económico, lo social, las particularidades de cada grupo social, étnico o político), es volver al pasado para no salir de él. Es no entender el destrozo que produjo el correísmo en la vida democrática del país.

Correa se sabe perdedor y no lo disimula

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Hay dos hechos que prueban que Rafael Correa sabe que él es uno de los grandes derrotados del 19F: ni bailó ni cantó. Que Correa no se haya trepado a la tarima, cosa que además estaba previsto luego de las elecciones para hacer lo que no ha parado de hacer durante 10 años -bailar y cantar- es muy elocuente.

Lo que evidencia la certeza de derrota que lleva encima Correa no es solo que no haya bailado ni cantado. Su comportamiento público, el domingo 19 y la mañana siguiente, también permite ver que se siente y se sabe perdedor. Con el agravante de que es un pésimo perdedor al que sus heridas le hacen actuar como camorrero y agitador antes que como estadista.

Hoy en la mañana, por ejemplo, hablaba de la posibilidad de que hubiera segunda vuelta cuando un día antes daba por hecho los resultados de la encuesta a boca de urna hecha por Santiago Pérez según los cuales Lenín Moreno triunfó en primera vuelta. “‘!Otro triunfo del pueblo ecuatoriano¡”, dijo en un mensaje que colocó el 19F en sus redes sociales apenas se cerraron las urna. En ese momento, Correa quería convencer a la audiencia de que Moreno había ganado en primera vuelta con un 42,9%.



El tono triunfalista fue bajando y Correa no apareció en redes sino cinco horas más tarde. Su silencio fue notorio a partir de las encuestas de Cedatos y el conteo rápido de Participación Ciudadana que dejaban descolgados a los hiper optimistas datos de Pérez, que se multiplicaban en los medios del gobierno y fueron considerados durante horas como verdad absoluta por el oficialismo. Solo hacia las 10 de la noche colocó otro mensaje, con una fotografía en la que él aparecía con los candidatos Moreno y Jorge Glas. Ahí dijo que Moreno ya tenía más de 10% de diferencia sobre Lasso y que pronto alcanzaría el 40% necesario para ganar en primera vuelta. Para entonces, en redes ya se comentaba que Correa no había salido a la tarima, a las ocho de la noche, como estaba previsto. No salió a bailar, anotó algún avispado usuario de Twitter.  “Ya tenemos más de 10 puntos de diferencia con Lasso y sigue aumentando -escribió Correa-. Tenemos 38,84%, y aún falta por ingresar 20% de votos, incluyendo gran parte de Manabí y migrantes, donde arrasamos. ¡Venceremos!”.

Este mensaje atravesó como cuchillo las redes que, a esa hora, eran la única fuente constante de información pero también de rumores, incertidumbres y temores. Con esa declaración la sospecha de que se se estaba fraguando un fraude tomó un brío inusitado. La incertidumbre se instaló hasta más allá de la medianoche. Cientos de personas ya estaban, para entonces, de vigilia en los alrededores del CNE.

Hoy Correa puso una serie de tuits hacia las diez de la mañana; en dos de ellos no se muestra tan seguro del triunfo de Lenín Moreno: “Hay que contar voto a voto para ver si esto se define en una sola vuelta. Si no, a prepararnos para una nueva victoria en abril”.  El otro escribe: en “Si hay 2da vuelta, prepárense a la campaña sucia que hicieron los de siempre. La mejor respuesta: la victoria”.

La evolución en el tono de Correa evidenciaba que el único escenario con que contaba era el del triunfo en primera vuelta. Sus apariciones, sumadas a la encuesta de Pérez, tenían claramente como objetivo fijar un patrón de opinión en la sociedad. Ricardo Patiño ya había aparecido incluso antes de las cinco de la tarde con los datos de Pérez y otros encuestadores que ponían a Moreno por encima del 40%, seguramente con el mismo ánimo. Pero las cosas no funcionaron y de improviso se les apareció el tema de la segunda vuelta.

Pero una segunda vuelta no es, ni de lejos, un escenario que convenga a Moreno y a Glas. Si Moreno venía bajando en las encuestas no hay motivo para pensar que deje de hacerlo. Además, se les vienen otros problemas: en las próximas semanas la presencia de Glas en la papeleta podría tornarse insoportable por la gran cantidad de escándalos de corrupción en los que él es visto como responsable y protagonista. Llevar a Glas casi dos meses más en la papeleta es, sin duda, un crucifijo para Moreno. Correa lo sabe y, por la forma en que se comportó durante el 19F y las horas siguientes, parecería que nunca se preparó para la idea de la segunda vuelta.

Correa es un pésimo perdedor. Dijo cosas que solo un mal perdedor podía decir. Por ejemplo que Moreno tuvo un millón y medio de votos más que Guillermo Lasso: ignoró el hecho de que si se suman los votos de Lasso y los otros candidatos de la oposición resulta que 6 de cada 10 ecuatorianos no quieren que el correísmo siga en el poder.

Al Presidente, además, se le escapó que durante todo este tiempo había contado con que la candidatura de Cynthia Viteri reste posibilidades a la de Lasso. En su tuits dijo que se esperaba que la diferencia entre Lasso y Cynthia fuere solo de 5 a 6 puntos pero no 12 como finalmente ocurrió. Esto lo disfrazó con una salida supuestamente ideológica: “La derecha no tiene lealtades, tan sólo tiene intereses”.

Sucede a menudo. Rafael Correa olvida que es Presidente y actúa como agitador social.  La paz social del país es su responsabilidad y es evidente que no está haciendo su trabajo.  Su deseo de aferrarse al poder hace que se ponga en peligro la concordia nacional. Si ocurre una desgracia, él tendrá que hacerse cargo de ella.

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